Mostrando entradas con la etiqueta neuropéptidos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta neuropéptidos. Mostrar todas las entradas

lunes, 4 de abril de 2011

La química de la conciencia


La glándula Pineal y la molécula de DMT


Entre las múltiples funciones endógenas de la glándula pineal, (ver post anterior): como la de controlar los centros hipotalámicos, el biorritmo, presentar además un efecto antioxidante y protector contra radicales libres, producir melatonina, etc. Esta estructura del cerebro produce una molécula: la DMT o Dimetiltriptamina.


La N,N-dimetiltriptamina (DMT) es una forma natural de sustancia alucinógena de la familia de la triptamina.


Muchas culturas, indígenas y modernas, ingieren DMT como psicodélico, en extractos naturales o en forma sintética.

Está considerada como uno de los neurotransmisores alucinógenos más poderosos para el ser humano.


La DMT (N,N-dimetiltriptamina) es un alcaloide derivado de la triptamina y se encuentra en numerosas plantas y seres vivos. Está intimamente relacionada con el triptófano, un aminoácido presente en toda la naturaleza, y es muy fácil convertir triptófano en DMT.


Su uso oral entre humanos es posible gracias a la sinergia entre un IMAO (inhibidor de la monoaminoxidasa) y plantas ricas en dimetiltriptamina como la Mimosa Hostilis o la Psychotria viridis. Este brebaje se conoce con el nombre de ayahuasca o yajé.


"Los chamanes conocen desde hace muchísimo tiempo esta combinación química generadora de estados alucinógenos. La bebida ritual, conocida como Ayahuasca, es el claro exponente de esta combinación y se realiza mediante la mezcla de plantas: una que contendrá el agente psicoactivo N, N-DMT, como por ejemplo la Mimosa hostilis y la otra que contendrá el agente que permita que se dé el efecto alucinógeno deseado (IMAO) como por ejemplo la Peganum harmala o la Banisteriopsis caapi."


La DMT se metaboliza de forma muy rápida, volviéndose inactiva por vía oral, debido a la monoaminoxidasa.


Lo notable es que nuestro cuerpo produce naturalmente DMT.


La DMT, producida en pequeñas cantidades por humanos, mamíferos, y por lo que se ve también, en la mayoría de los seres vivos, participe en los efectos visuales del sueño natural e incluso en las experiencias cercanas a la muerte y otros estados místicos.


Cuando sueñas produces DMT


Está comprobado que durante el sueño los niveles de DMT en el cerebro son periódicamente aumentados, evidentemente para generar alucinaciones oníricas visuales y posiblemente otros estados alterados de la conciencia.


La DMT actúa como un portal interdimensional, un vehículo que transporta el espíritu fuera del cuerpo, creando otra realidad.


Afecta directamente a la conciencia.


DMT es una expresión química de la conciencia, que permite una diferente modalidad de percepción, es decir, ayuda a percibir una realidad diferente u otras dimensiones de la misma realidad.


Es otra prueba de que estamos capacitados, equipados, para crear realidades y cambiar de dimensiones de la existencia, de manera natural. Como si la naturaleza nos diera la posibilidad de conocer y experimentar distintas dimensiones y estados del ser.

Y también es otra comprobación de que la realidad que vivimos y consideramos sólida e inmutable es simplemente el resultado de una serie de estímulos y percepciones.

Información que se procesa.


La realidad es información


La percepción de la realidad y la neuroquímica del cerebro son una misma cosa.


Si cambia la química, cambia la percepción y la realidad se altera. Si cambia la percepción, cambia la química y por consiguiente el cerebro percibe otra realidad.



La química no solo está referida al uso de drogas. El lenguaje de las células es químico.

El pensamiento y la respiración influyen directamente en la química celular.


La meditación (zazen) al mejorar el metabolismo en el cerebro profundo, aumenta la producción de neurotransmisores, hormonas y otras sustancias, lo que modifica la química celular, generando las condiciones para que podamos trascender los límites del conciente y percibir una realidad diferente, más amplia y equilibrada.


Todos estos no son más que mecanismos de adaptación, es parte de la dinámica de la evolución.


La adaptación a la realidad implica un cambio de realidad.

En el cambio está la evolución.




domingo, 1 de agosto de 2010

Hijos del deseo

Sabemos que un pensamiento en el cerebro se convierte en información química, por medio de un neuropéptido que transmitirá al resto del cuerpo un mensaje determinado.

Pero, ¿de dónde sale este mediador químico? ¿Qué mecanismo obró para que un grupo de moléculas se ensamblen de una manera precisa y con un fin determinado, sin la intervención de nuestra voluntad? Acaso, ¿Hay una inteligencia detrás de nuestra inteligencia?

Esta simple observación lleva a plantear otra serie de preguntas profundas sobre nuestra naturaleza y sobre la naturaleza de la vida en general.

La vida orgánica en la Tierra procede de lo inorgánico.

La opinión más extendida en el ámbito científico establece la teoría de que la vida evolucionó de la materia inerte en algún momento entre hace unos 4.000 millones de años, cuando se dieron las condiciones para que el vapor de agua pudiera condensarse por primera vez y 2.700 millones de años, cuando aparecen los primeros indicios de vida. Como los átomos se agruparon en moléculas que dieron origen a células con capacidad para multiplicarse y transmitir información, es motivo de teorías y discusiones.

Hay un tema que la ciencia no toca, ya que no se puede objetivar con el método científico convencional, y es el de la conciencia.

De que manera una agrupación de materiales inertes llegan a desarrollar una célula viva con conciencia, es un misterio.
Evidentemente la necesidad de transmitir una determinada información ha sido esencial en este proceso. Podemos estudiar y tratar de comprender que significa el ADN como molécula, y su evolución. Pero, ¿de dónde surge la vida?

Si investigamos más allá de esta molécula de ADN y la separamos en sus componentes fundamentales, en protones, electrones y partículas aún menores, entraríamos de hecho en el mundo de la cuántica. De no ser así solo nos toparíamos con un espacio vacío e inerte y tendríamos que conformarnos con afirmar que la vida surge de la nada.

En el nivel cuántico, la materia y la energía surgen a la vida de algo que no es ni materia ni energía, en Física a esto se le llama “singularidad”. Que se puede definir de modo informal y desde un punto de vista físico, como una zona del espacio-tiempo donde no se puede determinar ninguna magnitud física.

Por ejemplo, según el modelo del Big Bang, el universo surgió de una singularidad. Algo más diminuto que la cosa más diminuta posible de imaginar, que se expandió y dió origen a todo lo que conocemos (y a lo que no conocemos).

Y vuelve otra vez la pregunta, ¿y la conciencia?
¿Cómo surge un pensamiento? ¿De dónde?

Si pensamos en la palabra “casa”, no hay ningún átomo ni molécula de ADN, ni ninguna célula, que contengan esa información precisa. Simplemente surge desde una región que sabe como organizar la materia y la inteligencia, la mente y la forma.

¿Acaso pensamos que aspecto tenemos en el nivel cuántico?

Energía e información en constante movimiento en un gran vacío, ensambladas momentáneamente para originar una unidad viva y funcional, que en el plano biológico constituye un ser humano y en la realidad cotidiana tiene nombre y apellido.
Está claro que hay algo en nosotros que sabe como hacer las cosas.

Una conciencia fundamental, que es la conciencia misma del universo, capaz de crear y organizar la materia y la energía, la vida, los pensamientos, una célula o una estrella.

¿Cuándo se originó esta conciencia? ¿Apareció luego del Big Bang?.

Creo que es imposible saberlo o demostrarlo científicamente, siempre se encontrara un límite, un horizonte, más allá del cual no se pueda llegar, solo se podrá suponer o intuir.
Quizás existió siempre. Siempre es una palabra que incluye al tiempo, y en una “singularidad” el espacio-tiempo, no existen como tales.

Y nuestra conciencia, ¿Cuándo se originó? ¿Ya venía contenida en la información genética que recibimos? ¿Está separada acaso de la fuente original que crea a todos los seres y las cosas? Nuestro cuerpo cambia constantemente, cada día mueren y nacen millones de células, literalmente nos estamos rehaciendo todo el tiempo. ¿De dónde sacamos esta habilidad?

La conciencia es el origen de la vida.

De que manera se transforma en pensamientos y estos en materia, es un misterio. Es parte de nuestra naturaleza. Es así.
Desde la antigüedad, la filosofía taoísta que influyó a la medicina china, explica que el espíritu mueve la energía y esta mueve y organiza a la materia. Pero a su vez, sin materia, sin forma no hay espíritu, mejor dicho, este no se puede manifestar.

Este es el ciclo de la vida.

La eterna transformación. Conciencia y forma, espíritu y materia, pensamiento y cuerpo en una danza de continuo cambio.
Pero incluso antes que el pensamiento está el deseo.

Somos hijos del deseo.

El deseo (o la necesidad) es lo primero. Es la expresión más pura y esencial de la conciencia que busca materializarse.
El deseo y el propósito son parecidos. El propósito es un deseo específico, orientado, focalizado precisamente hacia un objetivo o una meta.
El propósito focaliza el pensamiento y atrae la materia. Es la diferencia entre una mente fuerte y una débil, y es la clave para cualquier éxito.

Volverse conciente que nuestra conciencia es parte de una conciencia mucho mas grande, que es la conciencia misma del universo, que nuestros pensamientos son los pensamientos mismos del cosmos, que incluso nuestros deseos forman parte de esta libertad y no hay manera de que no sea así, es fuente de inteligencia y de armonía.

Un viejo proverbio Zen dice: "vaya adonde vaya el caracol siempre muere en su casa".

Cuando traspasamos la ilusión de la individualidad y la apariencia y podemos comprender cual es nuestra verdadera naturaleza, los deseos, pensamientos y acciones, incluso la respiración, no serán un acto egoísta, si no que naturalmente afinarán y armonizarán con esta corriente cósmica.

De esta forma nuestras capacidades se potenciarán, ganaremos en salud y felicidad y podremos aceptar con más facilidad el rol de creadores.

Creadores de la propia realidad.

viernes, 30 de abril de 2010

La química de las emociones



Sabemos ahora que las emociones y los pensamientos, tienen su expresión química en el cuerpo. Cada célula del organismo escucha y participa del “diálogo interno”.

El cerebro responde a cada pensamiento con una química determinada, ya sea de alegría, de placer, de miedo, de alarma o de dolor.

Ya hemos visto el rol de los neuropéptidos cerebrales en la comunicación de información a distancia en el organismo.
Un neuropéptido es una cadena de aminoácidos, unidos por puentes peptídicos que se diferencian de otras proteínas sólo por la longitud de su cadena. Se han identificado hasta el momento alrededor de 100 neuropéptidos.

Su tamaño puede variar desde 2 aminoácidos, como ejemplo la carnocina, hasta más de 40 aminoácidos, como la CRH (hormona liberadora de corticotrofina).

Tienen función tanto excitatoria como inhibidora.
Los neuropéptidos, que también se llaman neuromoduladores, se pueden agrupar en varios grupos.

También se conocen bien otros transmisores de información como la Adrenalina y Noradrenalina, la Dopamina, la Serotonina, la Histamina, etc.


Estas sustancias químicas son las responsables que sintamos por ejemplo placer, miedo, sueño, hambre o motivación, entre otras funciones.

Lo notable es que según el tipo de pensamiento que tengamos, según el área del cerebro, o dicho de otra forma, el grupo de neuronas que se active, habrá un tipo de química correspondiente.

Un ejemplo claro lo constituye el estrés.

El exceso de “máquina”, de problemas, de pensamientos, de obligaciones, enciende todo el tiempo los mecanismos de alarma (sistema neurovegetativo simpático: prepara para la lucha y la huida) del cuerpo y por consiguiente este produce una química acorde a la situación, es como prender todas las luces de la casa todo el tiempo cuando no hace falta. Resultado: el sistema se desgasta, se quema rápido, y en el caso del organismo se pierde eficacia y se vive mal y poco.

La preocupación y la frustración generan un tipo de química, la calma y la aceptación otra. Un pensamiento positivo tiene una química. Uno negativo, otra.

A su vez, está química generará pensamientos y emociones positivas o negativas, en un sistema de retroalimentación permanente.

Aunque creamos que nadie escucha lo que pensamos, las células de todo el cuerpo si lo hacen, perciben todo, ya que cuerpo y mente son diferentes expresiones de una misma realidad.

El sistema inmune es otro ejemplo. Se han descubierto en la membrana de los linfocitos y otras células de defensa receptores para estos neuropéptidos, de manera que el estado emocional de la persona influye directamente sobre su sistema defensivo, es decir, sobre la capacidad de resistencia a las enfermedades y el control y eliminación de células y microorganismos nocivos.

Por eso la higiene emocional es tan importante como la higiene corporal.

Limpiar y eliminar cotidianamente los viejos sentimientos, los miedos, las preocupaciones, la ansiedad y los pensamientos negativos, y reemplazarlos por una nueva manera de percibir al entorno y a nosotros mismos. Con motivación y de manera positiva.

Este simple y monumental acto, generará un torrente de sustancias químicas y energía, que no solo fortalecerá el sistema inmune, si no que será fuente de salud y felicidad.

Amar es inteligente.

Un solo pensamiento positivo tiene el poder de cambiar la realidad y transformar nuestra vida. Y esto es un hecho científico.

El no pensamiento, es la fuente de la creatividad y la sabiduría profunda y constituye la mejor manera de hacer “higiene mental”, de resetear el ordenador y volver a "0".


El verdadero poder se encuentra en el inconsciente, el océano de pura potencialidad y a este se accede de manera natural a través de la calma, el silencio y la práctica de la concentración, como en la neditación (ver zazen).


jueves, 2 de abril de 2009

neurotransmisores


El sistema nervioso, "encabezado" por el cerebro, el órgano característico de la especie humana, tiene la particularidad de ser una vía de información acerca del entorno o del exterior y del medio interno y al mismo tiempo una vía de respuesta inmediata. Impulsos que viajan en las 2 direcciones casi instantáneamente , integrados y modulados para permitir la adaptación del organismo a cualquier situación.

El costo energético de mantener un sistema que funciona constantemente, y que además posee tan amplia gama de funciones, es muy elevado.

Posee un gran número y variedad de neuronas y circuitos, tanto ligados al aparato somático o locomotor (el de la musculatura “voluntaria”, que está insertada en los huesos) como al neurovegetativo (“involuntario" o autónomo, relacionado con órganos y sentidos).

Además, cada uno de estos sistemas funciona por partida doble: tienen una división aferente o sensorial (recibe información o estímulo) y otra eferente o motora (emite información o respuesta ).

El problema de la comunicación interna de todo el sistema ha sido solucionado con sencillez y genialidad por el organismo: cuando necesita transmitir un mensaje (estimulación) para que algún tejido distante lo reciba (el llamado órgano “blanco”), lo hace por vía sanguínea segregando hormonas, término griego que significa mensajero.


Entonces, esta estructura química es reconocida por receptores específicos en la membrana celular del órgano “blanco” o target, y así ejerce su efecto modulador.


Habitualmente este efecto suele ser lento pero persistente en el tiempo, salvo cuando alguna emergencia requiere la puesta en marcha de la reacción de lucha o huida, a cargo del sistema simpático: entonces es activada la glándula suprarrenal que libera rapidamente en el torrente sanguíneo dos hormonas: adrenalina o noradrenalina para producir una reacción de defensa casi instantánea, pero en este caso la acción es desarrollada por el veloz sistema nervioso, que tiene la responsabilidad de activar instantáneamente a la suprarrenal en caso de alarma.


En efecto, el sistema nervioso tiene esta característica: la de ser muy rápido, aunque poco persistente en el tiempo.

Sus conexiones “internas” (neurona a neurona) o “externas” (neurona a músculo o glándula) se llaman sinapsis. Y la substancia que activa la sinapsis recibe el nombre de neurotransmisor.

Como la serotonina, dopamina, acetilcolina, adrenalina y noradrenalina, pero existen cerca de treinta ya identificados, y probablemente haya más.

Tienen una característica sumamente importante desde el punto de vista funcional: todos actúan excitando o inhibiendo la sinapsis sobre la que actúan, lo cual resulta trascendente a la hora de hacer un balance funcional, ya que ésa es una forma de economía orgánica que resalta o disminuye la situación presente de todas y cada una de las funciones que el organismo es capaz de realizar. De manera que resultan fundamentales a la hora de lograr la integración de todo el organismo.
Cada neurotransmisor tiene un área específica de localización en el cerebro, esta distribución se encuentra íntimamente relacionada con la función de cada área en particular.


Las investigaciones han revelado que los efectos de los fármacos y neurotoxinas sobre el comportamiento, se deben a su capacidad para desorganizar o modificar la transmisión química entre neuronas. Pero también se ha sugerido que las causas de algunas enfermedades mentales son debidas a defectos en los neurotransmisores".


También podemos imaginar al organismo como surcado por una marea de neurotransmisores y hormonas que regulan la economía funcional en su conjunto. Ahora bien: el desarrollo de métodos que permiten la tinción selectiva de las neuronas de acuerdo al neurotransmisor que contienen, nos ha relevado que estos transmisores no tienen una distribución difusa por todo el tejido cerebral, sino que se localizan en centros discretos y en vías concretas.

Los transmisores cuya distribución es mejor conocida son las monoaminas norepinefrina, dopamina y serotonina (ver entrada anterior).

Los estudios han demostrado que muchas de las células del cerebro que contienen norepinefrina se concentran en un pequeño número de neuronas denominado locus coeruleus. Lo interesante es que los axones de estas neuronas alcanzan el hipotálamo, el cerebelo y el cerebro anterior y su función está ligada al mantenimiento del estado de vigilia, al mecanismo cerebral de la recompensa, al reposo nocturno con sueño y a la regulación del humor.
En cambio, las neuronas que contienen dopamina se concentran en dos sitios del cerebro medio, conocidas como substantia nigra y tegmentum ventral.


Muchas de las neuronas que contienen dopamina proyectan sus axones hacia el cerebro anterior, donde se cree que desempeñan un papel en la regulación de las respuestas emotivas.


Nos referimos al conocido lóbulo frontal y su importante conexión con el sistema límbico.

Otras fibras que contienen dopamina terminan en el cuerpo estriado, que desempeña un papel esencial en el control de los movimientos complejos, y cuyo fallo produce la rigidez y el temblor muscular característicos de la enfermedad de Parkinson.

La serotonina se concentra en un grupo de neuronas situado en la región del tallo cerebral denominada núcleos del rafe, cuyas neuronas proyectan sobre el hipotálamo, el tálamo y muchas otras regiones cerebrales. Se sabe que la serotonina está implicada en la regulación de la temperatura, en la percepción sensorial y en la iniciación del reposo nocturno.


El transmisor inhibidor habitual del cerebro es el ácido gamma-amino-butírico (GABA), un aminoácido que no se incorpora a las proteínas.


Resulta interesante la observación de que el ácido glutámico que es un neurotransmisor excitador en el cerebro, sólo difiere del anterior (el GABA, que es inhibidor) por un grupo químico.

Pero éste es un sistema muy flexible y sofisticado. Muchos de los neurotransmisores tienen más de dos tipos de receptores, lo que hace que tengan una gran variedad de efectos que equilibran y modulan la respuesta.


Tal es el caso de los receptores alfa, beta 1 y beta 2 para la adrenalina en el sistema simpático.


Y con la dopamina ocurre algo parecido: posee dos clases de receptor en el cerebro (D1 y D2).


En los últimos años se han agregado a la lista de los neurotransmisores un grupo numeroso: el de los neuropéptidos, cadenas de aminoácidos (entre 2 y 39) que se localizan en el interior de las neuronas.

Algunos ya se conocían porque eran hormonas segregadas por la hipófisis, como la ACTH (activadora de la secreción de la corteza suprarrenal) o la vasopresina (hormona antidiurética), hormonas locales del aparato digestivo (gastrina, colecistoquinina) o también liberadas por el hipotálamo para controlar a algunas otras hormonas hipofisarias.


Pero los neuropéptidos de hallazgo reciente y que traen mayor interés son las encefalinas y las endorfinas.

Se trata de compuestos endógenos del cerebro que presentan una similitud sorprendente con la morfina, el fármaco narcótico derivado de la adormidera del opio.

Experimentos recientes sugieren que los variados procedimientos empleados para tratar el dolor crónico -acupuntura, estimulación eléctrica o hipnosis- ejercen su acción permitiendo la liberación de encefalinas o endorfinas en el cerebro y la médula espinal, las cuales regulan el aporte al cerebro de información acerca de los estímulos dolorosos. Elevan el umbral para el dolor, por lo cual ante un mismo estímulo disminuye la sensibilidad.


Los neuropéptidos presentan una característica digna de destacar en el cerebro: la naturaleza global de algunos de sus efectos.

La administración de cantidades diminutas de un neuropéptido puede desencadenar un patrón de comportamiento complejo pero altamente específico. Por ejemplo, la aplicación de algunos nanogramos de angiotensina II, provoca una acción de beber intensa y prolongada.

Los neuropéptidos desempeñan una multiplicidad de papeles, actuando como hormonas locales o transmisores en el tracto gastrointestinal y como transmisores globales en el cerebro.

Esto confirma el oportunismo y la plasticidad del proceso evolutivo: una molécula que desempeña cierta función, puede ser adaptada para desempeñar otra muy distinta en un lugar y un tiempo diferentes.


Una prueba más de que el cuerpo, nuestro organismo, tiene conciencia e inteligencia propia; ya nos viene de fábrica, by default.


Y esta conciencia es la misma que la del universo. Cada célula sabe exactamente que hacer y cuando. Su diseño y programación es el resultado de millones de años de evolución. Y solo demandan lo mínimo: alimento y cuidado.


Verdaderamente cada uno puede aprender de sí mismo. Aprender a conocerse, a valorarse como algo único y precioso. De esta forma se puede cambiar la mirada, la manera en que cada uno se ve a si mismo y a los demás.

Es una experiencia fundamental, revitalizadora. La aventura del auto-conocimiento. Nunca es tarde ni suficiente y dificilmente alcance toda una vida.

Pero vale el esfuerzo.

Continuará.

jueves, 2 de octubre de 2008

La sonrisa, el timo y el sistema inmunitario


Todos hacemos la experiencia de que la sonrisa, la manifestación física y la expresión genuina de un estado interno de alegría, nos hace sentir bien, optimiza nuestras acciones y produce motivación, influyendo y modificando nuestro entorno.
Esto es estudiado desde épocas muy antiguas y en tiempos modernos las investigaciones realizadas en biología molecular y en neurofisiología aportan datos reveladores.

El Timo es una pequeña glándula situada en la base del cuello y detrás del esternón ejerce una clara influencia sobre el desarrollo y maduración del sistema linfático, en particular de los linfocitos T y en la respuesta inmunitaria de nuestro organismo.

Los linfocitos T tienen como función aislar a las células anormales y destruirlas. Esto es de vital importancia en la capacidad defensiva del organismo y además se sabe que en la millonada de células que se producen en el cuerpo permanentemente siempre hay células aberrantes, defectuosas, que si no se las elimina pueden proliferar y generar enfermedad o un cáncer. Sir MacFarlane Burner, premio Nobel de medicina por sus aportes en inmunología, en su teoría sobre el cáncer sugiere que la estimulación del timo puede prevenir la aparición de esta enfermedad.


¿Qué relación hay entre el timo y la risa?
Se ha visto que en situaciones de estrés o de emociones negativas reiteradas esta glándula altera su funcionamiento disminuyendo significativamente la capacidad de defensa del organismo. O lo que es lo mismo, se genera un estado de inmunodeficiencia.
El timo es extremadamente sensible a la risa y a las emociones positivas, como el amor, la compasión, la generosidad y la autoconfianza. Se lo relaciona además con el cuarto chakra, Anahata, el chakra cardíaco, cuyo color es el verde.
Hay otro hecho importante, que luego desarrollaré con más detalles, la risa favorece la secreción de neuropéptidos cerebrales. Estas sustancias tienen la capacidad de activar receptores presentes en las membranas de todas las células. Son mediadores de respuestas de tipo químico, que modifican el comportamiento de la célula, como las encefalinas y endorfinas, que provocan una sensación de bienestar al modificar a ciertos receptores para el dolor.

La salud depende de la alegría de vivir.

Esto nos hace participes y responsables de nuestra actividad interna, de nuestros pensamientos y emociones y como ya vemos hasta de nuestro sistema inmunológico.
Así que ¡a reír se ha dicho!
Salud y felicidad para todos.