viernes, 15 de enero de 2010

La intención y la atención


Otro principio fundamental del universo es la intención, que es inseparable de otro principio: el deseo.
En realidad el deseo precede a la intención. Somos hijos del deseo. La vida misma es deseo. Aparecimos en este mundo en virtud de un deseo previo. Pero el deseo puro, no es igual que la ilusión. Una ilusión es deseo que no se realiza, crea apego y sufrimiento y más ilusiones (y más sufrimiento). Estos conceptos no son nuevos, podemos encontrarlos en gran cantidad de libros de auto-ayuda. Realizarlos en la propia vida es otra cosa. Pero veamos con más detalles de que se trata.

La energía y la información son el verdadero sustrato de la naturaleza.

En los niveles cuánticos, es decir, más allá del átomo, solamente hay energía e información. Este campo cuántico es sólo otra manera de denominar el campo de la conciencia pura o de la potencialidad pura. Y en este campo cuántico de pura energía influyen la intención y el deseo.

Si nos descomponemos hasta llegar a nuestros componentes fundamentales solo queda energía e información.

Nuestro nivel esencial es energía e información.

El universo, de hecho, es la manifestación del movimiento de la energía y la información.

Todo lo que existe comparte el mismo origen. La diferencia, por ejemplo, entre nosotros y una planta es el contenido de información y de energía de nuestros respectivos cuerpos.
En el plano material, tanto nosotros como la planta, al igual que el perro, un árbol o una mosca, estamos hechos del mismo reciclado de elementos: principalmente carbono, hidrógeno, oxígeno, nitrógeno y otros elementos en mínimas cantidades.
Podemos conseguir estos elementos sin dificultad en un laboratorio. Por lo tanto, la diferencia entre nosotros y la planta no la encontraremos en estos elementos. De hecho, los seres humanos y las plantas intercambiamos todo el tiempo carbono (CO2) y oxígeno (O2).

La verdadera diferencia está en la energía y en la información.

Los seres humanos, somos privilegiados, ya que somos capaces de tomar conciencia del contenido de energía e información de ese campo particular que da origen a nuestro cuerpo físico. Podemos experimentar ese campo subjetivamente bajo la forma de pensamientos, emociones, deseos, recuerdos, instintos, impulsos y creencias. A su vez este campo de potencialidad, esa experiencia subjetiva se percibe objetivamente como el cuerpo físico - y por medio del cuerpo, y los órganos de los sentidos percibimos el mundo, subjetivamente. Sujeto y objeto entrelazados en una eterna danza.
Pero todo está hecho de lo mismo.

Nuestro cuerpo no es independiente del cuerpo del universo, porque más allá de nuestros átomos y partículas elementales, es decir al nivel de la mecánica cuántica, las fronteras no están bien definidas. Somos más bien una onda, una ola, una fluctuación, una perturbación localizada en un campo cuántico mucho más grande, una ola surgida en el mar de la potencialidad infinita. Ese campo cuántico más grande - el universo – es también nuestro cuerpo ampliado.

Como la conciencia humana es infinitamente flexible, tenemos la habilidad de poder cambiar concientemente el contenido de información que da origen a nuestro cuerpo físico.
Podemos cambiar concientemente el contenido de energía y de información de nuestro propio cuerpo a nivel cuántico y, por lo tanto, influir en el contenido de energía y de información de nuestro cuerpo ampliado -nuestro entorno, el mundo - y hacer que se manifieste lo que deseamos. Dicho de otra forma: materializar un deseo.

Para esto la conciencia posee dos cualidades: la atención y la intención.

La atención concentra energía, la focaliza, y la intención tiene el poder de transformar.
Si prestamos atención a algo le transferimos energía, ya que el pensamiento es una onda de energía y entonces el objeto de atención se manifestará con más fuerza en nuestra vida. Si dejamos de prestar atención, se marchitará, se desintegrará y desaparecerá.

Por otro lado, la intención estimula la transformación de la energía y de la información. La intención focaliza, potencia y organiza.

El acto de dirigir la intención sobre el objeto de la atención desencadenará una serie de sucesos en el espacio-tiempo que tarde o temprano materializaran lo deseado. Esto se debe a que, como vimos, todo esta interconectado y además la intención tiene un infinito poder organizador. El poder organizador significa la capacidad para organizar la información simultáneamente, o sea, una infinidad de sucesos espaciotemporales todos al mismo tiempo.

Si sembramos una intención en el suelo fértil de la potencialidad pura, del inconciente no manifestado, ponemos a trabajar para nosotros ese infinito poder organizador.

Este poder organizador es normal en la naturaleza, se expresa en cada hoja del árbol, en cada flor, en cada célula de nuestro cuerpo. Lo podemos ver en todo lo que vive.
En la naturaleza, todo está conectado y relacionado entre sí.

Lo asombroso de nuestro cerebro es que puede gobernar ese infinito poder organizador a través de la intención.

En el ser humano, la intención y la capacidad de transformación son ilimitadas, no están contenidas en una red rígida de energía e información. Poseen una flexibilidad infinita. Obviamente siguiendo las leyes del universo y de acuerdo a la propia naturaleza de cada ser.

La intención favorece el flujo natural y espontáneo de la pura potencialidad, que busca manifestarse, es decir, pasar del estado no manifestado (potencial) al estado real.

Cabe aclarar que estas cualidades de la conciencia, son de naturaleza benéfica y positiva. No pueden servir para dañar o ignorar a otro ser. Siempre hay que obrar en beneficio de la humanidad; de todas formas esto es algo que sucede espontáneamente cuando se está en la condición normal del cuerpo y el espíritu.

La intención es el verdadero poder detrás del deseo. La sola intención es muy poderosa, porque es deseo sin apego al resultado. El solo deseo es débil, porque en la mayoría de los casos es atención con apego y sin un verdadero propósito. Es apenas un débil estimulo incapaz de mover una partícula de polvo.

Sin embargo la conciencia es capaz de crear mundos.

Esto significa que podemos desear y obrar libremente, sin depender ni identificarnos con un resultado, con confianza en nuestra naturaleza y posibilidades, que son universales.

La intención se proyecta hacia el futuro, pero la atención está ubicada en el presente. Mientras la atención esté en el presente, la intención dirigida hacia el futuro se cumplirá porque el futuro se crea en el presente. El presente es la semilla del futuro. El futuro es el fruto del presente. Y este presente es la actualización de causas pasadas. Por eso con nuestros pensamientos y acciones, podemos influir en todas las direcciones del tiempo y del espacio.

Hay que saber aceptar, asumir el presente tal como es. De esta forma, con el deseo y la intención, podemos sembrar nuevas semillas, de cara al futuro. Instalar nuevos programas, un software útil y actualizado que nos permita realizar lo que queremos y vivir en plenitud. Sin arrepentimientos ni culpas, eliminando los programas parásitos y los softwares malintencionados.

El pasado, el presente y el futuro son propiedades de la conciencia.


El pasado es memoria; el futuro es posibilidad; el presente es atención.
El tiempo es el movimiento del pensamiento.
Tanto el pasado como el futuro nacen en la imaginación; solamente el presente, que es conciencia, es real y es eterno. Existimos en el presente.

Ahora y aquí encontramos el campo de infinitas posibilidades. El suelo fértil donde crecerá un futuro deseado.
Cuando la conciencia se libera de la carga del pasado, la acción en el presente se vuelve creativa y total, germen del futuro deseado,

La intención libre y desapegada, actúa como catalizador para la mezcla correcta de materia, energía y sucesos espacio-temporales para crear cualquier cosa que deseemos.

Si tenemos conciencia del momento presente, los obstáculos imaginarios – que representan la gran mayoría de los obstáculos percibidos - se desintegran y desaparecen. El resto de nuestras dificultades reales se transforman en oportunidades, gracias a otra de las cualidades de la conciencia: el foco.

La intención focalizada es la atención que no se aparta de su propósito. Lo que significa estar enfocados, o sea, manteniendo nuestra atención en el presente, con un propósito inflexible y eliminando cualquier obstáculo que consuma o disipe la concentración de nuestra atención y nos desvíe de nuestro propósito.
La atención y el propósito aportan serenidad y motivación. Y esta combinación se vuelve poderosa y muy eficaz.

Aprendamos a desear y a aprovechar el poder infinito de la intención, así podremos crear cualquier cosa que deseemos desde el fondo del corazón, para aumentar nuestro conocimiento y bienestar y el de los demás también.

5 comentarios:

jose angel dijo...

Hola Mariano,
tenia una idea cercana sobre el tema pero la manera simple y clara en que lo expones me ha ayudado a darle forma precisa en la mente.

en muchas enseñanzas de maestros espirituales le dicen constantemente a sus discipulos que no deseen, porque es la fuente del sufrimiento,
pero pareciera que es mas correcto decir: ten cuidado con lo que deseas.

esto es lo que concluyo de tu lectura, ¿me equivoco?

o sea, la mayoria deseamos mas riqueza, mas de todo, y en medio de la obsesion somos capaces de pasar por encima de los demas.

¿puedo desear lo mismo de diferente manera? ¿dirigir mi pensamiento a tener ciertas cosas materiales procurando no perjudicar a otros y sin que el deseo se vuelva un sufrimiento para mi?

¿puede ser?

-
Un saludo y mi agradecimiento.

mariano giacobone dijo...

Hola Jose Angel, en realidad no se trata de no desear. Si estás tranquilo y feliz, naturalmente no tenés muchos deseos, y deseas lo que necesitas para tus aspiraciones espirituales. Si necesitas dinero, está bien, Pero, para que lo querés? Si sabés para que lo necesitas, aparece. Lo importante no es conseguirlo sino com se gasta. De que sirve acumular o consumir, si es solo para engordar?.
Además hay muchos tipos de deseo, algunos personas tienen solo deseos egoistas y otros desean ayudar a los demás. El deseo de un ladrón no es el mismo que el de un Buda.
Lo importante es saber lo que uno quiere y necesita para estar en salud y felicidad, aprender y expandir su conciencia. Es un universo de abundancia, no hace falta pelearse ni robar. Solo hay que saber lo que uno quiere. Si no sabes, mejor no tener muchos deseos, porque vas a terminar siempre en el lugar equivocado. Y tambien creo que debemos contentarnos con lo que somos y tenemos.
Como el caracól, que vaya a donde vaya siempre está en su casa.
un abrazo

jose angel dijo...

Mariano:
he estado reflexionando mucho sobre este tema, quisiera compartir esto contigo y pedirte tu opinión


aqui en México hay muchos templos donde va la gente a pedir milagros, especialmente a la virgen de Guadalupe, yo no creo, pero pienso que tanta gente creyendo que ahi ocurren milagros han hecho que se vuelvan centros de energia y cuando oran pidiendo su milagro se 'conectan' con esa energia y se permiten a si mismos la posibilidad de su propio milagro, ¿tu que piensas?
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por otro lado, si el humano crea a partir de pensamientos, entonces ¿Dios nos piensa? ¿toda la creación es el producto de la mente de Dios (en su correcta proporción claro)?
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si comparo la mente con un pozo de petroleo que brota naturalmente de la tierra:

la mente desordenada es como el petroleo brotando constantemente y ensuciando todo a su alrededor,

entonces lo que la 'intención' significa para mi es como ponerle tubos y valvulas al supuesto pozo y usar ese petroleo para hacer cosas constructivas

aprender a dirigir una fuerza que de por si ya usamos ¿no?

...
este tema me parece de gran trascendencia y me parece que hay muchisimo mas para comentar al respecto, que bueno que lo abriste aqui.

gracias por tu tiempo

mariano giacobone dijo...

Es verdad Jose Angel, es un tema profundo, creo que la evolución del ser humano se hace en esa dirección. Todo es pensamiento. El pensamiento es actividad de la conciencia, y vivimos en un universo conciente. Por eso nuestros pensamientos nos conectan con todo. Nuestra conciencia no está separada de la conciencia universal, de hecho emerge de ese océano de potencialidad infinita y al mismo tiempo tiene características propias, individuales, por eso podemos aprender, madurar, evolucionar. Cada uno tiene el dios que busca. Pero creo que el ser humano maduro, va solo, y en comunión con todos los seres y cosas. Sin intermediarios ni culpas ni dogmas ni supersticiones. Entrena su pensamiento y su cuerpo para que la conciencia universal se manifieste a través de su vida. Es la manera que tiene el universo de poder verse a si mismo o, la manera en la que Dios puede conocerse. y también es la forma en que podemos trascender nuestros límites y expandir la conciencia.
Ya ves que una misma herramienta puede ser usada con diferentes finalidades.
Y como tu dices, el pensamiento debe ser encausado, sino es actividad desordenada, como un virus en el ordenador o un caballo salvaje que debe ser domado.
No nos educan para esto, sino evidentemente la sociedad sería distinta.
Cada uno debe aprender a conocerse, reeducarse, con paciencia y perseverancia, instalando buenos programas y eliminando los viejos e inútiles, y esta actitud libre y madura generará en los demás y en el entorno (y en uno mismo) una influencia positiva. Un verdadero renacer.
Es genial. Es nuestra herencia divina, hay que aprender a aprovecharla.
Un abrazo

jose angel dijo...

...gracias Mariano.