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viernes, 26 de febrero de 2010

El camino del equilibrio


Cuando se habla de materialismo o espiritualidad, se corre el riesgo de caer en extremos o dualidades engañosas e ilusorias.

Volverse “espiritual” y rechazar la materia es tan ilusorio como creer que la realidad es material y sólida sin considerar a la conciencia, es decir, el nivel invisible y mas sutil.

Dicho de otro modo: es no ver la esencia espiritual en la materia y no comprender la utilidad material de la conciencia en el mundo físico, que la materia es la materialización de la conciencia.

Materia, energía y conciencia son tres aspectos de una sola realidad, surgidas del vacío creador, el océano de potencialidad infinita, la verdadera esencia.
Buda enseñaba “la vía del medio”. Un equilibrio dinámico, fluido y normal entre todos nuestros niveles existenciales.
Esto significa que para resolver las cuestiones fundamentales de nuestra vida, no se puede caer en extremos. Pero no es solo algo que concierne a la supervivencia o a la adaptación a una realidad. Para poder evolucionar y experimentar niveles superiores de conciencia, hay que estar sanos, o sea, en la condición normal de equilibrio cuerpo-mente y esto concierne también al nivel más básico, el físico o material.

Debemos ver el espíritu en la materia y a la materia en el espíritu.

El mundo material, el plano físico de la existencia, es el soporte del mundo espiritual, el vehículo, la encarnación. Por medio de la materia se puede expresar o manifestar el espíritu. Aquí reside el sentido del mundo físico, permitir al espíritu que tome forma y se exprese, observe, experimente.
En este sentido la ciencia puede aportar nuevos conocimientos que ayuden a conocernos más. Pero no hay que confundirse, la ciencia que no toma en cuenta el lado espiritual de la realidad, va a ser siempre limitada. Sus “avances” reducidos a logros en el campo de la tecnología, pero cada vez más alejada del ser humano.

El otro extremo lo representan las religiones que hablan de un Dios o de un espíritu separado del ser humano. Que crea, observa, premia, culpa y castiga a las personas que siguen o no una serie de reglas creadas casualmente por otros seres humanos, que se constituyen en intermediarios entre el espíritu y el hombre. Pura superstición e ignorancia, y como se comprueba en la actualidad, este modelo está muy lejos del verdadero espíritu.

Para conocernos verdaderamente, experimentar la autentica naturaleza y esencia de nuestro ser, hay que abandonar las viejas supersticiones y creencias y encontrar una nueva manera de vernos y de crear la realidad que nos rodea.

Ya vimos que fuimos educados y condicionados en un modelo materialista de la existencia. Lo que ha llevado a científicos y religiosos a tener inevitablemente este tipo de interpretación.

Lo curioso es que incluso la tecnología se basa en una premisa científica fundamental y es que la esencia del mundo material es no-material.

Por este principio son posibles, por ejemplo las comunicaciones (cada vez más sofisticadas), la TV o incluso el diagnóstico por imágenes.

La ciencia ya desde hace mucho ha atravesado la cáscara de la materia y penetrado en el ilimitado mundo de la energía y la información.

La física cuántica lo describe con claridad.

Nos muestra lo que somos en esencia: energía e información. Átomos y elementos que se reciclan sin cesar, en una danza que refleja la potencialidad pura del universo.

El cuerpo humano es un río de energía e información que se está renovando en cada momento de la existencia. No somos los mismos de ayer, ni de mañana. Y esta es una realidad científica. El cuerpo se renueva y transforma con más facilidad y naturalidad que la que necesitamos para cambiarnos de ropa.

Y si no, veamos estos datos: En cada inspiración absorbemos algunos billones de átomos del universo, que irán a formar parte de tejidos, órganos y sustancias producidas por el organismo.

Al exhalar eliminamos la misma cantidad de átomos que formaban parte de nuestro cuerpo y ahora vuelven al universo para ser absorbidos por una planta, un perro u otro ser humano, por lo que compartimos nuestras células y órganos con los demás todo el tiempo.

Como lo comprobamos, nuestro cuerpo está formado por elementos que hasta hace un rato quizás formaban parte de un gusano australiano, un ave del Amazona, un árbol africano o un indio yaqui.

Siguiendo con las investigaciones, los científicos han calculado que cada 3 semanas mil billones de átomos, que son 10 elevado a la 15 (10 seguido de 15 ceros), han circulado por nuestro cuerpo, que a su vez han circulado por las especies de todo el planeta.

Las partículas constituyentes de los átomos: los protones, neutrones y electrones son casi tan antiguos como el Big Bang, cerca de 14 mil millones de años.
En este sentido, la información científica ayuda a formarnos una idea diferente de lo que pasa en realidad en nuestro cuerpo. Amplia nuestros conocimientos.

Sin embargo seguimos, como individuos y como sociedad, apegados al viejo modelo que considera al cuerpo físico de carne y hueso, sujeto a leyes físicas inmutables, y al espíritu como una entidad o un dios en el cielo, separado de nosotros, que nos mira y juzga todo el tiempo.

¿Nuestros cuerpos?

Muchas tradiciones espirituales ya en la antigüedad hablaban del cuerpo físico como “cuerpo de ilusión”, enseñaban sobre el vacío creador y lo insustancial de la materia. Hoy en día la ciencia tiene el mismo lenguaje.

Si le pedimos a un físico que nos explique, desde el punto de vista de la mecánica cuántica, la verdadera naturaleza del cuerpo físico, dirá que no es físico, que el cuerpo está formado por átomos que a su vez están formados por partículas subatómicas que se mueven a gran velocidad en espacios enormes, y estas partículas, para llamarlas de algún modo, no son entes reales, son fluctuaciones de energía e información en un enorme espacio vacío. Si consideramos las teorías modernas podemos decir que estas “partículas” son el resultado de la vibración de minúsculas cuerdas, que son en sí mismas energía e información.

Desde el punto de vista de la física cuántica, el cuerpo humano está tan vacío como el espacio intergaláctico. Si pudiéramos verlo como es en esencia veríamos algunos puntos o nubes de electrones diseminados en un gran espacio vacío con algunas descargas eléctricas aleatorias. Más del 99% está vacío y ese escaso 0,5% que creemos sólido, también es vacío.
O sea, estamos hechos de nada.

Pero, ¿Qué es este vacío? ¿Que tan vacío está?

Esa vacuidad no es otra cosa que el océano infinito de pura potencialidad, de donde surge todo lo que existe en el universo: galaxias, estrellas, nebulosas, un árbol o un ser humano.

¿Y los pensamientos? ¿Nos preguntamos alguna vez de donde vienen los pensamientos? ¿Qué es en esencia un pensamiento? ¿y si la naturaleza actuara de la misma forma para crear una galaxia que para crear un árbol, un ser humano o un pensamiento?. Después de todo, comparten el mismo origen, la misma esencia.

El verdadero poder lo encontramos en el interior de uno mismo, en la propia esencia universal que nos crea y modela todo el tiempo. Si nos consideramos asi, con el poder de los pensamientos podremos ir más allá de los límites y contradicciones de la vida material y crear la realidad deseada.

Si seguimos la manera convencional, la visión material de la vida, quedaremos atrapados en el cuerpo físico, debilitándonos, prisioneros del peso y la densidad de la materia, generando pensamientos incapaces de mover siquiera una partícula de polvo. Gastando los tesoros de nuestra herencia natural en objetos y acontecimientos sin importancia.
Es para reflexionar.

La vía del medio es el camino del equilibrio.

Nuestro ser contiene todas las respuestas.
Solo hay que dejarlo ser.

martes, 2 de junio de 2009

Un universo que vibra



La teoría de cuerdas propone que el universo está fundamentalmente compuesto por objetos unidimensionales que son similares a una cuerda (string).
Estas cuerdas serían tan pequeñas que incluso en la microscópica escala de las partículas subatómicas parecerían como puntos.



En la teoría de cuerdas cada partícula es creada de alguna forma por diferentes patrones de vibración de las cuerdas.



Durante mucho tiempo los físicos han operado dentro de un mismo paradigma, sosteniendo que las partículas fundamentales, como el electrón , el neutrón o el protón, son como puntos, de 0 dimensiones. Según la teoría de cuerdas esta suposición es incorrecta.
La diferencia entre trabajar con objetos, partículas en este caso, de o dimensiones y cuerdas (de 1 dimensión) que se pueden estirar, enrrollar y además vibrar; es que estas causan problemas con la causalidad y violaciones de la ley de la relatividad especial que dice que nada puede viajar más rápido que la velocidad de la luz, entonces los cálculos vuelan por los aires.

El desarrollo de la teoría de cuerdas surgió principalmente por un problema importante que ha existido en la física durante casi 100 años.

El inconveniente es que la relatividad general, la teoría desarrollada por Albert Einstein que explica el comportamiento de la materia en escalas muy grandes o cosmológicas, es irreconciliable, no funciona con la mecánica cuántica y el modelo estándar, que explican el universo a escala subatómica, es decir, el universo relativista y el universo cuántico no pueden ser descriptos por las mismas leyes ni ecuaciones.

También existen otros problemas con el modelo estándar: tiene unos 20 parámetros libres que deben ser ajustados a mano, y tiene un gran número de partículas que declara fundamentales (además para cada partícula existen tres copias organizadas en generaciones, que sólo se diferencian entre sí en la masa).


Ya esto en si es complicado, y por otra parte, debido a que no puede ser reconciliada con la relatividad general, carece de una descripción de la gravedad, la más corriente de las cuatro fuerzas fundamentales. Con lo cual el modelo no es completo. Aún así es el aceptado "oficialmente", ganador del premio Nobel, etc.

Usar objetos 1-dimensionales en lugar de partículas puntuales resuelve muchos de estos problemas.


El número de parámetros libres de la teoría cae de 20 a 1 (un parámetro que corresponde solo al tamaño de las cuerdas), y se espera que los detalles de la teoría expliquen por qué existen las tres familias de partículas.


Aún más importante, encontraron que la teoría de cuerdas contiene gravitones de forma necesaria, es decir, la partícula portadora de la fuerza de gravedad.


Todo esto es un poco complicado, falta todavía un lenguaje matemático que exprese correctamente lo que describe la teoría. Por eso algunos científicos se resisten todavía a aceptarla, argumentan que no es comprobable aún y por lo tanto no es verdadera ciencia.


Creo que lo más limitado del pensamiento "científico" es esa especie de vanidad de creer que pueden explicarlo todo en una hoja de papel llena de cálculos abstractos o en un acelerador de partículas, fotografiando trazas de partículas efímeras, y si no entra en su modelo, entonces no existe.


Igual, hay un montón de partículas "hipotéticas" como el bosón de Higgs, que existen matemáticamente pero no se pueden crear en los colicionadores de partículas todavía, pese a los intentos y las inversiones (ver LHC). Siga participando...

Volviéndo a las cuerdas.

Lo interesante de esta teoría es que puede unir la relatividad general con la mecánica cuántica y para eso sugiere además, que el universo se compone de múltiples dimensiones.

Nuestra percepción ordinaria del mundo es en 4 dimensiones.

Estamos familiarizados con la altura, la anchura y la longitud: las tres dimensiones del espacio. Arriba-abajo, delante-detrás y los costados y 1 dimensión más para el tiempo.


La teoría de cuerdas apoya la posibilidad de 10 dimensiones, aunque las 6 restantes no las podemos detectar directamente.

Es posible que las 6 dimensiones extra sean extremadamente pequeñas y curvadas. Por ejemplo, si se mira a un tubo desde una gran distancia, parece ser una línea (1-dimensional). Una inspección más cercana del tubo revela 2 dimensiones: una a lo largo del tubo (la que vimos desde lejos) y una alrededor del tubo. Por tanto, el tubo es realmente una superficie bidimensional a pesar del hecho que parece ser una línea desde lejos.

Estas «cuerdas» vibran en múltiples dimensiones (de ahí las 10 dimensiones), y en función de la forma en que vibran, podrían ser percibidas en el espacio de tres dimensiones como materia, luz, o gravedad.

Es la vibración de la «cuerda» la que determina su apariencia de materia o energía, y toda forma de materia o energía es el resultado de la vibración de las cuerdas.

Pero la bella teoría, no tardó en encontrarse con un problema: tras una versión inicial de ecuaciones que la sustentaba, fueron descubiertas otras ecuaciones, igualmente coherentes.

Hay cinco grandes teorías de cuerdas, todas basadas en un universo de 10 dimensiones, y todas parecen ser correctas.

Esto no estaba bién, los científicos no podían con la aparente contradicción de cinco conjuntos de ecuaciones para describir el mismo fenómeno, es demasiado, porque, ¿si una es la correcta, que universo describen las otras?, se preguntaban.

A mediados de los años 90, Edward Witten, un físico del Instituto de Estudios Avanzados y otros importantes investigadores consideran que las cinco diferentes versiones de la teoría de las cuerdas podría describir lo mismo visto desde diferentes perspectivas.


Se propuso la unificación en una teoría llamada «Teoría M», en que la «M» no está específicamente definido, pero se entiende como «membranas».


La teoría M agrupó todas las teorías de cuerdas o supercuerdas, al afirmar que las cuerdas son realmente «anillos» 1-dimensionales de una «membrana» 2-dimensional que vibra en el espacio 11-dimensional. Para que esta "membrana" pueda vibrar, necesita de 1 dimensión extra, por eso esta nueva forma de teoría de cuerdas, la teoría M, describe un universo de 11 dimensiones.

La Teoría M no está completa; sin embargo, puede aplicarse a muchas situaciones.


La teoría del electromagnetismo también se encontraba en el mismo estado a mediados del siglo XIX; había teorías separadas para el magnetismo y la electricidad y, aunque eran conocidas por estar relacionadas, la relación exacta no se clarificó hasta que James Clerk Maxwell publicó sus ecuaciones en su trabajo de 1864, Una Teoría Dinámica del Campo Electromagnético.


A medida que vayamos evolucionando y mejorando la comprensión, irá cambiando la forma de expresar y transmitir esos conocimientos, y el lenguaje matemático no escapa a este hecho.

Los nuevos descubrimientos crean nuevos modelos o paradigmas. Y es la busqueda de esta verdad, de este conocimiento, lo que nos hace "más" inteligentes y nos empuja a nuevas búsquedas y más descubrimientos.