viernes, 15 de mayo de 2009

El sistema inmunitario (1ª parte)

El sistema inmunitario protege al organismo de una amplia variedad de agentes infecciosos (bacterias, hongos, parásitos y virus) que pueden ocasionar en el organismo que los recibe diferentes enfermedades. Para ello es capaz de reconocer a los componentes del agente patógeno e iniciar una serie de respuestas encaminadas a eliminarlo cuyas características fundamentales son:

-la especificidad
-la memoria


Hay dos tipos de respuesta inmunológica:
inmunidad humoral, cuando la respuesta inmunitaria está mediada por anticuerpos.
inmunidad celular, cuando está mediada por células.

(imagen de un linfocito)

Ambos tipos de respuesta pueden tener la característica de ser:

específicas a un determinado patógeno o por el contrario
producirse de un modo general e inespecífico.

Debido a que los patógenos abarcan desde virus hasta gusanos parásitos intestinales, esta tarea es extremadamente compleja y las amenazas deben ser detectadas con absoluta especificidad distinguiendo los patógenos de las células y tejidos normales del organismo. A ello hay que sumar la capacidad evolutiva de los patógenos que les permite crear formas de evitar la detección por el sistema inmunológico y provocar una infección.

Para protegerse, los organismos vivos han desarrollado varios mecanismos para reconocer y neutralizar patógenos. Incluso los microorganismos simples —como las bacterias— poseen un sistema de enzimas que las protegen contra infecciones virales. Otros mecanismos inmunológicos básicos se desarrollaron en las antiguas células eucariotas y permanecen hoy en sus descendientes modernos: plantas, peces, reptiles e insectos. Estos mecanismos incluyen péptidos antimicrobianos llamados defensinas, el proceso de fagocitosis y el sistema del complemento.

Sin embargo, los mecanismos más sofisticados se desarrollaron más recientemente de forma conjunta con la aparición de los vertebrados .

El sistema inmunitario de los vertebrados —como el de los seres humanos— comprende varios tipos de proteínas, células, órganos y tejidos, que interactúan en una red elaborada y dinámica.

Esta respuesta inmune más compleja que se manifiesta en los vertebrados incluye la capacidad de adaptarse para así reconocer patógenos concretos en forma más eficiente.
El proceso de adaptación crea memorias inmunológicas y permite brindar una protección más efectiva durante futuros encuentros con estos patógenos.

Este proceso de inmunidad adquirida es la base de la vacunación.

Pero, atención, porque precisamente la vacuna siempre es específica para un determinado tipo de agente infeccioso. No hay vacunas “generales” o por las dudas, aunque hoy en día el negocio de los medicamentos ponga a disposición del consumidor una amplia variedad de “vacunas salvadoras” y otros “antivirales”. De hecho, las ganancias de Roche con su antiviral Tamiflu para la gripe se han incrementado exponencialmente, debido a la información tendenciosa y al miedo e ignorancia de muchos, y resulta que hay mas muertos por Chagas o por Dengue en nuestro país que muertos de gripe porcina en todo el mundo.

La vacunación pone en marcha el complejo mecanismo inmunológico en el cuerpo, y como se ve, la respuesta inmunitaria depende de muchos factores como la alimentación, los hábitos, el estado de salud psicofísica, contaminantes, exceso de medicación, etc.

Actualmente ha aumentado el número de vacunas y sustancias que protegen contra una variedad cada vez más grande de posibles infecciones, sin embargo, la inmunidad general de la población no ha mejorado. Es decir, mejoró el armamento, pero la capacidad para prevenir y no llegar a la guerra (o a la enfermedad), no.
La particularidad del virus Influenza A es que además de existir varias cepas identificadas, muta con suma facilidad, por lo tanto la vacunación (que es específica) ya puede no ser eficaz. Como tratar de abrir con la misma llave dos cerraduras distintas.

He aquí una presentación resumida del actualmente famoso virus.

El virus de la influenza es un virus ARN de una sola hebra, es miembro de la familia de los Orthomyxovirus. Hay 3 tipos antigénicos básicos: A, B y C, que son determinados por el material nuclear.
El virus de la influenza tipo A tiene subtipos determinados por los antígenos de superficie hemaglutinina (H) y neuraminidasa (N). Por ej.: AH1N1, AH3N2, etc.
El virus de la influenza A causa enfermedad moderada a grave. Infecta a animales (aves, cerdos) y humanos, afectando a todos los grupos de edad. El virus de influenza B afecta sólo a humanos, causa enfermedad más leve que el tipo A. El virus de influenza C no se ha asociado a epidemias, rara vez causa enfermedad en humanos.

Desde 1510 se han reportado epidemias. Se calcula que en la pandemia de 1918-1919 se produjeron 2 millones de muertes en todo el mundo a causa del virus Influenza A. O sea que no es un problema nuevo. Lo que generalmente no se aclara es que las muertes se dan en personas con un estado de salud malo, o con enfermedades concomitantes graves (cardiopatías, neumopatías, etc.), o en algunos niños o ancianos con el sistema inmunitario debilitado.

Los desórdenes en el sistema inmunitario pueden causar enfermedades.
Las enfermedades relacionadas con la inmunodeficiencia ocurren cuando el sistema inmunitario es menos activo de lo normal, dando lugar a infecciones que pueden poner en peligro la vida.

La inmunodeficiencia puede ser el resultado de el distrés crónico, de una enfermedad genética, como la "inmunodeficiencia severa combinada", o ser producida por fármacos o una infección, como el síndrome de inmunodeficiencia adquirida (sida), causado por el virus de inmunodeficiencia humana (VIH). Aunque en realidad, esto está en tela de juicio, ya que muchas personas, aparentemente infectadas y detectadas con el análisis de laboratorio (seropositivos), presentan una reacción que es inespecífica, ya que el contacto con otros virus, como el la gripe u otros, puede falsear el resultado y luego este es identificado erróneamente como HIV, pero lo cierto es que un virus no se puede cultivar y los medios para observarlo directamente son muy costosos.
Posteriormente, la creencia absoluta del paciente en este resultado y su mal estado de salud pueden desaencadenar la enfermedad, que dicho sea de paso, es inespecífica, nadie se muere de SIDA sino de sus complicaciones: infecciones respiratorias, septisemia, falla renal, mal estado general, etc.

En contraposición, las enfermedades autoinmunes son producidas por un sistema inmunitario hiperactivo que ataca tejidos normales como si fueran organismos extraños. Las enfermedades autoinmunes incluyen artritis reumatoide, esclerosis múltiple, diabetes mellitus tipo 1 y Lupus eritematoso entre otras.

Como veremos más adelante, este concepto de autoagresión por parte del organismo, es parte de un viejo paradigma de la ciencia, al desconocer la verdadera causa de la afección. Pero ningún organismo en la naturaleza actúa contra si mismo.

El sistema inmunitario, protege al organismo de infecciones mediante una estrategia de capas o barreras de defensa sucesivas, cada una más específica que la anterior.

El primer nivel lo forman las barreras físicas y energéticas que evitan que los agentes patógenos como las bacterias y los virus penetren en el organismo.
Si un agente patógeno traspasa estas primeras barreras, el sistema inmunitario innato (el predeterminado o congénito) provee una respuesta inmediata, pero no específica.

Los sistemas inmunitarios innatos se encuentran en todas las plantas y animales.

Sin embargo, si los agentes patógenos evaden esta segunda línea defensiva, los vertebrados poseen una tercera capa de protección, que es el sistema inmunitario adaptativo.

Aquí el sistema inmunitario adapta su respuesta durante la infección para mejorar el reconocimiento del agente patógeno.
La información sobre esta respuesta mejorada se conserva aún después de que el agente patógeno es eliminado, bajo la forma de memoria inmunológica, y permite que el sistema adaptativo desencadene ataques más rápidos y más fuertes si en el futuro el sistema inmunitario detecta este tipo de patógeno.

Tanto la inmunidad innata como la adaptativa dependen de la habilidad del sistema inmunitario para distinguir entre las moléculas propias y las que no lo son.

En inmunología, las moléculas propias son aquellos componentes de un organismo que el sistema inmunitario distingue de las substancias extrañas.

Por el contrario, las moléculas que no son parte del organismo, son reconocidas como moléculas extrañas. Un tipo de moléculas extrañas son los llamados antígenos (que significa "generadores de anticuerpos”), son substancias que se enlazan a receptores inmunes específicos y desencadenan una respuesta inmune (anticuerpos o inmunoglobulinas).


Barreras superficiales
Son defensas que en ocasiones resultan de procesos generales del organismo pero que tienen una importancia capital para el organismo pues eliminan una gran cantidad de infecciones contribuyendo de esta manera a aligerar la carga de las defensas adquiridas.

Existe un gran número de tipos de barreras que protegen de infecciones de patógenos, incluyendo barreras mecánicas, químicas y biológicas. La cutícula cerosa de una hoja, el exoesqueleto de un insecto, la cáscara de un huevo, y la piel son ejemplos de barreras mecánicas que forman la primera línea de defensa contra infecciones .

Sin embargo, como los organismos no están completamente sellados frente al medio externo, otros sistemas actúan para proteger las aberturas del cuerpo como los pulmones, el intestino y el tracto genitourinario. En los pulmones, la tos y los estornudos expulsan mecánicamente a los elementos patógenos y otros organismos del tracto respiratorio.
El flujo de las lágrimas y la orina, realiza también una acción de limpieza al producir el arrastre mecánico de elementos patógenos, mientras que la mucosidad secretada por el sistema respiratorio y el tracto gastrointestinal sirve para atrapar microorganismos.

Las barreras químicas también protegen contra infecciones. La piel y el tracto respiratorio secretan péptidos antimicrobianos tales como las defensinas-β. Enzimas tales como la lisozima y la fosfolipasa A en la saliva, las lágrimas y la leche materna también son agentes antibacterianos. Las secreciones de la vagina sirven como barreras químicas en la menarquia, cuando se vuelven ligeramente ácidas, mientras que el semen contiene defensinas y zinc para matar patógenos.

En el estómago, el ácido gástrico y las peptidasas actúan como poderosas defensas químicas frente a patógenos ingeridos.

Dentro de los tractos genitourinario y gastrointestinal, la microbiota comensal sirve como barrera biológica porque compite con las bacterias patógenas por alimento y espacio, y en algunos casos modificando las condiciones del medio, como el pH o el contenido de hierro disponible. Esto reduce la probabilidad de que la población de patógenos alcance el número suficiente de individuos como para causar enfermedades. Sin embargo, dado que la mayoría de los antibióticos no discriminan entre bacterias patógenas y la flora normal, los antibióticos orales pueden a veces producir un crecimiento excesivo de hongos (los hongos no son afectados por la mayoría de los antibióticos) y originar procesos como la candidiasis vaginal (provocada por una levadura).
La reintroducción de flora probiótica, como el lactobacillus, encontrado en el yogur, ayuda a restaurar un equilibrio saludable de las poblaciones microbianas en casos de infecciones intestinales.

continúa....

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