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martes, 1 de octubre de 2024
miércoles, 13 de septiembre de 2023
lunes, 24 de junio de 2013
Los dos mundos
El universo está compuesto de dos órdenes
fundamentales: el orden de lo implícito,
lo no manifestado, el vacío creador del cual surgen todas las manifestaciones
en un flujo ilimitado e incesante, y el orden de lo explícito, que es la forma, el no vacío, son todos los fenómenos
que percibimos por los sentidos, es la realidad de los objetos visibles y
aparentemente concretos.
Tenemos
de una parte el mundo invisible e
inmaterial el cual, en general, no se percibe conscientemente ni por medio de
los sentidos ordinarios ya que es el nivel de la no forma, de la no
manifestación, son campos de energía e información. Se le llama vacío, obviamente
porque lo describimos desde nuestra percepción corporal y particular, pero de
hecho es un “pleno” repleto de energía. Es el mundo del espíritu.
Y por
otra parte percibimos un mundo visible,
tangible, repleto de objetos, personas y situaciones concretas. Es el mundo
físico de la materia. Nuestra realidad en este plano tridimensional de la
existencia.
Ambos
mundos no existen por separado y se crean y controlan mutuamente.
Pero solo el vacío es real.
Todas las creaciones
que emanan de él son ilusorias e impermanentes. Son proyecciones.
Las
formas y objetos presentes en nuestra realidad física son una ilusión de los sentidos, sombras y
reflejos, patrones de interferencia que el cerebro decodifica e interpreta de
acuerdo a su programación básica y a los programas instalados mediante el
aprendizaje y la educación. Creemos que lo que podemos tocar o ver existe por si mismo, independientemente
de nuestra observación, y lo que no podemos “objetivar”, ver o tocar, no existe.
Esta es
la razón por la cual tenemos un punto de vista material de la vida y esta falsa
comprensión trae aparejada miedo, egoísmo, sufrimiento, soledad, aislamiento y la
sensación de que vivimos en un universo frío y hostil, y que si no hacemos
“algo” estamos perdidos.
Tememos morir pero también vivir. Cuando te dicen que la vida es un sueño no lo crees verdaderamente, pero tampoco quieres despertar.
Tememos morir pero también vivir. Cuando te dicen que la vida es un sueño no lo crees verdaderamente, pero tampoco quieres despertar.
Este error
de la percepción se ha incrementado con el conocimiento científico, que tiene
el hábito de separar las partes y conceptualizarlas, para estudiar cada una en
forma aislada y así comprender la totalidad del fenómeno y poder etiquetarlo.
Un sin
sentido que ha contribuido a fragmentar al ser humano y a deshumanizarlo. Despues de todo, ¿Qué es lo que nos hace humanos?: el espíritu.
A
partir de la actividad originada en una pequeña parte del cerebro, ubicada por
lo general en la corteza del hemisferio cerebral izquierdo, proyectamos una
realidad, como un holograma, le
damos el status de “real” y verdadero y luego olvidamos que es una creación nuestra.
Una proyección de nuestra conciencia.
Es como
el que va el cine y cree que el film que está viendo es real y existe por si
mismo, los actores son reales, los efectos son reales, la trama es real, pero
en realidad no podría existir fuera del observador.
Por otra parte es el espectador el que da calidad y “calidez” a las imágenes,
de acuerdo a su percepción, sus emociones y su estado de espíritu.
La
percepción de “solidez” y de que tocamos algo concreto es debida a la alta
frecuencia en la que oscilan las partículas y a que algunas de ellas presentan
un principio de asimetría que no les
permite ocupar el lugar de otra. Estas partículas, como los electrones y también los constituyentes del núcleo atómico: protones y neutrones, son llamados fermiones.
La materia ordinaria está básicamente formada por fermiones y a ellos debe prácticamente
toda su masa. De acuerdo a la descripción del modelo atómico estándar de
la física, los átomos están básicamente formados por quarks que a su vez forman los protones y
los neutrones del
núcleo atómico y también de leptones,
como los electrones que orbitan al núcleo.
El principio de exclusión de Pauli, el
cual rige a los fermiones, es el responsable de la "impenetrabilidad"
de la materia ordinaria, que hace que esta sea una sustancia extensa y
aparentemente sólida. El principio de
Pauli también es responsable de la estabilidad de los orbitales
atómicos haciendo que la complejidad química sea posible.
El otro tipo básico de partícula elemental en la naturaleza
son los bosones, como los fotones. Que no cumplen el principio
de exclusión de Pauli y por lo tanto pueden presentar estados de superposición y coherencia, esto hace posible la luz del tipo láser. Los fotones son partículas
portadoras de información, de orden y coherencia a nivel cuántico.
Los fotones pueden estar en un mismo estado cuántico de
partícula, como en el láser, que es un haz de luz amplificada y coherente (no
diverge como la luz blanca) ya que una multitud de ellos pueden estar en estado
de superposición.
Los fotones pierden su individualidad pero no su información.
Los fotones pierden su individualidad pero no su información.
El
carácter de “proyección” que tiene la realidad que percibimos se puede ver por
el entrelazamiento que existe entre
todos los seres y cosas en este universo consciente
y también por nuestro rol como
observadores.
Somos
creadores y al mismo tiempo estamos siendo creados. La partícula informa al campo y el campo modela a la partícula. Hay una interacción permanente entre
ambos, de hecho no hay separación.
Mundo invisible, mundo visible
Nuestro
mundo visible es una emanación del mundo invisible.
Las
creaciones materiales son creaciones del espíritu.
El
pensamiento consciente es creado por el inconsciente, lo que aparece en la
superficie de nuestra mente y
creemos que lo estamos percibiendo “en tiempo real” ya fue procesado unos instantes
antes en el subconsciente por programas instalados (generalmente por otros) en
nuestra infancia e incluso algunos programas los recibimos como parte de la herencia
genética ancestral.
Además
lo que percibimos como un pensamiento dentro de la cabeza es otra ilusión ya que la mente es no local y no tiene una ubicación fija
ni limitada a un espacio concreto. Puede
existir, y de hecho lo hace, fuera de nuestro cuerpo y además, es esta mente la
que está creando (proyectando) la realidad que percibimos separada de nosotros
y también a nuestro cuerpo físico.
![]() |
| interferencia de ondas |
Por eso
se dice que la mente existe y no existe al mismo tiempo. Se encuentra en un
lado y a su vez en todos lados (o ninguno). Puede estar focalizada en un punto
y también estar extendida en todas las direcciones del espacio-tiempo. Su
naturaleza es infinita, entrelazada y no localizada.
Por
esta causa, si intentas describir o tratar de comprender con el pensamiento
consciente la “realidad” que te rodea, lo que haces es crear más realidad dándole
forma y color a lo que antes no lo tenía, tu mente queda atrapada, literalmente
“enganchada” a los objetos, situaciones y otros seres, y de esta forma eres tu
quien termina siendo creado por la realidad y luego dependes de ella y eso hace
que no tengas el control de tu vida
y no puedas vivir otra realidad que la que conoces.
Nuestra
realidad cotidiana está desfasada, viaja con retraso, el pensamiento ordinario,
secuencial, lógico y contradictorio llega siempre tarde. Es el producto final
de una serie de secuencias de procesamiento de la información, considerando además que muchos procesadores
(cerebros) están desconfigurados y procesando muy por debajo de su capacidad.
Es así que mucha gente vive sus vidas creando realidades incoherentes,
arbitrarias, fragmentadas, sin un sentido verdadero. Y esto es así por que lo
que brinda coherencia y sentido a la realidad que se crea, es la conciencia.
Esta
condición normal de coherencia y equilibrio
surge de la unidad entre la mente y el cuerpo.
A
partir de la atención sutil y de la concentración mental podemos acceder
inconscientemente a los planos más profundos de nuestro ser.
Expandir
la conciencia más allá de sus límites ordinarios es nuestra naturaleza de seres
humanos. En esa dirección vamos evolucionando, hacia una mayor conciencia, un
mayor entendimiento y una mayor compasión.
Vinimos
a aprender. Aparecimos en este plano
físico para mejorar nuestra naturaleza y comprender errores pasados.
Somos
unidades de experiencia participando en la evolución del universo, un universo
que no está lejos, o afuera o separado de nosotros. Cada uno es una
manifestación que contiene la información de la totalidad. Cada uno es en si
mismo un universo, conectado a su vez con múltiples universos y dimensiones.
Si quieres aprender, el viaje es apasionante
No es
necesario acumular bienes ni consumir lo que en verdad no necesitas, ni correr
detrás de algunas cosas o personas y huir de otras, o parecerte a los demás.
Para de
correr. Tomate el tiempo para meditar en silencio. Calma la mente. Vuelve a tu
propia realidad, a tu esencia, a tu ser interior.
Deja
que tu creatividad se exprese. Libre y desapegada. Sin miedo, con confianza en
tu naturaleza.
Se dice
que somos hijos de Dios, eso significa que por nuestras venas corre sangre
divina y tenemos genética de creadores, además de contacto directo con nuestro
creador.
Es así,
estamos hechos con materiales cósmicos y dotados de conciencia infinita, lo que
llamamos muerte y nacimiento son solo cambios de configuración y apariencia,
pero en esencia somos seres luminosos y nuestra verdadera morada es el reino de
la luz eterna.
El
verdadero tesoro es el conocimiento
de si mismo.
![]() |
| zazen, postura de autoconocimiento que favorece la expansión de la conciencia |
miércoles, 15 de diciembre de 2010
Más allá de las apariencias

Para comprender nuestra verdadera naturaleza, es necesario abandonar por completo toda idea preconcebida.
Se ha de empezar por descartar la idea de la existencia o de que todo es sustancial, es decir, con sustancia propia o una naturaleza permanente. La noción usual de la vida está basada firmemente en la idea de la existencia.
Para la mayoría, lo que se percibe es real y existe; se piensa que todo lo que se ve y se oye existe tal cual ahi afuera. Desde ya, el pájaro que vemos y oímos existe, pero lo que uno percibe en este instante puede no ser exactamente lo mismo que lo que otra persona percibe.
Para la mayoría, lo que se percibe es real y existe; se piensa que todo lo que se ve y se oye existe tal cual ahi afuera. Desde ya, el pájaro que vemos y oímos existe, pero lo que uno percibe en este instante puede no ser exactamente lo mismo que lo que otra persona percibe.
La comprensión profunda de la vida debe incluir a la vez la existencia y la no existencia. El pájaro existe y no existe al mismo tiempo.
Esta a su vez es una comprobación científica. Los electrones aparecen y desaparecen todo el tiempo. Más allá de los átomos que componen la materia aparentemente sólida, todo existe en una superposición infinita de posibilidades. La esencia de la materia es tan sólida como un pensamiento.
Esta a su vez es una comprobación científica. Los electrones aparecen y desaparecen todo el tiempo. Más allá de los átomos que componen la materia aparentemente sólida, todo existe en una superposición infinita de posibilidades. La esencia de la materia es tan sólida como un pensamiento.
Nosotros mismos aparecimos de la nada, o mejor dicho del “vacío” y un día desapareceremos en esa misma “nada”.
Para el budismo la noción de la vida basada exclusivamente en la existencia es falsa.
Tomar las cosas demasiado en serio, como si tuvieran sustancia propia o permanente, está considerado una ilusión y fuente de error.
La verdadera existencia viene de la vacuidad y vuelve nuevamente a la vacuidad. Lo que aparece a partir de la vacuidad es la verdadera existencia. Hay que atravesar la puerta de la vacuidad para comprender la verdadera existencia.
La existencia incluye a la no existencia.
Para el budismo la noción de la vida basada exclusivamente en la existencia es falsa.
Tomar las cosas demasiado en serio, como si tuvieran sustancia propia o permanente, está considerado una ilusión y fuente de error.
La verdadera existencia viene de la vacuidad y vuelve nuevamente a la vacuidad. Lo que aparece a partir de la vacuidad es la verdadera existencia. Hay que atravesar la puerta de la vacuidad para comprender la verdadera existencia.
La existencia incluye a la no existencia.
Existimos y al mismo tiempo no tenemos existencia sustancial.
Esta idea de la existencia es muy difícil de explicar y comprender intelectualmente.
Esta idea de la existencia es muy difícil de explicar y comprender intelectualmente.
En la actualidad se comienza ya a sentir, por lo menos intuitivamente, la vacuidad del mundo moderno, la contradicción manifiesta de su cultura. Los valores morales y espirituales, e incluso materiales, van cambiando.
Ya esta claro, por lo menos para muchos, que el “sueño americano” se parece más bien a una pesadilla. La ilusión de la realización material se termina, generalmente, pagando caro. Es evidente, la realidad material es densa, limitada, pesada y deja muchos residuos.
Ya esta claro, por lo menos para muchos, que el “sueño americano” se parece más bien a una pesadilla. La ilusión de la realización material se termina, generalmente, pagando caro. Es evidente, la realidad material es densa, limitada, pesada y deja muchos residuos.
Mientras mantengamos una idea definida del futuro o alguna esperanza respecto de éste, no es posible tomar totalmente en serio el momento presente. Se dirá "puedo hacerlo mañana o el año que viene", pensando que algo que existe hoy existirá mañana. Uno se esfuerza, se preocupa e incluso teme las posibles consecuencias de un futuro que ya se da por hecho. Se espera siempre que si se sigue cierto camino, fijado previamente, al final se alcanzará algo prometedor. Pero no hay camino fijo que exista permanentemente. No hay un camino establecido para nosotros. Tenemos que encontrar el propio camino en todo momento. Paso a paso, punto a punto. Y para cada uno es diferente.
Cualquier idea o camino establecidos por otra persona, por muy perfectos que parezcan, no son el verdadero camino para nosotros.
Cada uno debe trazarse su verdadero camino y, una vez trazado, él expresará el camino universal. Éste es el secreto.
Cualquier idea o camino establecidos por otra persona, por muy perfectos que parezcan, no son el verdadero camino para nosotros.
Cada uno debe trazarse su verdadero camino y, una vez trazado, él expresará el camino universal. Éste es el secreto.
No hay un mapa de ruta. Podemos cambiar de dirección cuando sea necesario. Cada punto contiene a la eternidad. Cada momento es único. Esta es la verdadera comprensión.
Cuando se comprende totalmente una cosa, se comprende todo.
Cuando uno trata de comprender todo, acaba por no comprender nada. Lo mejor es entenderse, conocerse a si mismo y así se comprende todo.
Cuando miramos a los demás buscando alguna certificación, o alguien que nos diga que hacer, terminamos perdidos, generalmente subiendo al autobús equivocado.
Pero si uno se esfuerza en trazar su propio camino y deja de lado las apariencias, ayuda a los demás y estos lo ayudarán a uno. Si no conocemos nuestro propio camino, no podemos ayudar a nadie, y nadie puede ayudarnos.
Para ser independientes en el verdadero sentido, hay que descartar todo lo que se tiene en la mente, las ideas preconcebidas, los prejuicios, los hábitos, los miedos y descubrir algo enteramente nuevo y diferente, momento tras momento. Así es como se vive en este mundo.
Por eso la verdadera comprensión proviene de la vacuidad.
Por eso la verdadera comprensión proviene de la vacuidad.
Lo importante es hacer regularmente "una limpieza general de la casa". En términos informáticos: desfragmentar la información y eliminar los programas y archivos que no sirven.
Hay que sacar todo lo que se tiene en la mente y limpiarlo bien; si es necesario, puede volverse a poner en su lugar y si no nos sirve más, lo descartamos. También se hace un orden, algunas cosas se pueden reubicar y así tener más espacio para nuevas cosas (ideas, programas, nueva información).
Muchos piensan solo en obtener, en acumular y guardar. Con este tipo de actitud se termina agotado, bloqueado, no queda lugar para nada nuevo y si uno debe buscar algo, en todo ese tumulto de pensamientos, emociones y vieja información, es muy difícil encontrarlo.
Para conocer la verdadera libertad hay que aprender a renunciar. La libertad, es renuncia.
La mayor parte del tiempo se tienen varios pensamientos en la mente, uno tras otro en un flujo incesante. Pero si uno quiere detener el pensar, puede hacerlo, porque no hay nadie sobre nosotros que nos impulse a pensar de una manera. No hay muchas mentes, solo hay una mente, la mayoría del tiempo fragmentada en múltiples actividades, como un mar agitado y lleno de olas. Pero el mar se puede calmar, la agitación puede cesar y las olas desaparecer. Parece difícil, pero con la práctica se vuelve natural.
Por lo tanto, cuando se es capaz de detener la agitación de la mente, se aprecia la sensación del propio esfuerzo. Pero mientras tenemos una idea fija o nos aferramos a alguna manera habitual de hacer las cosas, no podemos apreciar las cosas en su verdadero sentido. Nos falta dimensión.
Cuando se busca la libertad, no se la puede encontrar. La libertad absoluta ya existe antes de que uno pueda obtenerla. Ésa es la esencia de la práctica del Zen.
Nuestro camino no va siempre en la misma dirección. Algunas veces vamos a la izquierda, otras a la derecha. Es como ir remando en un bote. Podemos tomar en una dirección o en otra, depende adonde uno quiera ir. A veces, incluso, podemos dejar de remar y permitir que la corriente nos lleve, soltamos los remos y relajados, disfrutamos del viaje.
Esto es libertad. Sin esta libertad, no es posible concentrarse en lo que se hace.
Por lo tanto, cuando se es capaz de detener la agitación de la mente, se aprecia la sensación del propio esfuerzo. Pero mientras tenemos una idea fija o nos aferramos a alguna manera habitual de hacer las cosas, no podemos apreciar las cosas en su verdadero sentido. Nos falta dimensión.
Cuando se busca la libertad, no se la puede encontrar. La libertad absoluta ya existe antes de que uno pueda obtenerla. Ésa es la esencia de la práctica del Zen.
Nuestro camino no va siempre en la misma dirección. Algunas veces vamos a la izquierda, otras a la derecha. Es como ir remando en un bote. Podemos tomar en una dirección o en otra, depende adonde uno quiera ir. A veces, incluso, podemos dejar de remar y permitir que la corriente nos lleve, soltamos los remos y relajados, disfrutamos del viaje.
Esto es libertad. Sin esta libertad, no es posible concentrarse en lo que se hace.
A veces se siente cierto malestar en lo que se está haciendo. Como uno generalmente está sujeto a alguna idea prefabricada de ir a la izquierda o a la derecha, la actividad enfrenta una dualidad. Aparecen la contradicción y la duda a cada momento.
Mientras se está sujeto a esta dualidad, no se puede ser libre y uno no puede concentrarse en lo que debe hacer, ni disfrutar del momento.
La verdadera libertad, es absoluta, ya existe, no se trata de huir o de luchar como un esclavo.
La libertad no es una aspirina.
El espíritu es libre e infinito por naturaleza, no tiene límites.
La concentración no consiste en esforzarse por observar algo de forma rígida. Por ejemplo, durante la meditación (zazen), si uno trata de mirar un punto fijo, se cansa después algunos minutos. Eso no es concentración. Concentración significa libertad. Por eso el esfuerzo no ha de estar dirigido hacia algo. En todo caso es el tipo de esfuerzo que se olvida, que no deja huellas. Uno debe concentrarse en la nada.
Obviamente cuando tenemos que hacer algo, no hay que dudar, hay que hacerlo y punto, sin dejar huellas ni residuos.
En la práctica de zazen, se suele decir que la mente debe concentrarse en la respiración, pero para mantener la mente en la respiración, lo mejor es olvidarse completamente de uno mismo, simplemente sentarse y sentir la respiración.
Si se concentra en la respiración, uno se olvida de sí mismo; al hacerlo, la mente se concentra en la respiración. Así, pues, en realidad no hay necesidad de esforzarse demasiado por concentrarse en la resplración. De la misma manera que ser libre no es un producto del esfuerzo, es más bién un sentimiento y no un concepto o una idea.
Lo práctico es hacer lo que esté al alcance de uno. Ser natural.
La esencia del ser no es algo que se encuentre fuera de cada uno.
La concentración no consiste en esforzarse por observar algo de forma rígida. Por ejemplo, durante la meditación (zazen), si uno trata de mirar un punto fijo, se cansa después algunos minutos. Eso no es concentración. Concentración significa libertad. Por eso el esfuerzo no ha de estar dirigido hacia algo. En todo caso es el tipo de esfuerzo que se olvida, que no deja huellas. Uno debe concentrarse en la nada.
Obviamente cuando tenemos que hacer algo, no hay que dudar, hay que hacerlo y punto, sin dejar huellas ni residuos.
En la práctica de zazen, se suele decir que la mente debe concentrarse en la respiración, pero para mantener la mente en la respiración, lo mejor es olvidarse completamente de uno mismo, simplemente sentarse y sentir la respiración.
Si se concentra en la respiración, uno se olvida de sí mismo; al hacerlo, la mente se concentra en la respiración. Así, pues, en realidad no hay necesidad de esforzarse demasiado por concentrarse en la resplración. De la misma manera que ser libre no es un producto del esfuerzo, es más bién un sentimiento y no un concepto o una idea.
Lo práctico es hacer lo que esté al alcance de uno. Ser natural.
La esencia del ser no es algo que se encuentre fuera de cada uno.
La gran mente lo incluye todo.
Todas las existencias son parte de nuestro espíritu.
Cuando se practica así, finalmente se experimenta la verdadera existencia proveniente de la vacuidad.
Cuando se practica así, finalmente se experimenta la verdadera existencia proveniente de la vacuidad.
El verdadero ser existe más allá de las apariencias.
sábado, 30 de octubre de 2010
El valor de la vida

¿Qué valor tiene la vida?
¿Vale algo nuestra existencia?
¿Por qué tememos perder y morir?
Para empezar debemos tener en claro que es la vida y la existencia.
¿Vale algo nuestra existencia?
¿Por qué tememos perder y morir?
Para empezar debemos tener en claro que es la vida y la existencia.
Parece simple y hasta obvio, pero ¿Qué valor tendría una existencia impermanente constituida en un 1% por materiales reciclables y el 99% restante vacío?
Todo depende del nivel en el que nos situemos para observar.
Desde el punto de vista del universo, la vida y la muerte, no existen. Solo existe la transformación, la alternancia de ciclos. La energía no puede ser creada ni destruida, solo transformada. No nace ni muere. Está fuera de la ilusión del tiempo y del espacio.
Somos en esencia la conciencia misma del universo, surgimos del océano de potencialidad infinita, somos un condensado de energía e información
¿vale algo esto?.
Vivimos en un universo de abundancia, cada punto del espacio contiene la posibilidad de crear universos. La vida surge a cada instante y la muerte completa el ciclo. Una danza sin fin.
Vivimos en un universo de abundancia, cada punto del espacio contiene la posibilidad de crear universos. La vida surge a cada instante y la muerte completa el ciclo. Una danza sin fin.
Pero si algo no muere ¿Cómo puede nacer?
Si fundamentalmente estamos hechos de energía e información indestructibles, ¿Qué parte nuestra es la que nace y muere?
Es interesante, porque desde que empezamos a tener conciencia de nosotros mismos, comenzamos a quedar atrapados en esta imagen que vamos creando, que a medida que crecemos se va enriqueciendo con información y experiencias y forma un verdadero holograma en 3D con vida propia (ver: la naturaleza holográfica de la realidad).
Si queremos tocar un holograma no es posible, este no existe, es solo una proyección, da la impresión de ser real, pero no lo es.
Si fundamentalmente estamos hechos de energía e información indestructibles, ¿Qué parte nuestra es la que nace y muere?
Es interesante, porque desde que empezamos a tener conciencia de nosotros mismos, comenzamos a quedar atrapados en esta imagen que vamos creando, que a medida que crecemos se va enriqueciendo con información y experiencias y forma un verdadero holograma en 3D con vida propia (ver: la naturaleza holográfica de la realidad).
Si queremos tocar un holograma no es posible, este no existe, es solo una proyección, da la impresión de ser real, pero no lo es.
Experimentamos la materia y el mundo físico, pero estos en esencia no son sólidos ni objetivos, es decir, no tienen sustancia propia ni existen por si mismos.
Esto es lo que nos dice la ciencia actual y las antiguas enseñanzas espirituales: "Todo lo que conocemos del mundo cotidiano no es más que una interpretación y una proyección que hace el cerebro". Este recibe millones de bits de información en un segundo, los organiza en un holograma que luego proyectamos hacia el exterior.
Cuando dirigimos la mirada a la raíz, a la esencia de nuestra existencia, todo se disuelve, ya no existen los objetos por separado si no la relación entre ellos, el tiempo y el espacio desaparecen.
Las únicas realidades que conocemos son las que fabrica nuestro cerebro.
Cuando dirigimos la mirada a la raíz, a la esencia de nuestra existencia, todo se disuelve, ya no existen los objetos por separado si no la relación entre ellos, el tiempo y el espacio desaparecen.
Las únicas realidades que conocemos son las que fabrica nuestro cerebro.
Todas las categorías y conceptos que usamos para describir lo que percibimos, solo existen en nuestro cerebro.
Por esto es que la educación que recibimos como individuos es determinante en el momento de percibir y crear nuestra realidad.
La educación moderna se basa en el bombardeo del hemisferio izquierdo con conceptos y nociones abstractas, produciendo un desarrollo excesivo de este en detrimento de la parte derecha. El cerebro izquierdo es el que separa para comprender. Aísla los objetos, conceptualiza, crea categorías y clasifica. Representa el lado masculino, la individualidad, la razón y la palabra, el tiempo, el sujeto separado del objeto.
El cerebro derecho es el que nos permite sentirnos unidad con todo lo demás. Representa el lado femenino. Es holístico y silencioso, no hace categorías ni separa, representa la intuición, el arte, nos relaciona con el espacio. El sujeto y el objeto no están separados.
El fracaso de esta forma de educación es que forma individuos aislados, con capacidad para percibir un universo conceptual, repleto de nombres y categorías, donde el sujeto está separado de todo lo demás, incluso de si mismo.
Hay científicos, médicos especialistas, profesores, políticos y profesionales, algunos muy destacados e incluso premiados, que solo funcionan con su hemisferio izquierdo, es decir con la mitad de sus cerebros. ¡Increíble!
Es obvio que en ese universo creado por el cerebro izquierdo es muy fácil sentirse perdido, aislado, solo y desequilibrado. La realidad que se genera es siempre dual y contradictoria. Limitada. Únicamente se percibe el lado material y objetivo de la vida. El hacer, producir, ganar y acumular.
Con este estado mental, todo lo que percibimos se convierte en objeto: las personas pasan a ser objetos (que se pueden poseer, manipular, decorar, comprar, perder, etc.), las relaciones se vuelven un objeto, la felicidad, la salud, la educación, incluso nosotros mismos nos convertimos en un objeto de nuestra percepción ilusoria.
Aquí el valor de la vida está en función de las posesiones. En este nivel de vibración se gana y se pierde. Solo hay nacimiento y muerte. Fijamos el valor de la vida por lo que tenemos y no por lo que somos.
Con este estado mental, todo lo que percibimos se convierte en objeto: las personas pasan a ser objetos (que se pueden poseer, manipular, decorar, comprar, perder, etc.), las relaciones se vuelven un objeto, la felicidad, la salud, la educación, incluso nosotros mismos nos convertimos en un objeto de nuestra percepción ilusoria.
Aquí el valor de la vida está en función de las posesiones. En este nivel de vibración se gana y se pierde. Solo hay nacimiento y muerte. Fijamos el valor de la vida por lo que tenemos y no por lo que somos.
Pero si somos en esencia conciencia infinita y estamos conectados con todo el universo, ¿vale algo la vida? ¿Cómo medimos su valor?
Muy simple: nuestra vida no vale nada, porque en esencia somos nada, o todo, que es lo mismo. Somos pura potencialidad infinita. Imágenes en pequeño del universo mismo.
Cuando estamos aislados y funcionando con nuestra personalidad limitada e ilusoria, aquí es cuando tenemos la sensación de que la vida vale algo, y tememos perderla, o fracasar o estar solos y sufrir.
Muy simple: nuestra vida no vale nada, porque en esencia somos nada, o todo, que es lo mismo. Somos pura potencialidad infinita. Imágenes en pequeño del universo mismo.
Cuando estamos aislados y funcionando con nuestra personalidad limitada e ilusoria, aquí es cuando tenemos la sensación de que la vida vale algo, y tememos perderla, o fracasar o estar solos y sufrir.
El verdadero valor de la vida es la posibilidad de experimentar concientemente nuestra naturaleza universal e infinita, el ser auténtico y real. El ser es experiencia.
Nacer con forma humana es algo único, un raro momento que pasa en un abrir y cerrar de ojos. No hay nada fuera de nosotros que pueda determinar el valor de nuestra vida.
No hay nada que perder, ni siquiera tiempo, solo existe este momento, ahora y aquí para realizar nuestra vida en plenitud, sin miedo, sin conseciones.
No hay nada que perder, ni siquiera tiempo, solo existe este momento, ahora y aquí para realizar nuestra vida en plenitud, sin miedo, sin conseciones.
Las posturas y actitudes que tomemos nos ayudan a encontrar el equilibrio. (ver: zazen)
Cuando estamos equilibrados, alineados, y sintonizamos con el “gran espíritu”, con la conciencia única que conecta todo en el universo, cuando permitimos que se manifieste nuestra auténtica naturaleza, sentiremos fácilmente la conexión con todos los seres y con todo lo que nos rodea, y sentiremos la vida en todas partes.
Cuando estamos equilibrados, alineados, y sintonizamos con el “gran espíritu”, con la conciencia única que conecta todo en el universo, cuando permitimos que se manifieste nuestra auténtica naturaleza, sentiremos fácilmente la conexión con todos los seres y con todo lo que nos rodea, y sentiremos la vida en todas partes.
En ese momento podemos comprender que nuestra vida no es más ni menos valiosa que cualquier otra, simplemente porque en esencia somos uno.
sábado, 17 de abril de 2010
El tiempo y el ser

Todos creemos saber lo que significa el tiempo, tenemos la experiencia en nuestras propias vidas, pero ¿Que sabemos en realidad ? ¿Existe realmente el tiempo?
Cuando se habla de eternidad se tiene la tendencia a pensar en términos de un tiempo lineal, una recta interminable que da una duración infinita a nuestro universo. Pero si hablamos de momento, este por su parte evoca algo fugaz, un instante que pasa y que no podemos retener.
Las palabras generan en nuestro cerebro imágenes y conceptos que son creados según nuestra percepción, experiencia y educación.
Medimos los cambios de la vida, de la naturaleza, de nuestro cuerpo con el tiempo.
Las palabras generan en nuestro cerebro imágenes y conceptos que son creados según nuestra percepción, experiencia y educación.
Medimos los cambios de la vida, de la naturaleza, de nuestro cuerpo con el tiempo.
El tiempo nos permite medir los cambios, da una coherencia , una sensación de linealidad. Vamos hacia adelante, dejamos atrás el pasado y nos espera el futuro. Ayer, hoy, mañana.
En el vacío, el tiempo no existe. No hay actividad , no hay movimiento, no cambia nada, ninguna medida es pues necesaria, el tiempo no tiene ningún sentido.
El tiempo y el espacio están relacionados y son relativos, no son medidas absolutas, dependen del observador y a la velocidad a la que este se mueve.
Si no hay existencia no hay tiempo.
Podemos afirmar, por otra parte, que nuestra existencia se apoya en la no-existencia. Existimos y al mismo tiempo no existimos. ¿qué significa este acertijo? Depende del punto de observación, ya que nuestro ego, no tiene sustancia propia, nuestro cuerpo cambia todo el tiempo y en esencia somos solo un paquete de energía e información en movimiento que está interconectado con todo lo demás. Entonces, ¿Como podríamos considerar a nuestra existencia real y con sustancia propia?. Sin embargo existimos. Existimos en el tiempo. Somos seres-tiempo.
Cuando afirmamos que el universo surgió de la vacuidad, esto significa que el tiempo nació con él. Sin universo, no hay tiempo.
Si esto es verdadero, ¿qué significa la eternidad para nosotros que vivimos en un universo temporal?. La eternidad se definiría entonces fuera del tiempo; en realidad la eternidad sería lo que es cuando el tiempo no existe.
El momento lleva también a una paradoja. Cómo considerar un momento en relación al tiempo que pasa. Un momento es inmediato, cuando alcanza nuestra conciencia, pero en realidad ya pasó. Podemos conocer la duración, pero no el momento. En una concepción del tiempo que pasa continuamente, el momento es inconcebible.
El momento parece pues fuera del tiempo. O entonces debemos considerar que el tiempo se hace de momentos sucesivos que se siguen, tan cercanos unos con otros que aparentan ser en nuestra escala macroscópica un fenómeno continuo. Similar a la cuantificación de la energía, podemos ver al tiempo como un fenómeno cuántico. ¿Pero cuál sería entonces la dinámica natural que haría pasar de un momento a otro momento? De nuevo una de dos: o el tiempo es lineal y no puede contener el momento, o el tiempo se cuantifica y no sabemos lo que lo hace surgir.
¿De qué se trata todo esto entonces? Vemos que envejecemos, decimos el tiempo pasa. Sin ningún ser, sin existencia, en un sentido amplio, no hay tiempo.
¿De qué se trata todo esto entonces? Vemos que envejecemos, decimos el tiempo pasa. Sin ningún ser, sin existencia, en un sentido amplio, no hay tiempo.
Nosotros somos los seres y el tiempo es la medida de nuestra impermanencia.
El maestro Dogen dijo: somos seres-tiempo. Para nuestra vida, el tiempo nace con nosotros y desaparece con nosotros. Entonces la eternidad, el momento, al final no son más que palabras. Hemos inventado estas palabras que no expresan ninguna realidad, excepto en nuestro mente.
Lo importante es comprender que existimos ahora y aquí. Este punto, este momento de nuestra existencia es único e irrepetible. Lo único real es la concentración en este momento, Cuerpo y mente en unidad.
Esta forma de atención sutil en el momento presente contiene al pasado y al futuro e influye en todas las dimensiones del espacio. De esta manera podemos trascender las contradicciones de nuestro ego y seguir inconcientemente el orden cósmico.
Nuestro cuerpo físico se vuelve el cuerpo del universo y nuestro espíritu un reflejo del espíritu de la naturaleza, la naturaleza de dios, de buda.
La conciencia que se mueve más rápido que la luz trasciende el tiempo y el espacio ordinarios y nos transforma en seres universales.
miércoles, 3 de marzo de 2010
Vivir y dejar morir
Nacimiento de estrellasDesde el momento en que nacemos empezamos a morir. Es un hecho.
El ser humano desde sus orígenes se confronta a esta verdad existencial.
El ser humano desde sus orígenes se confronta a esta verdad existencial.
Nuestras células están programadas para morir, forman parte de la incesante danza universal de la vida y de la muerte.
No solo eso, nuestro cuerpo físico está muriendo y renaciendo a cada instante. Todo el tiempo hay células que mueren y son reemplazadas por otras nuevas.
Sin embargo, cuando vamos más allá del plano físico, nos vamos encontrando sucesivamente con componentes cada vez más durables. Ya vimos anteriormente, que las partículas elementales que forman átomos, moléculas, células y órganos, tienen miles de millones de años de antigüedad. Y si seguimos “pelando” la cáscara de la existencia, llegaremos al plano de la energía y la información, el campo de la potencialidad pura. Aquí no existe la muerte ni la pérdida, sino la transformación y el movimiento.
Desde el punto de vista del cuerpo físico y de la realidad “cotidiana” dejar de existir es difícil de asumir. La mente es existencia. Nuestra mente discursiva y conciente solo se identifica con la forma y la existencia. Se mueve siempre en el plano físico, creado según la percepción y los límites de los sentidos. Aunque forma y vacío, existencia y no existencia, sonido y silencio, son aspectos inseparables de una misma realidad.
El origen de la cuestión reside en considerar a la existencia como una entidad fija y permanente. Por esta causa la muerte, o mejor dicho, lo no-existencia, provoca sufrimiento (pena, dolor, miedo, pánico, etc.).
Es una cuestión de evolución y se relaciona con la educación, la cultura, los condicionamientos. Tiene que ver con la forma en como la sociedad considera a las personas y como las personas se consideran a si mismas y también como se relacionan con su entorno, con la naturaleza, con el cosmos y sobretodo consigo mismas.
Como hemos visto, la visión materialista, es incapaz de ofrecer respuestas y una verdadera educación. Aisla, individualiza, profundiza en aspectos ilusorios y egoístas del ser humano. Es la dimensión más básica. Solo considera el nivel físico (y material de la vida). Al estar el espíritu relegado a un segundo plano es muy difícil poder comprender la verdadera naturaleza de la existencia.
La vida y la muerte son inseparables, pero no son lo mismo. Como el día y la noche. Cada uno tiene su propia naturaleza. La noche no es solo la ausencia de luz. La noche es la noche y el día es el día, sucediéndose uno tras otro en un armonioso ciclo.
Al pensar en la muerte, generalmente se ve como una línea que termina y no como un ciclo. Consideramos el final de la existencia pero no el comienzo. ¿Y antes de nacer que pasaba?, ¿de donde salimos?.
Desde el punto de vista del cuerpo físico y de la realidad “cotidiana” dejar de existir es difícil de asumir. La mente es existencia. Nuestra mente discursiva y conciente solo se identifica con la forma y la existencia. Se mueve siempre en el plano físico, creado según la percepción y los límites de los sentidos. Aunque forma y vacío, existencia y no existencia, sonido y silencio, son aspectos inseparables de una misma realidad.
El origen de la cuestión reside en considerar a la existencia como una entidad fija y permanente. Por esta causa la muerte, o mejor dicho, lo no-existencia, provoca sufrimiento (pena, dolor, miedo, pánico, etc.).
Es una cuestión de evolución y se relaciona con la educación, la cultura, los condicionamientos. Tiene que ver con la forma en como la sociedad considera a las personas y como las personas se consideran a si mismas y también como se relacionan con su entorno, con la naturaleza, con el cosmos y sobretodo consigo mismas.
Como hemos visto, la visión materialista, es incapaz de ofrecer respuestas y una verdadera educación. Aisla, individualiza, profundiza en aspectos ilusorios y egoístas del ser humano. Es la dimensión más básica. Solo considera el nivel físico (y material de la vida). Al estar el espíritu relegado a un segundo plano es muy difícil poder comprender la verdadera naturaleza de la existencia.
La vida y la muerte son inseparables, pero no son lo mismo. Como el día y la noche. Cada uno tiene su propia naturaleza. La noche no es solo la ausencia de luz. La noche es la noche y el día es el día, sucediéndose uno tras otro en un armonioso ciclo.
Al pensar en la muerte, generalmente se ve como una línea que termina y no como un ciclo. Consideramos el final de la existencia pero no el comienzo. ¿Y antes de nacer que pasaba?, ¿de donde salimos?.
Sabemos que la energía no puede ser creada ni destruida y que en esencia somos energía e información. Entonces, ¿que es lo que nace y que es lo muere en esencia? ¿Qué parte nuestra es la que nace y cual es la que muere? Ya que la energía se transforma, la información no se pierde y los componentes fundamentales del cuerpo se reciclan.
Creo que lo que llamamos muerte, no es otra cosa que la individualidad, la experiencia subjetiva pasajera, que vuelve a fundirse con la totalidad.
Creo que lo que llamamos muerte, no es otra cosa que la individualidad, la experiencia subjetiva pasajera, que vuelve a fundirse con la totalidad.
Como una ola que vuelve al mar luego de haber sobresalido de la superficie por un breve momento. En realidad nunca dejó de ser mar, solo fue la experiencia de la ola que hizo el mar.
Nuestra conciencia individual es la experiencia de la conciencia del universo, una experiencia única, el universo que puede verse a si mismo. La conciencia que se observa a si misma.
Las religiones han aportado mitos y supersticiones, aislando todavía más al individuo de su fuente original. Dividiéndolo, fragmentándolo. La ciencia materialista también contribuyó a esta separación.
Cuando solo se vive la existencia individual, cuando se considera solamente la experiencia en el mundo físico y la realidad limitada de los sentidos, entonces hay muerte, hay separación, hay miedo, dolor y curiosamente esto nos impide vivir plenamente, intensamente y experimentar cada momento de la vida como algo único.
Nuestra conciencia individual es la experiencia de la conciencia del universo, una experiencia única, el universo que puede verse a si mismo. La conciencia que se observa a si misma.
Las religiones han aportado mitos y supersticiones, aislando todavía más al individuo de su fuente original. Dividiéndolo, fragmentándolo. La ciencia materialista también contribuyó a esta separación.
Cuando solo se vive la existencia individual, cuando se considera solamente la experiencia en el mundo físico y la realidad limitada de los sentidos, entonces hay muerte, hay separación, hay miedo, dolor y curiosamente esto nos impide vivir plenamente, intensamente y experimentar cada momento de la vida como algo único.
También hay que considerar otro aspecto. Somos vividos. Es decir, la vida nos atraviesa, nos mantiene, nos nutre.
Es curioso, pero pasamos la mayor parte de la vida apegados a este cuerpo físico y sin embargo no sabemos como es en verdad ni como funciona, no controlamos el latido del corazón, ni la respiración, ni la miríada de procesos bioquímicos que se realizan en el interior a cada segundo, tampoco la temperatura, ni la digestión, ni la asimilación, ni la división celular, ni el nacimiento, el crecimiento o la muerte. De hecho, mucha gente pasa gran parte de sus vidas, fuera de sus cuerpos. Casi como fantasmas. ¿Quien se ocupa entonces de los aspectos fundamentales, de mantener la vida y la función? Quizás no somos lo que creemos, y haya mucho más por descubrir.
La mejor manera de trascender los límites de la existencia individual, es comprendiendo con la totalidad del ser nuestra verdadera naturaleza y dejar de identificarse con los aspectos efímeros y transitorios de la vida.
Realizar que esta experiencia es única y que lo importante es aquí y ahora.
La mejor manera de trascender los límites de la existencia individual, es comprendiendo con la totalidad del ser nuestra verdadera naturaleza y dejar de identificarse con los aspectos efímeros y transitorios de la vida.
Realizar que esta experiencia es única y que lo importante es aquí y ahora.
Creo que si realizamos nuestra naturaleza universal, divina y eterna. Si observamos en nosotros el flujo ilimitado de energía e información que nos rodea y crea a cada instante, podemos asumir la impermanencia de la existencia. Asumir sin identificarse y comprender el ciclo de la vida y de la muerte.
El problema no es morir, el problema es estar muerto en vida.
domingo, 14 de febrero de 2010
La eternidad en un instante

¿El mundo que percibimos es en verdad real y concreto?
Primero habría que definir que es real y que es concreto.
Según el diccionario, real es un adjetivo y significa que algo tiene existencia verdadera y efectiva. Por su parte, concreto es otro adjetivo e indica que algo es sólido, compacto, material, preciso y determinado. Lo opuesto a lo abstracto.
Pero como ya está demostrado, la materia no es tan concreta ni inmutable como aparenta, de hecho en sus niveles fundamentales no se puede encontrar nada sólido, ni que se corresponda con las definiciones anteriores.
Entonces, ¿que es lo “real”?, dicho de otro modo ¿Qué tan real es la realidad?
La física moderna se plantea actualmente las mismas preguntas que los maestros espirituales se hacen desde hace miles de años: ¿Qué es la realidad? ¿Solo existe lo que percibo? ¿Si no soy conciente de algo, “eso” existe? ¿Lo que percibo como realidad, es real?
Estas son preguntas muy profundas que van más allá del intelecto y que no pueden ser respondidas con la mente lógica y razonable. El conocimiento científico solo ofrece especulaciones.
Einstein en 1930 escribía: “No cabe esperar ninguna definición mínimamente razonable de la realidad que nos rodea".
El rol de la conciencia del observador en la creación de la realidad a nivel cuántico, se presenta como uno de los grandes retos de la ciencia en la actualidad, ya que este observador al encontrarse aparentemente fuera del sistema cuántico que es abierto e impredecible, es incapaz de definir tal realidad y mucho menos, formularla, por lo que su interpretación no sólo no puede ser objetiva, sino que queda siempre en el campo de la subjetividad.
La física cuántica establece que las partículas elementales, constituyentes del átomo, no son elementos esencialmente reales dada su imprecisión existencial. Se pueden comportar como partículas en un momento dado y como ondas en el siguiente o en el anterior. Existen en un espacio y un tiempo que no reconoce el presente, saltan del pasado al futuro, y a la inversa.
El presente material sólo es reconocido como una necesidad y una arbitrariedad de la observación humana. No obstante, contradictoriamente, las partículas elementales y las ondas forman parte del fundamento de la materia.
Paradigma complejo y de difícil solución. Lo interesante es que tanto la física relativista es decir la física de lo “grande”, como la cuántica, la física de lo “pequeño” resuelven problemas siempre que no sea simultáneamente. Esta disyuntiva generó el Principio de Incertidumbre propuesto por Heisenberg, que expresa que no se puede saber con presición la ubicación y la velocidad de una partícula al mismo tiempo. Por lo tanto, la velocidad y situación de una partícula elemental solamente se puede fijar en un instante dado pero nunca se sabrá que sucederá en el instante siguiente, y tampoco si actuará como partícula o como función de onda.
A partir de aquí se plantea otra cuestión. ¿Qué poder tiene el observador en la creación de la realidad?.
El conocimiento de los elementos que nos rodean, parece ser el eslabón entre el mundo cuántico y la realidad cotidiana. Es decir, la conciencia del observador es la que hace realidad lo observado. Por este motivo la ciencia no puede responder a estas preguntas fundamentales del ser humano, quedando corta en sus objetivos, ya que su campo de acción no incluye a la conciencia.
En los planos fundamentales de la materia, la realidad cuántica es diferente según se perciba o no, según se observe o no.
Imaginemos la infinidad de trayectorias de partículas elementales y ondas que se han ordenado en el instante dinámico de la interferencia del observador, Es el cerebro el que se encarga de traducir todas estas señales potenciales, caóticas y desordenadas y proyectar una imagen coherente que conforma nuestra realidad cotidiana. Y para esto el cerebro es un experto, incluso si le falta información o esta no concuerda con lo que conoce o no es coherente, la inventa y rellena agujeros de manera que la realidad se nos manifiesta como un continuo secuencial que mantiene una coherencia ( y nuestra aparente "cordura") y esto nos da la impresión de un tiempo que corre de manera lineal y una realidad sólida e inmutable.
Imaginemos la infinidad de trayectorias de partículas elementales y ondas que se han ordenado en el instante dinámico de la interferencia del observador, Es el cerebro el que se encarga de traducir todas estas señales potenciales, caóticas y desordenadas y proyectar una imagen coherente que conforma nuestra realidad cotidiana. Y para esto el cerebro es un experto, incluso si le falta información o esta no concuerda con lo que conoce o no es coherente, la inventa y rellena agujeros de manera que la realidad se nos manifiesta como un continuo secuencial que mantiene una coherencia ( y nuestra aparente "cordura") y esto nos da la impresión de un tiempo que corre de manera lineal y una realidad sólida e inmutable.
Una ilusión...
Electrones que antes de la percepción del observador eran partículas u ondas indefinidas e impredecibles, se transforman, como consecuencia de esa misma observación, en partículas y ondas de carácter formal, mediante unos fotones invisibles que responden a la llamada del observador.
La conciencia está en estado latente en la materia, por lo que no es extraña ni ajena al mundo cuántico: las partículas elementales asocian los cambios en su medio a la interferencia del observador.
Electrones que antes de la percepción del observador eran partículas u ondas indefinidas e impredecibles, se transforman, como consecuencia de esa misma observación, en partículas y ondas de carácter formal, mediante unos fotones invisibles que responden a la llamada del observador.
La conciencia está en estado latente en la materia, por lo que no es extraña ni ajena al mundo cuántico: las partículas elementales asocian los cambios en su medio a la interferencia del observador.
Existe un diálogo inexplicable entre el hombre y la partícula.
La conciencia brota a partir de una relación de fotones virtuales coherentemente ordenados a nivel cuántico en el cerebro.
Desde la física cuántica se puede afirmar que la realidad no es más que un holograma constituido por partículas elementales ordenadas en nuestro cerebro.
¿Pero que pasa realmente? Que procesos ocurren en la neurona para que todos estos sucesos se traduzcan en una realidad concreta.
Por supuesto hay teorías y distintos puntos de vista. Penrose y Hameroff (conciencia cuántica) piensan que la conciencia emerge de la actividad en los microtúbulos de las neuronas, que reunirían las condiciones para que en su interior ocurran fenómenos cuánticos. En fin, es una explicación inteligente con fundamentos neurofisiológicos, pero no llega a explicar desde el punto de vista científico la naturaleza de la conciencia.
Nuestra conciencia individual, es decir, la percepción subjetiva que tenemos del mundo y de nosotros mismos, se encuentra inevitablemente conectada a una conciencia previa o protoconciencia, la que llamamos conciencia universal.
Por eso cuanto más seamos concientes de esta conexión, más tendremos el poder para influir en la materia y la percepción de la “realidad” será diferente: más profunda y más equilibrada.
Por eso cuanto más seamos concientes de esta conexión, más tendremos el poder para influir en la materia y la percepción de la “realidad” será diferente: más profunda y más equilibrada.
Podemos cambiar nuestra percepción del mundo y de nuestra vida si comprendemos y realizamos la verdadera naturaleza de la "realidad".
Si vemos nuestra vida con perspectiva, podremos entender y aceptar la impermanencia y la fugacidad de la existencia e ir más allá de los límites de la individualidad.
Como decía Einstein: “Lo importante es conocer el pensamiento de Dios, lo demás son detalles…”. Pero este pensamiento no es ajeno a nuestra naturaleza, es nuestra esencia, pura y original.
El observador que cambia de lugar y observa ( y se observa) desde una perspectiva universal. Es la gran mente, el pensamiento cósmico que lo abarca todo. Un despertar a nuestra auténtica naturaleza
Como decía Einstein: “Lo importante es conocer el pensamiento de Dios, lo demás son detalles…”. Pero este pensamiento no es ajeno a nuestra naturaleza, es nuestra esencia, pura y original.
El observador que cambia de lugar y observa ( y se observa) desde una perspectiva universal. Es la gran mente, el pensamiento cósmico que lo abarca todo. Un despertar a nuestra auténtica naturaleza
Un cambio de dimensión... la eternidad en un instante.
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