domingo, 1 de agosto de 2010

Hijos del deseo

Sabemos que un pensamiento en el cerebro se convierte en información química, por medio de un neuropéptido que transmitirá al resto del cuerpo un mensaje determinado.

Pero, ¿de dónde sale este mediador químico? ¿Qué mecanismo obró para que un grupo de moléculas se ensamblen de una manera precisa y con un fin determinado, sin la intervención de nuestra voluntad? Acaso, ¿Hay una inteligencia detrás de nuestra inteligencia?

Esta simple observación lleva a plantear otra serie de preguntas profundas sobre nuestra naturaleza y sobre la naturaleza de la vida en general.

La vida orgánica en la Tierra procede de lo inorgánico.

La opinión más extendida en el ámbito científico establece la teoría de que la vida evolucionó de la materia inerte en algún momento entre hace unos 4.000 millones de años, cuando se dieron las condiciones para que el vapor de agua pudiera condensarse por primera vez y 2.700 millones de años, cuando aparecen los primeros indicios de vida. Como los átomos se agruparon en moléculas que dieron origen a células con capacidad para multiplicarse y transmitir información, es motivo de teorías y discusiones.

Hay un tema que la ciencia no toca, ya que no se puede objetivar con el método científico convencional, y es el de la conciencia.

De que manera una agrupación de materiales inertes llegan a desarrollar una célula viva con conciencia, es un misterio.
Evidentemente la necesidad de transmitir una determinada información ha sido esencial en este proceso. Podemos estudiar y tratar de comprender que significa el ADN como molécula, y su evolución. Pero, ¿de dónde surge la vida?

Si investigamos más allá de esta molécula de ADN y la separamos en sus componentes fundamentales, en protones, electrones y partículas aún menores, entraríamos de hecho en el mundo de la cuántica. De no ser así solo nos toparíamos con un espacio vacío e inerte y tendríamos que conformarnos con afirmar que la vida surge de la nada.

En el nivel cuántico, la materia y la energía surgen a la vida de algo que no es ni materia ni energía, en Física a esto se le llama “singularidad”. Que se puede definir de modo informal y desde un punto de vista físico, como una zona del espacio-tiempo donde no se puede determinar ninguna magnitud física.

Por ejemplo, según el modelo del Big Bang, el universo surgió de una singularidad. Algo más diminuto que la cosa más diminuta posible de imaginar, que se expandió y dió origen a todo lo que conocemos (y a lo que no conocemos).

Y vuelve otra vez la pregunta, ¿y la conciencia?
¿Cómo surge un pensamiento? ¿De dónde?

Si pensamos en la palabra “casa”, no hay ningún átomo ni molécula de ADN, ni ninguna célula, que contengan esa información precisa. Simplemente surge desde una región que sabe como organizar la materia y la inteligencia, la mente y la forma.

¿Acaso pensamos que aspecto tenemos en el nivel cuántico?

Energía e información en constante movimiento en un gran vacío, ensambladas momentáneamente para originar una unidad viva y funcional, que en el plano biológico constituye un ser humano y en la realidad cotidiana tiene nombre y apellido.
Está claro que hay algo en nosotros que sabe como hacer las cosas.

Una conciencia fundamental, que es la conciencia misma del universo, capaz de crear y organizar la materia y la energía, la vida, los pensamientos, una célula o una estrella.

¿Cuándo se originó esta conciencia? ¿Apareció luego del Big Bang?.

Creo que es imposible saberlo o demostrarlo científicamente, siempre se encontrara un límite, un horizonte, más allá del cual no se pueda llegar, solo se podrá suponer o intuir.
Quizás existió siempre. Siempre es una palabra que incluye al tiempo, y en una “singularidad” el espacio-tiempo, no existen como tales.

Y nuestra conciencia, ¿Cuándo se originó? ¿Ya venía contenida en la información genética que recibimos? ¿Está separada acaso de la fuente original que crea a todos los seres y las cosas? Nuestro cuerpo cambia constantemente, cada día mueren y nacen millones de células, literalmente nos estamos rehaciendo todo el tiempo. ¿De dónde sacamos esta habilidad?

La conciencia es el origen de la vida.

De que manera se transforma en pensamientos y estos en materia, es un misterio. Es parte de nuestra naturaleza. Es así.
Desde la antigüedad, la filosofía taoísta que influyó a la medicina china, explica que el espíritu mueve la energía y esta mueve y organiza a la materia. Pero a su vez, sin materia, sin forma no hay espíritu, mejor dicho, este no se puede manifestar.

Este es el ciclo de la vida.

La eterna transformación. Conciencia y forma, espíritu y materia, pensamiento y cuerpo en una danza de continuo cambio.
Pero incluso antes que el pensamiento está el deseo.

Somos hijos del deseo.

El deseo (o la necesidad) es lo primero. Es la expresión más pura y esencial de la conciencia que busca materializarse.
El deseo y el propósito son parecidos. El propósito es un deseo específico, orientado, focalizado precisamente hacia un objetivo o una meta.
El propósito focaliza el pensamiento y atrae la materia. Es la diferencia entre una mente fuerte y una débil, y es la clave para cualquier éxito.

Volverse conciente que nuestra conciencia es parte de una conciencia mucho mas grande, que es la conciencia misma del universo, que nuestros pensamientos son los pensamientos mismos del cosmos, que incluso nuestros deseos forman parte de esta libertad y no hay manera de que no sea así, es fuente de inteligencia y de armonía.

Un viejo proverbio Zen dice: "vaya adonde vaya el caracol siempre muere en su casa".

Cuando traspasamos la ilusión de la individualidad y la apariencia y podemos comprender cual es nuestra verdadera naturaleza, los deseos, pensamientos y acciones, incluso la respiración, no serán un acto egoísta, si no que naturalmente afinarán y armonizarán con esta corriente cósmica.

De esta forma nuestras capacidades se potenciarán, ganaremos en salud y felicidad y podremos aceptar con más facilidad el rol de creadores.

Creadores de la propia realidad.

2 comentarios:

jose angel dijo...

Hola Mariano,

no había podido comentar tus excelente mensajes, el sistema de blogger rechazaba sistemáticamente mis intentos. Sin embargo he seguido leyendo con atención.

El tema que has tocado el día de hoy me queda mas claro al recordar cuando profundizaste mas en el post de Intención.

Comprendo que esto que nos describes es un fenómeno que sigue ocurriendo aunque lo ignoremos, desde que somos pequeños y hasta el ultimo día de nuestras vidas, a diferencia que cuando lo comprendemos adquirimos la facultad de usarlo a voluntad, con cualquier intención que le demos.

¿existen individuos que al conocer el poder que tenemos lo usan con fines egoístas, de poder, de ambición?

Te envío un fuerte abrazo con mi alegría de poder comunicarme nuevamente.

mariano giacobone dijo...

Hola jose angel,
es verdad que se pueden usar nuestras capacidades con fines egoístas, o para dañar a los demás, pero creo que también depende del grado de evolución que se tenga.
Si alguien tiene como propósito dañar a los demás,(y esto existe)es el reflejo de una enfermedad, y así muy lejos no podrá llegar, aunque se disfraze por un momento de exitoso. Tarde o temprano tendrá que curarse, o sufrir.
Hay tanto para aprender y experimentar de nuestra propia vida y nuestras posibilidades, que es mejor dejar a los demás tranquilos.
un abrazo y hasta la próxima
Mariano