sábado, 24 de julio de 2010

Ahora y aquí


Cuando se practica zazen no existe idea del tiempo ni del espacio. Quizás uno se diga "me siento a practicar en mi habitación a tal hora durante tantos minutos". De este modo tenemos una idea del tiempo y del espacio. Sin embargo, en realidad, lo que uno hace es simplemente sentarse y estar consciente de la actividad universal.

El tiempo y el espacio se funden y dejan de existir como tales.

Durante zazen el tiempo ya no pasa al ritmo del reloj, se puede decir que el tiempo ya no existe como tal y el espacio se vuelve ilimitado. Podemos naturalmente trascender, no solo los límites de la habitación sino también los límites del cuerpo físico y de la mente conciente.

Cuando practicamos zazén todo lo que existe es el movimiento de la respiración.

Uno está conciente de este movimiento. Nunca se debe tener la mente distraída. Estar conciente del movimiento no significa estar consciente del pequeño yo personal, del diálogo interno cotidiano, sino más bien de nuestra naturaleza universal, lo que se denomina: la naturaleza de Buda.

Esta clase de conciencia es muy importante porque en general tendemos a ser unilaterales. Nuestra comprensión usual de la vida es dualista: vos-yo, esto-aquello, bueno-malo, gano-pierdo.

Pero incluso estas categorías son parte de la gran mente, de la conciencia universal.

De la misma manera que nuestro conciente es parte de una conciencia universal, que incluye a todas las conciencias. Nuestro mundo es parte de otros múltiples mundos. Cada uno en si mismo es un universo. Hay muchos universos, está el universo del “vos” y del “yo”, del “esto” y del “aquello”. Cuando comprendemos que estas categorías son solo una forma de experimentar la vida, es posible trascenderlas, relativizarlas.

Durante la práctica de la meditación, momento tras momento se repite la misma operación, sin la menor idea del espacio ni del tiempo.

El tiempo y el espacio son una misma cosa. Generalmente se suele pensar "tengo que hacer tal cosa mañana", pero en realidad no hay un “mañana". Las cosas se hacen una tras otra. Punto a punto. Nada más. No existen un tiempo tal como "mañana" o “esta noche”. Ni un sitio fuera del que estamos.
A veces, cuando uno tiene dificultades o pasa por problemas, decimos "no debería haber venido a este lugar o, no debería haber hecho esto”. “Hubiera sido mejor ir para otro lado”. Uno se crea en la mente una idea del lugar separado del tiempo real. Un lugar separado del que se está, y uno entonces termina fragmentado en múltiples partes: una aquí, otra allá, otra mañana, otra ayer...

Se trata de vivir el momento. Esto que en teoría es muy aceptable, cuesta integrarlo a la forma que tenemos de pensar y de percibir la vida. Es una verdadera reeducación, mejor dicho, una revolución interior.

Concentrar la mente en el aquí y ahora es muy importante, y genera además un efecto energético y fisiológico enorme. Dicho de otra forma: el pensamiento que divaga, las dudas, los miedos, las preocupaciones, nos separan de este “ahora y aquí”, nos fragmentan y además consumen una cantidad enorme de energía. De manera que se está viviendo en otro tiempo y en otro lugar, gastando recursos en vano.

Así, pues, cuando nos sentemos a practicar zazen, lo fundamental es la concentración en la respiración y en la postura, es decir, en lo que debemos hacer en ese momento. Ésta es la práctica del Zen. En esta práctica no hay confusión. Cuando se establece esta forma de vida no hay confusión de ninguna especie. Luego, con la continuidad, el cerebro se acostumbra a concentrarse y a focalizar la atención en cada cosa, en cada momento.

El espíritu, la respiración y el cuerpo, no están separados.

Si el cuerpo está en la postura correcta, estable, en equilibrio, la espalda y la cabeza derechas, con las piernas bien enraizadas en el suelo; naturalmente el flujo de pensamientos disminuye y resulta más fácil la concentración, y la respiración, que es como un puente que une el mundo interior del exterior, se vuelve lenta y profunda, lo que a su vez favorece la concentración y la calma.

De esta manera, se puede percibir y comprender que cada momento es único e irrepetible, y que la vida en realidad no es una línea continua, si no que está compuesta de una sucesión de estos momentos irrepetibles. De estos “ahora” y de estos “aquí”.

"Aquí" podremos volver, pero a este momento, nunca más, por eso el "ahora" es único.

Ahora y aquí se encuentra la puerta de la salud y la felicidad.

viernes, 9 de julio de 2010

El árbol de los frutos más dulces


¿Qué es la felicidad?
La pregunta parece un poco absurda, ¿Quién no conoce, aunque sea un momento de felicidad en su vida?
Pero, ¿Qué significa ser feliz?

Mucha gente pasa su vida oscilando entre la felicidad y el dolor, podría decirse que es casi una condición natural del ser humano. Entonces aquí viene otra pregunta, ¿Quién no conoce el dolor?

Desde que nacemos estamos confrontados al dolor.

Duele nacer, duele crecer, duele envejecer, duele morir. Separarse de los que uno quiere duele, estar con los que no queremos también duele, la enfermedad es dolor, tropezar con una piedra duele. Todo lo que nos hace infelices, las frustraciones, el odio, la soledad, tarde o temprano, termina provocando dolor.

Lo curioso es que poseemos un sistema nervioso sensitivo altamente especializado, lo último en materia de sensibilidad y discriminación de las sensaciones. Posee múltiples vías nerviosas y complejas conexiones con estructuras cerebrales, como el tálamo y la corteza sensitiva, que nos permiten experimentar e identificar una enorme variedad de estímulos (internos y externos).

Incluso el dolor tiene un componente subjetivo, un umbral que es relativo, flexible, que se puede modificar bajo diversas circunstancias (psíquicas y físicas).

Es como si la naturaleza nos hubiera dotado de herramientas especiales para sufrir, o mejor dicho, para experimentar el dolor.
¿Con que objeto?

Se hace evidente que el dolor es un mecanismo de adaptación natural. Un límite. Una barrera. Sin este límite no solo no es posible experimentar la vida, es imposible sobrevivir. ¿Se imaginan estar anestesiados para todos los estímulos, mentales y físicos?, no solo es peligroso, es como estar muerto.

Pero el sufrimiento, como todo límite, puede ser atravesado, trascendido. Y justamente, para trascender un límite, hay que conocerlo, comprenderlo, incluso aceptarlo. El dolor es parte de nuestra vida, nos marca límites. Que no hacer, que no tocar, que no comer, incluso que no pensar. A veces es el resultado de nuestros malos hábitos, de nuestros errores y malas elecciones.

Pero no todo son límites. No todo es dolor ni sufrimiento. Existe también la felicidad, el placer, el sentimiento expansivo, la otra cara de la moneda.

La naturaleza tiene dos tendencias opuestas que se complementan de forma equilibrada: La generación y el control. Nutrición y límite. Como un río: sin agua se seca, pero sin márgenes desbordaría. La nutrición genera, el límite controla.

Demasiada nutrición provoca un exceso, demasiados límites una escasez. En la educación es parecido. Demasiado permisiva provoca debilidad, demasiado rígida, anula a la persona.
Así que podemos decir que la vida es sufrimiento o que la vida es felicidad, depende de nuestra percepción, de nuestras experiencias, de la visión que tengamos sobre las cosas, los demás y nosotros mismos, y de la habilidad para encontrar un equilibrio.

Entonces, felicidad y sufrimiento, placer y dolor, son dos caras de una misma realidad. Se podría decir que una está en relación con la otra.

La felicidad nutre, permite disfrutar, expandir, generar. Es cálida y suave, es fuente de armonía y de bienestar indispensables para vivir.
El dolor limita, es lo que nos permite evolucionar, cambiar, mejorar. Aprendemos de nuestras equivocaciones, transformar el error en acierto nos ayuda a crecer, encontrar nuevas soluciones a las dificultades, es lo que nos hace mejor adaptados.

Se dice que la felicidad es el espacio entre dos sufrimientos y que el placer, de hecho, es la ausencia de dolor.

Pero curiosamente, tenemos también receptores y una estructura orgánica que puede generar placer y felicidad, y controlar el dolor.

Hay hormonas como la serotonina, o las endorfinas que tienen una acción sobre el placer y el dolor.
Podemos generar pensamientos positivos que provoquen una cascada química en el cuerpo, y que además, se vuelvan semillas de otros pensamientos positivos, y estos frutos positivos, a su vez darán semillas. Así que también tenemos la capacidad de generar felicidad con nuestra mente, con nuestros sentimientos, con nuestra respiración, y mantenerla, nutrirla, sin depender exclusivamente del sufrimiento.

El dolor está para enseñarnos, pero la lección puede, y debe, ser aprendida, asimilada de manera de no caer dos veces en el mismo agujero, ni repetir los mismos errores día tras día. Pero incluso si caigo, me levanto. Y esta es una gran verdad. Muy simple y muy profunda: Siete veces me caigo, ocho veces me levanto.

Entonces, podemos conocer nuestros límites y dificultades y trascenderlos, integrarlos. Y luego, quizás aparezcan otras dificultades, que podrán ser comprendidas y trascendidas. Y esto es lo que nos hace creadores de nuestra realidad.
Puede ser sufrimiento y límites, o felicidad y creatividad. Depende de cada uno.

El universo entero vibra de abundancia y felicidad.

Volviendo a la pregunta ¿Qué es la felicidad?
Cada uno tiene la respuesta.

Creo que la felicidad es un sentimiento que nos pertenece, es parte de nuestra naturaleza, y puede ser creada, nutrida, mejorada, expandida y además compartida.
Pero la felicidad por si misma no existe, no significa nada. Un bebé puede ser feliz, pero no lo sabe, no es conciente aún, le falta perspectiva.
La verdadera felicidad madura con la vida y no solo incluye al sufrimiento, también incluye a los otros, a todos los seres.

El árbol que da estos frutos está alimentado de muchas experiencias, de muchas vivencias, incluso dolorosas. Pero finalmente, gracias a la comprensión y a la reflexión profunda, podemos disfrutar de los frutos más dulces.

domingo, 20 de junio de 2010

Enderezando la espalda

“Una persona tiene la edad de su columna”, este antiguo proverbio chino señala la importancia que tiene el estado de la columna vertebral.

Pero, ¿Por qué es tan importante tener la espalda derecha?

Empecemos por el principio.
La columna vertebral erecta es nuestro principal rasgo evolutivo, incluido el cerebro, claro está. Como iremos viendo, el cerebro, la médula espinal y la columna vertebral están íntimamente relacionados.
El hecho de haber comenzado a caminar en dos pies (bipedestación) generó una serie de cambios que marcaron drasticamente la evolución de nuestra especie.

Hace unos 6 ó 7 millones de años en África, como adaptación a las condiciones de la sabana aparecieron primates capaces de caminar fácilmente de modo bípedo y mantenerse erguidos. Este era un medio cálido y con fuerte radiación ultravioleta e infrarroja , en otras palabras: el sol pegaba muy fuerte, de manera que una de las mejores soluciones adaptativas era parase en dos pies y disminuir la cantidad de pelos de la piel, esto evita el excesivo recalentamiento del cuerpo. Pero parece que el efecto del sol directo en la cabeza, ha influido de forma determinante en la explosión evolutiva de nuestra especie.

Para lograr la postura y marcha erecta han tenido que aparecer importantes modificaciones:

Cráneo:
Para permitir la bipedestación, el foramen magnum (u orificio occipital por el cual la médula espinal pasa del cráneo a la columna) se ha desplazado; mientras en los simios el foramen magnum se ubica en la parte posterior del cráneo, en el Homo sapiens (y en sus ancestros directos) el foramen magnun se ha "desplazado" casi hacia la base del mismo.

Columna vertebral:
La columna vertebral bastante rectilínea en los simios, en el Homo sapiens y en sus ancestros bípedos ha adquirido curvaturas que permiten soportar mejor el peso de la parte superior del cuerpo, tales curvaturas tienen un efecto amortiguador, tipo "resorte".

Por lo demás la columna vertebral ha podido erguirse casi 90º a la altura de la pelvis, si se compara con un chimpancé se nota que al carecer este primate de la curva lumbar, su cuerpo resulta empujado hacía adelante por el propio peso; en la columna vertebral humana el centro de gravedad se ha desplazado, de modo que el centro de gravedad de todo el cuerpo se sitúa encima del soporte que constituyen los pies (está más pegado a la línea vertical del cuerpo). Al tener el Homo sapiens una cabeza relativamente grande el centro de gravedad corporal es bastante inestable. Otro detalle; las vértebras humanas son más circulares que las de los simios, esto les permite soportar mejor el peso vertical.

Pelvis:
La pelvis se ha debido ensanchar, lo cual ha sido fundamental en la evolución de nuestra especie. Los huesos ilíacos de la región pelviana en los Homo sapiens (e inmediatos antecesores) "giran" hacia el interior de la pelvis, esto le permite soportar mejor el peso de los órganos al estar en posición erecta. Esta modificación de la pelvis implica una disminución importante en la velocidad de la carrera por parte de los humanos. La bipedestación implica una posición de la pelvis, que hace que las crías nazcan "prematuras": en efecto, el parto humano es denominado ventral acodado ya que existe casi un ángulo recto entre la cavidad abdominal y la vagina que en el pubis de la mujer es casi frontal, si en todos los otros mamíferos el llamado canal de parto es muy breve, en cambio en las hembras de Homo sapiens es más prolongado y sinuoso, esto lentifica el trabajo de parto y puede traer complicaciones, este tipo de gestación y parto ha sido fundamental en la evolución de los seres humanos, a nivel de lazos sociales, lenguaje, hábitos que llevaron a una serie de cambios en la configuración del sistema nervioso y del resto de la fisiología. Entre otros motivos: una hembra debía tener mayor número de crías en su vida fértil y también, con la evolución cultural, comenzó a ser ayudada a parir.

La columna vertebral además de conducir todos los impulsos nerviosos que entran y salen por la médula espinal, representa un eje de verticalidad y de equilibrio. Existe un flujo de energía vital (CHI) que la recorre y su correcta posición influye incluso en el normal funcionamiento de los órganos internos.
Cuando la espalda, o sea la columna vertebral, esta derecha, el flujo de sangre y energía es abundante y el cerebro recibe suficiente nutrición e información. Y a su vez, cada órgano, cada extremidad, cada parte del cuerpo conectada puede recibir convenientemente el impulso nervioso y la información que sale del cerebro.

Si el centro de gravedad está correctamente ubicado, la postura es equilibrada, esto trae una serie de beneficios psíquicos y fisiológicos.

Es más fácil encontrar la estabilidad a un menor costo energético.
Ahorrar energía es fundamental para cualquier organismo, de forma que todo lo que hagamos en las posturas correctas influirá directamente en la salud y claro, en la felicidad.
Más energía a menor costo= mejora la adaptación y la función de los sistemas.

Si la espalda está encorvada, se generan tensiones innecesarias, ya que las estructuras de sostén se verán obligadas a tirar de manera desigual para que el cuerpo o la cabeza no caigan. Esa condición si no se corrige trae como consecuencia dolor y mal funcionamiento de los órganos internos, esto limita el movimiento y genera rigidez en una estructura que debe ser móvil y flexible, cuya naturaleza es conducir.

Si a una manguera la acodamos, la comprimimos o la torcemos, el flujo de líquido en su interior disminuirá, se afectará. Imaginemos ahora a la columna como un tubo flexible que de manera dinámica conduce energía, nutrientes e información. Cualquier rigidez o torcedura alterará su función, y su propia naturaleza, que es estar erecta y flexible.

Hay dos zonas importantes en la columna.

A nivel de la parte baja de la espalda, es decir: entre las últimas vértebras dorsales y las primeras lumbares (D11 a L3) y la parte alta de la misma, entre las últimas vértebras cervicales y las primeras dorsales (C7 a D2). (ver referencia)

La parte baje sostiene a la espalda y la parte alta a la cabeza.
En estas dos zonas debe haber una cierta tensión, se le llama: Tensión justa, ya que no es ni una laxitud ni una crispación. Si estas zonas están fuertes y flexibles, la espalda y la cabeza pueden estar derechas, en equilibrio y sin esfuerzo, y como vimos antes, esto es fundamental.

No solo a nivel de la salud. Es una cuestión de evolución. Si la espalda se encorva o se tuerce, envejecemos más rápido y se reduce la capacidad de adaptación.
Si la espalda está derecha, los hombros se relajan con facilidad y se libera la presión en el cuello (que contribuye a bloquear el flujo hacia y desde el cerebro).

El área baja de la espalada: la zona lumbosacra, tiene tendencia a debilitarse con el paso del tiempo y por la falta de mantenimiento, lo que afecta el estado de los riñones que se encargan de la energía vital. Por eso en la vejez la espalda tiende a encorvarse. De aquí la frase del comienza: tenemos la edad de nuestra columna. Si podemos mantener nuestra columna vertebral estirada y flexible, el envejecimiento del organismo se ralentiza.

La espalda recta no solo aporta dignidad y nobleza a la postura, ayuda a que el cerebro potencie sus capacidades, al obtener mejor nutrición e información y equilibre su funcionamiento, esto evidentemente aumenta la inteligencia y permite que se expanda la conciencia.
Este hecho simple y natural, no solamente nos mejora como individuos si no que representa una evolución (y una revolución) que afecta incluso a los demás.

Por eso es fundamental enseñar a los niños a tener la espalda derecha y adoptar buenas posturas, en particular de pié y sentados.

Los respaldos de los asientos en general son muy malos, en las casas, en la escuela o el trabajo. La vida sedentaria, pasar largas horas sentados: frente a la TV, a la computadora, estudiando o leyendo, etc, en malas posiciones, con la cabeza inclinada y la espalda encorvada, favorece aún más esta debilidad. Luego se pierde referencia, sensibilidad, estamos torcidos y no nos damos cuenta y ahí se complica más.

Por el contrario, cuanto más concientes somos del estado y posición de la espalada (y del resto de la postura), el sistema propioceptivo, actuará corrigiendo de manera inconciente y automática las deformidades y malas posturas, equilibrando entre otras cosas el tono de los músculos posturales.

Hacer ejercicios para mantener la columna vertebral es muy importante. Yoga, taichichuan y chi kung son disciplinas muy valiosas para esta finalidad.

Para aprender a estar bien sentados, en una postura fuerte y estable, con la espalda y la cabeza derechas, correctamente alineadas y en equilibrio, la práctica de zazen (meditación Zen) es lo mejor y su eficacia está demostrada, incluso científicamente.

Tener la espalda derecha nos hace dueños de nuestro cuerpo y de lo que pensamos, nos permite controlar mejor las emociones y generar una respuesta rápida y eficaz.

Es el rasgo evolutivo que nos caracteriza.

Elevarnos hacia el cielo manteniendo las raíces en la tierra.

martes, 15 de junio de 2010

Los pensamientos son libres


Los pensamientos son libres.

Esta afirmación que parece muy simple y hasta elemental, encierra una verdad tan enorme y profunda como el universo.
Pero primero hay que ser saber que es la libertad.
¿Qué significa ser libre? ¿Libre de qué?
¿Acaso tiene la misma significación esta palabra para un prisionero que para alguien que no lo es?
Si no estás preso ni eres esclavo, ¿cual es el valor de la libertad?.

Sin embargo, todo el mundo quiere ser libre, sentirse libre. Se habla de libertad como una cualidad superior del ser humano. Una aspiración casi ideal.
Pero la libertad no es un concepto. Es un sentimiento, una experiencia subjetiva.

Somos en esencia libres, porque nuestros pensamientos son libres.

Somos lo que pensamos, por eso somos libres.

El ave que vuela hace que el espacio se vuelva ilimitado.
Para el pez que nada, el océano es ilimitado.

Sin embargo, si los sacamos de su elemento, de su naturaleza, no solo perderían esa libertad, también perderían la vida.
Pero en esencia el ave y el pez no son ni libres ni no libres, simplemente son.

Un ave es una verdadera ave cuando vuela y un pez es un verdadero pez cuando nada.

Nuestra naturaleza es ser concientes.

Viajar con nuestra mente y trascender los límites del tiempo y del espacio.

Somos capaces de imaginar, de crear, de aprender y poder comunicarlo a los otros. De observar y de observarnos. Tenemos la capacidad de ir más allá de los límites del pensamiento conciente y trascender incluso la realidad cotidiana.
Esa es nuestra verdadera naturaleza.

El espíritu no tiene forma, no conoce los límites de la materia, pero necesita de ella para manifestarse, para expresarse.
Creo que por eso encarnamos, para hacer la experiencia de ser concientes. El espíritu que se experimenta y se conoce a si mismo. Sin un continente o un envase, es decir, sin un cuerpo físico, no es posible.
Pero en esencia somos seres espirituales, que durante un breve lapso de tiempo colapsamos en un cuerpo de carne y hueso, sujeto a leyes físicas, a la gravedad, a la relatividad y a límites perceptuales.

Un cuerpo que experimenta deseos, dolor, frío, hambre y que además está cambiando todo el tiempo. Que envejece y un día morirá.

Pero la conciencia es más rápida que la velocidad de la luz. No conoce los límites de la relatividad ni de la mecánica. Puede viajar en el tiempo, influir en el futuro y en el pasado y no solo eso, tiene además la capacidad de organizar la materia y crear literalmente mundos y universos.
Esa es nuestra esencia.

Los pensamientos son libres, ya que no pueden ser atrapados ni encerrados, ni siquiera adivinados. Y los pensamientos, como actividad de la conciencia, influyen en la materia, en el cuerpo físico y en la realidad que es creada. Y hay muchos tipos de pensamiento, que dependen entre otras cosas del área del cerebro en la que se generan y de la cantidad de energía e información que poseen.

Podemos estar rumiando vanalidades o problemas sin sentido todo el día. O tener un pensamiento que lo envuelva todo en un instante y abrace las contradicciones de la vida, creando una realidad más amplia y profunda.
Un pensamiento que penetre la verdad y no conozca la duda. Vasto como el cielo y profundo como el océano.

Necesitamos ser libres solo cuando nos sentimos prisioneros. Si nos identificamos con nuestros límites y contradicciones, siempre necesitaremos ser libres.
La libertad es la aspirina de los esclavos.

Podemos asumir nuestros límites sin identificarnos con ellos y de esta forma, no necesitar ser libres ni liberarnos de nada y hacer simplemente lo que hay que hacer y luego, si lo deseamos, cambiar de dirección.

Cuando el ave vuela es un verdadero ave, expresa su libertad y su auténtica esencia, inconcientemente y naturalmente.

Cuando un ser humano libera su mente y trasciende los límites de su conciente, de su pensamiento ordinario, puede percibir la verdadera naturaleza de si mismo y de todas las cosas. Alcanza la raíz, la esencia misma de la existencia. Una vida auténtica y completa.

He aquí un poema del maestro zen Ryokan:

El pasado quedó atrás,
el futuro aún no ha llegado,
el presente se nos escapa;
las cosas cambian continuamente, sin ningún fundamento firme;
tantos nombres y palabras confusamente creados por sí mismos,
¿cuál es la utilidad de la vida, que transcurre inútilmente día a día?
No retengas tus viejas ideas; no persigas tus nuevas fantasías;
sincera e incondicionalmente, indaga y reflexiona en tu interior;
indagar y reflexionar, reflexionar e indagar,
hasta que llega el momento en ya no son posibles más indagaciones;
ése es el momento en que podrás comprender
que durante toda tu vida has estado en el error.

miércoles, 9 de junio de 2010

El cerebro inteligente


Hace unos cien millones de años, el cerebro de los mamíferos experimentó una transformación radical que supuso otro extraordinario paso adelante en el desarrollo del intelecto, se fueron asentando nuevos estratos de células nerviosas que terminaron configurando la corteza cerebral o neocórtex (la región que planifica, comprende lo que se siente y coordina los movimientos).

El neocórtex del Homo sapiens, mucho mayor que el de cualquier otra especie, es lo que nos da características humanas. El neocórtex es el asiento del pensamiento y de los centros que integran y procesan los datos registrados por los sentidos. Y también agregó la posibilidad de reflexionar sobre los sentimientos, nos permitió además tener sentimientos sobre las ideas, el arte, los símbolos y las imágenes.
Pero por sobre todo una posibilidad única: trascender el tiempo y el espacio con la mente.

Es en los seres humanos donde madura el rol del “observador”.

A lo largo de la evolución, el neocórtex permitió un ajuste fino que sin duda supuso una enorme ventaja en la capacidad del individuo para superar las adversidades, haciendo más probable la transmisión a la descendencia de los genes que contenían la misma configuración neuronal.

La supervivencia de nuestra especie debe mucho al talento del neocórtex para la estrategia, la planificación a largo plazo y otras capacidades mentales.
Es la sede del lenguaje articulado: la palabra, nuestra civilización se creo con la palabra y de aquí proceden también sus frutos más maduros: el arte y la cultura. Se ha demostrado que la evolución acelerada de nuestra especie se debe fundamentalmente a la complejidad de los vínculos sociales.

La ciencia ha demostrado la relación directa entre el desarrollo de la corteza cerebral y el desarrollo social. Hay en los primates una correspondencia directa entre los dos aspectos, de manera tal que a mayor desarrollo de la corteza cerebral en las especies de primates, mayor desarrollo social: es decir, sociedades más complejas y organizadas.

Este nuevo estrato cerebral permitió comenzar a matizar la vida emocional. Tomemos, por ejemplo, el amor. Las estructuras límbicas generan emociones como: placer y deseo sexual, pero la aparición del neocórtex y de sus conexiones con el sistema limbico permitió el establecimiento de otro tipo de vínculos, como entre la madre y el hijo, que es el fundamento de la unidad familiar y del compromiso a largo plazo de criar a los hijos y esto es la base del desarrollo del ser humano.
A medida que ascendemos en la escala filogenética que conduce de los reptiles al mono rhesus y, desde ahí, hasta el ser humano, aumenta la masa neta del neocórtex, un incremento que supone también una progresión geométrica en el número de interconexiones neuronales.

Hay que tener en cuenta que,cuanto mayor es el número de conexiones, mayor es también la variedad de respuestas posibles. El neocórtex permite, pues, un aumento de la sutileza y la complejidad de la vida emocional.

El número de interconexiones existentes entre el sistema límbico y el neocórtex es superior en el caso de los primates al del resto de las especies, e infinitamente superior todavía en el caso de los seres humanos; un dato que explica el motivo por el cual somos capaces de
desplegar un abanico mucho más amplio de reacciones, y de matices, ante nuestras emociones.

Por ejemplo un conejo o un mono rhesus sólo disponen de un conjunto limitado de respuestas posibles ante el miedo o el peligro, la corteza cerebral del ser humano, , permite muchas más posibilidades, como por ejemplo llamar al 911. Esta capacidad brinda una gran flexibilidad adaptativa.
Cuanto más complejo es el sistema social, más fundamental resulta esta flexibilidad; y no hay mundo social más complejo que el del ser humano.
De todas formas el neocórtex no gobierna la totalidad de la vida emocional.
Las ramificaciones nerviosas que lo conectan con el sistema límbico son tantas, que el cerebro emocional (ver post anterior), sigue desempeñando un papel fundamental en la arquitectura de nuestro sistema nervioso.

El cerebro medio o emocional es el sustrato en el que creció y se desarrolló nuestro nuevo cerebro inteligente y sigue estando estrechamente vinculado con él por miles de circuitos neuronales. Esto es precisamente lo que confiere a los centros de la emoción un poder extraordinario para influir en el funcionamiento global del cerebro, en los centros del pensamiento y por supuesto en la conducta.


El ser humano posee un cerebro mucho más especializado que los primates, por lo cual, además de sentimientos, manejan un proceso racional de entendimiento y de análisis, ampliamente superior al de todos los demás mamíferos, directamente relacionado con las partes más especializadas del neocórtex, específicamente su región frontal, que le permite adquirir conocimientos, desarrollar sociedades, culturas, tecnologías, comprender las leyes que rigen el universo, y lo más importante: observarse y comprenderse a si mismo. Así que como vemos esta es una cualidad superior del ser humano: el autoconocimiento.

El neocórtex es el lugar donde se realizan los procesos intelectuales superiores.

Está estructurado por el hemisferio izquierdo y el hemisferio derecho.

El hemisferio izquierdo está asociado a procesos de razonamiento lógico, funciones de análisis, síntesis y descomposición del todo en sus partes (desarma todo para comprender). Evolucionó con este objetivo, como una herramienta, que nos permite, investigar, buscar mejores posibilidades (alimento, refugio, etc.) y sobre todo: comunicarlo a los demás.

El hemisferio derecho, en el cual se dan procesos asociativos y perceptivos, imaginativos y creativos, se asocia con la posibilidad de ver la globalidad y establecer relaciones espaciales. Comprende la escena total, pero no lo puede expresar.

Nuestros antepasados prehistóricos, como el homo ergaster, eran fundamentalmente carroñeros. No habían desarrollado aún la habilidad de cazar, tenían que conformarse con lo que había y con lo que dejaban los otros animales. Así descubrieron que podían comer la médula ósea (alojada dentro de los huesos) y a la que ninguna otra especie podía acceder. Como se sabe esta es rica en proteínas, células madre y sustancias esenciales para el desarrollo cerebral. Esto y el sol africano que daba de plomo en la cabeza de estos pequeños homos que ya andaban en dos pies. Hizo que el cerebro creciera exponencialmente, aumentando el número de conexiones neuronales y con ello la cantidad y variedad de posibilidades (de alimento y pareja) y se acelerara el proceso de mutación genética que a su vez condicionó el crecimiento cerebral.

La evolución de las aptitudes cognitivas del ser humano no es por tanto la consecuencia de una serie de mutaciones accidentales y progresivas, sino que responde a la intervención de una gran cantidad de cambios en unas condiciones de selección excepcionalmente intensas.
Y es muy probable que hayamos sufrido alguna tipo de manipulación genética por inteligencias superiores. Esta es una teoría sustentada por investigaciones serias y profundas.

Son estas condiciones las que han favorecido el desarrollo de la complejidad en nuestras capacidades de conocimiento, lo que nos convierte en una especie diferente, situada en el tope de la evolución en el planeta.

La corteza cerebral se convierte en el área principal de atención en la generación o resolución de problemas, análisis y síntesis de información y del pensamiento lógico, crítico y creativo.

Representa la adquisición de conciencia y se desarrolló a través de la práctica del lenguaje. Aquí se genera la voluntad consciente.

Las tareas no sensoriales se realizan en los lóbulos frontales.

La aparición de los calendarios implica que los seres humanos comenzaron a desarrollar progresivamente la capacidad de anticipar, planificar y visualizar, de poner el futuro posible en el presente.

Mientras que los animales, sobre todo los mamíferos son capaces de desarrollar emociones y aprender, la capacidad de proyectar el futuro de formas muy elaboradas, resulta específicamente humana.

Este nuevo cerebro, es el que permite el razonamiento.

Es el responsable del estrés, del interminable diálogo interno, de las dudas y de las contradicciones.

Es obvio, el hemisferio izquierdo trabaja con un sistema binario, percibe la realidad solo de forma dual: bueno-malo, positivo-negativo, gano-pierdo, cerca-lejos, etc. Esa es su función, trabaja de manera relativa, apoyándose en información conocida y comparando. Es solo una herramienta para seleccionar las mejores opciones.

El error consiste en percibir la realidad de la existencia solo a partir de estos datos aislados (y relativos). Luego es muy difícil salir de los límites impuestos por esta mente consciente.

Por eso es necesario aprender a pensar con la totalidad del cerebro. Es fundamental trascender el pensamiento dualista y discursivo, generado por hemisferio izquierdo y permitir que otras áreas se manifiesten y así poder percibir la realidad, y percibirse a si mismo, de manera más total y equilibrada. Más evolucionada.
La meditación es la puerta de entrada. En el silencio y la quietud se generan las condiciones necesarias de calma y equilibrio.

Los ejercicios de chi kung son de gran ayuda para mejorar la salud física y mental.

Zazen es la mejor postura para trascender la mente consciente y las contradicciones generadas por ella.

Zazen significa apagar el motor del consciente y fundirse en unidad con la conciencia cósmica.

Zazen representa la forma madura y equilibrada de nuestra vida.

Nos permite expandir la conciencia y percibir una realidad más amplia y bella. y que además se exprese y manifieste el ser superior. Nuestra auténtica naturaleza y esencia universal.
De manera inconsciente y natural.

La evolución continúa.

Es la esencia misma de la vida, y todo lo que hagamos para mejorar la adaptación, para aumentar nuestros conocimientos y posibilidades, no solo será beneficioso para cada uno, si no que todo el resto sentirá- de una manera u otra- esta influencia positiva.



domingo, 6 de junio de 2010

El cerebro emocional


Con los mamíferos hubo un crecimiento explosivo de algunas regiones del cerebro reptiliano que posibilitaron la formación de un segundo cerebro, el cerebro medio (mesencéfalo) o límbico, y con él la posibilidad de sentir y expresar emociones. Este cerebro se empieza a desarrollar incipientemente en las aves y totalmente en los mamíferos.

Los primeros restos fósiles de mamíferos semejantes a los actuales provienen de finales del Cretácico, hace unos 70 millones de años; eran animales poco abundantes, insectívoros, no muy diferentes de las actuales musarañas. Sus descendientes se multiplicaron extraordinariamente y hacia el comienzo del Paleoceno habían producido antecesores reconocibles de la mayoría de los órdenes actuales de mamíferos.

El mesencéfalo o cerebro medio, dotado de un sistema límbico, físicamente ubicado encima del cerebro reptil (paleoencéfalo), permite al mamífero un desarrollo emocional que opera, fundamentalmente, desde estructuras como la amígdala, y es ello lo que les permite establecer relaciones sociales en mayor grado que los reptiles.

Éste fue un cambio verdaderamente revolucionario en la historia de la vida, coherentemente acompañada por la posibilidad homeotérmica de manejar la temperatura corporal.

La capacidad homeotérmica fue la piedra angular de este lento proceso evolutivo. Cuando los primitivos antepasados de los mamíferos consiguieron regular la temperatura de su cuerpo, lograron colonizar regiones geográficas donde las bajas temperaturas impedían la supervivencia de especies ectotermicas (de sangre fría), pudiendo así adoptar hábitos nocturnos y aprovechar los recursos alimenticios que quedaban fuera del alcance de sus antepasados.

Por otra parte, los primitivos mamíferos en la época en que reinaban los grandes reptiles, no solo no podían competir por el alimento, si no que “eran” el alimento principal de muchas especies, así que esto los obligó a reunirse en grupos (manadas) para defenderse mejor y sobrevivir. Lo mismo sucedió con nuestros antepasados prehistóricos. La vida en grupo garantizaba la supervivencia y la reproducción.. Esto evidentemente, desarrolló hábitos sociales, que fueron evolucionando y generando cambios en el sistema nervioso y en la fisiología del animal.
Por eso el cerebro fue evolucionando en nuevas funciones y estructuras ligadas a las emociones, vinculadas al comportamiento orientado a la autoconservación, reproducción y cuidado de la especie.

Las emociones son fenómenos psicofisiológicos, es decir involucran a la mente y al cuerpo, que representan modos de adaptación a ciertos estímulos ambientales o de uno mismo. Para más datos ver “La química de la emociones” (post del 30/4/10).

El Sistema Límbico está asociado a la capacidad de sentir y desear. Está constituido por estructuras como: el tálamo (placer-dolor), la amígdala (nutrición, miedo, protección, hostilidad), el hipotálamo (centro integrador del sistema neurovegetativo), los bulbos olfatorios, la región septal (sexualidad) y el hipocampo (memoria).

En estas zonas están las glándulas endocrinas más importantes para el ser humano: pineal y pituitaria (hipófisis).

En este sistema se dan procesos emocionales y estados de calidez, amor, gozo, depresión, odio, etc., y procesos que tienen que ver con nuestras motivaciones básicas.

Esta parte es capaz de relacionar el pasado con el presente, por lo tanto se produce aprendizaje, que además está relacionado con las emociones.

Sabemos que cuando se estudia con agrado, se aprende mas fácil (y más profundamente), por eso nadie puede aprender lo que no le gusta o acepta.

Las emociones aportan calidez a las relaciones humanas, ayudando a mejorar la calidad de vida. Es razonable pensar que el desarrollo de la memoria se asocia a momentos emocionalmente intensos, como la muerte de los seres queridos. Nuestros antepasados enterraban a sus muertos, esto implica una consideración por el pasado. Muestra una capacidad de trascender el presente dando respeto al fallecido.

Esta parte del cerebro proporciona el afecto que los mamíferos necesitan para sobrevivir, por tanto se introducen los sentimientos (que son la toma de conciencia de las emociones): dar o recibir afecto, recibir atención, consideración, escucha, compasión, ternura, empatía.

Aquí es donde existe la capacidad de sentir, de dejarse afectar por los demás y por el entorno.
La función principal del cerebro límbico es la de controlar la vida emotiva, lo cual incluye los sentimientos y además la regulación endocrina (hormonas), el dolor y el placer, y otras funciones adaptativas (hambre, sed, saciedad, temperatura, sudoración, etc.).

Puede ser considerado como el cerebro afectivo, el que energiza la conducta para el logro de las metas y objetivos.

Los desequilibrios en este sistema producen un variado número de trastornos, como estados agresivos, depresiones severas y pérdida de la memoria (enfermedad de Alzheimer) entre otras enfermedades.
Este cerebro emocional, es el que permite sentir.

Con los mamíferos aparecen las pasiones: el amor, el odio y el altruismo en la historia, de manera que la vida adquiere calor y color, y también, un grado de libertad que implica riesgos, sin los cuales la vida carece de sabor para un verdadero mamífero, a diferencia de lo que hemos visto en el predominio reptiliano.

Es interesante, por que el manejo de las emociones es algo fundamental en la vida de las personas. En general se enseña a reprimirlas, a no manifestar lo que se siente, y esto como se ve en la gran mayoría de los adultos (y en muchos jóvenes también), trae sus bloqueos y consecuencias. Predomina la razón, el pensamiento, la "falsa moral", ahogando la capacidad de sentir, de aprender, de comunicar, de abrirse de manera espontánea a los demás. Esto en la vida moderna es un problema.

La higiene emocional es muy importante. Aprender a perdonar es inteligente. Hacer una "limpieza" del pasado, liberando todo lo que no sirve y transformando los sentimientos negativos en positivos. De esta manera, el presente se transformará en felicidad y en fuente de creatividad y posibilidades.

Pero el cerebro siguió creciendo y cambiando, así surgió el telencéfalo y la corteza cerebral, la palabra y el pensamiento abstracto, la último en materia de evolución, que presenta en los seres humanos características únicas.
continuará

martes, 1 de junio de 2010

El cerebro reptil


La parte más antigua de nuestro cerebro es el llamado paleoencéfalo o cerebro primitivo, instintivo o simplemente “cerebro reptil”. Esta parte del cerebro está formada por los ganglios basales, el tronco cerebral y el sistema reticular.

Se desarrolló hace unos 500 millones de años. Se encuentra presente primordialmente en los reptiles. Los reptiles son las especies animales con el menor desarrollo cerebral. Su cerebro, está diseñado para manejar la supervivencia desde un sistema binario: huir o pelear, con muy poco o ningún proceso emocional.

Tiene un papel muy importante en el control de la vida instintiva.

Se encarga de autorregular el organismo.

En consecuencia, este cerebro no está capacitado para pensar, ni sentir, su función es la de actuar, cuando el estado del organismo así lo demanda.

La forma en que se estructura el tallo cerebral y la médula espinal es esencialmente semejante en todos los animales.

Este armazón neural suministra el mecanismo para integrar los mensajes procedentes del medio interno y del externo, y actuar en forma refleja sobre ellos. Por lo tanto, la conducta resultante es en gran parte de tipo reflejo, lo cual implica que también es estereotipada.

El armazón neural es como el hardware del ordenador. Pero le falta el software y sobretodo, el programador, que programa y controla,
Un conductor que dirija los diversos rumbos de la conducta.

Esto llegó más tarde en la evolución.

El cerebro reptil, en los seres humanos, es responsable de conductas que se asemejan a los rituales animales, como el anidarse o aparearse.

La conducta animal e instintiva está en gran medida controlada por esta área del cerebro. Se trata de un tipo de conducta instintiva programada y poderosa y, por lo tanto, es muy resistente al cambio.

Es el impulso por la supervivencia: comer, beber, temperatura corporal, sexo, territorialidad, necesidad de resguardo, de protección.

Es un cerebro funcional, territorial, responsable de conservar la vida y el que es capaz de cometer las mayores atrocidades.

Nos sitúa en el puro presente, sin pasado (sin culpas) y sin futuro (sin preocupaciones), por lo tanto es incapaz de aprender o anticipar.

No piensa ni siente emociones, es pura impulsividad.

En el cerebro reptil se procesan las experiencias primarias, no verbales, de aceptación o rechazo. Aquí se organizan y procesan las funciones que tienen que ver con el hacer y el actuar, lo cual incluye las rutinas, los hábitos, la territorialidad, el espacio vital, condicionamiento, adicciones, rituales, ritmos, imitaciones, inhibiciones y seguridad.

Es el responsable de la conducta automática o programada, tales como las que se refieren a la preservación de la especie y a los cambios fisiológicos necesarios para la supervivencia. En síntesis: este cerebro se caracteriza por la acción.

El Sistema Básico o reptiliano controla la respiración, el ritmo cardíaco, la presión sanguínea e incluso colabora en la continua expansión-contracción de los músculos. Este primer cerebro es sobre todo como un guardián de la vida, relacionado directamente con el sistema neurovegetativo, aquí encontramos los mayores sentidos de supervivencia y lucha y además por su interrelación con los poros de la piel, este primer cerebro es nuestro sensor de peligros para el cuerpo en general.

Permite con rapidez la adaptación por medio de respuestas elementales poco complicadas, emocional o intelectualmente.

Esta conducta no está en principio basada en las experiencias previas ni en los efectos a medio o largo plazo. Las conductas de las personas calificadas como de psicópatas (carecen de sentimientos de culpa) y de paranoicos se ajustan a este patrón de conducta. En la psicopatía se juega el papel de depredador y en la paranoia el de presa.

Este cerebro primitivo es una herencia de los períodos cavernarios, donde la supervivencia era lo esencial.
El paleoencéfalo o cerebro reptil sustenta una parte de la mente inconsciente y nos permite conectarnos de otra manera con el entorno y con nosotros mismos.
El cerebro primitivo no conoce la duda.

Esta parte del cerebro nos conecta obviamente con todas las especies que comparten la misma estructura e información, así que en este lugar, se encuentra nuestra herencia animal, prehistórica, fundamental, nos conecta directamente con el instinto y con las fuerzas de la naturaleza.

La naturaleza no deshecha lo que fue desarrollándose a lo largo de la evolución, de manera que las adquisiciones del reptil permanecen casi idénticas en nuestro cerebro.

El cerebro reptiliano hace sus aportes a las conductas cotidianas.

Está involucrado en la concepción de delimitación territorial, así como en una existencia rígida y casi programada. Es típica de esta conducta la repetición: un reptil nunca improvisa o investiga nuevas maneras de llegar desde esta piedra hasta ese árbol, ya una vez aprendido un camino, morirá haciendo una y otra vez el mismo itinerario.
Por eso puede vinculárselo a los rituales y ceremonias, así como a los comportamientos obsesivos y rutinarios.
Es en este primer cerebro donde las adicciones son muy poderosas, tanto a algo como a alguien o a una forma de actuar
Es responsable de esa fuerte ligazón que se establece desde edades muy tempranas de la vida con personas u objetos del entorno.

Hay algo de la memoria ancestral que queda en forma de amor por la caza y los caballos, pero también puede involucrar elecciones que necesitarían un aporte decisivo de los “otros dos cerebros”, como es el caso de la elección de la pareja y de la profesión.
Puede atribuirse a este cerebro primitivo una participación decisiva para comprender algunos fenómenos sociales como la violencia destructiva, la histeria de masas, la importancia de las modas pasajeras y el consumismo.

El cerebro fue evolucionando, adaptándose, creando nuevas estructuras y modificando funciones, así aparecieron el cerebro medio o emocional, el mesoencéfalo, sede del sistema límbico, es el cerebro social, el del afecto y el miedo, el de la manada. Este es común a todos los mamíferos e incluso las aves y finalmente, lo último en materia de evolución, la corteza cerebral, sede de la palabra, la razón, la personalidad y el pensamiento lógico, común a todos los primates pero desarrollada especialmente en los seres humanos.

En el próximo post seguiremos conociendo las otras partes. Obviamente, estos tres cerebros, son uno, aunque tengan funciones, estructuras y una historia evolutiva diferente.

El ser superior se manifiesta cuando estas estructuras y funciones están en armonía, de manera que el instinto, las emociones y la mente forman parte de un todo equilibrado.

martes, 25 de mayo de 2010

La fisiología del miedo


En el cerebro se encuentra el mecanismo que genera el miedo, tanto en personas como en animales, principalmente en el sistema límbico, que es el encargado de regular las emociones, la lucha, la huida y la evitación del dolor, y en general relacionado con la supervivencia del individuo y de la especie.

Este sistema revisa de manera constante (incluso durante el sueño) toda la información que se recibe a través de los órganos de los sentidos, y lo hace mediante la estructura llamada amígdala cerebral, que controla las emociones básicas, como el miedo y el afecto, y se encarga de localizar la fuente del peligro.

Cuando en el cerebro la amígdala se activa, se desencadena la sensación de miedo y ansiedad, y su respuesta puede ser la huida, la pelea o la rendición.

Se ha encontrado que la sensación de miedo está mediada por la actuación de la hormona antidiurética(o "vasopresina") en la amígdala cerebral, esta hormona es segregada por el hipotálamo y almacenada en la glándula hipófisis posterior y que la del afecto lo está a la de la hormona oxitocina, también en la amigdala.

El consumo de alcohol ( etanol ) inhibe la producción de vasopresina; estudios con resonancia magnética de la amígdala cerebral están encontrando datos que indican que muchos de los llamados "psicópatas sociales" sufren una atrofia de las amigdalas cerebrales lo que les provocaría la perdida del miedo social y del afecto.

El miedo al daño físico provoca la misma reacción fisiológica que el temor a un dolor psíquico.

La extirpación de la amígdala parece eliminar el miedo en animales, pero tal cosa no sucede en humanos (que a lo sumo, cambian su personalidad y se vuelven más calmados). En el hombre el mecanismo del miedo y la agresividad es más complejo e interactúa con la corteza cerebral y otras partes del sistema límbico.

El miedo produce cambios fisiológicos inmediatos en el organismo, al activarse el sistema simpático (neurovegetativo), que como vimos en otro post, es el que se encarga de la lucha y de la huida: se incrementa el metabolismo celular, aumenta la presión arterial, aumenta la glucosa en sangre y la actividad cerebral, así como la coagulación sanguínea.

El sistema inmunológico se detiene (al igual que toda función no esencial), la sangre fluye a los músculos mayores (especialmente a las miembros inferiores, en preparación para la huida) y el corazón bombea sangre a gran velocidad para llevar oxígeno y hormonas a las células (especialmente adrenalina).

También se producen importantes modificaciones faciales: agrandamiento de los ojos y dilatación de las pupilas para facilitar la visión.

Como el sistema límbico fija su atención en el objeto amenazante, los lóbulos frontales (encargados de cambiar la atención conciente de una cosa a otra) se desactivan parcialmente.

Durante un ataque de pánico la atención conciente queda fijada en el peligro, y si los síntomas fisiológicos como el ritmo cardíaco o la presión sanguínea son interpretados por la persona como una confirmación de la realidad de la amenaza, provocando una retroalimentación del miedo, que impide medir el auténtico riesgo. Esto sucede, especialmente, en el caso de las fobias: la atención del fóbico es incapaz de prestar atención a otra cosa y magnifica el peligro ante la incomprensión de los demás.

Tememos a lo desconocido, es un mecanismo innato, nos viene incluso en nuestra herencia genética y cultural. De ahí el miedo a morir, ya que desconocemos la muerte.
Por otra parte, la mente es existencia. No existir provoca miedo. Este miedo esta ligado al pensamiento. A no tener, a no poder, a sufrir, a la soledad, al vacío, a la muerte…
Estos miedos fueron cambiando a lo largo de la historia.

El principal transmisor actual del miedo son los medios de comunicación, pero en todo caso se precisa de la credulidad de la sociedad para que estos miedos calen hondo.

Desde un principio los niños son condicionados mediante la educación (la familia, la escuela, el medio social) a tener miedo y a creer sin dudar en la información recibida, aunque esta sea tendenciosa.
El miedo es una característica inherente a la sociedad humana: está en la base de su sistema educativo (basado en el esquema del premio y del castigo).

La profesionalización de los provocadores del miedo es una característica de nuestra época.

El miedo es también un arma de dominación política y de control social. Se puede observar y reconocer el uso político del miedo como forma de control de la población, haciéndose hincapié en la creación de falsos escenarios de inseguridad cotidiana.

A lo largo de la historia ha habido todo tipo de movimientos sociales y culturales fundamentados en el miedo a algo. La mayoría de las religiones monoteístas, como el cristianismo, o el Islam, se basan en el miedo (y también en el pecado y la culpa).

Existe el miedo como mecanismo de adaptación, un reflejo que nos permite sobrevivir y evitar el peligro, está en la naturaleza misma del ser humano. El miedo como emoción representa la otra cara del afecto y del amor. El otro polo.

El amor es generación y nutrición. El miedo es límite y restricción.

La nutrición es fundamental, sin ella cualquier organismo perece. Pero los límites son necesarios para un desarrollo y crecimiento armónico y para evitar los desbordes.

En la naturaleza estas dos tendencias se complementan de manera dinámica.

El miedo instalado en la personalidad, en la manera de pensar y de actuar, en la percepción de si mismo y del entorno, tarde o temprano se convierte en una enfermedad.

El cuerpo y el espíritu se ven afectados profundamente. Por ejemplo: el miedo afecta la energía de los riñones, con lo cual se afecta la energía vital provocando un estado de insuficiencia y debilidad que produce a su vez más miedo, además de un montón de alteraciones físicas y psicológicas, incluso muchas personalidades coléricas y dominadoras tienen como origen el miedo.

El miedo limita e incapacita.

Produce una personalidad temerosa, insegura, dependiente. Es una fuga permanente de energía. El sistema está siempre en estado alerta.

Cuanto más insegura se siente la persona, más necesita adquirir (para llenar el vacío): objetos, afecto, verdades, aceptación de los demás, dinero...

En la actualidad el consumo está exacerbado.

Muchas personas gastan su tiempo y su energía corriendo detrás de deseos, cada vez más sofisticados, más temores, más deseos, miedo a morir, miedo al vacío, etc. La vida así se vuelve complicada y poco feliz, entonces se continúa corriendo y huyendo. Y luego es difícil parar.

Pero la enfermedad debe ser curada.

El miedo puede ser controlado, con sabiduría y reflexión.

La energía de la respiración nutre a los riñones, aporta energía, concentración y coraje. Zazen es la postura del no-miedo.

Más allá del pensamiento conciente se encuentra la calma profunda y el equilibrio natural de todo el sistema.

Podemos trascender los límites de la mentalidad ordinaria y encontrar una nueva manera de pensar, de percibir la vida, de controlar las emociones y encarar los desafíos que nos presenta la vida.

El miedo es la esencia del coraje, así como la ignorancia es la naturaleza misma de la sabiduría.

La confianza en sí mismo es el primer paso.

Una verdadera transformación que genera una influencia positiva para todos.

martes, 18 de mayo de 2010

La conciencia y la vida


Según la enciclopedia, conciencia (o consciencia) es el conocimiento que un ser tiene de sí mismo y de su entorno.

Podríamos definirla también como el rasgo esencial que integra a un organismo en una totalidad y le permite funcionar como un individuo. Esto es común a todas las formas de vida, pero en los seres humanos evolucionó incluyendo a la mente y a las emociones.

La conciencia actúa uniendo diferentes elementos para que formen una totalidad unificada.

Esto es válido desde un organismo unicelular como la Ameba hasta organismos multicelulares complejos como el Homo sapiens.

En nuestro caso, cada célula del cuerpo tiene conciencia, es una unidad fisiológica con respiración y conciencia, pero hay algo que nos define como individuos y es la sumatoria de todas las conciencias de nuestras células en una sola conciencia.

Lo interesante es que si queremos rastrear el origen de esta conciencia es muy difícil, los científicos especulan, pero no pueden demostralo cientificamente. Cuando y donde se origina esta conciencia individual, es un misterio.

Si observamos con más detalles nos daremos cuenta de que esta conciencia individual es en realidad parte de una conciencia más grande, que une ya no células si no individuos. Esto es lo que algunos llaman “conciencias conectadas” o "cerebros conectados". Jung, a su manera, lo definió como “inconciente colectivo”. En fin, son categorías y conceptos que tratan de definir algo indefinible e intangible.

Si seguimos alejándonos (como observadores), veremos que a su vez esta conciencia colectiva es parte de una conciencia todavía más grande, que une a todos los seres vivos de esta tierra, podríamos decir "la conciencia misma de la Tierra". La Tierra considerada como un organismo.

Y si continuamos nuestro viaje, ya notaremos que esta conciencia a su vez es parte de otra aún mayor, que une planetas y galaxias, es la conciencia misma del universo, que no es diferente de las demás conciencias, de hecho es la misma. Una sola conciencia. Solo que con diferentes funciones.

La conciencia humana, nos permite diferenciarnos, conocer, aprender, experimentar y crear. Esa esa su función.
La conciencia crea una distinción clara entre el ser y el no-ser. Es el centro que reúne a todos los componentes. Sin conciencia no hay existencia.

La vida apareció en la naturaleza, como un aspecto de esta, un desequilibrio, producto del incesante movimiento de fuerzas cósmicas, alternando vida y muerte, aparición y desaparición, existencia y no-existencia, etc.
La vida se fue desarrollando y evolucionando, y esta conciencia que cada organismo tiene de si mismo, también lo fue haciendo. Así fueron apareciendo sobre la tierra organismos capaces de adaptarse a los cambios gracias a la modificación de sus conductas.

Esta es una diferencia grande con el instinto, ya que este, si bien corresponde a un rasgo innato y unificador de la conciencia, solo funciona para asegurar la supervivencia de la especie como totalidad en un entorno dado y bajo condiciones específicas. Esto se ve en muchos animales e insectos, que cuando se introduce algún cambio inesperado en su medio, pierden el instinto y la capacidad de adaptación.

En los seres humanos, el desarrollo de la mente conciente llegó a tal punto que prevaleció sobre la conciencia instintiva.
De esta forma, fue posible trasformar el entorno y crear cosas que nunca habían existido antes. Con el lenguaje, la socialización y le especialización en el trabajo, surgió la cultura, con sus diferentes manifestaciones y la civilización.
Sin embargo, la mente a medida que se fue desarrollando se alejó proporcionalmente de la esencia de la vida.

Las creaciones del hombre: la ciencia, la tecnología, los objetos, la excesiva especialización, lo fueron alejando de sí mismo y de su fuente natural.
De manera que lo que en un principio era una función de la conciencia, que permitía a ese organismo poder ir más allá de sus límites, experimentar y conocerse, se volvió un límite en si mismo, una especie de trampa.
El ser humano moderno quedó aprisionado en esta mente conciente, separado del resto, aislado, olvidando su origen e incluso su verdadera naturaleza.

Pero el significado de una parte separada solo cobra relevancia cuando se percibe como una parte de la totalidad. Nuestra individualidad solo es interesante en función de la totalidad, como parte de algo más grande, de algo que la incluye.
Percibiendo esto, la individualidad, lo que conocemos como “ego” o personalidad, o como se quiera llamar, se vuelve flexible, sus límites se expanden, se funden con el entorno con más facilidad y con la misma facilidad puede reconocerse e integrarse de nuevo.

Desde un punto de vista neurofisiológico, el lenguaje, el pensamiento lógico y conceptual, la forma de percibir la realidad por partes y de forma abstracta, es atributo del hemisferio cerebral izquierdo.

Debido a esta especialización, a esta forma de pensar, en la civilización moderna se ha desarrollado en exceso en detrimento del hemisferio derecho, que es silencioso e intuitivo y percibe con más facilidad la totalidad y el espacio.

Así se ha ido estableciendo una condición de desequilibrio.

Por esto para poder trascender los límites y contradicciones de la mente individual, hay que favorecer el equilibrio entre ambos hemisferios cerebrales, dejar reposar la actividad del neocórtex y permitir con el silencio y la calma mental el acceso a zonas profundas del cerebro, ligadas a la vida inconciente y primitiva.

Es la vuelta a la fuente, a las raíces, a la auténtica naturaleza.

No se trata de acumular objetos o conocimientos ni salir a buscar afuera lo que uno cree que es. Ni tampoco retroceder en la escala evolutiva,
Con la energía suficiente y la información precisa podemos llegar muy lejos.

Somos el trazo de unión entre la realidad cuántica del mundo subatómico y la enormidad infinita del cosmos, y lo que conecta esta realidad visible con la invisible y microscópica, el puente entre estos dos mundos, es la respiración.
Para armonizar la actividad cerebral lo mejor es la respiración.
Los pensamientos y la respiración están íntimamente ligados, y estos a su vez con la postura del cuerpo.

Cuando la mente está en calma, la respiración baja su frecuencia y se hace más profunda.

Cuando la respiración es tranquila, el flujo de pensamientos disminuye, el córtex reposa y se activan otras áreas más antiguas del cerebro relacionadas con el inconciente.

Las ondas cerebrales se hacen mas ordenadas y de menor frecuencia, pasando de Beta, desordenadas, de mayor frecuencia y menor amplitud (13 a 28 hz) a Alfa (7,5 a 13 Hz) y durante la meditación, cuando los hemisferios se equilibran, ondas Theta (3,5 a 7,5 Hz) o mas raramente (sueño profundo o meditadores experimentados) ondas Delta (0,2 a 3,5 Hz). Hz=Herzio (oscilaciones/segundo)

Por eso zazen es el método directo y seguro, para trascender la pequeña individualidad y armonizarnos con nuestra esencia universal. De manera natural e inconciente.

La conciencia individual se funde con la conciencia del universo.

Más allá del pensamiento ordinario, pensamiento absoluto, verdadera pureza.

Es la vuelta a la condición normal del cuerpo y del espíritu.

El retorno al origen, al mar de potencialidad infinita que nos nutre de energía e información.

domingo, 9 de mayo de 2010

La no acción

La no acción, wu wei en chino, es la forma opuesta y complementaria de la acción, del “hacer”.

No hacer no implica “hacer nada”, si no mas bien, que se actúa sin la intervención de la voluntad y de la búsqueda del beneficio propio. Se deja que las cosas evolucionen por si mismas. Es la manera que tiene la naturaleza de actuar. Las plantas crecen sin un esfuerzo particular, por ejemplo, también el agua, que fluye constantemente y se adapta a todas las formas.

El no hacer, es un aspecto fundamental en la filosofía taoísta y budista.

En la práctica de zazen (meditación Zen), hacemos sin hacer, sin dejar huella, sin un propósito particular, olvidando el esfuerzo y la intención.

Es algo difícil de comprender en la vida moderna, tan ligada al pensamiento conciente, a la forma, a la materia, a la obtención de beneficios y a una percepción del ser más bien individualista, cortada del entorno natural y forzada. Estereotipada.

El pensamiento es forma y existencia que se convierte en palabra, de hecho, el centro del lenguaje articulado en el cerebro (área de Broca) se encuentra en la corteza frontal izquierda, que gestiona el pensamiento lógico, racional y secuencial, transformando la información en palabras, gestos y en respuesta activa. La palabra se vuelve acción.
Al trascender el pensamiento conciente se llega a lo no acción.

El no pensamiento permite que las cosas tomen su curso natural. Que aflore la percepción, la intuición y la sabiduría profunda.

El No Hacer está muy relacionado con la actividad del inconciente, con el hacer del inconciente.

El relajar nuestro intento de programar la vida a expensas de la voluntad y de la razón, nos vuelve más receptivos a la sabiduría del inconciente. Tomamos contacto con algo más profundo, más grande que nosotros mismos.

La relación entre el conciente y el inconciente es como la imagen del iceberg: una pequeña parte visible por encima del agua y la mayor parte, invisible, por debajo de ésta.
Cuando hay un mayor contacto con el inconciente, hay un flujo de energía e información que emerge de la profundidad, de la parte invisible del iceberg.

Cuanto más nos conectamos con esta fuente de energía e información, que no es otra cosa que el mar de potencialidad infinita, esto incide directamente en nuestra manera de pensar, de hablar, de actuar, en la capacidad de trabajo, en la salud y la resistencia física y, como vimos, a nivel fisiológico incluso en el sistema inmunitario.


El No Hacer incide también en el aprendizaje. Estamos habituados a aprender bajo presión, a forzar la “máquina” para memorizar, razonar e integrar conocimientos concientemente. Es la tensión del Hacer voluntario. Representa el modo “Yang”, activo, voluntarioso, conciente.

Por el contrario, el No Hacer, que implica la relajación de este intento, nos permite situarnos en una postura en que la energía fluye libremente, aumenta nuestra receptividad y se despliegan nuestra intuición, imaginación y creatividad. Integrando además, la percepción del hemisferio derecho y de áreas más profundas del cerebro, que habitualmente están inactivas. Es el modo “Yin”.

De niños aprendemos al principio de esta forma, inconcientemente, mirando, escuchando, copiando, jugando, cantando. Sin un propósito especial ni un objetivo concreto. De esta forma comenzamos a reconocer el mundo, a hablar, a caminar, incluso a escribir.

El no hacer, implica armonizarse con los cambios. Es aprender a fluir y a aceptar sin intervenir, la vida de los otros y las transformaciones del entorno.
Hacer y no hacer son las dos caras de una misma realidad existencial.

No se puede “hacer nada”, de hecho estamos vivos y la vida es acción, es movimiento. Hay que vivir, aprender, mejorar, ocuparse de lo fundamental. Cuando hay que actuar, se debe actuar.

Esto que parece una contradicción, significa que tampoco se puede vivir a fuerza de voluntad y esfuerzo conciente, ya que esto anula nuestra capacidad de adaptación, prevaleciendo la tensión, la infelicidad, el miedo y la falta de creatividad y fluidez.

La práctica del Taichi y de Chi kung (qi gong), permiten encontrar la unidad de la mente y el cuerpo, el pensamiento y el movimiento. Encontrando así, la no mente y el no movimiento.

Pero la mejor manera de practicar el no hacer, la forma directa y natural, es la postura de zazen. Concentrados en la respiración y en la inmovilidad del cuerpo, percibiendo el silencio y el fluir armonioso del universo a través de uno. Inconciente y naturalmente. Verdadero conocimiento de si mismo. Dogen, un célebre maestro Zen escribió: “conocerse a si mismo, es olvidarse de si mismo. Olvidarse de si mismo es estar en unidad con el universo y con todas las existencias.”

No hacer significa equilibrio y armonía.

Así cuando hay que actuar, esta acción se vuelve única y definitiva. Total. Sin dudas ni miedo.

Como el sonido que emerge puro y cristalino luego de un profundo silencio.
Verdadera música.

El no hacer es el hacer de la naturaleza.

martes, 4 de mayo de 2010

El sistema neurovegetativo


El sistema nervioso vegetativo (o autónomo) es la parte del sistema nervioso que se encarga de integrar y controlar la información que recibe de los órganos y del medio interno con las glándulas, vasos sanguíneos y músculos.

El sistema nervioso autónomo o neurovegetativo, al contrario del sistema nervioso central y del somático , es involuntario, activándose principalmente por centros nerviosos situados en la médula espinal, tallo cerebral e hipotálamo. También, algunas porciones de la corteza cerebral como la corteza límbica, pueden transmitir impulsos a los centros inferiores y así, influir en el control autónomo.

El sistema nervioso autónomo es sobre todo un sistema eferente (centrífugo) e involuntario que transmite impulsos desde el sistema nervioso central hasta la periferia estimulando los aparatos, sistemas y órganos.

Estas acciones incluyen: el control de la frecuencia cardíaca y la fuerza de contracción del corazón, la contracción y dilatación de vasos sanguíneos, la contracción y relajación del músculo liso en varios órganos, acomodación visual, tamaño de la pupila y secreción de glándulas exocrinas y endocrinas, regulando funciones tan importantes como la digestión, circulación sanguínea, respiración y metabolismo.


El sistema nervioso vegetativo se divide funcionalmente en:

-Sistema simpático: usa noradrenalina como neurotransmisor, y lo constituye una cadena de ganglios. Está implicado en actividades que requieren gasto de energía. También es llamado sistema adrenérgico o noradrenérgico; y es el que prepara al cuerpo para reaccionar ante una situacion de estrés.

-Sistema parasimpático: Lo forman ganglios aislados y usa la acetilcolina como neurotransmisor. Está encargado de almacenar y conservar la energía. Es llamado también sistema colinérgico; y es el que mantiene al cuerpo en situaciones normales y luego de haber pasado la situación de estrés, es antagónico al simpático.

Ambos sistemas trabajan coordinadamente para cumplir con las funciones del cuerpo humano.

Desde el punto de vista de la medicina china, esta división se corresponde con la teoría del Yin y el Yang, es decir, dos sistemas de polaridades opuestas pero complementarias.

El sistema simpático es de naturaleza Yang.

Ya que el Yang se relaciona con el movimiento, la acción, la energía, el calor, el fuego, la superficie, es el principio masculino.
El simpático prepara al cuerpo para la lucha y la huida.

Es un sistema de acción y movimiento, que anatómicamente se sitúa más superficialmente, a ambos lados de la columna vertebral, formando una cadena de ganglios y nervios interconectados con los nervios espinales.

Aumenta la fuerza y la frecuencia de los latidos del corazón (taquicardia), dilata las pupilas, dilata los bronquios, aumenta el riego sanguíneo y el consumo de oxígeno en los músculos, disminuye la contracción del estómago, el peristaltismo y el flujo de sangre (vasoconstricción) en los órganos internos y piel, contrae los esfínteres, estimula las glándulas suprarrenales y la secreción de corticoides (cortisol).

El llamado “estrés” de la vida moderna, no es otra cosa que la activación continua y prolongada de este sistema provocando en consecuencia una serie de desequilibrios bajo la forma de síntomas y trastornos psicofísicos, que además de limitar la capacidad del individuo (insomnio, fatiga crónica, impotencia y frigidez sexual, trastornos digestivos, alérgicos, circulatorios, etc.) pueden incluso provocar su muerte (accidentes cerebrovasculares, infartos, hipertensión arterial, etc.).


El Parasimpático representa al aspecto Yin.

Relacionado con el reposo, la nutrición, la calma, la relajación (luego de la acción) e incluso el acto sexual. Está ubicado más en profundidad.

Favorece la digestión y la absorción de nutrientes y se encarga de los procesos de reparación y acumulación de energía. Los nervios que lo integran nacen en el encéfalo, formando parte de los nervios craneales oculomotor, facial, glosofaringeo y vago.

En la médula espinal se encuentra a nivel de las raíces sacras de S2 a S4.

A nivel del aparato digestivo, provoca: aumento el tono de la musculatura lisa gastrointestinal, estimulación del peristaltismo intestinal(movimientos ondulatorios descendentes), relajación de los esfínteres gastrointestinales.

En el corazón, por medio del nervio vago, causa disminución de la frecuencia cardíaca (bradicardia) y de la fuerza de contracción del miocardio.

Estos dos sistemas que son en realidad una unidad de fuerzas opuestas y complementarias, deben estar equilibrados. En un equilibrio dinámico.

La vida sedentaria, la falta de ejercicios, de motivación, el exceso de reposo, llevan a un desequilibrio y a una debilidad, disminuyendo la capacidad de adaptación a los cambios y la resistencia a las enfermedades.

Del otro lado, el exceso de “máquina” (física y mental), la falta de reposo y relajación, no comer tranquilo y con tiempo y estar siempre “apurado”, también desequilibra el sistema interno y enferma, y obviamente se genera en consecuencia una mala adaptación a los cambios, haciéndose un círculo de retroalimentación con efecto negativo.
La mejor manera de relajar el sistema simpático (por ejemplo en caso de estrés) es estimulando el parasimpático (reposo, relajación, masajes, respiración).
La forma de equilibrar el parasimpático es con ejercicios, estiramientos y actividad física adecuada.

Como vemos, es importante encontrar siempre el equilibrio, en todos los niveles de la existencia, de forma dinámica y armoniosa, conociendo nuestras verdaderas necesidades, sin correr detrás de ilusiones y de preocupaciones. Las emociones juegan un papel fundamental, la calma y la alegría son esenciales.

La naturaleza siempre se equilibra a si misma y los seres humanos, como parte que somos de ella, poseemos también esa capacidad.