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jueves, 27 de noviembre de 2025
viernes, 17 de enero de 2025
domingo, 24 de mayo de 2020
El misterio del tiempo
Dr. Seiki Giacobone
Cada
vez que pensamos en la materia, deberíamos pensar en las ondas de pensamiento
que la crearon.
El
universo físico es una creación de la
Mente.
La
materia vibra, es movimiento. Pero la materia no tiene sustancia propia ni se
mueve por si misma. Lo único que se mueve es la mente.
La
sustancia de la materia es la mente.
La
densidad de la materia no es otra cosa que la acumulación de ondas de
pensamiento a diferentes presiones, generando gravedad y curvando el espacio.
Este es
un fenómeno eléctrico. Toda la materia está polarizada, o sea, está cargada.
El
universo físico esta hecho de luz polarizada, es decir luz (energía) dividida
en dos polos.
Igualmente
deberíamos considerar al tiempo como una acumulación de ondas de pensamiento.
Ondas
acumuladas durante innumerables ciclos en la formación de los cuerpos y del
mundo físico.
De la
misma forma que estas ondas de pensamiento le aportan a la materia su densidad,
forma, textura y otras dimensiones, también le añaden tiempo mediante la
prolongación de los intervalos de tiempo necesarios para repetir ese cuerpo.
Las
ondas de pensamiento acumulan tiempo, de la misma forma que acumulan masa.
Los
cuerpos materiales son simplemente ondas enrolladas. Energía empaquetada, por
un tiempo. Ese tiempo es también ondas empaquetadas.
Una
onda de pensamiento es extremadamente rápida, de hecho puede alcanzar una
velocidad de 300.000 km/seg., como la luz. De hecho el pensamiento es luz. Es
una onda que transporta información y energía.
Esta
velocidad lumínica es el límite máximo al que se puede viajar en este universo
físico. Más allá desaparece el tiempo y el espacio como lo conocemos.
A
medida que estas ondas de pensamiento se van acumulando en masas de materia,
van ralentizando su frecuencia, se hacen más densas y así prolongan su ciclo de
crecimiento y decrecimiento, aparición desaparición, en proporción a la masa de
ondas empaquetadas en ese cuerpo.
Este
concepto es difícil de asimilar porque desde pequeños nos acostumbramos a
percibir la materia y al mundo físico de una forma estática y fija, como si las
cosas se crearan y desaparecieran por si solas.
Es más
fácil si te hablan sobre ondas de naturaleza física: luz visible, sonido, olas,
etc., sin embargo el pensamiento es vibración, es movimiento, y todo lo que se
mueve lo hace en forma de onda, ondas que transportan información y energía, y estas ondas pueden acumularse generando
carga, densidad, masa y tiempo.
El
tiempo de vida de cualquier creación en la naturaleza está dado por la acumulación
de ondas de pensamiento en ese cuerpo.
Si aún
tienes dificultades para concebir lo que son las ondas de pensamiento o de luz,
piensa en algo que vibra, electricidad, energía, sonido, formas o colores, no
importa, lo que mejor imagines vale, porque esa imaginación es justamente ondas
de pensamiento.
El pensamiento es luz.
La luz es movimiento.
El movimiento es tiempo.
El pensamiento es tiempo y materia.
El tiempo y la materia están unidos, ambos
son luz.
Sin movimiento no hay tiempo.
Sin tiempo no hay materia, ni vida ni muerte.
A un
árbol puede llevarle muchos años completar un ciclo de vida-muerte, consumiendo
patrones de ondas de pensamiento acumuladas en su cuerpo, desplegándose desde
su semilla, madurando y volviendo a replegar el registro de estos patrones
nuevamente en ella.
Aparición,
desaparición y reaparición. Despliegue, repliegue, etc.
Los
ciclos de vida y muerte de los insectos pueden variar de minutos a meses. En
los animales puede ir de años a décadas, mientras que en los soles y galaxias,
la acumulación de ondas de pensamiento puede tomar miles de millones de años en
completar un ciclo de vida-muerte.
Cualquier
otro ciclo en la naturaleza que tenga una frecuencia de repetición sigue este
principio, se trate de las estaciones del año, la respiración, el sueño, el ciclo sexual, las
hormonas o la digestión.
Los
períodos de gestación también se prologan en relación a la acumulación de
patrones de ondas de pensamiento sobre otros patrones de onda, lo que produce
cuerpos complejos.
Los
patrones de ondas al acumularse generan entre si interferencias creando una
verdadera matriz holográfica. Un molde del cual surge la forma y vuelve a él.
El
mundo físico es una proyección de esta matriz de pensamiento.
La
duración e un cuerpo es el tiempo que le lleva desenvolver todos los patrones
de ondas acumuladas en él.
A mayor
acumulación de ondas de pensamiento, mayor será la duración o el tiempo
consumido por ese cuerpo para cumplir su ciclo de aparición y desaparición.
Cuantas
más ondas de pensamiento, es decir ondas de energía e información, almacene tu
cuerpo, más tiempo durará. En los seres humanos, la pérdida de esta carga está
relacionada con la forma de vida desequilibrada y las creencias de la persona.
La
alquimia espiritual provoca una inversión de este flujo descontrolado. Mediante
el control mental, la respiración y las posturas del cuerpo.
Cuando
el sistema está en equilibrio, el gasto energético es mínimo.
Se
trata de dejar de pensar en la materia como algo fijo e inerte y percibirla
como vibración y como un flujo de tiempo.
El momento presente
…o la conciencia del ahora.
Cada
experiencia consciente es un momento discreto (separado), que se encadena
con el momento contiguo, forman un flujo en el tiempo, o más
bien un collage de momentos organizados arbitrariamente, cuya
continuidad es una ilusión de la memoria.
Incluso
esta "cadena" de pensamientos que crea una verdadera corriente de conocimiento, esta formada por información
"residual" en la memoria, programas subconscientes y otras
vibraciones que no registramos y ni siquiera nos pertenecen.
El
inconsciente colectivo entra en este paquete.
En
cualquier caso, nos percibimos conscientemente como una
continuidad, un "flujo" de tiempo, y este aparente flujo
del tiempo además puede variar.
Tiempo y existencia son uno
Tiempo y existencia son una ilusión
Todos
experimentamos la “relatividad” del tiempo. Ante situaciones extremas o no
ordinarias, la noción del tiempo cambia.
Durante el
sueño la percepción del
tiempo varía. Al estar desconectados de los sentidos físicos se modifica drásticamente
la geometría del espacio-tiempo (en otras palabras, la realidad), permitiendo
que la conciencia se expanda y cambie de dimensión (o de universo) al no encontrar los
límites de la percepción ordinaria ni del pensamiento consciente.
Cuanto
más rápido se mueve la conciencia, más lento pasa el tiempo.
Esta
ilusión se relaciona, como hemos visto, con la frecuencia de vibración y la
acumulación de las ondas de pensamiento.
Cuanta
más energía e información acumule un cuerpo, más lenta será su degradación y
más rápida se moverá su conciencia.
La
velocidad mental, al igual que las otras habilidades cognitivas, depende
también de las conexiones neuronales y el estado del sistema físico, es decir,
el hardware cerebral.
Una
característica de la evolución humana, es la capacidad de modificar el hardware cerebral creando nuevas conexiones y
redes neuronales. Las nuevas generaciones de humanos vienen con un sistema
físico mejor adaptado y que rinde más, o sea, más inteligente. Algunos
individuos se adelantan a su tiempo y pueden tomar el camino de la
genialidad...o la locura, depende. La diferencia depende del contexto.
También
dada la plasticidad del cerebro,
con entrenamiento adecuado una persona puede cambiar su programación mental,
mejorar el procesador, aumentar el número de conexiones neuronales y optimizar
el funcionamiento cerebral, lo que se traduce en una mayor inteligencia y
expansión de su conciencia. Esto brinda un número mayor de posibilidades al
gestionar el cerebro más cantidad de información simultáneamente.
Otra de las características extrañas de la
conciencia es la sincronía temporal de estímulos
sensoriales.
Incluso los actos simples como caminar, involucran una
cantidad enorme de estímulos sensoriales (energía e información) que son
coordinados de manera compleja para darnos una sensación de percepción
unificada.
Las sensaciones táctiles de los pies en contacto
con el piso viajan a través de las vías
nerviosas sensitivas en un recorrido bastante largo y lento, debido
a los tiempos de conducción y los retrasos sinápticos, a través
de las piernas y la médula espinal hasta el cerebro… pero
la información visual de ver a nuestros pies en contacto
con el piso llega a nuestro cerebro mucho más rápido a
través de los nervios ópticos.
Sin embargo, percibimos la información visual y
táctil como simultáneas.
Nuestra percepción consciente no es sincronizada (vemos
a nuestros pies golpear el piso y una fracción de segundo más
tarde los sentimos golpear el piso), pero los recordamos como
sincronizados, el cerebro hace una revisión globalizada del suceso.
Esto implica que nuestra visión de la
realidad es puramente una construcción, es decir, una ilusión.
Otra explicación es que las
percepciones rápidas (visión) se retrasan para esperar
a la percepción lenta (tacto).
Esto implica que estaríamos constantemente "viviendo
en el pasado”.
Nuestra
conciencia va retrasada con respecto a la realidad.
Hay otro hecho. La evidencia experimental sugiere que
el cerebro refiere la información "hacia atrás en el tiempo".
De hecho esta referencia hacia
atrás puede ser algo trivial, lo que nos permite vivir el
momento presente a pesar de los retrasos finitos en nuestra
experiencia sensorial. Este mecanismo nos permite actuar, y
luego un poco más tarde decidir acerca de la acción.
En los niveles fundamentales el tiempo es incierto
y los eventos se pueden ejecutar en el sentido inverso.
De manera que la información puede
provenir también del futuro.
Hablamos
de presente, pasado, futuro, pero esencialmente no hay separación.
Cada punto
de la existencia contiene su pasado, su presente y su futuro.
Desde
este "aquí y ahora" podemos enviar y recibir información de todas las
direcciones del tiempo y el espacio.
Y de
hecho es lo que ocurre, aunque no seamos conscientes.
Puedes modificar
un recuerdo, purificarlo, embellecerlo o iluminarlo, y esta simple acción iluminará
nuestro presente.
De la
misma forma puedes enviar información al futuro, modelando sutilmente la
geometría del espacio-tiempo con un propósito o una intención y al mismo tiempo
recibir información del futuro.
Seguramente
nuestro ser de mañana estará recordando este hoy de la misma forma que nuestro
ser de hoy recuerda ayer.
Verdaderamente
está más cercano a la magia que a la ciencia.
Es
difícil comprender esto conscientemente ya que la experiencia consciente se
mueve hacia adelante en el tiempo, de pasado a futuro y el pensamiento inevitablemente
tiende a hacer categorías y a darle forma a las cosas.
Pero en el mundo del espíritu todo
es posible. Es cuestión de probabilidades. La intención es determinante. La intención es el propósito focalizado. Es la
conciencia enfocada en algo.
En el microscópico mundo de las
partículas y átomos, la conciencia genera densidad de energía e información en cualquier punto y esto modifica
(curva y modela) la geometría del espacio-tiempo, es decir el sustrato de la realidad.
Si
modificas la información en un punto, todo el universo se modifica respecto de
ese punto.
Ese punto
es tiempo y existencia.
Estamos
hechos de puntos. Nuestra existencia contiene una infinidad de puntos.
Sin
embargo un punto no tiene dimensiones, o sea, no tiene existencia física, ni
forma ni tiempo, y a su vez el punto contiene todas las formas y todos los
tiempos.
El tiempo es ser
El ser es tiempo
Fuero de esto no hay nada
El
infinito se encuentra en tu interior. El océano de infinitas posibilidades es
tu mente más allá del pensamiento consciente.
Para
acceder a ese nivel debes entrar por el corazón y acumular poder personal con
método y disciplina, el resto se hace solo.
domingo, 10 de agosto de 2014
El viaje sin tiempo de la información
¿Somos simplemente
espectadores?
La incesante actividad mental se manifiesta como un flujo de información secuencial que activa simultáneamente distintas partes del cerebro.
A este fenómeno orquestado se le llama colapsos o reducciones sincronizadas de la función de onda.
Esta onda es una vibración, una perturbación creada por el movimiento de la información, que incluye múltiples posibilidades y finalmente colapsa en una determinada.
Esta onda es una vibración, una perturbación creada por el movimiento de la información, que incluye múltiples posibilidades y finalmente colapsa en una determinada.
Cada colapso de la onda
de probabilidades en una partícula
de conocimiento representa un evento consciente.
Se estima que el cerebro, en promedio, gestiona unos 40 eventos o experiencias conscientes por segundo, e integra las diferentes señales creando la sensación de continuidad y coherencia.
Se estima que el cerebro, en promedio, gestiona unos 40 eventos o experiencias conscientes por segundo, e integra las diferentes señales creando la sensación de continuidad y coherencia.
El hemisferio cerebral izquierdo es el gran secuenciador. Su
incesante actividad genera un flujo constante de actividad consciente que se
corresponde con una química determinada y con una elevada actividad neuronal.
Sentimos o percibimos esta “corriente” de conocimiento como
un pensamiento, y respondemos conscientemente
a estas percepciones o estímulos.
Nos “identificamos” con esta actividad electroquímica, que la mayoría de las veces se vuelve incoherente y
desorganizada, precisamente por la falta de coherencia y de autocontrol.
El “diálogo interno” refuerza la idea y las conexiones
neuronales, que configuran y modelan la parte física (hardware) y funcional (programas) del
cerebro, esta capacidad plástica del
cerebro está relacionada con la frecuencia y la intensidad de un determinado
estímulo o señal: cuanto más fuerte y repetido es el estímulo más aumenta la
fuerza sináptica (más proteínas, enzimas, moléculas y reacciones químicas) lo
que produce un mayor impacto en el mundo físico.
La conciencia
crea y modela a la realidad material
La actividad mental establece los límites y la forma del “si
mismo” o lo que conocemos por Yo.
Sabemos además que el nivel consciente representa apenas un pequeño
porcentaje de la actividad total de la conciencia y que esta actividad
emergente es el resultado de procesos o programaciones subconscientes. Solo
llegan a la superficie los estímulos con suficiente energía que logran atravesar un determinado umbral por debajo del
cual no se es consciente y por arriba si.
Cuando nos enteramos de algo, esto en realidad ya fue
gestionado unas fracciones de segundo antes en los niveles subconscientes.
Por este motivo es importante filtrar con la atención y la negación, esta incesante actividad de la mente, ya que, y esto está
demostrado por la ciencia, lo que consideramos como un “yo” real y sustancial o
como un pensamiento propio y original, es simplemente una proyección y
actualización momentánea de múltiples causas y factores entrelazados, más
cercanos a un sueño que a algo “real”.
Una proyección de imágenes e ideas sin sustancia propia.
Es la naturaleza holográfica de la realidad.
Nos cuesta aceptar esta verdad porque nuestros sentidos informan lo contrario y porque no comprendemos bien de que están hechas las cosas.
Si asumimos que el mundo físico es una creación de algo que no es físico, podremos realizar que la esencia de la materia es una vibración sutil con diferentes grados de conciencia.
Lo que la ciencia ha descubierto al explorar los niveles más profundos de la realidad es que nuestro universo está estructurado en niveles o planos de creación conectados los unos con los otros.
Estos niveles o planos de creación, van desde las superficialmente diversas percepciones macroscópicas del día a día, es decir el nivel físico 3D más básico dependiente de la percepción de los sentidos, a los niveles más profundos: las moléculas, los átomos, las partículas elementales, el nivel cuántico, la luz hasta la pura conciencia unificada. Mundos dentro de mundos, dentro de otros mundos.
Un solo
universo estructurado en niveles de creación
Por esta razón la conciencia está creando el nivel físico Y este le sirve de vehículo, de espejo o herramienta para poder manifestarse.
La ilusión del control consciente
En consecuencia, la sensación subjetiva de control
consciente de la conducta y de estos comportamientos, es una ilusión.
La mayor parte
del tiempo la conducta de los seres humanos no son más que respuestas
reflejas no conscientes
De acuerdo a investigaciones del neurólogo Benjamin Libet, si el acontecimiento ocurrido no dura más de medio segundo, el consciente humano simplemente lo ignora, porque no llega a procesarlo, es decir, el estímulo no tiene la suficiente energía como para atravesar el umbral crítico para que se manifieste un evento consciente.
Anteriormente ya se había demostrado que nuestro cerebro toma las decisiones casi 1 segundo
antes de que las asumamos conscientemente.
Para obtener este resultado, Libet utilizó pacientes que se mantuvieron despiertos cuando eran
sometidos a un episodio de neurocirugía. Les pidió que movieran uno de sus
dedos mientras observaba como se registraba eléctricamente la actividad
cerebral. De esta forma pudo comprobar que había casi medio segundo de retraso (0,500 ms) entre la decisión de mover el dedo y el momento presente.
Otro experimento interesante lo realizó Kornhuber en 1976. Unos voluntarios permitieron que se registrasen
las señales eléctricas en un punto de sus cabezas mediante EEG (electroencefalografía), y se les pedía que flexionaran varias
veces, y repentinamente, el dedo índice de sus manos derechas a voluntad.
La experiencia descubrió algo curioso: hay un aumento gradual del potencial eléctrico registrado por el cerebro durante casi 1 segundo antes
de que el dedo sea flexionado.
El proceso de
decisión consciente necesita por lo menos 1 segundo para poder actuar
La conclusión de estos dos experimentos, es que el consciente no puede reaccionar a un estímulo o una
agresión externa si la respuesta tiene que tener lugar en menos de 1 segundo.
Es decir, la información no llega al nivel consciente, así que no te enteras.
Esta manera de proceder de la conciencia se debe a que el cerebro al recibir un estímulo, a través de cualquiera de los cinco sentidos, lo registra en dos lugares: uno es en las amígdalas cerebrales y el otro en el neocórtex.
Es decir, la información no llega al nivel consciente, así que no te enteras.
Esta manera de proceder de la conciencia se debe a que el cerebro al recibir un estímulo, a través de cualquiera de los cinco sentidos, lo registra en dos lugares: uno es en las amígdalas cerebrales y el otro en el neocórtex.
La amígdala cerebral
es una estructura con forma de almendra formada por neuronas localizada en la profundidad de los lóbulos
temporales. Es la encargada de recibir las señales de peligro potencial y
la que desencadena una reacción capaz de salvar la vida. Su papel principal es
el procesamiento y almacenamiento de reacciones emocionales.
La amígdala es
por lo tanto la primera región del cerebro en recibir un mensaje de peligro o
agresión. Es muy rápida y en un instante nos indica si debemos atacar, huir o
detenernos.
La corteza (neocórtex) es la capa
cerebral externa más nueva en la evolución. En esta delgada capa de neuronas se llevan a cabo
funciones superiores como la planificación,
el razonamiento y el lenguaje (especialmente en el lóbulo frontal), está más lejos que la amígdala y recibe los mensajes
sensoriales más tarde, pero a diferencia de la amígdala, tiene mayor capacidad
de evaluación y procesa mejor la información. Además, la corteza se comunica
con la amígdala para evaluar el peligro antes de reaccionar.
Debido a la multiplicidad de conexiones la información viaja en todas las
direcciones del espacio-tiempo y es procesada e integrada para dar un sentido
de unificación y responder de manera eficaz. Esta es una característica holográfica de la conciencia y el cerebro es el editor que crea y
proyecta este verdadero holograma, que es lo que llamamos realidad. Una
realidad holográfica.
Como conclusión, de acuerdo a estas (y a otras) investigaciones, es imposible que el ser humano determine conscientemente sus propios actos.
Lo que se llama libre albedrío es en realidad la capacidad de veto que tiene la conciencia para bloquear o abortar un acto iniciado por el cerebro.
El problema, es que no podemos saber cuándo utilizamos esta capacidad de veto, por lo que nuestra experiencia subjetiva es siempre indeterminada.
Hay cantidad de programas
que se están ejecutando por debajo del nivel consciente y ni nos enteramos,
excepto cuando atraviesan el umbral crítico y se manifiestan como un
pensamiento consciente. A continuación nos identificamos con esta actividad y
creemos que ese pensamiento es creación
propia: “una idea original”.
El cerebro procesa
miles de millones de bits por segundo y solo somos conscientes de unos 2000
(¡en el mejor de los casos!), que incluyen estímulos externos, internos e
información residual y con esos nos arreglamos para crear la realidad cotidiana
Otras investigaciones, realizadas tanto con europeos como con indios yanomanis y boschimanos, han establecido a su vez que el presente dura aproximadamente tres segundos para todas las personas.
3 segundos es el lapso de tiempo que necesitamos para distinguir sucesivos estímulos sonoros o lumínicos, para guiñar un ojo o para cualquier movimiento corporal, y aunque una experiencia cualquiera nos parezca larga o corta, son sólo sensaciones y reverberaciones que no tienen que ver con nuestra conciencia del presente.
La mayoría de las personas necesitan por lo menos tres segundos para tener conciencia de un "momento" y a partir de ese período de tiempo, se va creando una realidad continua y el mundo se vuelve "real" para la conciencia humana.
Hay otro punto. La
mayor parte de esta programación subconsciente es instalada desde que el día
que se nace, mediante la educación y la repetición de estímulos en el medio
socio-cultural, la familia, la escuela y también, cada vez más, por los medios
de comunicación e Internet. Estos programas subconscientes modelan y dirigen la
actividad consciente (obviamente sin que nos demos cuenta de ello).
Es difícil aceptar esto, por lo menos conscientemente. Pero
consideremos el resto de la actividad fisiológica del cuerpo. ¿Acaso
controlamos su temperatura, su medio interno y su pH o sus complejas reacciones
químicas? ¿Alguna vez le dijimos al hígado lo que debe hacer o a cada célula la
velocidad con que debe migrar o dividirse? ¿Podemos decidir la duración natural
de nuestras vidas? ¿Entonces, somos
simples espectadores?
Esta constatación nos plantea las siguientes cuestiones:
¿Existe el libre albedrío? ¿Nuestras elecciones se deciden conscientemente?
¿Hay alguna posibilidad entonces de participar conscientemente o solo somos
observadores?
El presente es inalcanzable
para el cerebro
Eso hasta el
día que realizamos nuestra verdadera naturaleza y comprendemos que nunca hubo
otro lugar más que aquí ni un tiempo fuera de este “ahora”. En ese momento
empezamos a participar en la programación de la actividad mental y en el control de nuestras acciones
Es evidente que la vida nos atraviesa, nos crea, nos transforma. Estamos vivos porque el universo está vivo y es consciente, y cada uno es una manifestación de esta conciencia.
El autoconocimiento es
una cualidad superior de la conciencia. Representa su aspecto evolucionado y
equilibrado.
Es equilibrada por que le aporta al pensamiento consciente
información proveniente de la profundidad del ser, información contenida en los
estratos no conscientes, en cada célula, en cada partícula, que se complementa y armoniza con la
información que proviene de otras partes del cerebro y del entorno.
Esta es la semilla de la sabiduría que va a generar un pensamiento absoluto, es decir ni
relativo ni reactivo. Un tipo de pensamiento que lo envuelve todo e incluye a
todos los seres y cosas.
A este estado de espíritu se lo conoce como la mente de Buda o conciencia cósmica.
A este estado de espíritu se lo conoce como la mente de Buda o conciencia cósmica.
La mirada interior dirige biofotones con información cuántica que afecta el
sustrato íntimo de la materia.
jueves, 1 de mayo de 2014
Todo depende de tus creencias
La energía y la información existen en toda la naturaleza, son
la verdadera sustancia del universo, expresan el movimiento de la conciencia.
En el microuniverso cuántico más
allá del átomo, en el reino de la diminuta escala
de Planck (1,6162 x 10-35 m), comprobamos que la sustancia de nuestro sólido mundo material se
parece más bien a una granulosidad indeterminada, vibrante y pulsante. Energía e
información apareciendo y desapareciendo constantemente en el vacío.
En estos niveles la realidad es una nube de probabilidades y no algo determinado, presentándose en diferentes niveles de densidad, desde la tenuidad sutil, extendida y no localizada del éter o plasma, presentando variados niveles de energía, hasta que la interacción con la conciencia del observador lo transforma en materia compacta.
En estos niveles la realidad es una nube de probabilidades y no algo determinado, presentándose en diferentes niveles de densidad, desde la tenuidad sutil, extendida y no localizada del éter o plasma, presentando variados niveles de energía, hasta que la interacción con la conciencia del observador lo transforma en materia compacta.
Si nos desintegramos hasta llegar a
nuestros componentes fundamentales solo hallaremos energía e información.
Nada más material que esto.
El universo es la manifestación del movimiento de la energía y la
información
Este campo infinito de
interacciones e interconexiones no es otra cosa que el campo de la pura conciencia o de la pura potencialidad. Y en
este campo cuántico de energía e información influyen de forma determinante
la intención y las creencias.
El impacto que tienen en el mundo
físico nuestras creencias es mucho mayor de lo que suponemos,
aunque ya está largamente demostrado que lo creemos, nuestro cuerpo entero lo
cree, y si el cuerpo lo cree, el universo entero hace la misma lectura y nos
devuelve la información certificando nuestra creencia. Cada célula por
insignificante que parezca participa de esta convicción.
Si creemos que algo nos hace mal, así
será. Por el contrario si creemos que algo nos hace bien, así será también.
Nuestras emociones y pensamientos son
vibraciones no físicas que rápidamente son traducidas por el cerebro en un
lenguaje neuroquímico de potenciales
eléctricos y neurotransmisores,
que modifican directamente la actividad celular.
Todo lo que existe comparte el mismo
origen y está hecho con la misma esencia
La diferencia entre una planta y un ser
humano es el contenido de información y de energía de nuestros respectivos cuerpos.
En el plano físico, tanto nosotros como
la planta, al igual que un perro, una ameba o una mosca, estamos hechos del
mismo reciclado de elementos: principalmente carbono, hidrógeno, oxígeno, nitrógeno y
otros elementos en mínimas cantidades.
Podemos conseguir estos elementos sin
dificultad en un laboratorio. Por lo tanto, la diferencia entre nosotros y un
árbol no la encontraremos en estos elementos. De hecho, los seres humanos y las
plantas intercambiamos todo el tiempo carbono (CO2) y oxígeno (O2).
El recambio de partículas y moléculas es un movimiento cósmico, compartimos reciclando estos elementos con toda la naturaleza, sin diferencias.
El recambio de partículas y moléculas es un movimiento cósmico, compartimos reciclando estos elementos con toda la naturaleza, sin diferencias.
La verdadera diferencia se encuentra en
la información.
Los seres humanos podemos ser conscientes del contenido de energía e información
de ese campo que da origen y modela a nuestro
cuerpo físico.
Podemos experimentar
ese campo subjetivamente bajo la forma de pensamientos, emociones,
deseos, recuerdos, instintos, impulsos y creencias.
A su vez ese campo de potencialidad,
esa experiencia subjetiva, se percibe objetivamente como el cuerpo
físico - y por medio del cuerpo y los órganos de los sentidos, percibimos el
mundo, subjetivamente.
Sujeto y objeto entrelazados.
Sin sujeto no hay objeto de percepción. Sin objeto de percepción
no hay experiencia
Una parte de nuestra existencia es particular, colapsada en una realidad que
definimos como material. Percibimos de nuestra existencia (y por ende de las
demás), solo el aspecto corpóreo. Nuestra realidad material corresponde solo a
la pequeña franja de señales que captan los sentidos y el cerebro le da forma.
Pero la mayor parte de la existencia no
manifestada, es más bien como una sutil onda de probabilidades, una nube de
interconexiones que representa nuestro aspecto insustancial e inconsciente en
unidad con el orden cósmico.
Somos seres particulares y ondulatorios
Las partículas elementales (fotones, electrones, etc.) que forman
las moléculas que componen las células y tejidos de nuestro cuerpo,
experimentan esta dualidad.
En realidad la dualidad onda/partícula la experimenta el observador, que
mediante su percepción dualista provoca el colapso o la reducción de la función de
probabilidades en una realidad determinada, al tratar de comprender y describir
su experiencia cotidiana.
Pero en esencia no hay dualidad.
Existimos como una realidad particular y al mismo tiempo como una onda de
potencialidad diseminada en el espacio.
Existimos y no existimos al mismo tiempo
Podemos darnos cuenta que debido a sus
interconexiones y su potencialidad, el aspecto insustancial u ondulatorio, presenta muchas más
posibilidades que el aspecto particular. Pero es el aspecto particular el que
finalmente se manifiesta o materializa de acuerdo a la información.
El universo
físico y todas sus leyes son una creación de la mente
Para influir en el sustrato mismo de la
materia hay que
servirse del aspecto ondulatorio del ser, que está en resonancia con las
frecuencias más sutiles: pensamientos, emociones, propósitos y creencias y que tiene acceso directo al campo de potencial infinito de energía e información.
Nuestro cuerpo no es independiente del
cuerpo del universo, porque más allá de nuestros átomos y partículas
elementales, las fronteras no están bien definidas.
Nuestro cuerpo no esta limitado por la
piel. Estamos interconectados con todo el universo y con toda la creación, porque somos una extensión de la mente Creadora, somos su reflejo, existimos en su imaginación.
El límite de nuestro cuerpo físico (membranas, piel, etc) es tan solo un nivel que delimita
un medio interno y otro externo, esto le permite al cuerpo funcionar y
desarrollarse como organismo. Al igual que una célula está delimitada por su
membrana plasmática, que es permeable y dinámica y mantiene un intercambio
vital con su entorno.
Una célula es una unidad de conciencia y por lo tanto de experiencia, sin embargo, no esta aislada, forma una unidad con las demás células y comunica activamente con el campo que la rodea.
Una célula es una unidad de conciencia y por lo tanto de experiencia, sin embargo, no esta aislada, forma una unidad con las demás células y comunica activamente con el campo que la rodea.
Somos más bien una onda, una
fluctuación, una perturbación localizada en un campo cuántico mucho más grande, una ola surgida en
el mar de la potencialidad infinita. Ese campo cuántico más grande - el
universo – , es también nuestro cuerpo ampliado.
Como la conciencia humana es
infinitamente flexible,
tenemos la habilidad de poder cambiar conscientemente el contenido de
información que da origen a nuestro cuerpo físico.
Podemos cambiar conscientemente el
contenido de energía y de información de nuestro propio cuerpo a nivel cuántico
y, por lo tanto, influir en el contenido de energía y de información de nuestro
cuerpo ampliado: el espacio que nos rodea, el campo de pura potencialidad, y en consecuencia hacer que se
manifieste lo que deseamos. Dicho de otra forma: podemos materializar un deseo.
Para esto la conciencia posee dos
cualidades: la atención y la intención.
La atención funciona como un filtro,
que al descartar los estímulos irrelevantes permite un estado de coherencia en la información y además ayuda a
concentrar la energía, a focalizarla. La intención o propósito, tiene el poder
de transformar. Si te propones algo tarde o temprano lo logras.
Atención y concentración son 2 caras de la misma moneda.
Si prestamos atención a algo le
transferimos energía, ya
que el pensamiento es una onda de energía e información y entonces el objeto de
atención se manifestará con más fuerza en nuestra vida. Si dejamos de prestar
atención, se marchitará, se desintegrará y desaparecerá.
La plasticidad neuronal,
que es una característica dinámica del cerebro, es la capacidad de formar
nuevas redes neuronales y por lo tanto cambiar su formato y su
funcionamiento, optimizándolo. Esto se establece mediante la repetición y la concentración
mental.
La intención estimula la transformación de la energía y de la información. La
intención focaliza, potencia y organiza
El acto de dirigir la intención sobre
el objeto de la atención desencadenará una serie de sucesos en el
espacio-tiempo que tarde o temprano materializaran lo deseado. Esto se debe a
que, como vimos, todo esta interconectado y además la intención tiene
un infinito poder organizador.
El poder
organizador significa la
capacidad para organizar la información simultáneamente, o sea, una infinidad
de sucesos espaciotemporales todos al mismo tiempo.
Si sembramos una intención en el suelo fértil
de la potencialidad pura del inconsciente no manifestado, ponemos a trabajar
para nosotros ese infinito poder organizador.
Este poder organizador es normal en la
naturaleza, se expresa en cada hoja del árbol, en cada flor, en cada célula de
nuestro cuerpo. Lo podemos ver en todo lo que vive.
En la naturaleza todo está conectado y relacionado entre sí
Lo asombroso de nuestro cerebro es que puede gobernar
ese infinito poder organizador a través de la intención.
En el ser humano,
la intención y la capacidad de transformación son
ilimitadas, no están contenidas en una red rígida de energía e información.
Poseen una flexibilidad infinita. Obviamente siguiendo las leyes del universo y
de acuerdo a la propia naturaleza de cada ser.
La intención favorece el flujo natural
y espontáneo de la pura potencialidad, que busca manifestarse, es decir, pasar
del estado no manifestado (potencial) a la manifestación.
Esto sucede porque el movimiento de
información en los niveles cuánticos afecta la gravedad y esto provoca la reducción o el colapso de la onda de posibilidades en una realidad particular.
Por supuesto que estas cualidades de la
conciencia, son de naturaleza benéfica y positiva.
No pueden servir para dañar o ignorar a otro ser, ya que además en virtud de la
retroalimentación con el campo,
este deseo retorna (generalmente amplificado).
Siempre hay que obrar en beneficio de
los demás seres vivos; de todas formas esto es algo que sucede naturalmente
cuando se está en la condición normal del cuerpo-mente.
La intención es el
verdadero poder detrás del deseo. La sola intención es muy poderosa,
porque es deseo sin apego al resultado. El solo deseo es débil, porque en la mayoría
de los casos es atención con apego y sin un verdadero propósito. Es apenas un
débil estimulo incapaz de mover una partícula de polvo.
Sin embargo la conciencia tiene el poder de crear mundos.
Esto significa que podemos desear y
obrar libremente, sin depender ni identificarnos con un resultado, con
confianza en nuestra naturaleza y posibilidades, que son universales.
La intención se
proyecta hacia el futuro, pero la atención está ubicada en el
presente.
Mientras la atención esté en
el presente, la intención dirigida hacia el futuro se cumplirá porque
el futuro se crea en el presente. El presente es la semilla del futuro. El
futuro ya existe en el presente.
Y este presente es la actualización de
causas pasadas. Por eso con nuestros pensamientos y acciones, podemos influir
en todas las direcciones del tiempo y del espacio.
Hay que saber aceptar, asumir el
presente tal como es. De esta forma, con el deseo y la intención, podemos sembrar
nuevas semillas, de cara al futuro. Instalando nuevos programas, útiles y
actualizados, que nos permitan realizar lo que queremos y vivir en plenitud.
Sin arrepentimientos ni culpas, eliminando pensamientos negativos, programas parásitos y softwares malintencionados.
El pasado, el presente y el futuro son propiedades de la
conciencia
El pasado es memoria; el futuro es posibilidad; el presente es atención.
El tiempo es el movimiento de la
conciencia.
Tanto el pasado como el futuro nacen en
la imaginación; solamente el presente, que es conciencia, es real y es eterno.
Existimos en este presente, que incluye al pasado y al futuro.
Ahora y aquí encontramos el campo de
infinitas posibilidades.
Cuando la conciencia se libera de la
carga del pasado y de la preocupación por el futuro, la acción en el presente
se vuelve creativa y total.
La intención actúa como catalizadora de la mezcla
correcta de materia, energía y sucesos espacio-temporales para crear cualquier
cosa que deseemos. Es información que enviamos al campo y que modifica la
geometría del espacio-tiempo.
Si tenemos conciencia del momento
presente, los obstáculos imaginarios – que representan la gran mayoría de los
obstáculos percibidos - se desintegran y desaparecen. El resto de nuestras
dificultades reales se transforman en oportunidades, gracias a otra de las
cualidades de la conciencia: el foco.
La intención focalizada es
la atención que no se aparta de su propósito. Lo que significa estar enfocados,
o sea, manteniendo nuestra atención en el presente, con
un propósito inflexible y eliminando cualquier obstáculo que se
interponga y nos desvíe de nuestro propósito.
La atención y el propósito aportan
serenidad y motivación, y esta combinación se vuelve poderosa y muy eficaz.
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