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miércoles, 23 de enero de 2013

Los dominios de la percepción



Vivimos en un universo consciente. Somos parte de esa conciencia infinita. Somos una manifestación de la misma.
El movimiento de la conciencia genera vibración, a este movimiento podemos llamarle mente, y esta vibración genera campos de energía e información, de los cuales surge la materia y todas las cosas que experimentamos con los sentidos.

Así que tenemos que comenzar considerando el hecho que la materia no es sólida ni tiene una existencia propia e independiente, no hay nada sólido y todo se encuentra entrelazado en el nivel fundamental.
En esencia todo es unidad. Es debido a la frecuencia en la que vibran las partículas elementales que nuestros cerebros las perciben como sólidas y separadas, creando una realidad física palpable y en apariencia concreta.
Pero la fuente original, el origen de la mente, de la energía y de nuestro mundo físico es la conciencia, y existe por lo tanto un océano infinito de conciencia pura y vibrante en el interior de cada uno.

Según el genial físico Max Planck: “No existe la materia como tal, toda la materia se origina y existe en virtud de una fuerza que hace que el átomo vibre y provoca que el diminuto sistema solar del átomo se mantenga unido. Debemos asumir que detrás de esta fuerza existe una mente consciente e inteligente. Esta mente es la matriz de toda la materia.”

De manera que nuestros cuerpos físicos y toda la materia que nos rodea y configura nuestra realidad cotidiana, son el resultado de una frecuencia.

Puesto que cada ser vivo es consciente de manera única y propia, cada ser vivo presenta un tipo de vibración que le es particular. La conciencia transmite un amplio espectro de vibraciones, el cual a través del principio de resonancia atrae un espectro correspondiente de experiencias. Las conciencias con una frecuencia común comparten niveles de existencia o dominios de percepción y tienden a atraerse, cruzando caminos y experiencias en la vida.

La forma de vibrar determina el nivel de la experiencia, a su vez el nivel y la calidad de las experiencias genera y mantiene una forma de vibrar.
Lo que llamamos vibración u oscilación, es la propagación de ondas en un medio determinado o en el espacio.

Estas ondas poseen una frecuencia, una amplitud y presentan fases que provocan fenómenos como la interferencia, que tiende a crear patrones.

continúa.


Para descargar el archivo completo: click aquí




sábado, 2 de junio de 2012

La visión cuántica


Conciencia visual

La manifestación de la experiencia consciente implica estados cuánticos coherentes en el cerebro.
El estudio de la conciencia visual nos aporta una nueva manera de comprender de que manera el cerebro procesa la información para crear la realidad cotidiana.

La ciencia, de manera clásica, sostiene que es imposible que sucedan fenómenos cuánticos en las condiciones de humedad y temperatura del cerebro, debido a la decoherencia térmica. Sin embargo, el cerebro a lo largo de millones de años de evolución, ha desarrollado métodos para evitar esta pérdida de coherencia aleatoria causada por la agitación térmica de los átomos y además por la intervención del medio ambiente o de un observador. Incluso se sirve de esta energía térmica para producir coherencia.

Los experimentos de los físicos Pierre Saint Hillaire y Dick Bierman han demostrado, mediante una técnica que utiliza el eco de fotones (photon echo), fenómenos de superposición cuántica en la retina humana.

El sistema visual en los seres humanos permite, luz mediante, recoger información del medio ambiente. 
El acto de ver se inicia cuando el cristalino enfoca la imagen de su entorno en una membrana sensible a la luz en la parte posterior del ojo, llamada retina. La retina es un transductor de patrones de luz en señales electroquímicas
El cristalino enfoca la luz sobre las células fotorreceptoras de la retina, las cuales detectan los fotones y responden produciendo impulsos nerviosos. Estas señales son procesadas de forma jerárquica en diferentes partes del cerebro.
capas de la retina (los receptores en gris son los bastones y en color los conos)

Como vimos en el post anterior (ver), la experiencia consciente unificada (momento de conciencia) es producida por la actividad de ondas Gamma de alta frecuencia (más de 40 Hz) que sincronizan los diferentes grupos de neuronas brindando una percepción unificada y coherente.
La conciencia visual es el resultado de varios pasos perceptivos en el rango de los milisegundos (1 ms = 0,001 s ó 10-3 s).

La conciencia visual se estructura en etapas perceptivas: 
-llegada de la luz (estímulo), 
-a los 50 ms: se percibe la forma, 
-a los 100 ms: el color, 
-a los 150 ms: el movimiento, 
-a los 200 ms: el significado, 
-a los 250 ms: ¡somos conscientes!

Desde la llegada de los fotones a los receptores sensoriales, hasta que somos conscientes de lo que vemos pasan 250 ms, la información es procesada en etapas y por grupos separados de neuronas.
Hay estímulos registrados por el cerebro que no llegan a la conciencia, al quedar por debajo (subliminal) de este umbral.

¿Como es que la luz crea la representación consciente del mundo en el que vivimos?

El ojo humano no puede separar más de 10 imágenes por segundo. De este límite se valen la televisión y la cinematografía, que proyectan más de 20 imágenes por segundo. La sucesión rápida de imágenes nos da la impresión de movimiento. 



Sin lugar a dudas, el ojo parece tener mucho cuidado de conservar la coherencia cuántica a lo largo de toda la vía visual hasta la retina, la imagen creada en la fóvea presenta una difracción muy limitada.
La fóvea es una pequeña depresión en la retina, en el centro de la llamada mácula lútea. Ocupa un área total un poco mayor de 1 mm2.

En todos los mamíferos, la fóvea es el área de la retina donde se enfocan los rayos luminosos y se encuentra especialmente capacitada para la visión aguda y detallada.
El área no posee bastones, solo conosLos conos forman un mosaico hexagonal regular en la fóvea.

conos
Pigmentos visuales

Los fotorreceptores responden a la luz en función de los pigmentos visuales que están localizados en la bicapa lipídica de los repliegues para los conos y en los discos membranosos para los bastones.

Los bastones contienen rodopsina, que es una proteína que presenta una mayor sensibilidad a las longitudes de onda cercanas a 500 nm, que corresponde a la luz verde azulada, por lo tanto es la responsable de la visión escotópica (condiciones de baja luminosidad).

Hay tres tipos de opsinas en los conos: La eritropsina que tiene mayor sensibilidad para las longitudes de onda largas (luz roja), la cloropsina con mayor sensibilidad para longitudes de onda medias (luz verde) y la cianopsina con mayor sensibilidad para las longitudes de onda pequeñas (luz azul), por ello los conos son los responsables de la percepción del color y dan lugar a la visión tricromática.

Los conos M, para el área verde y los conos L para el área roja de la luz visible, se ordenan en la fóvea en un mosaico regular. Según la especie, se encuentran o no allí presentes unos pocos conos K, responsables de la percepción del área azul de la luz visible.

El ojo enfoca un objeto de manera tal que su reflejo se ubique siempre exactamente justo en el centro de la fóvea. Debido a la falta de bastones y la consecuente incapacidad de percibir estructuras finas bajo malas condiciones de luminosidad, resulta particularmente difícil, por ejemplo, leer un texto en la penumbra.

La fóvea posee una convergencia de 1:1, es decir, tras cada receptor hay una célula ganglionar, o sea que los receptores están conectados 1:1, por este motivo es que en la fóvea se alcanza la mejor resolución y la mayor nitidez visual.

Luz y coherencia cuántica

Para la luz natural, cualquier diferencia en la vía óptica más grande que una fracción de micrón entre el objeto y la imagen, alterará  la imagen.
En términos de mecánica cuántica, los fotones de la luz natural separados por más de algunas longitudes de onda (longitud de coherencia), comienzan a distinguirse (particularizarse) y pierden el estado de superposición cuántica y la coherencia.
La luz láser, que es un tipo de luz coherente, tiene una longitud de coherencia mucho más larga.

¿Qué pasa si el estado de coherencia de la luz natural se preservara de alguna manera a través del procesamiento neural?

células de la retina (rod: bastón, cone: cono)
Después de todo, los receptores de la retina son detectores cuánticos, es decir, pueden procesar la información siguiendo las leyes de la mecánica cuántica.

El modelo clásico de la visión es que la función de onda que corresponde a la información visual de una escena, de alguna manera "colapsa" en la primera capa de la retina, con todo el posterior procesamiento clásico (no cuántico), parecido a una cámara de vídeo conectada a un procesador. 

¿Pero que sucede si el "colapso" ocurre en realidad mucho más tarde en el procesamiento visual?  ¿Dónde se registra un campo visual? ¿En la primera capa de la retina, o más arriba, en la corteza visual?

Que el cerebro o las vías visuales presenten coherencia cuántica macroscópica en grandes intervalos de tiempo (por ejemplo en milisegundos) no tiene aún explicación por parte de la ciencia, ya que a temperatura ambiente, los tiempos típicos de la decoherencia se miden en femtosegundos (1 fs = 10-15 s = 0,0000000000000001 s).
Es decir, a temperatura ambiente la coherencia cuántica se pierde casi instantáneamente.

¿Pero pasa esto en realidad en el interior del cerebro, que es caliente y húmedo?

Los únicos estados macroscópicos de superposición cuántica de larga duración, que se han demostrado hasta ahora, parecen existir en los sistemas exóticos tales como los condensados​​ de Bose-Einstein a temperaturas muy bajas (unos pocos grados kelvin), los superconductores, o ciertos iones mantenidos en trampas electromagnéticas.
condensado de Bose-Einstein
Sin embargo, hay ejemplos de sistemas vivos que aprovechan los estados coherentes de superposición cuántica.

Las bacterias púrpuras (que han existido por más de mil millones de años) son capaces de realizar la fotosíntesis utilizando superposiciones cuánticas coherentes de las excitaciones electrónicas producidas por la luz solar.

Bacterias púrpuras

Los bastones y conos en la retina, son detectores cuánticos sensibles a los fotones. Por lo que podemos suponer que la naturaleza a lo largo de la evolución, puede haber aprovechado las ventajas de las posibilidades cuánticas con el propósito de procesar la información con mayor eficiencia.

Es muy difícil visualizar y aun más demostrar experimentalmente, procesos que mantengan la coherencia cuántica por más de microsegundos (10-6 s) o milisegundos (10-3 s), como lo hace el cerebro; en lugar de la escala de picosegundos (1 ps = 10-12 s) medida en la bacteria púrpura o aún más rápida como lo es la decoherencia ambiental, que lo hace en femtosegundos (10-15 s).

Es evidente que cuanto mayor sea la duración de los estados de coherencia cuántica, mayor será la capacidad y la eficacia de procesamiento de la información. 

El complejo de la rodopsina es responsable de la detección inicial de los fotones en la retina.

discos membranosos en el extremo de un bastón conteniendo rodopsina

Como vimos antes, la rodopsina es una proteína que se encuentra en  los bastones, que son las células sensoriales responsables de la visión en condiciones de baja luminosidad.
Estas células altamente sensibles, son capaces de detectar la energía y procesar la información de un sólo fotón.
Ha habido algunos trabajos de  investigación de los mecanismos por los que la rodopsina cambia su configuración. Estas investigaciones sugieren que las reacciones fotoquímicas se producen a partir de sistemas cuánticos coherentes, donde la información viaja en todas las direcciones del espacio-tiempo.

Esto significa que en los niveles fundamentales el procesamiento de la información es mucho más complejo y presenta muchas más posibilidades que en el mundo macroscópico. 

El fotón transporta información que a nivel cuántico es “leída” y procesada por los sensores, esta información seguirá la vía visual colapsando en una imagen consciente.
Lo interesante es que cada observador procesa e interpreta la información de manera particular. Cada observador ocupa un sitio de referencia único y puede procesar la información contenida en los fotones de manera propia. 
Y la información contenida en un solo fotón es enorme.

El mundo que percibimos es una construcción en nuestros cerebros, nada existe por si mismo fuera de nuestra percepción. 
La visión cuántica trasciende la percepción ordinaria que solo capta el reflejo de las cosas. Este tipo de visión incluye la forma y la no forma, ya que extrae información directamente de los niveles fundamentales, antes de que colapse y se manifieste una realidad determinada. 
Miramos y comprendemos al mundo de acuerdo a nuestro estado de conciencia

Nuestra mirada crea la realidad, porque la observación es conciencia y la conciencia es el sustrato de todo lo que existe.



Mirando al mundo con la lente de la ilusión

"La practica del Budismo nos lleva a descubrir la verdadera naturaleza de la realidad. Despierta de pronto en nosotros una necesidad imperiosa de saber a qué se parece. Ahora bien, el carácter verdadero de la realidad tiene por carácter único la ausencia de carácter. No es ni esto ni lo otro. Todas las existencias del universo, todos los fenómenos sin excepción, son la verdadera naturaleza de la realidad. Está dicho en el sutra Hannya Shingyô: "En esencia todas las existencias están vacías de aspecto; sin mancha, sin pureza." Así es la realidad: sin belleza, sin suciedad, sin nacimiento, sin muerte.

Desde el punto de vista humano, podemos ver esta realidad. En nuestra época, los hombres, especialmente los intelectuales, esa gente acostumbrada a pasar exámenes y capaz de llenar un papel sobre no importa qué tema, escribe grandes volúmenes y gasta fortunas tratando de describirla, pero cuanto más lo intenta, más se sustrae de ella y lo que sale de su papel hace pensar en una minúscula pequeña caquita.

Es imposible para un ser humano ver la verdadera naturaleza de la realidad, por el hecho de que él es un ser humano. Nosotros, humanos, no podemos ver más que nuestro mundo de humanos. Un pez no ve más que su mundo de pez. Un ladrón ve ladrones por todas partes.

Uno me ha dicho que un juez decía con gusto: "en todos los hombres veo un criminal." Decía sin duda la verdad. Este hombre se reconocía a sí mismo en las mentiras, por lo que es normal que piense en términos de culpabilidad.

Cuando se venera a un Buda y se es anticuario, se empieza por estimar el valor del objeto: "¿Por cuanto dinero podré venderlo?" A partir del momento en que se ve un Buda, se le pone una etiqueta. Por eso todos los Budas han desaparecido.

Mirando el mundo con el ojo de Buda, todo es Buda. No hay más demonios. Todos los seres son la Vía: la hierba, el árbol, el país, el planeta, todo es Buda. Nuestro cuerpo tal como es, es Buda.

El hombre ordinario de nuestro mundo dirá que yo no soy un Buda, sino un hombre como los demás porque me mira con las lentes de color del hombre ordinario. Cuando lleva gafas azules, ve el mundo en azul. Si tienen el color del deseo, no ve más en el mundo que objetos de deseo.

Por lo tanto, tenemos que comprender la verdadera realidad. Es necesario pero, como la ley del hombre se opone, no es una tarea fácil. Aquí, todo es ilusión. De todo lo que se hace en el mundo, nada existe fuera de las ilusiones. Todo, sin excepción, es ilusión. Podemos decir que todo es karma.

Cada uno anda por un mundo diferente. He aquí porqué la verdadera realidad es tan difícil de aprehender. 
Descubrir la verdadera naturaleza de la realidad, es abrazar de una sola mirada el panorama del universo. Cuando tenemos esta visión, hemos comprendido las enseñanzas del Buda.

Para contemplar el espectáculo del universo, no es necesario sacar el telescopio ni de inclinarse sobre el microscopio. No vale la pena molestarse tanto. Basta con negarse a reconocer como verdaderas todas las ilusiones que nos ciegan. Hay que decirse "mis pensamientos son erróneos, este es falso, este otro también, todo es falso, yo lo niego." Si los alejamos todos, nada más existe en nosotros. Está escrito: "Cortando los lazos del karma, encontramos el apaciguamiento de todas las cosas. No pensamos más en términos de bien o de mal, no distinguimos más lo verdadero de lo falso". 

Abreviando, tenemos una visión total e inmediata de lo real. Entonces basta con mirar por encima de nuestras lentes, o mejor, quitárselas.

Asir el universo de un vistazo no es un problema de cantidad sino de calidad. 

Incluso aunque se pudiera evaluar la distancia de los confines del universo en miles de años luz, más allá quedará todavía lo desconocido. En el Sutra del Loto, la duración del universo está estimada en quinientos ciclos cósmicos. Infinitamente grande o infinitamente pequeño, el mundo es ilimitado. El verdadero problema no es ni el tiempo ni el espacio, sino la esencia del universo.

Al no abrazar el universo de una sola mirada lloramos y reímos. Cuando la visión es total, no hay ni atracción, ni repulsión: las cosas son lo que son y nada más. Esto no es más que esto; aquello no es más que aquello. 

El viejo maestro practicando zazen
Las obras sociales cualesquiera que sean tienen como meta hacer el bien y cuando no proporcionan felicidad al beneficiario, no se comprenden. De hecho, nos dirigimos al hombre que sufre por ser pobre y dándole caridad, aumentamos su humillación y le dejamos todavía más insatisfecho que antes. Siempre digo que tendríamos que mendigar a los pobres. El indigente pensara: "Todavía se me puede pedir alguna cosa" e instantáneamente, encontrará de nuevo su dignidad de hombre. Por esta razón Shakyamuni pedía la limosna al más miserable de los miserables. No somos pobres cuando damos. Prueba de ello es que un hombre rico tiene horror cuando se la da la limosna, pues se le quita su atributo, el dinero, sin el cual no existe. En este ejemplo hemos asido de una mirada la esencia del universo. Una mirada tan lúcida no se explica: esto es echar un verdadero vistazo.

Antiguamente, no había ni lentes para mirar el cielo, ni rayos X, ni microscopio. Nada de todo eso existía. Entonces había que valerse por si mismo, equiparse con ojos capaces de ver bien porque no podíamos ayudarnos de ningún instrumento. 

Entonces, un día, por primera vez, un ojo percibió la realidad en su totalidad. Ese ojo, extraordinariamente agudo, se vio asimismo tan bien como a los otros. Penetraba la felicidad y también la desgracia. Mirando todas las cosas en este mundo con su ojo prodigioso, por primera vez le apareció un mundo donde no existía absolutamente nada". 
Maestro Kodo Sawaki


viernes, 9 de marzo de 2012

Los misterios de la percepción




Como hemos visto anteriormente, la información en el microscópico mundo cuántico puede viajar hacia atrás en el tiempo, mientras que en el nivel macroscópico de la realidad cotidiana, la información solo puede seguir la vía clásica, es decir, del pasado al futuro.

Debido a una “particularidad” de la percepción, el mundo que experimentamos nos parece objetivo y concreto, separado de nosotros, y además tenemos la impresión de que el tiempo transcurre, lo que nos da una sensación de continuidad y la ilusión de que la vida “va pasando”.
Sin embargo la solidez de la materia es debida a la altísima frecuencia en la que vibran los átomos y a que sus partículas constituyentes, como el electrón, el protón o el neutrón, son fermiones.


¿Qué es un fermión?

En el modelo estándar de física de partículas los fermiones se consideran los constituyentes básicos de la materia, que interactúan entre ellos por medio de los bosones.
El fermión es uno de los dos tipos básicos de partículas que existen en la naturaleza (el otro tipo son los bosones, como el fotón).

Los fermiones son de dos tipos: los constituyentes del núcleo atómico como los protones y los neutrones ( que a su vez están compuestos de partículas más pequeñas: los quarks) y los electrones, que orbitan el núcleo.

El fotón es un tipo de bosón. Los bosones no tienen masa y por eso no pueden formar materia (la luz es inmaterial), son vehículo de energía e información.

La materia ordinaria está básicamente formada por fermiones y a ellos debe prácticamente toda su masa.

El principio de exclusión de Pauli obedecido por los fermiones es el responsable de la "impenetrabilidad" de la materia ordinaria, que hace que esta sea una substancia extensa. El principio de Pauli también es responsable de la estabilidad de los orbitales atómicos, lo que permite la complejidad de los procesos químicos.

Este principio establece que en un mismo sistema dos fermiones no pueden tener un mismo estado cuántico y también que dos electrones en la corteza de un átomo no pueden tener al mismo tiempo los mismos números cuánticos. 




Esta asimetría genera las características de la materia.

A diferencia de los fotones, que pueden estar en un mismo estado cuántico de partícula, como en el láser, que es un haz de luz coherente (no diverge como la luz blanca), ya que una multitud de ellos pueden estar en estado de superposición.

Los fotones pierden su individualidad pero no su información.
La memoria, que nos permite aprender y seleccionar, conecta los momentos y rellena los espacios, aunque generalmente se mezcla con la imaginación, con falsos recuerdos y otras informaciones. Nos brinda continuidad mental, pero inevitablemente nos hace vivir en el pasado y muchos de los recuerdos que nos parecen “vívidos” corresponden a fabricaciones mentales, un collage de información retocada y ensamblada, que probablemente no coincide con los hechos tal cual fueron.

Somos vehículo de experiencias y de información, sin esta aparente solidez y continuidad de nuestra realidad física nos sería imposible realizar una experiencia individual y consciente e interactuar con el entorno.

Pero la otra cara de la moneda, y esto hay que tenerlo en cuenta, es que la realidad que percibimos corresponde solamente a una descripción. Las cosas no son lo que parecen.

Todo se pasa dentro del cerebro

El cerebro se encarga de ordenar y gestionar la información y en consecuencia proyectar una realidad, como un holograma perfectamente diseñado que modela la geometría del espacio-tiempo. Una imagen en 3D densa y persistente, (o 4D si agregamos el tiempo).

Otra habilidad del cerebro es la de hacernos creer que lo que percibimos sucede afuera.
Pero el niño que vemos jugando o el sonido del pájaro que canta, suceden dentro del cerebro. Son construcciones producto de la actividad neuronal, afuera solo hay bits de información y campos de energía. Señales y patrones de interferencia que son decodificados e interpretados por nuestro procesador central.

interferencia de ondas

La mayor parte de la información que gestiona el cerebro se encuentra fuera del mismo, o sea, en el campo. La interacción entre ambos es continua, de hecho no hay separación.
Las variaciones en uno generan una reacción en el otro.
Verdaderamente somos modelados y controlados por el campo, del cual surgimos. Algunos llaman a este campo: el mar de potencialidad infinita.

Cuando nos damos cuenta de este hecho, el espacio deja de estar vacío y se vuelve consciente, vivo, una extensión de nuestro ser.

En esencia, nuestro mundo de personas, objetos y situaciones concretas, corresponde en verdad a una dinámica de flujos y condensaciones de energía e información que el cerebro traduce, interpreta y selecciona, según su programación, para luego proyectar una realidad (entre tantas).
Una realidad que se nos presenta bien concreta, duradera y a veces dolorosa, pero que tiene la misma solidez que un sueño.


Van Gogh - Starry night

Estos infinitos campos de energía vibran en diferentes frecuencias y crean los múltiples niveles de la realidad.


La película de la vida

Lo que percibimos nos parece “real” debido a la habilidad del cerebro de captar y seleccionar determinados campos de energía e información y proyectar una realidad “humana” concreta, con tanta eficacia que tendemos a creer que lo que percibimos tiene existencia propia (particular) y separada de nosotros. 
Sujeto y objeto por separado.

Así también nos percibimos: como organismos particulares, individuales y aislados.
Cuerpos físicos con ideas, sentimientos y una historia personal.
Vemos la particularidad, la materialidad, nuestro lado individual pero no el lado interconectado e interdependiente.

Estamos condicionados para ver la forma y el reflejo de las cosas y por eso nos identificamos con ello fácilmente.
Apreciamos las ramas y los frutos pero no consideramos las raíces y esto, es fuente de error y contradicciones, ya que nos da una visión parcial y tendenciosa de lo que percibimos.
Cuando solo nos quedamos con el reflejo de las cosas y no vemos más allá, la vida se vuelve superficial y condicionada por valores arbitrarios (educación, modas, hábitos y adicciones, mentalidad, etc.), muchas veces alejados de nuestro ser biológico.

En los niveles fundamentales solo existe la realidad del perpetuo cambio y la interconexión. No hay separación. Las  cosas no existen por si mismas ni tienen sustancia propia. No son ni buenas ni malas, ni mejores ni peores. Todo depende de las circunstancias y de los efectos que generen.

Nuestro cuerpo cambia todo el tiempo: tejidos, células, moléculas y partículas son recicladas permanentemente con el medio. No hay nada que podamos identificar como propio. Somos parte del universo, una parte del todo. Una pequeña parte que es reflejo y expresión del todo, y que de hecho, contiene la información de la totalidad.

Es nuestro lado interconectado, entrelazado con todo lo demás.

Para vivir la vida en plenitud, con salud y felicidad, y acceder a un nivel superior de conciencia, es importante conocer y experimentar todos los aspectos de nuestra existencia. Lo que vemos y lo que no vemos. La particularidad y la interconexión.
Por ejemplo, si decimos que somos una bolsa parlante de piel llena de huesos y preocupaciones y que además huele y duele, es cierto.

Pero si decimos que somos seres luminosos, ensamblados con material cósmico imperecedero, conectados con todo y dotados de la misma energía que el sol y las estrellas y la conciencia misma del universo, también es cierto.

No se trata de esto o aquello. Simplemente somos todo al mismo tiempo.
Solo depende de cual de los aspectos prevalece en nuestra vida, si el ser aislado y sufrido, más bien opaco o el ser conectado, despreocupado y brillante.

Trascender los límites de la realidad cotidiana es fundamental.
Ir más allá de la mente personal y de los propios puntos de vista.
Además de generar confianza y un sentimiento acogedor, el hecho de trascender la individualidad y ser conscientes de la conexión con todo lo que percibimos, representa una fuente preciosa de energía e información, que cuando estamos “aislados” o desconectados no podemos acceder, y así la vida se vuelve limitada, estrecha y con menos posibilidades.

Cuando se dice: “conócete a ti mismo”, no es solo una frase intelectual. Hay que volverse íntimo consigo mismo. Conocer su verdadera naturaleza implica también trascender la percepción ordinaria, y esto incluye al silencio y la no acción. 
La práctica regular de la meditación es esencial. (zazen)



Naturalmente se apaga la actividad consciente, que mantiene a la conciencia en una determinada frecuencia y nivel, generando siempre la misma realidad, la misma “particularidad”.
Cuando trascendemos el pensamiento consciente, que es la base de nuestra individualidad, podemos sintonizarnos con nuestro espíritu universal, eterno, ilimitado, conectado con todas las existencias.

domingo, 20 de noviembre de 2011

Los fantasmas de la realidad




Ninguna estructura cerebral permite distinguir la alucinación de la percepción, el sueño de la vigilia, lo imaginario de lo real, lo subjetivo de lo objetivo.

El cerebro no diferencia entre lo que percibe y lo que piensa

Para el cerebro no hay un “interior” y un “exterior”, en función de la información que gestiona proyecta una realidad.
Por ejemplo, vemos un pájaro posado en una rama y escuchamos su canto al mismo tiempo. Para nosotros es evidente que el ave y su armonioso trino están ahí afuera, sin embargo, la imagen y el sonido es decodificado, interpretado y proyectado dentro del cerebro, afuera solo hay bits de información y patrones de interferencia.

Otro aspecto interesante. La luz y el sonido viajan a diferentes velocidades, pero tenemos la impresión de percibirlas en simultáneo, y esto lo hace el cerebro para dar coherencia (y eficacia) a la información recibida.
El ave en realidad está en nuestro cerebro, el cual además tiene la habilidad (adquirida a lo largo de millones de años de evolución) de hacernos creer que “eso” que percibimos existe ahí “afuera”.


La importancia del fantasma y del imaginario en el ser humano es enorme y siempre vigente.

Dado que las vías de entrada y de salida del sistema neuro-cerebral que conectan el organismo con el mundo exterior representan sólo un pequeño porcentaje de todo el conjunto, mientras que el resto (más del 90%) del sistema está implicado en el funcionamiento interior, se crea fácilmente un mundo psíquico relativamente independiente en el que se crean necesidades, sueños, deseos, ideas, imágenes, fantasmas, y este mundo ilusorio se infiltra en nuestra interpretación del mundo exterior.

También existe en cada mente una posibilidad de autoengaño, que es fuente frecuente de error y de ilusión.
El egocentrismo, la necesidad de justificarse siempre a si mismo, la tendencia a proyectar sobre los otros la causa de la propia infelicidad o de los males, y también el sentimiento de culpa y frustración, hacen que cada uno se mienta a sí mismo sin detectar esa mentira de la cual, no obstante, es el creador.

Incluso la memoria está sujeta a numerosas fuentes de error.
Una memoria no regenerada con el recuerdo tiende a degradarse; pero cada recuerdo a su vez la puede adornar o modificar.

Nuestra mente, de manera inconsciente, tiende a seleccionar los recuerdos agradables y a rechazar, e incluso borrar, los negativos o desagradables.

También la mente tiende a deformar los recuerdos mediante proyecciones o confusiones inconscientes.
Existen a veces, falsos recuerdos con la persuasión de haberlos vivido y también recuerdos que rechazamos porque estamos persuadidos de no haberlos vivido jamás.
Así, la memoria, que es fundamental en el proceso de aprendizaje y herramienta esencial del conocimiento, puede estar sujeta a errores e ilusiones.

Otro punto importante: lo que consideramos como el recuerdo de nuestras propias experiencias, se ve también afectado por la memoria colectiva. Y es que en los niveles fundamentales la información sigue caminos cuánticos de entrelazamiento, simultaneidad y atemporalidad (recuerdos del futuro), es decir, se gestiona información más allá del espacio-tiempo.

Hay una retroalimentación permanente de información con el campo de resonancia mórfica que rodea e interactúa con cada cuerpo, cada órgano y tejido, cada célula, cada molécula e incluso con cada partícula subatómica como un electrón. Decimos “rodea”, pero de hecho no hay separación entre el campo y la partícula.

La mente tiene la tendencia a proteger los datos que posee, ya sean ideas, teorías, concepciones, fabricaciones mentales, etc. Sin verificar generalmente la veracidad de estos, o su carácter ilusorio.
Resistir a la información que no conviene o que no se puede integrar, generalmente forma parte de la tendencia organizadora de cualquier sistema de ideas. Las teorías resisten a la agresión de las teorías opuestas o de los argumentos adversos.

La resistencia al cambio es fuerte.

La pequeña mente, es decir, la mente individual, siempre busca su supervivencia, aunque esto le traiga al portador de la misma, contradicciones, problemas de adaptación, mala calidad de vida, trastornos psíquicos y emocionales e incluso la enfermedad y la muerte.

La higiene mental es fundamental.

Y  para esto es necesario penetrar en la naturaleza misma de la mente.

Debemos aprender a pensar y a controlar la actividad mental incoherente. Por el contrario, una actividad cerebral coherente surge del ritmo y la frecuencia del pensamiento y al igual que la música, debe incluir armoniosamente los silencios (no pensamiento) y el ritmo, esto es lo que determinará también su profundidad y eficacia.

Comprender la naturaleza de la mente es comprender la naturaleza de nuestro ser, ya que mente y cuerpo son inseparables.

Abordar este estudio de si mismo es fuente de información y energía, que se manifiestan bajo la forma de salud y felicidad.

La práctica de la meditación es la clave.


Hay muchos tipos de meditación, pero zazen es la forma directa y natural que permite penetrar y conocer íntimamente la verdadera naturaleza de la realidad, provocando una expansión de la conciencia, generando en consecuencia una influencia benéfica en todo el mundo, más allá del tiempo y del espacio.



viernes, 7 de enero de 2011

Como gotas de rocío


El ser humano es un ser conciente.

Para el ser humano, la realidad es sobre todo la conciencia que él tiene de la realidad. De la misma forma, un ser humano es sobre todo la conciencia que tiene de sí mismo.
La conciencia humana es el producto final de un complejo proceso o conjunto de procesos entrelazados, tanto en la dimensión física como en las otras dimensiones (emocional, mental (conceptual) y espiritual.

Cuando la conciencia que se tiene de la realidad no concuerda con lo que la realidad es en sí, se trata de un "error de percepción" o ignorancia.

Esta conciencia ilusoria impide adaptarse adecuadamente a la realidad en la que se vive, generando problemas de adaptación que aparecen bajo la forma de conflictos, comportamientos erróneos, desequilibrios y enfermedades, que si no se modifican, crean tarde o temprano, dolor y sufrimiento.
El error de percepción se debe principalmente a una atención incorrecta. Por lo cual, corregir el error de percepción mediante un cultivo sistemático de la atención constituye una parte muy importante, no solo en el proceso sanador si no también en el conocimiento de si mismo.

La atención es una condición sine qua non de la conciencia y un sistema de seguridad que opera sobre el sistema nervioso, corrigiendo su funcionamiento en su tarea de conocer la realidad y de adaptarse a ella.
La enfermedad, en líneas generales, puede ser pues considerada como un error de adaptación, una desarmonía entre el medio externo (realidad objetiva) y el interno (realidad subjetiva).
Este error de adaptación tiene como causa un error de percepción (de captación, de transmisión, de recepción, de procesamiento de la información o de la reacción que se genera). Este error de percepción tiene su causa en un funcionamiento incorrecto de la atención. Por lo cual, restablecer el funcionamiento correcto de la atención constituye un tratamiento necesario para muchas enfermedades.

La atención puede ser desarrollada enfocándola en los diferentes niveles de la existencia: corporal, sensorial, emocional y mental.

Las cuatro actitudes fundamentales del cuerpo son: caminar, sentarse o estar sentado, estar de pie, estar acostado o acostarse.
El Zen enseña cómo desarrollar la atención en estas cuatro actitudes, pero las mejores condiciones se dan en la postura sentada (zazen).
La postura de zazen es la que permite un mayor nivel de atención y mayor estabilidad al mismo tiempo.
La postura de pie, por ejemplo, permite un alto nivel de atención pero una estabilidad menor (mayor nivel de atención pero un lapso de tiempo más corto).
La postura acostada permite una mayor estabilidad pero un nivel de atención bajo.
La relación más óptima entre estabilidad-atención se da en la postura sentada.

Para que esta estabilidad se produzca es imprescindible que la postura corporal esté bien equilibrada.

Durante zazen, las nalgas están apoyadas sobre un almohadón (zafu) y las rodillas firmemente estabilizadas sobre el suelo, formando una sólida base triangular (entre ambas rodillas y el cóccix).
A partir de esta base, el tronco se endereza y la columna vertebral permanece bien erguida y equilibrada, facilitando el flujo de los impulsos nerviosos desde las terminaciones nerviosas, a través de la médula espinal, hasta el cerebro. Para ello, es importante que la nuca esté bien recta, lo cual se consigue fortaleciendo, mediante la práctica, los músculos del cuello.
A nivel de la 5ª vértebra lumbar debe producirse naturalmente la curvatura lumbar que permite estirar correctamente la columna, relajar los hombros y que todos los órganos internos permanezcan libres de opresiones.

Especialmente el bajo vientre debe estar relajado, esta zona que los japoneses llaman kikai-tandem (océano de energía). El kikai-tandem se sitúa aproximadamente tres o cuatro dedos por debajo del ombligo.
Esta zona, es muy importante para el desarrollo correcto de la atención, y además es un centro energético, donde la energía vital, Chi, se puede fortalecer, acumular y hacer circular

Según el fisiólogo Arthur C. Guyton : "Se han encontrado en el sistema nervioso dos senderos oscilatorios que, al ser estimulados, pueden causar la atención. Ambos senderos pasan a través del centro simpático en el hipotálamo, por cuya razón esta área se denomina a menudo centro de la atención. En uno de los ciclos oscilatorios las señales pasan del centro de la atención al tálamo anterior, siendo luego transmitidas en todas direcciones dentro del córtex cerebral. Las áreas corticales, a su vez, retransmiten nuevamente los impulsos hacia el centro de la atención, reexcitándolo y produciendo todavía más impulsos para estimular el córtex. Esta secuencia de transmisión se produce una y otra vez, creando un ciclo oscilatorio".

El 2º ciclo oscilatorio que puede provocar la atención es el siguiente: desde el centro de la atención se transmiten señales hacia la formación reticular del bulbo (FRB), en el tronco cerebral, lo cual aumenta el tono muscular en todo el cuerpo. La tensión de los músculos, a su vez, estimula los propioceptores y otras terminaciones de los nervios sensitivos a lo largo de todo el cuerpo, que ocasionan señales sensoriales que son retransmitidas a lo largo de la médula espinal hasta el tálamo y, finalmente, al centro de la atención. De este modo se establece un ciclo oscilatorio complementario: el centro de la atención excita los músculos, y las sensaciones corporales reexcitan a su vez el centro de la atención"

Desde la antigüedad los maestros zen han enseñado a cultivar el estado de atención mediante la tonificación muscular. Especialmente importante en la práctica de la meditación zen es la relación entre el kikaitandem (tantien inferior) y la nuca.
Durante zazen se debe practicar una espiración larga y profunda que estimule y tonifique los músculos abdominales, especialmente los del bajo vientre.

Al mismo tiempo se enseña a mantener el cuello y la nuca bien rectos, estirados pero sin bloqueos, y a conectar conscientemente ambas zonas (nuca y bajo vientre).

La masa muscular que incide más directamente sobre la estimulación de la FRB, es la que se encuentra en el bajo vientre.

La experiencia de los practicantes de zazen corrobora que esta conexión nerviosa produce un estado sostenido de atención sutil. Este estado de atención lúcida es generado por la respiración propia de la meditación Zen, basada en una espiración abdominal larga y profunda.
El estado de atención sutil tiene un rol decisivo en el proceso cognitivo.

La práctica de zazen no es un método de salud pero como método de salud es el mejor.
Zazen es una práctica de despertar de la conciencia, no es una forma de gimnasia espiritual ni una terapia, pero los beneficios en todos los planos de la existencia son evidentes.

¿Qué es la meditación Zen?

El término japonés Zen proviene del término chino Ch'an, que a su vez es una abreviación de Ch'an-na. Este es una transliteración al chino del vocablo sánscrito Dhyana.
Dhyana podría ser traducido como "absorción" o "reabsorción". Para comprender esto podemos tomar el ejemplo de las gotas del rocío matinal. Estas gotas son una condensación de la humedad ambiental. Al salir el sol, las gotas de rocío se evaporan y son "reabsorbidas" por la atmósfera.

De la misma forma, el cuerpo humano es un condensado de energía universal, surgido del vacío creador, al que volveremos inevitablemente en el momento de la muerte o disolución.
La actividad de la energía universal sigue pues un ciclo con tres fases: condensación, mantenimiento y disolución.

En la vida humana, la condensación comienza con la fecundación de un óvulo por un espermatozoide, continúa con su gestación en el útero materno, luego el nacimiento y culmina con la madurez, física y mental. A partir de aquí, comienza la fase de mantenimiento de la vida madura, fase que da lugar a lo siguiente, la inevitable disolución de la vida individual, que se manifiesta a través de la degeneración física y mental y, por último, la muerte, es decir, la individualidad desaparece, es reabsorbida por la Fuente Original, energía e información disponibles que vuelven a la fuente nutriéndola de experiencia.

La práctica de la meditación Zen (zazen) permite que el ser individual se conecte concientemente con la Fuente Original de su vida, con su esencia, es decir, con "su verdadera naturaleza original".
Esta conexión tiene el poder de reducir o hacer desaparecer el miedo a la muerte y al cambio, o dicho de otra manera, reduce el apego a la forma individual, al "yo" y a la personalidad. Este apego causa desequilibrio y enfermedad y, por lo tanto, es un generador de sufrimiento.
Y no solo esto, el inconciente es el océano de potencialidad infinita. La verdadera fuente de información y alimentación la llevamos puesta, todo surge del vacío, nuestra esencia es la misma que la del universo, somos el universo. Cuando lo individual sintoniza con lo universal, todo se ilumina. Es un universo de abundancia.

La inteligencia se alimenta a si misma

Si cultivamos las cualidades superiores de la conciencia, como la atención, la concentración, la observación, la reflexión, el amor incondicional, la paciencia, la memoria, la intuición, etc., nos volvemos más inteligentes (y por ende los demás también). Un pensamiento positivo genera más pensamientos positivos, es cuestión de vibración. Es un verdadero sistema que se retroalimenta (feed-back).

De una manera u otra todos buscamos algo.

Esta búsqueda corresponde a un deseo profundo de salud y felicidad.
En el momento que la mente y el cuerpo están en unidad, la búsqueda cesa, porque la salud y la felicidad se actualizan en ese instante, más allá del tiempo y del espacio.
Inconcientemente, naturalmente.

sábado, 6 de noviembre de 2010

El gran ilusionista


A medida que se va estudiando el funcionamiento del cerebro a lo largo de las épocas, se van descubriendo características asombrosas de nuestro CPU biológico.
En la antigüedad ni se tenía idea de su funcionamiento.

La medicina tradicional china se refiere al cerebro como un órgano accesorio, entendían la percepción, las emociones y el conjunto de funciones neurofisiológicas como el resultado de la dinámica conjunta de todos los órganos internos.

Con el advenimiento de la ciencia en el siglo XVII, se comenzó a tener otra forma de conocimiento sobre el cerebro.

Primero se llegó a su descripción anatómica estudiando cadáveres, luego el interés científico llevó a experimentar (y sacrificar) animales pequeños y grandes, e incluso seres humanos, tratando de conocer su funcionamiento. Así se fueron estableciendo y clasificando las diferentes áreas y estructuras del cerebro (áreas de Brodmann, tallo cerebral, sistema límbico, núcleos, corteza, etc).
De manera que hoy en día, la mayor parte del conocimiento científico acerca del funcionamiento cerebral es el producto de incontables años de disecciones, autopsias y pruebas (muchas de ellas cruentas) en pacientes.

Esto ha llevado, aún en la actualidad, a tener una visión localizada de las funciones cerebrales, es decir, cada parte o estructura del cerebro tiene una función específica y determinada y la alteración o el daño de esta parte producirá a su vez una enfermedad ya conocida y debidamente clasificada.

Sin embargo, esto no explica verdaderamente lo que sucede en el cerebro y como funciona.
Hay fenómenos como la memoria, el aprendizaje, la percepción e incluso la sensibilidad, que no pueden ser verdaderamente localizados en una parte específica del cerebro, a pesar de que existan zonas que tengan una mayor relación con estas funciones.


Podemos ver esta forma “científica” de interpretación en otras áreas de la ciencia como la física.

Hasta el advenimiento de la mecánica cuántica se consideraba al átomo y sus electrones como los componentes últimos de la materia. Hoy se habla de los átomos más en términos de posibilidades y de insustancialidad que como materia sólida.

La forma en que percibimos la realidad es un arreglo que hace el cerebro para darnos una sensación de coherencia, continuidad y solidez, aunque para esto debe rellenar agujeros, inventar o crear una realidad perceptual.

El cerebro es el gran ilusionista.

Solo vemos lo que el cerebro dice que vemos, y como lo demuestran numerosos estudios, esto está en relación con lo que creemos.

Lo que sucede “afuera” no es realmente lo que aparenta ser.

Los ojos no envían al cerebro imágenes en 3D de personas, de árboles o de la calle, o algo que pensamos que vemos fuera de nosotros. Los ojos envían señales bioeléctricas que una vez que son decodificadas por el cerebro (y no solo la corteza visual!), este devuelve, es decir, proyecta una imagen holográfica dándonos la sensación, incluso física, que lo que vemos realmente existe (de la manera que lo vemos).
Por eso es que la naturaleza de lo que percibimos es una ilusión fabricada por nuestro cerebro.
En realidad no hay colores, ni sonidos, ni sabores, solo hay ondas electromagnéticas que son decodificadas e interpretadas y que generan una serie de descargas electroquímicas por parte del director del film y encargado de efectos especiales: nuestro cerebro.

Los colores son diferentes longitudes de onda del espectro electromagnético que el cerebro decodifica a partir de la luz blanca.

No hay tal cosa como “el universo”, porque hay un universo dentro de cada cerebro y cada uno con una percepción diferente, con un punto de vista propio y único.

Las realidades colectivas, es decir, el hecho de que aparentemente experimentemos todos la misma realidad, es solo un acuerdo mental, los cerebros se alinean en una misma longitud de onda y vibran de manera similar.

Como cuando vamos al cine y vemos un film, todos vemos la misma película, pero en realidad cada uno vive una experiencia diferente. Algunos ríen, otros lloran, están los que se aburren y los que se duermen, para algunos llega a ser completamente “real” y luego están incluso los que se levantan y se van. Fin de la presentación. El elemento común es que esas imágenes tan “reales”, solo son una serie de fotografías que en movimiento dan la sensación de continuidad, ondas electromagnéticas, primero decodificadas por un proyector y luego por nuestro cerebro.

Otra cosa está clara, nadie piensa que John Wayne está vivo en la pantalla, sabemos identificar la ilusión. Sin embargo todo se pasa dentro de nuestro cerebro.

Para la mayoría de nosotros es obvio que el sentimiento de amor o de enojo, la sensación de frío o de hambre son realidades internas y que el canto de un pájaro, el ruido de un motor o el calor del sol son realidades externas.

Cuando vemos un objeto, la imagen se forma en el cerebro, pero no lo percibimos como si estuviera “adentro” nuestro si no afuera.

Igualmente si nos golpeamos un dedo y nos duele, el dolor no está ahí, el estímulo viaja por las vías nerviosas desencadenando una serie de reacciones neurofisiológicas en alguna parte del cerebro, en definitiva es este el que interpreta y decide si duele o no.
Existe el fenómeno del "miembro fantasma". Algunos a los que se les ha amputado un miembro (u otra parte: un seno, un diente, etc.), pueden, incluso luego de mucho tiempo, sentir dolor, hormigueo o molestias en el lugar donde tenían el miembro o la parte extraída. Esto es debido a que el cerebro mantiene aún un esquema de esa parte o miembro, así que en una zona de su estructura para el cerebro ese miembro sigue existiendo.

El cerebro tiene la capacidad de hacernos creer que las cosas están ubicadas donde no lo están, proyecta la ilusión de que ciertos procesos que son internos tienen lugar fuera del cuerpo.
Otro dato interesante: el cerebro no diferencia entre lo que imagina y lo que percibe. El recuerdo de una situación de peligro o de una experiencia vivida con intensidad activa las mismas zonas cerebrales que si estuviera percibiendo ese fenómeno. (ver post: falsos recuerdos ).

La sinestesia es una condición donde la información sensorial se confunde y es interpretada por el sentido incorrecto. Por ejemplo, ante un sonido específico se percibe un sabor determinado, o un olor particular se percibe como un sonido.

La hipnosis provoca una reinterpretación de las señales eléctricas por parte del cerebro. El hipnotizador implanta una falsa creencia de manera que el cerebro interpreta estas señales para que encajen en esta creencia.

Esta característica del cerebro puede ser utilizada con fines terapéuticos, pero también con fines egoístas, para crear una necesidad (e incluso una adicción), y esto es utilizado por las companias de marketing y propaganda para venderle a la gente productos, medicamentos, alimentos chatarra e incluso candidatos políticos.

Conociendo como funciona el cerebro, hacer esto es muy fácil. Basta con implantar una necesidad o un problema y hacer que la gente crea en eso. Luego se vende (o se impone la solución). Como vimos en entradas anteriores, la TV y los medios de comunicación sirven a este propósito.

Los laboratorios medicinales diseñan nuevos medicamentos y para venderlos y generar millonarias ganancias crean una nueva enfermedad, o una epidemia, o un nuevo riesgo para la salud, luego utilizan a los médicos como intermediarios, que luego de un diagnóstico incorrecto y muchas veces tendensioso crea en el paciente la creencia en esa enfermedad y entonces el falso tratamiento es instalado en la vida de muchas personas que no solo pagan con dinero si no con su salud y felicidad. (ver más).

La técnica del mensaje subliminal no es nueva, aunque en la actualidad sus usos se han potenciado.

Como se puede ver, las apariencias engañan, hay que aprender a filtrar y purificar la información que se recibe.

Instalar buenos programas en el cerebro, incluso un buen anti-virus, que nos permitan percibir una realidad más allá de los órganos de los sentidos, y por supuesto eliminar los programas nocivos e inútiles que entorpecen el funcionamiento y pueden provocar un daño grave.

Se trata de crear una realidad más amplia, más normal, más libre e inteligente.

El cerebro es el gran ilusionista, cuando le confiamos la conducción de nuestra vida, todo se vuelve virtual, caemos en la confusión y en la ilusión con facilidad.

Pero si aprendemos a escuchar al corazón y le permitimos que se exprese, naturalmente se establece el equilibrio, así podemos percibir lo "real" y trascender la ilusión.