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miércoles, 3 de octubre de 2018

El sueño de la vida


English version at bottom


La vida es un sueño y la principal función de la mente es soñar.
Todo lo que percibes es parte de ese sueño, incluso mientras estás leyendo estas líneas, estás soñando. Sueñas con el cerebro despierto.

La mente no deja nunca de soñar, está siempre activa, y este movimiento es la actividad de la conciencia única e infinita que se manifiesta precisamente soñando. Cuando este movimiento encuentra su equilibrio, la conciencia se despierta, comprende su propia naturaleza y la naturaleza de la realidad creada, que es su sueño.

Soñamos despiertos y soñamos dormidos.

Las leyes del mundo de la vigilia, son diferentes que cuando dormimos.
Cuando el cerebro esta despierto hay un marco material de referencia, es el mundo físico tridimensional que se mueve saltando de momento en momento y el cerebro une estos momentos creando la ilusión de una continuidad, de una línea que va desde un pasado hasta un futuro.  A esto se le llama duración y sería la 4ª dimensión de nuestra realidad física de la vigilia, es decir, la vida ordinaria.

Sin embargo, cada percepción, cada momento, son como fotogramas.
El movimiento de la mente y la luz hacen el resto, y así se proyecta el sueño o la realidad ilusoria. Los objetos y los seres reflejan esta luz y le dan forma al holograma que crea nuestra realidad cotidiana.


En el momento de dormir, cuando el cerebro apaga sus luces, la realidad cambia, es el mundo de los sueños. Aquí no hay un marco físico de referencia, el proyector de la realidad física 3D esta momentáneamente apagado (aunque no completamente).

Los seres humanos soñamos todo el tiempo y este sueño se transmite de generación en generación. Es el sueño de la sociedad, que es un sueño colectivo hecho de miles de millones de sueños individuales, los cuales se unen formando el sueño de la familia, de la comunidad, del país, del planeta. Este sueño mayor incluye todas las leyes y reglas de la sociedad, su lenguaje, su cultura, sus religiones, su ciencia, su manera de percibir la realidad, sus escuelas y gobiernos.

Somos soñadores

Cada uno nace con la capacidad de soñar. Los adultos que nos preceden nos enseñaron a soñar el sueño de la sociedad. Este sueño externo tiene tantas reglas, que ya desde la cuna comienzan a captar la atención de los niños a fin de introducir estas reglas en su mente. Nuestros padres, la escuela, la televisión, las redes sociales y la religión nos enseñaron como debemos soñar este sueño externo, captando nuestra atención.

La atención es la capacidad de discernir y centrarnos en aquello que queremos percibir. Es como un filtro. El cerebro percibe millones de estímulos simultáneamente, pero utilizamos nuestra atención para retener en el primer plano de nuestra mente lo que necesitamos o nos interesa. Los adultos captan la atención de los niños y por medio de las creencias y la repetición, introducen información en sus mentes. Así es como aprendimos todo lo que sabemos y perpetuamos el sueño de la sociedad.

Luego a fuerza de captar su atención, los niños aprenden a captar la atención de los demás,  esto con el tiempo se va convirtiendo en una necesidad, y esta necesidad de atención acaba volviéndose competitiva. Los niños compiten por la atención de sus padres, de sus maestros, de sus amigos. Más tarde, ya de adultos, para la gran mayoría esta necesidad continúa.

Así, el sueño externo capta nuestra atención y nos mantiene prisioneros durante toda la vida. Y esto es gracias a los acuerdos que hemos hecho. El lenguaje es el vehículo de estos acuerdos.
El lenguaje es el código que utilizamos en nuestro sueño externo para comprendernos y comunicarnos.

Cada letra, cada palabra, cada oración, es un acuerdo. Las cosas tienen nombre: papá, mamá, dios, casa, auto, bueno, malo, azul, alto. Por ejemplo, la palabra bueno es un acuerdo que comprendemos. Una vez que comprendemos los símbolos, es decir, entendemos el código, nuestra atención queda atrapada y la energía se transfiere de una persona a otra.

Es el sueño del cerebro izquierdo. La sociedad moderna esta atrapada en el sistema de símbolos y valores que controla ese hemisferio cerebral. Que es el lado masculino, competitivo, racional, es el que separa para comprender y establece categorías. De hecho, el centro del lenguaje articulado en la corteza cerebral (área de Brocca) se encuentra en la mayoría de las personas del lado izquierdo.



No escogiste tu lengua, ni tu religión ni tus valores morales: ya estaban ahí antes de que nacieras.
Cuando somos niños no podemos elegir que cosas creer y cuales no. Nuestro sistema de creencias ya viene con nuestro nacimiento, no tenemos que hacer nada, ya nos dicen que hacer y que creer.
Nunca escogimos ni el más insignificante de estos acuerdos. Ni siquiera elegimos nuestro propio nombre, y este, como el apellido, muchas veces viene con su propio karma incluido.
De niños no tuvimos la oportunidad de escoger nuestras creencias, pero estuvimos de acuerdo con la información que otros seres humanos nos transmitieron acerca del sueño de la sociedad.

La única forma de almacenar información es mediante el acuerdo

El sueño externo capta nuestra atención, pero si no estamos de acuerdo, no almacenaremos esa información. También es una cuestión afectiva y de identificación.
La memoria y el aprendizaje se relacionan con el cerebro emocional (sistema límbico).
Tan pronto como estamos de acuerdo con algo, comenzamos a creer en ello, y a eso lo llamamos “tener fe”. Tener fe es creer incondicionalmente en algo exterior a uno mismo. O sea, es una fe ciega.

Así es como aprendimos cuando éramos niños. Los niños creen todo lo que dicen los adultos.
Estábamos de acuerdo con ellos, y nuestra fe en ellos era tan fuerte, que el sistema de creencias que se nos había transmitido controlaba totalmente el sueño de nuestra vida. No escogimos estas creencias, y aunque quizá intentamos rebelarnos contra ellas, no éramos lo bastante fuertes para que nuestra rebelión triunfase.


El resultado es que nos rendimos a las creencias mediante nuestro acuerdo. Por ignorancia, por miedo o por comodidad, o un poco de todas juntas.
A este proceso podemos llamarlo: “la domesticación del ser humano”.
Y es a través de esta domesticación que aprendemos a soñar y a vivir.

En la domesticación humana, la información del sueño externo se transfiere al sueño interno y crea todo nuestro sistema de creencias y la imagen que tenemos de nosotros mismos.
Este sueño externo crea un molde, podemos llamarlo el molde del ser humano. Este molde esta hecho de conceptos, categorías, reglas y patrones de comportamiento de lo que constituye un ser humano. Ni bien nacemos nos meten en ese molde y somos modelados para poder participar y continuar perpetuando el sueño de la sociedad.
Luego aprendemos a juzgar. Cada uno se juzga a si mismo de acuerdo a estas reglas y conceptos aprendidos, y luego por extensión, juzgamos a los demás, por consiguiente también somos juzgados por los otros. Esto aumenta la brecha y el sentimiento de separación entre los seres humanos.

La adaptación al sueño externo se basa en el sistema de defensa: lucha y huida, y esto se corresponde incluso con un diseño neuroquímico determinado, producto de la programación.

El proceso de domesticación nos enseña a funcionar con el premio y el castigo. Al igual que se entrena y domestica a los animales. Este método que usamos con los animales es el mismo que se utiliza en los niños. Si te portas bien: premio. Si te portas mal: castigo. Si haces lo que se te dice: premio, si no: castigo.

En el colegio se implementa la misma metodología, mediante los exámenes y evaluaciones, las calificaciones, la disciplina…Si memorizas los datos que te dan y luego lo repites con éxito, eres un buen alumno, no importa si aprendiste o si lo hiciste como un loro o si dentro de un tiempo olvidas toda esa información irrelevante, igual tendrás tu premio. Si no lo logras, eres un mal alumno, o más o menos, depende. Y vas creciendo con la idea de que no eres tan bueno como los otros. Incluso algunos son castigados en sus casas por no cumplir con lo que se espera de ellos. 
Esta es la parte mala del sueño. Bad dream.

Y como todos los niños quieren ser premiados, o por lo menos aceptados, van creciendo haciendo lo que quieren los otros y lo que se espera de ellos, ya que obviamente nadie quiere ser castigado, ni rechazado.
Y así, casi sin darnos cuenta, empezamos a fingir que éramos lo que no éramos, para evitar el castigo y ser aceptados. Es más seguro ser y hacer lo que te dicen que seas o que hagas, después de todo para eso fuimos domesticados.
Y aunque a cierta edad comenzamos a rebelarnos contra los adultos y sus ideas, y queríamos defender nuestra libertad y nuestras convicciones, no éramos lo bastante fuertes ni independientes como para ganar. Después de un tiempo la rebelión comienza a extinguirse por falta de autoconfianza y tapada con capas de nuevas obligaciones y deberes, que nos impone el sueño de la sociedad.

En el proceso de domesticación se van perdiendo todas las tendencias y habilidades naturales. La intuición, la imaginación, la capacidad de soñar, la creatividad, el genio.

La domesticación es tan poderosa que, en un determinado momento de nuestra vida, ya no necesitamos que nadie nos domestique. Estamos tan bien amaestrados que somos nuestro propio amaestrador.
La mayoría de los seres humanos son como animales autodomesticados, que se someten a si mismos sin protestar. Vuelven al corral por sus propios medios y algunos ni siquiera salen de el.

En esta etapa nos domesticamos a nosotros mismos según el sistema de creencias que nos inculcaron y utilizando el mismo sistema de castigo y recompensa, que además presenta las variantes de culpa y preocupación. De esta forma, la víctima y el juez se juntan en una misma persona, alternando su protagonismo.

¿Cómo hacer entonces para despertar y liberarse de la vieja programación?

Ir contra las propias creencias no es nada fácil. La mente ordinaria se opone a cualquier pérdida de coherencia en su funcionamiento habitual, así que es probable que comience a generar pensamientos y sentimientos que impidan cualquier transformación y obstaculicen el proceso de cambio.
Para poder modificar esto hace falta un plus de energía y coraje.

Lo primero es el deseo. El deseo de cambiar, de experimentar nuevas cosas, nuevos puntos de vista, aprender y conocerse. 
Salir del estancamiento. Transformarse.
Este deseo generará confianza en si mismo. La confianza es como un árbol que crece y se expande. Empieza como una semillita y con buena tierra y nutrición se transformará en un árbol, que a su vez dará frutos y más semillas.
La confianza es el combustible que enciende el fuego de la motivación, de la acción. Tiene su sede en el corazón, que le da sentimiento y coherencia a la fe. La fe es como la madera que crece y que encenderá el fuego sagrado. Esta fe no es exterior, es una fe en si mismo, en su propio espíritu, por eso no es ciega y por eso puede conducirte adonde sea.

Este plus de energía genera además una verdadera implosión que permitirá el acceso a la memoria ancestral y a la capacidad de reflexión profunda.
Aparece el orden y la coherencia en el sistema interno y el cerebro equilibra su actividad. Aumenta la concentración y la atención sutil. La mente se vuelve entonces una herramienta poderosa al servicio de la conciencia, que al igual que un instrumento vibrará de manera armónica.

Se optimiza y potencia la capacidad para procesar información, por lo tanto mejoran las capacidades cognitivas.
De este estado de equilibrio y calma mental aparece naturalmente la sabiduría y la compasión y puedes comprender la naturaleza de la realidad y de ti mismo.

Despiertas del sueño, para darte cuenta que toda la vida es un sueño.
Un sueño dentro de otro sueño.
Solo que ahora lo sabes y puedes ayudar a despertar a los demás.

  Dr. Mariano Giacobone


The dream of life

thanks Dr. Carolina Giacobone for your corrections!

 Life is a dream and the main function of the mind is to dream.

Everything you perceive is part of that dream, even while you are reading these lines, you are dreaming. You dream even when your brain is awake.

The mind never stops dreaming, it is always active, and this movement is the activity of the unique and infinite consciousness that manifests precisely by dreaming. When this movement finds its equilibrium, consciousness awakens, understands its own nature and the nature of created reality, which is its dream.

We dream when awake and we dream when asleep.

The laws of the waking world are different than those when we sleep.

When the brain is awake there is a material frame of reference, it is the 3D physical world that moves by jumping from moment to moment and the brain joins these moments, creating the illusion of a continuity, of a straight line that goes from past to future. This is called duration, and would be the 4th dimension of our physical reality of wakefulness, that is, ordinary life.

However, each perception, each moment, is like a frame.

The movement of the mind and the light do the rest, and so the dream or the illusory reality is projected. Objects and beings reflect this light and shape the hologram that creates our everyday reality.

At the time of sleep, when the brain turns off its lights, reality changes, it is the world of dreams. Here there is no physical frame of reference, the projector of the 3D physical reality is momentarily off (though not completely). 

Human beings dream all the time and this dream is transmitted from generation to generation. It is the dream of society, which is a collective dream made up of billions of individual dreams, which come together to form the dream of the family, the community, the country, the planet. This greater dream includes all the laws and rules of society, its language, its culture, its religions, its science, its way of perceiving reality, its schools and governments.

We're dreamers

Each one is born with the ability to dream. The adults who preceded us taught us to dream the dream of society. This external dream has so many rules, that from the cradle, they begin to catch the attention of children, in order to introduce these rules into their minds. Our parents, school, television, social networks and religion taught us how to dream this external dream, capturing our attention.


Attention is the ability to discern and focus on what we want to perceive. It's like a filter. The brain perceives millions of stimuli simultaneously, but we use our attention to retain what we need or want in the forefront of our mind. Adults capture children's attention and through belief and repetition, they enter information into their minds. This is how we learned everything we know and perpetuate the dream of society.

Then by force of attention, children learn to capture the attention of others, this eventually becomes a necessity, and this need for attention becomes competitive. Children compete for the attention of their parents, their teachers, their friends. Later, as adults, for the great majority, this need persists.

Thus, the external dream captures our attention and keeps us prisoners throughout life. And this is thanks to the agreements we have made. Language is the vehicle of these agreements.

Language is the code we use in our external dream to understand and communicate.

Each letter, each word, each sentence, is an agreement. Things have a name: dad, mom, god, home, car, good, bad, blue, tall. For example, the word good is an agreement that we understand. Once we understand the symbols, that is, we understand the code, our attention is trapped and the energy is transferred from one person to another.

It is the dream of the left brain. Modern society is caught in the system of symbols and values ​​that control this cerebral hemisphere. What is the masculine, competitive, rational side, is the one which separates in order to understand, and then establishes categories. In fact, the articulated language center in the cerebral cortex (Brocca area) is found on the left side in most people.

You did not choose your language, neither your religion nor your moral values: they were already there before you were born.

When we are children we cannot choose what to believe and what not to. Our belief system already comes with our birth, we do not have to do anything, they already tell us what to do and what to believe.

We never chose even the most insignificant of these agreements. We do not even choose our own name, and this, like the surname, often comes with its own karma included.
As children we did not have the opportunity to choose our beliefs, but we agreed with the information that other human beings transmitted to us about the dream of society.

The only way to store information is through agreement.

The external dream captures our attention, but if we do not agree, we will not store that information. It is also an affective and identification issue.

Memory and learning are related to the emotional brain (limbic system).
As soon as we agree with something, we begin to believe in it, and we call that "having faith." To have faith is to believe unconditionally in something external to oneself. That is, it is a blind faith.
This is how we learned when we were children. Children believe everything adults say.

We agreed with them, and our faith in them was so strong that the belief system that had been transmitted to us completely controlled the dream of our life. We did not choose these beliefs, and although we may try to rebel against them, we were not strong enough for our rebellion to triumph.

The result is that we surrender to beliefs through our agreement. Out of ignorance, out of fear or comfort, or a little bit of everything together.

We can call this process: "the domestication of the human being".

And it is through this domestication that we learn to dream and to live.

In human domestication, the information of the external dream is transferred to the internal dream and creates our entire belief system, and the image we have of ourselves.

This external dream creates a mold, we can call it the mold of the human being. This mold is made up of concepts, categories, rules and behavior patterns of what constitutes a human being. As soon as we are born, we are put into that mold and we are modeled to participate and continue to perpetuate the dream of society.

Then, we learn to judge. Each one judges himself according to these rules and concepts learned, and then by extension, we judge others, therefore we are also judged by others. This increases the gap and the feeling of separation between human beings.

The adaptation to external sleep is based on the defense system: fight and flight, and this corresponds even with a determined neurochemical design, product of programming.

The process of domestication teaches us to function with reward and punishment. Just as animals are trained and domesticated. This method that we use with animals is the same as that used in children. If you behave well: prize. If you behave badly: punishment. If you do what you are told: prize, if not: punishment.

In the school, the same methodology is implemented, through exams and assessments, grades, discipline ... If you memorize the data they give you and then repeat it successfully, you are a good student, it does not matter if you learned, or if you chanted it as a parrot, or if in a while you forget all that irrelevant information, you will still have your prize. If you do not succeed, you are a bad student, or mediocre, it depends. And you're growing up with the idea that you're not as good as the others. Some are even punished in their homes for not fulfilling what is expected of them.

This is the bad part of the dream. Bad dream.

As all children want to be rewarded, or at least accepted, they grow up doing what others want and what is expected of them, since obviously no one wants to be punished or rejected.

And so, almost without realizing it, we began to pretend that we were what we were not, to avoid punishment and be accepted. It is safer to be and do what they tell you to be or what to do, after all we were domesticated for that.

And although at a certain age we began to rebel against adults and their ideas, and we wanted to defend our freedom and our convictions, we were not strong enough or independent enough to win. After a while the rebellion begins to die out due to lack of self-confidence, and covered with layers of new obligations and duties, imposed by the dream of society.

In the process of domestication, all tendencies and natural abilities are lost. Intuition, imagination, the ability to dream, creativity, our genius.

Domestication is so powerful that, at a certain moment in our lives, we no longer need anyone to tame us. We are so well trained that we are our own trainer.

Most human beings are like self-controlled animals, which submit themselves without protest. They return to the corral by their own means and some do not even leave it.
In this stage, we domesticate ourselves according to the belief system that they instilled in us and using the same system of punishment and reward, which also presents the variants of guilt and worry. In this way, the victim and the judge meet in the same person, alternating their protagonism.

How, then, to wake up and get rid of the old programming?

Going against one's beliefs is not easy. The ordinary mind is opposed to any loss of coherence in its normal functioning, so it is likely that it begins to generate thoughts and feelings that impede any transformation and hinder the process of change.

To be able to modify this, you need extra energy and courage.

The first thing is desire. The desire to change, to experience new things, new points of view, learn and know each other. Get out of stagnation. Turn.

This desire will generate confidence in itself. Trust is like a tree that grows and expands. It starts as a small seed and with good soil and nutrition, it will become a tree, which in turn will bear fruit and more seeds.

Trust is the fuel that ignites the fire of motivation, of action. It has its seat in the heart, which gives feeling and coherence to the faith. Faith is like the wood that grows and that will light the sacred fire. This faith is not external, it is a faith in itself, in its own spirit, that is why it is not blind and that is why it can lead you wherever it is.

This extra energy also generates a true implosion that will allow access to the ancestral memory and the capacity for deep reflection.

Order and coherence appear in the internal system and the brain balances its activity. It will increase concentration and subtle attention. The mind then becomes a powerful tool in the service of consciousness, which, like an instrument, will vibrate harmoniously.

The ability to process information is optimized and enhanced, thus improving cognitive abilities.

Wisdom and compassion naturally appear from this state of balance and mental calm and you can understand the nature of reality and of yourself.

Wake up from the dream, to realize that all life is a dream.

A dream within a dream.

Only now, you know it, and you can help awaken others.

by Dr. Mariano Giacobone









lunes, 7 de julio de 2014

El camino del conocimiento


Lo único de valor para un ser humano es el camino del conocimiento.

Y esto es porque en esencia somos conciencia y la conciencia es conocimiento, experiencia, memoria y realización. Podemos ser conscientes de esto, de nuestra verdadera naturaleza. Este es el don que nos fue otorgado.

El conocimiento es información, la información es energía y la energía es materia.
El conocimiento es poder.

Tu poder personal depende de la cantidad de energía e información que posees

¿Qué sentido tiene conocer cosas inútiles?

Eso no desarrolla tu poder ni expande tu conciencia, ni tampoco te prepara para el inevitable encuentro con lo desconocido.

El conocimiento no es un regalo. Lo que ha de aprenderse debe aprenderse arduamente.

Pero que a veces sea difícil no significa que no deba hacerse.
Que algo sea fácil no implica que sea verdadero.

Gastamos nuestro tiempo limitado y nuestras energías ocupándonos de nuestra persona y de la vida ordinaria a la cual esta sujeta.

Ocuparse demasiado de uno mismo produce una terrible fatiga. Un ser humano en esa posición está ciego y sordo a todo lo demás. La fatiga misma le impide ver las maravillas que lo rodean.

La idea que tenemos del mundo y de nosotros mismos es debida a nuestra educación y somos educados como los caballos con orejeras, solo percibimos lo que nos enseñaron a ver.

Pero el conocimiento no es algo abstracto ni algo ajeno a tu ser.

Una enseñanza Zen dice: "conocerse a si mismo es olvidarse de si mismo, olvidarse de si mismo es estar en unidad con el cosmos entero"

Cada vez que te propongas aprender debes esforzarte como el que más, y los limites de tu aprendizaje estarán determinados por tu propia naturaleza y la determinación de tu búsqueda. Por eso, no tiene sentido hablar del conocimiento como si fuera algo separado, o algo que existe por si mismo.

El miedo al conocimiento es natural; todos lo experimentamos, y no podemos hacer nada al respecto. Porque el conocimiento es luz y nuestra mente ordinaria está demasiado acostumbrada a funcionar en la oscuridad, por eso andamos a tientas, inseguros y sin confianza.

Pero por temible que sea el aprendizaje, es más terrible la idea de un hombre sin conocimiento.

Hablamos de camino, pero tampoco se trata de un camino fijo, trazado de antemano por otro, como una vía o una autopista.

Cualquier cosa es un camino entre un millón de caminos. Por eso debes tener presente que un camino es sólo un camino; si sientes que no deberías seguirlo, no debes permanecer en él bajo ninguna circunstancia, pero tu decisión de mantenerte en ese camino o de abandonarlo debe estar libre de miedo o ambición.

Debes observar cada camino de cerca y de manera deliberada. Y hay una pregunta fundamental que debes hacerte: ¿Tiene corazón este camino?

Todos los caminos son lo mismo: no llevan a ninguna parte porque tampoco vienen de ninguna parte.
Sin embargo, un camino sin corazón nunca es agradable y si no hay agrado no hay aprendizaje.

La memoria depende de la energía del corazón

Pero un camino con corazón resulta sencillo y no te costará esfuerzo tomarle gusto; el viaje se te hará más fácil y gozoso y mientras lo sigas, serás uno con él.

Existe un mundo de felicidad donde no hay diferencia entre los seres y las cosas porque en él no hay nadie que pregunte por las diferencias.

Sin embargo ése no es el mundo actual del ser humano. Algunos  tienen la arrogancia de creer que pueden vivir en dos mundos, pero eso es pura ilusión.
Hay un único mundo para nosotros. Somos seres humanos, y debemos transitar con alegría el mundo de los seres humanos.

Los límites y la apariencia de ese mundo lo determina tu nivel de conciencia

Lo importante es no confundirse, puedes hacer tu camino en esta vida con tu ser ordinario o con tu ser luminoso.


La diferencia está en el conocimiento.


viernes, 11 de noviembre de 2011

La educación del futuro





Todo conocimiento conlleva el riesgo del error y de la ilusión. La educación del futuro debe afrontar el problema desde estos dos aspectos: error e ilusión.

Es una tarea dedicada y profunda, ya que no es para nada fácil reconocer el error y la ilusión, particularmente si el cerebro ha sido condicionado para funcionar en el marco del error y la ilusión.

Podemos definir al error como un concepto equivocado o un juicio falso, mientras que la ilusión es una idea, imagen o representación no real, causada por la imaginación o por un engaño de los sentidos.

Error e ilusión parasitan la mente humana desde sus orígenes. Basta con observar la historia de la humanidad en todos sus dominios: religioso, científico, socio-cultural, etc.
Como lo refiere el filósofo y sociólogo francés E. Morin: “Cuando consideramos el pasado, incluyendo el reciente, sentimos que ha sufrido la influencia de innumerables errores e ilusiones. Marx y Engels enunciaron justamente en La Ideoloqía Alemana que los hombres siempre han elaborado falsas concepciones de ellos mismos, de lo que hacen, de lo que deben hacer, del mundo donde viven. Pero ni Marx ni Engels escaparon a estos errores”.

Un conocimiento no muestra una realidad objetiva, que como ya vimos, no existe como tal (ver entradas anteriores). Es decir que este conocimiento no es el espejo del mundo exterior o de las cosas tal cual son. Todas las percepciones son a la vez traducciones y reconstrucciones cerebrales, a partir de señales y estímulos captados y codificados por los sentidos.
A continuación esta información es interpretada y a partir de este conocimiento se elabora una respuesta.

De manera que cualquiera de estos pasos en el mecanismo del conocimiento pueden inducir al error o a la ilusión: 1) en la percepción (recepción de señales: auditivas, visuales, propioceptivas, etc.), en la traducción e interpretación de la información, y por supuesto si esto no es corregido, se generará una respuesta equivocada o inadaptada, bajo la forma de pensamiento, palabra o acción.

A pesar de nuestros controles racionales, la proyección de nuestros deseos o de nuestros miedos, las perturbaciones mentales que aportan nuestras emociones o el exceso de trabajo mental, multiplican los riesgos de error.

Es posible que eliminando la afectividad se reduzca el margen de error. 
El exceso de emociones o la falta de control sobre ellas pueden nublar el entendimiento: el odio, el amor, el miedo, la tristeza, demasiado rechazo, demasiada atracción…
Pero es sabido que el desarrollo de la inteligencia esta estrechamente ligado al afecto, de hecho las principales estructuras neuronales relacionadas con el aprendizaje y la memoria se encuentran en el cerebro medio o emocional (sistema límbico). La pasión, la curiosidad, la necesidad pueden ser motores que impulsen el conocimiento.
Existe el dicho: “La necesidad es la madre del ingenio”

La afectividad puede estimular el conocimiento y también puede asfixiarlo.

Existe una relación estrecha entre la inteligencia y la afectividad: la capacidad de aprendizaje puede ser afectada por una carencia emocional o por la indiferencia afectiva, pero puede aumentarse con cariño y respeto.

¿Cómo hacer para reconocer el error o la ilusión?

No es algo tan simple teniendo en cuenta que la mayoría de las personas son educadas (y entrenadas) para aceptar conceptos erróneos y creer que sus percepciones ilusorias son reales.

Es necesario que la educación aporte la capacidad para filtrar señales y “ruido” nocivo, particularmente en una sociedad cada vez más saturada de estímulos.
Se debe enseñar a mirar, a escuchar, a moverse en un determinado medio, a desarrollar una actitud crítica y libre, a conocer los recursos internos y externos de los que se disponen para resolver una determinada situación.

Con este propósito hay que introducir y desarrollar en la educación el estudio de las características cerebrales, mentales y culturales del conocimiento humano, de sus procesos y modalidades.

Fomentar la capacidad de concentración y de foco y el desarrollo de la atención sutil. Esto permite que la actividad cerebral se vuelva coherente, y será esto lo que favorecerá la apertura de la mente y la expansión de la conciencia.

En otras palabras: se debe enseñar a aprender, y no llenar el cerebro de información inútil e incoherente y mayormente tendenciosa.

Es el conocimiento previo al conocimiento. Es la información que permite descartar la basura y los virus informáticos (miedo, confusión, dependencia, letargo mental, etc) y acceder a la verdadera información.

La humanidad va en esta dirección. 

Aunque todavía preparamos a los niños y jóvenes con conceptos y dogmas antiguos y obsoletos para vivir en un mundo futuro.
El resultado: mala adaptación, pérdida de interés por el conocimiento, poco desarrollo de la inteligencia, falta de capacidad para reconocer el error y la ilusión, inestabilidad emocional, etc. En consecuencia se crean personalidades dependientes y/o conflictivas.

La educación debe entonces dedicarse a la identificación de los orígenes de errores, de ilusiones y de cegueras y orientar hacia el verdadero conocimiento de si mismo.

No es necesario atiborrar de información, también hay que enseñar a parar la “máquina”. El ser humano superior incluye la meditación, la introspección y la contemplación como parte de los hábitos de su vida.

El mejor filtro para los errores de percepción y de interpretación es el silencio interior y la negación de las fabricaciones mentales. 
La práctica de zazen es un tesoro transmitido desde los orígenes de la humanidad. La conciencia que se observa a si misma y trasciende los límites de su individualidad. Esta provoca un aumento de luz coherente que disipa la oscuridad de la duda y la ignorancia.

De esta manera se puede crear un “presente” siempre nuevo y fresco y cortar la secuencia de información que proyecta una y otra vez la misma realidad ilusoria.

La verdadera educación debe enseñar a cada individuo a crear en su vida condiciones de salud y felicidad, tomando en cuenta todos sus niveles existenciales, sutiles y físicos. Esto inevitablemente afecta también a su entorno, que se vuelve sano, feliz y más inteligente.

En el futuro la educación es así.