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jueves, 1 de diciembre de 2011

Células inteligentes



La integración de las diferentes señales físicas sólo es posible si cada una es traducida primero en un tipo común y unificador de señal.
Una vez unificadas las señales, estas se integran y posteriormente son traducidas en una respuesta en los diferentes niveles.
Por ejemplo, todos los diferentes tipos de señales que recibimos en nuestro cerebro (visión, audición, tacto, propiocepción, etc.) son primero traducidas en impulsos eléctricos, llamados potenciales de acción, antes de que sean integradas.

Un potencial de acción es una onda de descarga eléctrica que viaja a lo largo de la membrana celular. Es un cambio muy rápido en la polaridad de la membrana de negativo a positivo y vuelta a negativo, en un ciclo que dura unos milisegundos.

El potencial de acción no se mantiene en un punto de la membrana plasmática, sino que viaja a lo largo de la membrana. Puede desplazarse a lo largo del axón de una neurona a mucha distancia, por ejemplo transportando señales desde el cerebro hasta el extremo de la médula espinal. En animales grandes como las jirafas o las ballenas la distancia puede ser de varios metros.
Para que se desencadene un potencial de acción es necesario un estímulo suficiente para traspasar en determinado umbral.

Los potenciales de acción se utilizan en el cuerpo para intercambiar información entre las células tejidos del organismo.. Pueden generarse por diversos tipos de células del cuerpo, pero las más activas en su uso son las neuronas, que los usan para enviar mensajes a otras células del sistema nervioso o a otros tejidos corporales, como el músculo y las glándulas.
Esta información bioeléctrica es transformada en las estructuras encargadas de generar una respuesta, por ejemplo: los músculos la vuelven a convertir en acción mecánica, o las glándulas en secreción química.

Si las células tienen un sistema de integración, también deben de utilizar señales de unificación heredadas e incluidas en la información genética. Las células siguen reglas lógicas y específicas antes de responder y además comunican entre ellas de maneras diversas, pero poseen una comunicación holística e instantánea que no puede ser mediada por potenciales eléctricos ni químicos, dada su velocidad, complejidad e instantaneidad.


Por ejemplo, si observamos los movimientos complejos de una bailarina no es posible que los realice dependiendo solo de su actividad electroquímica. Considerando que hay impulsos nerviosos (bioelectricidad) que viajan a 100 m/s (360 km/h) en los gruesos nervios motores que tienen vaina de mielina, pero en los nervios sensoriales o sensitivos, que no estan recubiertos de mielina, la velocidad es mucho menor, (puede llegar a 6 km/h).
Existe un nivel de organización y control mucho más sutil e instantáneo que integra las señales y la información.

El sistema nervioso es discontinuo y está formado por una gran variedad de estructuras, cada una con sus particularidades y distintas velocidades de interacción, sin embargo la integración de las señales es instantánea, varias de estas estructuras y conexiones se activan al mismo tiempo.
Por lo tanto, estas señales de unificación celular no pueden ser señales eléctricas, químicas o mecánicas.
¿Cómo es que cada célula sabe lo que le pasa al resto de las células del organismo casi instantáneamente?
Porque forman parte de un mismo organismo organizado en niveles vibratorios de jerarquía y complejidad y cada nivel tiene su vehículo de información apropiado para ese nivel (electricidad, química o luz), pero el sustrato fundamental e integrador es la conciencia.

El viejo modelo anatómico y fisiológico ya no alcanza para explicar lo que realmente sucede en el cuerpo y esto es también causado porque se omite su interacción con los campos de energía e información que rodean y sustentan al organismo.




Un cambio de paradigma

Hasta ahora la ciencia describe a las células más bien como “autómatas biológicas” programadas para una determinada función y condicionadas por la información contenida en sus genes. Si bien se les atribuye cierto grado de conciencia, no se las considera inteligentes.
Según la enciclopedia, inteligencia (del latín intellegentĭa) es la capacidad de entender, asimilar, elaborar información y utilizarla para resolver problemas.
Las células entran dentro de esta definición.

Evidentemente si tratamos con alguien inteligente ya de por si se establece una comunicación, un dialogo entre las partes. Entre entidades inteligentes se espera como mínimo que se establezca un diálogo inteligente.

No se acepta que una célula tenga un grado de inteligencia fundamental, pero cada uno de nosotros, que estamos  hechos de miles de millones de estás células, nos consideramos muy inteligentes y en general no nos preguntamos ¿De dónde sale nuestra inteligencia? ¿Porqué somos conscientes?
¿Como es posibles que percibamos un realidad donde la conciencia esta separada de la materia?

Claro que si considerásemos que nuestras células son inteligentes deberíamos cambiar la forma en que  nos percibimos, y percibimos el universo en el que vivimos.

Viendo como se organiza y estructura el universo en niveles de jerarquías que forman parte de un todo, y a su vez cada parte es un reflejo del todo, es muy probable que nosotros mismos seamos células de un organismo superior, y al igual que cada inteligencia celular es parte de una inteligencia superior, nuestra propia inteligencia sea parte de una suprainteligencia. Una sola conciencia manifestada en diferentes niveles de organización y complejidad.

Como se señaló anteriormente, si comenzamos a considerar que las células son inteligentes, el tratamiento médico debería implicar  la "comunicación" con ellas y el intercambio de información, en lugar de inundar el organismo con productos farmacológicos o maltratarlo con métodos invasivos como lo hacemos hoy.

Las células son capaces de integrar las señales que son físicamente diferentes, como las mecánicas, eléctricas, químicas, la temperatura, el pH, etc., antes de generar una respuesta. 
Las células pueden adaptarse a los cambios del entorno e incluso modificar su información genética si lo necesitan para adaptarse y sobrevivir.
Las células pueden disponer de la información contenida en sus propios átomos, información que proviene del universo mismo. Nuestras células comparten el mismo sustrato que la tierra, el sol y las estrellas y cada partícula elemental contiene la información de la totalidad.

Si aceptamos que cada célula es consciente, entonces debemos aceptar que las moléculas y los genes son la “expresión” de esta conciencia, y no los "determinantes" de las funciones vitales de las células. 
Es curioso porque nos consideramos muy inteligentes como especie, "en el tope de la escala evolutiva", sin embargo no aceptamos que esa capacidad ya se encuentra implícita en los niveles fundamentales de la vida.

Si para la ciencia las células fueran inteligentes, los científicos tendrían que reconsiderar todas las descripciones biológicas clásicas de las cadenas de causa y efecto en la función celular, desde los genes hasta las moléculas.
Es curioso como los seres humanos, dotados de conciencia e inteligencia, pueden olvidar sus orígenes y no ver esta inteligencia en todas partes, en cada ser vivo, ¡en cada célula!.

Si aceptáramos que las células son inteligentes, podríamos incluso comunicar con ellas, en un diálogo íntimo y directo…
…Al fin y al cabo si somos inteligentes, ¿Acaso no es mejor estar viviendo en un medio inteligente?

Consideremos la voz de un organismo complejo como el nuestro. Es obvio que no decimos lo que nos manda un gen o una molécula. Sin los órganos de la fonación no es posible hablar. Pero la capacidad de hablar, de elegir las palabras, el ritmo, la entonación, el volumen, el contenido…todo esto no es programado, si no que responde a un control inteligente. Es decir,  no existe un gen que programe las moléculas de las células musculares en las cuerdas vocales para interactuar en la manera de hablar o en el contenido. Pero incluso si fuera programado, ¿quién es el programador? ¿Hay una inteligencia detrás de la inteligencia?

La función da forma y crea la estructura. La necesidad hace a la función. La conciencia genera la necesidad. La necesidad organiza a la materia y estimula la creatividad.

Así que en principio, inteligencia mediante, no sería muy difícil poder comunicar con nuestras propias células, que en definitiva, somos nosotros mismos.

Y para comunicar, lo primero es saber escuchar.

Sin embargo, cuando se trata de células, la tendencia convencional es creer lo contrario: los biólogos a diario, afirman haber encontrado nuevos genes y moléculas que actúan e interactúan para producir esta o aquella función celular. Como si las células fueran autómatas inertes condenadas por un rígido código genético. Esta es todavía nuestra herencia newtoniana de un universo mecánico y material, considerado más bien como un aparato de relojería sin anomalías.  
La ciencia al servicio de la tecnología.
Pero la nueva ciencia se está mezclando con la espiritualidad. Las barreras se van transformando.

Hay vientos de cambio. Los modelos están cambiando. Un nuevo paradigma.

Un cambio de paradigma, significa un cambio de mentalidad y de hábitos.

El cambio significa evolución.



sábado, 27 de noviembre de 2010

La evolución y los hábitos


En este universo vivo y conciente en el que vivimos, no hay leyes de la naturaleza, solo hábitos.
No hay nada externo al universo que fuerce una ley en él.

La ilusión que tenemos de que en el universo hay leyes fijas es el resultado de no tener la necesidad de cambiar esos hábitos.
Cuando los hábitos deben cambiarse para asegurar la supervivencia del organismo, vemos este evento de la naturaleza y lo llamamos evolución.
Dicho de otra manera, la evolución es una cambio de hábitos para que el organismo sobreviva. .
En 1988 John Karat y su equipo hicieron el siguiente experimento: pusieron células intolerantes a la lactosa rodeadas solo de este azúcar como alimento. Si hubiera una “ley” de la naturaleza estas células habrían estado condenadas a morir, sin embargo, todas sobrevivieron. Cada una entendió el problema al que se enfrentaban y reemplazaron la enzima defectuosa que no les permitía metabolizar la lactosa por otra enzima funcional, para poder así alimentarse.

Si una célula comprende como cambiar, y es capaz de evolucionar para poder sobrevivir y evitar la extinción, con más razón un organismo o un ser vivo puede hacerlo.

La creencia generalizada es que nuestro cuerpo es como una máquina biológica controlada por genes, un cuerpo físico compuesto por células sin conciencia, regidas por leyes inmutables y nuestros pensamientos, emociones y conductas están separados y no pueden modificar estas “leyes” establecidas arbitrariamente.

De manera que siguiendo esta creencia convencional, somos más bien como víctimas de esta “legislación” natural y de una herencia genética sin el poder para influir ni muchos menos cambiar cualquier cosa en nuestra vida, incluso nuestra salud y felicidad.

En los años ´60, el biólogo Bruce Lipton tomó células madres que eran el producto de la división de una única célula madre, o sea, compartían exactamente la misma información genética y las dividió en tres grupos. Cada grupo fue puesto en un medio diferente, es decir, cambiando los componentes de su ambiente. El resultado fue que el primer grupo formó células óseas (osteocitos), el segundo células musculares (miocitos) y el tercero células grasas (adipocitos). O sea: hueso, músculo y tejido adiposo.
¿Qué fue lo que controló el destino de cada célula si eran genéticamente idénticas?, lo único diferente era el medio en el que crecieron.

Las propias células controlaron sus cambios, adaptándose al entorno.

Podemos controlar los cambios, tenemos ese poder, esa habilidad.

Cada uno puede controlar y crear su vida, depende de cómo se percibe el ambiente y de la realidad que proyecte el cerebro.

Si comprendes esta capacidad, entonces podrás vivir plenamente y guiarte a ti mismo a la más grande y hermosa experiencia en esta tierra.
Sentirse vivos y sanos, conectados a un universo que también está vivo y conciente.

La mente colectiva moldea nuestra evolución.

Las crisis sociales y los grandes cambios energéticos a nivel planetario que estamos experimentando, están movilizando una gran cantidad de energía a la superficie de la mente colectiva.

Esto está acelerando los cambios. Las células, el ADN, incluso los cuerpos sutiles están sufriendo una profunda transformación que nos modificará como individuos y como especie, de hecho es lo que viene pasando.
Lo importante es acompañar estos cambios, adaptarse, volverse íntimo consigo mismo y con sus procesos internos y no creer cualquier cosa ni dejarse confundir por la información mediática tendenciosa y alarmista. No es necesario seguir al rebaño ni identificarse con la falsa información.

De esta manera uno puede verse beneficiado y participar en esta verdadera mutación.

El secreto está en el cambio de hábitos.

miércoles, 9 de junio de 2010

El cerebro inteligente


Hace unos cien millones de años, el cerebro de los mamíferos experimentó una transformación radical que supuso otro extraordinario paso adelante en el desarrollo del intelecto, se fueron asentando nuevos estratos de células nerviosas que terminaron configurando la corteza cerebral o neocórtex (la región que planifica, comprende lo que se siente y coordina los movimientos).

El neocórtex del Homo sapiens, mucho mayor que el de cualquier otra especie, es lo que nos da características humanas. El neocórtex es el asiento del pensamiento y de los centros que integran y procesan los datos registrados por los sentidos. Y también agregó la posibilidad de reflexionar sobre los sentimientos, nos permitió además tener sentimientos sobre las ideas, el arte, los símbolos y las imágenes.
Pero por sobre todo una posibilidad única: trascender el tiempo y el espacio con la mente.

Es en los seres humanos donde madura el rol del “observador”.

A lo largo de la evolución, el neocórtex permitió un ajuste fino que sin duda supuso una enorme ventaja en la capacidad del individuo para superar las adversidades, haciendo más probable la transmisión a la descendencia de los genes que contenían la misma configuración neuronal.

La supervivencia de nuestra especie debe mucho al talento del neocórtex para la estrategia, la planificación a largo plazo y otras capacidades mentales.
Es la sede del lenguaje articulado: la palabra, nuestra civilización se creo con la palabra y de aquí proceden también sus frutos más maduros: el arte y la cultura. Se ha demostrado que la evolución acelerada de nuestra especie se debe fundamentalmente a la complejidad de los vínculos sociales.

La ciencia ha demostrado la relación directa entre el desarrollo de la corteza cerebral y el desarrollo social. Hay en los primates una correspondencia directa entre los dos aspectos, de manera tal que a mayor desarrollo de la corteza cerebral en las especies de primates, mayor desarrollo social: es decir, sociedades más complejas y organizadas.

Este nuevo estrato cerebral permitió comenzar a matizar la vida emocional. Tomemos, por ejemplo, el amor. Las estructuras límbicas generan emociones como: placer y deseo sexual, pero la aparición del neocórtex y de sus conexiones con el sistema limbico permitió el establecimiento de otro tipo de vínculos, como entre la madre y el hijo, que es el fundamento de la unidad familiar y del compromiso a largo plazo de criar a los hijos y esto es la base del desarrollo del ser humano.
A medida que ascendemos en la escala filogenética que conduce de los reptiles al mono rhesus y, desde ahí, hasta el ser humano, aumenta la masa neta del neocórtex, un incremento que supone también una progresión geométrica en el número de interconexiones neuronales.

Hay que tener en cuenta que,cuanto mayor es el número de conexiones, mayor es también la variedad de respuestas posibles. El neocórtex permite, pues, un aumento de la sutileza y la complejidad de la vida emocional.

El número de interconexiones existentes entre el sistema límbico y el neocórtex es superior en el caso de los primates al del resto de las especies, e infinitamente superior todavía en el caso de los seres humanos; un dato que explica el motivo por el cual somos capaces de
desplegar un abanico mucho más amplio de reacciones, y de matices, ante nuestras emociones.

Por ejemplo un conejo o un mono rhesus sólo disponen de un conjunto limitado de respuestas posibles ante el miedo o el peligro, la corteza cerebral del ser humano, , permite muchas más posibilidades, como por ejemplo llamar al 911. Esta capacidad brinda una gran flexibilidad adaptativa.
Cuanto más complejo es el sistema social, más fundamental resulta esta flexibilidad; y no hay mundo social más complejo que el del ser humano.
De todas formas el neocórtex no gobierna la totalidad de la vida emocional.
Las ramificaciones nerviosas que lo conectan con el sistema límbico son tantas, que el cerebro emocional (ver post anterior), sigue desempeñando un papel fundamental en la arquitectura de nuestro sistema nervioso.

El cerebro medio o emocional es el sustrato en el que creció y se desarrolló nuestro nuevo cerebro inteligente y sigue estando estrechamente vinculado con él por miles de circuitos neuronales. Esto es precisamente lo que confiere a los centros de la emoción un poder extraordinario para influir en el funcionamiento global del cerebro, en los centros del pensamiento y por supuesto en la conducta.


El ser humano posee un cerebro mucho más especializado que los primates, por lo cual, además de sentimientos, manejan un proceso racional de entendimiento y de análisis, ampliamente superior al de todos los demás mamíferos, directamente relacionado con las partes más especializadas del neocórtex, específicamente su región frontal, que le permite adquirir conocimientos, desarrollar sociedades, culturas, tecnologías, comprender las leyes que rigen el universo, y lo más importante: observarse y comprenderse a si mismo. Así que como vemos esta es una cualidad superior del ser humano: el autoconocimiento.

El neocórtex es el lugar donde se realizan los procesos intelectuales superiores.

Está estructurado por el hemisferio izquierdo y el hemisferio derecho.

El hemisferio izquierdo está asociado a procesos de razonamiento lógico, funciones de análisis, síntesis y descomposición del todo en sus partes (desarma todo para comprender). Evolucionó con este objetivo, como una herramienta, que nos permite, investigar, buscar mejores posibilidades (alimento, refugio, etc.) y sobre todo: comunicarlo a los demás.

El hemisferio derecho, en el cual se dan procesos asociativos y perceptivos, imaginativos y creativos, se asocia con la posibilidad de ver la globalidad y establecer relaciones espaciales. Comprende la escena total, pero no lo puede expresar.

Nuestros antepasados prehistóricos, como el homo ergaster, eran fundamentalmente carroñeros. No habían desarrollado aún la habilidad de cazar, tenían que conformarse con lo que había y con lo que dejaban los otros animales. Así descubrieron que podían comer la médula ósea (alojada dentro de los huesos) y a la que ninguna otra especie podía acceder. Como se sabe esta es rica en proteínas, células madre y sustancias esenciales para el desarrollo cerebral. Esto y el sol africano que daba de plomo en la cabeza de estos pequeños homos que ya andaban en dos pies. Hizo que el cerebro creciera exponencialmente, aumentando el número de conexiones neuronales y con ello la cantidad y variedad de posibilidades (de alimento y pareja) y se acelerara el proceso de mutación genética que a su vez condicionó el crecimiento cerebral.

La evolución de las aptitudes cognitivas del ser humano no es por tanto la consecuencia de una serie de mutaciones accidentales y progresivas, sino que responde a la intervención de una gran cantidad de cambios en unas condiciones de selección excepcionalmente intensas.
Y es muy probable que hayamos sufrido alguna tipo de manipulación genética por inteligencias superiores. Esta es una teoría sustentada por investigaciones serias y profundas.

Son estas condiciones las que han favorecido el desarrollo de la complejidad en nuestras capacidades de conocimiento, lo que nos convierte en una especie diferente, situada en el tope de la evolución en el planeta.

La corteza cerebral se convierte en el área principal de atención en la generación o resolución de problemas, análisis y síntesis de información y del pensamiento lógico, crítico y creativo.

Representa la adquisición de conciencia y se desarrolló a través de la práctica del lenguaje. Aquí se genera la voluntad consciente.

Las tareas no sensoriales se realizan en los lóbulos frontales.

La aparición de los calendarios implica que los seres humanos comenzaron a desarrollar progresivamente la capacidad de anticipar, planificar y visualizar, de poner el futuro posible en el presente.

Mientras que los animales, sobre todo los mamíferos son capaces de desarrollar emociones y aprender, la capacidad de proyectar el futuro de formas muy elaboradas, resulta específicamente humana.

Este nuevo cerebro, es el que permite el razonamiento.

Es el responsable del estrés, del interminable diálogo interno, de las dudas y de las contradicciones.

Es obvio, el hemisferio izquierdo trabaja con un sistema binario, percibe la realidad solo de forma dual: bueno-malo, positivo-negativo, gano-pierdo, cerca-lejos, etc. Esa es su función, trabaja de manera relativa, apoyándose en información conocida y comparando. Es solo una herramienta para seleccionar las mejores opciones.

El error consiste en percibir la realidad de la existencia solo a partir de estos datos aislados (y relativos). Luego es muy difícil salir de los límites impuestos por esta mente consciente.

Por eso es necesario aprender a pensar con la totalidad del cerebro. Es fundamental trascender el pensamiento dualista y discursivo, generado por hemisferio izquierdo y permitir que otras áreas se manifiesten y así poder percibir la realidad, y percibirse a si mismo, de manera más total y equilibrada. Más evolucionada.
La meditación es la puerta de entrada. En el silencio y la quietud se generan las condiciones necesarias de calma y equilibrio.

Los ejercicios de chi kung son de gran ayuda para mejorar la salud física y mental.

Zazen es la mejor postura para trascender la mente consciente y las contradicciones generadas por ella.

Zazen significa apagar el motor del consciente y fundirse en unidad con la conciencia cósmica.

Zazen representa la forma madura y equilibrada de nuestra vida.

Nos permite expandir la conciencia y percibir una realidad más amplia y bella. y que además se exprese y manifieste el ser superior. Nuestra auténtica naturaleza y esencia universal.
De manera inconsciente y natural.

La evolución continúa.

Es la esencia misma de la vida, y todo lo que hagamos para mejorar la adaptación, para aumentar nuestros conocimientos y posibilidades, no solo será beneficioso para cada uno, si no que todo el resto sentirá- de una manera u otra- esta influencia positiva.



domingo, 28 de febrero de 2010

Inteligencia y evolución

Un pensamiento es una unidad de energía e información, en términos físicos, podemos decir que es un quantum de energía e información, es decir, es la menor unidad que puede tomar una magnitud de un sistema.

Por ejemplo la menor cantidad de energía que puede transportar la luz es la que proporciona un fotón (no existe el medio fotón).
Otra característica del quantum es que puede tener propiedades tanto de onda como de partícula (dualidad onda-partícula), y en este caso interaccionar con la materia transfiriendo energía (como lo hace la luz en el efecto foto-eléctrico), presentar fenómenos de superposición, imprevisibilidad, insustancialidad, etc.

Y un pensamiento se ajusta a estas características, así que podemos considerarlo también como un fenómeno cuántico.

Cada pensamiento que tenemos es una unidad de información y de energía. Si uno quiere levantar un brazo necesita energía para moverlo e información para hacerlo de manera correcta, y no levantar el pié por ejemplo.

La cantidad de energía y el tipo de información que contenga ese pensamiento depende de varios factores, como el nivel de energía vital (relacionada con la herencia genética, los hábitos de vida, la alimentación y la respiración), la educación, el entrenamiento, etc. Pero esto lo veremos luego con más detalles.
Los fenómenos cuánticos dan lugar a todas las manifestaciones del universo, incluido nuestro cuerpo.

Los pensamientos en tanto que fenómenos cuánticos se transforman en fenómenos de espacio-tiempo que denominamos materia, como el cuerpo físico. Y esta no es una especulación oriental. Hace ya varias décadas que se sabe que un pensamiento o una emoción, pueden transformarse en fenómenos bioquímicos. Un ejemplo de esto son los neurotransmisores, que son el modo bioquímico que tienen las neuronas para comunicarse entre sí.
Algunos de estos, que fueron llamados neuropéptidos, tienen receptores en la membrana de las células nerviosas (neuronas).

Lo interesante es que se han descubierto receptores para estos “mensajeros” en todas las células del cuerpo.

Se descubrió, por ejemplo, que las células del sistema inmunitario, como los linfocitos, tienen receptores en su superficie para los neuropéptidos producidos en el cerebro por la actividad mental, las emociones o los sentimientos.
Según el tipo de pensamiento o sentimiento que tengamos se sintetizaran diferentes tipos de neuropéptido que activaran o inhibirán a la célula.
De manera que el “dialogo interno” es escuchado todo el tiempo por nuestras células inmunológicas.

También cuando tenemos un sentimiento en las “tripas”, no es algo metafórico, es un hecho científico.

Los intestinos sintetizan los mismos péptidos que el cerebro cuando piensa, es el caso del péptido intestinal vasoactivo.

Creo que uno debería fiarse más del pensamiento visceral, instintivo, conectado además con nuestro cerebro arcaico, prehistórico. Las “tripas”, no evolucionaron durante millones de años dudando de sus pensamientos.
Lo que se dice: “escuchar al cuerpo”

Recuerdo una imagen del Tsunami en las costas del sur de Asia, que me impactó mucho. Se veían enormes grupos de aves que volaban en dirección opuesta al mar, obviamente huyendo del fenómeno, y contrariamente, grupos de turistas que se acercaban a la costa para ver el espectáculo del mar que se retiraba. Un ejemplo de desconexión que se paga caro.
Experimentamos la información y la energía todo el tiempo.

Somos el resultado de la experiencia de la conciencia.

Nuestro cuerpo físico es la experiencia objetiva, palpable.
Nuestros pensamientos son la experiencia subjetiva, insustancial.

Pero los dos son inseparables, no son diferentes.

De hecho, la forma en que comprendamos esta relación: sujeto y objeto, será la forma en que podamos penetrar en nuestra auténtica naturaleza. Sin disfraces, ni límites de condicionamientos, sin falsas creencias ni tabúes, y percibir una realidad más amplia y profunda.

Entonces, con nuestra mente y los pensamientos hacemos la experiencia subjetiva de la energía y la información y con nuestros cuerpos, nuestras células, experimentamos la energía y la información objetivamente, mediante los receptores y órganos sensoriales..

Pero lo subjetivo y lo objetivo son diferentes etiquetas que designan lo mismo: la experiencia de la conciencia, y comprender esto con la totalidad del ser es vital para nuestra supervivencia y evolución, no solo en el plano individual sino como especie.

La explicación darwiniana de la supervivencia del más apto -o del más fuerte-, ya no se aplica con éxito a los seres humanos, que nos convertimos en los principales depredadores del planeta, y como se sabe, la historia de los depredadores termina siempre en extinción.

Ahora debemos hablar de la supervivencia del más inteligente, ya que como está demostrado, nuestros cuerpos físicos ya no evolucionan más, y en ciertos aspectos involuciona (menor vello, menor masa muscular, menor resistencia a las enfermedades, etc.).

La evolución del ser humano es la evolución de la conciencia.

Por esto es fundamental aprender a conocer la naturaleza de la materia, de los pensamientos, de la conciencia y la relación que existe entre ellos, si es que están separados.
Aprender a conocer y a experimentar ese flujo inagotable de energía e información que nos rodea y nos crea a cada instante.
Esto significa transformar al depredador en creador, el animal que se convierte en dios, el ser humano que amplía su visión y comprensión de la naturaleza y de si mismo en unidad con todo.

El sujeto y el objeto se vuelven uno.

Es la evolución de la inteligencia

martes, 23 de febrero de 2010

La ilusión del materialismo


Una experiencia imaginada puede generar un flujo de sustancias químicas en el organismo que reproduce la experiencia real. ¿Por qué?: El cerebro no diferencia entre lo que imagina y lo que percibe.

Si imaginas que estas recostado en la playa, escuchas el ruido de las olas, el aroma salado del mar, la brisa fresca y un cielo azul hermoso, comenzarán a segregarse neurotransmisores y hormonas los cuales desencadenaran una serie de impulsos nerviosos que harán que se modifiquen las ondas cerebrales, que disminuya la frecuencia cardíaca y respiratoria y baje la tensión arterial, los músculos se relajarán y muy probablemente gracias al aumento de serotonina en el cerebro, te duermas.


Pero si imaginas que te persigue un toro y que está por alcanzarte, la situación cambia. Se experimenta agitación, taquicardia, hiperventilación, etc. Todo gracias al aumento en sangre de algunas sustancias como la adrenalina y el cortisol.

Este es el mismo mecanismo de acción que encontramos en el estrés. El cerebro trabaja y produce sustancias todo el tiempo como si estuviera huyendo o luchando, pero sin lucha ni huida.

También se puede hacer la prueba de recordar (o imaginar) una experiencia traumática y comprobar el impacto que en el cuerpo físico esta genera.

Y aquí llegamos a una cuestión importante, ¿Qué es entonces esto que llamamos “realidad cotidiana”?

El conocimiento que tenemos de la “realidad cotidiana” es el resultado de la interpretación que hace nuestro cerebro de la experiencia sensorial. Así es como experimentamos el mundo, a través de los sentidos.

Estamos condicionados para creer que lo que vemos, oímos, tocamos, olemos y saboreamos, es real, es decir tiene una sustancia propia e inherente. Y lo que no, bueno, entonces no existe en realidad o es imaginación. Como se dice vulgarmente: “ver para creer”.

Sin embargo cualquier objeto o cuerpo físico que podamos tocar y nos parezca sólido, es de hecho, una ilusión. No tiene nada que sea propio y además, como ya hemos comprobado, su existencia depende del observador. Y el observador a su vez depende de sus instrumentos de observación y de medición, que en este caso son los órganos de los sentidos y el sistema nervioso, y la forma en que hemos aprendido a utilizarlos y según el estado en que se encuentren, nos proporcionarán cierta información que interpretamos como “realidad”.

Creemos que esa imagen de la realidad es real. Pero hay una diferencia entre nuestra percepción de la realidad y la realidad. Y hay una cantidad enorme de experimentos que lo demuestran. Y esto es válido para todos los seres vivos. Una abeja no percibe la flor igual que un ser humano. Incluso entre los humanos, la percepción de la misma flor es diferente.

Entonces, ¿Cómo es el mundo en realidad?
La respuesta está en el observador, en la manera de percibir, de interpretar, en la forma y en el momento en que lo hace, y también por la clase de preguntas que se haga en el momento de hacer la observación.

La realidad es una respuesta del observador.

La imagen que tenemos del mundo depende de como aprendimos a verlo, a percibirlo. Es el resultado de un condicionamiento.

Como hasta ahora ha prevalecido el modelo “materialista”, nuestra forma de percibirlo es física. Somos cuerpos físicos, en un mundo físico, sólido, palpable e inmutable.

Nos enseñaron desde niños a confiar en nuestros sentidos y a crear la realidad a partir de ellos, cuando hasta el sentido común nos indica que los sentidos son lo menos fiable.

Nuestros sentidos nos dicen que la Tierra es plana y esta quieta, sin embargo sabemos que estamos parados sobre una bola que gira y se desplaza a una velocidad vertiginosa por el espacio.

Nuestros sentidos nos informan que las hojas del árbol son verdes, cuando en realidad este es el color de todo el espectro visible que justamente el árbol rechaza y no absorbe, por eso lo vemos.

Los sentidos nos dicen que las cosas tienen un sabor, un color, un olor, una textura y tendemos a pensar que esta es su naturaleza intrínseca, cuando en realidad es la naturaleza intrínseca del observador.

Entonces si queremos evolucionar y cambiar la percepción de la realidad y de nosotros mismos, debemos deshacernos de la vieja y supersticiosa forma de interpretación basada en el modelo materialista.
Y esto es algo que va muy profundo, por ejemplo, se supone que un médico va a tratar a personas vivas y por consiguiente deberá aprender el significado de la vida y de la salud, sin embargo con lo primero que uno se topa en la facultad de medicina es con un cadáver.

Es así como se concibe de entrada al cuerpo humano, como una estructura anatómica rígida con sistemas y aparatos objetivos, es decir concretos, conocidos a partir de cortes y disecciones, y la conciencia y todo lo que sea no-físico (ni palpable), es considerado como un expresión de este cuerpo físico.

Este es el modelo que prevalece todavía en la actualidad.

La ciencia basada en el modelo materialista intenta descubrir los mecanismos de la enfermedad con la esperanza de encontrar la cura por este camino, experimentando, gastando dinero, recursos y salud, con el objetivo de neutralizar los efectos de la enfermedad.

Sin embargo esto no ha funcionado. Ya que este método no descubre el origen de la enfermedad, solo sus mecanismos y efectos. Además las condiciones que llevan a la enfermedad no son las mismas que llevan a la salud.

La ciencia define a la salud como:”la ausencia de enfermedad”, es decir, sino tiene nada que se pueda comprobar, entonces no está enfermo. Esto es un ejemplo de visión materialista y limitada.
La salud no es la mera ausencia de enfermedad, sino que es un estado de equilibrio, de armonía, de vitalidad, de felicidad, de creatividad; es decir, un estado a partir del cual se puede acceder a los niveles superiores de la conciencia.

Y aunque la medicina moderna es eficaz en el tratamiento de muchos trastornos agudos y en varios aspectos ha habido avances: en la cirugía, genética, diagnóstico por imágenes, etc. No se puede decir que hoy en día haya menos enfermedades que antes, más bien lo contrario.

Como vimos en el post anterior, muchas personas viven aparentemente más, pero llenos de medicamentos durante buena parte de sus vidas.
Hay antibióticos cada vez más potentes y aparentemente eficaces y al mismo tiempo las bacterias desarrollan una resistencia cada vez mayor a estos, y el número de infecciones hospitalarias o por la intervención médica, lo que se llama iatrogenia, aumenta cada vez…incluso muchos mueren por esta causa…y la guerra al germen continua!.

Pasa lo mismo con el cáncer, actualmente hay mas gente investigando y experimentando para descubrir una cura, que personas enfermas. A pesar de esto la incidencia de cáncer aumentó considerablemente en los últimos 20 ó 30 años. Y esto es estadístico. Podría decirse que “hay mas gente que vive del cáncer que gente que muere debido a él”.

La causa número uno de drogadicción en el mundo no son las drogas ilegales vendidas por traficantes sino los fármacos prescriptos por médicos y que se compran en las farmacias.

Según estudios realizados se ha calculado que aproximadamente el 50% de la población de USA, Canadá y Gran Bretaña toman un medicamento recetado cada 24 hs., no tengo las cifras de Argentina, México o Brasil, pero creo que en las grandes ciudades debe ser similar.

Así que algo no funciona en este modelo materialista, que nos hace creer que el mejor diagnóstico se logra por medio de aparatos sofisticados y análisis costosísimos y la cura está en una milagrosa pastilla de última generación.

Si queremos comprender el significado de la salud, debemos comprender el significado de la vida, en todas sus manifestaciones. Hacernos preguntas profundas, ahondar en nuestra naturaleza, comprender la inteligencia de nuestras células, percibir la vida que nos rodea y atraviesa, sentir la corriente cósmica de la impermanencia y lo insustancial de la realidad.
¿Cuál es el significado de mi existencia? ¿Quién soy en realidad? ¿Cómo puedo conocerme mejor?
Obviamente para responder a estas preguntas necesitamos cambiar la forma de interpretar el mundo. Cambiar la manera de percibir la realidad, de percibir nuestro cuerpo, nuestras emociones. Aprender a pensar y a darle un sentido a nuestras acciones.

Poder crear una realidad más allá de los sentidos.
La evolución del ser humano es una evolución de la conciencia.

El fin de la ilusión del materialismo.

jueves, 18 de febrero de 2010

Nuestro cuerpo inteligente


El cuerpo humano ha evolucionado a lo largo de millones de años desarrollando una inteligencia extraordinaria.

No solamente evolucionó individualmente, lo ha hecho en armonía y equilibrio con el entorno. Un ejemplo lo constituye el mundo vegetal, las plantas y los humanos evolucionamos en forma paralela (no podría ser de otra forma).

Actualmente muchas personas en distintas áreas de la ciencia hablan de la Biosfera, que considera a la Tierra como un organismo vivo; obviamente, si está vivo tiene conciencia y respira.
Volviendo al cuerpo humano, esta inteligencia refleja la sabiduría del universo.

Cada célula contiene la información resultante de la evolución misma del universo. Por eso su vibración y su funcionamiento no están separados de los ciclos, los cambios y de la conciencia misma de la naturaleza.

La ciencia, y la medicina moderna, como expresión del pensamiento científico, siguiendo el método y la concepción experimental y “objetiva”. podriamos decir: material, ha separado para su mejor estudio y clasificación, a las especies entre sí, a los seres humanos de su entorno, aisló sus células, sus órganos, los repartió en especialidades y la conciencia, como no puede ser seccionada ni observada en un microscopio o fotografiada en un tomógrafo, fue descartada.

De esta manera se desarrollaron especialidades, y especialistas, que solo contemplan una parte (aislada) de ese “todo” viviente y conciente que se encuentra interconectado con todo lo demás. Así por ejemplo surgió la farmacología química, que a su vez dio nacimiento a farmacias, laboratorios y empresas que producen y comercializan lo que la naturaleza realiza desde hace millones de años.
Nuestro cuerpo es una farmacia natural asombrosa, un laboratorio que trabaja sin descanso y desinteresadamente con sustancias recicladas y tecnología universal.

Es capaz de fabricar medicamentos tales como tranquilizantes, analgésicos, somníferos, antibióticos, inmunomoduladores, antihipertensivos, hormonas, etc. De una manera eficaz, exquisita, sin efectos adversos y en las dosis exactas según la necesidad.

Ahora estamos empezando a comprender el verdadero potencial de la fisiología humana, no solo en la medicina preventiva, la cual incluye hábitos de vida, alimentación y toda una serie de actitudes físicas y mentales que previenen la aparición de la enfermedad, sino también en el enorme poder curativo que posee el cuerpo.

Comenzamos a conocer el impacto de los pensamientos y las emociones en el cuerpo físico. Un cambio de mentalidad que considera que el cuerpo y la conciencia no están separados sino que son diferentes aspectos de una única realidad y que, obviamente, se influyen y se generan mutuamente.
El gran error de muchos médicos, es no tener en cuenta la inteligencia del cuerpo. Olvidan que ese organismo que representa el fruto de millones de años de exitosa evolución, sabe exactamente que hacer, si lo dejan y lo ayudan y permiten, no con técnicas invasivas, experimentales o cruentas, sino con respeto y conocimiento de su naturaleza, que pueda expresar todo su potencial curativo.

Al olvidar esto, creen, por vanidad o ignorancia, que es su “ciencia” la que cura. Y como se ve hoy en día, en la mayoría de los casos, apenas alcanza para mejorar un síntoma. Incluso en una cirugía, cuando se remueve el tumor, o la causa del trastorno, es el cuerpo el que cicatriza y el que restablece su normal funcionamiento.

Desde hace mucho tiempo se registran casos de curaciones “milagrosas” que la ciencia no puede explicar (de ahí lo de milagrosas). Personas con cáncer o con enfermedades degenerativas que un día se curan, y lo que tienen en común es que la mayoría dejaron sus tratamientos “convencionales”, ya sea químicos o quirúrgicos, y adoptaron un cambio de mentalidad y de hábitos, lo que favoreció precisamente para que el cuerpo pueda poner en marcha su capacidad de auto-curación.

Este conocimiento de nuestra verdadera naturaleza y de sus enormes posibilidades, nos conduce a un cambio de mentalidad y de actitud, dónde ya no nos podemos considerar aislados del resto, ni creer que lo que pensamos no influye en nuestro cuerpo ni en el entorno. Por el contrario, nos volvemos creadores y responsables de lo que pensamos, de lo que decimos y de lo que hacemos. Manteniendo la confianza en nuestra propia naturaleza, que no es diferente ni está aislada del resto del universo.

Universo puede parecernos una palabra muy grande, inalcanzable, relacionada con las estrellas, los planetas y el espacio exterior, pero nuestro cuerpo es un espejo del cuerpo del universo y nuestra conciencia es un espejo de la conciencia del universo.

Es muy bello, muy acogedor, somos en verdad afortunados.

La dificultad aparece cuando vivimos esta vida humana separada de todo lo demás, buscando en el exterior lo que siempre llevamos puesto.