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martes, 23 de junio de 2020

El campo vibratorio de los seres humanos

¿De qué estamos hechos?

Dr. Mariano Giacobone

Nuestros conceptos acerca de lo que es material o inmaterial se basan en lo que percibimos por medio de los sentidos.

De acuerdo con las descripciones de la física clásica, existen diferencias entre una onda y una partícula. La partícula ocupa un lugar en el espacio y tiene masa, o sea, materia. Mientras que una onda se extiende en el espacio, perturbándolo, caracterizándose por tener una velocidad definida y masa nula, es inmaterial.

El término “partícula” se encuentra ampliamente en nuestra lenguaje: partículas de polvo, partículas elementales, partículas gramaticales, particularmente… 
Se define a la partícula como la menor porción de materia de un cuerpo que conserva sus propiedades químicas. Pueden ser átomos, iones, moléculas o partículas subatómicas (protón, neutrón, electrón, etc).

La partícula nos trae referencia a algo material, concreto o corpóreo, una entidad con límites definidos: es decir, algo “particular”.

De acuerdo a la definición, una onda consiste en la propagación de una perturbación de alguna propiedad de un medio (densidadpresióncampo electromagnético), a través del mismo medio. Esto implica el transporte de información y energía pero no de materia. El medio perturbado puede ser de naturaleza diversa como el aire (sonido), el agua (olas), la tierra (ondas sísmicas) e incluso inmaterial como el vacío (luz).


La información se extiende en el espacio como una onda y se manifiesta como partícula.

Podemos diferenciar sin dificultad una partícula de una onda.

Si observamos el oleaje en un estanque no tiene nada que ver con una piedra (a menos que la piedra sea la causa de la ondulación). Nos resulta muy difícil, por no decir imposible, en términos convencionales y ordinarios, considerar que en realidad se trata del mismo fenómeno. La diferencia reside en que solo podemos detectar uno de los dos aspectos. Si percibimos la partícula no podemos ver su naturaleza ondulatoria y si observamos una onda, su naturaleza corpuscular se esconde.

Solo podemos ver el lado material (particular) y no el campo vibratorio.

Es más, la idea lógica que tenemos de ambas cosas es mutuamente excluyente: un cuerpo no es una onda insustancial y una onda que se propaga no es material.

He aquí la fuente de muchos errores de percepción y el motivo de porque tenemos la tendencia a considerar solo la realidad “material”. 
No tenemos problema en reconocernos como cuerpos físicos. Incluso asumimos las limitaciones impuestas, dando por sentado que cada uno y todo lo demás, existen por separado. Al no percibir nuestra naturaleza ondulatoria, entrelazada y conectada con todo, la realidad que proyectamos es mas densa, estrecha y con menos posibilidades. 

La cuestión es la siguiente: cuando llamamos a algo “partícula” u “onda” no estamos definiendo lo que es, sino como se comporta ante una situación determinada.

La verdadera naturaleza de las cosas no es algo que podamos experimentar directamente al interactuar con ellas, ya que nuestros sentidos tienden a “particularizar” y a limitar la percepción porque así están diseñados.

El pensamiento, que es una onda (vibración) que transporta energía e información, se expresa en el nivel consciente de forma particular y secuencial. La onda indeterminada de múltiples posibilidades de los niveles subconscientes, se transforma (colapsa) y se manifiesta en el nivel consciente como partícula de conocimiento, es decir, como una experiencia determinada. 
No es correcto decir que las cosas son “ondas que a veces se convierten en partículas” o “partículas que a veces se comportan como ondas”, aunque parece más acertado, es una percepción errónea de las cosas.

¿Qué son las cosas, partículas materiales u ondas de posibilidades? 

Las dos al mismo tiempo, pero solo puede manifestarse una a la vez.

La influencia de la conciencia es determinante 

Si decidimos observar partículas no veremos su naturaleza ondulatoria y viceversa.

Y esto sucede porque hay algo más profundo en la naturaleza de las cosas que aún no percibimos.

Nuestro cerebro está condicionado para detectar y proyectar una realidad material, seguramente por esta causa consideramos casi exclusivamente el aspecto corpóreo y “particular” más que la interconexión, la interdependencia y por consiguiente las posibilidades de lo que percibimos.

La materia es vibración

Sabemos que la materia es en realidad energía condensada o cristalizada, y que los pensamientos son energía e información y por lo tanto pueden materializarse.
Energía y materia son 
equivalente, esto ya ha sido demostrado por Einstein hace 1 siglo y por los chinos hace más de 20 siglos. 


Cuerpo y mente no son de naturaleza diferente y no existen por separado

Los pensamientos son ondas de información y energía que perturban el campo, transformándose en partículas materiales, generando y modelando al cuerpo físico.

Por cierto, no hay que confundirse, cuando decimos que la materia vibra, no significa que las partículas, como los electrones, están vibrando alrededor de un punto de equilibrio. Las partículas no oscilan: las partículas son en si mismas la oscilación. Ambas son lo mismo, no es una cosa (la partícula) efectuando una acción (la oscilación).

La vibración es la masa

Nuestra manera ordinaria de percibir la realidad es dualista, y esto es debido a que los procesos algorítmicos conscientes en el neocórtex. son binarios y secuenciales: 0/1, apagado/encendido, acierto/error. O uno o lo otro. No puede ser 0 y 1 al mismo tiempo, como sucede en el procesamiento en paralelo de la información en los niveles preconscientes, donde la onda de posibilidades se encuentra en estado de superposición cuántica, presentando simultaneidad y coherencia (puede ser 00, 01,10 ó 11)

Solo podemos tomar una decisión a la vez. En el nivel consciente de la realidad cotidiana, los objetos y sucesos, se manifiestan mostrando un solo aspecto, que es precisamente el que pueden captar nuestros sentidos.

¿Qué somos entonces? ¿Ondulaciones insustanciales o cuerpos sólidos?

Nuestros conceptos de cuerpo y vibración se basan en la información que obtenemos a través de los sentidos. Son términos con una gran antigüedad y bien enraizados en nuestra cultura, y determinan la manera que tenemos de percibir las cosas. 

A pesar de que todo el mundo tiene claro lo que es la materia y lo que es una onda: nadie confunde un ladrillo con un rayo de luz. La primera idea que tenemos de ambas cosas es mutuamente excluyente: si es sólido no puede ser no sólido. Decir que algo es partícula y onda nos parece similar a decir que algo es azul y no es azul a la vez. Y ahí está el primer obstáculo a superar. 

 La cuestión no es sólo que esa idea es falsa, sino que es contraria a la realidad. Es decir: “partícula” y “onda” no son lo mismo que “azul” y “no azul”, y no porque sean características independientes que a la vez puedan ser ciertas, como “azul” y “oscuro”, estas deben ser necesariamente ciertas al mismo tiempo. Algo así como “azul” y “blue”. La misma cosa con nombres distintos. Si entendiste esto, has superado ese primer obstáculo y estás listo para saltar sobre el segundo, que es algo más sutil: lo de “azul” y “blue” es sólo una primera aproximación a la realidad.

Llamamos a las cosas ondas o partículas porque, cuando interaccionamos con ellas, lo hacemos de modos específicos. Estamos dando nombres a la manera en la que esas entidades reaccionan, no a lo que son en realidad.

Podríamos también decir: “El universo está formado por ondículas que en determinadas circunstancias se comportan de cierta manera, a la que hemos llamado tradicionalmente “onda”, y en otras se comportan de una manera diferente, a la que llamamos “partícula”. Pero las cosas no son ondas ni partículas: son ondículas (o partondas, como prefieras).

La cuestión es que algunas ondículas son muy ondas y hacen falta experimentos muy específicos para revelar su comportamiento corpuscular y otras ondículas (o partondas) son muy particulares y no muestran fácilmente su naturaleza ondulatoria.

Nuestro cuerpo físico tiene solidez aparente porque está hecho de una infinitud de átomos que vibran a una altísima frecuencia.

Esencialmente son oscilaciones de la misma cosa. Esta “cosa” o entidad (para darle un nombre) es la conciencia. 
El sustrato de todo lo que existe es la conciencia.

La conciencia provoca el movimiento de la información y la energía, y a causa de esto la masa se condensa creando el mundo físico.

La diferencia la hacen las categorías humanas y la necesidad de describir con palabras y fórmulas el universo en el que vivimos.

Son nuestros órganos sensoriales los que captan la información de una determinada manera, y como los sentidos, por su diseño y por educación, perciben una realidad “particular”, interpretamos y creamos siempre una realidad física (generalmente la misma), aparentemente sólida y duradera.

El problema con el que se topa la ciencia es que no siempre las descripciones se ajustan a lo “real”. El universo es lo que es y nuestras descripciones y conceptos nunca podrán explicarlo con exactitud en su totalidad.

Bohr formuló en la interpretación de Copenhague lo que se conoce como el principio de complementariedad, el cual establece que ambas descripciones, la ondulatoria y la corpuscular, son necesarias para comprender el mundo cuántico.

 

Bohr había señalado el hecho que mientras en la física clásica un sistema de partículas en dirección funciona como un aparato de relojería, independientemente de que sean observadas o no, en física cuántica el observador (la conciencia) interactua con el sistema de tal forma que el sistema no puede considerarse como una existencia independiente. 

El sujeto y el objeto son uno

En los niveles fundamentales de la realidad, la observación altera de forma incontrolada la evolución del sistema. 
Es erróneo pensar, en el mundo de las partículas, que medir es revelar propiedades que estaban en el sistema con anterioridad. Y esto sucede porque los fotones de luz del observador impactan e interfieren con los electrones, intercambiando energía e información y cambiando el estado del sistema.

Esta pérdida de coherencia cuántica es lo que se llama: reducción o colapso de la función de onda. 

El universo no manifestado, de infinitas posibilidades superpuestas y entrelazadas, se manifiesta al reducirse o colapsar en una sola (de las tantas) experiencia “particular”.

Promediando los años 20, en los principios de la física cuántica, Heisenberg (junto a Max Born y otros) demostró con su mecánica matricial que no se puede saber con exactitud la posición y el momento de una partícula. Cuanto más sabemos sobre la posición de un electrón, por ejemplo, menos datos disponemos sobre su velocidad. Cuanto más averiguamos sobre su movimiento más borrosa se vuelve su ubicación.

 

La relación de incertidumbre de Heisenberg refleja una vez más esta dualidad de la naturaleza, aunque en este caso referida a otras propiedades físicas de la materia, como la posición y el momento. Si diseñas un experimento que muestre una cosa, la complementaria está “oculta”. Al menos, en el caso de la relación de indeterminación, no se trata de una elección binaria sí/no, más bien tiene que ver con el grado de manifestación: cuanto más te fijas en una cosa, más borrosa se vuelve su complementaria. 

Si elegimos medir con precisión la posición de una partícula la forzamos a presentar mayor indeterminación en su momento, y viceversa. De la misma forma, si elegimos un experimento para medir propiedades ondulatorias se eliminan peculiaridades corpusculares. Ningún experimento puede mostrar ambos aspectos, el ondulatorio y el corpuscular, simultáneamente.

Debido a esta “particularidad” de la observación y de la percepción, captamos solo el lado material de la realidad. Como un iceberg, del que solo vemos la menor parte (solo la que muestra).


Nuestra mirada particulariza al universo, lo vuelve físico y corpóreo. 

La ilusión de los sentidos lo vuelve material.

“Lo esencial es invisible a los ojos” (Saint Exupery)

¿Qué tiene en común el observador y la partícula? 
Ambos son en esencia lo mismo: movimiento de la conciencia.

Esta es la razón por la cual nos referimos a las fases ondulatorias de las partículas no como ondas materiales, sino como ondas de probabilidades. Esta capacidad de las partículas elementales para existir en más de un lugar al mismo tiempo nos revela algunas cuestiones profundas de la naturaleza de nuestro mundo físico.

¿Cuál es el rol que desempeña la conciencia o el observador, en todo esto?

Si lo relacionamos con el Principio de Incertidumbre (por el cual no tiene sentido hablar de la trayectoria de una partícula en el espacio, y la capacidad de la misma de estar en más de un sitio al mismo tiempo) resulta carente de sentido pensar que dicha partícula sea algo real si no existe un observador humano.

Antes de que el electrón del experimento haya dejado su marca en la pantalla (cuando hacemos la observación), no podemos determinar con precisión sus características, es más bien una onda de probabilidades que se aparece y desaparece y parece existir al mismo tiempo en todos sus trayectos posibles.

Por esto Heisenberg expresó: “no podemos conocer el presente en todos sus detalles”.
Hay una cierta probabilidad de que la partícula se encuentre en un lugar determinado, pero en principio podría estar en cualquier parte. La interacción con el observador modifica su comportamiento.

Si los microscópicos bloques de construcción de los objetos materiales no poseen las características de los objetos materiales. Si en esencia la materia es más una nube de probabilidades que algo fijo y concreto ¿qué tan sólido es el mundo en el qué vivimos? ¿y nuestro cuerpo, de que estamos hechos en realidad? 

Cuando nos hacemos este tipo de preguntas inevitablemente nuestra percepción de las cosas y de nosotros mismos cambia, se expande, gana en profundidad e información.

Esto más que una comprobación científica es un hecho espiritual.

El cuerpo está completamente descentralizado. No hay una central, sino que hay varias centrales gestionando la información en diferentes niveles, incluso extracorporales.

¿Pero qué son entonces las cosas?

Posibilidades. Sucesos que se transforman en una realidad material provisoria.

¿Y cómo podemos percibir la interconexión y las posibilidades, en lugar de colapsar siempre en la misma realidad material predeterminada?

Trascendiendo la percepción ordinaria de los sentidos y la mente individual. 
La conciencia se materializa con facilidad, dependiendo del nivel de energía e información que contenga.

 La revolución de los sentidos 

Reprogramar la actividad cerebral desde la mente consciente es muy difícil, ya que por su nivel de energía y configuración, tiene la tendencia a colapsar siempre en una realidad material determinada. 

Formatear el disco eliminando la información falsa y tendenciosa es fundamental. Actualizarse es muy importante.

A este proceso se le llama purificación. El cuerpo lo hace todo el tiempo. Significa volver algo a su condición original. Mente y cuerpo deben purificarse.

El cerebro se reconfigura gracias a su capacidad plástica y a la flexibilidad de sus conexiones. Esto incrementa la potencia para procesar información y optimiza su funcionamiento.  
Para esto debe volver a cero, equilibrar su actividad mediante la calma mental y el reposo sensorial. Las posturas que adopta el cuerpo son fundamentales.

No hay separación entre la mente y el cuerpo. Son diferentes expresiones de una misma verdad.

Cuerpo y espíritu en unidad manifiestan nuestra verdadera naturaleza, naturalmente y de forma inconsciente.

Cuando la conciencia se libera de los límites de la percepción ordinaria, se expande y cambia su dimensión, afectando indefectiblemente al sustrato físico. 

Al mismo tiempo, la realidad física se vuelve un espejo que refleja el cambio de dimensión espiritual.

Todo cobra sentido, incluso nuestros sufrimientos y errores del pasado se vuelven fuente de felicidad y conocimiento si aprendemos a transformarlos.

Estamos llenos de posibilidades.

Estamos hechos del mismo material que el cielo, la tierra...y los sueños.

La verdadera naturaleza de toda la creación es cambio y evolución

 

 



sábado, 2 de mayo de 2015

Los 5 principios para unificar el cuerpo y la mente



¿Por qué es importante unificar la mente y el cuerpo?

Es fácil comprenderlo y difícil realizarlo. Podemos comparar al estado de unificación con la condición normal de un ser humano y es fácil darse cuenta de ello por que todos lo hemos experimentado de una manera u otra en nuestra vida, quizás incluso no del todo conscientes de esto. Pero resulta difícil realizarlo debido a que la mente está siempre agitada, fragmentada en una multitud de pensamientos diferentes, reaccionando a los estímulos externos e internos permanentemente. Esto genera en si mismo una dualidad entre el sujeto y el objeto, entre el cuerpo y la mente e inevitablemente se percibe una realidad hecha de partes separadas: el sujeto por un lado y las “cosas u objetos que observa” por el otro. Además, todo ese movimiento desordenado y caótico, genera desarmonía, falta de ritmo e incoherencia, la energía se disipa y pierde fuerza.

Para empezar a unificar el cuerpo y la mente hay que dejar de pensar en ellos como si fueran diferentes.  Es un hecho científico y una verdad espiritual que la materia es energía, y la energía es la manifestación del movimiento de la conciencia, por lo tanto materia y energía son manifestaciones o expresiones de la conciencia, del Espíritu que da vida e impregna a toda la creación.

La mente mueve a la energía y la energía se condensa en materia. La materia sirve de vehículo y expresión para el espíritu. El mundo”objetivo” manifestado es una proyección del mundo espiritual.

La verdadera sustancia del universo es la conciencia

Así que debemos pensar y sentir de esta manera, asumiendo que vivimos en un universo espiritual, creado por el deseo en la conciencia única, de manera que la mente y el cuerpo no son diferentes en esencia, simplemente difieren en su presentación y en sus características.

La vida cotidiana moderna se ha vuelto cada vez más cortada de su fuente natural, la mayoría de las personas solo perciben un mundo material de partes separadas y creen en la realidad del mundo físico, esta es la razón de la división de sus mentes y sus cuerpos y la causa del sufrimiento y la enfermedad.

Esto no solo disminuye las posibilidades de aprendizaje, de adaptación y la calidad de vida de la persona, sino que impide el cultivo y desarrollo de la mente y de la energía vital, fundamentales para poder expresar nuestro ser en toda su dimensión.

Cuando el cuerpo y la mente están unificados, la energía vital fluye libre y abundantemente, mejora la salud, la actividad de los hemisferios cerebrales se equilibra, se expande la conciencia y la experiencia de vivir se enriquece.

De ahí que estos 5 principios ordenen nuestra práctica y nuestra vida cotidiana y nos ayuden en el cultivo de la mente y el desarrollo del poder personal.

Para descargar el archivo completo, click aquí.


sábado, 28 de septiembre de 2013

¿Para que usas tu cuerpo?


El cuerpo humano es el resultado de millones de años de evolución, algunas mutaciones exitosas y el soplo divino que le otorga conciencia y un grado superior de inteligencia.


Nuestro cuerpo tiene un diseño muy complejo y una configuración muy práctica.
Aunque lo percibimos sólido, pesado y opaco y podemos describirlo en términos físicos como una unidad eléctrica de carbono y agua, programable y con conciencia de si misma, en realidad se trata de ondas de energía compactada vibrando a gran velocidad y manteniéndose juntas por efecto de la gravedad. Esto es lo más material que podemos encontrar en nuestro cuerpo: energía e información.

De todo modos ¿Para que utilizamos este cuerpo tan práctico hecho de la misma sustancia que el cielo y la tierra? Generalmente para satisfacer nuestros innumerables deseos y obligaciones, convirtiéndolo en esclavo de ilusiones y malos hábitos.

La verdadera inteligencia significa usar el cuerpo de una forma que no le conviene a nuestras ilusiones.
Esto quiere decir poner el cuerpo y la mente en orden, en resonancia. Es un principio básico de la armonía. Todas nuestras células siguen naturalmente el orden cósmico. Laten y respiran con el universo. Son la vibración del universo.

Es cuestión de madurar y aceptar tu verdadera naturaleza y abandonar las viejas creencias.
La tarea más importante es desarrollar y proteger la perla brillante que yace en tu interior y que es tu esencia, que está entrelazada con todo el universo y representa tu lado eterno e infinito.
Pero nadie lo puede hacer en tu lugar.

Ser alguien "espiritual" no es solo un concepto ni un cliché. Se trata de clarificar y volverse transparente: ¿Cómo me trato a mi mismo? ¿Cómo trato a los demás? ¿Que dirección toma mi vida? ¿Que tan atado estoy a mi realidad cotidiana? ¿A mis miedos y deseos?

No hay que dejarse engañar, y menos por uno mismo.

Es una cuestión de autoconfianza y fe en el espíritu.
La confianza en si mismo genera inevitablemente fe en el espíritu y viceversa.

Este tipo de confianza no depende de nada exterior, tampoco es una fe "ciega".

Todo lo que percibimos es un espejismo, es movimiento buscando su balance. Reflejos y sombras.
Pero lo real no mueve, permanece en equilibrio, en el centro, en nuestro interior. Es nuestro verdadero ser. Es la conciencia infinita que impregna a todos los seres y cosas. El punto cero de donde surge toda creación.

zazen
Hablamos de fe, pero se trata también de aceptar. Aceptar tu naturaleza cósmica. Aceptar que tu mente es la mente de Dios. Aceptar que este cuerpo eléctrico que posees no te pertenece.

Todas las religiones hablan de fe e imponen sus dogmas (a veces muy violentamente y otras tratando a sus fieles como "corderos"). Ese tipo de fe no es más que ignorancia y superstición.

La verdadera comprensión ilumina la ignorancia y acaba con las supersticiones.

"No hay nada más divertido que ver a los que "consumen" espiritualidad, buscando inspiración o algo que de sentido a sus vidas. Todo para ellos es "inspirador", incluso si esto sólo vale tanto como mierda de paloma". Maestro Sawaki

Esta forma de “inspiración” es errónea ya que se trata únicamente de inspiración personal, con fines egoístas o mezquinos. No llega lejos.

Muchos buscan espiritualidad porque esperan obtener algo de "todo eso", pero sin involucrarse demasiado, ya que están condicionados para ver solo la superficie de las cosas y a gastar sus energías en consumir y en trabajar para pagar ese consumo.

Cualquier enseñanza tradicional que leas, siempre va a tratar acerca de dedicar tu cuerpo y tu vida al camino del conocimiento.
Curiosamente, no es algo personal.
A medida que aumentas el conocimiento de ti mismo, que es un movimiento centrípeto de carga, que en forma de espiral se comprime hacía el interior, ordenando y potenciando tu sistema, los limites de tu ser se expanden. Este es un movimiento centrífugo, hacia el exterior, que hace que te fundas con el espacio llenándolo de información y que tu nivel de conciencia se incremente.
Este movimiento conduce a lo que se llama: "olvidarse de si mismo".


Es evidente, cuando estás en buena salud y felicidad no te acuerdas de tu cuerpo. Eso es por que tu sistema está en equilibrio con el entorno. Pero luego cualquier deseo generará movimiento y desequilibrio nuevamente. El asunto es cuando permanecemos siempre en esta última condición, como es el caso usual en la vida moderna. Únicamente deseos, urgencias y movimiento

Hay otros que creen ser espirituales porque le rezan a algún dios o hacen ceremonias folclóricas, vacías  y sin sentido. Solo lo hacen buscando salud, negocios, fama y reconocimiento  o para sentirse parte de algún grupo o movida espiritual.
Este tipo de acciones muestran el nivel de confusión y egoísmo y no sirven para nada, excepto para acumular ilusiones (y decepciones) y más confusión.

De todas maneras, siempre nos resulta más fácil ver los defectos en los otros que en uno mismo, y esto es porque olvidamos que lo que vemos es una imagen reflejada, como un espejo, y en realidad lo que te molesta de los demás es tu propia imagen, son tus propios defectos proyectados.

Pero si inviertes tu percepción, es decir, si cambias la polaridad del movimiento, podrás sentirte positivo y proyectar esta imagen, entonces comenzarás a aceptar y a tolerar a los demás, sabiendo que lo que ves en los otros es tu propio espíritu reflejado. Así verás el lado genial de los otros...y el tuyo también!
Es una forma de percepción que genera luz y llena de energía consciente el espacio que te rodea.
Este aumento de cargas positivas influye a todos los seres y cosas que te rodean, aunque en realidad va más allá del tiempo y del espacio.

La única ley en el universo es dar

La naturaleza da todo el tiempo, sin esfuerzo, sin pedir ni esperar nada a cambio. Sin calcular ni negociar. Nada personal. Es su job.

Por el contrario, nosotros calculamos, y no solo en asuntos de dinero. En todo lo que hacemos tratamos de negociar, buscando siempre un beneficio personal. La razón es el miedo y la avidez y por que no hemos descartado viejas creencias y apegos. Continuamos atados a personas, a objetos, a puntos de vista, a verdades, a mentiras, también están los hábitos y adicciones, etc.

Todo el mundo quiere ganar. Nos enseñan que perder es algo malo y entonces vamos así por la vida, siempre tratando de obtener beneficios personales y de acumular cosas. Corriendo detrás de la felicidad y huyendo del sufrimiento.

La mejor forma de abandonar el cuerpo y la mente es ponerlos en unidad, fundirlos en uno, entonces desaparecen.
La práctica de la meditación es la clave.

Lo cierto es que solo cuando el cuerpo y la mente fueron descartados, estos negocios ya no cuentan más.
Descartar el cuerpo y la mente es la clave, es el punto cero, es inconmensurable e ilimitado.
Renunciar a si mismo es el don más grande.
Es el paso a una dimensión superior del ser, más luminosa y compasiva, más inteligente y amplia.
Más universal.


Si abres las manos puedes poseerlo todo. Si las cierras, solo te quedas con poco. Eso dicen los maestros. Pero la ciencia igualmente comprueba que de acuerdo al mensaje que envíes al medio será la reacción que recibas. No hay separación.


Por eso perdonar es un acto de inteligencia. Al expandir tu corazón cancelas cualquier ofensa y disuelves cualquier coraza.
Si abandonas lo que más temes perder, ¿Que importancia tiene ganar?

Se habla siempre de hacer el bien, nos enseñan de pequeños que debemos hacer el bien y evitar el mal, "si haces el bien no puede ser malo"! y viceversa, pero ¿Que significa hacer el bien?¿Tienes claro realmente lo que es bueno y lo que es malo?

Bueno y malo van de la mano, y aunque tiren en direcciones opuestas, ambos se cancelan en el equilibrio.



sábado, 25 de mayo de 2013

Nuestro cuerpo y los campos de información



El cuerpo humano es un campo de información y energía.
Desde la física podemos definirlo como un campo de ondas estacionarias, escalares, que están organizadas en niveles. 
Las ondas escalares son un tipo de ondas electromagnéticas longitudinales, a diferencia de las ondas EM a las que estamos acostumbrados que son transversales, las escalares solo existen en el vacío. 
Estas ondas constituyen una especie de océano de energía infinita. De acuerdo al investigador T. Bearden: "En cualquier punto y en cualquier momento, uno puede extraer libremente y sin grandes costos, enormes cantidades de energía EM que fluirá directamente del vacío activo mismo."

Nuestro cuerpo es un campo dentro de otros campos y a su vez, está formado por campos subsidiarios más pequeños. Cada órgano posee su propio campo, al igual que cada tejido, cada célula, cada molécula; incluso cada partícula elemental tiene un campo de energía e información que la rodea. Infinitos campos interconectados, dispuestos en niveles de complejidad. Aunque en esencia todo es unidad, no hay separación, solo hay diferenciación momentánea.

Podemos decir que nuestro cuerpo es en realidad información estructurada en distintos niveles vibratorios, es decir, ondas que oscilan y vibran en una amplia gama de frecuencias, que van de lentas y densas hasta rápidas y sutiles. O sea, desde el plano físico 3D hasta el plano espiritual multidimensional.

La salud y el normal funcionamiento del cuerpo, incluso la capacidad de adaptarse, aprender y evolucionar, están relacionadas con la coherencia y el orden entre estos campos. Cuando las ondas vibran al unísono, se dice que son coherentes. Igual que un instrumento afinado. Esta coherencia es fundamental y el responsable de ella es en primer lugar el corazón.



El corazón manda

El corazón es el emperador que percibe, gestiona y envía información a cada punto del cuerpo. De hecho recibe estímulos del entorno antes que el cerebro.
Su latido aporta información que no solo es vital, también es esencial para que el cuerpo funcione coherentemente y pueda realizar sus procesos de manera eficaz.
Esta información no es únicamente mecánica, viajando a través de los vasos sanguíneos, el corazón también produce calor, sonidos y envía señales eléctricas al cerebro aportando orden al sistema nervioso, lo que produce la sincronía de las neuronas, y en un nivel más sutil su campo electromagnético rodea al cuerpo en una extensión de varios metros. Su actividad regula a todo el organismo y está definida por sus patrones de ritmo. Si este ritmo es coherente, armoniza la función de todos los sistemas del cuerpo.

Nuestro modelo actual del cuerpo humano es físico, particularizado, fragmentado. Separado del campo. El cuerpo y la mente divididos y las emociones son vistas como un subproducto de la mente.
La razón es que el llamado “conocimiento científico” proviene de una interpretación y descripción equivocada de la naturaleza y del cuerpo humano. Viejos modelos, puntos de vista arbitrarios, resistentes al cambio y a nuevas comprensiones.
Todos somos educados en este modelo “físico” y material de la vida, por eso nos cuesta tanto aceptar que en realidad somos cuerpos de energía, campos de información conectados con todo el universo. Literalmente nadamos en un mar de conciencia, de hecho, emergemos de este mar de infinitas posibilidades. Somos la conciencia universal, la mente del Creador, experimentándose a si misma.

Nuestro verdadero ser es no-localizado y entrelazado con todos las existencias.
El inconveniente es que para poder procesar esta información hace falta un cierto nivel de coherencia y energía y un hardware cerebral apropiado.
Esto es aportado por la calma mental, la observación ecuánime y la actividad normal del corazón, que es expansiva e iluminadora y organiza la información en el cerebro.

Se puede entender entonces, la importancia del ritmo, la armonía, las pausas y los silencios. Así puede brotar la música natural del corazón y expandir nuestra esfera de conocimiento y creatividad.
Digamos que necesitamos aprender a afinar el instrumento y a hacerlo sonar correctamente.

El instrumento eres tú

Es una cuestión de resonancia. Nuestras células vibran y resuenan según su estado, esta resonancia es la que crea la realidad de nuestra vida y nuestro estado interno.


Salud y felicidad son expresiones inseparables y dependen directamente de esta resonancia
Un pensamiento de baja frecuencia, negativo o de miedo, se empareja y atrae ondas afines, creando una realidad negativa y más miedo. Esto no solo corta el flujo de energía e información sino que enferma y debilita, atrayendo incluso al peligro.
El estado opuesto corresponde a pensamientos y sentimientos de alta frecuencia, armónicos, asociados con el amor, el perdón, la comprensión y el no miedo.

En la actualidad a pesar de la abundancia de información y el aparente fácil acceso a ella, hay una enorme estimulación de los sentidos y muchísimas radiaciones y vibraciones de baja frecuencia, incoherentes y de mala calidad (ruidos, teléfonos celulares, TV, etc.)
El ser humano promedio está sometido a un bombardeo cotidiano de vibraciones y presiones, que provocan estrés, incoherencia, pérdida de la armonía y malas condiciones de vida.

En estas circunstancias resulta muy difícil (pero no imposible) comprender la verdadera naturaleza de la realidad y de nuestra vida. Este estado de confusión y aislamiento induce a problemas de adaptación y disminuye las posibilidades de la persona, lo que se denomina una retracción del campo.

La educación y la medicina convencional promueven y mantienen esta retracción o reducción del campo corporal.

Estos campos de información y energía son como hologramas, cada parte posee la información de la totalidad, es decir, se trata de información no localizada que produce una imagen proyectada. Una proyección que nuestro cerebro capta e interpreta como real y tangible.
El corazón, mediante sus patrones rítmicos y la riqueza de cargas,  es el encargado de imprimir información en el holograma corporal, lo que ayuda a crear una determinada realidad.

Esto es posible porque el cuerpo es un sistema abierto, interconectado con la fuente universal. Un campo de energía de naturaleza holográfica dentro del gran holograma universal.

Nuestro cuerpo físico cambia todo el tiempo, las células mueren y se recambian, los sistemas son dinámicos y adaptables, sin embargo hay algo que permanece y nos define, un patrón que hace que mantengamos más o menos la misma estructura y funcionamiento, capaz incluso de modelar la expresión de los genes.
Estos patrones son campos de información que controlan la forma y la dinámica del cuerpo. Estos campos se encuentran fuera del cuerpo, más allá de sus límites físicos. 
En realidad son una extensión de nuestro cuerpo, el cual a su vez es una manifestación del campo o matriz universal. 

No podemos considerarlos algo aparte o separado. He aquí el error que se comete en general y el porque del desconocimiento de nuestro verdadero ser. Hoy en día todavía hay científicos, médicos, profesores, maestros e investigadores que mantienen y transmiten esta falsa información.

Esto que llamamos información, no es otra cosa que el movimiento de la conciencia.
Los campos de información son campos de energía consciente y en este nivel no tiene sentido hablar de materia orgánica o inorgánica, de hecho, ni siquiera tiene sentido hablar de materia.

Es hora de que asumas tu naturaleza cósmica y comprendas de que estas hecho y de que están hechas las cosas. Así podrás tener acceso a la información y la energía ilimitada contenida en el campo.

Puedes conectar conscientemente con el campo. El espacio que te rodea no está vació. No estás separado de lo que percibes, todo lo que te circunda es una extensión de tu conciencia.
Si comprendes esto, además de incrementar tu vitalidad y equilibrar las emociones, podrás aumentar tu inteligencia, expandir tu cuerpo energético, o sea, aumentar tu luz, tu coherencia y tu apertura de mente.

Cada parte de tu cuerpo contiene la información de todo el universo. Cada parte del universo es tu cuerpo mismo.

El campo de información que te rodea y te contiene eres también tu mismo. Un cuerpo de energía. Un ser luminoso

Conciencia infinita.

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domingo, 18 de marzo de 2012

Células que piensan





La célula es la unidad morfológica y funcional de todo ser vivo.

La biología clásica considera a las células como autómatas biológicos, es decir, material biológico genéticamente programado para una o varias funciones. Sin embargo cada célula tiene un grado fundamental de conciencia.

Una célula es una unidad de conciencia. Con un grado de inteligencia que le permite adaptarse a las variaciones del medio y cambiar su programación e incluso improvisar para sobrevivir.

El diccionario define a la inteligencia (del latín intellegentĭa), como la "capacidad para entender o comprender" y también como la "capacidad de resolver problemas".
La célula entra dentro de esta definición.
Podemos considerar a la inteligencia como una propiedad fractal del universo. Una característica que se repite en todos los niveles y reproduce la información y la forma del todo.

Una naturaleza inteligente genera ecosistemas inteligentes, que contienen poblaciones inteligentes, compuestas por organismos inteligentes, formados por células inteligentes, que contienen orgánulos inteligentes, constituidos por moléculas y partículas inteligentes ... y así sucesivamente hasta la esencia misma.



Con lo cual podemos concluir que somos conscientes porque el universo es consciente y el universo es consciente porque nosotros lo somos también.

Como individuos somos la suma de todas las conciencias celulares en una conciencia unificada y la suma de todas las conciencias individuales forman una conciencia mayor aún.
Nuestro organismo es parte de un organismo superior y este a su vez de otro. 
La conciencia se estructura en niveles de jerarquía al igual que los organismos en biología, pero esencialmente no hay fisuras ni separación: la conciencia es una, la misma conciencia que es el sustrato de todo.

Nuestro diálogo interno es escuchado por cada célula.
El cerebro no diferencia entre lo que imagina y lo que percibe, procesa la información de igual forma.
  
Para la biología clásica las funciones celulares tales como la división celular, el movimiento, la diferenciación, el diseño de la matriz extracelular, la comunicación entre células, etc., están determinadas por la información genética y por reacciones químicas específicas.
Convencionalmente se considera a los genes y al sustrato físico (material) los determinantes de la función celular. Como un mecanismo de relojería, que se ajusta a leyes físicas y biológicas inmutables.

¿Pero, y si hubiera una inteligencia previa, capaz de controlar y dirigir esta actividad e incluso la conformación de la materia?
Se ha demostrado claramente que las células son inteligentes y establecen comunicación entre ellas de variadas formas.

Actualmente gracias al aporte de nuevas investigaciones y a un cambio de mentalidad en una parte de la comunidad científica, se describe un nuevo panorama, en el que se considera a la conciencia como componente fundamental de la materia y directora de los cambios moleculares y genéticos.
Este nivel de conciencia no solo les permite a las células adaptarse y aprender, sino también comunicar e intercambiar información con el campo.

El campo y la célula forman una unidad de intercambio de energía e información que controla y modula la forma y la actividad.


Un diálogo de conciencias


Debemos comenzar aceptando el hecho de que los médicos no curan, en el sentido estricto del término, a ningún paciente. 
Únicamente las células del cuerpo pueden curar al cuerpo. 
Sólo las células saben cómo cerrar las heridas, curar infecciones o regenerar tejidos, solo ellas comprenden qué hacer si cambian las condiciones del medio y conocen la forma de destruir patógenos y células mutantes. 
Podemos afirmar que son las células (gracias a su nivel de conciencia), las que curan y no los médicos.

Lo mejor que un médico puede hacer es ayudar: cerrando heridas, para evitar hemorragias e infecciones, reparando tejidos, moviendo los obstáculos del camino de las células, promoviendo la circulación de energía y sangre con acupuntura, dieta, ejercicios, masajes e incluso cirugía, suministrando materiales necesarios para las células (medicamentos y nutrientes) y sobretodo: abandonando los métodos invasivos y la lucha “armada” contra la enfermedad, o sea, respetando sus procesos.
Para esto hay que conocer su verdadera naturaleza y permitir que las células se expresen.
Muchas veces lo que se considera enfermedad es simplemente el resultado de una falta de comunicación y entendimiento de lo que sucede en el cuerpo-mente.

¿Podemos aprender a “comunicar” con las células?

Hay que dejar atrás la manera convencional de enfrentarnos a la enfermedad.
La lucha cuerpo a cuerpo contra los “patógenos”, tarde o temprano condena a las células. Generalmente un desequilibrio pasajero es diagnosticado como una enfermedad con nombre y apellido y hasta con un pronóstico. Este hecho ya determina que la enfermedad tome forma, sobretodo si además el paciente participa creyendo.
También está el caso de  alguien diagnosticado con cáncer u otra enfermedad grave que decide abandonar su tratamiento convencional y se termina curando. Aquí una vez más, la conciencia es determinante.


Linfocito (naranja) atacando a una célula mutante (cáncer)

Hay personas que reciben tratamiento psicológico e incluso son medicados, cuando en realidad sus "problemas" son afectivos o espirituales. Muchas veces los trastornos psicológicos y el sufrimiento son el resultados de ilusiones propias, de errores de percepción, de malas influencias o de elecciones y decisiones equivocadas tomadas en la vida. Entonces no hay nada que curar, solo hay que despertar y cambiar de dirección (y de hábitos). 

Una nueva comprensión del universo y de si mismo trae aparejado cambios en la manera de interpretar no solo la salud y la enfermedad, sino también nuestro rol como seres humanos viviendo en un entorno inteligente.
El cuerpo, al igual que el universo, tiene su manera de hacer las cosas, pero esto no significa que se corresponda con mecanismos fijos y determinados ni que la "enfermedad" sea en verdad lo que pensamos. El cuerpo tiene su propio lenguaje y en general lo desconocemos.
Nuestro cuerpo incluye varios niveles o cuerpos fundamentales: físico, energético, emocional y espiritual. 
En realidad son lo mismo, manifestado de diferentes maneras, distintas frecuencias vibratorias. 

La conciencia impacta en el mundo físico porque el mundo físico es conciencia.

Las células tienen su manera de adaptarse provocando cambios que en general son considerados como nocivos, sobretodo si provocan trastornos, imposibilidad o dolor.
Estos cambios son considerados como una enfermedad y los médicos, desconocedores de este lenguaje natural, atacan a los síntomas y luchan contra estos, sin considerarlos como un factor de equilibrio y un cartel indicador de lo que no está funcionando bien.
Así, sin darse cuenta, en la mayoría de los casos, esta supresión de signos y síntomas trae más desequilibrios y debilita al cuerpo, resultado: más enfermedad y más debilidad

La mente, no es diferente que una célula. Necesita nutrición y purificación, espacio y límites de contención y una realidad física para manifestarse, por eso está siempre creando y modelando el mundo físico.
La célula no es diferente que la mente. La inteligencia de la célula es una expresión de esta conciencia. El cuerpo físico influye directamente en los cuerpos sutiles: el estado de cada órgano, las posturas que adoptemos, los hábitos de vida y la respiración, le dan forma también a nuestras emociones y pensamientos. 

Salud y felicidad son dos caras de una misma moneda.

Se puede curar el cuerpo con la mente, y la mente con el cuerpo. Querer curar la mente con la mente genera más confusión y errores de percepción.
Pretender curar el cuerpo físico solo con medios físicos o químicos sin tener en cuenta la mente y las emociones, es otro error.
Por este motivo, en muchas ocasiones, la medicina clásica y la psicología se vuelven limitadas e ineficaces, ya que parten de una concepción falsa. La verdadera sanación es holística, incluye salud y felicidad. Cualquier terapia que no incluya e integre cuerpo y mente es errónea.



Todo está en perpetuo cambio y movimiento y nosotros, como parte de un universo vivo y consciente, participamos inevitablemente de estas transformaciones.
En los procesos curativos se debe tener paciencia y aceptar los mecanismos del cuerpo, después de todo son el resultado de millones de años de evolución.

Más importante que anular los síntomas y llevar las cosas a una “normalidad” arbitraria, predeterminada y alejada de lo real, es escuchar al cuerpo, sus mensajes y señales, acompañando inteligentemente los procesos. Incluso si a veces las reacciones son molestas.
Hay que saber aceptar y no sucumbir al sufrimiento, enderezar la espalda, abandonar miedos y preocupaciones y en especial tener confianza. 

Es una cuestión de mentalidad.
El cuerpo sabe. 
Nuestras células piensan.




viernes, 26 de febrero de 2010

El camino del equilibrio


Cuando se habla de materialismo o espiritualidad, se corre el riesgo de caer en extremos o dualidades engañosas e ilusorias.

Volverse “espiritual” y rechazar la materia es tan ilusorio como creer que la realidad es material y sólida sin considerar a la conciencia, es decir, el nivel invisible y mas sutil.

Dicho de otro modo: es no ver la esencia espiritual en la materia y no comprender la utilidad material de la conciencia en el mundo físico, que la materia es la materialización de la conciencia.

Materia, energía y conciencia son tres aspectos de una sola realidad, surgidas del vacío creador, el océano de potencialidad infinita, la verdadera esencia.
Buda enseñaba “la vía del medio”. Un equilibrio dinámico, fluido y normal entre todos nuestros niveles existenciales.
Esto significa que para resolver las cuestiones fundamentales de nuestra vida, no se puede caer en extremos. Pero no es solo algo que concierne a la supervivencia o a la adaptación a una realidad. Para poder evolucionar y experimentar niveles superiores de conciencia, hay que estar sanos, o sea, en la condición normal de equilibrio cuerpo-mente y esto concierne también al nivel más básico, el físico o material.

Debemos ver el espíritu en la materia y a la materia en el espíritu.

El mundo material, el plano físico de la existencia, es el soporte del mundo espiritual, el vehículo, la encarnación. Por medio de la materia se puede expresar o manifestar el espíritu. Aquí reside el sentido del mundo físico, permitir al espíritu que tome forma y se exprese, observe, experimente.
En este sentido la ciencia puede aportar nuevos conocimientos que ayuden a conocernos más. Pero no hay que confundirse, la ciencia que no toma en cuenta el lado espiritual de la realidad, va a ser siempre limitada. Sus “avances” reducidos a logros en el campo de la tecnología, pero cada vez más alejada del ser humano.

El otro extremo lo representan las religiones que hablan de un Dios o de un espíritu separado del ser humano. Que crea, observa, premia, culpa y castiga a las personas que siguen o no una serie de reglas creadas casualmente por otros seres humanos, que se constituyen en intermediarios entre el espíritu y el hombre. Pura superstición e ignorancia, y como se comprueba en la actualidad, este modelo está muy lejos del verdadero espíritu.

Para conocernos verdaderamente, experimentar la autentica naturaleza y esencia de nuestro ser, hay que abandonar las viejas supersticiones y creencias y encontrar una nueva manera de vernos y de crear la realidad que nos rodea.

Ya vimos que fuimos educados y condicionados en un modelo materialista de la existencia. Lo que ha llevado a científicos y religiosos a tener inevitablemente este tipo de interpretación.

Lo curioso es que incluso la tecnología se basa en una premisa científica fundamental y es que la esencia del mundo material es no-material.

Por este principio son posibles, por ejemplo las comunicaciones (cada vez más sofisticadas), la TV o incluso el diagnóstico por imágenes.

La ciencia ya desde hace mucho ha atravesado la cáscara de la materia y penetrado en el ilimitado mundo de la energía y la información.

La física cuántica lo describe con claridad.

Nos muestra lo que somos en esencia: energía e información. Átomos y elementos que se reciclan sin cesar, en una danza que refleja la potencialidad pura del universo.

El cuerpo humano es un río de energía e información que se está renovando en cada momento de la existencia. No somos los mismos de ayer, ni de mañana. Y esta es una realidad científica. El cuerpo se renueva y transforma con más facilidad y naturalidad que la que necesitamos para cambiarnos de ropa.

Y si no, veamos estos datos: En cada inspiración absorbemos algunos billones de átomos del universo, que irán a formar parte de tejidos, órganos y sustancias producidas por el organismo.

Al exhalar eliminamos la misma cantidad de átomos que formaban parte de nuestro cuerpo y ahora vuelven al universo para ser absorbidos por una planta, un perro u otro ser humano, por lo que compartimos nuestras células y órganos con los demás todo el tiempo.

Como lo comprobamos, nuestro cuerpo está formado por elementos que hasta hace un rato quizás formaban parte de un gusano australiano, un ave del Amazona, un árbol africano o un indio yaqui.

Siguiendo con las investigaciones, los científicos han calculado que cada 3 semanas mil billones de átomos, que son 10 elevado a la 15 (10 seguido de 15 ceros), han circulado por nuestro cuerpo, que a su vez han circulado por las especies de todo el planeta.

Las partículas constituyentes de los átomos: los protones, neutrones y electrones son casi tan antiguos como el Big Bang, cerca de 14 mil millones de años.
En este sentido, la información científica ayuda a formarnos una idea diferente de lo que pasa en realidad en nuestro cuerpo. Amplia nuestros conocimientos.

Sin embargo seguimos, como individuos y como sociedad, apegados al viejo modelo que considera al cuerpo físico de carne y hueso, sujeto a leyes físicas inmutables, y al espíritu como una entidad o un dios en el cielo, separado de nosotros, que nos mira y juzga todo el tiempo.

¿Nuestros cuerpos?

Muchas tradiciones espirituales ya en la antigüedad hablaban del cuerpo físico como “cuerpo de ilusión”, enseñaban sobre el vacío creador y lo insustancial de la materia. Hoy en día la ciencia tiene el mismo lenguaje.

Si le pedimos a un físico que nos explique, desde el punto de vista de la mecánica cuántica, la verdadera naturaleza del cuerpo físico, dirá que no es físico, que el cuerpo está formado por átomos que a su vez están formados por partículas subatómicas que se mueven a gran velocidad en espacios enormes, y estas partículas, para llamarlas de algún modo, no son entes reales, son fluctuaciones de energía e información en un enorme espacio vacío. Si consideramos las teorías modernas podemos decir que estas “partículas” son el resultado de la vibración de minúsculas cuerdas, que son en sí mismas energía e información.

Desde el punto de vista de la física cuántica, el cuerpo humano está tan vacío como el espacio intergaláctico. Si pudiéramos verlo como es en esencia veríamos algunos puntos o nubes de electrones diseminados en un gran espacio vacío con algunas descargas eléctricas aleatorias. Más del 99% está vacío y ese escaso 0,5% que creemos sólido, también es vacío.
O sea, estamos hechos de nada.

Pero, ¿Qué es este vacío? ¿Que tan vacío está?

Esa vacuidad no es otra cosa que el océano infinito de pura potencialidad, de donde surge todo lo que existe en el universo: galaxias, estrellas, nebulosas, un árbol o un ser humano.

¿Y los pensamientos? ¿Nos preguntamos alguna vez de donde vienen los pensamientos? ¿Qué es en esencia un pensamiento? ¿y si la naturaleza actuara de la misma forma para crear una galaxia que para crear un árbol, un ser humano o un pensamiento?. Después de todo, comparten el mismo origen, la misma esencia.

El verdadero poder lo encontramos en el interior de uno mismo, en la propia esencia universal que nos crea y modela todo el tiempo. Si nos consideramos asi, con el poder de los pensamientos podremos ir más allá de los límites y contradicciones de la vida material y crear la realidad deseada.

Si seguimos la manera convencional, la visión material de la vida, quedaremos atrapados en el cuerpo físico, debilitándonos, prisioneros del peso y la densidad de la materia, generando pensamientos incapaces de mover siquiera una partícula de polvo. Gastando los tesoros de nuestra herencia natural en objetos y acontecimientos sin importancia.
Es para reflexionar.

La vía del medio es el camino del equilibrio.

Nuestro ser contiene todas las respuestas.
Solo hay que dejarlo ser.

jueves, 18 de febrero de 2010

Nuestro cuerpo inteligente


El cuerpo humano ha evolucionado a lo largo de millones de años desarrollando una inteligencia extraordinaria.

No solamente evolucionó individualmente, lo ha hecho en armonía y equilibrio con el entorno. Un ejemplo lo constituye el mundo vegetal, las plantas y los humanos evolucionamos en forma paralela (no podría ser de otra forma).

Actualmente muchas personas en distintas áreas de la ciencia hablan de la Biosfera, que considera a la Tierra como un organismo vivo; obviamente, si está vivo tiene conciencia y respira.
Volviendo al cuerpo humano, esta inteligencia refleja la sabiduría del universo.

Cada célula contiene la información resultante de la evolución misma del universo. Por eso su vibración y su funcionamiento no están separados de los ciclos, los cambios y de la conciencia misma de la naturaleza.

La ciencia, y la medicina moderna, como expresión del pensamiento científico, siguiendo el método y la concepción experimental y “objetiva”. podriamos decir: material, ha separado para su mejor estudio y clasificación, a las especies entre sí, a los seres humanos de su entorno, aisló sus células, sus órganos, los repartió en especialidades y la conciencia, como no puede ser seccionada ni observada en un microscopio o fotografiada en un tomógrafo, fue descartada.

De esta manera se desarrollaron especialidades, y especialistas, que solo contemplan una parte (aislada) de ese “todo” viviente y conciente que se encuentra interconectado con todo lo demás. Así por ejemplo surgió la farmacología química, que a su vez dio nacimiento a farmacias, laboratorios y empresas que producen y comercializan lo que la naturaleza realiza desde hace millones de años.
Nuestro cuerpo es una farmacia natural asombrosa, un laboratorio que trabaja sin descanso y desinteresadamente con sustancias recicladas y tecnología universal.

Es capaz de fabricar medicamentos tales como tranquilizantes, analgésicos, somníferos, antibióticos, inmunomoduladores, antihipertensivos, hormonas, etc. De una manera eficaz, exquisita, sin efectos adversos y en las dosis exactas según la necesidad.

Ahora estamos empezando a comprender el verdadero potencial de la fisiología humana, no solo en la medicina preventiva, la cual incluye hábitos de vida, alimentación y toda una serie de actitudes físicas y mentales que previenen la aparición de la enfermedad, sino también en el enorme poder curativo que posee el cuerpo.

Comenzamos a conocer el impacto de los pensamientos y las emociones en el cuerpo físico. Un cambio de mentalidad que considera que el cuerpo y la conciencia no están separados sino que son diferentes aspectos de una única realidad y que, obviamente, se influyen y se generan mutuamente.
El gran error de muchos médicos, es no tener en cuenta la inteligencia del cuerpo. Olvidan que ese organismo que representa el fruto de millones de años de exitosa evolución, sabe exactamente que hacer, si lo dejan y lo ayudan y permiten, no con técnicas invasivas, experimentales o cruentas, sino con respeto y conocimiento de su naturaleza, que pueda expresar todo su potencial curativo.

Al olvidar esto, creen, por vanidad o ignorancia, que es su “ciencia” la que cura. Y como se ve hoy en día, en la mayoría de los casos, apenas alcanza para mejorar un síntoma. Incluso en una cirugía, cuando se remueve el tumor, o la causa del trastorno, es el cuerpo el que cicatriza y el que restablece su normal funcionamiento.

Desde hace mucho tiempo se registran casos de curaciones “milagrosas” que la ciencia no puede explicar (de ahí lo de milagrosas). Personas con cáncer o con enfermedades degenerativas que un día se curan, y lo que tienen en común es que la mayoría dejaron sus tratamientos “convencionales”, ya sea químicos o quirúrgicos, y adoptaron un cambio de mentalidad y de hábitos, lo que favoreció precisamente para que el cuerpo pueda poner en marcha su capacidad de auto-curación.

Este conocimiento de nuestra verdadera naturaleza y de sus enormes posibilidades, nos conduce a un cambio de mentalidad y de actitud, dónde ya no nos podemos considerar aislados del resto, ni creer que lo que pensamos no influye en nuestro cuerpo ni en el entorno. Por el contrario, nos volvemos creadores y responsables de lo que pensamos, de lo que decimos y de lo que hacemos. Manteniendo la confianza en nuestra propia naturaleza, que no es diferente ni está aislada del resto del universo.

Universo puede parecernos una palabra muy grande, inalcanzable, relacionada con las estrellas, los planetas y el espacio exterior, pero nuestro cuerpo es un espejo del cuerpo del universo y nuestra conciencia es un espejo de la conciencia del universo.

Es muy bello, muy acogedor, somos en verdad afortunados.

La dificultad aparece cuando vivimos esta vida humana separada de todo lo demás, buscando en el exterior lo que siempre llevamos puesto.

domingo, 4 de octubre de 2009

los tres cuerpos


El ser humano es un agregado de múltiples elementos, que se manifiestan de diferentes formas, expresando cada uno su naturaleza particular, aunque en realidad son manifestaciones que surgen de la misma fuente. Es decir, a pesar de los diferentes aspectos de la naturaleza humana: visibles e invisibles, físicos y espirituales, la esencia fundamental es una e indivisible.

El universo vibra, y nosotros obviamente también, ya que somos parte y expresión de él. Cada partícula de nuestro ser vibra de una manera determinada. Según sea su vibración se manifestará de una u otra manera, constituyendo diferentes planos o niveles de existencia.
Podemos, para comprendernos mejor, distinguir tres planos o cuerpos: El cuerpo físico, el cuerpo energético y el cuerpo espiritual.

El primero, el plano físico, que corresponde al nivel más básico. Es la materia. Lo que podemos ver, sentir y tocar a través de los sentidos. Se manifiesta en una realidad de cuatro dimensiones. tres para el espacio (arriba-abajo, atrás-adelante y los costados), donde solo puede moverse dentro de esos límites, y la cuarta que corresponde al tiempo.
Es la parte más limitada de nuestro ser, la que menos alcance tiene. Es la que degenera y envejece.
La que da forma y contiene al espíritu y permite que este pueda expresarse en este plano de la existencia. Es el vehículo. Nuestra parte carnal. Sin ella no existiríamos. Existimos en virtud de nuestro cuerpo físico, de nuestra forma material. Es el recipiente, el envase que guarda el precioso elixir de la vida. Un recipiente sin el cual no sería posible la vida. Pero el recipiente no es el elixir.
Y hablando de vida; lo que anima a este cuerpo físico, que un día se desintegrará devolviendo sus componentes fundamentales al universo (al cual pertenecen), lo que permite que este conglomerado de células y tejidos, de huesos y carne, sienta y experimente. Aquello que hace que este cuerpo que creemos propio pueda ser conciente de sí mismo, lo encontramos en los planos más sutiles e invisibles y es lo que podemos llamar, el cuerpo espiritual.

Aquí están incluidos los pensamientos, las emociones, las percepciones y todas las vibraciones sutiles, más o menos elevadas, incluso inconcientes, que forman parte de la totalidad de nuestro ser, de nuestra esencia original.

Aquí la cosa se pone más difícil. ¿Cómo hacer para hablar del espíritu sin limitarlo, sin encerrarlo en simples categorías relativas?. ¿Cómo hacer para hablar de la experiencia subjetiva?. No obstante haré un intento.

Desde hace siglos, la cultura occidental, influida por la religión y el espíritu científico, fue separando a las personas: por un lado el cuerpo físico, que pasó a pertenecer a la ciencia, ya que se puede cortar, pesar y medir. Se puede estudiar “objetivamente”.
La otra parte, la invisible, la que corresponde al espíritu, a la conciencia., la que incluye los atributos mas elevados de la persona, su lado “divino”, fue expropiado por la Iglesia, manipulándolo, limitándolo, para que encaje en un montón de dogmas, culpas y otras supersticiones, generando la creencia que para acceder a esta naturaleza universal, divina, hay que primero pasar por intermediarios.

En este contexto el ser humano “moderno y civilizado” se fue desarrollando. Por un lado el cuerpo, por otro el espíritu. No es raro, por esta razón, que fácilmente nos identifiquemos con nuestro lado físico y material, pensando que solo somos la imagen que refleja el espejo o solo este cuerpo que empezó a morir el día que nació.
Un claro error de percepción, debido a la ignorancia de creer que es más importante el envase que el contenido. Como el que guarda la botella, cuidándola todos los días y tira la preciosa bebida. O la persona que prefiere tener el auto “reluciente” pero no va a ninguna parte.

¿Pero acaso la conciencia es diferente del cuerpo?. Es una realidad científica que cada célula es conciente de sí misma. Sabe que hacer, sabe lo que necesita exactamente y también sabe cuando algo va mal. Este conglomerado de “pequeñas” conciencias forma nuestro cuerpo espiritual y el cerebro es el integrador, el que controla emociones y genera ideas. Pero, ¿Cuáles son los límites de este cuerpo espiritual?.

Para la medicina china, el cuerpo y el espíritu comparten un mismo origen y además se transforman mutuamente entre sí. Materia y espíritu en continuo cambio, gracias a la energía vital que forma el otro cuerpo, el cuerpo energético. Sin energía vital (Chi) no podríamos vivir. La vida es energía. La respiración es energía.
Esta energía además es la responsable del nacimiento, el crecimiento y la muerte, de que generemos calor, nos protege, estimula las funciones fisiológicas y sostiene al organismo, determina además la calidad de vida y la longevidad. La obtenemos del aire que respiramos y los alimentos que consumimos y otra parte ya nos viene de “fábrica” y corresponde a la energía propia de cada célula, contenida en su ADN (energía ancestral).
La energía es el puente que une el mundo visible con el invisible. La respiración conecta el cuerpo y a las emociones, modulando y purificando.
El cuerpo energético está en la base de las transformaciones entre el cuerpo físico y el espiritual.

Volviendo a la conciencia.
Antes de nacer, ¿Qué éramos? Todos nuestros componentes han surgido de la misma célula original fecundada, el huevo o cigoto, que se fue multiplicando, diferenciando y expandiendo. Al igual que el Big-bang.
De hecho hoy se sabe que los protones, neutrones y electrones que componen los átomos y moléculas que forman nuestras células, provienen de esa explosión original que creo al universo actual.
Y ahora la “gran pregunta”¿En que momento esa masa indiferenciada de células comienza a tener conciencia de si misma? ¿Acaso esta conciencia podría salir de la nada? y luego crear a un ser que a su vez creará toda una historia personal, hará hijos que a su vez tendrán su propia conciencia personal continuando así el encadenamiento de la existencia. Es un misterio.
Aquí, los científicos y los religiosos comienzan a especular. La ciencia va a estar siempre limitada para dar una respuesta ya que solo tiene en cuenta la parte ya manifestada, es decir, la que se puede observar “objetivamente”.
Pero sabemos ahora que el universo que podemos ver, es solo una pequeña parte de lo que verdaderamente existe, el resto permanece oculto, a los límites de nuestros sentidos físicos.
Es igual para todos los seres, la parte manifestada es solo una pequeña porción dentro de un mar infinito de posibilidades no manifestadas. Un pequeño cuerpo físico nadando en un océano de espiritualidad.

Cuerpo, energía y espíritu no son diferentes. Poseen la misma esencia y se transforman entre sí.
Las emociones afectan al cuerpo y si este enferma nuestro espíritu también. Si hay poca energía enfermamos y vivimos menos.

El pensamiento mueve la energía que a su vez mueve al cuerpo.
Primero está el deseo, que se vuelve una idea que pone en marcha el motor para que el vehículo se mueva, finalmente este se desplaza.
Para cada uno, el vehículo (cuerpo) y el conductor (espíritu) son lo mismo, están unidos
Por eso es importante como comemos, como respiramos y como pensamos.

La salud y la felicidad van juntas.

La enfermedad y el sufrimiento aparecen cuando el cuerpo (el vehículo) va para un lado y el espíritu (el conductor) va para el otro. Victima de las contradicciones y dualidades, porque el conductor no conoce el vehículo ni el camino y lo que es más grave, no sabe a donde quiere ir.

Esta verdad más que una teoría, representa una guía de vida, o más bien, de ruta.

Si nuestro mapa no sirve, entonces hay que tirarlo y fabricar uno nuevo que nos sirva y nos ayude a llegar a buen destino.

Cuando los tres cuerpos, que en realidad son uno, funcionan en armonía, nos sentimos en plenitud y se potencian nuestras posibilidades.

La vieja ignorancia y los malos hábitos son transformados por el autoconocimiento, a partir de un simple “click” en el espíritu. Una vuelta de llave.
A esto se le llama: “encender el motor del darse cuenta”.