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domingo, 30 de noviembre de 2014

La conciencia y la luz


Las antiguas escrituras y enseñanzas espirituales refieren a menudo: “Dios es luz”. 
El universo creado por Dios se funda en el amor y en el equilibrio de todas las cosas y es creado con luz.



Podemos afirmar esto ya que el universo es una fuente de abundancia inagotable, rítmicamente balanceado,  cuya esencia es la luz (y no la oscuridad), ya que la luz es información y energía y esto es la esencia de toda la Creación.

En nuestra vida moderna, solo le prestamos atención a la luz, cuando es de noche o si hay un corte de electricidad o cuando deseamos solearnos, sin comprender lo que la luz significa para nuestro ser.

La luz es todo lo que hay; es con lo único que tenemos que tratar verdaderamente, pero todavía no sabemos lo que es


La ciencia misma comienza a comprender la relación entre la luz y la conciencia, entre la luz, la información y la energía.

En la actualidad la civilización ha avanzado mucho en saber cómo vincularse con la materia, pero no sabemos en realidad lo qué es la materia ni el por qué de ella. Tampoco sabemos verdaderamente lo que son la energía, la electricidad, el magnetismo, la gravedad y la radiación, aunque los experimentamos y usualmente nos servimos de ellos a diario. Y la prueba de esto es que los científicos continúan especulando acerca de su naturaleza.



Tampoco comprendemos lo que es el tiempo y su relación con la conciencia y con la luz.

Nos hemos acostumbrado a relacionarnos con un universo de partes separadas, sin Dios ni conciencia, frío y oscuro, que lentamente parece apagarse. Este ha sido el mensaje de la ciencia en los últimos 2 siglos. Pero lentamente este modelo mecánico va cambiando. 

El universo físico va dejando lugar al universo espiritual, y en este modelo, la conciencia y la luz son la esencia


Y para comprender la esencia de este universo consciente y luminoso debemos empezar por comprender lo que es el tiempo.

Así que eso nos lleva a nuestra pregunta principal...


¿Qué es el tiempo?

El tiempo es una magnitud física con la que medimos la duración o la separación de los sucesos que estamos observando. Esta es la definición clásica. Podemos decir que desde la perspectiva del observador es el flujo sucesivo de microsucesos o momentos.


"Un colega de Einstein, el físico John Wheeler, desarrolló una de las primeras ecuaciones de la gravedad cuántica en los primeros días de la unificación de la Relatividad y la Teoría Cuántica, es decir los esfuerzos de la ciencia para unificar la física del universo macroscópico, representada por la relatividad, y la física de lo microscópico, dominio de la física cuántica, ambas hasta el momento inconciliables.

Y aunque estas ecuaciones funcionan, no incorporan el tiempo como un parámetro físico, y esto resultó inquietante para muchos... 
De acuerdo a sus cálculos, que eran matemáticamente correctos, el resultado predijo un estado estático del universo, sin cambios, es decir, atemporal

Esta solución particular para la cuantificación de la relatividad general se conoce como la ecuación de Wheeler-DeWitt. El resultado parece ser paradójico - porque ¿cómo puede ser el universo estático e inmutable cuando nuestras experiencias en la vida son todo lo contrario?


Es interesante observar que las predicciones de las ecuaciones sugieren tanto que el tiempo es una ilusión, como que el universo es, en realidad, estático


Obviamente, estas ideas fueron consideradas como defectuosas porque no eran sostenibles con los hechos, es decir, lo que es claramente observable en el universo. Vemos cambio todos los días, y podemos medir el tiempo, por lo que asumimos debe ser real. 

Pero, ¿y si no fuera así? ¿Y si fuera el observador, es decir la conciencia, lo que se mueve sobre un fondo inmóvil y atemporal?

Para explorar esta idea, primero debemos tratar de descubrir lo que es en realidad el movimiento.


¿Hay algo que realmente se mueva?


Lo que percibimos como movimiento es debido al hecho de que la realidad está parpadeando dentro y fuera de la existencia en una altísima frecuencia, y que la creación aparece, desaparece y reaparece, oscilando entre la forma y la no-forma a nivel cuántico, innumerables veces por segundo, dando la apariencia de movimiento. 

Por lo tanto, esencialmente las cosas no se mueven en este universo en absoluto, sino que aparecen y desaparecen siguiendo determinados patrones, dando la apariencia de movimiento. Lo que parpadea no es el campo sino la materia creada, es decir, partículas, núcleos y átomos: los componentes fundamentales de nuestro mundo físico.

Fundamentalmente no hay desplazamiento, solo aparición y desaparición.

En el nivel cuántico todo el cosmos es como una luz parpadeante
No hay estrellas o galaxias, sólo vibrantes campos de energía

Como vemos, en el plano fundamental realmente no hay movimiento, sino un parpadeo de entrada y salida de la existencia de la creación, sin embargo, desde nuestro nivel aparece como movimiento fluido.

Al igual que las imágenes en la pantalla de TV no están realmente en movimiento, sino que son pequeños pixeles que se encienden y apagan en coordinación con los otros para que se vea como movimiento. 
Es difícil entenderlo desde nuestro pensamiento consciente que depende de los sentidos físicos y que justamente es el que crea la noción de tiempo, Con la mente dualista ordinaria no se puede asimilar esta verdad.

Sin embargo, todos hemos realizado en algún momento la existencia fuera del tiempo y el espacio, es evidente porque es nuestro verdadero ser.

Somos seres luminosos porque somos conciencia al igual que cada ser y cada cosa creada. No podría ser de otro modo ya que la Creación es en sí misma una extensión de la mente de su Creador.




lunes, 4 de agosto de 2014

Puntos de luz en la creación


Cada uno es un punto en la Creación.
Un punto formado a su vez por una infinidad de puntos.

Cada cosa creada en el universo es un punto con su propio centro y un campo de onda que lo rodea. Cada partícula es un punto, cada átomo es un punto, cada molécula es un punto, cada célula es un punto, con su propio centro, su propio campo y su propia conciencia.

Tu propio cuerpo, formado por millones y millones de células, tiene su propio centro,  con sus campos de onda y su conciencia. Al mismo tiempo, tu cuerpo es un punto que forma parte de un cuerpo mayor que también tiene su conciencia.

 

El universo es un solo cuerpo, una sola conciencia, que manifiesta infinitos puntos e infinitas conciencias. La multiplicidad de formas y conciencias es simplemente la Mente del Creador manifestándose en diferentes niveles.

Cada punto de la creación contiene el deseo del Creador. Cada punto es un punto de deseo.

La Creación expresa deseo y contiene en cada punto centrado este deseo

Y cada uno, como una unidad individual de la Creación, es un punto de deseo en el punto cero de este universo de la Mente.

  
Hijos del deseo

Alrededor de ese punto central, que es tu alma, se crea un registro de tu deseo, que se expresa en tu cuerpo y en el campo de ondas que lo rodea, un campo de ondas hecho a tu medida, que expresa la intensidad de tu deseo en el silencio cero del universo inmutable.

Nuestro cuerpo, al igual que todo en la creación, tiene dos mitades: una visible, manifestada, y la otra invisible, no manifestada. La mitad visible, es el cuerpo físico, material y palpable. Es el polo positivo.
La otra mitad es una onda extendida en los campos de energía que rodean al cuerpo físico. Es inmaterial y no se percibe con los sentidos físicos. Es el polo negativo.
  
La medida de tu campo de onda es la medida de la intensidad de tu deseo

 

El molde o patrón del cuerpo que se crea en el interior del campo es un registro eléctrico de tus deseos.
Tu cuerpo es el registro de la suma total de los deseos que se han expresado en los millones de años de su evolución.

Nunca perderás este registro modelado que es tu cuerpo. Cada molécula de ADN (de los billones que posees) contiene toda la información desde el inicio de la vida.
Durante tu gestación en el útero expresas todos estos estadios evolutivos: desde un simple unicelular hasta un ser humano complejo.

  
Cada célula de tu cuerpo contiene toda la información desde el inicio de la vida

Aunque tu cuerpo se desintegre y pierdas conciencia de él por un tiempo, tu alma nunca perderá conciencia de él.
Tu mente ordinaria, atada a tu cuerpo y a tus sentidos físicos, pierde la conciencia del yo individual y su realidad cuando estos desaparecen, igual que durante el sueño. Pero tu alma lo recuerda todo.

El deseo en su conciencia lo recuerda.

El propósito de la experiencia de cada alma en la materialidad del mundo físico es que el Libro de Memorias se pueda abrir y que el alma pueda conocer su relación con su Creador.

La información no se pierde.

Cada punto de experiencia, cada bit de pensamiento, cada molécula de tu cuerpo emocional, dejan un registro impreso en la sustancia del espacio tiempo. A esta sustancia se le ha llamado tradicionalmente éter.

El éter de los antiguos es nuestro actual mundo cuántico, poblado con una multitud de entidades cuánticas conocidas y desconocidas. Es el nivel por sobre el mundo físico, el reino de las partículas que aparecen y desaparecen y se encuentran entrelazadas.

El éter no es una sustancia simple, pero está compuesto de las diversas entidades cuánticas (electrones, fotones, etc) y sus diversas combinaciones ahora comenzando a ser conocido por la ciencia convencional.


Por lo tanto, hay diversos tipos de éter que tiene una gran cantidad de características.
Hasta no hace mucho, la ciencia sostenía la idea de que "el éter no existe" porque no se puede medir, lo cual se demostró es una tontería. La electricidad no era mesurable hace algún tiempo. Las ondas de radio tampoco eran mesurables hace algún tiempo.

Que la ciencia excluya aquello que no pueda comprobar según sus cánones y modelos convencionales, no significa que eso no exista.

Hoy en día no utilizamos el término "éter", ya que se le ha dado una mala reputación. El nuevo término para la misma cosa es plasma, el cual presenta ciertamente muchas variedades o niveles de energía.


Esta sustancia que va desde la tenuidad extrema hasta la densidad de la materia, no es otra cosa que la sustancia de la mente, la vibración de la conciencia en diferentes niveles y planos de correspondencia, pero en esencia se trata de la misma cosa.


Para acceder a la información contenida en estos registros, es decir, para poder abrir el Libro de Memorias (también conocido como registros akáshicos), hace falta energía y dedicación. Acumular energía y concentrar la intención.

Sin estas condiciones solo navegaras en la superficie de tu nivel físico. Pero esta información no se encuentra en el plano material sino en la profundidad de tus niveles esenciales.

Es como una semilla que contiene toda la información para repetir un cuerpo, aunque busques dentro de ella con el  microscopio más potente no encontrarías ni el menor indicio de un cuerpo ¿Dónde se guarda el molde y los elementos para repetir un mismo cuerpo?
La información se guarda en el espacio, en los campos de onda que pertenecen a cada cuerpo. La semilla contiene la esencia y el material genético con las instrucciones para ensamblar ese cuerpo. Los elementos materiales los toma del medio.

No hay nada que se parezca a un cuerpo en el interior de la semilla. Las instrucciones para el ensamblado de las partes y la energía potencial, se encuentran en el ADN dentro de ella, pero sin la contraparte invisible, sin la información presente en los campos de energía que la rodean es imposible la forma y el crecimiento.

Hablamos de campos de energía e información, éter, plasma o simplemente de sustancia de la Mente pero también puedes llamarlo luz. Esta luz es el movimiento de la conciencia, su vibración. Y esta luz puede ser muy tenue y vibrar a altísima frecuencia o desacelerar y materializarse, es decir, densificarse al punto de presentarse sólida al tacto..

Todos los cuerpos están hechos de luz

Recuerda siempre que tu único cuerpo tiene dos mitades opuestas y complementarias, al igual que tu mente tiene dos polos opuestos que se alternan y balancean como un péndulo: pensamiento y no pensamiento. Uno genera y el otro controla. El pensamiento es electricidad, mueve y genera, produciendo trabajo y creación. El no pensamiento es magnetismo, controla, modela, dirige y permite la renovación.


La mitad física y visible de tu cuerpo es la que efectúa el "trabajo" de colectar experiencias, es el vehículo material del cual se sirve el espíritu para aprender y manifestarse, esta parte es la que  conocemos como vida. Es luz cristalizada que sigue las instrucciones de la conciencia.
Mientras que la otra mitad invisible y no manifestada, es el mar de potencialidad  infinita, la sustancia invisible de la Mente, conectada con el Todo.

Luego de un tiempo, debes dejar el cuerpo físico, tu conciencia individual se funde con los campos de energía, vuelve a la sustancia original volcando toda la experiencia colectada y permitiendo la renovación completa del cuerpo físico.

A esto le llamamos muerte, porque no tenemos en cuenta la naturaleza cíclica de la creación e ignoramos que cuando las condiciones sean propicias la semilla dará una nueva forma. La mitad física se manifestará nuevamente para expresar el deseo del Creador y permitir la experiencia y el registro de información.

La luz volverá a materializarse de acuerdo a la información contenida en dichos campos de onda.

Aparición y desaparición, puntos que se prenden, se apagan y se vuelven a prender, esa es nuestra naturaleza.

Somos puntos luminosos que titilan en la inmensidad del cosmos inmutable