domingo, 5 de mayo de 2013

Nada personal


Tomarse las cosas personalmente es la puerta de entrada para conflictos y equivocaciones y la base sobre la cual hacemos siempre suposiciones acerca de los demás.
Según la Academia, personal significa referente a la persona, a su vez, persona proviene del latín: persōna: máscara de actor, personaje teatral.

Ese conjunto de rasgos y características individuales que forman la personalidad, no son otra cosa que un personaje. Nuestro personaje en el sueño de la vida.

Cualquier cosa que te digan o que te ocurra, no te lo tomes personalmente. Por ejemplo, si alguien te insulta o te menosprecia, si lo tomas en forma personal, te identificas con lo que te dicen y quizás te lo creas y en ese momento el virus entra en tu sistema.
Si te identificas con algo te vuelves eso mismo. Terminas creyendo que eres el personaje.

Debes considerar que aquel que te agravia con la palabra o que te miente se lo está haciendo a si mismo. Esto no es pura teoría. La realidad que creamos es una proyección de nuestra conciencia. Lo que vemos, lo que escuchamos, lo que decimos, lo que sentimos y lo que hacemos, son reflejos de nuestro estado de espíritu.

Si le mientes al otro, te estás mintiendo a ti mismo.
Si insultas al otro, te estás insultando a ti mismo.
Si agredís al otro, te agredís a ti mismo.

Solo cuando consideras que vives en un universo de partes separadas te permites decir o hacer cualquier cosa.

Así que cuando creemos lo que nos dicen, inmediatamente quedamos atrapados en el sueño del otro. El motivo por el cual quedas atrapado es por la “importancia personal”. 

La importancia personal es tomarse las cosas personalmente, es la expresión máxima del egoísmo, porque consideramos que todo gira a nuestro alrededor y también es una manifestación de nuestra ignorancia ya que tomamos como real algo que no lo es (nuestro ego o personaje, por ejemplo).
Esto evidentemente nos lleva a posiciones de defensa y ataque para salvaguardar nuestra integridad personal, o lo que conocemos como personalidad y esto refuerza aún más la separación y el individualismo y mantiene el estado de ilusión.
Creemos que ese sueño somos en verdad nosotros.

Cuando te tomas las cosas personalmente y te identificas con las malas opiniones o las críticas del otro, de hecho te comes toda su basura emocional y la conviertes en tu propia basura. Pero si aprendes a pasar de eso, serás inmune a cualquier veneno que te envíen, aunque te encuentres en medio del infierno. Esa inmunidad es un don, que además actúa como un espejo que ayuda al otro a verse a si mismo, a reconocer su personaje y a confrontarse a sus propios errores.

Desde niños aprendemos a tomarnos las cosas personalmente. Es parte del proceso de domesticación. Somos entrenados para considerar en serio cosas que no lo son y dejar de lado lo que es verdaderamente serio (y real).
Nos ocupamos de las ramas y descuidamos la raíz.
En otras palabras, cultivamos el personaje y olvidamos nuestra verdadero ser.

De esta forma se va formando nuestra personalidad reactiva y en consecuencia reaccionamos ante cualquier ofensa y ante cualquier halago, y cada vez que lo hacemos nos alejamos de nuestra esencia y fragmentamos aún más nuestro ser.
Esto nos deja vulnerables e inestables porque perdemos nuestra raíz.

Podemos escuchar las opiniones de los demás libremente, considerando que son solo puntos de vista y que cada uno ocupa un lugar diferente y ve las cosas desde su perspectiva, nada más. Es pura relatividad.
Lo que pasa es que como todos nos movemos más o menos a la misma velocidad, pensamos que los demás ven necesariamente lo mismo. Esta ilusión de los sentidos conduce a peleas y sufrimientos.


La causa de porque hay guerras, disputas y separaciones es debido a las opiniones personales. Tendemos a creer que nuestras opiniones reflejan la verdad. He aquí otra ilusión.

Pero dos personas pueden tener razón o estar equivocadas al mismo tiempo.

Cada uno vive su propio sueño. El problema es que nunca aprendimos a considerar y a respetar el sueño de los otros.

Lo cierto es que cada uno se monta su propia película, la película de su vida, en la que es director, guionista y protagonista y los demás son actores secundarios.

Por eso hay que dejar a cada uno en su película. Es lo mejor, y entonces así también los demás no te molestarán en la tuya.

Esta manera de percibir las cosas y a los otros no tiene nada que ver con una indiferencia afectiva. Más bien es una claridad que te permite comprender el sueño de la vida y a cada personaje.

La realidad conjunta entre los seres humanos es otra cosa, se pasa en otro plano.
En esencia estamos todos unidos.
Por eso si te enojas conmigo, también lo haces contigo y si me engañas también te engañas. Pero en el nivel de la vida ordinaria; que es el nivel de los acontecimientos, las personas y los objetos, cada uno debe realizar su propia experiencia, incluso si a los ojos de los demás es errónea.

De manera que sea lo que sea que los otros hagan o digan no te lo tomes personalmente.
Si dicen que eres genial, no lo dicen por ti. Tú sabes que eres genial. No es necesario que otras personas te certifiquen. No te lo tomes personalmente. Porque además corres el riesgo de crear un sentimiento especial, que refuerce tu ego ilusorio y a la larga será fuente de decepción y separación. Por otra parte todo el mundo tiene la capacidad de ser genial, si puedes ver al genio en ti, puedes verlo en el otro.

Si alguien te agrede físicamente te puedes defender o huir, pero sin tomártelo personalmente.
Ni siquiera las opiniones que tengas sobre ti mismo son necesariamente verdad; por lo tanto, no tienes la obligación ni la necesidad de tomarte cualquier cosa que oigas en tu propia mente personalmente.
La mente tiene la capacidad de hablarse a sí misma, pero también tiene la capacidad de escuchar la información que está disponible en otros planos.

El cerebro es receptor y emisor, capta y envía todo tipo de señales. Por eso, cuidado también con lo que piensas, porque quizás aunque no lo sepan, otros te están percibiendo.
El universo entero te escucha.

Nuestra mente vive en múltiples dimensiones. En general, solo somos conscientes de una, que es lo que conocemos como la realidad cotidiana, o sea, nuestro sueño externo. Pero la mente también existe en niveles superiores e incluso en realidades paralelas, solo que no sabemos de que se trata o directamente ni las percibimos conscientemente.

Todas estas voces y esta actividad desordenada, producen una mente fragmentada, que además es alimentada por nuestra atención y nuestra creencia.
Creemos que la actividad de la mente es real y lo que nos dice nuestro dialogo interno es la verdad y como la actividad eléctrica del cerebro genera polaridad (polos opuestos), esto lleva inevitablemente a contradicciones y sin sentidos. Es como si en un salón hubiera muchas personas hablando de distintas cosas al mismo tiempo, con intereses y comprensiones diferentes. Puro ruido y desorden. Imposible llegar a un acuerdo.

Y es generalmente a partir de este ruido y este desorden que construimos la realidad y juzgamos a los otros, es más, es así como nos percibimos. Luego nos tomamos en serio y alimentamos la importancia personal. Creamos un personaje y una máscara social con retazos de información, miedo y sobre valoración.
Además, todo personaje necesita de público, así que reclama la atención de los otros y espera el aplauso y la aceptación.


Esta forma de ilusión es la fuente de sufrimientos y malos entendidos.

Por eso la mejor forma de purificar tu personalidad y unificarte, es darle descanso al personaje. Volver a la raíz, a la esencia de tu vida, a tu ser interior. Que siempre estuvo y estará ahí, donde estás tú, porque ese eres tú, sin máscaras, ni escudos ni disfraces. Sin miedo. Inmóvil.

Eres un ser luminoso y libre, hecho del mismo material que las estrellas y dotado de conciencia infinita.

Medita sobre esto.





1 comentario:

Rodrigo Crespo Fernández dijo...

Los seres humanos nos expresamos a través de los actos del habla, como señala Rafael Echeverría. Dentro de esos actos tenemos las declaraciones y las afirmaciones. En las declaraciones tenemos los juicios, esto es, opiniones. Cuando alguien formula un juicio u opinión respecto de nosotros, no es más que eso, "una mera opinión" que no tenemos que tomarla como algo efectivo. Es más, un juicio habla más de sí mismo que del sujeto opinado. Por ejemplo,si alguien tacha a otro de amargado, ello es porque para el enjuiciador la amargura ocupa un espacio en su vida.
Con respecto a las afirmaciones, ellas dicen relación con características inmutables o generalmente aceptadas de las cosas. Por ejemplo, esa mesa mide un metro de ancho.
Espero haber aportado algo con respecto al interesante temas que nos compartes.
Saludos.