miércoles, 3 de marzo de 2010

Vivir y dejar morir

Nacimiento de estrellas

Desde el momento en que nacemos empezamos a morir. Es un hecho.
El ser humano desde sus orígenes se confronta a esta verdad existencial.

Nuestras células están programadas para morir, forman parte de la incesante danza universal de la vida y de la muerte.

No solo eso, nuestro cuerpo físico está muriendo y renaciendo a cada instante. Todo el tiempo hay células que mueren y son reemplazadas por otras nuevas.

Sin embargo, cuando vamos más allá del plano físico, nos vamos encontrando sucesivamente con componentes cada vez más durables. Ya vimos anteriormente, que las partículas elementales que forman átomos, moléculas, células y órganos, tienen miles de millones de años de antigüedad. Y si seguimos “pelando” la cáscara de la existencia, llegaremos al plano de la energía y la información, el campo de la potencialidad pura. Aquí no existe la muerte ni la pérdida, sino la transformación y el movimiento.

Desde el punto de vista del cuerpo físico y de la realidad “cotidiana” dejar de existir es difícil de asumir. La mente es existencia. Nuestra mente discursiva y conciente solo se identifica con la forma y la existencia. Se mueve siempre en el plano físico, creado según la percepción y los límites de los sentidos. Aunque forma y vacío, existencia y no existencia, sonido y silencio, son aspectos inseparables de una misma realidad.

El origen de la cuestión reside en considerar a la existencia como una entidad fija y permanente. Por esta causa la muerte, o mejor dicho, lo no-existencia, provoca sufrimiento (pena, dolor, miedo, pánico, etc.).
Es una cuestión de evolución y se relaciona con la educación, la cultura, los condicionamientos. Tiene que ver con la forma en como la sociedad considera a las personas y como las personas se consideran a si mismas y también como se relacionan con su entorno, con la naturaleza, con el cosmos y sobretodo consigo mismas.

Como hemos visto, la visión materialista, es incapaz de ofrecer respuestas y una verdadera educación. Aisla, individualiza, profundiza en aspectos ilusorios y egoístas del ser humano. Es la dimensión más básica. Solo considera el nivel físico (y material de la vida). Al estar el espíritu relegado a un segundo plano es muy difícil poder comprender la verdadera naturaleza de la existencia.

La vida y la muerte son inseparables, pero no son lo mismo. Como el día y la noche. Cada uno tiene su propia naturaleza. La noche no es solo la ausencia de luz. La noche es la noche y el día es el día, sucediéndose uno tras otro en un armonioso ciclo.

Al pensar en la muerte, generalmente se ve como una línea que termina y no como un ciclo. Consideramos el final de la existencia pero no el comienzo. ¿Y antes de nacer que pasaba?, ¿de donde salimos?.


Sabemos que la energía no puede ser creada ni destruida y que en esencia somos energía e información. Entonces, ¿que es lo que nace y que es lo muere en esencia? ¿Qué parte nuestra es la que nace y cual es la que muere? Ya que la energía se transforma, la información no se pierde y los componentes fundamentales del cuerpo se reciclan.

Creo que lo que llamamos muerte, no es otra cosa que la individualidad, la experiencia subjetiva pasajera, que vuelve a fundirse con la totalidad.

Como una ola que vuelve al mar luego de haber sobresalido de la superficie por un breve momento. En realidad nunca dejó de ser mar, solo fue la experiencia de la ola que hizo el mar.

Nuestra conciencia individual es la experiencia de la conciencia del universo, una experiencia única, el universo que puede verse a si mismo. La conciencia que se observa a si misma.

Las religiones han aportado mitos y supersticiones, aislando todavía más al individuo de su fuente original. Dividiéndolo, fragmentándolo. La ciencia materialista también contribuyó a esta separación.

Cuando solo se vive la existencia individual, cuando se considera solamente la experiencia en el mundo físico y la realidad limitada de los sentidos, entonces hay muerte, hay separación, hay miedo, dolor y curiosamente esto nos impide vivir plenamente, intensamente y experimentar cada momento de la vida como algo único.

También hay que considerar otro aspecto. Somos vividos. Es decir, la vida nos atraviesa, nos mantiene, nos nutre.

Es curioso, pero pasamos la mayor parte de la vida apegados a este cuerpo físico y sin embargo no sabemos como es en verdad ni como funciona, no controlamos el latido del corazón, ni la respiración, ni la miríada de procesos bioquímicos que se realizan en el interior a cada segundo, tampoco la temperatura, ni la digestión, ni la asimilación, ni la división celular, ni el nacimiento, el crecimiento o la muerte. De hecho, mucha gente pasa gran parte de sus vidas, fuera de sus cuerpos. Casi como fantasmas. ¿Quien se ocupa entonces de los aspectos fundamentales, de mantener la vida y la función? Quizás no somos lo que creemos, y haya mucho más por descubrir.

La mejor manera de trascender los límites de la existencia individual, es comprendiendo con la totalidad del ser nuestra verdadera naturaleza y dejar de identificarse con los aspectos efímeros y transitorios de la vida.
Realizar que esta experiencia es única y que lo importante es aquí y ahora.

Creo que si realizamos nuestra naturaleza universal, divina y eterna. Si observamos en nosotros el flujo ilimitado de energía e información que nos rodea y crea a cada instante, podemos asumir la impermanencia de la existencia. Asumir sin identificarse y comprender el ciclo de la vida y de la muerte.

El problema no es morir, el problema es estar muerto en vida.

6 comentarios:

Griselda dijo...

Impresionante Mariano. Continuo trabajando en la concentración, el sábado voy a Barcelona a la intro de zazen con un Maestro.
Saludos amigo.

Aldous Lape dijo...

surge una duda con la energía, entiendo que no puede ser creada pero puede ser almacenada por nuestro cuerpo físico, mental y espiritual ?

podemos seleccionar fuentes de energía, por ejemplo tipos de alimentos

entonces podemos aumentar y mejorar nuestra energía, al menos en el plano físico

y a nivel mental también podemos seleccionar energías, que vemos, que leemos, que escuchamos, que pensamos...

a nivel espiritual ? dar ?

un abrazo

mariano giacobone dijo...

Hola Griselda, conocer y practicar zazen es algo que uno no se puede perder y vale cualquier esfuerzo.
Mis buenos deseos para ti
Mariano

mariano giacobone dijo...

Es verdad Alexis, la energía puede acumularse, pero no en un sentido estático como quien llena una bolsa, ya que la naturaleza de la energía es fluir. Es interesante, tiene relación con los órganos internos, que se van fortaleciendo y con ciertas centros energéticos del cuerpo, que comunmente están vacías (o casi) y se empiezan a ac tivar, a estimular. Esto produce mas energía y mas capacidad de transformación. En este aspecto influye la alimentación, la respiración, los ejercicios, es decir, la práctica que hagas. Zazen y chi kung son de lo más eficaz.

También hay que considerar como utilizamos esta energía, como la gastamos. La forma de pensar, de hablar, los hábitos de vida, la multitud de pensamientos, palabras y acciones que realizamos inutilmente y sin sentido.
un maestro decía, si las palabras no son mejores que el silencio, es preferible callar.
Todo influye.
Por eso en términos de energía no solo es importante como se adquiere sino como se gasta.
un abrazo

jose angel dijo...

Lo que me gusta mucho de tus publicaciones es que ademas de ser profundos y con sabiduría, tienes una forma de expresarlos bellamente,

El de hoy no es la excepción. Quiero platicarte que ademas de leerlos atentamente un par de veces los estoy guardando en word a manera de libro, para estudiarlo todo unido cuando sea necesario en el futuro.

Un fuerte abrazo Mariano.

mariano giacobone dijo...

Hola jose angel,
Si, yo también lo estudio.
Me alegra que este material sea útil y deseo que madure en ti y te ayude en tu evolución.
un abrazo
mariano