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martes, 19 de mayo de 2009

El sistema inmunitario (3ª parte)


imagen de un anticuerpo (inmunoglobulina G)


Inmunidad adaptativa

El sistema inmune adaptativo permite una respuesta inmunitaria mayor, así como el establecimiento de la memoria inmunológica, donde cada patógeno es recordado por un antígeno característico y propio de ese patógeno en particular.

La habilidad de generar estas respuestas específicas se mantiene en el organismo gracias a las células de memoria. Si un patógeno infecta a un organismo más de una vez, estas células de memoria desencadenan una respuesta específica para ese patógeno que han reconocido, con el fin de eliminarlo rápidamente.

Linfocitos
Las células del sistema adaptativo son una clase especial de leucocitos, llamados linfocitos.
Las células B y las células T son las clases principales de linfocitos y derivan de células madre hematopoyéticas pluripotenciales de la médula ósea .


Las células B están involucradas en la respuesta inmunitaria humoral, mientras que las células T lo están en la respuesta mediada por células.

Las células B y T contienen en su superficie moléculas receptoras que reconocen objetivos (targets) o blancos específicos.

Las células T reconocen al patógeno, sólo después de que los antígenos (pequeños fragmentos del patógeno) han sido procesados y presentados en combinación con un receptor propio de su membrana, una molécula del llamado complejo mayor de histocompatibilidad (CMH).
Por el contrario, el receptor específico de antígeno de las células B es un molécula de anticuerpo en la superficie de la célula B, y reconoce patógenos completos sin la necesidad de que los antígenos sean procesados previamente.

Células T asesinas
Son una variedad de linfocitos T que atacan directamente a otras células que porten en su superficie antígenos extraños o anormales.
La característica de este subgrupo de células T es que matan células infectadas con virus (y otros patógenos), o que estén dañadas o enfermas por otras causas.

Al igual que las células B, cada tipo de célula T reconoce un antígeno diferente.

Las células T asesinas son activadas cuando su receptor de células T (RCT) se liga a su antígeno específico formando un complejo con el receptor del CMH de otra célula.

Cuando una célula T activada toma contacto con tales células, libera toxinas que forman poros en la membrana plasmática de la célula target o receptora, permitiendo que iones, agua y toxinas entren en ella. Esto provoca el estallido de la célula o que experimente apoptosis (muerte celular programada).

La muerte de células huésped inducida por las células T asesinas tiene una gran importancia para evitar la replicación de los virus. La activación de las células T tiene unos controles muy estrictos y por lo general requiere una señal muy fuerte de activación por parte del complejo CMH/antígeno.

El anticuerpo típico esta constituido por unidades estructurales básicas, cada una de ellas con dos grandes cadenas pesadas y dos cadenas ligeras de menor tamaño.

Los anticuerpos son sintetizados por un tipo de leucocito denominado linfocito B.

Hay varios tipos de anticuerpos o inmunoglobulinas, según la forma de cadena pesada que posean.

Se conocen cinco clases diferentes de inmunoglobulinas: A, D, E, G y M, que desempeñan funciones diferentes, contribuyendo a dirigir la respuesta inmune adecuada para cada distinto tipo de cuerpo extraño que encuentran.
Aunque la estructura general de todos los anticuerpos es muy semejante, una pequeña región del ápice de la proteína es extremadamente variable, lo cual permite la existencia de millones de anticuerpos, cada uno con un extremo ligeramente distinto.

Cada una de estas variantes puede unirse a un objetivo o antígeno distinto, de manera altamente específica.

Esta enorme diversidad de anticuerpos permite al sistema inmunitario reconocer una diversidad igualmente elevada de antígenos.


El reconocimiento de un antígeno por un anticuerpo lo marca para ser atacado por otras partes del sistema inmunitario (fagocitos, sistema del complemento, etc.).


Anticuerpos y linfocitos B

El linfocito B identifica los patógenos cuando los anticuerpos de su superficie se unen a antígenos foráneos específicos. Este complejo antígeno/anticuerpo pasa al interior del linfocito B donde es procesado por proteolisis y descompuesto en péptidos.


Cuando el linfocito B ha sido activado comienza a dividirse y su descendencia segrega millones de copias del anticuerpo que reconoce a ese antígeno.

Los anticuerpos circulan en el plasma sanguíneo y en la linfa.


Memoria inmunológica

Cuando las células B y T son activadas y comienzan a replicarse, algunos de sus descendientes se convertirán en células de memoria con un largo periodo de vida.

A lo largo de la vida de un animal, estas células recordarán cada patógeno específico que se hayan encontrado y pueden desencadenar una fuerte respuesta si detectan de nuevo a ese patógeno concreto.

Esto es "adaptativo" porque ocurre durante el tiempo de vida de un individuo como una adaptación a una infección por ese patógeno y prepara al sistema inmunitario para futuros desafíos.

La memoria inmunológica puede ser pasiva y de corta duración o activa y de larga duración.

Inmunidad pasiva
La inmunidad pasiva es generalmente de corta duración, desde unos pocos días a algunos meses.
Los recién nacidos no han tenido una exposición previa a los microbios y son particularmente vulnerables a las infecciones. La madre les proporciona varias capas de protección pasiva. Durante el embarazo, un tipo particular de anticuerpo, llamado IgG, es transportado de la madre al bebé directamente a través de la placenta, así los bebés humanos tienen altos niveles de anticuerpos ya desde el nacimiento y con el mismo rango de especificidad contra antígenos que su madre.

La leche materna también contiene anticuerpos que al llegar al intestino del bebé le protegen de infecciones hasta que éste pueda sintetizar sus propios anticuerpos.

Todo esto es una forma de inmunidad pasiva porque el feto, en realidad, no fabrica células de memoria ni anticuerpos, sólo los toma prestados de la madre. En medicina, la inmunidad protectora pasiva puede ser también transferida artificialmente de un individuo a otro a través de suero rico en anticuerpos.

El curso del tiempo de una respuesta inmune comienza con el encuentro con el patógeno inicial (o la vacunación inicial) y conduce a la formación y mantenimiento de la memoria inmunológica activa.

Inmunidad activa e inmunización
La memoria activa de larga duración es adquirida después de la infección, por la activación de las células T y B.

La inmunidad activa puede ser también generada artificialmente, a través de la vacunación.

El principio en que se basa la vacunación (también llamada inmunización) consiste en introducir un antígeno de un patógeno para estimular al sistema inmunitario y desarrollar inmunidad específica contra ese patógeno particular sin causar la enfermedad asociada con ese microorganismo.

Esto en teoría, en la práctica, actualmente las vacunas además de representar un negocio enorme (a costa de la salud de millones), son herramientas de manipulación genética e inductoras de enfermedades, debido a las sustancias que incluyen en su fabricación, particularmente el mercurio y otros metales pesados.

Cuando el sistema inmunitario falla

El sistema inmununitario es un complejo notablemente eficaz que incorpora especificidad, inducibilidad y adaptación.

Podemos encontrar 3 formas de fallo en el sistema inmunitario:

-inmunodeficiencia.

-autoinmunidad.

-hipersensibilidad.

Inmunodeficiencias
La Inmunodeficiencia ocurre cuando uno o más de los componentes del sistema inmunitario están inactivos. La calidad de la respuesta inmune depende de la edad, (por ejemplo los ancianos y los niños pequeños son más vulnerables a las infecciones) y también de otras condiciones.
En los países desarrollados, el estrés, la obesidad, el alcoholismo y el abuso de drogas son causas comunes de una respuesta inmune disminuida.
En cambio, la malnutrición es la causa más común de la inmunodeficiencia en países pobres.
Aunque hoy este concepto está cambiando ya que se registran cada vez más casos de trastornos alimentarios en sociedades desarrolladas por la mala calidad de la alimentación (alimentos procesados, Mc Donald´s, comida chatarra, etc)

Las inmunodeficiencias también pueden ser heredadas o adquiridas.
La enfermedad granulomatosa crónica, en la cual los fagocitos tienen problemas para destruir patógenos, es un ejemplo de una herencia, o inmunodeficiencia congénita.
El SIDA y algunos tipos de cáncer causan inmunodeficiencia adquirida.

Autoinmunidad Las respuestas inmunes exageradas abarcan el otro extremo de la disfunción inmunitaria, particularmente el desorden autoinmune. Aquí el sistema inmunitario falla en distinguir adecuadamente lo propio de lo extraño y ataca a partes del propio organismo.
En circustancias normales, muchas células T y anticuerpos reaccionan con péptidos o proteínas del propio organismo. Algunos ejemplos de enfermedades autoinmunes: artritis reumatoide, esclerosis multiple y lupus eritematoso.

Existen, sin embargo, células especializadas (localizadas en el timo y en la médula ósea) que participan en la eliminación de linfocitos jóvenes que reaccionan contra antígenos propios, para prevenir así la autoinmunidad.


Hipersensibilidad La hipersensibilidad es una respuesta exagerada del sistema inmunitario que daña los propios tejidos del cuerpo.

Está dividida en cuatro clases (Tipos I-IV) basándose en los mecanismos involucrados y el tiempo de desarrollo de la reacción hipersensible.
El tipo I de hipersensibilidad es una reacción inmediata o anafiláctica, relacionada con alergias. Los síntomas van desde un malestar suave hasta la muerte. El tipo I de hipersensibilidad está mediado por la inmunoglobulina E, que es liberada por mastocitos y basófilos .

El tipo II de hipersensibilidad se produce cuando los anticuerpos se ligan a antígenos localizados sobre las células propias del paciente, marcándolas para su destrucción. También recibe el nombre de hipersensibilidad dependiente de anticuerpos o citotóxica y es mediada por anticuerpos de tipo IgG e IgM.
Los inmunocomplejos (agregados de antígenos, proteínas del complemento, y anticuerpos IgG e IgM ) depositados en varios tejidos desencadenan la hipersensibilidad de tipo III .
La hipersensibilidad de tipo IV (también conocida como "hipersensibilidad de tipo retardado") generalmente tarda entre dos y tres días en desarrollarse. Las reacciones de tipo IV están implicadas en muchas enfermedades autoinmunes e infecciosas, pero también incluyen dermatitis de contacto. Estas reacciones son mediadas por las células T, monocitos y macrófagos.

Tumores e inmunología
Otra función importante del sistema inmunitario es la de identificar y eliminar células tumorales o potencialmente cancerosas.

Las células transformadas de los tumores expresan antígenos que no aparecen en las células normales. El sistema inmunitario considera a estos antígenos como extraños, lo que ocasiona que las células inmunitarias ataquen a las células tumorales transformadas.
La principal respuesta del sistema inmunitario es destruir las células anormales por medio de células T asesinas.

Un dato de gran importancia es que el sistema inmunitario, al igual que el resto del organismo, forman parte de un todo que incluye además de los componentes celulares y humorales, emociones, pensamientos y vibraciones de naturaleza mas sutil; todo interconectado por medio de una vasta red energética.

Y así como hemos visto la forma en que el sistema inmunitario se puede alterar o inhibir; hay que agregar que las emociones y la mente juegan un rol fundamental en la capacidad defensiva del cuerpo. 

Se ha comprobado que los linfocitos T tienen en su membrana receptores para moléculas (neuropéptidos, etc.) enviadas por el cerebro, lo cual significa que lo que sentimos y pensamos influye directamente en nuestro sistema inmunitario y en la capacidad para resistir enfermedades. El cerebro y los linfocitos comparten la misma información.

Es evidente, todo esta conectado de alguna manera a la central...

La mejor manera de mantener las defensas altas es mediante una alimentación natural y variada, acorde a la época del año y a la edad, incluso con aportes vitamínicos (vit C, etc).

Hacer ejercicio físico diariamente y practicar una correcta respiración. Algunas disciplinas como el taichi, el yoga o el chi kung son beneficiosas.

Y sobretodo, aprender a calmar la mente y a no desperdiciar la preciosa energía vital en malos hábitos, preocupaciones o exceso de trabajo.

Meditar regularmente es esencial.
La practica de zazen no es en sí misma un método de salud ni estrictamente un meditación, pero como meditación y como método de salud es muy eficaz.

La salud depende de la alegría de vivir



domingo, 17 de mayo de 2009

El sistema inmunitario (2ª parte)


macrófago en acción fagocitando bacterias


Inmunidad innata

Los gérmenes que pasen la primera barrera de defensa (ver capítulo anterior) y logren penetrar en un organismo se encontrarán con las células y los mecanismos del sistema inmunitario innato.

Las defensas del sistema innato o congénito no son específicas, lo cual significa que estos sistemas reconocen y responden a los patógenos (pato: dolencia, enfermedad. geno: que genera o produce) en una forma genérica.

Este sistema no confiere una inmunidad duradera contra el patógeno.

Este es el sistema de protección dominante en la gran mayoría de los organismos.


Barreras humorales y químicas


Antiguamente, se denominaba humor a cualquiera de los líquidos del cuerpo. Es sinónimo de secreción, sustancia líquida o excreción.

Inflamación

La inflamación es una de las primeras respuestas del sistema inmunitario a una infección.

Los síntomas de la inflamación son el enrojecimiento y la hinchazón, que son causadas por el incremento del flujo de sangre en un tejido.

La inflamación es producida por ciertas sustancias mediadoras, un ejemplo son los eicosanoides y citocinas, que son liberadas por las células heridas o infectadas.

Los eicosanoides incluyen a las prostaglandinas responsables de la fiebre y dilatación de los vasos sanguíneos asociados con la inflamación, que presenta 4 signos fundamentales: rubor, dolor, tumor (endurecimiento) y calor.
Las citocinas son un tipo de proteína, incluyen a interleucinas que son responsables de la comunicación entre los leucocitos; quimiocinas que promueven la quimiotaxis; y los interferones que tienen efectos anti-virales como la supresión de la síntesis de proteínas en la célula huésped.

Estas citocinas y otros agentes químicos atraen células inmunitarias al lugar de la infección y promueven la curación del tejido dañado mediante la remoción de los patógenos.


Sistema del complemento


El sistema del complemento es una cascada bioquímica que ataca las superficies de las células extrañas. Contiene más de 20 proteínas diferentes y recibe ese nombre por su capacidad para complementar la destrucción de patógenos iniciada por los anticuerpos.
El sistema del complemento es el mayor componente humoral de la respuesta inmunitaria innata.

Muchas especies tienen sistemas de complemento, el mismo no sólo se presenta en los mamíferos, sino que las plantas, peces y algunos invertebrados también lo poseen.
En los seres humanos, esta respuesta es activada por la unión de proteínas del complemento a carbohidratos de las superficies de los microorganismos o por la unión del complemento a anticuerpos que a su vez se han unido a los microorganismos. Esta señal de reconocimiento produce una rápida respuesta de destrucción.

La cascada origina la producción de péptidos (que son cadenas de aminoácidos) que atraen células inmunitarias, aumentan la permeabilidad vascular y opsonizan (recubren) la superficie del patógeno, marcándolo para su destrucción. Esta disposición del complemento puede también matar células directamente al bloquear su membrana plasmática.


Barreras celulares del sistema innato

Los leucocitos (células blancas de la sangre) actúan como organismos unicelulares independientes y son el otro brazo del sistema inmunitario innato y presentan una variedad de tipos y funciones. Una de ellas , es la fagocotosis, que es un mecanismo esencial de defensa; las células encargadas de esta función se llaman fagocitos, dentro de los fagocitos encontramos ciertos leucocitos.

Los fagocitos incluyen a varios tipos de células que realizan la función de fagocitar al patógeno.

Por ejemplo: macrófagos, neutrófilos, células dendríticas, mastocitos, basófilos, eosinófilos y células asesinas naturales (células NK).

Algunos tipos de leucocitos rodeados de glóbulos rojos
Estas células identifican y eliminan patógenos, bien sea atacando a los más grandes a través del contacto o englobando a otros para así matarlos.

Las células innatas también son importantes mediadores en la activación del sistema inmunitario adaptativo.

La fagocitosis es una característica importante de la inmunidad innata celular, llevada a cabo, como vimos, por células llamadas fagocitos, que engloban o comen patógenos y partículas rodeándolos exteriormente con su membrana hasta hacerlos pasar al interior de su citoplasma. Los fagocitos generalmente patrullan en búsqueda de patógenos, pero pueden ser atraídos a ubicaciones específicas por las citocinas.

Al ser englobado por el fagocito, el patógeno es destruido por la actividad de las enzimas digestivas presentes en el citoplasma.


La fagocitosis evolucionó como un medio de adquirir nutrientes, pero este papel se extendió en los fagocitos para incluir el englobamiento de patógenos como mecanismo de defensa. La fagocitosis probablemente representa la forma más antigua de defensa del huésped, pues ha sido identificada en animales vertebrados e invertebrados.

Los neutrófilos y macrófagos son fagocitos que viajan a través del cuerpo en busca de patógenos invasores. Los neutrófilos son un tipo de glóbulo blanco encontrados normalmente en la sangre, es el tipo más común de fagocitos y normalmente representan el 50 o 60% del total de leucocitos circulantes en la sangre.

Durante la fase aguda de la inflamación, particularmente en el caso de las infecciones bacterianas, los neutrófilos migran hacia el lugar de la inflamación en un proceso llamado quimiotaxis, y son las primeras células en llegar a la escena de la infección.

Los macrófagos son células versátiles, que residen dentro de los tejidos y producen una amplia gama de sustancias como enzimas, proteínas del complemento, y factores reguladores como la Interleucina.

Los macrófagos también actúan como carroñeros, librando al organismo de células muertas y otros residuos, y como "células presentadoras de antígenos" para activar el sistema inmunitario adaptativo.

Las células dendríticas son fagocitos en los tejidos que están en contacto con el ambiente externo; por lo tanto están localizados principalmente en la piel, la nariz, los pulmones, el estómago y los intestinos. Se llaman así por su semejanza con las dendritas neuronales, pues ambas tienen muchas proyecciones espiculares en su superficie.

Los mastocitos, residen en los tejidos conectivos y en las membranas mucosas, y regulan la respuesta inflamatoria. Se encuentran asociadas muy a menudo con la alergia y la anafilaxia.

Los basófilos y los eosinófilos están relacionados con los neutrófilos. Secretan mediadores químicos que están involucrados en la defensa contra parásitos y desempeñan un papel en las reacciones alérgicas, como el asma.

Las células asesinas naturales o células NK (NK, del inglés Natural Killer) son leucocitos que atacan y destruyen células tumorales, o células que han sido infectadas por virus.

Este sistema inespecífico de defensa, en caso de ser vulnerado, es seguido por otro más evolucionado y específico, que incluye la memoria inmunológica, siendo capaz de reconocer y atacar a un determinado patógeno con más eficacia. Aqui entran en acción los anticuerpos o inmunoglobulinas, mediadores de la respuesta humoral del sistema inmunitario.

Continúa...

viernes, 15 de mayo de 2009

El sistema inmunitario (1ª parte)

Dr. Seiki Giacobone

El sistema inmunitario protege al organismo de una amplia variedad de agentes infecciosos (bacterias, hongos, parásitos y virus) que pueden ocasionar en el organismo que los recibe diferentes enfermedades. Para ello es capaz de reconocer a los componentes del agente patógeno e iniciar una serie de respuestas encaminadas a eliminarlo cuyas características fundamentales son:

-la especificidad
-la memoria


Hay dos tipos de respuesta inmunológica:
inmunidad humoral, cuando la respuesta inmunitaria está mediada por anticuerpos.
inmunidad celular, cuando está mediada por células.

(imagen de un linfocito)

Ambos tipos de respuesta pueden tener la característica de ser:

específicas a un determinado patógeno o por el contrario
producirse de un modo general e inespecífico.

Debido a que los patógenos abarcan desde virus hasta gusanos parásitos intestinales, esta tarea es extremadamente compleja y las amenazas deben ser detectadas con absoluta especificidad distinguiendo los patógenos de las células y tejidos normales del organismo. A ello hay que sumar la capacidad evolutiva de los patógenos que les permite crear formas de evitar la detección por el sistema inmunológico y provocar una infección.

Para protegerse, los organismos vivos han desarrollado varios mecanismos para reconocer y neutralizar patógenos. Incluso los microorganismos simples —como las bacterias— poseen un sistema de enzimas que las protegen contra infecciones virales. Otros mecanismos inmunológicos básicos se desarrollaron en las antiguas células eucariotas y permanecen hoy en sus descendientes modernos: plantas, peces, reptiles e insectos. Estos mecanismos incluyen péptidos antimicrobianos llamados defensinas, el proceso de fagocitosis y el sistema del complemento.

Sin embargo, los mecanismos más sofisticados se desarrollaron más recientemente de forma conjunta con la aparición de los vertebrados .

El sistema inmunitario de los vertebrados —como el de los seres humanos— comprende varios tipos de proteínas, células, órganos y tejidos, que interactúan en una red elaborada y dinámica.

Esta respuesta inmune más compleja que se manifiesta en los vertebrados incluye la capacidad de adaptarse para así reconocer patógenos concretos en forma más eficiente.
El proceso de adaptación crea memorias inmunológicas y permite brindar una protección más efectiva durante futuros encuentros con estos patógenos.

Este proceso de inmunidad adquirida es la base de la vacunación.

Pero, atención, porque precisamente la vacuna siempre es específica para un determinado tipo de agente infeccioso. No hay vacunas “generales” o por las dudas, aunque hoy en día el negocio de los medicamentos ponga a disposición del consumidor una amplia variedad de “vacunas salvadoras” y otros “antivirales”. De hecho, las ganancias de Roche con su antiviral Tamiflu para la gripe se han incrementado exponencialmente, debido a la información tendenciosa y al miedo e ignorancia de muchos, y resulta que hay mas muertos por Chagas o por Dengue en nuestro país que muertos de gripe porcina en todo el mundo.

La vacunación pone en marcha el complejo mecanismo inmunológico en el cuerpo, y como se ve, la respuesta inmunitaria depende de muchos factores como la alimentación, los hábitos, el estado de salud psicofísica, contaminantes, exceso de medicación, etc.

Actualmente ha aumentado el número de vacunas y sustancias que protegen contra una variedad cada vez más grande de posibles infecciones, sin embargo, la inmunidad general de la población no ha mejorado. Es decir, mejoró el armamento, pero la capacidad para prevenir y no llegar a la guerra (o a la enfermedad), no.
La particularidad del virus Influenza A es que además de existir varias cepas identificadas, muta con suma facilidad, por lo tanto la vacunación (que es específica) ya puede no ser eficaz. Como tratar de abrir con la misma llave dos cerraduras distintas.

He aquí una presentación resumida del actualmente famoso virus.

El virus de la influenza es un virus ARN de una sola hebra, es miembro de la familia de los Orthomyxovirus. Hay 3 tipos antigénicos básicos: A, B y C, que son determinados por el material nuclear.
El virus de la influenza tipo A tiene subtipos determinados por los antígenos de superficie hemaglutinina (H) y neuraminidasa (N). Por ej.: AH1N1, AH3N2, etc.
El virus de la influenza A causa enfermedad moderada a grave. Infecta a animales (aves, cerdos) y humanos, afectando a todos los grupos de edad. El virus de influenza B afecta sólo a humanos, causa enfermedad más leve que el tipo A. El virus de influenza C no se ha asociado a epidemias, rara vez causa enfermedad en humanos.

Desde 1510 se han reportado epidemias. Se calcula que en la pandemia de 1918-1919 se produjeron 2 millones de muertes en todo el mundo a causa del virus Influenza A. O sea que no es un problema nuevo. Lo que generalmente no se aclara es que las muertes se dan en personas con un estado de salud malo, o con enfermedades concomitantes graves (cardiopatías, neumopatías, etc.), o en algunos niños o ancianos con el sistema inmunitario debilitado.

Los desórdenes en el sistema inmunitario pueden causar enfermedades.
Las enfermedades relacionadas con la inmunodeficiencia ocurren cuando el sistema inmunitario es menos activo de lo normal, dando lugar a infecciones que pueden poner en peligro la vida.

La inmunodeficiencia puede ser el resultado de el distrés crónico, de una enfermedad genética, como la "inmunodeficiencia severa combinada", o ser producida por fármacos o una infección, como el síndrome de inmunodeficiencia adquirida (sida), causado por el virus de inmunodeficiencia humana (VIH). Aunque en realidad, esto está en tela de juicio, ya que muchas personas, aparentemente infectadas y detectadas con el análisis de laboratorio (seropositivos), presentan una reacción que es inespecífica, ya que el contacto con otros virus, como el la gripe u otros, puede falsear el resultado y luego este es identificado erróneamente como HIV, pero lo cierto es que un virus no se puede cultivar y los medios para observarlo directamente son muy costosos.
Posteriormente, la creencia absoluta del paciente en este resultado y su mal estado de salud pueden desaencadenar la enfermedad, que dicho sea de paso, es inespecífica, nadie se muere de SIDA sino de sus complicaciones: infecciones respiratorias, septisemia, falla renal, mal estado general, etc.

En contraposición, las enfermedades autoinmunes son producidas por un sistema inmunitario hiperactivo que ataca tejidos normales como si fueran organismos extraños. Las enfermedades autoinmunes incluyen artritis reumatoide, esclerosis múltiple, diabetes mellitus tipo 1 y Lupus eritematoso entre otras.

Como veremos más adelante, este concepto de autoagresión por parte del organismo, es parte de un viejo paradigma de la ciencia, al desconocer la verdadera causa de la afección. Pero ningún organismo en la naturaleza actúa contra si mismo.

El sistema inmunitario, protege al organismo de infecciones mediante una estrategia de capas o barreras de defensa sucesivas, cada una más específica que la anterior.

El primer nivel lo forman las barreras físicas y energéticas que evitan que los agentes patógenos como las bacterias y los virus penetren en el organismo.
Si un agente patógeno traspasa estas primeras barreras, el sistema inmunitario innato (el predeterminado o congénito) provee una respuesta inmediata, pero no específica.

Los sistemas inmunitarios innatos se encuentran en todas las plantas y animales.

Sin embargo, si los agentes patógenos evaden esta segunda línea defensiva, los vertebrados poseen una tercera capa de protección, que es el sistema inmunitario adaptativo.

Aquí el sistema inmunitario adapta su respuesta durante la infección para mejorar el reconocimiento del agente patógeno.
La información sobre esta respuesta mejorada se conserva aún después de que el agente patógeno es eliminado, bajo la forma de memoria inmunológica, y permite que el sistema adaptativo desencadene ataques más rápidos y más fuertes si en el futuro el sistema inmunitario detecta este tipo de patógeno.

Tanto la inmunidad innata como la adaptativa dependen de la habilidad del sistema inmunitario para distinguir entre las moléculas propias y las que no lo son.

En inmunología, las moléculas propias son aquellos componentes de un organismo que el sistema inmunitario distingue de las substancias extrañas.

Por el contrario, las moléculas que no son parte del organismo, son reconocidas como moléculas extrañas. Un tipo de moléculas extrañas son los llamados antígenos (que significa "generadores de anticuerpos”), son substancias que se enlazan a receptores inmunes específicos y desencadenan una respuesta inmune (anticuerpos o inmunoglobulinas).


Barreras superficiales
Son defensas que en ocasiones resultan de procesos generales del organismo pero que tienen una importancia capital para el organismo pues eliminan una gran cantidad de infecciones contribuyendo de esta manera a aligerar la carga de las defensas adquiridas.

Existe un gran número de tipos de barreras que protegen de infecciones de patógenos, incluyendo barreras mecánicas, químicas y biológicas. La cutícula cerosa de una hoja, el exoesqueleto de un insecto, la cáscara de un huevo, y la piel son ejemplos de barreras mecánicas que forman la primera línea de defensa contra infecciones .

Sin embargo, como los organismos no están completamente sellados frente al medio externo, otros sistemas actúan para proteger las aberturas del cuerpo como los pulmones, el intestino y el tracto genitourinario. En los pulmones, la tos y los estornudos expulsan mecánicamente a los elementos patógenos y otros organismos del tracto respiratorio.
El flujo de las lágrimas y la orina, realiza también una acción de limpieza al producir el arrastre mecánico de elementos patógenos, mientras que la mucosidad secretada por el sistema respiratorio y el tracto gastrointestinal sirve para atrapar microorganismos.

Las barreras químicas también protegen contra infecciones. La piel y el tracto respiratorio secretan péptidos antimicrobianos tales como las defensinas-β. Enzimas tales como la lisozima y la fosfolipasa A en la saliva, las lágrimas y la leche materna también son agentes antibacterianos. Las secreciones de la vagina sirven como barreras químicas en la menarquia, cuando se vuelven ligeramente ácidas, mientras que el semen contiene defensinas y zinc para matar patógenos.

En el estómago, el ácido gástrico y las peptidasas actúan como poderosas defensas químicas frente a patógenos ingeridos.

Dentro de los tractos genitourinario y gastrointestinal, la microbiota comensal sirve como barrera biológica porque compite con las bacterias patógenas por alimento y espacio, y en algunos casos modificando las condiciones del medio, como el pH o el contenido de hierro disponible. Esto reduce la probabilidad de que la población de patógenos alcance el número suficiente de individuos como para causar enfermedades. Sin embargo, dado que la mayoría de los antibióticos no discriminan entre bacterias patógenas y la flora normal, los antibióticos orales pueden a veces producir un crecimiento excesivo de hongos (los hongos no son afectados por la mayoría de los antibióticos) y originar procesos como la candidiasis vaginal (provocada por una levadura).
La reintroducción de flora probiótica, como el lactobacillus, encontrado en el yogur, ayuda a restaurar un equilibrio saludable de las poblaciones microbianas en casos de infecciones intestinales.

continúa....