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domingo, 17 de octubre de 2010

La autocuración (continuación)


Lo que decidimos creer hoy es lo que dará forma a nuestro futuro.

Los pensamientos de hoy son como semillas y las creencias, el suelo fértil.

Una vez plantadas las semillas en el suelo de las creencias, inevitablemente darán frutos determinados. Nadie planta un ciruelo y espera que broten tomates.
Esto parece broma, pero así funcionamos, nos quejamos del presente y tememos por el futuro, pero somos nosotros los que lo creamos!
Es decir: el incesante diálogo interno.

El diálogo es lenguaje y el lenguaje es vibración (ver post: "La vibración del lenguaje").

Esta vibración envía a las células y al ADN un mensaje determinado que es interpretado y generará un respuesta en consecuencia.

Las células no diferencian el origen de la señal.

Podemos imaginar algo o percibirlo, da igual, el cerebro solo decodifica la señal y proyecta una respuesta.
Si pensamos en una situación de peligro, las células interpretarán el mensaje y comenzarán a segregar hormonas y sustancias químicas para asegurar la protección (lucha o huida). Si esta condición se repite, se instalará un programa (software) que hará que vivamos continuamente en peligro, generando en forma recurrente una química determinada que por retroalimentación (feedback) hará que la situación tienda a repetirse.

Esto se ve en los ataques de pánico, en el estrés, en algunas enfermedades autoinmunes e incluso en el cáncer.

El cuerpo lee e interpreta un mensaje erróneo, creándose las condiciones para la aparición de la enfermedad.

Observando los pensamientos de ahora podemos saber como será nuestro futuro, y los pensamientos surgen de acuerdo a las pautas mentales establecidas, es decir, las creencias que tenemos, dicho de otra manera: depende de los programas instalados en nuestro cerebro.
Es muy simple.

El secreto es conocerse a si mismo.
Si no sabemos como somos ni lo que en verdad nos pasa, ¿como vamos a cambiar alguna vez?

Hemos sido educados y condicionados para mirar hacía afuera. Crecemos con programas instalados que solo nos permiten percibir y funcionar en una banda estrecha y limitada de la “realidad”. Limitada por los sentidos, por las creencias y que corresponde a dimensiones muy básicas del ser.
Luego funciona solo, el programa se autoinstala y repite lo mismo indefinidamente, y crea la misma realidad una y otra vez.
Pero los programas se pueden cambiar.

Un pensamiento se puede cambiar, no tiene existencia propia, es solo actividad electroquímica en el cerebro. Un flujo de información y energía que es interpretado y proyectado hacía afuera, como un holograma.
Por eso las creencias son fundamentales. Lo que une cree se hace realidad.

Si creemos que la vida es sufrimiento, lo más probable es que percibamos solo ese aspecto de la vida y proyectemos todo el tiempo infelicidad, insatisfacción, dolor, frustración, etc.

Si creemos que la realidad que percibimos se pasa afuera de nosotros y tiene existencia real, todo lo que se perciba será sólido e inmutable y no tendremos ninguna posibilidad de cambiar nada ni de crear nuestra salud y felicidad.
Pero si creemos, si nos percibimos como lo que realmente somos: seres creadores, hechos de materia cósmica, espíritus encarnados en un condensado momentáneo de energía e información indestructible (solo transformable) y con la capacidad de influir incluso en la organización del mundo físico, entonces así será.
La autocuración se basa en esta creencia.
Así como soy capaz de autoenfermarme, soy capaz de autocurarme

Y esto da lugar a otro ingrediente fundamental en la autocuración: “amarse a si mismo”.
Esto significa, aceptarse, perdonarse, motivarse, desarrollar la autoconfianza, creer en su propia naturaleza y posibilidades…y sobre tener una visión positiva de si mismo.

Tenerse en la más alta estima.

Esto no significa egoísmo, el egoísmo es estar cortado, aislado del resto.

El egoísmo es desconocer nuestra propia esencia y creer que poseemos un ego que tiene existencia propia y “real”.
Si nos amamos podemos expandir este sentimiento hacia todas las existencias.

El miedo es egoísmo. Correr detrás de los objetos y de los deseos es egoísmo. Mentir es egoísmo...

Pero tener un pensamiento positivo que lo incluya todo y vibre en todas las direcciones, eso es amor incondicional.

Cuando esto ocurre, el proceso curativo ya está en marcha. Están dadas las condiciones para que las células puedan regenerarse y sanar.
El diálogo interno que se establece entonces puede ser inteligente y creativo.

La energía vital debe fluir y no estancarse ni bloquearse. Esta es otra condición para la autocuración.

Para esto hay que llevar una vida equilibrada.

Eliminar los hábitos nocivos, el trabajo en exceso (cualquier exceso en realidad), controlar las emociones, los pensamientos negativos y tener una vida afectiva sin sobresaltos, incluyendo en la fórmula el descanso y la contemplación.
Parece más bien un desafío hoy en día.

Pero no se trata de incorporar más cosas a la ya cargada máquina, si no más bien de eliminar lo que no nos sirve, de transformar lo negativo en positivo.

Descubrir una nueva manera.

Pasa más por relajarse, aprender a pensar y a percibir la vida de otra forma.

Cambiar la dirección de la mirada y dirigirla al interior de cada uno. Es la única manera de tocar la raíz de nuestra existencia y de descubrir en verdad quienes somos.

Practicar la meditación (zazen). Fortalecer el cuerpo y la energía vital, sentir que uno es parte de un universo vivo y conciente. Una parte que refleja el todo.

Vivimos en un universo que nos apoya, nos nutre y nos brinda todo lo necesario para estar en salud y felicidad y si lo necesitamos: para curarnos a nosotros mismos.

La autocuración es un hecho.

Si llegas a comprender esto, ya estás curado.

domingo, 15 de agosto de 2010

Somos la naturaleza


La práctica de zazen es la expresión directa de nuestra verdadera naturaleza.

Desde ya, cualquier cosa que hagamos es expresión de nuestra verdadera naturaleza, pero sin esta práctica es difícil darse cuenta de ello.
Es así porque durante zazen, se puede ser conciente de esta esencia, de esta actividad universal. Más allá del pensamiento ordinario y de la realidad cotidiana. Es la experiencia "subjetiva", que es instranferible e irreemplazable.

El estado activo es parte de nuestra naturaleza humana y también de la naturaleza de toda existencia. Mientras estamos vivos, hacemos algo siempre. Pero cuando se piensa "estoy haciendo esto", "tengo que hacer esto" o "debo lograr algo especial", ya hay una separación, una dualidad y en realidad no se está haciendo nada. Cuando se renuncia a todo, cuando ya no se desea nada o cuando no se intenta hacer algo especial, entonces se hace algo.

Si no hay idea alguna de provecho en lo que se hace, entonces se hace algo.
Obviamente es normal tener deseos y el propósito es importante. Sin estos no vamos muy lejos. Pero cuanto más se busca un resultado o se espera un beneficio, nos estamos alejando en realidad de “eso” que hacemos o de lo que somos.

Cuando el sujeto y el objeto están separados, siempre hay dualidad. La dualidad genera dudas y contradicciones, y estas llevan a desequilibrios, a tomar malas decisiones, y se termina infeliz, insatisfecho o frustrado y generalmente enfermo.

En la práctica de zazen, lo que se hace no se hace para buscar algo. Quizás uno crea que está haciendo algo especial, pero en realidad es sólo la expresión de la verdadera naturaleza, es la actividad que aplaca el deseo más íntimo. Pero mientras se piense que se está practicando zazén para obtener algo, ésa no es la verdadera práctica.

Cuando algo existe tiene su propia y verdadera naturaleza. En el Zen se le llama la naturaleza de Buda, la esencia universal, cósmica, inherente a todo ser vivo. Pero si no experimentamos esta naturaleza, esta esencia, ¿estamos vivos realmente? En el sentido estricto del término, es obvio que si. Pero si no tomamos contacto, o dicho de otro modo, si no permitimos que esta naturaleza se exprese en nuestra vida, entonces es como estar muerto.

No es que se trate de hacer solo zazen, porque esta actitud se vuelve extrema, y se pierde naturalidad. Hay que hacer cosas de vivos, vivir la vida, experimentar, aprender, disfrutar. Pero sin este conocimiento de si mismo, de su verdadera naturaleza, la vida difícilmente tenga un sentido real y profundo y es muy probable que se corra a izquierda y a derecha buscando o huyendo de algo exterior, que es solo ilusión.

Cuando expresamos nuestra verdadera naturaleza, somos seres humanos. Cuando no, no sabemos qué somos. No somos animales, porque caminamos en dos pies y pensamos. Somos algo diferente de un animal, pero ¿qué somos?

Quizás seamos fantasmas. No sabemos cómo llamarnos. Un tipo de criatura que en realidad no existe. Cuando la mente y el cuerpo viven separados. No somos ya seres humanos, aunque existimos. Es como vivir una vida ajena. Es todo una ilusión.

De todas formas no hay manera de no expresar esta naturaleza. Somos esta naturaleza. El asunto es asumirla, conocerla, comprenderla, aceptarla. La naturaleza puede mejorarse, hacerla más bella, optimizarla, expandirla, darle un sentido, un toque “creador”. Como en un jardín Zen.

Es la base de la confianza en si mismo. Confianza y fe tienen el mismo origen. La fe tomó un sentido más religioso. Pero la verdadera religión no es tener fe en algo externo o en un dios inventado. La verdadera fe es asumir que nosotros somos los creadores, que estamos hechos de materia y energía universal y nuestra conciencia es la conciencia misma del universo. Esta es nuestra auténtica naturaleza.

Somos en esencia seres creadores. Si realizamos esto, la fe entonces ya no es ciega, la autoconfianza se vuelve natural, espontánea y fuente de creatividad.
El conocimiento de uno mismo genera autoconfianza y aceptación, y permite que expresemos a través de los pensamientos, la palabra y las acciones la verdadera naturaleza de nuestro ser.

martes, 25 de mayo de 2010

La fisiología del miedo


En el cerebro se encuentra el mecanismo que genera el miedo, tanto en personas como en animales, principalmente en el sistema límbico, que es el encargado de regular las emociones, la lucha, la huida y la evitación del dolor, y en general relacionado con la supervivencia del individuo y de la especie.

Este sistema revisa de manera constante (incluso durante el sueño) toda la información que se recibe a través de los órganos de los sentidos, y lo hace mediante la estructura llamada amígdala cerebral, que controla las emociones básicas, como el miedo y el afecto, y se encarga de localizar la fuente del peligro.

Cuando en el cerebro la amígdala se activa, se desencadena la sensación de miedo y ansiedad, y su respuesta puede ser la huida, la pelea o la rendición.

Se ha encontrado que la sensación de miedo está mediada por la actuación de la hormona antidiurética(o "vasopresina") en la amígdala cerebral, esta hormona es segregada por el hipotálamo y almacenada en la glándula hipófisis posterior y que la del afecto lo está a la de la hormona oxitocina, también en la amigdala.

El consumo de alcohol ( etanol ) inhibe la producción de vasopresina; estudios con resonancia magnética de la amígdala cerebral están encontrando datos que indican que muchos de los llamados "psicópatas sociales" sufren una atrofia de las amigdalas cerebrales lo que les provocaría la perdida del miedo social y del afecto.

El miedo al daño físico provoca la misma reacción fisiológica que el temor a un dolor psíquico.

La extirpación de la amígdala parece eliminar el miedo en animales, pero tal cosa no sucede en humanos (que a lo sumo, cambian su personalidad y se vuelven más calmados). En el hombre el mecanismo del miedo y la agresividad es más complejo e interactúa con la corteza cerebral y otras partes del sistema límbico.

El miedo produce cambios fisiológicos inmediatos en el organismo, al activarse el sistema simpático (neurovegetativo), que como vimos en otro post, es el que se encarga de la lucha y de la huida: se incrementa el metabolismo celular, aumenta la presión arterial, aumenta la glucosa en sangre y la actividad cerebral, así como la coagulación sanguínea.

El sistema inmunológico se detiene (al igual que toda función no esencial), la sangre fluye a los músculos mayores (especialmente a las miembros inferiores, en preparación para la huida) y el corazón bombea sangre a gran velocidad para llevar oxígeno y hormonas a las células (especialmente adrenalina).

También se producen importantes modificaciones faciales: agrandamiento de los ojos y dilatación de las pupilas para facilitar la visión.

Como el sistema límbico fija su atención en el objeto amenazante, los lóbulos frontales (encargados de cambiar la atención conciente de una cosa a otra) se desactivan parcialmente.

Durante un ataque de pánico la atención conciente queda fijada en el peligro, y si los síntomas fisiológicos como el ritmo cardíaco o la presión sanguínea son interpretados por la persona como una confirmación de la realidad de la amenaza, provocando una retroalimentación del miedo, que impide medir el auténtico riesgo. Esto sucede, especialmente, en el caso de las fobias: la atención del fóbico es incapaz de prestar atención a otra cosa y magnifica el peligro ante la incomprensión de los demás.

Tememos a lo desconocido, es un mecanismo innato, nos viene incluso en nuestra herencia genética y cultural. De ahí el miedo a morir, ya que desconocemos la muerte.
Por otra parte, la mente es existencia. No existir provoca miedo. Este miedo esta ligado al pensamiento. A no tener, a no poder, a sufrir, a la soledad, al vacío, a la muerte…
Estos miedos fueron cambiando a lo largo de la historia.

El principal transmisor actual del miedo son los medios de comunicación, pero en todo caso se precisa de la credulidad de la sociedad para que estos miedos calen hondo.

Desde un principio los niños son condicionados mediante la educación (la familia, la escuela, el medio social) a tener miedo y a creer sin dudar en la información recibida, aunque esta sea tendenciosa.
El miedo es una característica inherente a la sociedad humana: está en la base de su sistema educativo (basado en el esquema del premio y del castigo).

La profesionalización de los provocadores del miedo es una característica de nuestra época.

El miedo es también un arma de dominación política y de control social. Se puede observar y reconocer el uso político del miedo como forma de control de la población, haciéndose hincapié en la creación de falsos escenarios de inseguridad cotidiana.

A lo largo de la historia ha habido todo tipo de movimientos sociales y culturales fundamentados en el miedo a algo. La mayoría de las religiones monoteístas, como el cristianismo, o el Islam, se basan en el miedo (y también en el pecado y la culpa).

Existe el miedo como mecanismo de adaptación, un reflejo que nos permite sobrevivir y evitar el peligro, está en la naturaleza misma del ser humano. El miedo como emoción representa la otra cara del afecto y del amor. El otro polo.

El amor es generación y nutrición. El miedo es límite y restricción.

La nutrición es fundamental, sin ella cualquier organismo perece. Pero los límites son necesarios para un desarrollo y crecimiento armónico y para evitar los desbordes.

En la naturaleza estas dos tendencias se complementan de manera dinámica.

El miedo instalado en la personalidad, en la manera de pensar y de actuar, en la percepción de si mismo y del entorno, tarde o temprano se convierte en una enfermedad.

El cuerpo y el espíritu se ven afectados profundamente. Por ejemplo: el miedo afecta la energía de los riñones, con lo cual se afecta la energía vital provocando un estado de insuficiencia y debilidad que produce a su vez más miedo, además de un montón de alteraciones físicas y psicológicas, incluso muchas personalidades coléricas y dominadoras tienen como origen el miedo.

El miedo limita e incapacita.

Produce una personalidad temerosa, insegura, dependiente. Es una fuga permanente de energía. El sistema está siempre en estado alerta.

Cuanto más insegura se siente la persona, más necesita adquirir (para llenar el vacío): objetos, afecto, verdades, aceptación de los demás, dinero...

En la actualidad el consumo está exacerbado.

Muchas personas gastan su tiempo y su energía corriendo detrás de deseos, cada vez más sofisticados, más temores, más deseos, miedo a morir, miedo al vacío, etc. La vida así se vuelve complicada y poco feliz, entonces se continúa corriendo y huyendo. Y luego es difícil parar.

Pero la enfermedad debe ser curada.

El miedo puede ser controlado, con sabiduría y reflexión.

La energía de la respiración nutre a los riñones, aporta energía, concentración y coraje. Zazen es la postura del no-miedo.

Más allá del pensamiento conciente se encuentra la calma profunda y el equilibrio natural de todo el sistema.

Podemos trascender los límites de la mentalidad ordinaria y encontrar una nueva manera de pensar, de percibir la vida, de controlar las emociones y encarar los desafíos que nos presenta la vida.

El miedo es la esencia del coraje, así como la ignorancia es la naturaleza misma de la sabiduría.

La confianza en sí mismo es el primer paso.

Una verdadera transformación que genera una influencia positiva para todos.

jueves, 5 de marzo de 2009

Respirar es vivir


No hay vida sin respiración.


Respirar es lo primero y lo último que hacemos en la vida.


La respiración es la función más importante de nuestro cuerpo, incluso más que comer. La prueba es que una persona puede pasar algunos días sin beber o dormir y muchos más sin ingerir alimentos, pero sin respirar, como máximo, puede estar algunos minutos.
Desde el momento que inspiramos por primera vez hasta la última espiración, no dejamos de respirar ni un instante.
Este es el enlace de una animación interesante sobre la respiración:
http://www.youtube.com/watch?v=8APCesVbEL8&feature=related

La particularidad de esta función vital es que además es el vínculo de conexión entre todos los planos de la existencia: desde la esencial respiración celular hasta el plano de las vibraciones más sutiles que incluyen pensamientos y emociones.
La respiración es energía en si misma. Al igual que los pensamientos. Están estrechamente ligados y se influyen mutuamente. Si observamos o si nos concentramos en la respiración esta se carga de energía y al mismo tiempo la mente se calma y el espíritu encuentra su armonía.

La mente dirige a la energía y la respiración nutre y armoniza a la mente.

En general se aprovecha un porcentaje muy pequeño de la capacidad pulmonar, apenas respirando la cantidad de aire suficiente para seguir viviendo, sin tomar el cuidado de conocer y aprender como respirar mejor, para optimizar e incrementar nuestro rendimiento.


El aire no solo es oxígeno, también es energía, vitalidad, autoconfianza, armonía, relajación, tranquilidad, calma mental y es además lo que nos vincula con todos los demás seres vivos.


Cualquier situación de nuestra vida viene definida por la respiración que tenemos en ese momento. Del mismo modo, calmando la respiración, se puede influir y equilibrar el medio interno y el externo, y modificar por ende cualquier situación.


En el Zen se enseña que la respiración puede curar todas las enfermedades. La respiración durante zazen se llama tradicionalmente anapanasati, es muy profunda y calma, fortalece los órganos internos y es fuente de bienestar y equilibrio.

Observen la respiración cuando estén cansados o bajos de energía, o cuando estén deprimidos, o nerviosos, o cuando estén enojados. Si en ese momento logran calmar y armonizar la respiración, practicando un rato de algún ejercicio que conozcan, cambiarán directamente su estado físico y mental. Es fácil, seguro, automático y natural.
La respiración es la mejor herramienta para calmar la mente y energizar el cuerpo. Además:

Cambia y equilibra tu estado interno automáticamente.

Aumenta el poder de atención y concentración.

Nutre y fortalece los órganos internos.

Sin olvidar que el tejido nervioso y en particular el cerebro (por su elevado metabolismo) tiene una gran necesidad de oxígeno.

De todas las funciones corporales involuntarias o neurovegetativas que mantienen la vida, como la actividad del corazón, el control de la temperatura, del medio interno, del pH de la sangre, etc. Solo la respiración puede tener además un control voluntario o conciente.

Para descubrir el poder de la respiración es necesario primero ser conscientes de ella.
Esto significa parar de respirar al azar, irregular e inconcientemente y aprender a respirar concientemente. Correctamente y siempre que sea posible por la nariz (ver la entrada anterior).

No se trata, como veremos, de adoptar posturas rígidas o bloquear el proceso respiratorio de manera antinatural. En realidad, aunque parezca contradictorio, no hace falta un exceso de fuerza o voluntad.
Se dice que la respiración es como una pequeña ave posada en la palma de nuestra mano, si cerramos con fuerza puede morir, pero si no cerramos la mano, se escapa.

El aprendizaje y práctica de la respiración es parecido.
Hay que comenzar de a poco, primero volviéndose íntimo con ella, observar como se produce sin intentar modificarla y paulatinamente, se puede ir alargando la espiración, haciéndola mas lenta y profunda.Hay que adoptar preferentemente una postura cómoda, equilibrada, ya sea de pié, sentado o acostado o incluso en movimiento.
Comenzar observando el flujo de la respiración. Nota como entra el aire dentro de tu cuerpo, como lo va recorriendo y como sale al espirar.
Se puede de esta forma descubrir nuevos aspectos de la respiración, sentir olores, apreciar la textura del aire, su ritmo de entrada y de salida, como un suave oleaje…
Este es un buen método para relajarse o para meditar. Incorpóralo como un hábito cotidiano, como la higiene personal, pero esto es más, ya que no solo mantiene la salud sino que aporta felicidad y te conecta con tu naturaleza esencial.

Si lo practicas durante un tiempo, bastará un pensamiento, un momento de concentración para contactar directamente con tu respiración.
Ser consciente de la respiración es ser conciente de si mismo, de la naturaleza profunda del ser. Esto significa observarse, es un conocimiento de tu cuerpo por dentro. No podemos ver el interior con los ojos, pero sí podemos sentirlo y visualizarlo como es y como funciona.
Este proceso provoca la integración de todos nuestros niveles o capas. Mente y cuerpo en unidad. La condición normal.
Lo contrario es la desintegración, mente y cuerpo funcionando por separado, lo que acarrea, a corto o a largo plazo, trastorno y enfermedad y a cualquier plazo: malestar e insatisfacción.

Cada célula de nuestro cuerpo es una unidad vital con respiración propia y conciencia.
El cuerpo piensa y siente por si mismo. Así que es suficiente con cortar la demanda del mundo exterior por un rato, dejar reposar los sentidos y orientar la mente hacia el propio cuerpo, a la respiración, a la propia realidad.
Nos hemos olvidado que casi no conocemos la casa en la que vivimos ni las posibilidades ni ventajas que esta nos ofrece.
Recordemos que somos la especie “exitosa” del momento y que llevamos millones y millones de años evolucionando. Poseemos sistemas muy sofisticados y lo último en materia de evolución: un cerebro!, y que apenas comenzamos a conocer.

Cada persona tiene un ritmo respiratorio distinto y por lo tanto cada uno debe descubrirlo por si mismo.

La respiración es un fenómeno individual, es un mecanismo de adaptación de cada organismo a los cambios del medio…

Existen muchos tipos de respiración, cada uno de los cuales influye en un aspecto físico y mental diferente. Algunas técnicas son muy sencillas y hay otras que exigen un nivel de práctica más elevado (y por supuesto un maestro calificado). Todas tienen en común que te acercan a un mayor conocimiento de ti mismo y de tu forma de afrontar cada situación de la vida. No fuerces nunca ninguna respiración, lo más importante es el ritmo natural y la repetición.

Si practicas alguna respiración vigorizante antes de dormirte seguramente te costará pegar un ojo. Pero si tu problema es el insomnio, la mejor medicina es un rato de respiración relajante, lenta y profunda, como un masaje interior, y además un té de boldo y manzanilla!.

Al levantarse, es bueno realizar estiramientos suaves, algunos movimientos y ejercicios respiratorios durante 10 o 15 minutos, esto renueva, carga de energía, aporta serenidad y motivación para encarar la jornada.
Veremos más adelante algunos ejercicios respiratorios simples y eficaces.

El otoño es la estación que afecta al pulmón y donde se manifiestan con mayor frecuencia los problemas respiratorios (resfrío común, gripe, bronquitis, asma, neumonía, etc.)
Las vacunas en estos casos (como la antigripal), no solo son innecesarias sino que muchas veces, como se ve, son perjudiciales.
La mejor prevención es mantenerse libres de preocupación, hacer ejercicios respiratorios y tener una buena alimentación.
La práctica regular de disciplinas como zazen ,taichi, chikung y yoga permiten desarrollar una respiración fuerte, calma y profunda.

Entonces, felicidades y a practicar se ha dicho!

miércoles, 7 de enero de 2009

Receta para el éxito


He aquí los ingredientes básicos:

El primero es la Confianza.
Obviamente se refiere a la confianza en si mismo.
Esta es la fuerza interior que nos permite desarrollarnos de forma positiva y relacionarnos con éxito en nuestro entorno.
Para tener éxito en lo que se desea es fundamental confiar en si mismo, en la propia capacidad y en las habilidades innatas (y adquiridas) que cada uno tiene; cualidades que nos permiten aprender y resolver cualquier problema que pueda surgir.
La auto-confianza es una fuerza que cohesiona y que integra. Es un sentimiento que vuelve a las personas más seguras y exitosas.
Lo contrario de la educación convencional y del mensaje mediático, que fragmenta y desintegra a la persona dividiéndola en múltiples ocupaciones y sobretodo “preocupaciones” y llenándola de deseos cada vez más sofisticados y de necesidades superfluas. Lo paradójico es que las tendencias masificadoras, o globalizadoras (para usar terminología actual) vuelven a las personas más individualistas, más dependientes y mucho más inseguras.

En realidad no existe límite para ejercer el poder interno que tenemos, pero para ello necesitamos confiar en nosotros mismos, en esa corriente de vida que nos impulsa a mejorar y aprender. Y no es algo imaginativo, no es una confianza ciega. La vida se preserva a si misma, hace todo para crear las condiciones necesarias para continuar viviendo. Nuestras células, tejidos y órganos, todo nuestro organismo está diseñado para vivir, somos expresión de la vida misma. No hay porque tener miedo. Estamos hechos de material cósmico, de protones y electrones que provienen del mismo origen del universo. Nuestras células están programadas para vivir y curarse, siguen exactamente el comportamiento de la naturaleza. Ellas saben, nunca están perdidas o confundidas, conocen exactamente lo que deben hacer y como hacerlo, tienen mecanismos de protección muy desarrollados (millones de años de evolución) y todo el tiempo establecen una relación armoniosa con el entorno.
Así que si llevamos la mirada a nuestro propio ser veremos que lo que llamamos confianza es en realidad un movimiento de aceptación y respeto por uno mismo, por la vida que se manifiesta en nosotros y por todas las posibilidades que tenemos.
La confianza o la fé en si mismo es como un árbol que crece, penetra y se expande y su madera alimenta al fuego del siguiente ingrediente...

la Iniciativa .
La iniciativa hace la diferencia entre una persona exitosa y un mediocre.
La iniciativa da el poder de la creación, la inquietud y la fuerza interior que nos impulsa a iniciar algo, a inventar, a liderar.
Representa el fuego de la motivación que impulsa la acción.
Inicia siempre algo nuevo en tu mente, siempre pensando positivamente no solo en el beneficio propio, incluye también a los demás.

Los enemigos de la iniciativa son el miedo y la duda, dos estados que debilitan y paralizan.

El tercer ingrediente es la Imaginación Creativa.
Este ingrediente es también muy importante pues se dice que es la llave que abre el ojo de la mente superior y la clarividencia (o visión clara).
La estimulación de la glándula pineal nos permite abrir el ojo de la mente conocido esotéricamente como el tercer ojo, corresponde a un punto de acupuntura (Yintang) y con un centro energético importante (6º chakra), relacionado con la intuición y la percepción extrasensorial.
Se trata de crear una imagen mental, de visualizar con el ojo de la mente el objeto, situación o lo que deseemos. Siempre de manera positiva.

Estas imágenes corresponden a una energía sutil del pensamiento que a medida que se van repitiendo modifican las conexiones a nivel de las sinapsis, esta capacidad del cerebro se llama neuroplasticidad y conformará moldes y patrones que servirán de base para hacer realidad nuestras programaciones mentales.
Cualquiera puede visualizar la imagen que desea de sí mismo: un cuerpo sano y activo, una mente despierta y abierta, felicidad y una vida armoniosa, coraje, aceptación, prosperidad, lo que sea que uno necesite.

Ese sería el principio de la aplicación de la imaginación creativa.
Un individuo que ha sufrido durante toda su vida de enfermedades o de miseria ha conformado inconscientemente en su interior, una imagen de enfermedad y de miseria de sí mismo que lo ha llevado a hacerla realidad. Y una vez instalado el programa este tiende a repetirse y a autoinstalarse, una y otra vez...hasta que el programa sea reemplazado por otro mejor.

La enfermedad y el sufrimiento empiezan como estados de la mente.
Si pensamos en términos de enfermedad estaremos siempre enfermos; nuestro estado mental está ayudando a sentirnos enfermos. Igual que si nos sentimos pobres o desamparados.

Pero si por el contrario nos visualizamos como un ser luminoso e inteligente, teniendo una buena salud y felicidad, estas características se manifestarán en la vida cotidiana. Es así. Parece mágico y misterioso y al mismo tiempo cualquiera puede comprobarlo.
Se realizaron experimentos en los que se hacía competir a dos individuos de características similares en un plan de ejercicios de desarrollo muscular. Se observó que había logrado mejores resultados el atleta que además se había visualizado mentalmente incrementando su masa muscular. Hay muchos ejemplos de este tipo.


"En épocas de necesidad la imaginación es más importante que el conocimiento" A. Einstein


Lo interesante es que esta habilidad la tenemos todos, quizás algunos la expresen más fácilmente, pero es innegable que se puede desarrollar y mejorar, solo demanda algo de disciplina y de lo siguiente...

El cuarto ingrediente es la Voluntad .
Es la fuerza que permite la aplicación de la intención.
Sin voluntad no se llega muy lejos. Un individuo puede imaginarse y desear lo que quiera, pero si no tiene fuerza de voluntad para aplicar las disciplinas necesarias que lo llevarán a ese nivel o a esa situación, entonces solo quedará en la imaginación (y en buenas intenciones) y no moveremos ni una partícula de polvo.
La voluntad es una fuerza interior muy poderosa que disciplina la mente y el cuerpo físico y hace posible que los cambios que hemos visualizado se vuelvan reales.
Es un hecho que la voluntad puede desarrollarse, no hay limitación alguna al respecto.
Voluntad y esfuerzo van de la mano, aclarando que se refiere al tipo de esfuerzo que no deja huellas, visto que la naturaleza hace todo con el mínimo esfuerzo; el inconveniente son los malos hábitos y las debilidades (que deben controlarse).

Es solo cuestión de mentalidad, de energía, de motivación, de confianza y así se cierra el círculo.


Cada ingrediente se funde con el otro dando a la mezcla características particulares asegurando el logro del objetivo deseado.
Utiliza la voluntad para que tu imaginación creativa trabaje eficientemente en tus programaciones mentales cotidianas, visualiza lo que deseas una y otra vez y el programa se instalará de a poco y el resultado será positivo sin duda alguna. Nadie puede tener un cuerpo sano si no tiene la voluntad de cambiar sus malos hábitos (físicos y mentales).

El secreto está en generar una imagen mental lo más vívida posible, es decir, se trata de crear una imagen, visualizarla y experimentarla con la totalidad del ser, de manera que si uno imaginara estar en un bosque puede sentir los sonidos de la naturaleza, el canto de los pájaros, el viento entre las hojas, los olores, las sensaciones, todo.

Es como una obra de arte en la que el artista le va agregando elementos, la va retocando y así se vuelve más completa, más bella y mas real.
Hay que dedicarle un tiempo diario y repetir esta visualización con frecuencia,de manera agradable y calma, respirando naturalmente.

Así funciona.