miércoles, 28 de julio de 2010

Cada célula respira

La nutrición celular comprende el conjunto de procesos mediante los cuales las células intercambian materia y energía con su medio.

La energía y la materia están en constante transformación. La fórmula de la teoría de la relatividad especial de Einstein: E=mc2, indica que la materia incluso en reposo posee una cierta cantidad de energía. La energía se materializa, la materia se desintegra liberando energía.

Las partículas sólidas que han ingresado en la célula por endocitosis están formadas por moléculas cuyos átomos están unidos entre sí por enlaces químicos.

Las moléculas y los átomos constituyen la materia por medio de enlaces químicos. En éstos queda retenida la energía.

Para que la materia y la energía puedan ser aprovechadas por la célula, es necesario que ésta rompa las moléculas de menor tamaño. Este proceso se llama digestión, y se produce por acción de las enzimas contenidas en los lisosomas.

Las partes útiles de la partícula pasan al citoplasma y se incorporan a él, lo que se denomina asimilación. Las partes que no son útiles son eliminadas fuera de la célula.

Las sustancias asimiladas tienen distintos fines: la materia se usa para elaborar otras moléculas, para reponer partes destruidas de la estructura celular y para liberar energía; este último proceso se denomina respiración celular.

La respiración celular

Es el proceso por el cual las células degradan las moléculas de alimento para obtener energía.

La respiración celular es una reacción exergónica, es decir: que desprende energía, donde parte de la energía contenida en las moléculas de alimento es utilizada por la célula para sintetizar ATP .

La respiración celular es una combustión biológica y puede compararse con la combustión de carbón o la leña. En ambos casos moléculas ricas en energía son degradadas a moléculas más sencillas con la consiguiente liberación de energía.
Tanto la respiración como la combustión son reacciones exergónicas.

Sin embargo existen importantes diferencias entre ambos procesos. En primer lugar la combustión es un fenómeno incontrolado en el que todos los enlaces químicos se rompen al mismo tiempo y liberan la energía en forma súbita; por el contrario la respiración es la degradación del alimento con la liberación paulatina de energía. Este control está ejercido por enzimas específicas.
En segundo lugar la combustión produce calor y algo de luz. Este proceso transforma energía química en calórica y luminosa. En cambio la energía liberada durante la respiración es utilizada fundamentalmente para la formación de nuevos enlaces químicos (ATP).

La respiración ocurre en distintas estructuras celulares.

La primera de ellas es la glucólisis que ocurre en el citoplasma.

La segunda etapa dependerá de la presencia o ausencia de O2 en el medio, determinando en el primer caso la respiración aeróbica (ocurre en las mitocondrias), y en el segundo caso la respiración anaeróbica o fermentación (ocurre en el citoplasma).

Los pasos son los siguientes:

1. Desde el medio externo llegan a la célula —procedentes de los alimentos— moléculas de ácidos grasos, glucosa y aminoácidos, con altos niveles de energía química.

La misma sólo puede ser aprovechada por la célula simplificando las cadenas de carbono que forman el armazón químico de las moléculas mediante la decarboxilación. La respiración aeróbica libera toda la energía contenida, la anaeróbica solo lo hace parcialmente.

2. En el citoplasma de la célula tiene lugar la glucólisis, que es la degradación de la glucosa. Cada molécula de glucosa se transforma en dos moléculas de ácido pirúvico, liberando una pequeña cantidad (2 moléculas) de ATP.

3. En la matriz de la mitocondria, que es un orgánulo situado en el citoplasma de la célula, el ácido pirúvico reacciona, comenzando el ciclo de Krebs. Se produce dióxido de carbono (CO2), que sale de la célula, e hidrógeno (H), que será aprovechado por la misma.

4. En las crestas mitocondriales. Mediante la acción de un conjunto de enzimas, el hidrógeno se une al oxígeno y forma agua (H2O), que es eliminada por la célula.

5. Como resultado final se obtienen 36 moléculas de ATP, que constituyen una fuente de energía disponible para la célula en el momento necesario.

Todos los seres humanos vivimos una primera experiencia al nacer. En el momento en que se corta el cordón umbilical, por el cual el feto recibe oxígeno y nutrientes durante la gestación, nos enfrentamos a nuestra primera acción como unidad independiente, que es: respirar.

A partir de ese instante, adquirimos una individualidad, dentro de un contexto social, en el que vamos a vivir y a desarrollarnos. La respiración nos permite vivir como individuos y conectarnos con el medio.
Respirar es lo primero y lo último que hacemos como individuos.

Ampliando un poco más, la respiración consiste en un intercambio gaseoso osmótico (o por difusión) con su medio ambiente en el que se capta oxígeno (O2), necesario para la respiración celular, y se desecha dióxido de carbono (CO2), como subproducto del metabolismo energético y vapor de agua.

Las plantas y los animales, lo mismo que otros organismos de metabolismo equivalente, se relacionan por la dinámica que existe entre la respiración y la fotosíntesis.

En la respiración se emplean el oxígeno del aire, que a su vez es un producto de la fotosíntesis de las plantas, y se desecha dióxido de carbono; en la fotosíntesis se utiliza el dióxido de carbono y se produce el oxígeno, necesario luego para la respiración aeróbica.

Como vemos, las plantas y los seres humanos no estamos separados, nuestra existencia está ligada estrechamente. Esto es para considerar. La respiración nos conecta con todo lo que nos rodea.

La respiración no está limitada solamente a los pulmones. Todo el organismo respira a través de los pulmones. Se encargan de capturar el oxígeno y de expulsar el anhídrido carbónico, pero es todo el organismo el que respira. Cada una de los miles de millones de células que lo forman, consumen oxígeno incansablemente para liberar de los azúcares, como vimos en la glucólisis, la energía necesaria e indispensable para realizar sus actividades.

Por eso es válido pensar que podemos respirar por cualquier parte del cuerpo. El pensamiento y la respiración están unidos. Cuando la mente acompaña a la respiración, esta se llena de energía y a su vez la mente gana en calma y concentración.
Pero este es tema de otro post.

sábado, 24 de julio de 2010

Ahora y aquí


Cuando se practica zazen no existe idea del tiempo ni del espacio. Quizás uno se diga "me siento a practicar en mi habitación a tal hora durante tantos minutos". De este modo tenemos una idea del tiempo y del espacio. Sin embargo, en realidad, lo que uno hace es simplemente sentarse y estar consciente de la actividad universal.

El tiempo y el espacio se funden y dejan de existir como tales.

Durante zazen el tiempo ya no pasa al ritmo del reloj, se puede decir que el tiempo ya no existe como tal y el espacio se vuelve ilimitado. Podemos naturalmente trascender, no solo los límites de la habitación sino también los límites del cuerpo físico y de la mente conciente.

Cuando practicamos zazén todo lo que existe es el movimiento de la respiración.

Uno está conciente de este movimiento. Nunca se debe tener la mente distraída. Estar conciente del movimiento no significa estar consciente del pequeño yo personal, del diálogo interno cotidiano, sino más bien de nuestra naturaleza universal, lo que se denomina: la naturaleza de Buda.

Esta clase de conciencia es muy importante porque en general tendemos a ser unilaterales. Nuestra comprensión usual de la vida es dualista: vos-yo, esto-aquello, bueno-malo, gano-pierdo.

Pero incluso estas categorías son parte de la gran mente, de la conciencia universal.

De la misma manera que nuestro conciente es parte de una conciencia universal, que incluye a todas las conciencias. Nuestro mundo es parte de otros múltiples mundos. Cada uno en si mismo es un universo. Hay muchos universos, está el universo del “vos” y del “yo”, del “esto” y del “aquello”. Cuando comprendemos que estas categorías son solo una forma de experimentar la vida, es posible trascenderlas, relativizarlas.

Durante la práctica de la meditación, momento tras momento se repite la misma operación, sin la menor idea del espacio ni del tiempo.

El tiempo y el espacio son una misma cosa. Generalmente se suele pensar "tengo que hacer tal cosa mañana", pero en realidad no hay un “mañana". Las cosas se hacen una tras otra. Punto a punto. Nada más. No existen un tiempo tal como "mañana" o “esta noche”. Ni un sitio fuera del que estamos.
A veces, cuando uno tiene dificultades o pasa por problemas, decimos "no debería haber venido a este lugar o, no debería haber hecho esto”. “Hubiera sido mejor ir para otro lado”. Uno se crea en la mente una idea del lugar separado del tiempo real. Un lugar separado del que se está, y uno entonces termina fragmentado en múltiples partes: una aquí, otra allá, otra mañana, otra ayer...

Se trata de vivir el momento. Esto que en teoría es muy aceptable, cuesta integrarlo a la forma que tenemos de pensar y de percibir la vida. Es una verdadera reeducación, mejor dicho, una revolución interior.

Concentrar la mente en el aquí y ahora es muy importante, y genera además un efecto energético y fisiológico enorme. Dicho de otra forma: el pensamiento que divaga, las dudas, los miedos, las preocupaciones, nos separan de este “ahora y aquí”, nos fragmentan y además consumen una cantidad enorme de energía. De manera que se está viviendo en otro tiempo y en otro lugar, gastando recursos en vano.

Así, pues, cuando nos sentemos a practicar zazen, lo fundamental es la concentración en la respiración y en la postura, es decir, en lo que debemos hacer en ese momento. Ésta es la práctica del Zen. En esta práctica no hay confusión. Cuando se establece esta forma de vida no hay confusión de ninguna especie. Luego, con la continuidad, el cerebro se acostumbra a concentrarse y a focalizar la atención en cada cosa, en cada momento.

El espíritu, la respiración y el cuerpo, no están separados.

Si el cuerpo está en la postura correcta, estable, en equilibrio, la espalda y la cabeza derechas, con las piernas bien enraizadas en el suelo; naturalmente el flujo de pensamientos disminuye y resulta más fácil la concentración, y la respiración, que es como un puente que une el mundo interior del exterior, se vuelve lenta y profunda, lo que a su vez favorece la concentración y la calma.

De esta manera, se puede percibir y comprender que cada momento es único e irrepetible, y que la vida en realidad no es una línea continua, si no que está compuesta de una sucesión de estos momentos irrepetibles. De estos “ahora” y de estos “aquí”.

"Aquí" podremos volver, pero a este momento, nunca más, por eso el "ahora" es único.

Ahora y aquí se encuentra la puerta de la salud y la felicidad.

domingo, 18 de julio de 2010

El espíritu del principiante

A veces se dice que la práctica de zazen es difícil, pero hay una gran equivocación en lo que respecta al porqué. No es difícil por que resulte arduo mantener la postura con las piernas cruzadas y la espalda derecha, aunque esta pueda ser una dificultad inicial. Es difícil porque lo arduo está en mantener nuestra mente y nuestra práctica puras en su sentido fundamental, esencial.
A medida que se continúa esta práctica a través de los años, quizás se mejore un poco o se progrese, pero uno está propenso a perder el significado infinito de la mente original y el espíritu del comienzo.

El espíritu puro del principiante, del que busca sinceramente sin ninguna pretensión, con un deseo ferviente de aprender y mejorar.

La "mente original" lo incluye todo en sí misma.

Es siempre rica y autosuficiente. La mente original es pura y se basta a si misma. Y es este estado mental que debemos tratar de no perder. Esto no significa aislarse o tener la mente cerrada, sino, en realidad, mantenerla vacía, pronta, disponible. Cuando la mente está vacía, se encuentra siempre dispuesta para cualquier cosa, abierta a todo. “A la mente del principiante se le presentan muchas posibilidades; a la del experto, pocas”, enseñaba el maestro Susuki.

La naturaleza original lo incluye todo.

Del campo infinito de posibilidades que es el inconciente, brota la mente pura, sin dualismos ni discriminaciones. Las categorías limitan.
Seguro que en la vida cotidiana, hay que elegir, se presentan siempre categorías, alternativas, límites. Pero durante la práctica de la meditación, todo esto se debe dejar pasar y volver al no pensamiento, a la mente original, vacía y tranquila.
El ejemplo del vaso lleno o vacío, cuando está repleto, ya no le entra nada más a diferencia del vacío, que puede ser llenado.

Solo así podemos aprender algo, cuando hay un vacío previo. Si creemos que sabemos algo, ya perdemos la frescura y la motivación para seguir aprendiendo. El vaso esta lleno.

Este es el problema de los “especialistas”: saben mucho de poco y poco de la totalidad, conocen sobre una sola cosa, y se pierden todo lo demás, pierden referencia, posibilidades, creatividad. En nuestra sociedad son muy apreciados, la especialidad es lo máximo.

Curiosamente en términos biológicos, cuanto más especializada es una especie, menos oportunidades de sobrevivir tiene. Es evidente, estás demasiado preparado para una sola cosa, cuando cambian las condiciones (que es lo que ocurre en la naturaleza permanentemente) no hay herramientas ni información para sobrevivir a las nuevas condiciones.
El mismo conocimiento que brinda seguridad y suficiencia, termina por limitar, estrechar su campo de acción y entonces ya deja de ser “verdadero” conocimiento, ya que no se renueva ni se transforma, pierde capacidad, utilidad y además fuentes de información.

Todos los pensamientos basados en el propio “yo” crean un límite, ya que ese “yo” es limitado y generalmente estereotipado.

Podemos, por razones didácticas, llamarlo “mente reactiva” a diferencia de la “mente original”. La mente reactiva responde al medio, como un reflejo, no tiene existencia propia. Eso que llamamos “Yo”, es un collage de interacciones con el entorno, con los demás, con el medio interno, que se actualiza permanentemente. Está hecho de recuerdos, ilusiones, deseos y frustraciones, reflejos e interacciones, acción y reacción.
Es solo una especie de carta de presentación que nos sirve para funcionar, una referencia para nosotros y para los demás. Pero representa una pequeña parte del ser esencial, de nuestra verdadera naturaleza, de la mente original.

El maestro Dogen escribió: “si durante la práctica de zazen la mente conciente permanece activa continuamos encadenados a sus límites”.

Por eso el secreto es seguir siendo siempre “principiante”.

No dejar nunca de sorprenderse ni de motivarse. Esta mente pura es la que nos vuelve sinceros con nosotros mismos y nos permite seguir aprendiendo, sin pretensiones ni egoísmo. De esta manera es posible armonizarse con todo los demás y encontrar el verdadero espíritu para practicar zazen.
No es solo teoría, no se trata de acumular datos, información o lo que sea de forma conciente o voluntaria. El cerebro en si mismo contiene información producto de millones de años de evolución y además está captando y traduciendo a cada segundo una miríada de bites de información de los cuales somos concientes de apenas unos pocos.

El espíritu del principiante es digno de respeto.

Querer aprender sinceramente y poner su cuerpo y su espíritu incondicionalmente en este acto, es la más alta dimensión del ser humano, que además desprende una cantidad enorme de energía e información y genera una influencia positiva para todos.

Una buena medicina en los tiempos que corren.

viernes, 9 de julio de 2010

El árbol de los frutos más dulces


¿Qué es la felicidad?
La pregunta parece un poco absurda, ¿Quién no conoce, aunque sea un momento de felicidad en su vida?
Pero, ¿Qué significa ser feliz?

Mucha gente pasa su vida oscilando entre la felicidad y el dolor, podría decirse que es casi una condición natural del ser humano. Entonces aquí viene otra pregunta, ¿Quién no conoce el dolor?

Desde que nacemos estamos confrontados al dolor.

Duele nacer, duele crecer, duele envejecer, duele morir. Separarse de los que uno quiere duele, estar con los que no queremos también duele, la enfermedad es dolor, tropezar con una piedra duele. Todo lo que nos hace infelices, las frustraciones, el odio, la soledad, tarde o temprano, termina provocando dolor.

Lo curioso es que poseemos un sistema nervioso sensitivo altamente especializado, lo último en materia de sensibilidad y discriminación de las sensaciones. Posee múltiples vías nerviosas y complejas conexiones con estructuras cerebrales, como el tálamo y la corteza sensitiva, que nos permiten experimentar e identificar una enorme variedad de estímulos (internos y externos).

Incluso el dolor tiene un componente subjetivo, un umbral que es relativo, flexible, que se puede modificar bajo diversas circunstancias (psíquicas y físicas).

Es como si la naturaleza nos hubiera dotado de herramientas especiales para sufrir, o mejor dicho, para experimentar el dolor.
¿Con que objeto?

Se hace evidente que el dolor es un mecanismo de adaptación natural. Un límite. Una barrera. Sin este límite no solo no es posible experimentar la vida, es imposible sobrevivir. ¿Se imaginan estar anestesiados para todos los estímulos, mentales y físicos?, no solo es peligroso, es como estar muerto.

Pero el sufrimiento, como todo límite, puede ser atravesado, trascendido. Y justamente, para trascender un límite, hay que conocerlo, comprenderlo, incluso aceptarlo. El dolor es parte de nuestra vida, nos marca límites. Que no hacer, que no tocar, que no comer, incluso que no pensar. A veces es el resultado de nuestros malos hábitos, de nuestros errores y malas elecciones.

Pero no todo son límites. No todo es dolor ni sufrimiento. Existe también la felicidad, el placer, el sentimiento expansivo, la otra cara de la moneda.

La naturaleza tiene dos tendencias opuestas que se complementan de forma equilibrada: La generación y el control. Nutrición y límite. Como un río: sin agua se seca, pero sin márgenes desbordaría. La nutrición genera, el límite controla.

Demasiada nutrición provoca un exceso, demasiados límites una escasez. En la educación es parecido. Demasiado permisiva provoca debilidad, demasiado rígida, anula a la persona.
Así que podemos decir que la vida es sufrimiento o que la vida es felicidad, depende de nuestra percepción, de nuestras experiencias, de la visión que tengamos sobre las cosas, los demás y nosotros mismos, y de la habilidad para encontrar un equilibrio.

Entonces, felicidad y sufrimiento, placer y dolor, son dos caras de una misma realidad. Se podría decir que una está en relación con la otra.

La felicidad nutre, permite disfrutar, expandir, generar. Es cálida y suave, es fuente de armonía y de bienestar indispensables para vivir.
El dolor limita, es lo que nos permite evolucionar, cambiar, mejorar. Aprendemos de nuestras equivocaciones, transformar el error en acierto nos ayuda a crecer, encontrar nuevas soluciones a las dificultades, es lo que nos hace mejor adaptados.

Se dice que la felicidad es el espacio entre dos sufrimientos y que el placer, de hecho, es la ausencia de dolor.

Pero curiosamente, tenemos también receptores y una estructura orgánica que puede generar placer y felicidad, y controlar el dolor.

Hay hormonas como la serotonina, o las endorfinas que tienen una acción sobre el placer y el dolor.
Podemos generar pensamientos positivos que provoquen una cascada química en el cuerpo, y que además, se vuelvan semillas de otros pensamientos positivos, y estos frutos positivos, a su vez darán semillas. Así que también tenemos la capacidad de generar felicidad con nuestra mente, con nuestros sentimientos, con nuestra respiración, y mantenerla, nutrirla, sin depender exclusivamente del sufrimiento.

El dolor está para enseñarnos, pero la lección puede, y debe, ser aprendida, asimilada de manera de no caer dos veces en el mismo agujero, ni repetir los mismos errores día tras día. Pero incluso si caigo, me levanto. Y esta es una gran verdad. Muy simple y muy profunda: Siete veces me caigo, ocho veces me levanto.

Entonces, podemos conocer nuestros límites y dificultades y trascenderlos, integrarlos. Y luego, quizás aparezcan otras dificultades, que podrán ser comprendidas y trascendidas. Y esto es lo que nos hace creadores de nuestra realidad.
Puede ser sufrimiento y límites, o felicidad y creatividad. Depende de cada uno.

El universo entero vibra de abundancia y felicidad.

Volviendo a la pregunta ¿Qué es la felicidad?
Cada uno tiene la respuesta.

Creo que la felicidad es un sentimiento que nos pertenece, es parte de nuestra naturaleza, y puede ser creada, nutrida, mejorada, expandida y además compartida.
Pero la felicidad por si misma no existe, no significa nada. Un bebé puede ser feliz, pero no lo sabe, no es conciente aún, le falta perspectiva.
La verdadera felicidad madura con la vida y no solo incluye al sufrimiento, también incluye a los otros, a todos los seres.

El árbol que da estos frutos está alimentado de muchas experiencias, de muchas vivencias, incluso dolorosas. Pero finalmente, gracias a la comprensión y a la reflexión profunda, podemos disfrutar de los frutos más dulces.

domingo, 4 de julio de 2010

El lugar donde vive la moral


El lóbulo frontal, en realidad “los lóbulos”, ya que hay uno en cada hemisferio cerebral, es un área de la corteza cerebral. La más moderna en términos de evolución.

Se encuentra en todos los vertebrados pero en el ser humano alcanza su máximo desarrollo.
Cuando comparamos el cerebro del ser humano con el de los animales que nos han precedido en la evolución y que están más cerca de nosotros en el árbol evolutivo.
El chimpancé es el animal que más próximo se encuentra de nosotros y sólo un 1,6 % nos diferencia de él en lo que respecta al genoma. Pero cuando se observa el cerebro del chimpancé o, para ser más exactos, la corteza prefrontal, en comparación con nuestro cerebro, llama la atención que en el ser humano el lóbulo frontal se ha desarrollado mucho más,. De ahí que se considerada a esta región el lugar de la inteligencia, es decir, el área cognitiva por excelencia.

Una prueba de su tardía aparición en la filogenia es lo que la corteza prefrontal tarda en madurar en los seres humanos; se piensa que esta región de la corteza es plenamente funcional a comienzos de la edad adulta o al final de la adolescencia.

Se puede decir que las funciones de esta región cerebral y aquellas que constituyen la base anatómica del lenguaje (ver área de Broca) son las que mejor caracterizan al ser humano. Ahora bien, el lenguaje está ya terminado funcionalmente mucho antes que la corteza prefrontal, de aquí la afirmación que la corteza prefrontal es filogenéticamente más moderna.
Los lóbulos prefrontales son el sustrato anatómico para las funciones ejecutivas.

Las funciones ejecutivas son aquellas que nos permiten dirigir nuestra conducta hacia un fin determinado e incluyen: la atención, planificación, secuenciación y flexibildad sobre nuestros actos. La capacidad de concentración y el foco son propios de esta zona del cerebro, por eso son facultades superiores, en términos de evolución.

Además los lóbulos frontales tienen importantes conexiones con el resto del cerebro, de manera que se puede decir que dirigen la orquesta, es decir, los lóbulos frontales son los encargados de tomar la información de todas las demás estructuras y coordinarlas para actuar de forma conjunta.

En la parte más posterior de la corteza frontal se localiza el área motora primaria, cuya función principal es llevar a cabo los movimientos individuales de las distintas partes del cuerpo. Por delante de esta se encuentra la área motora secundaria, que almacena programas de actividad motora reunidos como resultado de la experiencia pasada. Participa en el control de movimientos posturales groseros mediante sus conexiones con los ganglios basales, además recibe aferencias de la corteza sensitiva y del tálamo. Es la que programa la actividad del área motora primaria. Ver post anterior

Los lóbulos frontales también están implicados en la conducta y en la motivación de la persona; por lo que si se produce un daño en esta estructura puede suceder que el sujeto mantenga una apariencia de normalidad al no existir déficits motrices, de habla, de memoria o incluso de razonamiento; existiendo sin embargo una importante alteración en las capacidades sociales y en la conducta.

En la literatura médica está el caso de Phineas Gage, un capataz de trabajadores del ferrocarril, en Vermont, USA. En 1848, cuando preparaba un barreno, éste explotó y le atravesó el cráneo, entrando por la mejilla izquierda y saliendo por el centro del cráneo. Con ello quedaron cortadas las conexiones de la región prefrontal con el resto del cerebro.
Tras el accidente Gage sufrió, al igual que luego los enfermos lobotomizados, un cambio drástico de personalidad. Como refiere el médico que lo trató, el doctor Harlow, «se había destruido el equilibrio entre sus facultades intelectuales y sus tendencias animales».

Gage perdió la consideración de sus compañeros, pues se había vuelto caprichoso, irreverente, impaciente cuando se contrariaban sus deseos - lo contrario que antes-, siempre estaba trazando planes de acción que nunca llevaba a cabo, ofendía con sus palabras y se burlaba cruelmente de los demás; en suma: parecía que hubiese vuelto a la niñez más desinhibida.
Las conexiones entre la corteza frontal y el sistema límbico, sede de las emociones y afectos, ya no existían.
Pero el sistema límbico es esencial para la supervivencia, ya que cuando dudamos decide qué camino tomar; sin él somos incapaces de decidir nada, nos quedaríamos en la duda permanente.
Este es otro ejemplo de la importancia que los sentimientos, afectos y emociones tienen no sólo en la vida cotidiana, sino también en la capacidad cognitiva. Sin agrado y afecto no se puede aprender verdaderamente.

A nivel de la memoria es evidente que las emociones juegan un enorme papel no sólo en el almacenamiento, sino también en el recuerdo.

La corteza prefrontal tiene una acción inhibidora sobre nuestros instintos primarios.
Por eso al lóbulo frontal se lo llama “el órgano de la civilización”.

Podemos ubicar nuestras facultades morales en esta región del cerebro.

Lo que después del accidente le faltó a Gage son precisamente aquellas facultades con sede en el lóbulo frontal, o sea, la capacidad para anticipar y planificar el futuro, la organización temporal de la conducta, el sentido de la responsabilidad hacia sí mismo y hacia los demás, la posibilidad de adaptarse a un entorno social complejo a costa de reprimir las propias tendencias instintivas, lo que podría resumirse por moral y conducta social.

Una característica importante en estos enfermos es la superficialidad de sus emociones y afectos, como si sufriesen un aplanamiento o frialdad emocional, de forma que no son capaces de experimentar placer o dolor de forma normal y son además indiferentes a sus propias emociones. También pierden originalidad y creatividad, así como interés sexual y exploratorio.

Una de las características más típicas de los pacientes que han sufrido lesiones del lóbulo frontal es la rigidez en la conducta y la dificultad para cambiar de actitud.

Un síntoma esencial en estos pacientes es la mayor capacidad de distracción, este síntoma se observa tanto en humanos como en monos.

Esta mayor capacidad de distracción se acompaña a su vez de una falta de atención, en otras palabras, por una menor capacidad de concentración, lo que hace que los pacientes con lesiones frontales tengan enormes dificultades en hacer frente a estímulos o nuevas tareas.

Se sabe también que estos pacientes tienen dificultades con la memoria.

Experimentos realizados en monos han mostrado que en tareas de respuesta diferidas en el tiempo, es decir, cuando entre el estímulo y la respuesta del animal se introduce una pausa, el mono con lesión frontal tiene un rendimiento significativamente inferior al animal normal. En otras palabras, si para realizar correctamente una tarea de discriminación visual-espacial hay que recordar dónde se encuentra la recompensa, aparece un déficit en el animal lesionado frontalmente. Falta en estos animales la memoria operativa o de trabajo que retiene durante unos minutos los datos necesarios para realizar bien esa tarea.

La falta de memoria operativa en esquizofrénicos ha llevado a implicar a esta parte del cerebro en esta enfermedad mental. Y, efectivamente, se han encontrado anomalías en dicha región que pueden explicar algunos de los síntomas de la enfermedad. Además, estudios en animales y también en humanos con corteza prefrontal dañada han mostrado síntomas que recuerdan a la esquizofrenia.

La corteza prefrontal posee una de las mayores concentraciones en el cerebro de fibras nerviosas que utilizan el neurotransmisor dopamina.

Algunos de los fármacos utilizados en la esquizofrenia tienen efectos positivos sobre los síntomas ya que actúan sobre la liberación de dopamina de las terminales nerviosas. De aquí se ha concluido que la dopamina puede estar implicada en ese tipo de psicosis. El desarrollo tardío de esta región y el hecho de que la esquizofrenia se manifieste precisamente en la adolescencia ha hecho pensar que se trata de una región especialmente sensible a las disfunciones que se dan en la enfermedad.

Resumiendo: en la parte más anterior de los lóbulos frontales se encuentra el sustrato de numerosas funciones cognitivas que son importantes para la flexibilidad de nuestra conducta, su organización temporal, el mayor grado de libertad respecto a los instintos básicos que poseemos, la planificación y, sobre todo, la capacidad de anticipar el futuro. Esto nos ha hecho sin duda mejor adaptados en el proceso evolutivo. Al parecer, la parte inferior, llamada área
órbitofrontal
, está más ligada a funciones que tienen que ver con información interior del organismo, es decir, memoria a largo plazo, afectos, sentimientos, recompensas, etc., mientras que la parte dorsolateral de la corteza prefrontal estaría más ligada a la información que proviene del exterior, es decir, con la sensorialidad y la motricidad.

La asociación de la información exterior con la interior es importante para la toma de decisiones, inhibiendo todos aquellos estímulos que puedan perturbarla, es decir, los estímulos irrelevantes.
La corteza prefrontal , tiene principalmente una función reductora, o sea inhibidora, para evitar la confusión que produciría la inmensa cantidad de estímulos que el cerebro puede recibir. De hecho la capacidad de atención, puede mejorarse, desarrollarse. Se ha comprobado la influencia positiva que tiene la práctica de la meditación, como zazen, en la atención sutil, la concentración y en el nivel de conciencia.

El desarrollo de la corteza prefrontal es un ejemplo de como al inhibir funciones más primitivas ha conseguido que el organismo adquiera un mayor grado de libertad. Sin esta libertad, la moral humana sería impensable. Quizás donde mejor se puede observar este fenómeno es en la corteza órbitofrontal, con su capacidad de inhibir los instintos, y el sistema límbico en general.
Es muy probable que la capacidad humana de dilatar en el tiempo tanto la satisfacción instintiva como seguramente toda clase de satisfacciones se deba a la función normal de la corteza prefrontal.

El ser humano es capaz incluso de ofrecer su vida en aras de una recompensa que no tiene la certeza de poder recibir, o tener ideales y esperanza. Esto presupone una capacidad de anticipación considerable, y como hemos visto la anticipación está también ligada a la
función de esta parte del cerebro.

El cerebro frontal es lo que nos define como individuos. Y así como esta parte del cerebro esta interconectada con el resto del organismo, y ya vimos lo que puede producir su mal funcionamiento y desconexión, un individuo esta interconectado con su entorno, y para existir y funcionar de manera apropiada debe tener un equilibrio entre su ser interior y el exterior, entre su individualidad y su ser colectivo.

En el budismo Zen, se practica la postrernación, paï en japonés, tocar con la frente el suelo. No es un acto devocional, significa desconectar la individualidad, trascenderla, volverse uno con la tierra y con el cosmos entero, más allá del pensamiento.

Cuando este equilibrio natural se instala, la conciencia se expande automaticamente y entonces aparece la moral fundamental, que diluye el egoísmo y hace que la pequeña individualidad ya no este sola ni aislada y sus acciones tengan sentido, para si mismo y para los demás.