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lunes, 11 de abril de 2011

Partículas inteligentes


Como se ve en el post anterior, el cerebro es capaz de producir sus propias sustancias alucinógenas, narcóticas o analgésicas con determinados propósitos, pero la variedad es enorme. El cerebro es una verdadera fábrica de químicos. En realidad es más bien como un sofisticado sistema biológico de comunicación.


Los neurotransmisores son mensajeros químicos que hacen mucho más fluida la interacción entre la mente y el cuerpo. Transportan información de una neurona a otra. Conectan los diferentes planos del ser: la mente y el cuerpo (y obviamente el sistema energético).


Las posibilidades de un neurotransmisor son muchas. Esta sustancia es capaz de estimular o inhibir rápida o lentamente (desde milésimas de segundo hasta horas o días), puede liberarse hacia la sangre (en lugar de hacia otra neurona, glándula o músculo) para actuar sobre varias células y a distancia del sitio de liberación (como una hormona), puede permitir, facilitar o antagonizar los efectos de otros neurotransmisores. O también puede activar otras sustancias del interior de la célula, (estos son los llamados segundos mensajeros), para producir efectos biológicos (por ejemplo:. activar enzimas como las fosforilasas o las cinasas).


Por esta amplitud de posibilidades también se utilizan términos como el de neuromodulador, neurorregulador, neurohormona o neuromediador.

Aunque el uso de términos diferentes puede ayudar a definir acciones y contextos de comunicación intercelular, aquí utilizaremos el de neurotransmisor, pues hablamos simplemente de intercambio de información, de transmisión de señales, de uniones funcionales entre células.


Esto está ampliamente investigado desde hace años por la ciencia. Lo que hasta ahora estaba faltando en la descripción, era un ingrediente fundamental: la inteligencia (o sea la conciencia). Detrás de cada molécula, de cada partícula hay información, conciencia. Esta mente, o inteligencia propia del cuerpo (visto que mente y cuerpo son la mismo), es la que mueve, coordina y dirige. Sabe que hacer, como y cuando, para adaptarse, sobrevivir y evolucionar., ¿y como lo sabe?

Si todas las células pueden funcionar como una gran orquesta, ¿Quién dirige la orquesta?.


Está claro que sin una estructura física, no es posible ni viable, queda en lo abstracto. El espíritu necesita materializarse para experimentar. El que dirige es el espíritu.

Y una orquesta, además de un director, necesita de músicos e instrumentos. Aquí es donde aparecen los neurotransmisores, materializando un efecto deseado o pensado previamente por la misma conciencia o inteligencia del cuerpo, de acuerdo a sus necesidades y requerimientos.


El sustrato de la materia es energía e información.

Pero incluso antes que esto está la conciencia misma del universo, la inteligencia fundamental que impregna y anima todo.


La mente, cualquiera sea su definición, es no material, sin embargo la unidad con estas moléculas es tan íntima, que no podría proyectarse ni manifestarse en el cuerpo sin utilizar estas sustancias químicas.

Pero estas sustancias químicas no son la mente, ¿o si?


Cuando observamos que mente y cuerpo no son diferentes, que comparten la misma esencia y el mismo origen, entonces, podemos asumir que los neurotransmisores son la mente. Cada partícula es inteligente. El pensamiento es la actividad de la mente. Como sabemos un pensamiento es energía e información. La energía y la materia son lo mismo. La energía se materializa y la materia se transforma en energía (E=MC²).


Los pensamientos se materializan


La materia, es decir el mundo físico que conocemos, esta hecho de pensamientos.

Un eminente neurólogo inglés y premio Nobel, sir John Eccles, lo resumía así: “Si uno quiere ser testigo de una verdadera experiencia de psicoquinesis, basta con admirar las hazañas de la mente sobre la materia en el interior del cerebro. No deja de ser sorprendente el que para cada pensamiento la mente consiga mover átomos de hidrógeno, oxígeno, carbono y otras partículas de las células cerebrales. Como la mente insustancial y la materia gris del cerebro, tan diferentes una de la otra, interactúan entre sí es un misterio”.


El misterio del poder de la mente sobre la materia no tiene explicación para muchos científicos porque parten de modelos equivocados. Hay quienes prefieren seguir indagando en estructuras químicas más y más complejas, operando en niveles de fisiología cada vez más sutiles, o como los físicos de partículas, que construyen aceleradores cada vez mas gigantes para fragmentar la materia en pedacitos cada vez mas pequeños tratando de encontrar la última verdad y resumirla en una ecuación.

Pero la verdad es escurridiza e inatrapable, porque para encontrar la esencia de la materia no hay que buscar en la materia si no en el espíritu.


Otra cosa que podemos asumir es que nuestro cuerpo físico fue diseñado con inteligencia como un elemento constitutivo, ya viene así de fábrica.

La inteligencia a la que hago referencia es una actividad emergente del mar de potencialidad infinita. Es algo implícito en la creación, en la naturaleza.


Se dice que la célula es la menor unidad biológica con conciencia, ya que sabe nutrirse, protegerse, reproducirse, sabe lo que necesita y lo que le hace mal y sobretodo: sabe lo que tiene que hacer.

Pero, ¿Cómo aprendió? ¿Es que hay una inteligencia detrás de la inteligencia?

La respuesta es que el espíritu, la conciencia, lo impregna todo.


Hay una sola conciencia


En esencia somos uno con todo, somos diferentes manifestaciones de la misma conciencia. En el nivel esencial solo existe la no separación, es decir, la no diferenciación.


Ya vimos que la mente utiliza el lenguaje químico para que el cuerpo ejecute sus órdenes, y el maestro de la química en el cuerpo es el ADN.

Incluso la molécula de ADN esta compuesto por partículas más pequeñas unidas químicamente. Podemos también aceptar que el ADN, con sus miles de millones de bytes de información, y un complejo código genético, es una molécula inteligente, por lo menos más inteligente que la sencilla molécula del azúcar, por ejemplo.

Es difícil de imaginar que en el azúcar haya algún tipo de inteligencia. Pero al fin y al cabo el ADN esta compuesto por cadenas de azucares (desoxirribosa), bases nitrogenadas, (simplemente nitrógeno e hidrógeno) y otros componentes sencillos. Si estos no son inteligentes, ¿Cómo hace el ADN para volverse listo solo con unir unos con otros?


Siguiendo este razonamiento ¿porque no serían inteligentes los átomos de nitrógeno o de carbono que forman el azúcar, o el hidrógeno, que esta en todas partes?

Quizás lo sean.


Si nuestro cuerpo tiene una conciencia, una inteligencia fundamental, ¿porque no sus componentes?, y los componentes de los componentes y así hasta el infinito.


Empezamos a intuir y comprender el verdadero poder de la mente y a comprobar por medios científicos, antiguas enseñanzas espirituales: "La mente organiza la materia, le da forma, a su vez, la materia contiene a la mente y le permite expresarse".

Pero en esencia son lo mismo: vacuidad.


Veremos que esta vía química de comunicación, altamente sofisticada y eficaz, no solo esta limitada al sistema nervioso, también el sistema inmunitario tiene una comunicación intima con la mente.

Otro dato: el incesante diálogo interno no pasa desapercibido. Cada célula del cuerpo lo escucha, en especial, los linfocitos y otros componentes del sistema de defensa se ven afectados.

Las creencias generan una determinada química que afecta directamente a cada célula del cuerpo. Lo que creemos impacta profundamente en la organización de la materia, es decir, en el cuerpo físico y por lo tanto en la realidad que se genera.


Por eso hay que estar atentos a lo que se piensa y saber parar el motor. Desarrollar la atención es fundamental. Para esto la práctica de la meditación –zazen-, es la clave.

Si vamos a mantener la radio interna prendida, hay que saber que además de consumir recursos, la escucha todo el universo.



viernes, 30 de abril de 2010

La química de las emociones



Sabemos ahora que las emociones y los pensamientos, tienen su expresión química en el cuerpo. Cada célula del organismo escucha y participa del “diálogo interno”.

El cerebro responde a cada pensamiento con una química determinada, ya sea de alegría, de placer, de miedo, de alarma o de dolor.

Ya hemos visto el rol de los neuropéptidos cerebrales en la comunicación de información a distancia en el organismo.
Un neuropéptido es una cadena de aminoácidos, unidos por puentes peptídicos que se diferencian de otras proteínas sólo por la longitud de su cadena. Se han identificado hasta el momento alrededor de 100 neuropéptidos.

Su tamaño puede variar desde 2 aminoácidos, como ejemplo la carnocina, hasta más de 40 aminoácidos, como la CRH (hormona liberadora de corticotrofina).

Tienen función tanto excitatoria como inhibidora.
Los neuropéptidos, que también se llaman neuromoduladores, se pueden agrupar en varios grupos.

También se conocen bien otros transmisores de información como la Adrenalina y Noradrenalina, la Dopamina, la Serotonina, la Histamina, etc.


Estas sustancias químicas son las responsables que sintamos por ejemplo placer, miedo, sueño, hambre o motivación, entre otras funciones.

Lo notable es que según el tipo de pensamiento que tengamos, según el área del cerebro, o dicho de otra forma, el grupo de neuronas que se active, habrá un tipo de química correspondiente.

Un ejemplo claro lo constituye el estrés.

El exceso de “máquina”, de problemas, de pensamientos, de obligaciones, enciende todo el tiempo los mecanismos de alarma (sistema neurovegetativo simpático: prepara para la lucha y la huida) del cuerpo y por consiguiente este produce una química acorde a la situación, es como prender todas las luces de la casa todo el tiempo cuando no hace falta. Resultado: el sistema se desgasta, se quema rápido, y en el caso del organismo se pierde eficacia y se vive mal y poco.

La preocupación y la frustración generan un tipo de química, la calma y la aceptación otra. Un pensamiento positivo tiene una química. Uno negativo, otra.

A su vez, está química generará pensamientos y emociones positivas o negativas, en un sistema de retroalimentación permanente.

Aunque creamos que nadie escucha lo que pensamos, las células de todo el cuerpo si lo hacen, perciben todo, ya que cuerpo y mente son diferentes expresiones de una misma realidad.

El sistema inmune es otro ejemplo. Se han descubierto en la membrana de los linfocitos y otras células de defensa receptores para estos neuropéptidos, de manera que el estado emocional de la persona influye directamente sobre su sistema defensivo, es decir, sobre la capacidad de resistencia a las enfermedades y el control y eliminación de células y microorganismos nocivos.

Por eso la higiene emocional es tan importante como la higiene corporal.

Limpiar y eliminar cotidianamente los viejos sentimientos, los miedos, las preocupaciones, la ansiedad y los pensamientos negativos, y reemplazarlos por una nueva manera de percibir al entorno y a nosotros mismos. Con motivación y de manera positiva.

Este simple y monumental acto, generará un torrente de sustancias químicas y energía, que no solo fortalecerá el sistema inmune, si no que será fuente de salud y felicidad.

Amar es inteligente.

Un solo pensamiento positivo tiene el poder de cambiar la realidad y transformar nuestra vida. Y esto es un hecho científico.

El no pensamiento, es la fuente de la creatividad y la sabiduría profunda y constituye la mejor manera de hacer “higiene mental”, de resetear el ordenador y volver a "0".


El verdadero poder se encuentra en el inconsciente, el océano de pura potencialidad y a este se accede de manera natural a través de la calma, el silencio y la práctica de la concentración, como en la neditación (ver zazen).


martes, 19 de mayo de 2009

El sistema inmunitario (3ª parte)


imagen de un anticuerpo (inmunoglobulina G)


Inmunidad adaptativa

El sistema inmune adaptativo permite una respuesta inmunitaria mayor, así como el establecimiento de la memoria inmunológica, donde cada patógeno es recordado por un antígeno característico y propio de ese patógeno en particular.

La habilidad de generar estas respuestas específicas se mantiene en el organismo gracias a las células de memoria. Si un patógeno infecta a un organismo más de una vez, estas células de memoria desencadenan una respuesta específica para ese patógeno que han reconocido, con el fin de eliminarlo rápidamente.

Linfocitos
Las células del sistema adaptativo son una clase especial de leucocitos, llamados linfocitos.
Las células B y las células T son las clases principales de linfocitos y derivan de células madre hematopoyéticas pluripotenciales de la médula ósea .


Las células B están involucradas en la respuesta inmunitaria humoral, mientras que las células T lo están en la respuesta mediada por células.

Las células B y T contienen en su superficie moléculas receptoras que reconocen objetivos (targets) o blancos específicos.

Las células T reconocen al patógeno, sólo después de que los antígenos (pequeños fragmentos del patógeno) han sido procesados y presentados en combinación con un receptor propio de su membrana, una molécula del llamado complejo mayor de histocompatibilidad (CMH).
Por el contrario, el receptor específico de antígeno de las células B es un molécula de anticuerpo en la superficie de la célula B, y reconoce patógenos completos sin la necesidad de que los antígenos sean procesados previamente.

Células T asesinas
Son una variedad de linfocitos T que atacan directamente a otras células que porten en su superficie antígenos extraños o anormales.
La característica de este subgrupo de células T es que matan células infectadas con virus (y otros patógenos), o que estén dañadas o enfermas por otras causas.

Al igual que las células B, cada tipo de célula T reconoce un antígeno diferente.

Las células T asesinas son activadas cuando su receptor de células T (RCT) se liga a su antígeno específico formando un complejo con el receptor del CMH de otra célula.

Cuando una célula T activada toma contacto con tales células, libera toxinas que forman poros en la membrana plasmática de la célula target o receptora, permitiendo que iones, agua y toxinas entren en ella. Esto provoca el estallido de la célula o que experimente apoptosis (muerte celular programada).

La muerte de células huésped inducida por las células T asesinas tiene una gran importancia para evitar la replicación de los virus. La activación de las células T tiene unos controles muy estrictos y por lo general requiere una señal muy fuerte de activación por parte del complejo CMH/antígeno.

El anticuerpo típico esta constituido por unidades estructurales básicas, cada una de ellas con dos grandes cadenas pesadas y dos cadenas ligeras de menor tamaño.

Los anticuerpos son sintetizados por un tipo de leucocito denominado linfocito B.

Hay varios tipos de anticuerpos o inmunoglobulinas, según la forma de cadena pesada que posean.

Se conocen cinco clases diferentes de inmunoglobulinas: A, D, E, G y M, que desempeñan funciones diferentes, contribuyendo a dirigir la respuesta inmune adecuada para cada distinto tipo de cuerpo extraño que encuentran.
Aunque la estructura general de todos los anticuerpos es muy semejante, una pequeña región del ápice de la proteína es extremadamente variable, lo cual permite la existencia de millones de anticuerpos, cada uno con un extremo ligeramente distinto.

Cada una de estas variantes puede unirse a un objetivo o antígeno distinto, de manera altamente específica.

Esta enorme diversidad de anticuerpos permite al sistema inmunitario reconocer una diversidad igualmente elevada de antígenos.


El reconocimiento de un antígeno por un anticuerpo lo marca para ser atacado por otras partes del sistema inmunitario (fagocitos, sistema del complemento, etc.).


Anticuerpos y linfocitos B

El linfocito B identifica los patógenos cuando los anticuerpos de su superficie se unen a antígenos foráneos específicos. Este complejo antígeno/anticuerpo pasa al interior del linfocito B donde es procesado por proteolisis y descompuesto en péptidos.


Cuando el linfocito B ha sido activado comienza a dividirse y su descendencia segrega millones de copias del anticuerpo que reconoce a ese antígeno.

Los anticuerpos circulan en el plasma sanguíneo y en la linfa.


Memoria inmunológica

Cuando las células B y T son activadas y comienzan a replicarse, algunos de sus descendientes se convertirán en células de memoria con un largo periodo de vida.

A lo largo de la vida de un animal, estas células recordarán cada patógeno específico que se hayan encontrado y pueden desencadenar una fuerte respuesta si detectan de nuevo a ese patógeno concreto.

Esto es "adaptativo" porque ocurre durante el tiempo de vida de un individuo como una adaptación a una infección por ese patógeno y prepara al sistema inmunitario para futuros desafíos.

La memoria inmunológica puede ser pasiva y de corta duración o activa y de larga duración.

Inmunidad pasiva
La inmunidad pasiva es generalmente de corta duración, desde unos pocos días a algunos meses.
Los recién nacidos no han tenido una exposición previa a los microbios y son particularmente vulnerables a las infecciones. La madre les proporciona varias capas de protección pasiva. Durante el embarazo, un tipo particular de anticuerpo, llamado IgG, es transportado de la madre al bebé directamente a través de la placenta, así los bebés humanos tienen altos niveles de anticuerpos ya desde el nacimiento y con el mismo rango de especificidad contra antígenos que su madre.

La leche materna también contiene anticuerpos que al llegar al intestino del bebé le protegen de infecciones hasta que éste pueda sintetizar sus propios anticuerpos.

Todo esto es una forma de inmunidad pasiva porque el feto, en realidad, no fabrica células de memoria ni anticuerpos, sólo los toma prestados de la madre. En medicina, la inmunidad protectora pasiva puede ser también transferida artificialmente de un individuo a otro a través de suero rico en anticuerpos.

El curso del tiempo de una respuesta inmune comienza con el encuentro con el patógeno inicial (o la vacunación inicial) y conduce a la formación y mantenimiento de la memoria inmunológica activa.

Inmunidad activa e inmunización
La memoria activa de larga duración es adquirida después de la infección, por la activación de las células T y B.

La inmunidad activa puede ser también generada artificialmente, a través de la vacunación.

El principio en que se basa la vacunación (también llamada inmunización) consiste en introducir un antígeno de un patógeno para estimular al sistema inmunitario y desarrollar inmunidad específica contra ese patógeno particular sin causar la enfermedad asociada con ese microorganismo.

Esto en teoría, en la práctica, actualmente las vacunas además de representar un negocio enorme (a costa de la salud de millones), son herramientas de manipulación genética e inductoras de enfermedades, debido a las sustancias que incluyen en su fabricación, particularmente el mercurio y otros metales pesados.

Cuando el sistema inmunitario falla

El sistema inmununitario es un complejo notablemente eficaz que incorpora especificidad, inducibilidad y adaptación.

Podemos encontrar 3 formas de fallo en el sistema inmunitario:

-inmunodeficiencia.

-autoinmunidad.

-hipersensibilidad.

Inmunodeficiencias
La Inmunodeficiencia ocurre cuando uno o más de los componentes del sistema inmunitario están inactivos. La calidad de la respuesta inmune depende de la edad, (por ejemplo los ancianos y los niños pequeños son más vulnerables a las infecciones) y también de otras condiciones.
En los países desarrollados, el estrés, la obesidad, el alcoholismo y el abuso de drogas son causas comunes de una respuesta inmune disminuida.
En cambio, la malnutrición es la causa más común de la inmunodeficiencia en países pobres.
Aunque hoy este concepto está cambiando ya que se registran cada vez más casos de trastornos alimentarios en sociedades desarrolladas por la mala calidad de la alimentación (alimentos procesados, Mc Donald´s, comida chatarra, etc)

Las inmunodeficiencias también pueden ser heredadas o adquiridas.
La enfermedad granulomatosa crónica, en la cual los fagocitos tienen problemas para destruir patógenos, es un ejemplo de una herencia, o inmunodeficiencia congénita.
El SIDA y algunos tipos de cáncer causan inmunodeficiencia adquirida.

Autoinmunidad Las respuestas inmunes exageradas abarcan el otro extremo de la disfunción inmunitaria, particularmente el desorden autoinmune. Aquí el sistema inmunitario falla en distinguir adecuadamente lo propio de lo extraño y ataca a partes del propio organismo.
En circustancias normales, muchas células T y anticuerpos reaccionan con péptidos o proteínas del propio organismo. Algunos ejemplos de enfermedades autoinmunes: artritis reumatoide, esclerosis multiple y lupus eritematoso.

Existen, sin embargo, células especializadas (localizadas en el timo y en la médula ósea) que participan en la eliminación de linfocitos jóvenes que reaccionan contra antígenos propios, para prevenir así la autoinmunidad.


Hipersensibilidad La hipersensibilidad es una respuesta exagerada del sistema inmunitario que daña los propios tejidos del cuerpo.

Está dividida en cuatro clases (Tipos I-IV) basándose en los mecanismos involucrados y el tiempo de desarrollo de la reacción hipersensible.
El tipo I de hipersensibilidad es una reacción inmediata o anafiláctica, relacionada con alergias. Los síntomas van desde un malestar suave hasta la muerte. El tipo I de hipersensibilidad está mediado por la inmunoglobulina E, que es liberada por mastocitos y basófilos .

El tipo II de hipersensibilidad se produce cuando los anticuerpos se ligan a antígenos localizados sobre las células propias del paciente, marcándolas para su destrucción. También recibe el nombre de hipersensibilidad dependiente de anticuerpos o citotóxica y es mediada por anticuerpos de tipo IgG e IgM.
Los inmunocomplejos (agregados de antígenos, proteínas del complemento, y anticuerpos IgG e IgM ) depositados en varios tejidos desencadenan la hipersensibilidad de tipo III .
La hipersensibilidad de tipo IV (también conocida como "hipersensibilidad de tipo retardado") generalmente tarda entre dos y tres días en desarrollarse. Las reacciones de tipo IV están implicadas en muchas enfermedades autoinmunes e infecciosas, pero también incluyen dermatitis de contacto. Estas reacciones son mediadas por las células T, monocitos y macrófagos.

Tumores e inmunología
Otra función importante del sistema inmunitario es la de identificar y eliminar células tumorales o potencialmente cancerosas.

Las células transformadas de los tumores expresan antígenos que no aparecen en las células normales. El sistema inmunitario considera a estos antígenos como extraños, lo que ocasiona que las células inmunitarias ataquen a las células tumorales transformadas.
La principal respuesta del sistema inmunitario es destruir las células anormales por medio de células T asesinas.

Un dato de gran importancia es que el sistema inmunitario, al igual que el resto del organismo, forman parte de un todo que incluye además de los componentes celulares y humorales, emociones, pensamientos y vibraciones de naturaleza mas sutil; todo interconectado por medio de una vasta red energética.

Y así como hemos visto la forma en que el sistema inmunitario se puede alterar o inhibir; hay que agregar que las emociones y la mente juegan un rol fundamental en la capacidad defensiva del cuerpo. 

Se ha comprobado que los linfocitos T tienen en su membrana receptores para moléculas (neuropéptidos, etc.) enviadas por el cerebro, lo cual significa que lo que sentimos y pensamos influye directamente en nuestro sistema inmunitario y en la capacidad para resistir enfermedades. El cerebro y los linfocitos comparten la misma información.

Es evidente, todo esta conectado de alguna manera a la central...

La mejor manera de mantener las defensas altas es mediante una alimentación natural y variada, acorde a la época del año y a la edad, incluso con aportes vitamínicos (vit C, etc).

Hacer ejercicio físico diariamente y practicar una correcta respiración. Algunas disciplinas como el taichi, el yoga o el chi kung son beneficiosas.

Y sobretodo, aprender a calmar la mente y a no desperdiciar la preciosa energía vital en malos hábitos, preocupaciones o exceso de trabajo.

Meditar regularmente es esencial.
La practica de zazen no es en sí misma un método de salud ni estrictamente un meditación, pero como meditación y como método de salud es muy eficaz.

La salud depende de la alegría de vivir



martes, 13 de enero de 2009

muerte celular programada

Apoptosis

En los procesos metabólicos, las células intercambian moléculas con el medio, obteniendo información de este. 
Son señales fisicoquímicas. A estas señales, se las denomina Señales de pervivencia, y son las responsables de mantener a la unidad biológica en un estado óptimo.
En las comunicaciones celulares, estas señales están encaminadas a informar a la población celular cuando el medio es propicio o cuando no lo es.
En la imagen se observa una célula apoptósica en un hígado sano.


Entonces este conjunto de estímulos bioquímicos y eléctricos que una célula organizada recibe en el transcurso de su vida, le permitirán cooperar en la dinámica del organismo al que pertenece.
En el proceso natural de vida de una célula, una de las múltiples causas por las cuales se deteriora son los procesos de metabolización del oxígeno, siendo la mitocondria el orgánulo celular afectado en dicho proceso por ser el responsable del metabolismo celular.
Cuando suceden errores dentro de ese proceso, la mitocondria debe de iniciar el trabajo desde el principio, con la desventaja de que ha de realizarlo dentro del mismo ciclo metabólico. Cuando los errores superan la capacidad de la propia célula para asumir esos fallos, comienza a producir tóxicos, eliminándolos por las vías secretoras.


Ciertas células del sistema inmunitario, los linfocitos B y linfocitos T, son sofisticados agentes de la respuesta defensiva del organismo frente a infecciones así como células propias que hayan adquirido o desarrollado algún tipo de malignidad.


Para llevar a cabo su trabajo, estos glóbulos blancos deben tener la habilidad de discriminar lo propio de lo extraño y lo sano de lo enfermo, gracias a la especialidad de sus receptores. De hecho, los linfocitos T pueden ser activados por fragmentos de proteínas expresadas inapropiadamente (derivadas, por ejemplo, de una mutación maligna) o por antígenos extraños producidos como consecuencia de una infección intracelular.


Después de activarse estos linfocitos tienen la capacidad de migrar, proliferar y reconocer las células afectadas, induciendo una respuesta de muerte celular programada, pues la célula ya no está en linea ni sincronizada con el resto de sus compañeras, siendo un peligro potencial para las vecinas.


Cuando una célula se halla dañada y no tiene posibilidades de ser reparada, cuando ha sido infectada por un virus, o cuando las condiciones del medio no son favorables, se produce la muerte celular programada, denominada "apoptosis".
Este programa genético produce la muerte de la célula de manera controlada.
La "decisión" de iniciar la apoptosis puede provenir de la célula misma, del tejido circundante o de una reacción proveniente del sistema inmune, como ya vimos.


La apoptosis es un fenómeno biológico fundamental, permanente, dinámico e interactivo.


Existen mecanismos a favor y contra la apoptosis que están regulados genéticamente.


Como función necesaria para evitar la sobreproducción celular se sospechaba de su existencia, pero es un proceso ordenado y "silencioso" que no produce reacción inflamatoria por parte de los tejidos y por ello es difícil de captar.
Cuando la capacidad de una célula para realizar la apoptosis se encuentra dañada (por ejemplo, debido a una mutación), o si el inicio de la apoptosis ha sido bloqueado (por un virus), la célula dañada puede continuar dividiéndose sin mayor restricción, resultando en un tumor que puede ser de tipo canceroso si por su naturaleza sale de control.
Las células más viejas cuentan con mitocondrias más dañadas, por lo que la capacidad de aportar energía se ve disminuida, si a eso le agregamos las condiciones del medio, el resultado es evidente: Las más viejas son las que menos se alimentan en un medio pobre o deficiente. A su vez, la ralentización de los ciclos metabólicos descompensa otras funciones celulares, por lo que para mantener la función (y obviamente la vida) la célula es reemplazada y su contenido reciclado.


El cuerpo físico elimina lo que ya no le sirve y se queda con lo que necesita para preservar sus funciones y por supuesto la vida. Lo interesante es que esta capacidad de "autoequilibrio" se extiende también a los planos más sutiles de la existencia, es decir al plano de las emociones y los pensamientos. En este nivel espiritual, cada emoción, cada pensamiento, pueden considerarse como células y por lo tanto ser removidos, reemplazados y reciclados cuando salen de control y provocan sufrimiento y confusión, o sea, cuando ya no son más necesarios. Tenemos esa capacidad. Es cuestión de confiar en nuestro cuerpo, en nuestras células, la naturaleza las dotó de mecanismos sofisticados durante millones de años para poder adaptarnos a los cambios y evolucionar.




La vida y la muerte en términos biológicos son dos aspectos inseparables y complementarios. La muerte y el cambio existen para favorecer la vida y dar paso a lo nuevo, sino...se imaginan?!

jueves, 2 de octubre de 2008

La sonrisa, el timo y el sistema inmunitario


Todos hacemos la experiencia de que la sonrisa, la manifestación física y la expresión genuina de un estado interno de alegría, nos hace sentir bien, optimiza nuestras acciones y produce motivación, influyendo y modificando nuestro entorno.
Esto es estudiado desde épocas muy antiguas y en tiempos modernos las investigaciones realizadas en biología molecular y en neurofisiología aportan datos reveladores.

El Timo es una pequeña glándula situada en la base del cuello y detrás del esternón ejerce una clara influencia sobre el desarrollo y maduración del sistema linfático, en particular de los linfocitos T y en la respuesta inmunitaria de nuestro organismo.

Los linfocitos T tienen como función aislar a las células anormales y destruirlas. Esto es de vital importancia en la capacidad defensiva del organismo y además se sabe que en la millonada de células que se producen en el cuerpo permanentemente siempre hay células aberrantes, defectuosas, que si no se las elimina pueden proliferar y generar enfermedad o un cáncer. Sir MacFarlane Burner, premio Nobel de medicina por sus aportes en inmunología, en su teoría sobre el cáncer sugiere que la estimulación del timo puede prevenir la aparición de esta enfermedad.


¿Qué relación hay entre el timo y la risa?
Se ha visto que en situaciones de estrés o de emociones negativas reiteradas esta glándula altera su funcionamiento disminuyendo significativamente la capacidad de defensa del organismo. O lo que es lo mismo, se genera un estado de inmunodeficiencia.
El timo es extremadamente sensible a la risa y a las emociones positivas, como el amor, la compasión, la generosidad y la autoconfianza. Se lo relaciona además con el cuarto chakra, Anahata, el chakra cardíaco, cuyo color es el verde.
Hay otro hecho importante, que luego desarrollaré con más detalles, la risa favorece la secreción de neuropéptidos cerebrales. Estas sustancias tienen la capacidad de activar receptores presentes en las membranas de todas las células. Son mediadores de respuestas de tipo químico, que modifican el comportamiento de la célula, como las encefalinas y endorfinas, que provocan una sensación de bienestar al modificar a ciertos receptores para el dolor.

La salud depende de la alegría de vivir.

Esto nos hace participes y responsables de nuestra actividad interna, de nuestros pensamientos y emociones y como ya vemos hasta de nuestro sistema inmunológico.
Así que ¡a reír se ha dicho!
Salud y felicidad para todos.