lunes, 3 de noviembre de 2008

Tres cerebros en uno


Fundido en una sola estructura, nuestro sistema nervioso central alberga tres cerebros. Por orden de aparición en la historia evolutiva, esos cerebros son: primero el primitivo o paleoencéfalo (reptiles), a continuación el límbico o cerebro medio (mamíferos primitivos) y por último el neocórtex o telencéfalo (mamíferos evolucionados y seres humanos).

Paleoencéfalo
La parte más antigua de nuestro cerebro es el llamado cerebro primitivo, reptiliano o paleoencéfalo. Esta parte del cerebro corresponde sobretodo a estructuras del tronco cerebral (protuberancia y bulbo) y el sistema reticular.
Alojado en el tronco cerebral, es la parte más antigua del cerebro y se desarrolló hace unos 500 millones de años. Se encuentra presente primordialmente en los reptiles. Los reptiles son las especies animales con el menor desarrollo del cerebro. El suyo, está diseñado para manejar la supervivencia desde un sistema binario: huir o pelear, con muy poco o ningún proceso sentimental. Este cerebro tiene un papel muy importante en el control de la vida instintiva. Se encarga de autorregular el organismo. En consecuencia, este cerebro no está en capacidad de pensar, ni de sentir, su función es la de actuar, cuando el estado del organismo así lo demanda.
El complejo reptiliano, en los seres humanos, incluye conductas que se asemejan a los rituales animales como el anidarse o aparearse. La conducta animal e instintiva está en gran medida controlada por esta área del cerebro. Se trata de un tipo de conducta instintiva programada y poderosa y, por lo tanto, es muy resistente al cambio. Es el impulso por la supervivencia: comer, beber, temperatura corporal, sexo, territorialidad, necesidad de cobijo, de protección. Es un cerebro funcional, territorial, responsable de conservar la vida sin considerar otra cosa.
Nos sitúa en el puro presente, sin pasado y por tanto es incapaz de aprender o anticipar. No piensa ni siente emociones, es pura impulsividad.
En el cerebro reptiliano se procesan las experiencias primarias, no verbales, de aceptación o rechazo. Aquí se organizan y procesan las funciones que tienen que ver con el hacer y el actuar, lo cual incluye las rutinas, los hábitos, la territorialidad, el espacio vital, condicionamiento, adicciones, rituales, ritmos, imitaciones, inhibiciones y seguridad. Es el responsable de la conducta automática o programada, tales como las que se refieren a la preservación de la especie y a los cambios fisiológicos necesarios para la supervivencia. En síntesis: este cerebro se caracteriza por la acción,
El Sistema Básico o reptiliano controla la respiración, el ritmo cardíaco, la presión sanguínea e incluso colabora en la continua expansión-contracción de nuestros músculos, Este primer cerebro es sobre todo como un guardián de la vida, pues en él están los mayores sentidos de supervivencia y lucha y además por su interrelación con los poros de la piel, que funcionan como un sistema de intercambio con el mundo externo, este primer cerebro es un “avisador” de peligros para el cuerpo en general.
Permite con rapidez la adaptación por medio de respuestas elementales poco complicadas emocional o intelectualmente. Esta conducta no está primariamente basada en consideraciones basadas en las experiencias previas ni en los efectos a medio o largo plazo. Las conductas de las personas calificadas como de psicópatas (carecen de sentimientos de culpa) y de paranoicos se ajustan a este patrón de conducta. En la psicopatía se juega el papel de depredador y en la paranoia el de presa.
Es en este primer cerebro donde las adicciones son muy poderosas, tanto a algo como a alguien o a una forma de actuar.
Este primer cerebro es una herencia de los períodos de la historia donde sobrevivir era lo único.
El paleoencéfalo o cerebro reptil sustenta una parte de la mente inconsciente, donde se graba, se aloja y se desarrolla el trauma psicológico, aquello que determina la mayoría de miedos y fobias que conforman la mente reactiva, la cual, en algunas ocasiones, lleva al ser humano a comportarse como un animal salvaje.
Este primer cerebro, es el que permite el movimiento de actuar y hacer.
Su carácter más específico desde el punto de vista temporal es su adecuación al presente.
Se relaciona con el instinto.

Cerebro medio o límbico
Este cerebro se empieza a desarrollar incipientemente en las aves y totalmente en los mamíferos. El mesoencéfalo o cerebro mamífero, dotado de un sistema límbico, físicamente ubicado encima del reptil, permite al mamífero una capacidad emocional que opera, fundamentalmente, desde la estructura conocida como la amígdala cerebral que forma parte del sistema límbico, y es ello lo que les permite establecer relaciones grupales más complejas que los reptiles y relacionarse con el entorno de otra manera.
El Sistema Límbico está asociado a la capacidad de sentir y desear, a la memoria y al aprendizaje. Está constituido por seis estructuras: el tálamo (placer-dolor, filtro de estímulos), la amígdala cerebral (reacciones emocionales, memoria), el hipotálamo (liberación de hormonas, hambre, temperatura, relacionado con el sistema neurovegetativo), los bulbos olfatorios, la región septal (sexualidad) y el hipocampo (memoria y orientación espacial). Esta zona está vinculada anatómica y funcionalmente con las glándulas hipófisis y pineal. En este sistema se dan procesos emocionales y estados de calidez, amor, gozo, depresión, odio, miedo, etc., y procesos que tienen que ver con nuestras motivaciones básicas. Además es el sitio de control de la homeostasis (que son los procesos que mantienen el equilibrio dinámico del medio interno).
Esta parte es capaz de poner el pasado en el presente (presente + pasado) y por tanto se produce aprendizaje y se activa cuando nos emocionamos. Facilita la calidad de vida que da la calidez en las relaciones humanas. Es razonable pensar que el desarrollo de la memoria se asocia a momentos emocionalmente intensos, como la muerte de los seres queridos. La aparición de enterramientos en nuestros ancestros implica una consideración por el pasado. Muestra una capacidad de trascender el presente dando respeto al difunto.
Proporciona el afecto que los mamíferos necesitan para sobrevivir, por tanto se introducen los sentimientos: Dar o recibir afecto, atención, consideración, cuidado del grupo, compasión, ternura, empatía.
En este segundo cerebro existe la capacidad de sentir, pues de los tres es el que más se deja afectar por los demás y por el entorno, por ello quienes más tienen este segundo cerebro enfermo son todas aquellas personas incapaces de dejarse afectar por el entorno, así como también quienes se afectan demasiado. La realidad que percibimos a través de la nariz, la boca y los genitales se relaciona estrechamente con este segundo cerebro.
Su función principal es la de controlar el sistema neurovegetativo y la vida emotiva, lo cual incluye los sentimientos, la regulación endocrina, los procesos cognitivos, el dolor y el placer. Puede ser considerado como el, cerebro afectivo, el que energiza la conducta -motivación- para el logro de las metas.
El mal funcionamiento de dicho sistema conduce a estados agresivos y neuróticos, depresiones severas, apatía, pérdida de la memoria, dificultad para el aprendizaje, muchas veces acompañados de trastornos neurovegetativos (relacionados con el sueño, la digestión, circulación sanguínea, sexualidad, etc.)
Este segundo cerebro, es el que permite sentir.
Su carácter más específico desde el punto de vista temporal es la capacidad de poner el pasado en el presente (aprendizaje, memoria)
Esta en relación con el sentimiento.

Neocórtex
Los mamíferos modernos, los primates, y algunos cetáceos tienen un cerebro mucho más desarrollado que los mamíferos primitivos, por lo cual, además de los sentimientos, manejan un proceso de mayor entendimiento, que está directamente relacionado con el desarrollo de la corteza cerebral (telencéfalo o neocórtex), donde se encuentra uno de los mayores desarrollos del cerebro dentro de la escala animal. La ciencia ha demostrado la relación directa entre el desarrollo de la corteza cerebral y el desarrollo social. Hay en los primates una correspondencia directa entre los dos aspectos, de manera tal que a mayor desarrollo de la corteza cerebral en las especies de primates, mayor desarrollo social: sociedades más complejas y organizadas.
Los Humanos poseen un cerebro mucho más especializado que los primates, por lo cual, además de sentimientos, manejan un proceso racional de entendimiento y de ANÁLISIS, ampliamente superior al de todos los demás mamíferos, directamente relacionado con las partes más especializadas del telencéfalo (neocórtex), específicamente su región frontal (lóbulo frontal), que les permite adquirir conocimientos, desarrollar sociedades, culturas, tecnologías y lo más importante: comprender las leyes que rigen el universo.
La corteza cerebral o neocórtex es el lugar donde se realizan los procesos intelectuales superiores. Está estructurado en dos hemisferios.
El hemisferio izquierdo está asociado a procesos de razonamiento lógico, funciones de análisis y descomposición de un todo en sus partes. Percibe la individualidad. El hemisferio derecho, en el cual se dan procesos asociativos, imaginativos y creativos, se asocia con la posibilidad de ver globalidades y establecer relaciones espaciales. Percibe la totalidad.
El neocórtex se convierte en el foco principal de atención en las lecciones que requieren generación o resolución de problemas, análisis y síntesis de información, del uso del razonamiento analógico y del pensamiento crítico y creativo.
El neocórtex representa la adquisición de conciencia y se desarrolló a través del pensamiento abstracto, la imaginación y por la práctica del lenguaje. Las tareas no sensoriales se realizan en los lóbulos frontales (que son áreas encargadas de la planificación y la personalidad). La aparición de los calendarios implica que los seres humanos comenzaron a desarrollar progresivamente la capacidad de anticipar, planificar y visualizar, de poner el futuro posible en el presente.
Mientras que los animales, sobre todo los mamíferos son capaces de desarrollar emociones y aprender, la capacidad de poner el futuro en el presente (presente + futuro) de formas muy elaboradas resulta específicamente humana.
Este tercer cerebro, es el que permite el razonamiento.
Su carácter más específico desde el punto de vista temporal es la capacidad de anticipar, de poner el futuro posible en el presente.
Su mal funcionamiento está en relación con la preocupación y el estrés.

La naturaleza no deshecha nada, así que guardamos estructuras e información que no se han modificado en millones de años, simplemente la evolución mejora el funcionamiento y aumenta las posibilidades. En las conductas de los seres humanos podemos ver comportamientos atribuibles a los 3 cerebros.
Cuando todas estas partes funcionan normalmente, en armonía, es decir, si el cerebro se encuentra integrado en todos sus niveles, se optimiza y potencia su funcionamiento, mejorando la salud, expandiendo la conciencia, aumentando la capacidad de adaptación y de aprendizaje.
Una buena manera de integrarlos es estimular el aprendizaje intelectual mediante el estudio, la meditación, la creatividad y las formas de expresión artística, como la música. La práctica regular de disciplinas como zazen, taichi, chi kung o yoga contribuye mediante la unidad mente-cuerpo y una respiración correcta a unificar el pensamiento y a equilibrar el funcionamiento cerebral en todos sus niveles.

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