viernes, 8 de julio de 2011

Los microtúbulos y la conciencia I


Desde la antigüedad existen diferentes puntos de vista y discusiones sobre la naturaleza misteriosa de la experiencia mental.
La conciencia posee características que la hacen difícil de comprender e investigar para la neurociencia, ya que la descripción clásica del mundo macroscópico es insuficiente y por lo tanto la metodología experimental es limitada y generalmente tendenciosa, finalmente los resultados son valorados por un observador que la vuelve subjetiva.

Se puede probar con la teoría cuántica, que explica el comportamiento fundamental de la materia y de la energía que componen nuestro universo, para tratar de describir, en términos lo más científico posibles, el fenómeno de la experiencia consciente y cuales son los procesos físicos que se producen.
En la base de la teoría cuántica está la dualidad onda-partícula de los átomos y sus componentes. Mientras que un sistema cuántico como un átomo o una partícula subatómica permanezca aislado de su entorno, se comportará como una "onda de posibilidades" y existirá en un estado de superposición de muchos estados posibles.

Hay algunas peculiaridades en el comportamiento de los sistemas a nivel cuántico, como ser la coherencia cuántica, relacionada con los estados en superposición, y el colapso de la función de onda o reducción objetiva (RO), que son esenciales para la manifestación de la experiencia consciente.

Todo indica que estos procesos se producen en el citoesqueleto de las células nerviosas en el cerebro, más precisamente en los microtúbulos (en la imagen arriba). Si bien no es posible “objetivar” la experiencia subjetiva, la percepción interior, el libre albedrío, etc., podemos tratar de comprender los mecanismos que permiten que seamos conscientes y las estructuras involucradas en el proceso.
Este es el objetivo del presente trabajo.
polimerización del microtúbulo
Partimos de la base que cada célula es una unidad de conciencia, es decir, la célula tiene un nivel fundamental de conciencia que le permite interactuar dinámicamente con el medio: nutrirse, multiplicarse, cumplir sus funciones, adaptarse a los cambios, defenderse.

Cada célula “sabe” lo que debe hacer, lo que necesita y lo que no.
Nuestro cuerpo es especialista en supervivencia y adaptación al medio, y esto solo es posible si hay una conciencia fundamental que se mueve. Es el fundamento de la capacidad curativa.
De manera que existe una protoconciencia o conciencia fundamental que lo impregna todo.
La experiencia protoconciente es una propiedad básica de la realidad física. Cualquier forma de vida, desde un simple unicelular hasta un organismo complejo, incluye un grado fundamental de conciencia.


El universo es conciencia viva

La conciencia no está limitada al cerebro, pero es en el cerebro donde emergen los procesos mentales y se integra toda la información recibida para elaborar una respuesta. El cerebro es el proyector de la realidad. Toma la información, la clasifica, la integra y listo: ¡luz, cámara…acción!
Esta observación de la conciencia es tan antigua como la humanidad misma.
El budismo explica la experiencia conciente describiéndola en 5 agregados o componentes: (ver “los 5 skandhas”). Todo lo que percibimos existe en relación de interdependencia con lo demás. Nada existe por si mismo.

Budismo y conciencia
La enseñanza del budismo acerca de los niveles de conciencia ofrece la base para un entendimiento profundo de quiénes somos en esencia, de nuestra verdadera naturaleza.
Este conocimiento sobre la conciencia es el fruto de miles de años de intensa y profunda experiencia a través de la meditación.

Según esta enseñanza tradicional a su vez, hay nueve niveles de conciencia que están operando constantemente juntas para crear nuestra vida.
Una sola conciencia con diferentes niveles de manifestación.
La palabra sánscrita vijnana, que se traduce como conciencia, incluye una amplia gama de actividades, como la sensación, la cognición, la voluntad y el pensamiento conciente.
Las primeras cinco conciencias corresponden a los órganos de los sentidos: la vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto.
La sexta conciencia es la función que integra y procesa los diversos datos sensoriales con la información contenida en la memoria, para dar un sentimiento unificador de lo que percibimos, es un tipo de pensamiento general o conciencia, que nos permite identificar la información recibida por los cinco sentidos. Es principalmente con estas seis funciones de la vida que realizamos nuestras actividades diarias.
La realidad que experimentamos está creada por estos niveles de conciencia.

Debajo de este nivel está la séptima conciencia. A diferencia de esos niveles de conciencia que están dirigidas hacia el mundo exterior, la séptima conciencia está dirigida hacia nuestra vida interior y es, en buena parte, independiente de los datos sensoriales.
La séptima conciencia es la base de nuestro sentido de identidad; el apego a un yo individual, distinto y separado de los demás tiene su base en esta conciencia, así como nuestro sentido de lo bueno y lo malo.

Es el asiento de los valores morales fundamentales y la base del continuo diálogo interno.
Debajo de la séptima conciencia, hay un nivel más profundo, la conciencia alaya u octava conciencia, también llamada como la conciencia imperecedera o almacén universal. Es aquí donde reside la energía de nuestro karma. Influye en las actividades de las otras conciencias.
Mientras que las primeras siete conciencias desaparecen al morir, la octava conciencia persiste a través de los ciclos de la vida y la muerte.
La conciencia alaya, es el inconsciente que contiene y almacena todas las potencialidades y alimenta la conciencia.
Es el alma universal (anima mundi). La conciencia que recoge y conserva las experiencias individuales y colectivas.

El pensamiento consciente es un emergente de procesos subconscientes.

El pensamiento puede manifestarse porque a nivel cuántico se produce una reducción de los estados superpuestos no manifestados, en un único estado.
Colapsa la función de onda y aparece el fenómeno a nivel consciente. Esta reducción o colapso permite traspasar un umbral, por debajo del cual no se es consciente y luego si, aunque de solo una de las tantas posibilidades. La transición entre el subconsciente y el consciente es muy sutil y depende de muchos factores.
De manera que, como podemos ver, la conciencia individual es limitada y condicionada. El inconciente, que es la conciencia universal en si misma, representa el océano de potencialidad infinita, todas las posibilidades superpuestas y no manifestadas.

Es interesante, porque esta descripción de los procesos mentales nos permite comprender que el pensamiento es simplemente una actividad de células especializadas en el cerebro. No es “real”. La naturaleza del pensamiento es vacuidad.

Es el resultado de la reducción cuántica de múltiples posibilidades en una sola. El pensamiento que emerge en el consciente ya fue modelado y condicionado en los niveles más profundos por los programas instalados previamente, entonces, ¿Quién soy en realidad? ¿Soy en verdad esto que pienso?

Si consideramos que el consciente o a la actividad mental, es una actividad fisiológica más del cuerpo, con una función determinada, como la respiración, la digestión o cualquier otra función celular, sujeta a interrelaciones e influencias múltiples - internas y externas -, nos identificaremos menos con lo que nos “repite” la cabeza y podremos calmar la mente con más facilidad, sabiendo de antemano que se trata simplemente de actividad reactiva, la mente solo existe en relación de interdependencia con el objeto o la cosa percibida, o sea, no tiene existencia propia, por lo tanto no es real.

El maestro Dogen escribió en el siglo 13. “si durante zazen nuestro consciente permanece activo estaremos siempre encadenados a sus límites” (Gakudo yoshin-shu).

Para que el pensamiento no sea condicionado y tendencioso debe ser negado, filtrado y clarificado con el no pensamiento, la no conciencia. El no pensamiento interrumpe la secuencia incesante de la mente consciente. Permite que los sistemas recuperen el estado de coherencia cuántica, disminuyendo las reducciones objetivas y por lo tanto la actividad mental.
El pensamiento que surge de esta no actividad es claro y puro y puede volver a desaparecer sin dejar huellas, es decir no forma parte de una secuencia o encadenamiento de pensamientos. A este tipo de pensamiento en el budismo Zen se lo llama hishiryo, es el pensamiento absoluto, cósmico, el pensamiento de Buda o Dios.
El silencio interior es el punto de partida (punto cero). ¿Como ser consciente de la no conciencia? ¿Cómo pensar sin pensar? 
Zazen es la respuesta.

Continúa


lunes, 27 de junio de 2011

Cultiva tu energía


Generalmente tenemos la tendencia a identificarnos con el cuerpo físico, con la realidad material, densa y concreta, creada por los sentidos.
Aunque podemos pasar el día absortos en las divagaciones del pensamiento y agitados por la inestabilidad de las emociones, aún así vivimos encerrados dentro de los límites y posibilidades del cuerpo físico.
Esto engaña nuestra percepción de las cosas (y de nosotros mismos) haciéndonos creer que la realidad que experimentamos tiene sustancia y es real. Nos percibimos como un cuerpo aislado en medio de un espacio vacío y enfrentando a un universo hostil y peligroso. De esta forma nos disociamos, el cuerpo y la mente se separan y la energía ya no puede fluir normalmente.
Pero el cuerpo físico, o el “saco de carne y huesos” con el que estamos completamente identificados, es en esencia vacuidad. No tiene sustancia propia. Cambia todo el tiempo. Energía e información producidas por el movimiento de la conciencia.
La esencia del mundo físico es insustancial.

La conciencia da vida a la materia.
Materia y energía son una misma cosa.

Por lo tanto somos un cuerpo físico, pero también un cuerpo de energía y un cuerpo espiritual, que es la conciencia misma.
Tenemos un cuerpo limitado, que es el cuerpo físico propiamente dicho, y cuerpos ilimitados, infinitos, que animan e impulsan a la materia e incluso los compartimos entre todos.
Se puede decir que el cuerpo físico es la proyección (o el reflejo) de cuerpos más sutiles. Diferentes tipos de vibración que expresan los distintos niveles de la existencia. Pero todos conectados y estructurados siguiendo una dinámica fractal.
Así que tenemos un lado visible, básico, limitado y denso, que sirve de soporte y vehículo al lado invisible, espiritual, sutil e ilimitado.
Incluso los cuerpos sutiles tienen diferentes planos de acuerdo a su vibración. Por ej: el plano emocional, es el menos sutil y el más cercano a la vibración física. Las emociones impactan directamente en los órganos y su funcionamiento (ver: la química de las emociones).
Hay una conciencia básica, instintiva, adaptativa que es menos sutil que la conciencia superior que genera ideales, proyectos, creatividad y conecta con las demás conciencias. Son diferentes aspectos o cualidades de la única conciencia. De la misma forma que hay una conciencia fundamental del universo o protoconciencia y conciencia individual, organismos concientes de si mismos, de su individualidad.
Pero en realidad hay una sola conciencia, un solo cuerpo.
La ilusión es percibir solo un aspecto de las cosas.

Entonces, ¿Cuáles son los límites reales de nuestro ser? ¿De donde viene esta respiración? ¿A dónde va? ¿Cuál es el origen de este pensamiento que modelará toda una realidad física? ¿Por que si con mi pensamiento puedo viajar en el tiempo y el espacio, con mi cuerpo físico no llego muy lejos?
La causa de buena parte de los sufrimientos en los seres humanos es la identificación con lo que muere, con la parte perecedera de la existencia y el desconocimiento del lado eterno e ilimitado.
Esto es debido a la ignorancia o no aceptación de su verdadera naturaleza.
De manera que solo interactuamos con los niveles físicos y materiales más básicos, y nuestros deseos y necesidades se corresponden con estos niveles elementales. La realidad que se experimenta es en consecuencia más limitada, estrecha y condicionada.
El puente que une el mundo material y visible con el mundo inmaterial e invisible, es la respiración.
La respiración es energía, es materia y es conciencia.
Cuando inspiras el universo entra en vos, cuando exhalas entras en el universo. Pero en esencia no hay límites, las diferencias corresponden a distintos grados de manifestación o de movimientos de la conciencia.

El universo es uno y cada uno es el universo viviendo una experiencia individual transitoria.
Conviene no olvidar esto. No hay manera de estar fuera del universo. Cada uno es su universo, comunicando con otros múltiples universos, dentro de otro universo. De manera que no estamos solos ni perdidos y mucho menos aislados.
Mediante la práctica de una respiración correcta podemos calmar la mente y armonizar las emociones.
La respiración modifica el medio interno fisiológico. Favorece la homeostasis y la purificación de los sistemas y tejidos del cuerpo.
Con la respiración nutrimos el cuerpo de energía.
Para la medicina china, la respiración es el chi (energía) del cielo. Los pulmones son los gobernadores de la energía, la absorben, la promueven, la hacen circular.
La respiración aporta oxígeno y elimina dióxido de carbono, influye en el pH de la sangre y de los tejidos. Si la ventilación pulmonar es insuficiente el medio interno se vuelve más ácido, se capta menos O2, se acumula CO2 y se modifica la química cerebral.
Todo lo que respira tiene conciencia. La célula es el ejemplo más fundamental. Es la menor unidad biológica con conciencia.
Es un cuerpo de energía, porque se trata de energía viva, consciente, por eso es "vital"

Somos energía

Esta energía en el cuerpo físico circula de manera ordenada, siguiendo canales virtuales interconectados entre si y con todos los órganos y tejidos del cuerpo.

sistema de canales y puntos de energía
La energía vital (chi o ki), que en nuestro ser toma forma individual, es la misma energía que existe en todo el universo y nos conecta con todo.
Esta energía se puede cultivar, desarrollar, armonizar, podes aprender a moverla y a acumularla en los órganos y centros de energía. Esto no solo es fuente de salud y longevidad, sino también de despertar y de expansión de la conciencia.
Es evidente que hace falta una práctica regular. Una disciplina. Entrenarse. No es como hacer aerobic, pero el aprendizaje y la repetición son indispensables.
El chi kung (o qi gong), el taichichuan, el yoga y las artes marciales favorecen el cultivo de la energía.
La práctica de zazen equilibra y expande el cuerpo de energía. Cuando la postura sentada es estable e inmóvil, la energía puede circular libremente y optimiza su consumo, o sea, se reduce.
Cuando el chi es fuerte y circula libremente mejora la capacidad de adaptación al medio y a las circunstancias.


Energía y materia se transforman entre si. Representan dos aspectos de una única realidad. A más energía más sustancia, mayor nutrición y generación. Los órganos internos se fortalecen. Los procesos fisiológicos se revitalizan. Aumenta la resistencia a las enfermedades.
“En el cultivo de la energía vital se debe eliminar todo aquello que consuma energía inútilmente en nuestra vida”
Por ejemplo: Emociones parásitas (miedo, tristeza, preocupación, ira), relaciones tóxicas, exceso de pensamientos, de ambiciones, de trabajo, de deudas…

Para poder ir más allá de los condicionamientos que tenemos instalados, hace falta un plus de energía que nos permita romper la inercia de los hábitos y la forma de pensar instalada.
A priori es difícil ya que las redes neuronales se encuentran fortalecidas por la repetición cotidiana (pensamientos, acciones) y sus conexiones ya están establecidas. Entonces siempre se genera la misma realidad.
Pero la conexión es dinámica. El cerebro se puede reconfigurar, a esta capacidad se le llama neuroplasticidad.
Cuando se crean otras conexiones neuronales (sinapsis), la realidad cambia. Para reconfigurar la red de neuronas hay que modificar la información que se procesa. Esto que se logra cambiando los hábitos, la manera de pensar, aprendiendo, estudiando y experimentando, es decir aportando nueva y mejor información. Practicando meditación en silencio.

El conocimiento de si mismo no tiene nada que ver con una moda, o con un fenómeno cultural o social, no es algo que te de fama, prestigio o riquezas, o garantía de una vida larga, etc. Es el único movimiento que vale para comenzar a ser reales y dejar de vagar como fantasmas.
Para penetrar en nuestra verdadera naturaleza necesitamos energía. La salud y la felicidad dependen de esta energía. Incluso nuestra actitud ante la vida.
Cultivar la energía significa: permitir que circule y se exprese naturalmente en el cuerpo físico y en nuestras acciones y pensamientos.

El pensamiento mueve la energía, la energía condensa la materia, la materia se vuelve energía, además nutre y sirve de vehículo al espíritu. Los tres son una misma cosa.

El cultivo de la energía (que es acción y movimiento), implica también desarrollar la no acción (en chino: wu wei).
La no acción es el no pensamiento, es el silencio, es la inmovilidad.
El secreto consiste en encontrar el no movimiento en el seno del movimiento y la calma en medio de la agitación. La calma así obtenida permitirá que el chi fluya libremente y se expanda el cuerpo de energía.
Cultivar tu energía significa volverte íntimo contigo mismo, clarificar tu mente, abrir tu corazón y no maltratar tu cuerpo. Encontrar el equilibrio en tu vida.
Es simple, el primer paso es la fe y la confianza en ti mismo.


viernes, 24 de junio de 2011

Abre tu corazón


En la medicina china se considera que la morada de la conciencia (shen) es el corazón. El corazón está en el centro de la creación. Está primero que el cerebro, es más antiguo, se forma primero en el embrión y alrededor de él crece el resto. Por eso se lo considera el emperador.

El corazón es amor incondicional y por lo tanto unidad.

Incondicional quiere decir que no pide nada a cambio. Es así, como es. Sin condiciones, ni especulaciones de ningún tipo. Inconsciente. No es el producto de una construcción mental.

El corazón funciona sintonizado con el ritmo universal. ¿Quién lo programo sino?

Es adaptable. Late según las circunstancias. Y eso es porque está vivo, consciente y conectado con su entorno y por ende con todo lo demás.

De manera que podemos vincularnos con nuestro entorno, y de hecho con todo lo que deseemos, de una manera diferente, por medio del corazón. Se trata de sintonizar concientemente nuestro corazón con personas o cosas. Es posible, literalmente, enganchar tu campo de energía con lo que quieras. Eso es lo que se llama “poner el corazón en la cosa”.

El ser humano va hacia una nueva conciencia, es inevitable. Mejor dicho, hacia una nueva conciencia de si mismo y del universo.

La conciencia evoluciona, experimenta, se expande. Por eso es fundamental tener confianza en la propia naturaleza. Que no es otra cosa que lo que somos en esencia, sin necesidad de añadir, ocultar, eliminar o maquillar lo que sea.

Estamos hechos de un reciclado constante de materiales cósmicos, energía e información, producidas por el movimiento de la conciencia misma del universo.

Somos expresión de la conciencia universal

En términos humanos ordinarios, esto no significa nada.

Por eso, para encontrar el verdadero significado de las cosas hay que dejar de pensar y de sentir del modo ordinario.

Vivimos en un universo consciente, somos el producto de esta conciencia. No hay manera de escapar de eso.

Iluminación significa despertarse a nuestra naturaleza luminosa.

Aceptar que nuestra vida y todo lo que emerge de ella (pensamientos, emociones, acciones, cosas) son el producto de esta conciencia. Es lo que se llama “despertar”.

Por esto, en términos de “iluminación”, la mente individual debe aprender a sintonizarse con la mente universal, reconocer su propio origen. Cortar los condicionamientos. Cuando te concentras en el chakra corazón, el pensamiento conciente se desplaza del lóbulo frontal al cerebro medio (sistema límbico y tálamo), disminuyendo la actividad cortical y calmando la mente.

Es importante que el espíritu deje de vagar, identificándose con fantasmas e ilusiones y vuelva a su morada: el corazón. No hay que hacer gran cosa. Conoce el camino. Más bien hay que relajarse, sentarse en silencio con la espalda derecha concentrados en la respiración calma y profunda (ver zazen).

De esta manera el espíritu vuelve a su casa y se pueden controlar con más facilidad las emociones y los pensamientos.

El corazón genera un campo electromagnético mucho más poderoso que el cerebro. Hay múltiples evidencias científicas de esto.

La información que el cuerpo envía continuamente al cerebro no sólo juega un papel en la homeostasis, además influye en funciones cerebrales más especializadas, como la memoria, el conocimiento, y el procesamiento de las emociones.

En esencia, los mensajes que el cuerpo envía al cerebro afectan la manera en como percibimos y respondemos al mundo que nos rodea, y además afectan el cómo nos sentimos y como nos percibimos (propiocepción).

Mientras que todos los órganos se comunican con el cerebro, por vías nerviosas y circulatorias, el corazón posee con este un vínculo realmente fuerte.

Ahora se sabe que en realidad hay más vías nerviosas llevando información del corazón al cerebro que en el sentido opuesto. Esto prueba que el corazón está antes que la mente conciente.

Otro hecho importante es que, lejos de ser solo una bomba mecánica, la función del corazón es conectar, integrar, impulsar y generar, o sea unir, por eso ocupa un lugar central.

El corazón es en realidad un sofisticado centro de codificación y procesamiento de información. El sistema nervioso dentro del corazón, que contiene más de 40.000 neuronas, es altamente complejo y produce un campo electromagnético que influencia el entorno (ver nódulo sinusal)

Este campo electromagnético nos rodea y puede ser medido a varios metros de distancia del cuerpo. Incluso la información dentro del campo magnético del corazón cambia a medida que experimentamos diferentes emociones.

Cuando sonreímos y experimentamos emociones positivas, el ritmo del corazón se hace más regular y su latido armónico, el campo electromagnético (CEM) del corazón se vuelve en consecuencia más organizado y se expande. Obviamente también influye optimizando su físiología y su funcionamiento.

El CEM de nuestro corazón es de hecho registrado fisiológicamente por otras personas a nuestro alrededor e incluso influye en la actividad de sus cerebros.

El CEM del corazón cambia de forma dinámica con nuestras emociones y a su vez nuestros estados emocionales influyen en aquellos que nos rodean. Y también somos influidos por los otros. Cuando se dice: “tu felicidad es la mía y tu sufrimiento es el mío”. Es verdad. Es un hecho científico. Es una retroalimentación permanente.

Las ondas (vibración) electromagnéticas modelan el cuerpo emocional.

El Maestro Kosen dice:

"Sin la apertura del corazón, no pueden ser espirituales, no pueden abrirse, no pueden sentirse bien, no pueden ser felices, no pueden hacer felices a los demás, no pueden ser un santo, no pueden ser un Buda. Y la apertura del corazón, es solamente una postura y estás muy atado a la respiración.

Digo esto porque el maestro Dogen hablaba de la mano izquierda. Decía: la mano izquierda está unida al corazón. Continuaba: es muy importante concentrarse sobre la mano izquierda. Decía: concéntrese sobre la palma de la mano izquierda, y entonces es fácil, si quieren aprender a abrir su corazón, concéntrense en la palma de la mano izquierda. La palma de la mano izquierda y sobre el espacio de su corazón y respiren despacio. Esto va a suavizar su energía.

Estas son cosas que hacen falta conocer sobre su propio vehículo, su vehículo cuerpo-espíritu. Desde el momento en que concentramos la atención en el corazón, deben sentir una energía muy agradable y dulce plena de amor, de hecho. Y deben generar a voluntad esta energía. Esto no tiene nada que ver con lo emotivo, con el afecto. Es puramente interior y esto va a curar totalmente sus ilusiones del amor o de la alegría, pueden llamarlo como quieran."

Entonces cuando elegimos sonreír y activar conscientemente emociones positivas, el CEM del corazón transmite esa información coherente y armoniosa a nuestro entorno, donde afecta a otras personas y también a plantas y a animales.

El cuerpo físico es el reflejo de algo que es no físico.

Todo es conciencia viva. Todo lo que existe emerge de esa conciencia viva. El espíritu, la energía y la materia comparten esa conciencia.

Los sentimientos influyen a nivel cuántico en la composición atómica de la materia.

El sentimiento es la unión del pensamiento y la emoción.

El pensamiento se relaciona con los centros o chakras superiores y la emoción con los inferiores. El sentimiento está entre ambos, en el centro.

Es la vía del medio, del equilibrio.

El pensamiento es la imagen de la posibilidad cuántica

En el reino de las posibilidades, todo existe ya. En el nivel cuántico fundamental, todas las posibilidades existen superpuestas, no manifestadas y con el pensamiento escogemos una de tantas. Colapsa entonces en un único universo. Se manifiesta.

Pero aunque la superposición de posibilidades se reduzca por el pensamiento a un único estado, para poder insuflarle vida hace falta el sentimiento. Para que esa posibilidad cuántica se realice en la realidad cotidiana hay que agregarle el amor …o el miedo, los dos funcionan, aunque el miedo es menos poderoso y genera otros efectos adversos (también en el entorno).
No hace falta saberlo, es suficiente con sentirlo.

Abrir el corazón significa purificarse. Desintoxicarse. Eliminar las viejas toxinas y adicciones emocionales y mentales. Significa abandonar el miedo y el egoismo, desarrollando la compasión, es decir, cultivando un sentimiento de empatía hacia todos los seres vivos (incluido uno mismo).

Abrir el corazón significa reconocer nuestro origen universal y permitir que se exprese la verdadera naturaleza.

No se trata de un esfuerzo deliberado. La condición normal (equilibrada) del cuerpo y del espíritu irradia desde el corazón, sabiduría y compasión, naturalmente e inconscientemente.

Se trata simplemente de aprender a abrir el corazón y calmar los pensamientos.


jueves, 16 de junio de 2011

clarifica tu mente


Un antiguo escrito taoísta dice:

El camino incluye claridad y oscuridad, movimiento y quietud.

El cielo es claro, la tierra es opaca.

El cielo está en movimiento, la tierra esta quieta.

Lo masculino es claro, lo femenino es opaco

Lo masculino es activo, lo femenino es quieto.

Ascendiendo desde las raíces,

Y flotando entre las ramas,

Se producen miríadas de seres.

La claridad es el origen de la opacidad.

El movimiento es el fundamento de la quietud.

Si puedes mantenerte claro y sereno,

El universo entero vendrá a tu encuentro.

El espíritu gusta de la claridad, pero la mente lo altera.

La mente gusta de la calma, pero el deseo la aleja.

Si puedes apartar tus deseos, tu mente se volverá serena.

Clarifica tu mente, y tu espíritu volverá a la calma.

Hoy en día, apartar el deseo (o por lo menos disminuirlo), clarificar la mente y entrar en la quietud, es difícil, ya que toda la sociedad funciona en base a deseos, confusión y un ritmo acelerado. Hay abundancia de recursos humanos y materiales para satisfacer nuestros deseos y a su vez generarnos más. Una retroalimentación permanente.

Desear no es malo, es parte de nuestra naturaleza, somos hijos del deseo. Y hay muchas clases de deseo. Algunos desean salud, otros felicidad, la mayoría desea dinero y muy pocos no desean nada. Viven en el momento presente.

La ilusión, que trae el sufrimiento, comienza cuando el deseo se aparta de la realidad. De nuestra realidad esencial, de nuestra vida, generando una fragmentación entre lo que deseamos y lo que en verdad necesitamos.

Y la verdad es que no necesitamos gran cosa.

Un organismo sano consume poco, es decir, toma lo que necesita para funcionar y desarrollar su vida normalmente, estableciendo relaciones equilibradas con su entorno.

Hay deseos fundamentales como la necesidad de sobrevivir y de reproducirse. Aquí se encuentra la raíz de todo. Cualquier célula viva va a hacer todo lo posible por sobrevivir, está programada para esto. Por eso la capacidad curativa de nuestro cuerpo es increíble. Solo hay que darle lo que necesita y no maltratarlo.

En los seres humanos podemos resumir toda la multitud de deseos e ilusiones en 2 tipos: comida y afecto (sexo). Supervivencia y reproducción. Desde un punto de vista biológico, es el mecanismo que tiene la vida para pasar los genes, es decir la información genética a la siguiente generación y así.

Un organismo aislado de su entorno muere. Muchos actualmente están como muertos sin saberlo.

Aparte de estos deseos básicos, la mayoría de los deseos que tenemos nacen de nuestras debilidades, adicciones, malos hábitos, apegos, mala educación, etc. Son el resultado de un desequilibrio o de la búsqueda de un equilibrio.

El miedo a no “tener” o a quedarse “solo” representa eso.

Para un bebé es lo natural llora por hambre y cariño. Necesita nutrientes, afecto y protección. Es normal.

En la vida adulta vamos reproduciendo lo mismo, solo que de forma más sofisticada y cara. Lo que de niños era simple, de grandes se vuelve complejo y fuente de sufrimiento. Pero la raíz es la misma. Los programas instalados son los mismos.

El error fundamental proviene de una ignorancia acerca de nuestra verdadera naturaleza. Nos consideramos objetos físicos, aislados del resto, con una capacidad limitada y pocos recursos propios. Eso nos convierte en seres dependientes en “potencia”, de ahí a convertirnos en esclavos, o en “máquinas de producir y consumir” en el mejor de los casos, hay un paso.

En verdad somos espíritu encarnado. Conciencia que se materializa, que toma forma humana. Luego se desarrolla la conciencia individual. El individuo es conciente de si mismo. Pero lo cierto es que nunca dejó de formar parte de la totalidad. La sensación de separación es solo el efecto de ser conciente de si mismo, como unidad biológica. Cuando la pequeña unidad biológica se hace ilusiones sobre si misma se separa del resto y olvida quien es.

Esta es una verdad tan antigua como la humanidad. La ciencia lo comprueba. Todo está conectado, en el sutil estado cuántico más allá del átomo y sus partículas, la separación no existe. La conciencia es una. Todo lo que existe son manifestaciones surgidas de la misma conciencia.

Es imposible estar cortado del resto de las cosas. La separación es una ilusión de los sentidos. Una falsa percepción. Somos uno con el universo, cada uno en si mismo es el universo.

La verdadera pregunta es ¿Cómo me trato a mi mismo?

Hay que reflexionar sobre esto. Saber parar la máquina.

En el silencio de la meditación. No hay porque escapar ni correr detrás de nada. Da media vuelta y obsérvate en profundidad. Sin negociar.

Es un buen ejercicio.

Es incluso curativo.

En ese momento el miedo, la soledad, las adicciones y apegos, son reemplazados por un sentimiento de calma y claridad, que surgen de la observación y aceptación de lo que en realidad somos.

Somos seres espirituales haciendo la experiencia de una vida humana.



miércoles, 18 de mayo de 2011

Tensegridad celular


La relación entre la estructura y la función en biología

Existe una relación de complementariedad entre la forma (estructura) y la función, esta es una característica de la naturaleza y se aplica a todas los objetos, cosas y organismos.

Los antiguos taoístas observaron esta interdependencia y desarrollaron la teoría del yin y yang, que es aplicable a todo lo que existe: 2 fuerzas opuestas que trabajan juntas formando un todo. El yin es sustancia, forma, sostiene, contiene y nutre, representa a la materia. El yang es función, movimiento, acción, protección, representa a la energía.

Pero estos no son conceptos absolutos, son relativos y están en constante intertransformación. La materia se transforma en energía. La energía se materializa. El yin se convierte en yang y el yang se transforma en yin.

En biología se define en términos de parénquima y estroma. Se denomina parénquima al tejido funcional del órgano (por ej.: secreciones glandulares, síntesis de proteínas, etc,); en contraposición, la estroma, son los tejidos de contención y sostén (generalmente, tejido conectivo).

La célula, los tejidos, los órganos y el organismo en su totalidad, presentan una parte funcional y otra de sostén.

Generalizando, podemos entender la tensegridad como un sistema dinámico formado por un campo continuo en tensión que se encuentra envolviendo “islas” o componentes discontinuos en compresión. Así, cambiando los nombres de compresión y tensión por los de atracción y repulsión, o contracción y expansión, una galaxia (estrellas-planetas) o un átomo (núcleo–electrones) pueden considerarse sistemas en tensegridad.

Así simplemente, definimos a la tensegridad, como la relación o mejor dicho, el balance entre dos fuerzas opuestas: tensión y compresión.

Todas las estructuras, desde un artefacto creado por la inteligencia humana o una forma de vida que evolucionó por selección natural durante millones de años, presentan un equilibrio entre 2 fuerzas opuestas y complementarias.

A medida que vamos comprendiendo la naturaleza y a nosotros, como parte de ella, observamos que en todas partes se repite el mismo modelo. En este modelo de un universo organizado en escalas o jerarquías, lo infinitamente grande (galaxias) y lo infinitamente pequeño (átomos) presentan la misma dinámica, el mismo equilibrio de fuerzas: expansión y contracción. Y en el medio de la escala (entre lo grande y lo pequeño) se encuentra la célula, que también puede considerarse un sistema con “integridad tensional”.

En el sistema de tensegridad celular está incluida también la matriz extracelular.

La matriz extracelular (MEC) es el medio que rodea a las células.

Es una sustancia viscosa formada por materiales extracelulares que junto a las células conforman los distintos tipos de tejidos (músculo, hueso, piel, tejido conectivo, etc). A su vez, los tejidos forman órganos y los órganos forman sistemas o aparatos (digestivo, genitourinario, respiratorio, cardiovascular) y el conjunto de estos conforman un organismo.

Diferentes niveles de complejidad, comunicados entre si y que expresan la misma dinámica de fuerzas.

La MEC es un medio de integración o comunicación fisiológico, de naturaleza bioquímica compleja, en el que están "sumergidas" las células.

La célula presenta receptores en su membrana, un tipo de proteínas especializadas llamadas integrinas, que además de ser transductoras de señales, anclan la célula a la MEC.

El mantenimiento de la forma celular y de la tensión intracelular, dependen también de la integridad, la composición química, la estructura de la MEC y las conexiones que tenga con la célula. De hecho la célula y la MEC son parte de un solo organismo.

Esta matriz es una sustancia continua, ramificada, presente en todas partes, que sostiene, envuelve y estructura todas las células y tejidos del cuerpo de una manera dinámica y funcional.

Las características mecánicas de la matriz extracelular como rigidez y deformabilidad, son factores importantes que influyen en la conducta y la dinámica de las células tales como la diferenciación, la multiplicación, la supervivencia y la movilidad (migración).

La transducción mecánica, que es la transformación de fuerzas físicas en reacciones químicas, es capaz de modificar la estructura molecular del citoesqueleto e incluso estimular la formación de tejido, como por ejemplo un epitelio.

Esto resulta un aspecto interesante de la dinámica de la reestructuración del citoesqueleto y la capacidad de regeneración celular.

Las células también tienen "tono", al igual que los músculos, debido a la atracción constante de los filamentos del citoesqueleto. Como la cuerda de una guitarra, su sonido depende de su “estiramiento” y del lugar donde se pulse, es decir, donde se ejerza la presión, (estiramiento y presión).

La tensión que presenta el citoesqueleto de una célula, en un momento dado, está influenciado por la dinámica celular y la forma de su núcleo. Cualquier cambio en las fuerzas intracelulares, derivado de su interacción con el exterior y que provoque cambios en el citoesqueleto, induce a que también se den cambios en la forma del núcleo de la célula.

Las características del núcleo celular, en particular su viscoelasticidad, tienen un papel determinante en las interacciones mecánicas que se dan entre el núcleo, el citoesqueleto y la matriz extracelular, ya que presenta propiedades distintas a las del citoplasma.

Las deformaciones del núcleo modifican no solo su composición química sino también influyen en la estructura y función del ADN (información genética).

Los núcleos celulares también tienen una dinámica propia debida a su composición; cuando una célula va de un lado a otro puede atravesar un diámetro menor al suyo y entonces la deformación del núcleo también está en relación a la deformación que presenta la célula completa. El tamaño y la forma de los núcleos celulares son variables y depende del tipo de célula.

Su dinámica y su composición química están íntimamente relacionadas con las del esqueleto celular (citoesqueleto). De hecho se ha observado que la plasticidad del núcleo de las células cancerosas favorece para que éstas se diseminen con más facilidad que otras.

La estructura molecular de las células presenta propiedades vibratorias con armónicos complejos. El ADN recibe y emite información como una antena (ver post: "El lenguaje del ADN")

Los sistemas de tensegridad desempeñan además el papel de osciladores armónicos acoplados.

Las interacciones vibracionales “atraviesan” un “tejido matricial de tensegridad”: matriz nuclear, matriz celular y matriz extracelular (en ambas direcciones), estos diferentes niveles funcionan como uno solo equilibrando las vibraciones propias de la célula con los estímulos y señales que esta gestiona, desde el exterior de la célula hasta el ADN en el núcleo y viceversa.

Este acoplamiento entre los diferentes niveles de organización permite los procesos de amplificación y de atenuación del estímulo o la señal.

El nivel de tensión celular actúa como un modulador mecánico que puede ampliar, modificar o suprimir las informaciones en un sentido o en el otro.

¿Podemos generalizar estos fenómenos a través de todas las escalas estructurales desde la célula hasta el cuerpo entero?

A través de las escalas de organización sucesivas (ver post sobre fractales), los estímulos o las fuerzas que recibe el organismo entero o una de sus partes, se transmiten al nivel celular.

Esta organización jerarquizada posee un papel protector (amortiguador), las fuerzas (expresadas en newton), recibidas a la escala del cuerpo (macronivel), son atenuadas para llegar al orden de los milinewtons (y menos), “comprensibles” para la célula (micronivel). De esta manera, la piel y los tejidos normalmente resisten el estiramiento, y el cuerpo tiene la capacidad de asimilar impactos o choques a veces violentos.

El cuerpo humano forma un sistema automodelado de tensegridad: los huesos, elementos discretos (discontinuos) comprimidos, elevados (contra la fuerza de gravedad) y en equilibrio con la red músculo-fascial tensada que interconecta y sostiene la estructura.

Podemos describir a las fascias como un tejido corporal contínuo, que cumple el papel de “red tensional”: contiene, comunica, vehiculiza información, protege y “tensa” la estructura.

La columna vertebral y la cabeza son una unidad funcional. Este sistema, de partes blandas en tensión y puntales de sostén: como son los huesos, generando compresión, posee todas las características de una estructura de tensegridad.

La columna vertebral con sus ligamentos, fascias y músculos (interespinosos, trapecio, dorsales, lumbares, etc.) funciona como un sistema de tensegridad, en el que las clavículas, las vértebras y las articulaciones sacroilíaca, la escápulohumeral e incluso el hueso hioides en el cuello, están relacionados.

Las partes blandas sostienen, tensan y alinean a la columna. Si la tensión es excesiva el flujo de fuerzas se bloquea y el sistema se vuelve rígido y se desequilibra. Si la tensión es poca o nula, el sistema colapsa, se cae y si los tensores tiran de manera desigual, aparecen deformaciones, torsiones, desbalances, etc.

La correcta posición de la columna vertebral (derecha, estirada, flexible) y la cabeza (en equilibrio sobre los hombros) depende de una “tensión justa o correcta”.

Una de las principales propiedades de la tensegridad es, "la capacidad de disipar las fuerzas y distribuirlas entre todas las partes que componen el sistema, en vez de concentrarlas en aquella que las recibe directamente". Este es un principio fundamental de la “reflexología”.

Otro punto importante es que los sistemas que se autoequilibran consumen menos energía.

En la naturaleza la evolución tiende a la optimización, mayor funcionabilidad (equilibrio dinámico) con un menor gasto de energía.

Las fascias son un camino de acceso directo a las células

El concepto de tejido matricial de tensegridad, desarrollado a propósito de la célula, se encuentra también en la escala macroscópica con la red de fascias.

Por medio de la red fascial se puede acceder a los procesos celulares que relacionan las señales mecánicas recibidas por las membranas a los fenómenos bioquímicos, es decir la transducción mecánica, mediante presiones, manipulaciones y estiramientos como en el caso del shiatsu o la osteopatía.

El citoesqueleto verdadera “fascia intracelular”, funciona como una continuidad de la gran red extracelular de fascias.

El nivel microscópico de la célula con su estructura molecular y el nivel macroscópico de los músculos, fascias y tendones están conectados, son una continuidad, proyecciones de lo mismo pero en diferentes escalas. Es igual para cada parte del cuerpo.

El estado de las partes blandas (músculos, tendones, ligamentos), que representan el sistema de tensión, depende también del estado de los órganos internos, en particular hígado y bazo.

Los huesos, el sistema en compresión, dependen de la energía de los riñones.

La tensión justa y equilibrada del sistema músculo-tendinoso fortalece y protege a los órganos internos. La información viaja en todas las direcciones.

La conciencia mueve la energía y afecta a la materia. Energía y materia se intertransforman sin cesar (E=MC2). La información se desplaza en forma de ondas (en este caso mecánicas) que se propagan y son leídas e interpretadas por las células que a su vez devuelven la señal generando un efecto físicoquímico, el cual reenvía información al medio (retroalimentación o biofeedback).

En la tensegridad, la estructura se considera como una unidad integrada completa, con capacidad para distribuir las fuerzas en todas las direcciones y reequilibrarse. Se puede entender así, como los estímulos o cambios aplicados en una zona ejercen también efectos a distancia.

Sin una cierta “tensión” y sin una cierta “presión” no es posible la vida.

La célula depende de su forma y estructura para desarrollarse y vivir. La forma, a su vez, es mantenida y generada por la función.

Estructura y función, 2 aspectos de una única realidad.

Entonces, la mejor manera de mantener la salud y prevenir enfermedades (y en muchos casos curarlas), es con presiones y estiramientos. La práctica regular de chi kung, yoga, masajes y otras disciplinas afines favorecen este propósito.

Simplemente energía e información aplicadas en la dirección correcta.