jueves, 3 de marzo de 2011

La célula: un diminuto agujero negro


Nuestras células son también agujeros negros.
Manifiestan la naturaleza bipolar del universo. La célula es el resultado de una fuerza que expande y otra que contrae, ambas en equilibrio, generándose y controlándose todo el tiempo, en un feedback continuo. La forma y el vacío no son diferentes. Existencia y no existencia dependen una de la otra.

El centro de la galaxia es un agujero negro, también el centro de un átomo, incluso el de una partícula subatómica o el de una célula.

Vivimos dentro de un agujero negro.

Estamos dentro de un universo que es un gran agujero negro.

En este universo, los agujeros negros más pequeños de los cuales estamos por fuera, se manifiestan como agujeros blancos. Irradian. Vemos la parte del horizonte de sucesos que irradia, es decir la parte expansiva. Y estos agujeros blancos tienen el aspecto de una galaxia, de una estrella, de un planeta, de un átomo, de una partícula subatómica o de una célula.
El agujero negro y el agujero blanco no son objetos distintos, están uno dentro del otro. Generan una retroalimentación entre el campo gravitatorio y el campo electromagnético.

Los agujeros negros son puertas dimensionales. Un agujero negro tiene su complemento en un agujero blanco, que se llama así porque, al contrario del negro que absorbe todo (incluso la luz), este deja escapar todo, por eso es visible, y ambos estarían conectados por un agujero de gusano (ver post: http://budacuantico.blogspot.com/2010/09/la-forma-y-la-conciencia-del-universo.html ).

Cada célula de nuestro cuerpo es una puerta dimensional, es decir nos permiten cambiar de dimensión. ¿Que significa esto?. Para conocer otras dimensiones del ser hay que dirigirse al interior de uno mismo, en nuestro propio cuerpo esta la respuesta. No hay nada afuera.

La fuerza de gravedad curva el espacio-tiempo, a mayor masa, mayor curvatura . Esto provoca que la radiación electromagnética se curve también, en el caso de un agujero negro que presenta una gran concentración de masa en su interior y efectos gravitacionales tan enormes que nada, ni siquiera la luz puede escapar, lo cual crea una retroalimentación abierta. Una retroalimentación abierta que es un fractal.
Un fractal es una ecuación que se repite y repite y genera retroalimentación abierta. Todo lo que vemos son agujeros negros de distintas escalas. Incluidos todos los átomos que nos forman. No hay ninguna evidencia de entropía. Todo lo que se observa en realidad, son evidencias de agujeros negros diminutos, desorganizándose y reorganizándose. O en realidad, cambiando los niveles de organización.

Cuando morimos, ni uno solo de nuestros átomos desaparece. Simplemente pasan de un nivel de organización a otro. Pasan de una escala a otra. Quedan disponibles para nuevas combinaciones. Nuestros átomos son agujeros negros diminutos, por eso están vacíos.

¿Por que no se caen las estrellas, los planetas o un electrón? ¿Que fuerza hace que giren sin perder impulso? ¿Que es lo que nos mantiene cohesionados como cuerpos físicos?. Respuesta: La gravedad, el colapso gravitacional.
Es la estructura misma del vacío la que hace que la radiación se expanda girando. Tetraedros y esferas.
Los agujeros negros son parte fundamental en la dinámica del universo.
Esto cambia la manera en la que podemos percibirnos y experimentar otras dimensiones de la existencia.
El interior del horizonte de sucesos, o sea, por dentro de la esfera, es infinito.

Nuestro cuerpo mismo es un brote surgido del vacío. La realidad que percibimos con los sentidos es limitada, solo percibimos una estrecha franja del espectro electromagnético, que además luego, es interpretada.

Nuestras células son fundamentalmente vacío, su naturaleza esencial es infinita.

Las células que componen nuestro cuerpo, están rodeadas por una membrana plasmática , que es como un horizonte de sucesos.
Esta membrana vibra en una frecuencia elevadísima, la oscilación es de 10 elevado a la 11 Hercios (Hz). Esta frecuencia genera una cantidad enorme de energía y cumple todos los requisitos para formar un agujero negro (ver: Schwarzschild).

Teniendo en cuenta la frecuencia y el radio de la célula, si la colocamos en un gráfico que vaya desde una partícula subatómica hasta la estrella más grande, la célula se ubicará en el medio de esta gráfica.

La distancia entre estos diferentes niveles sigue una proporción definida por el número áureo, y esta misma proporción se encuentra en toda la naturaleza.
Ver post http://budacuantico.blogspot.com/2010/09/la-forma-y-la-conciencia-del-universo.html

Una célula genera tanta energía que obedece a las leyes de los agujeros negros. Las escalas se basan en phi, el número áureo de la geometría sagrada, tanto a nivel cósmico como a nivel subatómico.
Esto muestra que somos el trazo de unión entre lo infinitamente grande y lo infinitamente pequeño. Lo que unifica el todo. Es interesante, porque ya hace miles de años los sabios taoistas consideraban al ser humano como un punto de unión entre las energías del cielo y la tierra (yang e yin).

No estamos separados de todo lo que nos rodea, estamos inmersos en una dinámica de retroalimentación fractal, un feedback de energía e información que conecta intrínsecamente todas las cosas mediante una estructura de vacío de un potencial infinito.
Esto significa que todo lo creado surge de la misma matriz universal, compartimos el mismo origen con todo lo que existe, por eso, cada cosa, cada partícula, cada punto del espacio, contienen la información del todo. Un proverbio dice: "La luna se refleja en cada gota de agua".

Como vemos, todo lo creado se organiza en niveles, que van desde lo infinitamente pequeño a lo infinitamente grande. Desde un átomo hasta una galaxia, pasando por la célula. Y en todos se repite la misma estructura y dinámica. Las fuerzas que intervienen son las mismas, los materiales son básicamente los mismos, la conciencia es la misma.

La célula se divide siguiendo la estructura del vacío, lo hace sobre una base binaria: 1, 2, 4, 8, 16, etc.
Cuatro células forman un tetraedro, ocho forman dos tetraedros, etc.
Las células madre son las células fundamentales que contienen toda la información y son capaces de crear otros linajes celulares. A partir de las 64 divisiones empiezan a crearse (diferenciarse) las células especializadas: neuronas, células del corazón, del hígado, de la sangre, hueso, piel, etc.

Somos una extensión del espacio, el universo observándose a si mismo. Esta retroalimentación, este flujo de energía e información, crea la realidad. Somos la experiencia del universo que aprende sobre si mismo…

Esta retroalimentación entre lo interno y externo, entre lo que sale y lo que entra, es lo que impulsa la dinámica de todas las fuerzas del universo, las cuales se reducen sólo a 2: la gravedad y el electromagnetismo.
No hay necesidad de otras interacciones como la fuerza nuclear débil o la fuerza nuclear fuerte.
La ciencia dominante se equivoca. crean una descripción del universo de acuerdo a ideas y modelos establecidos convencionalmente.
No existen los sistemas aislados, está todo interrelacionado y por eso la descripción del electrón o del átomo, como partículas separadas o aisladas del resto, es incompleta, errónea. La nube de electrones y el átomo son continuos porque constantemente interactúan con el resto del universo. Irradian energía y esa energía con el tiempo vuelve a curvarse hacia sí para generar la gravedad, y así sucesivamente.
Si no consideramos al universo como un todo conciente, cualquier descripción que hagamos de él será tendenciosa, limitada y dogmática.

Visto de esta manera, no hay porque que inventar fuerzas ni matemáticas para entender porque los protones, de carga positiva, no se separan en el núcleo del átomo o el electrón no cae de su órbita: "Porque ellos también son agujeros negros con gravedad y campo electromagnético".

Somos la materialización momentánea de la conciencia del universo.

Nuestro cuerpo es la expresión del vacío creador.

La postura de zazen es la manifestación de esta vacuidad, a partir de la cual la forma se crea armoniosamente. Es el punto cero, que incluye expansión y contracción, un puente entre el mundo visible y el invisible.

Conocer la naturaleza es conocerse asi mismo y viceversa.

Para conocerse a si mismo, hay que olvidarse de si mismo. Es decir trascenderse, observar su propia vida, su propia naturaleza. Atravesar el horizonte de sucesos y penetrar en el agujero negro de nuestro interior.

Conocerse significa también reconocer nuestra naturaleza de vacuidad.

1 comentario:

Nodomutante dijo...

gracias !! un abrazo