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miércoles, 29 de febrero de 2012

Tiempo y conciencia II


El momento presente

…o la conciencia del ahora.



 Cada experiencia consciente es un momentos discreto (separado), que se encadena con el momento contiguo, forman un flujo en el tiempo, o más bien un collage de momentos organizados arbitrariamente, cuya continuidad es una ilusión de la memoria
Incluso esta "cadena" de pensamientos que crea una verdadera corriente de conocimiento, esta formada por información "residual" en la memoria, programas subconscientes y otras vibraciones que no registramos y ni siquiera nos pertenecen.

En cualquier caso, nos percibimos conscientemente como una continuidad, un "flujo" de tiempo, y este aparente flujo del tiempo además puede variar.
Todos experimentamos la “relatividad” del tiempo. Ante situaciones extremas o no ordinarias, la noción del tiempo cambia.
Durante zazen, la percepción del tiempo varía. La inmovilidad y el no pensamiento modifican drásticamente la geometría del espacio-tiempo (la realidad, en otras palabras), permitiendo que la conciencia se expanda y cambie de dimensión al no encontrar los límites de la percepción ordinaria ni del pensamiento consciente.

Si estamos con alguien que amamos el tiempo pasa más rápido que si estamos con alguien que no queremos. Si hacemos algo que nos gusta, el tiempo pasa “volando”, pero cuando hacemos algo que no nos agrada el tiempo pasa lento…muy lento…

Algunos deportistas de alto nivel, como el jugador de fútbol Lionel Messi o el atleta Usaín Bolt son capaces de sobresalir porque se mueven mucho más rápido que sus rivales, los cuales parecen reaccionar en cámara lenta.


Velocidad física a un lado, esta capacidad se relaciona con un aumento en la frecuencia de los eventos conscientes en las neuronas implicadas.


Por ejemplo, si Messi tiene 60 eventos conscientes por segundo, y los defensores sólo tienen 40 eventos conscientes por segundo (que es la media), Messi tiene 50% más de percepciones, decisiones y reacciones sobre cualquier intervalo de tiempo, dado que sus rivales parecerán moverse “más lentamente”. Es decir, su cerebro procesa mas información y más rápido. Como los procesadores actuales de 5ª generación (Pentium de doble núcleo) con respecto a los de hace más de 5 años (Pentium 4).

El caso contrario es, por ejemplo, alguien que ha bebido alcohol en exceso. El alcohol, que es un depresor del sistema nervioso provoca menos eventos conscientes por segundo, y por lo tanto su percepción consciente es que los acontecimientos en el resto del mundo se están produciendo con mayor rapidez que el ritmo de su propia percepción (por eso no es una buena idea conducir un coche en estas condiciones).

Esta modificación en el hardware cerebral es una característica de la evolución humana, las nuevas generaciones vienen con un sistema físico mejor adaptado y que rinde más, o sea, más inteligente. Algunos individuos se adelantan a su tiempo y pueden tomar el camino de la genialidad...o la locura, depende.

También dada la plasticidad del cerebro, con entrenamiento adecuado, una persona puede cambiar su programación, mejorar el procesador, aumentar el número de conexiones neuronales y optimizar el funcionamiento cerebral, lo que se traduce en una mayor inteligencia y expansión de su conciencia. Esto brinda un número mayor de posibilidades al gestionar el cerebro más cantidad de información simultáneamente.



Otra de las características extrañas de la conciencia es la sincronía temporal de los estímulos sensoriales.
Incluso los actos simples como caminar, involucran una cantidad enorme de estímulos sensoriales (que en esencia son energía e información) que son coordinados de manera compleja para darnos una sensación de percepción unificada.

Las sensaciones táctiles de los pies en contacto con el piso viajan a través de las vías nerviosas sensitivas en un recorrido bastante largo y lento, debido a los tiempos de conducción y los retrasos sinápticos, a través de las piernas y la médula espinal hasta el cerebro… pero la información visual de ver a nuestros pies en contacto con el piso llega a nuestro cerebro mucho más rápido a través de los nervios ópticos.
Sin embargo, percibimos la información visual y táctil como simultáneas.
Nuestra percepción consciente no es sincronizada (vemos a nuestros pies golpear el piso y una fracción de segundo más tarde los sentimos golpear el piso), pero los recordamos como sincronizados, el cerebro hace una revisión globalizada del suceso.
Esto implica que nuestra visión de la realidad es puramente una construcción, o sea, una ilusión.

Otra explicación es que las percepciones rápidas (visión) se retrasan para esperar a la percepción lenta (tacto).
Esto implica que estaríamos constantemente "viviendo en el pasado”.

Nuestra conciencia va retrasada con respecto a la realidad.

Hay otro hecho. La evidencia experimental sugiere que el cerebro refiere la información "hacia atrás en el tiempo".

De hecho esta referencia hacia atrás puede ser algo trivial, lo que nos permite vivir el momento presente a pesar de los retrasos finitos en nuestra experiencia sensorial. Este mecanismo nos permite actuar, y luego un poco más tarde decidir acerca de la acción.
En el reino cuántico el tiempo es incierto y los eventos se pueden ejecutar en el sentido inverso. De manera que la información puede provenir del futuro y a su vez del presente enviar información al pasado.

Hablamos de presente, pasado, futuro, pero en el nivel fundamental no hay separación.
Cada punto de la existencia contiene al pasado y al futuro.
Desde este "aquí y ahora" podemos enviar y recibir información de todas las direcciones del tiempo y el espacio.
Podemos modificar un recuerdo, embellecerlo, iluminarlo y ese hecho ya está iluminando nuestro presente.
Podemos enviar información al futuro, modelando sutilmente la geometría del espacio-tiempo con un propósito o una intención y al mismo tiempo recibir información de nuestro futuro.
Seguramente nuestro ser de mañana estará recordando este hoy de la misma forma que nuestro ser de hoy recuerda ayer.
Verdaderamente está más cercano a la magia que a la ciencia.
Es difícil comprender esto conscientemente ya que la experiencia consciente se mueve hacia adelante en el tiempo, de pasado a futuro y la mente inevitablemente tiende a hacer categorías y a darle forma a las cosas.

Pero en los niveles fundamentales todo es posible. Es cuestión de probabilidades. La intención es determinante. La intención es el propósito focalizado. Es la conciencia enfocada en algo. En el microscópico mundo cuántico la conciencia genera densidad de energía e información en cualquier punto y esto modifica (curva y modela) la geometría del espacio-tiempo, es decir el sustrato de la realidad.

Nuestro cerebro está acostumbrado a "particularizar" lo que percibe ya que el sistema de sensores (órganos de los sentidos) esta diseñado para captar partículas (forma, materia), pero, y esto es un hecho,
existen al mismo tiempo una infinidad de campos de energía e información que se condensan momentáneamente en materia, partículas, con información y existencia propia.
A esto la física lo llama dualidad onda-partícula.
En realidad lo que percibimos como sólido y "real" es el resultado de múltiples interconexiones y no existe por si mismo. La realidad fundamental es de interconexión, de interdependencia de todos los seres, cosas y fenómenos.
En el nivel cuántico se le llama entrelazamiento. Las partículas surgidas de la misma fuente comparten la información, permanecen entrelazadas (entangled) más allá del tiempo y el espacio. La información que recibe una la registra la otra (u otras) instantáneamente. La transferencia de información hacia atrás en el tiempo puede explicarse así por el entrelazamiento cuántico.

Este principio de la mecánica cuántica y que es uno de los fundamentos de la física moderna, es la base de la enseñanza de Buda y de otros maestros espirituales desde hace miles de años.
La realidad que percibimos (incluso cada uno de nosotros), es solo una manifestación, un fenómeno emergente y pasajero surgido del campo de infinitas posibilidades.

La esencia de nuestra vida no es la forma sino la interconexión con todos los seres y cosas.

One heart, one love...







miércoles, 11 de enero de 2012

El indeterminismo de los niveles fundamentales



Prácticamente todas las culturas ancestrales consideraban al universo como una unidad, y al ser humano como una parte de él. Pero fue a partir de las descripciones y conceptos de Newton, Descartes y Leibniz entre otros, las que desarmaron la estructura del universo como un todo y crearon este modelo de universo mecánico, que funciona más bien como un mecanismo de relojería y en el que no hay anomalías. En este modelo, la mente está separada del cuerpo y el cuerpo esta separado de todo lo demás, y esta idea de “separación” e individualidad creo la base del pensamiento occidental.

De manera que las ciencias, como la física, la biología, la química, la astronomía, la lógica y la matemática, incluso las ciencias llamadas sociales, como la antropología, la economía y la sociología, se han visto influidas y determinadas por esta concepción material y separatista del universo.

Durante mucho tiempo, los físicos estuvieron convencidos de que el universo estaba completamente determinado: correspondiendo todas las observaciones con un conjunto de partículas puntuales y energía interaccionando unas con otras mediante leyes fijas. Sabiendo la posición y la velocidad inicial de todas las partículas era posible predecir con absoluta precisión lo que sucedería después.
Esta forma “dura” de mirar a un universo mecánico y de causas y efectos predecibles, venía con un enorme peso ya desde la época de Newton.

Nos acostumbramos a esta idea. Vivimos en un universo controlado por leyes categóricas e inmutables, que se parece más a una maquina que a algo vivo, un universo con procesos determinados y sin singularidades.
Incluso el cuerpo ha sido descripto como una máquina, con órganos, aparatos y sistemas, vistos en forma separada, que funcionan con cierta independencia y de forma refleja y previsible.
La mente, las emociones, los aspectos sutiles de la existencia y todo lo que se relacione con la conciencia, fue “empaquetado” y puesto aparte.

De acuerdo con esta concepción, esta “máquina biológica” trabaja con 2 centrales fundamentales: el corazón y el cerebro, que conectan con el resto del cuerpo y entre ellos mediante impulsos eléctricos y químicos y está programada por un código genético invariable contenido en el ADN.
La ciencia médica sigue este modelo. Los médicos y terapeutas son formados con esta mentalidad: el cuerpo y la mente son dos entidades diferentes y la enfermedad es un mal que se debe erradicar.
Ahora sabemos que esta visión es incorrecta.

Sabemos que la materia es en realidad energía condensada y que los pensamientos son energía e información, por lo tanto materia y energía son equivalentes, esto ya ha sido demostrado por Einstein hace 1 siglo y por los chinos hace más de 20 siglos.
Cuerpo y mente no son dos realidades diferentes. No existen por separado.

Los pensamientos son ondas de información y energía, que se transforman en partículas (materia). Por cierto, no hay que confundirse, cuando decimos que la materia vibra, no significa que las partículas (como los electrones) están oscilando alrededor de un punto de equilibrio. Las partículas no oscilan: las partículas son la oscilación. Ambas cosas son la misma, no es una cosa (la partícula) efectuando una acción (la oscilación). 
La vibración es la masa.

Nuestra manera ordinaria de percibir la realidad es dualista (binaria), así funcionan en el cerebro los procesos algorítmicos conscientes: 0/1, negro/blanco, enciendo/apago, bueno/malo, onda/partícula, espíritu/materia.
¿Qué son en realidad las cosas: ondas o partículas? ¿Ondulaciones insustanciales o materia sólida?
Nuestros conceptos de partícula onda se basan en la información que obtenemos a través de los sentidos. Son términos con una gran antigüedad y bien enraizados en nuestra cultura, y determinan la manera que tenemos de percibir las cosas.



Nuestros cerebros están configurados para captar la forma, la "particularidad", por eso vemos las formas y corporizamos las percepciones con mucha facilidad, y también con la misma facilidad nos sentimos aislados y separados del resto. 
Para percibir nuestra naturaleza insustancial, nuestro aspecto ondulatorio, no manifestado, que está en interconexión con el resto del universo, debemos comenzar a percibir la realidad desde otro lugar del ser. El cerebro se reprograma, gracias a su capacidad plástica y la mente se libera de su prisión perceptual. Esta verdadera expansión de la conciencia modifica el sustrato del mundo físico.

A pesar de que todo el mundo tiene claro lo que es una partícula y lo que es una onda: nadie confunde un ladrillo con un rayo de luz, la primera idea que tenemos de ambas cosas es mutuamente excluyente: si es sólido no puede ser insustancial. Decir que algo es onda y partícula, fluctuación y materia, nos parece similar a decir que algo es no azul y azul a la vez. Y ahí está el primer obstáculo a superar.

La cuestión no es sólo que esa idea es falsa, sino que es contraria a la realidad. Es decir: “partícula” y “onda” no son lo mismo que “azul” y “no azul”, y no porque sean características independientes que a la vez  pueden ser ciertas, como “azul” y “bello” —estas deben necesariamente ser ciertas a la vez.  Algo así como “azul” y “blue”. La misma cosa con nombres distintos. Si entendiste esto, has superado ese primer obstáculo y estás listo para saltar sobre el segundo, que es algo más sutil — lo de “azul” y “blue” es sólo una primera aproximación a la realidad.

En realidad, cuando llamamos a algo “partícula” o bien “onda” no estamos definiendo lo que es, sino lo que hace o como se manifiesta ante una situación determinada.

La verdadera naturaleza de las cosas no es algo que podamos experimentar directamente al interaccionar con ellas por medio de la percepción clásica, de modo que decir que las cosas son “ondas que a veces parecen partículas” o “partículas que a veces parecen ondas”, no es lo correcto.
En el mundo cuántico las cosas cambian su comportamiento si son observadas.
De manera que cuando nombramos a las cosas como partículas u ondas, en realidad estamos designando la manera que tienen de comportarse en una cierta condición o circunstancia.

Llamamos a las cosas ondas o partículas porque, cuando interaccionamos con ellas, lo hacemos de modos específicos. Estamos dando nombres a la manera en la que esas entidades se manifiestan y no a lo que son en esencia. 

Podríamos también decir: “El universo está formado por ondículas que en determinadas circunstancias se comportan de cierta manera, a la que hemos llamado tradicionalmente “onda”, y en otras se comportan de una manera diferente, a la que hemos venido llamando “partícula”. Pero las cosas no son ondas ni partículas: son ondículas.
La cuestión es que algunas ondículas son muy ondas y hacen falta experimentos muy específicos para revelar su comportamiento corpuscular y otras ondículas son muy particulares y no muestran fácilmente su naturaleza ondulatoria.

Nuestro cuerpo físico tiene solidez aparente porque esta hecho de una infinitud de átomos que vibran a una altísima frecuencia.
Esencialmente son oscilaciones de la misma cosa. Esta “cosa” o entidad (para darle un nombre) es la conciencia
El sustrato de todo lo que existe es la conciencia.

La diferencia la hacen las categorías humanas y la necesidad de describir con palabras y fórmulas el universo en el que vivimos. Son nuestros sentidos los que captan la información de una determinada manera, y como los sentidos, por su diseño y por educación, perciben una realidad “particular”, interpretamos y creamos siempre una realidad física y sólida (generalmente la misma). 
El problema con el que se topa la ciencia es que no siempre las descripciones se ajustan a lo “real”. El universo es lo que es y nuestras descripciones y conceptos nunca podrán explicarlo con exactitud en su totalidad.
Bohr formuló en la interpretación de Copenhague lo que se conoce como el principio de complementariedad, que establece que ambas descripciones, la ondulatoria y la corpuscular, son necesarias para comprender el mundo cuántico y por lo tanto la realidad material. 
Bohr también señaló que mientras en la física clásica un sistema de partículas en dirección funciona como un aparato de relojería, independientemente de que sean observadas o no, en física cuántica el observador (la conciencia) interactúa con el sistema en tal medida que el sistema no puede considerarse como una existencia independiente. 
El sujeto y el objeto son uno.

Por otra parte Einstein y Schrödinger se oponían a esta idea de indeterminismo. El problema surge a partir del proceso de medición. En la física clásica, medir significa revelar o poner de manifiesto propiedades que estaban en el sistema ya antes de que lo observemos.
En mecánica cuántica el proceso de medición altera de forma incontrolada la evolución del sistema. Constituye un error pensar dentro del marco de la física cuántica que medir es revelar propiedades que estaban en el sistema con anterioridad. Y esto sucede porque los fotones de luz del observador impactan e interfieren con los electrones intercambiando energía e información y cambiando el estado del sistema. Es lo que se llama: colapso o reducción de la función de onda.

En los años 20, en los principios de la física cuántica, Heisenberg (junto a Max Born y otros) demostró con su mecánica matricial que no se puede saber con exactitud la posición y el momento de una partícula. Cuanto más sabemos sobre la posición de un electrón, por ejemplo, menos datos disponemos sobre su velocidad. Cuanto más averiguamos sobre su movimiento más borrosa se vuelve su ubicación.

La relación de incertidumbre de Heisenberg refleja una vez más esta dualidad de la naturaleza, aunque en este caso referida a otras propiedades físicas de la materia, como la posición y el momento. Si diseñas un experimento que muestre una cosa, la complementaria está “oculta”. Al menos, en el caso de la relación de indeterminación, no se trata de una elección binario sí/no, tiene que ver más bien con el grado: cuanto más te fijas en una cosa, más borrosa se vuelve la otra.
Si elegimos medir con precisión la posición de una partícula la forzamos a presentar mayor incertidumbre en su momento, y viceversa; escogiendo un experimento para medir propiedades ondulatorias se eliminan peculiaridades corpusculares, y ningún experimento puede mostrar ambos aspectos, el ondulatorio y el corpuscular, simultáneamente.
  

Seres ondulatorios

Debido a esta “particularidad” de la observación y de la percepción, captamos solo el lado "corpóreo" de la realidad. Nuestra mirada particulariza al universo, lo vuelve físico y definido. La ilusión de los sentidos lo hace material. El cerebro es el arquitécto.

A fines del siglo 19,  la luz era tratada como una onda ya que presentaba fenómenos ondulatorios como la difracción y la interferencia.
La difracción se basa en el curvado y esparcido de las ondas cuando encuentran un obstáculo o al atravesar una rendija. La difracción ocurre en todo tipo de ondas, desde ondas sonoras, ondas en la superficie de un fluido y ondas electromagnéticas como la luz y las ondas de radio.  La interferencia es el resultado de la superposición de dos o más ondas
Cuando las ondas chocan o “interfieren” entre sí, se altera momentáneamente su forma  y dependiendo de sus fases la interferencia será constructiva o destructiva (desfasada). Este fenómeno crea patrones de interferencia.


Cada célula registra el patrón de interferencia de las ondas lumínicas (que funciona parecido a un código de barras), y con esta información realiza sus reacciones químicas y mantiene su metabolismo.

En esencia somos seres luminosos realizando por un breve momento, una experiencia de vida "particular".  


lunes, 24 de octubre de 2011

La conciencia y la luz


En física moderna, el fotón es la partícula elemental responsable de las manifestaciones cuánticas del fenómeno electromagnético.

Es la partícula portadora de todas las formas de radiación electromagnética, incluyendo a los rayos gamma, los rayos X, la luz ultravioleta, la luz visible (espectro electromagnético), la luz infrarroja, las microondas, y las ondas de radio.

El fotón no tiene masa y viaja en el vacío con una velocidad constante (300.000 km/seg).

Como todos los cuantos, el fotón presenta tanto propiedades corpusculares como ondulatorias (dualidad onda-partícula). Se comporta como una onda en fenómenos como la refracción que tiene lugar en una lente, o en la interferencia destructiva de ondas reflejadas; sin embargo, se comporta como una partícula cuando interacciona con la materia para transferir una cantidad fija de energía.


Los fotones de Einstein

En 1905, Albert Einstein logró una notable explicación del efecto fotoeléctrico, un experimento hasta entonces preocupante que la teoría ondulatoria era incapaz de explicar. Lo hizo postulando la existencia de cuantos de luz con propiedades corpusculares: los fotones.

En el efecto fotoeléctrico se observaba que si un haz de luz incidía en una placa de metal producía electricidad en el circuito. Presumiblemente, la luz liberaba los electrones del metal, provocando su flujo. Sin embargo, mientras que una luz azul débil era suficiente para provocar este efecto, la más fuerte e intensa luz roja no lo provocaba. De acuerdo con la teoría ondulatoria, la fuerza o amplitud de la luz se hallaba en proporción con su brillantez: La luz más brillante debería ser más que suficiente para crear el paso de electrones por el circuito. Sin embargo, extrañamente, no lo producía.

Einstein llegó a la conclusión de que los electrones eran expelidos fuera del metal por la incidencia de fotones. Cada fotón individual acarreaba una cantidad de energía E, que se encontraba relacionada con la frecuencia ν de la luz, mediante la siguiente ecuación:

E=hv

Donde h es la constante de Planck (cuyo valor es 6,626 × 10−34 J.s).

Sólo los fotones con una frecuencia alta (por encima de un valor umbral específico) podían provocar la corriente de electrones. Por ejemplo, la luz azul emitía unos fotones con una energía suficiente para arrancar los electrones del metal, mientras que la luz roja no. Una luz más intensa por encima del umbral mínimo puede arrancar más electrones, pero ninguna cantidad de luz por debajo del mismo podrá arrancar uno solo, por muy intenso que sea su brillo.

Einstein ganó el Premio Nobel de Física en 1921 por su teoría del efecto fotoeléctrico.

La paradoja de la dualidad onda-corpúsculo es resuelta en el marco teórico de la mecánica cuántica. Dicho marco es profundo y complejo, además de imposible de resumir brevemente.

Cada partícula en la naturaleza: fotón, electrón, átomo o lo que sea, puede describirse en términos de la solución de una ecuación diferencial, un ejemplo típico es la ecuación de Schrödinger, pero también la ecuación de Dirac. Estas soluciones son funciones matemáticas llamadas funciones de onda. Las funciones de onda pueden difractar e interferir con otras o consigo mismas, además de otros fenómenos ondulatorios predecibles descritos en el experimento de la doble rendija.

Las funciones de onda se interpretan a menudo como la probabilidad de encontrar la correspondiente partícula en un punto dado del espacio en un momento dado.

Por ejemplo, en un experimento que contenga una partícula en movimiento, uno puede buscar que la partícula llegue a una localización en particular en un momento dado usando un aparato de detección que apunte a ese lugar. Mientras que el comportamiento cuántico sigue unas funciones determinísticas bien definidas (como las funciones de onda), la solución a tales ecuaciones son probabilísticas. La probabilidad de que el detector encuentre la partícula es calculada usando la integral del producto de la función de onda y su complejo conjugado.

Aunque consideremos a la función de onda como una propagación de la partícula en el espacio, en la práctica el detector verá o no verá la partícula entera en cuestión, nunca podrá ver una porción de la misma, como dos tercios de un electrón. He aquí la extraña dualidad: La partícula se propaga en el espacio de manera ondulatoria y probabilística pero llega al detector (observador) como una partícula completa y localizada.

Mientras la mecánica cuántica hace predicciones precisas sobre el resultado de dichos experimentos, su significado filosófico no es comprendido por la ciencia. Esto a generado discusiones infinitas y el debate ha evolucionado como una ampliación del esfuerzo por comprender la dualidad onda-corpúsculo. ¿Qué significa para un protón comportarse como onda y como partícula? ¿Cómo puede ser un antielectrón matemáticamente equivalente a un electrón moviéndose hacia atrás en el tiempo bajo determinadas circunstancias, y qué implicaciones tiene esto para nuestra experiencia unidireccional del tiempo?, otra punto desconcertante para nuestra experiencia cotidiana ¿Cómo puede una partícula teletransportarse a través de una barrera mientras que un balón de fútbol no puede atravesar una pared de ladrillos?

En este punto mueren las palabras y los conceptos se vuelven limitados.

Los fotones son los responsables de producir todos los campos eléctricos y magnéticos, y a su vez son el resultado de que las leyes físicas tengan cierta simetría en todos los puntos del espacio-tiempo.

La conciencia es el verdadero sustrato de la materia, por lo que también se ajusta a los principios de la mecánica cuántica. La conciencia no es algo extraño al mundo cuántico: las partículas elementales asocian los cambios en su medio a la interferencia del observador.

Existe un diálogo inexplicable entre el ser humano y la partícula.

Pero que no se pueda explicar, no significa que no se pueda comprender. Podemos participar concientemente de esta íntima relación entre el espíritu y la materia.

La conciencia se manifiesta a partir de una relación de fotones virtuales coherentemente ordenados en el sistema cuántico del cerebro.


Partículas virtuales

Una partícula virtual es una partícula que existe durante un tiempo tan corto que debido al principio de indeterminación de Heisenberg no es posible medir sus propiedades de forma exacta. El término "partícula virtual" se utiliza en contraposición a "partícula real" para explicar las infracciones que aquella parece cometer contra las leyes de conservación (de la energía, momento, carga, etc.) durante sus interacciones, y cuanto menos tiempo parece existir más leyes físicas infringe.

Las fuerzas fundamentales son transmitidas por bosones llamados: bosones de gauge, como el fotón, bosones W y Z y el gluón. Cuando éstos bosones transmiten las fuerzas son virtuales, y son creados en el vacío.

Incluso en el vacío más perfecto, ya sea el que puede ser creado en un laboratorio, en el espacio intergaláctico o el vacío interatómico, son creados continuamente bosones de gauge con una existencia extremadamente breve.

La mecánica cuántica predice que la energía del vacío nunca puede llegar a ser cero. La energía menor posible del vacío se llama energía del punto cero, y es precisamente esta poca (aunque no nula) energía de las partículas virtuales. Éste modelo de vacío se llama vacío cuántico.

El maestro zen Keizan Jokin escribió en el año 1300:

Según se dice, Dogen realizo la Vía cuando se dio cuenta de que la práctica del Zen requiere del abandono del cuerpo y de la mente. Efectivamente, la práctica del Zen consiste en el abandono del cuerpo y de la mente ordinaria. No es posible adentrarse en la Vía sin abandonar el cuerpo y la mente.

Quizás crean que el cuerpo se reduce a la carne, a los huesos y a la médula pero, si observan en profundidad, no descubrirán ni el menor rastro de ellos.

Deben experimentar por ustedes mismos.

Presten atención y descubran que existe un cuerpo que no se halla confinado a la piel, a la carne, a los huesos y a la médula.

Un cuerpo del que no podrán desprenderse por más que lo intenten, un cuerpo que jamás podrán abandonar. Es por esto por lo que, al referirse a esta condición, los patriarcas dijeron: “Cuando todo se ha vaciado todavía queda algo que no puede ser vaciado”.

Una vez que clarifiquen completamente este punto, ya no dudarán de los venerables patriarcas ni de los budas pasados, presentes ni futuros”.


Algunos de estos bosones también se presentan reales en distintos fenómenos:

Los fotones son partículas reales cuando los observamos en cualquier tipo de radiación electromagnética, como la luz o los rayos X. Cuando transmite la interacción electromagnética entre partículas con carga eléctrica los fotones son virtuales.

Las partículas fundamentales interactúan electromagnéticamente mediante el intercambio de fotones entre partículas cargadas.

De todas formas la distinción entre “real” y “virtual” no es tan clara en los niveles fundamentales, donde existencia y no existencia son 2 aspectos de una misma dinámica del universo, en el que aparición y desaparición están ligadas a la conciencia del observador. Las cosas existen y no existen al mismo tiempo. Es el observador el que define y particulariza la función de probabilidades.

El observador de esta manera proyecta una realidad entre tantas otras posibles, como resultado del procesamiento subconsciente de la información a nivel cuántico.

Desde la física cuántica se puede afirmar que lo que llamamos realidad no es más que un holograma constituido por partículas elementales ordenadas en nuestro cerebro.

La misma solidez que un sueño.

Desde una perspectiva espiritual, el maestro zen Deshimaru decía.:"En un mundo ilusorio, evanescente como el rocío, solo la práctica continuada de zazen es lo real. Zazen es la forma adulta y acabada de nuestra vida. El retorno a la condición pura y original."



jueves, 11 de junio de 2009

Cuántica: la física de las posibilidades


En su intento por explicar la materia y las fuerzas fundamentales del universo, la física, se topa con un inconveniente. Las teorías y modelos que explican el comportamiento de las partículas subatómicas, no se pueden unir, (de forma matemática, claro) con las teorías que explican la materia y el universo a escala grande, como lo hace la física clásica con las exactas y deterministas leyes de Newton: la gravedad, el movimiento, etc., o la física relativista de Einstein que explica el universo a grandísima escala con la teoría general de la relatividad. Ya aquí no son manzanas que caen de un árbol ni tampoco la fórmula del movimiento uniformemente acelerado de una bola, como en el mundo clásico, sino más bien estrellas, planetas, galaxias, agujeros negros, velocidades cercanas a la de la luz, etc.

La física cuántica estudia el comportamiento de la materia a escalas ínfimas. Se trata del mundo invisible y subyacente de las partículas elementales.

La física cuántica explica que la energía no se intercambia de forma continua, sino que en todo intercambio energético hay una cantidad mínima involucrada, es decir un cuanto (cuantización de la energía). De aquí deriva el nombre "cuántico".

Al ser imposible fijar a la vez la posición y el momento de una partícula, a nivel cuántico no se habla de trayectoria, concepto fundamental en mecánica clásica. En vez de eso, el movimiento de una partícula queda regido por una función matemática que asigna, a cada punto del espacio y a cada instante, la probabilidad de que la partícula descrita se halle en tal posición en ese instante.


A partir de esa función, o función de ondas, se extraen teóricamente todas las magnitudes del movimiento necesarias.
Es decir, la mecánica cuántica es una física probabilística y no determinista como lo es la física clásica. La mecánica cuántica es una física de las probabilidades. No puede saber con presición que es lo que hará esa partícula después (o antes), y si averiguamos su posición no podemos conocer su momento en el tiempo. Este principio de indeterminismo lo describió Werner Heisenberg y se conoce como "relación de indeterminación"

Algunos observables posibles sobre un sistema físico dado son la energía, posición, momento y momento angular.


A nivel cuántico no pueden asignarse valores definidos a estos observables, sino que se hacen predicciones sobre sus distribuciones de probabilidad.

Las propiedades ondulatorias de la materia son explicadas por la interferencia de las funciones de onda.
Estas funciones de onda pueden variar con el transcurso del tiempo.
Esta evolución es determinista si sobre el sistema no se realiza ninguna medida. Pero se produce el colapso de la función de onda cuando se realiza una medida sobre el sistema. El observador afecta el sistema observado. La onda de múltiples posibilidades colapsa, se vuelve una de todas esas posibilidades, se concreta en una partícula de experiencia. Sin observador no hay experiencia.
Resumiendo, a nivel cuántico, la materia puede comportarse como una onda o como una partícula.

Este fenómeno se conoce como dualidad onda-partícula. Y esta es una la de las principales características de la materia a nivel cuántico.
Otras de las características de este nivel microscópico es el llamado entrelazamiento cuántico.
Las propiedades físicas de objetos con un origen común, pueden ser correlacionadas en una amplitud tal que solo pueden ser descritos con precisión si nos referimos a ambos a la vez. Es decir, los objetos entrelazados comparten la información instantáneamente, aunque estén separados por distancias siderales. Lo que le ocurre a uno afecta al otro.

Si consideramos que el universo se inicio por la expansión de un pequeño punto, es lógico pensar que todos los objetos creados a partir de este punto, estén entrelazados, ya que comparten un origen común. También un ser humano es un ejemplo de este modelo universal. Comienza por una célula indiferenciada de la que derivan todas las demás. Esto hace obvio el hecho que nuestras células estén todas conectadas entre sí y a su vez con todo el universo, ya que somos creaciones de ese mismo universo.

La ciencia trata de estudiar y poder explotar el entrelazamiento para el procesamiento de la información y la construcción de nueva tecnología, pero se han dado cuenta de que es muy frágil y que se pierde con facilidad en el mundo macroscópico. Y esta fragilidad pone un límite muy claro a la aplicación práctica del entrelazamiento.

Otra de las características propias de este nivel es la superposición cuántica.

En el mundo cuántico los objetos se encuentran simultáneamente en varios lugares a la vez. Para describir estos objetos, la física recurre a la superposición de estados cuánticos: es una manera de decir que las partículas elementales existen en varios estados superpuestos al mismo tiempo.

El problema surge a la hora de explicar el proceso que reduce esos estados superpuestos al estado concreto que nuestros sentidos perciben en el universo cotidiano. Es evidente que en el nivel macrofísico los objetos se nos presentan en un estado concreto y no superpuesto. De hecho, en el mundo clásico y concreto de la "realidad" conocida, dos objetos no pueden ocupar el mismo espacio.

En 1935, Edward Schrödinger ideó un experimento imaginario para explicar la superposición cuántica y fué conocido como: el gato de Schrödinger.

Pero, ¿porqué no experimentamos la superposición en nuestro mundo cotidiano?.

La respuesta está en la llamada: "decoherencia".

Esta se basa en que los sistemas físicos no están aislados sino que interactúan con otros sistemas físicos, y esta interacción es la que provoca que pierdan los estados de superposición (mientras no interactúe es un sistema coherente, es decir, se encuentra en una indefinida superposición de estados).

De un estado "puro" pasan a un estado "mezclado".

Es esta pérdida de coherencia, esta mezcla, la que permite que un sistema cuántico lo podamos describir por medio de variables clásicas.

Como se ha visto, el observador y el instrumento de medición, ya en sí generan una perturbación y la pérdida de la coherencia en el sistema físico observado.

Pero hay otro factor: el medio ambiente.

La decoherencia es la consecuencia inevitable del enredo incontrolable que tienen todos los sistemas físicos con su ambiente.

El enredo o entrelazamiento quiere decir que la realidad no puede estar localizada en el espacio y en el tiempo. Al estar inevitablemente entrelazados, los estados cuánticos son no-locales y por eso no pueden ser observados ni localizados.
Es a causa de la decoherencia que el mundo "clásico" se vuelve sólido y predecible. De esta forma podemos experimentar la realidad como lo hacemos.