viernes, 3 de diciembre de 2010

Una realidad poco sólida


El universo entero es una proyección de la conciencia.

Esta afirmación que a priori puede parecernos poco “científica”, es lo que justamente una buena parte de la ciencia actual está descubriendo.
El universo es un inmenso espacio de realidad virtual, un holograma compuesto por campos de realidad, o dicho de otra manera, formado por realidades diferentes.

Somos los creadores de nuestro universo.

Lo hemos creado como un instrumento que nos permite experimentar, creamos las leyes que lo gobiernan y cuando alcanzamos el límite de lo que conocemos, podemos realmente cambiar las leyes, de modo que también estamos creando la física a medida que avanzamos.

La ciencia nunca podrá ser la última palabra, ni podrá describir la verdad última, simplemente porqué es un instrumento de la conciencia para poder entender, en términos humanos, la realidad que se crea.

La verdadera naturaleza de la realidad está más allá de los conceptos y de cualquier fórmula matemática. Podemos acceder a ella cuando trascendemos los límites de la percepción ordinaria.

A veces el inconciente se manifiesta de manera que podemos tener destellos de la naturaleza de la realidad, con el fin de que podamos comprender que el mundo que creamos para nosotros mismos es, en última instancia, tan infinitamente creativo como la realidad de nuestros sueños.
Algunas leyes o “verdades” están más arraigadas que otras, algunas son muy antiguas, incluso anteriores al ser humano, de manera que acceder a ellas y sobretodo cambiarlas es más difícil.

Lo cierto es que estamos tan profundamente convencidos de que nuestros cuerpos son sólidos y objetivamente reales, que nos cuesta considerar que en realidad estén hechos de la misma materia que nuestros sueños.

Somos conciencia, observadores, percibimos y nos damos cuenta.

No tenemos solidez ni límites.

El mundo de los objetos y las cosas es una creación que nos permite hacer nuestro paso por la tierra más conveniente, es decir, son instrumentos creados por la conciencia para ayudarnos, de la misma forma que un vehículo nos permite viajar. El problema es que olvidamos que la realidad que percibimos es solo una descripción, una interpretación y quedamos atrapados, incluso de por vida, en esta ilusión, en esta descripción. La totalidad del ser queda reducida y encerrada en los límites de una percepción estrecha y arbitraria.

Nos identificamos con la herramienta o con el envase y olvidamos el sentido, el verdadero propósito.

Olvidamos las preguntas fundamentales.

Por eso para muchos es difícil despertar del sueño y asumir el rol de observadores y creadores de realidad y que el cuerpo físico es simplemente un instrumento, un vehículo del espíritu.

Muchos cientificos no pueden descubrir que es la conciencia ni donde se origina, por lo tanto la sacan de la fórmula y solo se quedan con la realidad física. Otros, con la mente un poco más abierta, piensan que la conciencia se origina en el cerebro. Hay científicos reputados, como Penrose y Hameroff, que consideran que la conciencia es una propiedad emergente de los microtúbulos en las neuronas, a nivel cuántico, en fin, esa es su teoría.
Pero para un buen número de investigadores modernos, al igual que las antiguas tradiciones espirituales y contrariamente a lo que se piensa convencionalmente, es la conciencia la que crea la materia, el espacio, el tiempo, el cerebro y todo lo que nos gusta interpretar como universo físico, incluidos nuestros cuerpos.

La solidez de nuestro mundo físico es un límite de la percepción.

La descripción que hacemos del mundo se basa únicamente en la información percibida por los sentidos que a su vez es interpretada según la programación -o condicionamiento- del cerebro.

El cerebro es especialista en crear una imagen coherente, independientemente de lo que perciba. Si hay un error lo corrige, si hay una agujero perceptual, lo rellena.

Los neurofisiólogos saben esto desde hace ya tiempo.

Hay muchas investigaciones al respecto, en monos y en humanos. Por ejemplo, según Karl Pribram, la información visual que recibe un mono a través del nervio óptico, no va directamente a la corteza visual, si no que interconecta previamente con otras zonas del cerebro.

Numerosos estudios han puesto de manifiesto que pasa lo mismo con la visión humana. El lóbulo temporal prepara y modifica la información visual que recibe el cerebro antes de que llegue a la corteza visual (en el lóbulo occipital). Según algunos estudios, el 50% de lo que vemos corresponde a información recibida del exterior y el 50% restante se va reconstruyendo de acuerdo al aspecto que creemos que debe tener el mundo. Así que, aunque los ojos sean los órganos de la visión, el que ve es el cerebro.
Y si no como se explican las ilusiones ópticas, los espejismos, incluso las alucinaciones visuales…
El ojo tiene un punto ciego, que es por donde penetra el nervio óptico, sin embargo ni nos enteramos, y eso es porque el cerebro rellena el hueco y nos engaña.

Entonces, si vemos menos de la mitad de lo que hay afuera, ¿Qué hay afuera que no vemos? La respuesta es: una enormidad.

Lo que podemos percibir del mundo exterior está limitado a la capacidad de los órganos de los sentidos, que como sabemos, solo captan una pequeña franja de la totalidad del rango de frecuencias.
Nuestros cerebros han aprendido a eliminar todo lo que no encaje con su programación.

Nos acostumbramos a ver el mundo por partes, armamos la realidad con retazos de percepción e información previamente programada en el cerebro.

El mundo que percibimos es solo una descripción.
Las leyes de la física son una descripción, la teoría del yin y yang es una descripción, las enfermedades son una descripción, la realidad material que creamos es una descripción. Son formas de poder entender y experimentar la vida.

Pero nada de lo que percibimos tiene sustancia sólida ni fija, ni siquiera nuestro cuerpo.
Estamos hechos de la misma sustancia que los sueños, aunque nos cueste aceptarlo.

Pero si por un momento dejamos de aferrarnos a este cuerpo físico podremos comprender que en esencia somos espíritu, conciencia infinita experimentando una realidad física pasajera.

Moldeamos al universo con nuestros pensamientos y a su vez el universo moldea nuestra mente.

Hay que reflexionar sobre esto.

Si comprendemos la naturaleza ilusoria de lo que creemos que es objetivo y “real”, podremos trascender con más facilidad los límites y contradicciones de nuestra vida y crear una realidad más amplia, más feliz y más sana.

5 comentarios:

Aldous Lape dijo...

hola mariano

me gustaría hacerte unas preguntas

los pensamientos crean "interferencia" en la realidad percibida a través de los sentidos ?

hacen ruido ?

y si a su vez la realidad que percibimos a través de los sentidos esta limitada...

cómo percibimos la realidad tal cual es ? o al menos acercarnos...

un abrazo

alexis

mariano giacobone dijo...

Bueno, son varias preguntas, es otro precio!, jaja,

Lo que percibimos y lo que pensamos no es diferente. Si pensamos de una manera, percibimos de esa manera y viceversa.

Los pensamientos pueden hacer ruido y también pueden hacer música. Hacen ruido cuando salen de control, cuando no hay silencios. Depende de como se piense. Durante zazen no se piensa igual que cuando estás en la Discoteca. Hay pensamientos más profundos que otros, depende la frecuencia en la que vibren y en que parte de nuestro cuerpo se generen.

Creo que para percibir la realidad tal cual es hay que trascender el pensamiento conciente y la programación ordinaria, es decir, la forma convensional de ver el mundo, que ya de por sí es limitado,
de todas formas, la verdadera naturaleza de todas los cosas es un gran vacío, lleno de felicidad...y de posibilidades infinitas, no hace falta conocer todo, somos todo!.

un abrazo
Mariano

Aldous Lape dijo...

gracias por las respuestas, se que ahora el precio será mucho más elevado pero me animaría a pedirte un post ... jaja

creo que es interesante lo que decís sobre la parte del cuerpo donde se generan los pensamientos, no se si lo explicaste ya pero me gustaría entenderlo un poco más s’il te plaît

intuyo que los que salen del corazón serán una delicia

un abrazo
alexis

mariano giacobone dijo...

ok Alexis, gracias, trataré de explicarlo con más detalles en el próximo post.
Mariano

marcelino dijo...

Interesantísimo blog que he descubierto ahora. Lo seguiré.