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miércoles, 11 de noviembre de 2015

El sueño de la vida


La vida es un sueño y la principal función de la mente es soñar.

Todo lo que percibes es parte de ese sueño, incluso mientras estás leyendo estas líneas, estás soñando. Sueñas con el cerebro despierto.


La mente no deja nunca de soñar, está siempre activa, y este movimiento es la actividad de la conciencia única e infinita que se manifiesta precisamente soñando. Cuando este movimiento encuentra su equilibrio, la conciencia se despierta, comprende su propia naturaleza y la naturaleza de la realidad creada, que es su sueño.

Soñamos despiertos y soñamos dormidos.

Las leyes del mundo de la vigilia, son diferentes que cuando dormimos.
Cuando el cerebro esta despierto hay un marco material de referencia, es el mundo físico tridimensional que se mueve saltando de momento en momento y el cerebro une estos momentos creando la ilusión de una continuidad, de una línea que va desde un pasado hasta un futuro.  A esto se le llama duración y sería la 4ª dimensión de nuestra realidad física de la vigilia, es decir, la vida ordinaria.

Sin embargo, cada percepción, cada momento, son como fotogramas.
El movimiento de la mente y la luz hacen el resto, y así se proyecta el sueño o la realidad ilusoria. Los objetos y los seres reflejan esta luz y le dan forma al holograma que crea nuestra realidad cotidiana.

En el momento de dormir, cuando el cerebro apaga sus luces, la realidad cambia, es el mundo de los sueños. Aquí no hay un marco físico de referencia, el proyector de la realidad física 3D esta momentáneamente apagado (aunque no completamente).

Los seres humanos soñamos todo el tiempo y este sueño se transmite de generación en generación. Es el sueño de la sociedad, que es un sueño colectivo hecho de miles de millones de sueños individuales, los cuales se unen formando el sueño de la familia, de la comunidad, del país, del planeta. Este sueño mayor incluye todas las leyes y reglas de la sociedad, su lenguaje, su cultura, sus religiones, su ciencia, su manera de percibir la realidad, sus escuelas y gobiernos.



jueves, 1 de mayo de 2014

Todo depende de tus creencias



El poder de la intención

La energía y la información existen en toda la naturaleza, son la verdadera sustancia del universo, expresan el movimiento de la conciencia.

En el microuniverso cuántico más allá del átomo, en el reino de la diminuta escala de Planck (1,6162 x 10-35 m), comprobamos que la sustancia de nuestro sólido mundo material se parece más bien a una granulosidad indeterminada, vibrante y pulsante. Energía e información  apareciendo y desapareciendo constantemente en el vacío. 

En estos niveles la realidad es una nube de probabilidades y no algo determinado, presentándose en diferentes niveles de densidad, desde la tenuidad sutil, extendida y no localizada del éter o plasma, presentando variados niveles de energía, hasta que la interacción con la conciencia del observador lo transforma en materia compacta.



Si nos desintegramos hasta llegar a nuestros componentes fundamentales solo hallaremos energía información.
Nada más material que esto.

El universo es la manifestación del movimiento de la energía y la información

Este campo infinito de interacciones e interconexiones no es otra cosa que el campo de la pura conciencia o de la pura potencialidad. Y en este campo cuántico de energía e información influyen de forma determinante la intención y las creencias.

El impacto que tienen en el mundo físico nuestras creencias es mucho mayor de lo que suponemos, aunque ya está largamente demostrado que lo creemos, nuestro cuerpo entero lo cree, y si el cuerpo lo cree, el universo entero hace la misma lectura y nos devuelve la información certificando nuestra creencia. Cada célula por insignificante que parezca participa de esta convicción.

Si creemos que algo nos hace mal, así será. Por el contrario si creemos que algo nos hace bien, así será también.
Nuestras emociones y pensamientos son vibraciones no físicas que rápidamente son traducidas por el cerebro en un lenguaje neuroquímico de potenciales eléctricos y neurotransmisores, que modifican directamente la actividad celular.

Todo lo que existe comparte el mismo origen y está hecho con la misma esencia

La diferencia entre una planta y un ser humano es el contenido de información y de energía de nuestros respectivos cuerpos.
En el plano físico, tanto nosotros como la planta, al igual que un perro, una ameba o una mosca, estamos hechos del mismo reciclado de elementos: principalmente carbono, hidrógeno, oxígeno, nitrógeno y otros elementos en mínimas cantidades.
Podemos conseguir estos elementos sin dificultad en un laboratorio. Por lo tanto, la diferencia entre nosotros y un árbol no la encontraremos en estos elementos. De hecho, los seres humanos y las plantas intercambiamos todo el tiempo carbono (CO2) y oxígeno (O2). 

El recambio de partículas y moléculas es un movimiento cósmico, compartimos reciclando estos elementos con toda la naturaleza, sin diferencias.
La verdadera diferencia se encuentra en la información.

Los seres humanos podemos ser conscientes del contenido de energía e información de ese campo que da origen y modela a nuestro cuerpo físico.
Podemos experimentar ese campo subjetivamente bajo la forma de pensamientos, emociones, deseos, recuerdos, instintos, impulsos y creencias.

A su vez ese campo de potencialidad, esa experiencia subjetiva, se percibe objetivamente como el cuerpo físico - y por medio del cuerpo y los órganos de los sentidos, percibimos el mundo, subjetivamente. 

Sujeto y objeto entrelazados.

Sin sujeto no hay objeto de percepción. Sin objeto de percepción no hay experiencia

Una parte de nuestra existencia es particular, colapsada en una realidad que definimos como material. Percibimos de nuestra existencia (y por ende de las demás), solo el aspecto corpóreo. Nuestra realidad material corresponde solo a la pequeña franja de señales que captan los sentidos y el cerebro le da forma.
Pero la mayor parte de la existencia no manifestada, es más bien como una sutil onda de probabilidades, una nube de interconexiones que representa nuestro aspecto insustancial e inconsciente en unidad con el orden cósmico.

Somos seres particulares y ondulatorios

Las partículas elementales (fotones, electrones, etc.) que forman las moléculas que componen las células y tejidos de nuestro cuerpo, experimentan esta dualidad.

En realidad la dualidad onda/partícula la experimenta el observador, que mediante su percepción dualista provoca el colapso o la reducción de la función de probabilidades en una realidad determinada, al tratar de comprender y describir su experiencia cotidiana.
Pero en esencia no hay dualidad. Existimos como una realidad particular y al mismo tiempo como una onda de potencialidad diseminada en el espacio.

Existimos y no existimos al mismo tiempo

Podemos darnos cuenta que debido a sus interconexiones y su potencialidad, el aspecto insustancial u ondulatorio, presenta muchas más posibilidades que el aspecto particular. Pero es el aspecto particular el que finalmente se manifiesta o materializa de acuerdo a la información.

El universo físico y todas sus leyes son una creación de la mente

Para influir en el sustrato mismo de la materia hay que servirse del aspecto ondulatorio del ser, que está en resonancia con las frecuencias más sutiles: pensamientos, emociones, propósitos y creencias y que tiene acceso directo al campo de potencial infinito de energía e información.

Nuestro cuerpo no es independiente del cuerpo del universo, porque más allá de nuestros átomos y partículas elementales, las fronteras no están bien definidas.

Nuestro cuerpo no esta limitado por la piel. Estamos interconectados con todo el universo y con toda la creación, porque somos una extensión de la mente Creadora, somos su reflejo, existimos en su imaginación.

El límite de nuestro cuerpo físico (membranas, piel, etc) es tan solo un nivel que delimita un medio interno y otro externo, esto le permite al cuerpo funcionar y desarrollarse como organismo. Al igual que una célula está delimitada por su membrana plasmática, que es permeable y dinámica y mantiene un intercambio vital con su entorno. 

Una célula es una unidad de conciencia y por lo tanto de experiencia, sin embargo, no esta aislada, forma una unidad con las demás células y comunica activamente con el campo que la rodea.

Somos más bien una onda, una fluctuación, una perturbación localizada en un campo cuántico mucho más grande, una ola surgida en el mar de la potencialidad infinita. Ese campo cuántico más grande - el universo – , es también nuestro cuerpo ampliado.

Como la conciencia humana es infinitamente flexible, tenemos la habilidad de poder cambiar conscientemente el contenido de información que da origen a nuestro cuerpo físico.

Podemos cambiar conscientemente el contenido de energía y de información de nuestro propio cuerpo a nivel cuántico y, por lo tanto, influir en el contenido de energía y de información de nuestro cuerpo ampliado: el espacio que nos rodea, el campo de pura potencialidad, y en consecuencia hacer que se manifieste lo que deseamos. Dicho de otra forma: podemos materializar un deseo.

Para esto la conciencia posee dos cualidades: la atención y la intención.

La atención funciona como un filtro, que al descartar los estímulos irrelevantes permite un estado de coherencia en la información y además ayuda a concentrar la energía,  a focalizarla. La intención o propósito,  tiene el poder de transformar. Si te propones algo tarde o temprano lo logras.

Atención y concentración son 2 caras de la misma moneda.

Si prestamos atención a algo le transferimos energía, ya que el pensamiento es una onda de energía e información y entonces el objeto de atención se manifestará con más fuerza en nuestra vida. Si dejamos de prestar atención, se marchitará, se desintegrará y desaparecerá.

La plasticidad neuronal, que es una característica dinámica del cerebro, es la capacidad de formar nuevas redes neuronales y por lo tanto cambiar su formato y su funcionamiento, optimizándolo. Esto se establece mediante la repetición y la concentración mental.

La intención estimula la transformación de la energía y de la información. La intención focaliza, potencia y organiza

El acto de dirigir la intención sobre el objeto de la atención desencadenará una serie de sucesos en el espacio-tiempo que tarde o temprano materializaran lo deseado. Esto se debe a que, como vimos, todo esta interconectado y además la intención tiene un infinito poder organizador.

El poder organizador significa la capacidad para organizar la información simultáneamente, o sea, una infinidad de sucesos espaciotemporales todos al mismo tiempo.


Si sembramos una intención en el suelo fértil de la potencialidad pura del inconsciente no manifestado, ponemos a trabajar para nosotros ese infinito poder organizador.

Este poder organizador es normal en la naturaleza, se expresa en cada hoja del árbol, en cada flor, en cada célula de nuestro cuerpo. Lo podemos ver en todo lo que vive.

En la naturaleza todo está conectado y relacionado entre sí

Lo asombroso de nuestro cerebro es que puede gobernar ese infinito poder organizador a través de la intención.

En el ser humano, la intención y la capacidad de transformación son ilimitadas, no están contenidas en una red rígida de energía e información. Poseen una flexibilidad infinita. Obviamente siguiendo las leyes del universo y de acuerdo a la propia naturaleza de cada ser.

La intención favorece el flujo natural y espontáneo de la pura potencialidad, que busca manifestarse, es decir, pasar del estado no manifestado (potencial) a la manifestación.


Esto sucede porque el movimiento de información en los niveles cuánticos afecta la gravedad y esto provoca la reducción o el colapso de la onda de posibilidades en una realidad particular.

Por supuesto que estas cualidades de la conciencia, son de naturaleza benéfica y positiva. No pueden servir para dañar o ignorar a otro ser, ya que además en virtud de la retroalimentación con el campo, este deseo retorna (generalmente amplificado).
Siempre hay que obrar en beneficio de los demás seres vivos; de todas formas esto es algo que sucede naturalmente cuando se está en la condición normal del cuerpo-mente.

La intención es el verdadero poder detrás del deseo. La sola intención es muy poderosa, porque es deseo sin apego al resultado. El solo deseo es débil, porque en la mayoría de los casos es atención con apego y sin un verdadero propósito. Es apenas un débil estimulo incapaz de mover una partícula de polvo.

Sin embargo la conciencia tiene el poder de crear mundos.

Esto significa que podemos desear y obrar libremente, sin depender ni identificarnos con un resultado, con confianza en nuestra naturaleza y posibilidades, que son universales.

La intención se proyecta hacia el futuro, pero la atención está ubicada en el presente.
Mientras la atención esté en el presente, la intención dirigida hacia el futuro se cumplirá porque el futuro se crea en el presente. El presente es la semilla del futuro. El futuro ya existe en el presente.
Y este presente es la actualización de causas pasadas. Por eso con nuestros pensamientos y acciones, podemos influir en todas las direcciones del tiempo y del espacio.
El pasado, presente y futuro coexisten en este mismo instante.



Hay que saber aceptar, asumir el presente tal como es. De esta forma, con el deseo y la intención, podemos sembrar nuevas semillas, de cara al futuro. Instalando nuevos programas, útiles y actualizados, que nos permitan realizar lo que queremos y vivir en plenitud. Sin arrepentimientos ni culpas, eliminando pensamientos negativos, programas parásitos y softwares malintencionados.

El pasado, el presente y el futuro son propiedades de la conciencia

El pasado es memoria; el futuro es posibilidad; el presente es atención.
El tiempo es el movimiento de la conciencia.

Tanto el pasado como el futuro nacen en la imaginación; solamente el presente, que es conciencia, es real y es eterno. Existimos en este presente, que incluye al pasado y al futuro.
Ahora y aquí encontramos el campo de infinitas posibilidades.
Cuando la conciencia se libera de la carga del pasado y de la preocupación por el futuro, la acción en el presente se vuelve creativa y total.

La intención actúa como catalizadora de la mezcla correcta de materia, energía y sucesos espacio-temporales para crear cualquier cosa que deseemos. Es información que enviamos al campo y que modifica la geometría del espacio-tiempo.

Si tenemos conciencia del momento presente, los obstáculos imaginarios – que representan la gran mayoría de los obstáculos percibidos - se desintegran y desaparecen. El resto de nuestras dificultades reales se transforman en oportunidades, gracias a otra de las cualidades de la conciencia: el foco.

La intención focalizada es la atención que no se aparta de su propósito. Lo que significa estar enfocados, o sea, manteniendo nuestra atención en el presente, con un propósito inflexible y eliminando cualquier obstáculo que se interponga y nos desvíe de nuestro propósito.

La atención y el propósito aportan serenidad y motivación, y esta combinación se vuelve poderosa y muy eficaz.



lunes, 12 de diciembre de 2011

El poder de la intención



La energía y la información existen en toda la naturaleza. Representan el verdadero lenguaje universal.

En el microuniverso cuántico más allá del átomo, en la diminuta escala de Planck, comprobamos que la sustancia de nuestro sólido mundo material es energía e información  apareciendo y desapareciendo en el vacío creador.

Si nos desintegramos hasta llegar a nuestros componentes fundamentales solo hallaremos energía e información rodeadas de un inmenso vacío.



Nada más material que esto.

De hecho, el universo es la manifestación del movimiento de la energía y la información.

Este campo infinito de interacciones e interconexiones no es otra cosa que el campo de la pura conciencia o de la pura potencialidad. Y en este campo cuántico de energía e información influyen de forma determinante la intención y las creencias.

El impacto que tienen en el mundo físico nuestras creencias es mucho mayor de lo que suponemos, aunque ya está largamente demostrado que lo que creemos, nuestro cuerpo entero lo cree, y si el cuerpo lo cree, el universo entero hace la misma lectura y nos devuelve la información certificando nuestra creencia. 
Cada célula por insignificante que parezca participa de esta convicción.
Si creemos que algo nos hace mal, así será. Por el contrario si creemos que algo nos hace bien, así será también.

Nuestras emociones y pensamientos son vibraciones no físicas que rápidamente son traducidas por el cerebro en un lenguaje neuroquímico de potenciales eléctricos y neuropéptidos, que modifican directamente la actividad celular y modelan el cuerpo físico.

Todo lo que existe comparte el mismo origen. 
La diferencia, por ejemplo, entre nosotros y una planta es el contenido de información y de energía de nuestros respectivos cuerpos.
En el plano físico, tanto nosotros como la planta, al igual que un perro, una ameba o una mosca, estamos hechos del mismo reciclado de elementos: principalmente carbono, hidrógeno, oxígeno, nitrógeno y otros elementos en mínimas cantidades.

Podemos conseguir estos elementos sin dificultad en un laboratorio. 
Por lo tanto, la diferencia entre nosotros y un árbol no la encontraremos en estos elementos. De hecho, los seres humanos y las plantas intercambiamos todo el tiempo carbono (CO2) y oxígeno (O2).
La verdadera diferencia se encuentra en la información.

Los seres humanos podemos ser conscientes del contenido de energía e información de ese campo que da origen y mantiene a nuestro cuerpo físico.
Podemos experimentar ese campo subjetivamente bajo la forma de pensamientos, emociones, deseos, recuerdos, instintos, impulsos y creencias.

A su vez este campo de potencialidad, esta experiencia subjetiva, se percibe objetivamente como el cuerpo físico, y por medio del cuerpo y los órganos de los sentidos, percibimos el mundo subjetivamente. 
Sujeto y objeto entrelazados en una eterna danza.

Una parte de nuestra existencia es particular, colapsada en una realidad que definimos como material. Percibimos de nuestra existencia (y por ende de las demás también), solo el aspecto corpóreo. Nuestro realidad material corresponde solo a la pequeña franja de señales que captan los sentidos y que el cerebro les da forma, las particulariza.

Pero la mayor parte de la existencia no manifestada, es más bien como una sutil onda de probabilidades, una nube de interconexiones que representa nuestro aspecto insustancial e inconsciente en unidad con el orden cósmico.



 Somos seres particulares y ondulatorios

Las partículas elementales que forman las moléculas que componen las células y tejidos de nuestro cuerpo, experimentan esta dualidad.
En realidad, la dualidad onda/partícula la experimenta el observador, que mediante su percepción dualista provoca el colapso o reducción de la función de probabilidades en una realidad determinada, al tratar de comprender y describir su experiencia cotidiana.



Pero en esencia no hay dualidad. Existimos como una realidad particular y al mismo tiempo como una onda de probabilidad diseminada en el espacio.
Existimos y no existimos al mismo tiempo.

Podemos darnos cuenta que debido a sus interconexiones y su potencialidad, el aspecto insustancial (ondulatorio) presenta muchas más posibilidades y ventajas que el aspecto particular. Pero es el aspecto particular el que finalmente se manifiesta o materializa acorde a la información y sirve de vehículo de la experiencia espiritual.

Para influir en el sustrato mismo de la materia hay que servirse del aspecto ondulatorio (vibracional) del ser, que está en resonancia con las frecuencias más sutiles: pensamientos, emociones, propósitos y creencias y tiene acceso directo al campo de potencial infinito de energía e información.

Nuestro cuerpo es interdependiente con el cuerpo del universo, porque más allá de nuestros átomos y partículas elementales, las fronteras no están bien definidas.
Nuestro cuerpo no esta limitado por la piel.
Este es tan solo un nivel que delimita un medio interno y otro externo, esto le permite al cuerpo funcionar y desarrollarse como organismo. Al igual que una célula está delimitada por su membrana plasmática, que es permeable y dinámica y mantiene un intercambio vital con su entorno. Una célula no esta aislada de las demás células y comunica activamente con el campo.

Somos más bien una onda, una fluctuación, una perturbación localizada en un campo cuántico mucho más grande, una ola surgida en el mar de la potencialidad infinita. Ese campo cuántico más grande - el universo – , es también nuestro cuerpo ampliado.

Como la conciencia humana es infinitamente flexible, tenemos la habilidad de poder cambiar conscientemente el contenido de información que da origen a nuestro cuerpo físico.
Podemos cambiar conscientemente el contenido de energía y de información de nuestro propio cuerpo a nivel cuántico y, por lo tanto, influir en el contenido de energía y de información de nuestro cuerpo ampliado: el campo, y en consecuencia hacer que se manifieste lo que deseamos. Dicho de otra forma: materializar un deseo.

Para esto la conciencia posee dos cualidades: la atención y la intención.

La atención funciona como un filtro, que al descartar los estímulos irrelevantes permite un estado de coherencia en la información y además ayuda a concentrar la energía,  a focalizarla. La intención o propósito,  tiene el poder de transformar. Si te propones algo tarde o temprano lo logras.

Atención y concentración son 2 caras de la misma moneda.
Si prestamos atención a algo le transferimos energía, ya que el pensamiento es una onda de energía e información y entonces el objeto de atención se manifestará con más fuerza en nuestra vida. Si dejamos de prestar atención, se marchitará, se desintegrará y desaparecerá.
La plasticidad neuronal, que es una característica dinámica del cerebro, es la capacidad de formar nuevas redes neuronales y por lo tanto cambiar su formato y su funcionamiento, optimizándolo. Esto se establece mediante la repetición y la concentración mental.

Por otro lado, la intención estimula la transformación de la energía y de la información. 
La intención focaliza, potencia y organiza.
El acto de dirigir la intención sobre el objeto de la atención desencadenará una serie de sucesos en el espaciotemporales que tarde o temprano materializaran lo deseado. Esto se debe a que en el nivel fundamental todo esta interconectado y además la intención tiene un infinito poder organizador.
El poder organizador significa la capacidad para organizar la información simultáneamente, o sea, una infinidad de sucesos espaciotemporales todos al mismo tiempo. Podemos llamarlo “sincronicidad”.

La sincronicidad es una coincidencia en el tiempo de dos o más sucesos relacionados entre sí de una manera no causal, cuyo significado es el mismo.

Si sembramos una intención en el suelo fértil de la potencialidad pura, del inconciente no manifestado, ponemos a trabajar para nosotros ese infinito poder organizador. 
Es el nivel subconsciente de la conciencia alaya, donde se almacena la información.

Este poder organizador es normal en la naturaleza, se expresa en cada hoja del árbol, en cada flor, en cada célula de nuestro cuerpo. Lo podemos ver en todo lo que vive.
En la naturaleza todo está conectado y relacionado entre sí.
El campo crea orden y modela a la materia.

Lo asombroso de nuestro cerebro es que puede gobernar ese infinito poder organizador a través de la intención.

En el ser humano, la intención y la capacidad de transformación son ilimitadas, no están contenidas en una red rígida de energía e información. Poseen una flexibilidad infinita. Obviamente siguiendo las leyes del universo y de acuerdo a la propia naturaleza de cada ser.

La intención favorece el flujo natural y espontáneo de la pura potencialidad, que busca manifestarse, es decir, pasar del estado no manifestado (potencial) a la manifestación.

Esto sucede porque el movimiento de información en los niveles cuánticos afecta la gravedad y esto provoca la reducción o el colapso de la onda de posibilidades en una realidad particular.

Por supuesto que estas cualidades de la conciencia, son de naturaleza benéfica y positiva. No pueden servir para dañar o ignorar a otro ser, ya que además en virtud de la retroalimentación con el campo, este deseo retorna (generalmente amplificado).
Siempre hay que obrar en beneficio de los demás seres vivos; de todas formas esto es algo que sucede naturalmente cuando se está en la condición normal del cuerpo-mente.

La intención es el verdadero poder detrás del deseo. La sola intención es muy poderosa, porque es deseo sin apego al resultado. El solo deseo es débil, porque en la mayoría de los casos es atención con apego y sin un verdadero propósito. Es apenas un débil estimulo incapaz de mover una partícula de polvo.

Sin embargo la conciencia es capaz de crear mundos.

Esto significa que podemos desear y obrar libremente, sin depender ni identificarnos con un resultado, con confianza en nuestra naturaleza y posibilidades, que son universales.

La intención se proyecta hacia el futuro, pero la atención está ubicada en el presente.

Mientras la atención esté en el presente, la intención dirigida hacia el futuro se cumplirá porque el futuro se crea en el presente. El presente es la semilla del futuro. El futuro ya existe en el presente.
Y este presente es la actualización de causas pasadas. Por eso con nuestros pensamientos y acciones, podemos influir en todas las direcciones del tiempo y del espacio. El pasado, presente y futuro coexisten en este mismo instante.

Hay que saber aceptar, asumir el presente tal como es. De esta forma, con el deseo y la intención, podemos sembrar nuevas semillas, de cara al futuro. Instalar nuevos programas, útiles y actualizados, que nos permitan realizar lo que queremos y vivir en plenitud. Sin arrepentimientos ni culpas, eliminando los programas parásitos y los softwares malintencionados.

El pasado, el presente y el futuro son propiedades de la conciencia.

El pasado es memoria; el futuro es posibilidad; el presente es atención.
El tiempo es el movimiento de la conciencia.
Tanto el pasado como el futuro nacen en la imaginación; solamente el presente, que es conciencia, es real y es eterno. Existimos en este presente, que incluye al pasado y al futuro.

Ahora y aquí encontramos el campo de infinitas posibilidades.
Cuando la conciencia se libera de la carga del pasado y de la preocupación por el futuro, la acción en el presente se vuelve creativa y total.

La intención actúa como catalizadora de la mezcla correcta de materia, energía y sucesos espacio-temporales para crear cualquier cosa que deseemos. Es información que enviamos al campo y que modifica la geometría del espacio-tiempo.

Si tenemos conciencia del momento presente, los obstáculos imaginarios – que representan la gran mayoría de los obstáculos percibidos - se desintegran y desaparecen. El resto de nuestras dificultades reales se transforman en oportunidades, gracias a otra de las cualidades de la conciencia: el foco.

La intención focalizada es la atención que no se aparta de su propósito. Lo que significa estar enfocados, o sea, manteniendo nuestra atención en el presente, con un propósito inflexible y eliminando cualquier obstáculo que se interponga y nos desvíe de nuestro propósito.
La atención y el propósito aportan serenidad y motivación. Y esta combinación se vuelve poderosa y muy eficaz.

La práctica regular de zazen desarrolla la atención sutil y la concentración, esto no solo es beneficioso en términos de salud sino que permite expandir la conciencia y acceder a un nivel superior de energía e información. Inconscientemente, naturalmente.


viernes, 7 de enero de 2011

Como gotas de rocío


El ser humano es un ser conciente.

Para el ser humano, la realidad es sobre todo la conciencia que él tiene de la realidad. De la misma forma, un ser humano es sobre todo la conciencia que tiene de sí mismo.
La conciencia humana es el producto final de un complejo proceso o conjunto de procesos entrelazados, tanto en la dimensión física como en las otras dimensiones (emocional, mental (conceptual) y espiritual.

Cuando la conciencia que se tiene de la realidad no concuerda con lo que la realidad es en sí, se trata de un "error de percepción" o ignorancia.

Esta conciencia ilusoria impide adaptarse adecuadamente a la realidad en la que se vive, generando problemas de adaptación que aparecen bajo la forma de conflictos, comportamientos erróneos, desequilibrios y enfermedades, que si no se modifican, crean tarde o temprano, dolor y sufrimiento.
El error de percepción se debe principalmente a una atención incorrecta. Por lo cual, corregir el error de percepción mediante un cultivo sistemático de la atención constituye una parte muy importante, no solo en el proceso sanador si no también en el conocimiento de si mismo.

La atención es una condición sine qua non de la conciencia y un sistema de seguridad que opera sobre el sistema nervioso, corrigiendo su funcionamiento en su tarea de conocer la realidad y de adaptarse a ella.
La enfermedad, en líneas generales, puede ser pues considerada como un error de adaptación, una desarmonía entre el medio externo (realidad objetiva) y el interno (realidad subjetiva).
Este error de adaptación tiene como causa un error de percepción (de captación, de transmisión, de recepción, de procesamiento de la información o de la reacción que se genera). Este error de percepción tiene su causa en un funcionamiento incorrecto de la atención. Por lo cual, restablecer el funcionamiento correcto de la atención constituye un tratamiento necesario para muchas enfermedades.

La atención puede ser desarrollada enfocándola en los diferentes niveles de la existencia: corporal, sensorial, emocional y mental.

Las cuatro actitudes fundamentales del cuerpo son: caminar, sentarse o estar sentado, estar de pie, estar acostado o acostarse.
El Zen enseña cómo desarrollar la atención en estas cuatro actitudes, pero las mejores condiciones se dan en la postura sentada (zazen).
La postura de zazen es la que permite un mayor nivel de atención y mayor estabilidad al mismo tiempo.
La postura de pie, por ejemplo, permite un alto nivel de atención pero una estabilidad menor (mayor nivel de atención pero un lapso de tiempo más corto).
La postura acostada permite una mayor estabilidad pero un nivel de atención bajo.
La relación más óptima entre estabilidad-atención se da en la postura sentada.

Para que esta estabilidad se produzca es imprescindible que la postura corporal esté bien equilibrada.

Durante zazen, las nalgas están apoyadas sobre un almohadón (zafu) y las rodillas firmemente estabilizadas sobre el suelo, formando una sólida base triangular (entre ambas rodillas y el cóccix).
A partir de esta base, el tronco se endereza y la columna vertebral permanece bien erguida y equilibrada, facilitando el flujo de los impulsos nerviosos desde las terminaciones nerviosas, a través de la médula espinal, hasta el cerebro. Para ello, es importante que la nuca esté bien recta, lo cual se consigue fortaleciendo, mediante la práctica, los músculos del cuello.
A nivel de la 5ª vértebra lumbar debe producirse naturalmente la curvatura lumbar que permite estirar correctamente la columna, relajar los hombros y que todos los órganos internos permanezcan libres de opresiones.

Especialmente el bajo vientre debe estar relajado, esta zona que los japoneses llaman kikai-tandem (océano de energía). El kikai-tandem se sitúa aproximadamente tres o cuatro dedos por debajo del ombligo.
Esta zona, es muy importante para el desarrollo correcto de la atención, y además es un centro energético, donde la energía vital, Chi, se puede fortalecer, acumular y hacer circular

Según el fisiólogo Arthur C. Guyton : "Se han encontrado en el sistema nervioso dos senderos oscilatorios que, al ser estimulados, pueden causar la atención. Ambos senderos pasan a través del centro simpático en el hipotálamo, por cuya razón esta área se denomina a menudo centro de la atención. En uno de los ciclos oscilatorios las señales pasan del centro de la atención al tálamo anterior, siendo luego transmitidas en todas direcciones dentro del córtex cerebral. Las áreas corticales, a su vez, retransmiten nuevamente los impulsos hacia el centro de la atención, reexcitándolo y produciendo todavía más impulsos para estimular el córtex. Esta secuencia de transmisión se produce una y otra vez, creando un ciclo oscilatorio".

El 2º ciclo oscilatorio que puede provocar la atención es el siguiente: desde el centro de la atención se transmiten señales hacia la formación reticular del bulbo (FRB), en el tronco cerebral, lo cual aumenta el tono muscular en todo el cuerpo. La tensión de los músculos, a su vez, estimula los propioceptores y otras terminaciones de los nervios sensitivos a lo largo de todo el cuerpo, que ocasionan señales sensoriales que son retransmitidas a lo largo de la médula espinal hasta el tálamo y, finalmente, al centro de la atención. De este modo se establece un ciclo oscilatorio complementario: el centro de la atención excita los músculos, y las sensaciones corporales reexcitan a su vez el centro de la atención"

Desde la antigüedad los maestros zen han enseñado a cultivar el estado de atención mediante la tonificación muscular. Especialmente importante en la práctica de la meditación zen es la relación entre el kikaitandem (tantien inferior) y la nuca.
Durante zazen se debe practicar una espiración larga y profunda que estimule y tonifique los músculos abdominales, especialmente los del bajo vientre.

Al mismo tiempo se enseña a mantener el cuello y la nuca bien rectos, estirados pero sin bloqueos, y a conectar conscientemente ambas zonas (nuca y bajo vientre).

La masa muscular que incide más directamente sobre la estimulación de la FRB, es la que se encuentra en el bajo vientre.

La experiencia de los practicantes de zazen corrobora que esta conexión nerviosa produce un estado sostenido de atención sutil. Este estado de atención lúcida es generado por la respiración propia de la meditación Zen, basada en una espiración abdominal larga y profunda.
El estado de atención sutil tiene un rol decisivo en el proceso cognitivo.

La práctica de zazen no es un método de salud pero como método de salud es el mejor.
Zazen es una práctica de despertar de la conciencia, no es una forma de gimnasia espiritual ni una terapia, pero los beneficios en todos los planos de la existencia son evidentes.

¿Qué es la meditación Zen?

El término japonés Zen proviene del término chino Ch'an, que a su vez es una abreviación de Ch'an-na. Este es una transliteración al chino del vocablo sánscrito Dhyana.
Dhyana podría ser traducido como "absorción" o "reabsorción". Para comprender esto podemos tomar el ejemplo de las gotas del rocío matinal. Estas gotas son una condensación de la humedad ambiental. Al salir el sol, las gotas de rocío se evaporan y son "reabsorbidas" por la atmósfera.

De la misma forma, el cuerpo humano es un condensado de energía universal, surgido del vacío creador, al que volveremos inevitablemente en el momento de la muerte o disolución.
La actividad de la energía universal sigue pues un ciclo con tres fases: condensación, mantenimiento y disolución.

En la vida humana, la condensación comienza con la fecundación de un óvulo por un espermatozoide, continúa con su gestación en el útero materno, luego el nacimiento y culmina con la madurez, física y mental. A partir de aquí, comienza la fase de mantenimiento de la vida madura, fase que da lugar a lo siguiente, la inevitable disolución de la vida individual, que se manifiesta a través de la degeneración física y mental y, por último, la muerte, es decir, la individualidad desaparece, es reabsorbida por la Fuente Original, energía e información disponibles que vuelven a la fuente nutriéndola de experiencia.

La práctica de la meditación Zen (zazen) permite que el ser individual se conecte concientemente con la Fuente Original de su vida, con su esencia, es decir, con "su verdadera naturaleza original".
Esta conexión tiene el poder de reducir o hacer desaparecer el miedo a la muerte y al cambio, o dicho de otra manera, reduce el apego a la forma individual, al "yo" y a la personalidad. Este apego causa desequilibrio y enfermedad y, por lo tanto, es un generador de sufrimiento.
Y no solo esto, el inconciente es el océano de potencialidad infinita. La verdadera fuente de información y alimentación la llevamos puesta, todo surge del vacío, nuestra esencia es la misma que la del universo, somos el universo. Cuando lo individual sintoniza con lo universal, todo se ilumina. Es un universo de abundancia.

La inteligencia se alimenta a si misma

Si cultivamos las cualidades superiores de la conciencia, como la atención, la concentración, la observación, la reflexión, el amor incondicional, la paciencia, la memoria, la intuición, etc., nos volvemos más inteligentes (y por ende los demás también). Un pensamiento positivo genera más pensamientos positivos, es cuestión de vibración. Es un verdadero sistema que se retroalimenta (feed-back).

De una manera u otra todos buscamos algo.

Esta búsqueda corresponde a un deseo profundo de salud y felicidad.
En el momento que la mente y el cuerpo están en unidad, la búsqueda cesa, porque la salud y la felicidad se actualizan en ese instante, más allá del tiempo y del espacio.
Inconcientemente, naturalmente.

miércoles, 5 de enero de 2011

Sin huellas

En la sociedad moderna resulta difícil poder llegar al fondo de las cosas.

Da la impresión que estamos condicionados para ver solo la superficie o el reflejo de las cosas.

Muchos estímulos y demandas que tiran para un lado y otro, la mente está atareada todo el tiempo y así es casi imposible concentrarse completamente en lo que se hace.

Esto se debe a que antes de actuar uno piensa; y este pensar deja huellas. La actividad se ensombrece con alguna idea preconcebida. El pensar no sólo deja huellas o sombras, sino que también hace que tengamos muchas ideas acerca de otras actividades y cosas.

Estas huellas e ideas tienden a complicar mucho a la mente.

Cuando se hace algo con la mente limpia y clara por completo, no surgen ideas ni sombras y su actividad es sólida y franca. Pero cuando se hace algo con la mente complicada la actividad se torna muy compleja y genera contradicciones.
No se trata de no tener ideas, es obvio que la creatividad es fundamental, pero si las ideas se molestan entre sí o generan una vibración caótica, no se puede hacer ni decir nada claro, visto que no pensamos claro.
Por eso se dice que la concentración y la atención sutil son cualidades de la mente superior.
La concentración es la capacidad de focalizar, de enfocar la mente sin dispersarse ni distraerse, sin tensiones ni bloqueos, no es una actitud rígida si no una expresión de libertad y desapego.
La atención sutil es mas bien como un filtro inconciente, que selecciona los estímulos o la información que es relevante y la que no.

Cuando hacemos algo, debemos consumirnos por completo, como una hoguera bien encendida, sin dejar huellas de nosotros mismos.
Cuando practicamos zazen, la mente está en calma y libre de complicaciones.

La práctica continua de la meditación desarrolla estas capacidades superiores, que en realidad son la condición normal, solo que parecen superiores en relación a la pequeña mente ordinaria, fraccionada y siempre atareada.
En realidad no hay una gran mente separada de la pequeña mente, como si fueran dos cosas diferentes. Todo es parte de una única conciencia, solo que lo que llamamos pequeña mente, corresponde a una actividad mínima y fraccionada de esa gran mente que lo incluye todo.

La mayoría de las personas tienen múltiples ideas y contradicciones en una actividad cualquiera.
A menudo se dice: "cazar dos pájaros de un tiro". Y eso es lo que, por lo general, tratan de hacer muchos. Como se quieren cazar demasiados pájaros, resulta difícil concentrarse en la actividad, y lo más probable es que se acabe por no cazar ni pájaros ni nada.
Algunos están siempre calculando, por inseguridad o por miedo a perder. Ese modo de pensar siempre deja sombras en la actividad de esas personas.

En realidad, la sombra no la constituye el pensar mismo. Desde ya, a menudo es necesario pensar o prepararse antes de actuar, no se trata de ser irracional o irreflexivo.

Pero el pensar correcto no deja nunca sombra alguna. No duda. El pensar que deja huellas proviene de una mente relativa y confusa. La mente relativa es aquella que se establece en relación con otras cosas y de este modo se limita a sí misma. Esta mente pequeña es la que crea ideas de provecho y deja sus huellas.
Cuando uno deja en la actividad huellas del pensar, tiende a apegarse a esas huellas.

Lo que se llama desapego, es simplemente la manifestación del equilibrio energético y químico a nivel celular.

Cuando los hemisferios cerebrales se armonizan la realidad que se percibe es más amplia y normal. A esto se le llama expandir la conciencia, es decir, trascender los límites de la percepción ordinaria y repetida.

La esencia es muy simple.

La dificultad reside en que cada uno funciona con una forma de pensar y percibe la realidad de una forma, generalmente convencional y estereotipada. Y salir de estos límites creados por el pensamiento mismo requiere una cantidad de energía, de la que hay que disponer si uno quiere sinceramente conocerse en profundidad.
Para eso hay que tratar de estar en buena salud y tener un estado de espíritu, una mentalidad, acorde a nuestros propósitos y creencias profundas.

No se puede pensar cualquier cosa. Hay pensamientos que deben ser eliminados, son pura actividad de la mente reactiva.

De acuerdo a la manera en que pensamos creamos distintos tipos de ondas, de vibración, en el cerebro, incluso a nivel del ADN, y esta vibración a su vez generará un tipo de pensamiento y emoción acorde. Una retroalimentación continua.

La mirada del observador define la realidad.

Pero la realidad cambia todo el tiempo. Lo que creemos que es real, los acontecimientos, las cosas, etc., parecen sólidos y reales por que quedamos mirando el mismo fotograma y dejamos de comprender su naturaleza, entonces retenemos la imagen y nos apegamos a ella. Con los films es más fácil. Un film puede absorbernos y transportarnos lejos y generar un montón de sentimientos y pensamientos muy variados, sin embargo, todos sabemos que es una proyección. Es lo que hace el cerebro, es un proyector holográfico, crea hologramas, además de ser receptor, traductor, integrador y programador de capacidad ilimitada.

El mundo que experimentamos con los sentidos no es diferente que un film.
Para encontrar el espíritu que no deja huellas, la única dirección es hacia si mismo. Hay que dar un giro de 180º y cambiar la dirección de la mirada del observador.
El interior es ilimitado, un verdadero agujero negro. Pero hacia fuera, nos topamos con los límites de los órganos de los sentidos y de la percepción. Por eso nuestra esencia, nuestra naturaleza implícita, es ilimitada, igual que la naturaleza del universo, el cual somos.

El pensamiento que surge del fondo del no pensamiento es siempre original, puro y creativo.

Es simple, surge del vacío, del océano de potencialidad infinita. Este tipo de pensamiento no es un eslabón más de una interminable secuencia de pensamientos encadenados.

Es un pensamiento con principio y con fin. Es el pensamiento cósmico, absoluto, se le llama también “el pensamiento de Buda”, y es una expresión de nuestra auténtica naturaleza. Sin prejuicios y sin huellas. El no pensamiento es silencio, es nada, es lo que hace posible que podamos pensar. Sin silencios, no hay sonido, solo ruido.

Ser conciente de la no conciencia, es el equilibrio.
Esto no se puede comprender solo intelectualmente. La experiencia subjetiva es fundamental, por eso la práctica es muy importante.

Cuando la mente se calma y la respiración se vuelve más lenta y profunda, en la concentración de la meditación, es posible experimentar la no conciencia, el estado sin pensamientos; que no significa “dejar la mente en blanco”, ya que esto es todavía un pensamiento.

La no conciencia es el no pensamiento.

Pensamiento y no pensamiento forman una unidad. Si solo no pensamos, es que estamos dormidos, inconcientes o seguramente muertos. Si solo pensamos, es locura, terminamos alienados. Ambos, actividad y no actividad, se deben armonizar, como el sonido y el silencio.

El pensamiento que no deja huellas genera una vibración poderosa y su influencia se siente en todos los confines del universo, instantáneamente, más allá del tiempo y del espacio.

viernes, 15 de enero de 2010

La intención y la atención


Otro principio fundamental del universo es la intención, que es inseparable de otro principio: el deseo.
En realidad el deseo precede a la intención. Somos hijos del deseo. La vida misma es deseo. Aparecimos en este mundo en virtud de un deseo previo. Pero el deseo puro, no es igual que la ilusión. Una ilusión es deseo que no se realiza, crea apego y sufrimiento y más ilusiones (y más sufrimiento). Estos conceptos no son nuevos, podemos encontrarlos en gran cantidad de libros de auto-ayuda. Realizarlos en la propia vida es otra cosa. Pero veamos con más detalles de que se trata.

La energía y la información son el verdadero sustrato de la naturaleza.

En los niveles cuánticos, es decir, más allá del átomo, solamente hay energía e información. Este campo cuántico es sólo otra manera de denominar el campo de la conciencia pura o de la potencialidad pura. Y en este campo cuántico de pura energía influyen la intención y el deseo.

Si nos descomponemos hasta llegar a nuestros componentes fundamentales solo queda energía e información.

Nuestro nivel esencial es energía e información.

El universo, de hecho, es la manifestación del movimiento de la energía y la información.

Todo lo que existe comparte el mismo origen. La diferencia, por ejemplo, entre nosotros y una planta es el contenido de información y de energía de nuestros respectivos cuerpos.
En el plano material, tanto nosotros como la planta, al igual que el perro, un árbol o una mosca, estamos hechos del mismo reciclado de elementos: principalmente carbono, hidrógeno, oxígeno, nitrógeno y otros elementos en mínimas cantidades.
Podemos conseguir estos elementos sin dificultad en un laboratorio. Por lo tanto, la diferencia entre nosotros y la planta no la encontraremos en estos elementos. De hecho, los seres humanos y las plantas intercambiamos todo el tiempo carbono (CO2) y oxígeno (O2).

La verdadera diferencia está en la energía y en la información.

Los seres humanos, somos privilegiados, ya que somos capaces de tomar conciencia del contenido de energía e información de ese campo particular que da origen a nuestro cuerpo físico. Podemos experimentar ese campo subjetivamente bajo la forma de pensamientos, emociones, deseos, recuerdos, instintos, impulsos y creencias. A su vez este campo de potencialidad, esa experiencia subjetiva se percibe objetivamente como el cuerpo físico - y por medio del cuerpo, y los órganos de los sentidos percibimos el mundo, subjetivamente. Sujeto y objeto entrelazados en una eterna danza.
Pero todo está hecho de lo mismo.

Nuestro cuerpo no es independiente del cuerpo del universo, porque más allá de nuestros átomos y partículas elementales, es decir al nivel de la mecánica cuántica, las fronteras no están bien definidas. Somos más bien una onda, una ola, una fluctuación, una perturbación localizada en un campo cuántico mucho más grande, una ola surgida en el mar de la potencialidad infinita. Ese campo cuántico más grande - el universo – es también nuestro cuerpo ampliado.

Como la conciencia humana es infinitamente flexible, tenemos la habilidad de poder cambiar concientemente el contenido de información que da origen a nuestro cuerpo físico.
Podemos cambiar concientemente el contenido de energía y de información de nuestro propio cuerpo a nivel cuántico y, por lo tanto, influir en el contenido de energía y de información de nuestro cuerpo ampliado -nuestro entorno, el mundo - y hacer que se manifieste lo que deseamos. Dicho de otra forma: materializar un deseo.

Para esto la conciencia posee dos cualidades: la atención y la intención.

La atención concentra energía, la focaliza, y la intención tiene el poder de transformar.
Si prestamos atención a algo le transferimos energía, ya que el pensamiento es una onda de energía y entonces el objeto de atención se manifestará con más fuerza en nuestra vida. Si dejamos de prestar atención, se marchitará, se desintegrará y desaparecerá.

Por otro lado, la intención estimula la transformación de la energía y de la información. La intención focaliza, potencia y organiza.

El acto de dirigir la intención sobre el objeto de la atención desencadenará una serie de sucesos en el espacio-tiempo que tarde o temprano materializaran lo deseado. Esto se debe a que, como vimos, todo esta interconectado y además la intención tiene un infinito poder organizador. El poder organizador significa la capacidad para organizar la información simultáneamente, o sea, una infinidad de sucesos espaciotemporales todos al mismo tiempo.

Si sembramos una intención en el suelo fértil de la potencialidad pura, del inconciente no manifestado, ponemos a trabajar para nosotros ese infinito poder organizador.

Este poder organizador es normal en la naturaleza, se expresa en cada hoja del árbol, en cada flor, en cada célula de nuestro cuerpo. Lo podemos ver en todo lo que vive.
En la naturaleza, todo está conectado y relacionado entre sí.

Lo asombroso de nuestro cerebro es que puede gobernar ese infinito poder organizador a través de la intención.

En el ser humano, la intención y la capacidad de transformación son ilimitadas, no están contenidas en una red rígida de energía e información. Poseen una flexibilidad infinita. Obviamente siguiendo las leyes del universo y de acuerdo a la propia naturaleza de cada ser.

La intención favorece el flujo natural y espontáneo de la pura potencialidad, que busca manifestarse, es decir, pasar del estado no manifestado (potencial) al estado real.

Cabe aclarar que estas cualidades de la conciencia, son de naturaleza benéfica y positiva. No pueden servir para dañar o ignorar a otro ser. Siempre hay que obrar en beneficio de la humanidad; de todas formas esto es algo que sucede espontáneamente cuando se está en la condición normal del cuerpo y el espíritu.

La intención es el verdadero poder detrás del deseo. La sola intención es muy poderosa, porque es deseo sin apego al resultado. El solo deseo es débil, porque en la mayoría de los casos es atención con apego y sin un verdadero propósito. Es apenas un débil estimulo incapaz de mover una partícula de polvo.

Sin embargo la conciencia es capaz de crear mundos.

Esto significa que podemos desear y obrar libremente, sin depender ni identificarnos con un resultado, con confianza en nuestra naturaleza y posibilidades, que son universales.

La intención se proyecta hacia el futuro, pero la atención está ubicada en el presente. Mientras la atención esté en el presente, la intención dirigida hacia el futuro se cumplirá porque el futuro se crea en el presente. El presente es la semilla del futuro. El futuro es el fruto del presente. Y este presente es la actualización de causas pasadas. Por eso con nuestros pensamientos y acciones, podemos influir en todas las direcciones del tiempo y del espacio.

Hay que saber aceptar, asumir el presente tal como es. De esta forma, con el deseo y la intención, podemos sembrar nuevas semillas, de cara al futuro. Instalar nuevos programas, un software útil y actualizado que nos permita realizar lo que queremos y vivir en plenitud. Sin arrepentimientos ni culpas, eliminando los programas parásitos y los softwares malintencionados.

El pasado, el presente y el futuro son propiedades de la conciencia.


El pasado es memoria; el futuro es posibilidad; el presente es atención.
El tiempo es el movimiento del pensamiento.
Tanto el pasado como el futuro nacen en la imaginación; solamente el presente, que es conciencia, es real y es eterno. Existimos en el presente.

Ahora y aquí encontramos el campo de infinitas posibilidades. El suelo fértil donde crecerá un futuro deseado.
Cuando la conciencia se libera de la carga del pasado, la acción en el presente se vuelve creativa y total, germen del futuro deseado,

La intención libre y desapegada, actúa como catalizador para la mezcla correcta de materia, energía y sucesos espacio-temporales para crear cualquier cosa que deseemos.

Si tenemos conciencia del momento presente, los obstáculos imaginarios – que representan la gran mayoría de los obstáculos percibidos - se desintegran y desaparecen. El resto de nuestras dificultades reales se transforman en oportunidades, gracias a otra de las cualidades de la conciencia: el foco.

La intención focalizada es la atención que no se aparta de su propósito. Lo que significa estar enfocados, o sea, manteniendo nuestra atención en el presente, con un propósito inflexible y eliminando cualquier obstáculo que consuma o disipe la concentración de nuestra atención y nos desvíe de nuestro propósito.
La atención y el propósito aportan serenidad y motivación. Y esta combinación se vuelve poderosa y muy eficaz.

Aprendamos a desear y a aprovechar el poder infinito de la intención, así podremos crear cualquier cosa que deseemos desde el fondo del corazón, para aumentar nuestro conocimiento y bienestar y el de los demás también.