viernes, 17 de mayo de 2013

¿Por qué enfermamos?


Primeramente debemos comprender que es la salud.
Se puede decir que la salud es el estado de bienestar de una persona, en la que todos sus niveles se encuentran en armonía: espíritu, emociones y cuerpo físico, la sangre y la energía fluyendo en forma libre y abundante y la mente calma.
O sea, es  la condición normal de todo ser vivo.

La enfermedad representa una alteración de esta normalidad, lo que conduce también a una pérdida del equilibrio del organismo, de sus medios de regulación y también con su entorno.




En este punto hay que aclarar que lo que conocemos como enfermedad no es tal. Es más conveniente hablar de “modelos de desequilibrio”, donde cada persona presenta una particularidad, que es la de su organismo reaccionando y adaptándose a condiciones cambiantes de su medio externo o interno. Más adelante veremos esto en detalle.

“No hay enfermedades sino enfermos”. Hipócrates

Ante cualquier duda “no” consulte a su médico

El concepto de un “enemigo” que pone en peligro nuestra vida proviene de nuestra herencia cultural, originada hace siglos, donde la enfermedad era atribuida al demonio y al haber “perdido” la gracia de Dios, entonces se curaba con pócimas, exorcismos, sangrados, supersticiones y algunos terminaban en la hoguera.


Luego, con el advenimiento del microscopio, ya el enemigo tomo forma de microbio y la tecnología fue reemplazando a la religión. Comenzó la era de las disecciones, las vacunas y otros métodos novedosos para erradicar cualquier agente maligno e indeseable. El conocimiento de la anatomía aumentó. La cirugía se fue perfeccionando durante las guerras (reparaciones, amputaciones, etc…) y las autopsias.


Esa misma mentalidad acompaña a muchos cirujanos hoy en día.
El cáncer comenzó a fagocitar a la sociedad.
Las enfermedades como el SIDA, esclerosis múltiple, diabetes, Alzheimer, trastornos de la personalidad, etc, pasaron a ser maldiciones de la sociedad moderna. Y para cada una de ellas, pese a los supuestos avances científicos, solo hay paliativos químicos, tóxicos o quirúrgicos, que en realidad tienen tantos efectos adversos que empeoran cada vez más el estado psicofísico y la calidad de vida de la mayoría de la población.


En la actualidad la industria Farmacéutica tomó el control de la situación. Ya no importa comprender la causa, solo el síntoma cuenta (y obviamente, vender medicamentos y tratamientos).
La medicina se volvió sintomática y los médicos simples administradores de medicamentos, o sea, en su mayor parte: empleados de los laboratorios y de las grandes empresas farmacéuticas. 
Los antibióticos, analgésicos y tranquilizantes pasaron a formar parte del arsenal médico y de la vida cotidiana de las personas. 
Las vacunas se convirtieron en las “protectoras” de la especie humana.
Y así de a poco se ha ido perdiendo el “arte” de curar y la noción de medicina preventiva, es decir, el fomento de la salud y la vitalidad para no enfermar.

Los métodos de diagnóstico se han ido incrementando exponencialmente y como consecuencia los médicos fueron perdiendo capacidad para diagnosticar y saber en profundidad que es lo que le pasa al paciente. El "ojo" clínico ya es casi una antigüedad.
O quizás es al revés, y hay tantos exámenes "complementarios" porque los médicos son incapaces o tiene miedo de diagnosticar con certeza.
Como sea, en la actualidad, el médico dispone por una parte, de técnicos que le dicen que tiene su paciente (en base a datos de laboratorio o imágenes) y por la otra, de laboratorios farmacéuticos que le indican que debe tomar el paciente.




Tampoco es culpa del profesional. Las universidades entrenan médicos para que sirvan al sistema de salud, un sistema regido por intereses egoístas e ignorancia.
Lo que si es responsabilidad del médico, es abrir su mente a nuevas ideas, nuevos conocimientos. Abrir su corazón al sufrimiento de los demás y mejorar sus capacidades para entender lo que sucede en el cuerpo y en la mente. Y no solo lucrar con la enfermedad y con el miedo de los demás.

Muchos no son conscientes del poder de la palabra y con un diagnóstico (generalmente erróneo), con un pronóstico (también erróneo) y con un tratamiento agresivo o invasivo (y erróneo) terminan enfermando aún más a las personas, sin respetar la capacidad curativa del organismo. En muchos casos, además, finaliza con el abandono o la muerte del paciente.

El cáncer es un ejemplo de esto, pero también hay otros, como las llamadas "enfermedades autoinmunes", o la diabetes, que son etiquetadas de incurables y por lo tanto el paciente ya tiene su sentencia y su tratamiento de por vida.

Incluso el embarazo y el parto se han convertido en un acto (y una especialidad) de la medicina, y en muchos casos algo que es normal y natural en los seres humanos, desde hace miles de generaciones, se convierte en una enfermedad o en un embarazo de "riesgo", y si bien es verdad que hay ocasiones en las que la intervención del médico es necesaria, muchísimas otras se complica por la intervención de este.
Por otra parte las mujeres son las únicas hembras en la naturaleza que tienen sus crías en posición acostada y en un ambiente ajeno. Y esto es únicamente para comodidad del profesional. Esta claro que esta posición antinatural, lejos de ayudar a la madre, favorece la aparición de complicaciones y la innecesariamente alta tasa de cesáreas. 
Otro "logro" de la medicina.




Esta manera errónea de pensar, es “vieja” y dogmática. Es un paradigma que afortunadamente va cambiando, aunque muy lentamente. Pero las nuevas generaciones comienzan a pensar e intuir de otra forma, más amplia, más inteligente, más compasiva y por supuesto más natural.

"Los cambios de paradigma en la Ciencia se dan, no porque los que detentan un modelo cambien de opinión o se convenzan de una nueva idea, si no porque gradualmente estos van muriendo y las nuevas generaciones acogen esta nueva forma de pensar y tienen confianza en ella". Max Planck

Está claro que ante una emergencia, un accidente o una eventualidad donde se impone la presencia del médico, no hay que dudar ni perder el tiempo o improvisar. De lo que estamos hablando es de la mayoría de los trastornos o desequilibrios que padecemos comúnmente en la vida cotidiana.

Ese mito llamado enfermedad

Veamos con más detalles eso que llamamos “enfermedad”.
Nuestro cuerpo posee un sistema de defensa o protección organizado en varios niveles, desde campos sutiles de energía e información hasta complejos y sofisticados mecanismos inmunológicos mediados por células, anticuerpos, proteínas y otras sustancias. Estos mecanismos de regulación son muy eficaces y permiten al organismo adaptarse a los cambios y protegerse de cualquier "patógeno". Cuando por alguna de las causas citadas a continuación se pierde el equilibrio, el organismo reacciona de acuerdo a la naturaleza del fenómeno.

En el ser humano hay tres tipos de factores que causan enfermedades, o más bien desequilibrios, estos son:
-Factores internos
-Factores externos
-Forma de vida y hábitos

Existen otro tipo de eventualidades que pueden alterar la salud como son los accidentes, las intoxicaciones o las picaduras o mordeduras de animales (inoculación de venenos o tóxicos).

Los factores internos son principalmente las emociones como la ira, la tristeza, la preocupación, el miedo o la manía. Hay excesos como el pánico o la depresión que dependen también del estado energético de la persona. 
También se incluye la actividad mental del individuo. Por supuesto estas son condiciones que deben prolongarse en el tiempo para afectar la salud, o quizás un shock emocional fuerte: pérdida de un ser querido, del trabajo, un diagnóstico médico fatal, mal ambiente laboral o de estudio, etc.
La mente y las emociones impactan directamente en el cuerpo físico y también son un reflejo del estado de este.

Los factores externos, son los agentes climáticos que en exceso invaden el cuerpo, como el frío, la humedad, el viento, la sequedad o el calor.
También la exposición constante a radiaciones electromagnéticas anómalas y perjudiciales: teléfonos celulares y otros dispositivos, WiFi, etc.

La forma de vida se refiere al estrés laboral, la vida nocturna, el sedentarismo y la falta de ejercicios, la manera de alimentarse y de respirar.
Los hábitos perjudiciales son todas las adicciones físicas, químicas y emocionales: tabaco, drogas, alcohol (en exceso), estimulantes, medicamentos y relaciones tóxicas (pareja, familia).

Cuando el organismo se expone a cualquiera de estos factores o condiciones adversas, reacciona. El encargado de gestionar esta respuesta es el sistema nervioso autónomo o neurovegetativo, que está dividido en dos ramas, de naturaleza opuesta: la rama simpática, encargada de la acción y la rama parasimpática, encargada de la reacción.

Las dos fases

La fase activa

La rama simpática utiliza a la adrenalina y otros mediadores químicos para generar efectos orgánicos que ayuden al cuerpo a adaptarse a la situación: lucha o huída. Estos efectos son: taquicardia, broncodilatación, excitación psíquica, midriasis, disminución de la sensibilidad al dolor, cierre de esfínteres y disminución de la actividad visceral, aumento de la irrigación muscular y la actividad de las suprarrenales. Favorece la actividad física y la vigilia.

La fase reactiva

Pasada la fase de agresión, el cuerpo reacciona mediante la otra rama del sistema autónomo: la rama parasimpática, que es la que se encarga de mantener al organismo en situaciones normales y se ocupa de los procesos de regeneración, nutrición y reproducción. Utiliza la acetilcolina como mediador químico. Promueve la digestión y la secreción de enzimas y hormonas, disminuye la actividad del corazón y del aparato respiratorio, provoca miosis, incrementa la actividad de los riñones y disminuye la de las glándulas suprarrenales. Favorece la reparación y el sueño. Es por esto que luego de comer bien, nos da ganas de echar una “siestita”.

La mayoría de los signos y síntomas aparecen en la etapa de regeneración, que tiene una fase exudativa, donde pueden aparecer tumores, quistes, acumulaciones de tejido (hiperplasias e hipertrofias), fenómenos de cicatrización y reparación. 
En este período puede haber un incremento de la actividad de ciertas gérmenes (bacterias y hongos) cuyo rol no es comprendido por la medicina moderna y se lo considera como infecciones que hay que erradicar, pero en realidad esta hiperactividad es reactiva y pasajera y su papel sería mas bien el de limpieza y fagocitosis del tejido que no sirve. 
Es evidente que el cuerpo tiene sus propios mecanismos de adaptación, producto de su evolución a lo largo de millones de años.

Es en esta fase donde ocurren diversos fenómenos como el dolor, inflamaciones, reacciones “alérgicas”, fatiga, hinchazones e incluso disfunciones en ciertos órganos (ya que la energía se está utilizando con fines de reparación). Puede haber fenómenos como vómitos, diarrea, tos con expectoraciones, fiebre, etc., que muchas veces son mal interpretados y tratados como enfermedades, cuando en realidad son mecanismos de depuración del cuerpo.
Aquí es cuando la mayoría de las personas acuden al médico y este, en general, solo toma en cuenta lo que ve (o lo que le dicen que hay) y en base a este juicio parcial, trata de meter estos síntomas en un cuadro etiquetado como enfermedad con nombre y apellido.
Un protocolo basado en el miedo y el desconocimiento.

Luego solo falta el acuerdo y la creencia del paciente, y el trabajo está hecho. Ya eres el flamante poseedor de una enfermedad que debe ser tratada según las normas establecidas, o sea, ataque al enemigo!! Por favor,sáqueme esta enfermedad!!! Lo más rápido posible porque debo seguir trabajando y además no quiero sufrir!!
Y el proceso natural que estaba realizando tu cuerpo para adaptarse y curarse, según su diseño y la información ancestral contenida en sus células, se va al tacho, y en muchos casos se vuelve crónico…genial, gracias Doc!

Y hay otro punto fundamental, nuestro cuerpo es inteligente, dotado de conciencia y memoria, conectado con la fuente universal de energía e información, sabe y aprende como sanar y adaptarse a los cambios. A veces estos pueden ser drásticos o fuertes y no le dan tiempo o exceden su capacidad, o tal vez la reacción es exagerada, y es aquí donde entra en juego la verdadera medicina, que debe armonizarse con los procesos naturales, no es necesario acudir a métodos agresivos o tóxicos, porque estos tarde o temprano, deterioran la vitalidad y la capacidad curativa y como consecuencia la calidad de vida.

Aprender de la naturaleza es fundamental, porque nosotros somos ella misma.

Opta siempre por formas de sanación naturales y tradicionales.
Mantén tu mente calma, Cultiva la alegría y el amor incondicional.
La confianza en si mismo es la base. No hay que tener miedo.

DI NO A LA VACUNACIÓN.



Cuida tu mente y tu cuerpo, con buena información, ejercicios y alimentación natural.
Practica meditación.




Y entonces no tendrás necesidad de visitar al médico ni vestirte de enfermo ni de víctima y tu vida ganará en calidad y felicidad.


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