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martes, 26 de julio de 2016

La célula inteligente (2a. parte)


El orden en los sistemas biológicos

¿Cómo hace un organismo para evitar la desorganización o el desorden? 

La respuesta es: Al comer, beber, respirar y en el caso de las plantas, por la asimilación. Es lo que se llama: metabolismo, que en griego significa cambio o intercambio. 
¿Cambio de qué? Originalmente, la idea subyacente es, sin duda, el intercambio de material, por ejemplo la palabra alemana para el metabolismo es StoffWechsel (Stoff=materia, sustancia. Wechsel=cambio).
Que el intercambio de material deba ser lo esencial es absurdo. Cualquier átomo de nitrógeno, oxígeno, carbono, azufre, etc, es tan bueno como cualquier otro de su clase, ¿que podría ganarse con el intercambio entre ellos? 

De igual forma con respecto a la energía. Clasificar a los alimentos por su contenido en calorías no es correcto porque en un organismo adulto el contenido de energía es tan invariable como el contenido material. Esto es debido a la conservación de la masa y de la energía. Es obvio que ninguna caloría vale más que otra caloría, de manera que no se puede ver como este intercambio podría evitar la desorganización del organismo.

¿Cuál es el contenido precioso en los alimentos que nos aleja de la muerte? Eso es fácil de responder. Todos los procesos, todo lo que está pasando en la naturaleza, lleva a un aumento de la entropía por parte del mundo en el que está pasando. Así, un organismo vivo aumenta continuamente su entropía, o también podemos decir que produce entropía positiva, y por lo tanto tiende a acercarse al peligroso estado de entropía máxima, que es la muerte. 
Sólo puede mantenerse al margen de ella, es decir, con vida, mediante la continua elaboración en su entorno de entorno entropía negativa, lo cual es algo muy positivo como veremos enseguida. 
Esencialmente un organismo se alimenta de entropía negativa. 

O, para decirlo menos paradójicamente, lo esencial en el metabolismo es que el organismo consigue liberarse de toda la entropía que no puede dejar de producir mientras está vivo.

La entropía negativa (también llamada negentropía o sintropía) de un sistema vivo, es la entropía que el sistema exporta para mantener su entropía baja; esto lo hace para evitar el rápido deterioro al que lo llevaría el estado inerte de "equilibrio" de la entropía.
  
¿Qué es la entropía?

Es una magnitud física que designa, en cualquier sistema termodinámico aislado y tendiente al equilibrio, la parte de energía que no puede usarse para producir trabajo. Está en relación al grado de desorden molecular interno que presenta un sistema, es una medida del desorden. A mayor orden, menor entropía.
Por eso nuestro organismo lucha contra la entropía, para no desorganizarse.
La entropía está relacionada con la 2ª ley de la termodinámica, la cual expresa que la cantidad de entropía del universo tiende a incrementarse en el tiempo, y si bien la materia y la energía no se pueden crear ni destruir, sí pueden transformarse, y establece el sentido en el que se produce dicha transformación, de forma irreversible.
El universo tiende a distribuir la energía uniformemente; o sea, a maximizar la entropía.

Hay una diferencia en los modos cómo la materia inorgánica y la materia viva se las arreglan para hacer frente a la segunda ley de la termodinámica- de la cual surge el concepto de entropía.
Mientras que en el caso de la materia inorgánica es necesaria la participación de enormes cantidades de átomos para, en promedio, alcanzar cierta estabilidad que hace posible a los organismos asegurar su existencia; en el caso de los sistemas vivos, la ley de los grandes números para evitar la entropía no es una condición absoluta, ya que comparativamente con solo unos pocos átomos participantes en las estructuras y procesos celulares, logran evitar el desorden (caos) del movimiento térmico.
Y es que la materia viva, por la peculiar organización de sus átomos en cristales aperiódicos o quasicristales, absorbe entropía negativa del ambiente y se resiste a la degradación.

Cuasicristal

La vida  representa el comportamiento ordenado y organizado de la materia, que no está basado solo en su tendencia a pasar del orden al desorden, sino también basado en un orden existente que es transmitido y mantenido. Dos son, pues, los principios que pueden describir la existencia de los sistemas vivos: el orden a partir del desorden (propio de los sistemas físicos) y el orden a partir del orden (típico de los sistemas biológicos).

Orden a partir del desorden
Un sistema biológico se mantiene vivo en su estado organizado tomando energía del ambiente y procesándola a través de su eficiente maquinaria química. Ésta acopla las sucesivas transformaciones energéticas a la producción de trabajo útil, lo que le permite ejercer las diferentes funciones celulares y así mantener su organización interna. Durante estos procesos, las células devuelven a su entorno energía disipada que consiste en calor y otras formas que rápidamente se distribuyen en el ambiente aumentando su desorden y entropía. Así, los organismos vivos ganan orden interno a expensas de generar desorden en su ambiente.

Orden a partir del orden
No toda la ordenación de un organismo vivo exige que su ambiente se desordene. Existe un orden transmitido genéticamente. La estructura del ADN permite almacenar la información genética de forma inalterada durante generaciones.
Debido a su estructura molecular (un verdadero cristal aperiódico), un gen no es perturbado por la agitación térmica y por eso puede transmitir la información genética de generación en generación sin degradarse.

Este tipo de cristal aperiódico se diferencia de los cristales ordinarios (que presentan periodicidad y regularidad en su estructura), en el rol que juegan sus átomos y moléculas individuales que permiten codificar gran cantidad de información y mantenerla estable y duradera.

ADN

La vida se las arregla para mantener el orden en los organismos y evitar la extinción.


Continuará...


miércoles, 5 de septiembre de 2012

El universo cabe en un punto 2

Parte 2

Desde nuestra perspectiva individual solo podemos percibir un nivel estrecho de toda la escala, de hecho, lo que podemos ver corresponde a una pequeña franja del espectro total de las ondas electromagnéticas. Pero cuando trascendemos los límites de la percepción ordinaria, la realidad se hace más amplia, más interconectada, aumentando las posibilidades y los recursos.

espectro electromagnético
Es el espacio (el campo) el que nos define, el que marca los límites y contornos de nuestra vida. Enviamos información al vacío y este colecta la experiencia de todos, por este motivo compartimos una realidad común, aunque cada uno la observe desde su lugar específico.

La riqueza y la abundancia surgen de la interconexión. No de la acumulación.

El efecto mariposa

La ciencia describe con esta analogía las variaciones que pueden aparecer en el comportamiento de un sistema complejo cuando las condiciones iniciales son modificadas, aunque sea de forma aparentemente imperceptible. De manera que una pequeña perturbación inicial, mediante un proceso de amplificación, puede generar un efecto considerablemente grande a mediano o corto plazo de tiempo, como una reacción en cadena.

Una mariposa que agita sus alas en Kabul es muy probable que no provoque un huracán en Miami, pero quizás haga que el resto comience a hacerlo y si varios millones de ellas comienzan a batir sus alas al mismo tiempo, es mucho más probable que afecten al sistema.


A lo mejor piensas que tu conciencia es insignificante como para provocar un efecto en la totalidad, pero la intensidad de la información que envías influye sin dudas en el resto, de formas que no se pueden prever con certeza.
Tus pensamientos generan una onda, una perturbación en el campo. Esta información puede ser como el aleteo de una mariposa. Considerando además que los cerebros están interconectados en una gran red de conciencias, todos comparten la misma información, aunque cada uno la procesa a su manera.
Y también los pensamientos de los otros pueden influirnos. ¿Acaso dónde se originan nuestros pensamientos, de donde vienen y adonde van? ¿Podemos rastrear su origen?

Hay estructuras del cerebro que están involucradas en la aparición del pensamiento consciente como el hipotálamo, el tálamo y la corteza, pero estas áreas y conexiones funcionan más bien como integradoras y procesadoras de la información



Así que lo que pensamos depende del sistema físico. Pero como el cerebro es un tejido vivo, gracias a su neuroplasticidad, también se adapta a la manera de pensar, es decir, la forma de pensar organiza y modela la estructura cerebral. Si es caótica y desordenada habrá malas conexiones y el sistema procesara la información de manera incorrecta e ineficaz
Pero si es armoniosa y coherente, el sistema se vera optimizado y fortalecido (más números de conexiones con una fuerza sináptica mayor).

Los órganos internos y las emociones están estrechamente ligados, y son las emociones las que determinan en gran parte la manera de pensar y la adaptación al medio. De hecho la glándula hipófisis y el hipotálamo forman una unidad funcional (más info, ver sistema neurovegetativo)



Somos creados y modelados por el campo, que nos conecta con todo. Lo que llamamos pensamientos no son otra cosa más que la actividad de la misma conciencia, al igual que las olas del océano nunca dejan de ser el océano. Esta actividad incesante manifestada a través del cuerpo físico, no tiene existencia propia, es la simple actualización de múltiples causas entrelazadas.


Campos mórficos de información donde se encuentran todas las experiencias de nuestra especie. Estamos, literalmente,  sumergidos en ese océano de conciencia, de energía e información.
Por eso hay que prestar atención cuando nos identificamos con lo que pensamos, tendemos a creer que eso es “real” y sucede independientemente de nosotros, sin considerar que es pura actividad, la mayor parte del tiempo redundante y desordenada, alimentada por reverberaciones de vibraciones pasadas.

Volver a cero es fundamental, desconectar por momentos la secuencia del pensamiento ordinario es la base de la armonía mental y el equilibrio.

Hay que empezar siendo gentil consigo mismo.

El diálogo que mantenemos en nuestra mente no pasa desapercibido, el universo lo capta, hace su lectura y responde, por eso tendemos a crear y recrear siempre la misma realidad,  nos guste o no.

Podemos comunicar con el espacio, con todo lo que nos rodea, en silencio y en unidad, no solo de una forma intelectual y estereotipada, sino con la totalidad de nuestro ser, con nuestro espacio interior que es infinito. Nuestro ser interior esta conectado con todo el universo.

Somos parte de esa corriente de información hacía el vacío, un punto en la escala, más o menos en el medio, entre lo infinitamente grande y lo infinitamente pequeño, todo interconectado.



Si relacionamos los cuerpos u objetos de los distintos niveles de acuerdo a su radio y a su frecuencia de vibración veremos que forman una línea creciente, desde lo más pequeño que podemos concebir (longitud de Planck = 1,6161 x 10-35 m) hasta la distancia del universo mismo, y podemos ubicar a la célula (y a nosotros humanos) en el medio de la escala, exactamente entre átomos y estrellas.

Ese flujo de información universal pasa a través nuestro, atraviesa cada una de nuestras células y recoge información que la entrega al espacio infinito. 
El universo se nutre de tus experiencias, de ahí la responsabilidad por lo que proyectas.

Por eso es importante que ocupes el lugar que te corresponde. Y ese lugar eres tu, donde quiera que vayas ese lugar eres tu mismo. El centro de la escala, el punto de unión entre el cielo y la tierra.


Podemos participar de esta conexión con todos los niveles de la escala, pero hacia el exterior es más difícil y además están los límites de la percepción. 
Es hacia el interior de nuestro ser que conectamos con todo. El interior conecta con el infinito.


zazen



La meditación es la puerta.
La respiración es el vehículo.




La respiración del universo

La realidad resulta de las múltiples divisiones del espacio en un vacío estructurado de manera fractal. Los niveles mas grandes contienen a los más pequeños y todos comparten la misma información. 

El vacío representa la fuerza en contracción, mientras que todos los fenómenos que percibimos son la fuerza en expansión. 
Toda la realidad emerge de la interacción entre contracción y expansión.
La radiación electromagnética es la fuerza que se expande, como la luz, es lo que vemos. La fuerza que tira hacia el centro y que curva el espacio-tiempo creando una singularidad es la gravedad, la fuerza en contracción.

Es como una respiración cósmica, de hecho nuestros pulmones reflejan esta dinámica. 
Respiramos porque el universo entero respira. 
Nuestra respiración es la respiración del universo.
Cuando inspiramos los pulmones se expanden, el universo entra en nosotros y se retrae, cuando exhalamos los pulmones se retraen y el universo se expande ganando en información y energía (aumentando su entropía)
Cuando inspiramos importamos orden y coherencia al organismo.
Cuando exhalamos exportamos desorden, aumentando la información en el medio y la entropía.
La respiración es el vehículo físico de nuestro lado infinito. Nos conecta verdaderamente con todos los niveles.
Un puente entre el mundo visible y el invisible.

Podemos sentir y visualizar la luz interior, en el interior somos luz, es un hecho, hay fotones que se crean y desaparecen en el vacío y las partículas que forman los átomos giran casi a la velocidad de la luz, no se ve a simple vista desde el exterior porque en el interior somos como un masivo agujero negro que no permite escapar la luz, (se curva por la gravedad), pero también somos luz.



Nuestros átomos son como mini agujeros negros girando casi a la velocidad de la luz, tal es nuestro nivel de energía.
Estamos enviando y recibiendo información del universo a la velocidad de la luz, no lo notamos, pero las partículas aparecen y desaparecen y vuelven a aparecer…y vos también, entrando y saliendo del vació, te estás prendiendo y apagando a increíble velocidad.


Aparecemos como resultado de esta dinámica de fuerzas, contracción y expansión. Pero la fuerza primaria es la contracción, que es la que mantiene sujeta a las cosas. El lado Yin.
La fuerza de la radiación (expansión), el lado Yang, depende de la fuerza que contrae y sostiene.

Un ejemplo es la fuerza centrífuga, sino estuviera sujeta a un centro no existiría. 
Tomemos una bola atada a un cordón al que sujetamos con la mano y la hacemos girar, cuanto más intenso sea su giro más fuerte tendrá que ser el agarre, pero si abrimos la mano y soltamos el cordón la bola sale disparada en un movimiento rectilíneo. 
Esto significa que la fuerza centrífuga no existe en sí misma, sin la fuerza centrípeta no podría manifestarse. Sin la fuerza de contracción no habría expansión.


La verdadera fuerza está en el interior, es la que nos cohesiona e integra.
La expansión (el brillo) depende de la profundidad interior.
Cuanto más te diriges hacia tu interior, mayor es tu brillo. Lo contrario es ilusión. No es luz propia, es solo el reflejo débil de alguna otra fuente de luz.




Brilla por ti mismo

El ser interior y el medio interno son lo verdaderamente real.

Es difícil de asimilar para la mente acostumbrada a los objetos cotidianos concretos y al pasar del tiempo convencional, pero en esencia somos insustanciales.
Es verdad que definir lo que es “real” no es fácil, dado que la realidad que percibimos es una ilusión. Una vez más los conceptos no son suficientes. Las palabras sirven como orientación, son apenas una descripción relativa de lo que percibimos, que ya es relativo en si mismo. 
Pero más allá del dominio estrecho de las palabras y el intelecto, podemos experimentar nuestra verdadera esencia, el ser espiritual.

Somos un punto en un universo de infinitos puntos.
Un punto formado por infinitos puntos. Todos interconectados.

En el centro de tu ser se encuentra el centro del universo.

Puedes encerrar al universo en un punto y depositarlo en la palma de tu mano. Si te concentras en ese punto con la totalidad de tu cuerpo-mente, es así. Y si quieres puedes respirar por ese punto, ya que todo el universo respira, incluida la célula más pequeña.
Es otro ejemplo de sistemas limitados e infinitos interactuando al mismo tiempo.




Somos viajeros universales. Vamos de punto en punto, existiendo y dejando de existir. Prendiendo y apagando de forma imperceptible, llevados por la corriente cósmica a la velocidad de la luz en un viaje por el infinito.
Cada momento de experiencia es un punto, único e irrepetible.

Cada momento es un buen momento

Cada presente es un punto. Nuestra vida es una sucesión de puntos sin trayectoria, estrictamente hablando, no vamos a ninguna parte. Existimos en cada punto y luego dejamos de existir hasta el siguiente punto. La continuidad es un arreglo que hace el cerebro para mantener una coherencia, pero esta es arbitraria e ilusoria y fuente de malas percepciones.

Este punto de tu existencia contiene al pasado y al futuro. Es el fruto del pasado y la semilla del futuro. Ambos están contenidos en este presente. Todos existen en este mismo momento.
Desde el presente no solo podemos enviar información al futuro sino también a nuestro pasado, podemos mejorarlo, perdonar, iluminarlo con nuestra comprensión actual. 
De la misma forma que comunicamos con nuestro pasado, también seguramente y sin saberlo recibimos información de nuestro futuro. Probablemente nuestro ser futuro está también pensando en este momento.

Todo colapsa en este aquí y ahora.

El universo entero cabe en un punto.


viernes, 23 de diciembre de 2011

El orden en los sistemas biológicos


¿Cómo hace un organismo para evitar la desorganización o el desorden molecular? 
La respuesta es: Al comer, beber, respirar y en el caso de las plantas, por la asimilación. 
Es lo que se llama: metabolismo, que en griego significa cambio o intercambio, pero...
¿Intercambio de qué?


En principio la idea subyacente es, sin duda, el intercambio de material, por ejemplo la palabra alemana para el metabolismo es Stoffwechsel (Stoff=materia, sustancia. Wechsel=cambio).
Pero que el intercambio de material deba ser lo esencial es absurdo. Cualquier átomo de nitrógeno, oxígeno, carbono, azufre, etc, es tan bueno como cualquier otro de su clase, ¿que podría ganarse con el intercambio entre ellos? 

Igualmente con respecto a la energía. Clasificar a los alimentos por su contenido en calorías no es del todo correcto porque en un organismo adulto el contenido de energía es tan invariable como el contenido material. Esto es debido a la conservación de la energía. Es obvio que ninguna caloría vale más que otra caloría, de manera que no se puede ver como este intercambio podría evitar la pérdida de orden del organismo.

¿Cuál es el contenido precioso en los alimentos que nos aleja de la muerte? 
Respuesta: La luz, y su capacidad para aportar orden al sistema. 

Todos los procesos, todo lo que está pasando en la naturaleza, lleva a un aumento de la entropía por parte del mundo en el que está pasando. Así, un organismo vivo aumenta continuamente su entropía, o también podemos decir que produce entropía positiva, y por lo tanto tiende a acercarse al peligroso estado de entropía máxima, que es la muerte. 
Sólo puede mantenerse al margen de ella, es decir, con vida, mediante la continua elaboración de entropía negativa en su entorno, lo cual es algo muy positivo como veremos enseguida. 
Esencialmente un organismo se alimenta de entropía negativa. 

O, para decirlo de otra forma, lo esencial en el metabolismo es que el organismo consigue liberarse de toda la entropía que no puede dejar de producir mientras está vivo.
La entropía negativa (también llamada negentropía o sintropía) de un sistema vivo, es la entropía que el sistema exporta para mantener su entropía baja; esto lo hace para evitar el rápido deterioro al que lo llevaría el estado inerte de "equilibrio" de la entropía.

¿Qué es la entropía?

Es una magnitud física que designa, en cualquier sistema termodinámico aislado y tendiente al equilibrio, la parte de energía que no puede usarse para producir trabajo. Está en relación al grado de desorden molecular interno que presenta un sistema y por lo tanto es una medida del desorden. 
A mayor orden, menor entropía.
Por eso nuestro organismo lucha contra la entropía, para no desorganizarse.

La entropía está relacionada con la 2ª ley de la termodinámica, la cual expresa que la cantidad de entropía del universo tiende a incrementarse en el tiempo, y si bien la materia y la energía no se pueden crear ni destruir, sí pueden transformarse, y establece el sentido en el que se produce dicha transformación, de forma irreversible.

El universo tiende a distribuir la energía uniformemente; o sea, a maximizar la entropía.

Hay una diferencia en los modos cómo la materia inorgánica y la materia viva se las arreglan para hacer frente a la 2ª ley de la termodinámica- de la cual surge el concepto de entropía.
Mientras que en el caso de la materia inorgánica es necesaria la participación de enormes cantidades de átomos para, en promedio, alcanzar cierta estabilidad que hace posible a los organismos asegurar su existencia; en el caso de los sistemas vivos, la ley de los grandes números para evitar la entropía no es una condición absoluta, ya que comparativamente con solo unos pocos átomos participantes en las estructuras y procesos celulares, logran evitar el desorden (caos) del movimiento térmico.
Y es que la materia viva, por la peculiar organización de sus átomos en cristales aperiódicos o quasicristales, absorbe entropía negativa del ambiente y se resiste a la degradación.

La vida  representa el comportamiento ordenado y organizado de la materia, que no está basado solo en su tendencia a pasar del orden al desorden, sino también basado en un orden existente que es transmitido y mantenido. 
Dos son, pues, los principios que pueden describir la existencia de los sistemas vivos: el orden a partir del desorden (propio de los sistemas físicos) y el orden a partir del orden (típico de los sistemas biológicos).


 Orden a partir del desorden

Un sistema biológico se mantiene vivo en su estado organizado tomando energía del ambiente y procesándola a través de su eficiente maquinaria química. Ésta acopla las sucesivas transformaciones energéticas a la producción de trabajo útil, lo que le permite ejercer las diferentes funciones celulares y así mantener su organización interna. 
Durante estos procesos, las células devuelven a su entorno energía disipada que consiste en calor y otras formas que rápidamente se distribuyen en el ambiente aumentando su desorden y entropía. Así, los organismos vivos ganan orden interno a expensas de generar desorden en su ambiente.

Orden a partir del orden

No toda la ordenación de un organismo vivo exige que su ambiente se desordene. Existe un orden transmitido genéticamente. La estructura del ADN permite almacenar la información genética de forma inalterada durante generaciones.
Debido a su estructura molecular (un verdadero cristal aperiódico), un gen no es perturbado por la agitación térmica y por eso puede transmitir la información genética de generación en generación sin degradarse.
ADN

Este tipo de cristal aperiódico se diferencia de los cristales ordinarios (que presentan periodicidad y regularidad en su estructura), en el rol que juegan sus átomos y moléculas individuales que permiten codificar gran cantidad de información y mantenerla estable y duradera.

La vida se las arregla para mantener el orden en los organismos y evitar la extinción.

El orden y la coherencia no solo le permiten a un organismo existir, sino también potenciar su capacidad de adaptación y funcionamiento.