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domingo, 20 de noviembre de 2011

Los fantasmas de la realidad




Ninguna estructura cerebral permite distinguir la alucinación de la percepción, el sueño de la vigilia, lo imaginario de lo real, lo subjetivo de lo objetivo.

El cerebro no diferencia entre lo que percibe y lo que piensa

Para el cerebro no hay un “interior” y un “exterior”, en función de la información que gestiona proyecta una realidad.
Por ejemplo, vemos un pájaro posado en una rama y escuchamos su canto al mismo tiempo. Para nosotros es evidente que el ave y su armonioso trino están ahí afuera, sin embargo, la imagen y el sonido es decodificado, interpretado y proyectado dentro del cerebro, afuera solo hay bits de información y patrones de interferencia.

Otro aspecto interesante. La luz y el sonido viajan a diferentes velocidades, pero tenemos la impresión de percibirlas en simultáneo, y esto lo hace el cerebro para dar coherencia (y eficacia) a la información recibida.
El ave en realidad está en nuestro cerebro, el cual además tiene la habilidad (adquirida a lo largo de millones de años de evolución) de hacernos creer que “eso” que percibimos existe ahí “afuera”.


La importancia del fantasma y del imaginario en el ser humano es enorme y siempre vigente.

Dado que las vías de entrada y de salida del sistema neuro-cerebral que conectan el organismo con el mundo exterior representan sólo un pequeño porcentaje de todo el conjunto, mientras que el resto (más del 90%) del sistema está implicado en el funcionamiento interior, se crea fácilmente un mundo psíquico relativamente independiente en el que se crean necesidades, sueños, deseos, ideas, imágenes, fantasmas, y este mundo ilusorio se infiltra en nuestra interpretación del mundo exterior.

También existe en cada mente una posibilidad de autoengaño, que es fuente frecuente de error y de ilusión.
El egocentrismo, la necesidad de justificarse siempre a si mismo, la tendencia a proyectar sobre los otros la causa de la propia infelicidad o de los males, y también el sentimiento de culpa y frustración, hacen que cada uno se mienta a sí mismo sin detectar esa mentira de la cual, no obstante, es el creador.

Incluso la memoria está sujeta a numerosas fuentes de error.
Una memoria no regenerada con el recuerdo tiende a degradarse; pero cada recuerdo a su vez la puede adornar o modificar.

Nuestra mente, de manera inconsciente, tiende a seleccionar los recuerdos agradables y a rechazar, e incluso borrar, los negativos o desagradables.

También la mente tiende a deformar los recuerdos mediante proyecciones o confusiones inconscientes.
Existen a veces, falsos recuerdos con la persuasión de haberlos vivido y también recuerdos que rechazamos porque estamos persuadidos de no haberlos vivido jamás.
Así, la memoria, que es fundamental en el proceso de aprendizaje y herramienta esencial del conocimiento, puede estar sujeta a errores e ilusiones.

Otro punto importante: lo que consideramos como el recuerdo de nuestras propias experiencias, se ve también afectado por la memoria colectiva. Y es que en los niveles fundamentales la información sigue caminos cuánticos de entrelazamiento, simultaneidad y atemporalidad (recuerdos del futuro), es decir, se gestiona información más allá del espacio-tiempo.

Hay una retroalimentación permanente de información con el campo de resonancia mórfica que rodea e interactúa con cada cuerpo, cada órgano y tejido, cada célula, cada molécula e incluso con cada partícula subatómica como un electrón. Decimos “rodea”, pero de hecho no hay separación entre el campo y la partícula.

La mente tiene la tendencia a proteger los datos que posee, ya sean ideas, teorías, concepciones, fabricaciones mentales, etc. Sin verificar generalmente la veracidad de estos, o su carácter ilusorio.
Resistir a la información que no conviene o que no se puede integrar, generalmente forma parte de la tendencia organizadora de cualquier sistema de ideas. Las teorías resisten a la agresión de las teorías opuestas o de los argumentos adversos.

La resistencia al cambio es fuerte.

La pequeña mente, es decir, la mente individual, siempre busca su supervivencia, aunque esto le traiga al portador de la misma, contradicciones, problemas de adaptación, mala calidad de vida, trastornos psíquicos y emocionales e incluso la enfermedad y la muerte.

La higiene mental es fundamental.

Y  para esto es necesario penetrar en la naturaleza misma de la mente.

Debemos aprender a pensar y a controlar la actividad mental incoherente. Por el contrario, una actividad cerebral coherente surge del ritmo y la frecuencia del pensamiento y al igual que la música, debe incluir armoniosamente los silencios (no pensamiento) y el ritmo, esto es lo que determinará también su profundidad y eficacia.

Comprender la naturaleza de la mente es comprender la naturaleza de nuestro ser, ya que mente y cuerpo son inseparables.

Abordar este estudio de si mismo es fuente de información y energía, que se manifiestan bajo la forma de salud y felicidad.

La práctica de la meditación es la clave.


Hay muchos tipos de meditación, pero zazen es la forma directa y natural que permite penetrar y conocer íntimamente la verdadera naturaleza de la realidad, provocando una expansión de la conciencia, generando en consecuencia una influencia benéfica en todo el mundo, más allá del tiempo y del espacio.



domingo, 10 de octubre de 2010

La vibración del lenguaje


Hemos llegado a un nivel de conocimientos sobre el ADN y el rol de los genes, gracias a la tecnología de “avanzada” y a la investigación de numerosos científicos.

Esto ha permitido la manipulación del material genético y comprender en parte como es el mecanismo biológico de la herencia.
Sin embargo, a pesar de estos aparentes “avances”, todavía se sigue considerando que la principal función de la molécula de ADN es la de sintetizar proteínas, aunque para esta función solo ocupe un 10% del total de su cadena. El resto, se lo ha llamado, (también por los científicos) “ADN basura”, al no saber para que sirve entonces se lo descarta.
Como si la naturaleza no supiera lo que hace ni para que.

El ADN es influenciado por las palabras y las frecuencias.

(leer post: el lenguaje del ADN )

Durante los años ´90, tres premios Nobel de medicina revelaron, a partir de su investigación, que la principal función del ADN no es la síntesis proteica, como se creía, si no la recepción y transmisión de energía electromagnética (bioacústica y bioeléctrica).
¿Qué importancia tiene esto?

Ya hemos visto la capacidad del corazón de crear un campo electromagnético que se extiende más allá de la persona influyendo inclusive en otras personas. Los pensamientos, sentimientos y emociones modifican la vibración del ADN.

Somos literalmente, una expresión electromagnética de las vibraciones que recibimos y emitimos.

El comportamiento electromagnético se evidencia en el mundo como una “dualidad”.
Toda materia presenta una carga positiva y otra negativa. Es su naturaleza.

La homeostasis de cada organismo depende del equilibrio de estas polaridades, que si bien son opuestas, son complementarias y forman parte de un “todo”.
Las contradicciones son ilusorias, son la expresión de una percepción limitada de la realidad. Para la naturaleza no existe el bien o el mal, ni ganar o perder. Solo existe la alternancia de ciclos.
El campo electromagnético del corazón se modifica a medida que experimentamos diferentes emociones y este cambio puede afectar no solo otros cerebros sino las propias células del organismo, el agua y evidentemente al ADN.

Poseemos un sofisticado sistema de señales que comunica a todas las células como integrantes de una misma comunidad. De manera que si sentimos miedo, esta señal es diseminada en cada una de las células del organismo.
Se descubrió que las células del cuerpo humano se comunican por medio de biofotones, partículas de luz que precisamente son la unidad de medida del campo electromagnético.

Podemos decir lo mismo en una escala superior, los miembros de una sociedad, también comunican de la misma manera. Estas señales electromagnéticas influyen además en el entorno, es lo que se llama “resonancia mórfica”.

Esto era conocido por sabios, maestros y chamanes de la antigüedad. Las culturas prehistóricas poseían este conocimiento.

Según algunos experimentos, se probó que las lenguas antiguas como el sánscrito, el arameo y el hebreo, cuando eran habladas creaban una frecuencia vibratoria que organizaba la materia en patrones de geometría sagrada. Los “mantras” tienen este efecto.

El sonido no solo interactúa con la vida, la sostiene y la desarrolla. Actúa como un conducto para la intención conciente entre las personas, las sociedades y las civilizaciones.
La vibración del sonido afecta a la materia.

El lenguaje es un sistema de signos codificados que expresan pensamientos, sentimientos y emociones. El lenguaje es fundamental.

Estamos en la “era de las comunicaciones”, sin embargo, muchas personas viven cada vez más “aisladas” y no solamente de su entorno, sino de su medio interno, de sus cuerpos, de sus emociones y sentimientos, de su vida.

Hemos creado una barrera de lenguaje entre la humanidad y el resto de la naturaleza, y este es nuestro principal problema como especie (y como individuos).
El lenguaje se ha ido deformando, su vibración se ha vuelto caótica y “antinatural”.

Leon Orwell, en su investigación sobre el ADN, dijo: "Un tercio de la corteza sensomotriz del cerebro está dedicada al lenguaje, la boca, la lengua, los labios y el habla. Esto significa que las frecuencias en la que las emisiones son pronunciadas, o la entonación, tienen un fuerte poder sobre la vida, en el ADN y la información genética e incluso en la evolución de la especie".

Esto demuestra que una degradación del lenguaje afecta no solo la biología si no además la psiquis y la capacidad de adaptación.

El lenguaje y la evolución están ligados, de hecho, el centro nervioso del lenguaje articulado (área de Broca) se encuentra en la mayoría, en la corteza frontal izquierda. Y el hemisferio cerebral izquierdo, es el que crea conceptos, separa las partes para comprender y piensa de manera dualista en términos de lógica y razón, comparando. Es la sede del interminable diálogo interno.

Si es el lenguaje el que ha hecho evolucionar la corteza frontal o al desarrollarse esta apareció la riqueza de expresión (además de otras habilidades), es difícil decirlo. Es probable que ambas al mismo tiempo.

Como sea, hablamos como pensamos.
Y si solo usamos el lado izquierdo del cerebro, el lenguaje -como se ve (y escucha) en la sociedad actual-, será contradictorio, superficial, secuencial (sin silencios), tenderá a separar más que a integrar. En una palabra, favorecerá la confusión y los malos entendidos.

El lenguaje puede limitar y confundir, pero también puede liberar.

Esto a partir del equilibrio de ambos hemisferios cerebrales. Incluyendo el silencio, la observación, la musicalidad, el tipo de vibración que se emita. O sea, desarrollando la percepción del lado derecho. El cerebro derecho controla la espacialidad, la música y la percepción del lenguaje del cuerpo y de la totalidad. Une para comprender y es mudo, pero sabio.

Un viejo maestro zen llamado Keizan, enseñaba: “Cada 10 palabras que quieran decir, eliminen 9, la que quede será justa y poderosa.”

Muchos maestros han enseñado a expresarse más allá de las palabras. No es necesaria una catarata de conceptos y palabras para expresar una verdad o un sentimiento, ya que estos se expresan por si mismos.
El que habla demasiado, no solo repite, puede terminar mintiendo. Podemos estar hablando todo el día sin decir nada interesante, y además generar ruido y perder energía.

Cuando las funciones cerebrales se equilibran y el pensamiento está sereno y conectado con el resto, se puede crear un lenguaje más armónico y profundo, cuya vibración influya incluso en la materia.

martes, 31 de agosto de 2010

Sonido y conciencia



El universo vibra.
La estructura primordial del universo es sonido y geometría (espirales tetraedos, círculos, fractales, etc).

La vibración es entonces una fuerza fundamental del universo. La materia y la energía están en continuo movimiento y vibran con una frecuencia definida formando patrones geométricos de forma y sonido.
La naturaleza tiende a vibrar en armonía (o a buscarla si se producen desequilibrios) desde las partículas más pequeñas e invisibles hasta las más grande. La teoría de cuerdas en física, postula que las partículas materiales aparentemente puntuales son en realidad "estados vibracionales" de un objeto extendido más básico llamado "cuerda" o "filamento". De todas formas, incluso, estas cuerdas son en definitiva energía e información.

La vibración genera todo tipo de ondas que viajan en el espacio.
El sonido es vibración.

De acuerdo a la enciclopedia, una onda sonora es una onda longitudinal por donde viaja el sonido. Si se propaga en un medio elástico y continuo genera una variación local de presión o densidad, que se transmite en forma de onda esférica periódica o cuasiperiódica.

Vivimos en un universo que vibra, y nosotros vibramos con él, de hecho, somos esta vibración. El cuerpo espiritual corresponde a una vibración sutil y el cuerpo físico a una más grosera, o mejor dicho, menos sutil.
Cuando armonizamos con esta vibración del universo, hay salud y felicidad. Equilibrio. Armonía. Música.

Los pensamientos, las emociones, los sentidos, la actividad celular, el impuso nervioso, el latido cardíaco, la respiración, el movimiento del cuerpo: todas son formas de vibración.

Cada órgano, cada parte del cuerpo, cada chakra, tiene una vibración precisa, un sonido que le corresponde (además de otras formas de vibración, como el color por ejemplo).

Cada parte debe vibrar en armonía, en resonancia con su sonido fundamental, si no, tarde o temprano, se manifestará el desequilibrio y la enfermedad, que como vemos, generalmente empieza en los niveles más sutiles de vibración y luego, cuando no se corrige, aparece el trastorno o el daño en el plano físico.
En realidad, las emociones, son la causa fundamental de por que enfermamos.

Los taoístas en la antigua China, descubrieron con la meditación que mediante los sonidos, el ser humano podía tener un manejo de su energía emocional y sus cuerpos sutiles y generar así un estado de equilibrio. De hecho, vinculando cada sonido (seis en total), con un sentido y un órgano vital -pulmones, riñones, hígado, corazón, bazo y triple calentador- los taoístas encontraron la forma de hacer circular la energía vital (Chi) por todo el cuerpo.

Según las viejas enseñanzas del taoísmo (en realidad todas las culturas antiguas tienen esta tradición) hay sonidos que curan.

Actualmente, debido a investigaciones, y también a la intuición, se utilizan estas enseñanzas, para la prevención y el tratamiento de numerosas enfermedades.

Creo que la evolución de la medicina, como parte de la evolución misma de la conciencia del ser humano, va en esta dirección. Es decir, hacía formas más sutiles, más espirituales, más humanas y no tan “científicas” de curación.

La vibración de la membrana que delimita las células, la membrana plasmática, produce un tipo de sonido, que puede ser detectado.
Según algunas investigaciones efectuadas en la universidad de California, este sonido es muy agudo y corresponde a una nota “Do” de la escala musical, pero dos octavas por encima del "Do" que está en el centro del piano, mostrando que una célula vibra sumamente rápido.
Ensayos posteriores han mostrado que las células suenan diferente según varían sus condiciones, y que incluso pequeños cambios de temperatura hacen que la nota varíe.

Las células enfermas suenan distinto de las sanas. Pero lo que es más importante: nuestras células responden al sonido.


El sonido tiene cuatro cualidades básicas, que son: la altura o frecuencia, la duración, el timbre o color y la intensidad, fuerza o potencia.
Frecuencia es una medida que se utiliza generalmente para indicar el número de repeticiones de cualquier fenómeno o suceso periódico en la unidad de tiempo.

La frecuencia se mide en hercios (Hz). Un hercio es un suceso o fenómeno repetido una vez por segundo. Así, dos hercios son dos sucesos (períodos) por segundo, etc. Esta unidad se llamó originariamente «ciclo por segundo» (cps) y aún se sigue utilizando. Otras unidades para indicar la frecuencia son revoluciones por minuto (rpm) y radianes por segundo (rad/s). Las pulsaciones del corazón y el tempo musical se mide en «pulsos por minuto» (bpm, del inglés beats per minute).
La frecuencia tiene una relación inversa con la longitud de onda. O sea, a mayor frecuencia menor altura de la onda.
El timbre es el matiz característico de un sonido, que puede ser agudo o grave según la altura de la nota.
Los sonidos que escuchamos son complejos, es decir, están compuestos por varias ondas simultáneas, pero que nosotros percibimos como uno. El timbre depende de la cantidad de armónicos que tenga un sonido y de la intensidad de cada uno de ellos. Los armónicos son los que generan el timbre característico de una fuente de sonido (por ejemplo la voz humana, un instrumento musical, etc.). Son los que permiten diferenciar un tipo de instrumento de otro, o reconocer el timbre de la voz de una persona.

Ya vimos que es el sonido, pero, ¿y la música?

El sonido combinado con el silencio crea la música. Sin silencios, no hay música. De hecho el sonido emerge del silencio. Al igual que la forma surge del vacío.
En diversas tradiciones místicas de todo el mundo, incluso en los textos religiosos convencionales, se considera al sonido como el fundamento del mundo físico.

El sonido y la música, además, influyen en el estado de conciencia.

El uso del sonido como catalizador para crear estados de conciencia no ordinarios está muy difundido en todas las culturas tradicionales. Ya desde los primeros estudios antropológicos se conoce el método rítmico percusivo para inducir estados de trance. Los chamanes se han descrito siempre como músicos y bailarines, al igual que el “brujo” de las tribus indígenas de América, que en realidad era el “hombre-medicina” (medicine man).

Existen muchos métodos para alcanzar estos estados y sin duda alguna el sonido y en concreto el sonido rítmico de la percusión es uno de ellos.

De acuerdo a algunos estudios para propiciar un estado mental que ayude a modificar o expandir la conciencia, es necesario escuchar un sonido rítmico de 205 a 220 golpes por minuto. Este ritmo induce al cerebro a producir ondas cerebrales lentas, de entre 7 a 4 ciclos por segundo, o menos.
Para comprender qué ocurre a nivel fisiológico, debemos entender el funcionamiento de la mente humana. El cerebro es capaz de producir cuatro tipos de onda:
Las ondas Beta tienen de 22 a 14 ciclos por segundo. Corresponden al nivel de vigilia, al estado consciente ordinario. Bajo los efectos de estas ondas, el cerebro vive en el marco del tiempo y espacio habituales. Los sentidos físicos están despiertos y la mente actúa con lógica y razonamiento.
Las ondas Alfa tienen de 14 a 7 ciclos por segundo. Se inician en los estados de relajación, meditación o sueño ligero. El cuerpo se calma, disminuye el flujo de pensamientos y la mente entra en un estado de bienestar. Comienza a desaparecer el diálogo interno. En este estado el sentido del tiempo se diluye.
Las ondas Theta tienen de 7 a 4 ciclos por segundo. La mente entra en una relajación profunda. A este estado se le atribuye una gran capacidad de concentración y creatividad. Los límites de la conciencia personal son trascendidos.
Y por último las ondas Delta tienen de 4 a 2 ciclos por segundo. Es el estado propio del sueño profundo.
Hay muchos estudios científicos sobre la relación existente entre el ritmo, la voz y el sonido con respecto a las ondas cerebrales y los estados no ordinarios de conciencia.

El Dr. Mitchell Gaynor (oncólogo norteamericano) ha demostrado que el sonido influye en el proceso de curación alterando las funciones celulares mediante efectos energéticos, que cambian incluso el metabolismo de la célula y su homeostasis, calman la mente y con ello relajan el cuerpo físico. A la vez influye en las emociones, que como ya hemos visto, generan neurotransmisores y neuropéptidos cerebrales que ayudan a regular el sistema inmunitario.

El rol de la música en la curación de enfermedades es innegable.

Fabien Maman, investigador y compositor francés, ha explorado y documentado la influencia específica que las ondas sonoras ejercen en las células. Estudió durante varios meses, fotografiando con un microscopio electrónico, el efecto del sonido de baja frecuencia en las células humanas y en células cancerosas y observó durante veinte minutos su reacción ante sonidos emitidos por un gong, un xilófon, una guitarra y la voz humana cantando a capella. El gong, rico en armónicos provocó que las células cancerosas estallaran. Sin embargo, lo más relevante fue que la voz humana desorganizó la estructura celular cancerígena,
Así dedujo que la voz tiene una vibración más poderosa que cualquier instrumento musical y le atribuyó este poder a la conciencia que es capaz de poner el ser humano en ella.

El sonido es una onda portadora de conciencia, y dependiendo de dónde esté situada la conciencia de un individuo cuando crea un sonido, éste lleva información de ese estado al receptor, ya sea una célula o cualquier ser vivo. Por ejemplo, si estamos enojados y creamos un sonido, aunque sea un sonido “agradable”, estaremos trasmitiendo el enojo que se encuentra incorporado en ese sonido y será percibido sutil e inconscientemente por aquellos que lo perciban.

Esto es debido a la intención o al propósito que se halla detrás del sonido. La intención es la conciencia.
La intención es la energía detrás del sonido que ha sido creado.

También se descubrió que los glóbulos rojos de la sangre cuando estaban sujetos a una escala cromática de frecuencias alteraban su color y forma (en este experimento se utilizaron diapasones), y así se observó que la nota LA (440Hz) los cambió a color rosado, la nota DO los hizo alargados y la nota MI los volvió esféricas. Las células cancerosas se desintegraban entre 400 y 480Hz en las notas LA y SI, por esto se ha llegado a la conclusión de que ciertas vibraciones refuerzan a las células y a los tejidos sanos e inhiben a las células enfermas.

La terapia del sonido se fundamenta en el principio de resonancia o simpatía.
La resonancia hace que un objeto o cuerpo que vibra provoque una vibración equivalente en otro; es decir, la vibración de un objeto se iguala a la vibración de otro objeto.

Cada parte del cuerpo, tiene una frecuencia óptima, sana.
La enfermedad, entonces, se debe a que alguna parte de nosotros no está vibrando en armonía consigo misma, con las demás partes o con el entorno.

Esta disonancia o enfermedad puede sanarse con sonido e intención, devolviendo a las partes enfermas su frecuencia sana. Al dirigir el sonido correcto hacia nosotros mismos, o hacia la persona que desea ser curada, podremos regresar a una vibración óptima y normal.

Nuestros pensamientos y emociones negativas adoptan una forma densa, a modo de patrones de energía cristalizada. Esos patrones cristalizados van penetrando gradualmente, hasta que, en última instancia, se manifiestan como la enfermedad en el cuerpo físico. El sonido es capaz de disolver estas cristalizaciones potencialmente dañinas.

Los Chakras están vinculados al cuerpo físico, están alineados en el eje de la columna vertebral y se relacionan con los plexos nerviosos y glándulas endocrinas más importantes. Se consideran vórtices o remolinos de “conciencia y energía”.
Son centros de energía vital y de energía espiritual, directamente conectados con el cerebro. Generan, acumulan, transforman y distribuyen la energía Chi ( ki o prana) y son también las puertas de intercambio entre el ser humano (microcosmos) y el macrocosmos. En muchas personas los chackras suelen estar bloqueados, funcionando a un nivel energético muy bajo.
Estos centros de energía, responden rápidamente a las vibraciones del sonido. Por eso, se utilizan distintos métodos sonoros para trabajar con ellos.

Si comenzamos a aceptarnos, como cuerpos que vibran, con más facilidad podremos comprender nuestra naturaleza esencial y modificar la manera de pensar y de percibir la realidad. Será más fácil expandir la conciencia, calmar la mente, detectar y disolver bloqueos y corazas y curar cualquier enfermedad, armonizando con el medio y con las demás existencias.

Silencio y sonido, en armonía: La música del universo.

viernes, 5 de septiembre de 2008

El cerebro y la música


Todos nosotros sabemos reconocer cuándo una canción nos parece “alegre” o nos parece “triste”. Generalmente asociamos nuestro estado de ánimo a la melodía de numerosas obras de todo tipo. Pues bien, precisamente la musicoterapia recurre a estas melodías como método para curar o reducir diversos problemas de salud.
La idea de base es reconocer que gran parte de las enfermedades tienen su origen en el cerebro, quien luego transmite a una parte del cuerpo un estímulo determinado que reproduce una enfermedad. Con la musicoterapia se intenta hacer llegar al cerebro unos estímulos que le lleven a una relajación o anulación de los que reproducen la enfermedad a través de diversas melodías con las que se pueden conseguir efectos sorprendentes.
Aunque la musicoterapia ya se conoce desde la antigüedad, en los años 40 se comenzó a utilizar como rama de medicina recuperativa, con efectos fisiológicos, afectivos y mentales, contribuyendo al equilibrio psicofísico de las personas. Hoy en día se aplica fundamentalmente en desequilibrios nerviosos, influye positivamente sobre el corazón y pulmones, alcoholismo, drogas y como prevención de suicidios,
El esquema básico de trabajo en esta disciplina contempla tres aspectos: la interacción positiva del paciente con otros seres, la autoestima y el empleo del ritmo como elemento generador de energía y orden. La musicoterapia actúa como motivación para el desarrollo de autoestima, con técnicas que provoquen en el individuo sentimientos de autorrealización, autoconfianza, autosatisfacción y mucha seguridad en sí mismo.
El ritmo, elemento básico, dinámico y potente en la música, es el estímulo orientador de procesos psicomotores que promueven la ejecución de movimientos controlados: desplazamientos para tomar conciencia del espacio vivenciados a través del propio cuerpo.
La herramienta sonora más poderosa según muchos terapeutas del sonido es el canto de armónicos. A través de nuestras propias voces, podemos proyectar a la parte enferma la frecuencia de resonancia correcta, y devolver su frecuencia normal. Según Jonh Beaulieu, la entonación de armónicos afecta incluso al flujo de la kundalini de las tradiciones místicas. Tema muy relacionado con los mantras tibetanos realizados para limpiar los chakras y despertar su energía para alcanzar la iluminación.
La música actúa dentro de nosotros, de nuestra mente por medio de vibraciones naturales que participan en cualquier tipo de materia. En este caso, estas vibraciones se filtran en nuestra mente y a su vez ésta envía la orden afectando a nuestro organismo.
De esta manera, tenemos que la música puede curar daños como desequilibrios nerviosos, influye sobre el corazón y los pulmones, y más allá de cualquier enfermedad, también actúa positivamente sobre casos de alcoholismo, tabaquismo, drogas y hasta la prevención de suicidios.
La música posee las cualidades de una droga, positivamente hablando, ya que tiene la capacidad de estimular o reprimir funciones del organismo. Al mismo tiempo, la música dispone de un tipo de lenguaje que es imposible convertir en palabras. Es un lenguaje único que solamente se puede interpretar por medio de la energía y la vibración. Si nosotros no tenemos este conocimiento de manera conciente, nuestro espíritu, nuestra mente y nuestro cuerpo si lo tienen, así que basta una pieza musical para que mente, cuerpo y espíritu actúen solos. También la ciencia ha adoptado a la música como una forma de curación en los tratamientos de psicoterapia moderna.
La acción de la música es una eficaz terapia que actúa sobre el sistema nervioso y en las crisis emocionales, aumentando o disminuyendo las secreciones glandulares, activando (o disminuyendo) la circulación de la sangre y, por consiguiente, regulando la tensión arterial.
La música influye en nuestra mente y en nuestro organismo mediante la creación de emociones. Cualquier pieza musical puede influir ya sea de manera negativa o positiva, tanto puede causarnos depresión, angustia, estrés, ansiedad o ira, como puede relajarnos, causarnos alegría o equilibrio psíquico.
No hace falta saber de música para darse cuenta como influye cualquier pieza en nuestro organismo, basta con sentir que tipo de emociones despierta en nosotros. Las emociones negativas liberan sustancias químicas en nuestro organismo que obstaculizan su funcionamiento, las emociones positivas liberan sustancias positivas que colaboran a su buen funcionamiento.
El principal valor terapéutico de la musicoterapia reside en su influencia sobre las distintas emociones. También ejerce efectos sobre el metabolismo, la presión arterial, el pulso y el volumen sanguíneo, la energía muscular, la respiración y las secreciones internas. La terapia musical puede utilizarse para despertar la atención y prolongar la duración de la misma, así como para estimular las facultades de asociación y la potencia imaginativa.
También es excelente para producir escapes socialmente aceptables, asimismo, influye en la persona estimulando la confianza en sí misma.
La música ayuda a superar depresiones psíquicas, aliviar el insomnio y la tensión nerviosa y sobre todo, desvía la atención del paciente sobre si mismo, lo cual ayuda a disminuir su angustia.
También nos permite despertar el sentido de unidad, de integración social, ayudándonos a comprender y aceptar las ideas ajenas.
Pero la música es mucho más que una terapia, la música consigue lo que difícilmente se consigue por medio directo de la ciencia o las religiones, la música eleva el nivel emocional de la mente humana, proyectándola al infinito.

Sergio Giacobone