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domingo, 24 de mayo de 2020

El misterio del tiempo

Dr. Seiki Giacobone


Cada vez que pensamos en la materia, deberíamos pensar en las ondas de pensamiento que la crearon.
El universo físico es una creación de la Mente.
La materia vibra, es movimiento. Pero la materia no tiene sustancia propia ni se mueve por si misma. Lo único que se mueve es la mente.

La sustancia de la materia es la mente.

La densidad de la materia no es otra cosa que la acumulación de ondas de pensamiento a diferentes presiones, generando gravedad y curvando el espacio.
Este es un fenómeno eléctrico. Toda la materia está polarizada, o sea, está cargada.

El universo físico esta hecho de luz polarizada, es decir luz (energía) dividida en dos polos.

Igualmente deberíamos considerar al tiempo como una acumulación de ondas de pensamiento.
Ondas acumuladas durante innumerables ciclos en la formación de los cuerpos y del mundo físico.

De la misma forma que estas ondas de pensamiento le aportan a la materia su densidad, forma, textura y otras dimensiones, también le añaden tiempo mediante la prolongación de los intervalos de tiempo necesarios para repetir ese cuerpo.

Las ondas de pensamiento acumulan tiempo, de la misma forma que acumulan masa.

Los cuerpos materiales son simplemente ondas enrolladas. Energía empaquetada, por un tiempo. Ese tiempo es también ondas empaquetadas.
Una onda de pensamiento es extremadamente rápida, de hecho puede alcanzar una velocidad de 300.000 km/seg., como la luz. De hecho el pensamiento es luz. Es una onda que transporta información y energía.
Esta velocidad lumínica es el límite máximo al que se puede viajar en este universo físico. Más allá desaparece el tiempo y el espacio como lo conocemos.

A medida que estas ondas de pensamiento se van acumulando en masas de materia, van ralentizando su frecuencia, se hacen más densas y así prolongan su ciclo de crecimiento y decrecimiento, aparición desaparición, en proporción a la masa de ondas empaquetadas en ese cuerpo.

Este concepto es difícil de asimilar porque desde pequeños nos acostumbramos a percibir la materia y al mundo físico de una forma estática y fija, como si las cosas se crearan y desaparecieran por si solas.

Es más fácil si te hablan sobre ondas de naturaleza física: luz visible, sonido, olas, etc., sin embargo el pensamiento es vibración, es movimiento, y todo lo que se mueve lo hace en forma de onda, ondas que transportan información y energía,  y estas ondas pueden acumularse generando carga, densidad, masa y tiempo.

El tiempo de vida de cualquier creación en la naturaleza está dado por la acumulación de ondas de pensamiento en ese cuerpo.

Si aún tienes dificultades para concebir lo que son las ondas de pensamiento o de luz, piensa en algo que vibra, electricidad, energía, sonido, formas o colores, no importa, lo que mejor imagines vale, porque esa imaginación es justamente ondas de pensamiento.

El pensamiento es luz.
La luz es movimiento.
El movimiento es tiempo.
El pensamiento es tiempo y materia.
El tiempo y la materia están unidos, ambos son luz.
Sin movimiento no hay tiempo.
Sin tiempo no hay materia, ni vida ni muerte.

A un árbol puede llevarle muchos años completar un ciclo de vida-muerte, consumiendo patrones de ondas de pensamiento acumuladas en su cuerpo, desplegándose desde su semilla, madurando y volviendo a replegar el registro de estos patrones nuevamente en ella.
Aparición, desaparición y reaparición. Despliegue, repliegue, etc.

Los ciclos de vida y muerte de los insectos pueden variar de minutos a meses. En los animales puede ir de años a décadas, mientras que en los soles y galaxias, la acumulación de ondas de pensamiento puede tomar miles de millones de años en completar un ciclo de vida-muerte.

Cualquier otro ciclo en la naturaleza que tenga una frecuencia de repetición sigue este principio, se trate de las estaciones del año,  la respiración, el sueño, el ciclo sexual, las hormonas o la digestión.

Los períodos de gestación también se prologan en relación a la acumulación de patrones de ondas de pensamiento sobre otros patrones de onda, lo que produce cuerpos complejos.

Los patrones de ondas al acumularse generan entre si interferencias creando una verdadera matriz holográfica. Un molde del cual surge la forma y vuelve a él.
El mundo físico es una proyección de esta matriz de pensamiento.


La duración e un cuerpo es el tiempo que le lleva desenvolver todos los patrones de ondas acumuladas en él.

A mayor acumulación de ondas de pensamiento, mayor será la duración o el tiempo consumido por ese cuerpo para cumplir su ciclo de aparición y desaparición.

Cuantas más ondas de pensamiento, es decir ondas de energía e información, almacene tu cuerpo, más tiempo durará. En los seres humanos, la pérdida de esta carga está relacionada con la forma de vida desequilibrada y las creencias de la persona.

La alquimia espiritual provoca una inversión de este flujo descontrolado. Mediante el control mental, la respiración y las posturas del cuerpo.
Cuando el sistema está en equilibrio, el gasto energético es mínimo.

Se trata de dejar de pensar en la materia como algo fijo e inerte y percibirla como vibración y como un flujo de tiempo.


El momento presente

…o la conciencia del ahora.

 Cada experiencia consciente es un momento discreto (separado), que se encadena con el momento contiguo, forman un flujo en el tiempo, o más bien un collage de momentos organizados arbitrariamente, cuya continuidad es una ilusión de la memoria
Incluso esta "cadena" de pensamientos que crea una verdadera corriente de conocimiento, esta formada por información "residual" en la memoria, programas subconscientes y otras vibraciones que no registramos y ni siquiera nos pertenecen.
El inconsciente colectivo entra en este paquete.

En cualquier caso, nos percibimos conscientemente como una continuidad, un "flujo" de tiempo, y este aparente flujo del tiempo además puede variar.

Tiempo y existencia son uno
Tiempo y existencia son una ilusión

Todos experimentamos la “relatividad” del tiempo. Ante situaciones extremas o no ordinarias, la noción del tiempo cambia.

Durante el sueño la percepción del tiempo varía. Al estar desconectados de los sentidos físicos se modifica drásticamente la geometría del espacio-tiempo (en otras palabras, la realidad), permitiendo que la conciencia se expanda y cambie de dimensión (o de universo) al no encontrar los límites de la percepción ordinaria ni del pensamiento consciente.

Cuanto más rápido se mueve la conciencia, más lento pasa el tiempo.
Esta ilusión se relaciona, como hemos visto, con la frecuencia de vibración y la acumulación de las ondas de pensamiento.
Cuanta más energía e información acumule un cuerpo, más lenta será su degradación y más rápida se moverá su conciencia.

La velocidad mental, al igual que las otras habilidades cognitivas, depende también de las conexiones neuronales y el estado del sistema físico, es decir, el hardware cerebral.

Una característica de la evolución humana, es la capacidad de modificar el hardware cerebral creando nuevas conexiones y redes neuronales. Las nuevas generaciones de humanos vienen con un sistema físico mejor adaptado y que rinde más, o sea, más inteligente. Algunos individuos se adelantan a su tiempo y pueden tomar el camino de la genialidad...o la locura, depende. La diferencia depende del contexto.

También dada la plasticidad del cerebro, con entrenamiento adecuado una persona puede cambiar su programación mental, mejorar el procesador, aumentar el número de conexiones neuronales y optimizar el funcionamiento cerebral, lo que se traduce en una mayor inteligencia y expansión de su conciencia. Esto brinda un número mayor de posibilidades al gestionar el cerebro más cantidad de información simultáneamente.

Otra de las características extrañas de la conciencia es la sincronía temporal de estímulos sensoriales.
Incluso los actos simples como caminar, involucran una cantidad enorme de estímulos sensoriales (energía e información) que son coordinados de manera compleja para darnos una sensación de percepción unificada.

Las sensaciones táctiles de los pies en contacto con el piso viajan a través de las vías nerviosas sensitivas en un recorrido bastante largo y lento, debido a los tiempos de conducción y los retrasos sinápticos, a través de las piernas y la médula espinal hasta el cerebro… pero la información visual de ver a nuestros pies en contacto con el piso llega a nuestro cerebro mucho más rápido a través de los nervios ópticos.
Sin embargo, percibimos la información visual y táctil como simultáneas.
Nuestra percepción consciente no es sincronizada (vemos a nuestros pies golpear el piso y una fracción de segundo más tarde los sentimos golpear el piso), pero los recordamos como sincronizados, el cerebro hace una revisión globalizada del suceso.

Esto implica que nuestra visión de la realidad es puramente una construcción, es decir, una ilusión.

Otra explicación es que las percepciones rápidas (visión) se retrasan para esperar a la percepción lenta (tacto).
Esto implica que estaríamos constantemente "viviendo en el pasado”.

Nuestra conciencia va retrasada con respecto a la realidad.

Hay otro hecho. La evidencia experimental sugiere que el cerebro refiere la información "hacia atrás en el tiempo".

De hecho esta referencia hacia atrás puede ser algo trivial, lo que nos permite vivir el momento presente a pesar de los retrasos finitos en nuestra experiencia sensorial. Este mecanismo nos permite actuar, y luego un poco más tarde decidir acerca de la acción.
En los niveles fundamentales el tiempo es incierto y los eventos se pueden ejecutar en el sentido inverso.
De manera que la información puede provenir también del futuro.

Hablamos de presente, pasado, futuro, pero esencialmente no hay separación.
Cada punto de la existencia contiene su pasado, su presente y su futuro.
Desde este "aquí y ahora" podemos enviar y recibir información de todas las direcciones del tiempo y el espacio.
Y de hecho es lo que ocurre, aunque no seamos conscientes.
Puedes modificar un recuerdo, purificarlo, embellecerlo o iluminarlo, y esta simple acción iluminará nuestro presente.

De la misma forma puedes enviar información al futuro, modelando sutilmente la geometría del espacio-tiempo con un propósito o una intención y al mismo tiempo recibir información del futuro.

Seguramente nuestro ser de mañana estará recordando este hoy de la misma forma que nuestro ser de hoy recuerda ayer.
Verdaderamente está más cercano a la magia que a la ciencia.


Es difícil comprender esto conscientemente ya que la experiencia consciente se mueve hacia adelante en el tiempo, de pasado a futuro y el pensamiento inevitablemente tiende a hacer categorías y a darle forma a las cosas.

Pero en el mundo del espíritu todo es posible. Es cuestión de probabilidades. La intención es determinante. La intención es el propósito focalizado. Es la conciencia enfocada en algo.

En el microscópico mundo de las partículas y átomos, la conciencia genera densidad de energía e información en cualquier punto y esto modifica (curva y modela) la geometría del espacio-tiempo, es decir el sustrato de la realidad.

Si modificas la información en un punto, todo el universo se modifica respecto de ese punto.
Ese punto es tiempo y existencia.
Estamos hechos de puntos. Nuestra existencia contiene una infinidad de puntos.
Sin embargo un punto no tiene dimensiones, o sea, no tiene existencia física, ni forma ni tiempo, y a su vez el punto contiene todas las formas y todos los tiempos.

El tiempo es ser
El ser es tiempo
Fuero de esto no hay nada

El infinito se encuentra en tu interior. El océano de infinitas posibilidades es tu mente más allá del pensamiento consciente.
Para acceder a ese nivel debes entrar por el corazón y acumular poder personal con método y disciplina, el resto se hace solo.


domingo, 10 de agosto de 2014

El viaje sin tiempo de la información


¿Somos simplemente espectadores?


La incesante actividad mental se manifiesta como un flujo de información secuencial que activa simultáneamente distintas partes del cerebro.
A este fenómeno orquestado se le llama colapsos o reducciones sincronizadas de la función de onda.
Esta onda es una vibración, una perturbación creada por el movimiento de la información, que incluye múltiples posibilidades y finalmente colapsa en una determinada.

Cada colapso de la onda de probabilidades en una partícula de conocimiento representa un evento consciente
Se estima que el cerebro, en promedio, gestiona unos 40 eventos o experiencias conscientes por segundo, e integra las diferentes señales creando la sensación de continuidad y coherencia.

El hemisferio cerebral izquierdo es el gran secuenciador. Su incesante actividad genera un flujo constante de actividad consciente que se corresponde con una química determinada y con una elevada actividad neuronal.



Sentimos o percibimos esta “corriente” de conocimiento como un pensamiento,  y respondemos conscientemente a estas percepciones o estímulos.

Nos “identificamos” con esta actividad electroquímica, que la mayoría de las veces se vuelve incoherente y desorganizada, precisamente por la falta de coherencia y de autocontrol.

El “diálogo interno” refuerza la idea y las conexiones neuronales, que configuran y modelan la parte física (hardware) y funcional (programas) del cerebro, esta capacidad plástica del cerebro está relacionada con la frecuencia y la intensidad de un determinado estímulo o señal: cuanto más fuerte y repetido es el estímulo más aumenta la fuerza sináptica (más proteínas, enzimas, moléculas y reacciones químicas) lo que produce un mayor impacto en el mundo físico. 

La conciencia crea y modela a la realidad material
 
La actividad mental establece los límites y la forma del “si mismo” o lo que conocemos por Yo.

Sabemos además que el nivel consciente representa apenas un pequeño porcentaje de la actividad total de la conciencia y que esta actividad emergente es el resultado de procesos o programaciones subconscientes. Solo llegan a la superficie los estímulos con suficiente energía que logran atravesar un determinado umbral por debajo del cual no se es consciente y por arriba si.

Cuando nos enteramos de algo, esto en realidad ya fue gestionado unas fracciones de segundo antes en los niveles subconscientes.

Por este motivo es importante filtrar con la atención y la negación, esta incesante actividad de la mente, ya que, y esto está demostrado por la ciencia, lo que consideramos como un “yo” real y sustancial o como un pensamiento propio y original, es simplemente una proyección y actualización momentánea de múltiples causas y factores entrelazados, más cercanos a un sueño que a algo “real”.

Una proyección de imágenes e ideas sin sustancia propia.



Es la naturaleza holográfica de la realidad.

Nos cuesta aceptar esta verdad porque nuestros sentidos informan lo contrario y porque no comprendemos bien de que están hechas las cosas.
Si asumimos que el mundo físico es una creación de algo que no es físico, podremos realizar que la esencia de la materia es una vibración sutil con diferentes grados de conciencia.

Lo que la ciencia ha descubierto al explorar los niveles más profundos de la realidad es que nuestro universo está estructurado en niveles o planos de creación conectados los unos con los otros.

Estos niveles o planos de creación, van desde las superficialmente diversas percepciones macroscópicas del día a día, es decir el nivel físico 3D más básico dependiente de la percepción de los sentidos, a los niveles más profundos: las moléculas, los átomos, las partículas elementales, el nivel cuántico, la luz hasta la pura conciencia unificada. Mundos dentro de mundos, dentro de otros mundos. 



Un solo universo estructurado en niveles de creación


Por esta razón la conciencia está creando el nivel físico Y este le sirve de vehículo, de espejo o herramienta para poder manifestarse.


La ilusión del control consciente

En consecuencia, la sensación subjetiva de control consciente de la conducta y de estos comportamientos, es una ilusión.

La mayor parte del tiempo la conducta de los seres humanos no son más que respuestas reflejas no conscientes

De acuerdo a investigaciones del neurólogo Benjamin Libet, si el acontecimiento ocurrido no dura más de medio segundo, el consciente humano simplemente lo ignora, porque no llega a procesarlo, es decir, el estímulo no tiene la suficiente energía como para atravesar el umbral crítico para que se manifieste un evento consciente.
Anteriormente ya se había demostrado que nuestro cerebro toma las decisiones casi 1 segundo antes de que las asumamos conscientemente.

Para obtener este resultado, Libet utilizó pacientes que se mantuvieron despiertos cuando eran sometidos a un episodio de neurocirugía. Les pidió que movieran uno de sus dedos mientras observaba como se registraba eléctricamente la actividad cerebral. De esta forma pudo comprobar que había casi medio segundo de retraso (0,500 ms) entre la decisión de mover el dedo y el momento presente. 

Otro experimento interesante lo realizó Kornhuber en 1976. Unos voluntarios permitieron que se registrasen las señales eléctricas en un punto de sus cabezas mediante EEG (electroencefalografía), y se les pedía que flexionaran varias veces, y repentinamente, el dedo índice de sus manos derechas a voluntad. 

La experiencia descubrió algo curioso: hay un aumento gradual del potencial eléctrico registrado por el cerebro durante casi 1 segundo antes de que el dedo sea flexionado. 


El proceso de decisión consciente necesita por lo menos 1 segundo para poder actuar

La conclusión de estos dos experimentos, es que el consciente no puede reaccionar a un estímulo o una agresión externa si la respuesta tiene que tener lugar en menos de 1 segundo.

Es decir, la información no llega al nivel consciente, así que no te enteras.

Esta manera de proceder de la conciencia se debe a que el cerebro al recibir un estímulo, a través de cualquiera de los cinco sentidos, lo registra en dos lugares: uno es en las amígdalas cerebrales y el otro en el neocórtex

La amígdala cerebral es una estructura con forma de almendra formada por neuronas localizada en la profundidad de los lóbulos temporales. Es la encargada de recibir las señales de peligro potencial y la que desencadena una reacción capaz de salvar la vida. Su papel principal es el procesamiento y almacenamiento de reacciones emocionales.

La amígdala es por lo tanto la primera región del cerebro en recibir un mensaje de peligro o agresión. Es muy rápida y en un instante nos indica si debemos atacar, huir o detenernos. 


La corteza (neocórtex) es la capa cerebral externa más nueva en la evolución. En esta delgada capa de neuronas se llevan a cabo funciones superiores como la planificación, el razonamiento y el lenguaje (especialmente en el lóbulo frontal), está más lejos que la amígdala y recibe los mensajes sensoriales más tarde, pero a diferencia de la amígdala, tiene mayor capacidad de evaluación y procesa mejor la información. Además, la corteza se comunica con la amígdala para evaluar el peligro antes de reaccionar.



Debido a la multiplicidad de conexiones la información viaja en todas las direcciones del espacio-tiempo y es procesada e integrada para dar un sentido de unificación y responder de manera eficaz. Esta es una característica holográfica de la conciencia y el cerebro es el editor que crea y proyecta este verdadero holograma, que es lo que llamamos realidad. Una realidad holográfica.

Como conclusión, de acuerdo a estas (y a otras) investigaciones, es imposible que el ser humano determine conscientemente sus propios actos.

Lo que se llama libre albedrío es en realidad la capacidad de veto que tiene la conciencia para bloquear o abortar un acto iniciado por el cerebro.
El problema, es que no podemos saber cuándo utilizamos esta capacidad de veto, por lo que nuestra experiencia subjetiva es siempre indeterminada.
Hay cantidad de programas que se están ejecutando por debajo del nivel consciente y ni nos enteramos, excepto cuando atraviesan el umbral crítico y se manifiestan como un pensamiento consciente. A continuación nos identificamos con esta actividad y creemos  que ese pensamiento es creación propia: “una idea original”.

El cerebro procesa miles de millones de bits por segundo y solo somos conscientes de unos 2000 (¡en el mejor de los casos!), que incluyen estímulos externos, internos e información residual y con esos nos arreglamos para crear la realidad cotidiana

Otras investigaciones, realizadas tanto con europeos como con indios yanomanis y boschimanos, han establecido a su vez que el presente dura aproximadamente tres segundos para todas las personas.

3 segundos es el lapso de tiempo que necesitamos para distinguir sucesivos estímulos sonoros o lumínicos, para guiñar un ojo o para cualquier movimiento corporal, y aunque una experiencia cualquiera nos parezca larga o corta, son sólo sensaciones y reverberaciones que no tienen que ver con nuestra conciencia del presente.

La mayoría de las personas necesitan por lo menos tres segundos para tener conciencia de un "momento" y a partir de ese período de tiempo, se va creando una realidad continua y el mundo se vuelve "real" para la conciencia humana.

Hay otro punto.  La mayor parte de esta programación subconsciente es instalada desde que el día que se nace, mediante la educación y la repetición de estímulos en el medio socio-cultural, la familia, la escuela y también, cada vez más, por los medios de comunicación e Internet. Estos programas subconscientes modelan y dirigen la actividad consciente (obviamente sin que nos demos cuenta de ello).

Es difícil aceptar esto, por lo menos conscientemente. Pero consideremos el resto de la actividad fisiológica del cuerpo. ¿Acaso controlamos su temperatura, su medio interno y su pH o sus complejas reacciones químicas? ¿Alguna vez le dijimos al hígado lo que debe hacer o a cada célula la velocidad con que debe migrar o dividirse? ¿Podemos decidir la duración natural de nuestras vidas?  ¿Entonces, somos simples espectadores?

Esta constatación nos plantea las siguientes cuestiones: ¿Existe el libre albedrío? ¿Nuestras elecciones se deciden conscientemente? ¿Hay alguna posibilidad entonces de participar conscientemente o solo somos observadores?


El presente es inalcanzable para el cerebro
                                                                                            
Eso hasta el día que realizamos nuestra verdadera naturaleza y comprendemos que nunca hubo otro lugar más que aquí ni un tiempo fuera de este “ahora”. En ese momento empezamos a participar en la programación de la actividad mental y en el control de nuestras acciones

Es evidente que la vida nos atraviesa, nos crea, nos transforma. Estamos vivos porque el universo está vivo y es consciente, y cada uno es una manifestación de esta conciencia.

El autoconocimiento es una cualidad superior de la conciencia. Representa su aspecto evolucionado y equilibrado.

La mirada interior es propia del ser evolucionado


 

Es equilibrada por que le aporta al pensamiento consciente información proveniente de la profundidad del ser, información contenida en los estratos no conscientes, en cada célula, en cada partícula, que se complementa y armoniza con la información que proviene de otras partes del cerebro y del entorno.

Esta es la semilla de la sabiduría que va a generar un pensamiento absoluto, es decir ni relativo ni reactivo. Un tipo de pensamiento que lo envuelve todo e incluye a todos los seres y cosas.

A este estado de espíritu se lo conoce como la mente de Buda o conciencia cósmica.

La mirada interior dirige biofotones con información cuántica que afecta el sustrato  íntimo de la materia.


jueves, 1 de mayo de 2014

Todo depende de tus creencias



El poder de la intención

La energía y la información existen en toda la naturaleza, son la verdadera sustancia del universo, expresan el movimiento de la conciencia.

En el microuniverso cuántico más allá del átomo, en el reino de la diminuta escala de Planck (1,6162 x 10-35 m), comprobamos que la sustancia de nuestro sólido mundo material se parece más bien a una granulosidad indeterminada, vibrante y pulsante. Energía e información  apareciendo y desapareciendo constantemente en el vacío. 

En estos niveles la realidad es una nube de probabilidades y no algo determinado, presentándose en diferentes niveles de densidad, desde la tenuidad sutil, extendida y no localizada del éter o plasma, presentando variados niveles de energía, hasta que la interacción con la conciencia del observador lo transforma en materia compacta.



Si nos desintegramos hasta llegar a nuestros componentes fundamentales solo hallaremos energía información.
Nada más material que esto.

El universo es la manifestación del movimiento de la energía y la información

Este campo infinito de interacciones e interconexiones no es otra cosa que el campo de la pura conciencia o de la pura potencialidad. Y en este campo cuántico de energía e información influyen de forma determinante la intención y las creencias.

El impacto que tienen en el mundo físico nuestras creencias es mucho mayor de lo que suponemos, aunque ya está largamente demostrado que lo creemos, nuestro cuerpo entero lo cree, y si el cuerpo lo cree, el universo entero hace la misma lectura y nos devuelve la información certificando nuestra creencia. Cada célula por insignificante que parezca participa de esta convicción.

Si creemos que algo nos hace mal, así será. Por el contrario si creemos que algo nos hace bien, así será también.
Nuestras emociones y pensamientos son vibraciones no físicas que rápidamente son traducidas por el cerebro en un lenguaje neuroquímico de potenciales eléctricos y neurotransmisores, que modifican directamente la actividad celular.

Todo lo que existe comparte el mismo origen y está hecho con la misma esencia

La diferencia entre una planta y un ser humano es el contenido de información y de energía de nuestros respectivos cuerpos.
En el plano físico, tanto nosotros como la planta, al igual que un perro, una ameba o una mosca, estamos hechos del mismo reciclado de elementos: principalmente carbono, hidrógeno, oxígeno, nitrógeno y otros elementos en mínimas cantidades.
Podemos conseguir estos elementos sin dificultad en un laboratorio. Por lo tanto, la diferencia entre nosotros y un árbol no la encontraremos en estos elementos. De hecho, los seres humanos y las plantas intercambiamos todo el tiempo carbono (CO2) y oxígeno (O2). 

El recambio de partículas y moléculas es un movimiento cósmico, compartimos reciclando estos elementos con toda la naturaleza, sin diferencias.
La verdadera diferencia se encuentra en la información.

Los seres humanos podemos ser conscientes del contenido de energía e información de ese campo que da origen y modela a nuestro cuerpo físico.
Podemos experimentar ese campo subjetivamente bajo la forma de pensamientos, emociones, deseos, recuerdos, instintos, impulsos y creencias.

A su vez ese campo de potencialidad, esa experiencia subjetiva, se percibe objetivamente como el cuerpo físico - y por medio del cuerpo y los órganos de los sentidos, percibimos el mundo, subjetivamente. 

Sujeto y objeto entrelazados.

Sin sujeto no hay objeto de percepción. Sin objeto de percepción no hay experiencia

Una parte de nuestra existencia es particular, colapsada en una realidad que definimos como material. Percibimos de nuestra existencia (y por ende de las demás), solo el aspecto corpóreo. Nuestra realidad material corresponde solo a la pequeña franja de señales que captan los sentidos y el cerebro le da forma.
Pero la mayor parte de la existencia no manifestada, es más bien como una sutil onda de probabilidades, una nube de interconexiones que representa nuestro aspecto insustancial e inconsciente en unidad con el orden cósmico.

Somos seres particulares y ondulatorios

Las partículas elementales (fotones, electrones, etc.) que forman las moléculas que componen las células y tejidos de nuestro cuerpo, experimentan esta dualidad.

En realidad la dualidad onda/partícula la experimenta el observador, que mediante su percepción dualista provoca el colapso o la reducción de la función de probabilidades en una realidad determinada, al tratar de comprender y describir su experiencia cotidiana.
Pero en esencia no hay dualidad. Existimos como una realidad particular y al mismo tiempo como una onda de potencialidad diseminada en el espacio.

Existimos y no existimos al mismo tiempo

Podemos darnos cuenta que debido a sus interconexiones y su potencialidad, el aspecto insustancial u ondulatorio, presenta muchas más posibilidades que el aspecto particular. Pero es el aspecto particular el que finalmente se manifiesta o materializa de acuerdo a la información.

El universo físico y todas sus leyes son una creación de la mente

Para influir en el sustrato mismo de la materia hay que servirse del aspecto ondulatorio del ser, que está en resonancia con las frecuencias más sutiles: pensamientos, emociones, propósitos y creencias y que tiene acceso directo al campo de potencial infinito de energía e información.

Nuestro cuerpo no es independiente del cuerpo del universo, porque más allá de nuestros átomos y partículas elementales, las fronteras no están bien definidas.

Nuestro cuerpo no esta limitado por la piel. Estamos interconectados con todo el universo y con toda la creación, porque somos una extensión de la mente Creadora, somos su reflejo, existimos en su imaginación.

El límite de nuestro cuerpo físico (membranas, piel, etc) es tan solo un nivel que delimita un medio interno y otro externo, esto le permite al cuerpo funcionar y desarrollarse como organismo. Al igual que una célula está delimitada por su membrana plasmática, que es permeable y dinámica y mantiene un intercambio vital con su entorno. 

Una célula es una unidad de conciencia y por lo tanto de experiencia, sin embargo, no esta aislada, forma una unidad con las demás células y comunica activamente con el campo que la rodea.

Somos más bien una onda, una fluctuación, una perturbación localizada en un campo cuántico mucho más grande, una ola surgida en el mar de la potencialidad infinita. Ese campo cuántico más grande - el universo – , es también nuestro cuerpo ampliado.

Como la conciencia humana es infinitamente flexible, tenemos la habilidad de poder cambiar conscientemente el contenido de información que da origen a nuestro cuerpo físico.

Podemos cambiar conscientemente el contenido de energía y de información de nuestro propio cuerpo a nivel cuántico y, por lo tanto, influir en el contenido de energía y de información de nuestro cuerpo ampliado: el espacio que nos rodea, el campo de pura potencialidad, y en consecuencia hacer que se manifieste lo que deseamos. Dicho de otra forma: podemos materializar un deseo.

Para esto la conciencia posee dos cualidades: la atención y la intención.

La atención funciona como un filtro, que al descartar los estímulos irrelevantes permite un estado de coherencia en la información y además ayuda a concentrar la energía,  a focalizarla. La intención o propósito,  tiene el poder de transformar. Si te propones algo tarde o temprano lo logras.

Atención y concentración son 2 caras de la misma moneda.

Si prestamos atención a algo le transferimos energía, ya que el pensamiento es una onda de energía e información y entonces el objeto de atención se manifestará con más fuerza en nuestra vida. Si dejamos de prestar atención, se marchitará, se desintegrará y desaparecerá.

La plasticidad neuronal, que es una característica dinámica del cerebro, es la capacidad de formar nuevas redes neuronales y por lo tanto cambiar su formato y su funcionamiento, optimizándolo. Esto se establece mediante la repetición y la concentración mental.

La intención estimula la transformación de la energía y de la información. La intención focaliza, potencia y organiza

El acto de dirigir la intención sobre el objeto de la atención desencadenará una serie de sucesos en el espacio-tiempo que tarde o temprano materializaran lo deseado. Esto se debe a que, como vimos, todo esta interconectado y además la intención tiene un infinito poder organizador.

El poder organizador significa la capacidad para organizar la información simultáneamente, o sea, una infinidad de sucesos espaciotemporales todos al mismo tiempo.


Si sembramos una intención en el suelo fértil de la potencialidad pura del inconsciente no manifestado, ponemos a trabajar para nosotros ese infinito poder organizador.

Este poder organizador es normal en la naturaleza, se expresa en cada hoja del árbol, en cada flor, en cada célula de nuestro cuerpo. Lo podemos ver en todo lo que vive.

En la naturaleza todo está conectado y relacionado entre sí

Lo asombroso de nuestro cerebro es que puede gobernar ese infinito poder organizador a través de la intención.

En el ser humano, la intención y la capacidad de transformación son ilimitadas, no están contenidas en una red rígida de energía e información. Poseen una flexibilidad infinita. Obviamente siguiendo las leyes del universo y de acuerdo a la propia naturaleza de cada ser.

La intención favorece el flujo natural y espontáneo de la pura potencialidad, que busca manifestarse, es decir, pasar del estado no manifestado (potencial) a la manifestación.


Esto sucede porque el movimiento de información en los niveles cuánticos afecta la gravedad y esto provoca la reducción o el colapso de la onda de posibilidades en una realidad particular.

Por supuesto que estas cualidades de la conciencia, son de naturaleza benéfica y positiva. No pueden servir para dañar o ignorar a otro ser, ya que además en virtud de la retroalimentación con el campo, este deseo retorna (generalmente amplificado).
Siempre hay que obrar en beneficio de los demás seres vivos; de todas formas esto es algo que sucede naturalmente cuando se está en la condición normal del cuerpo-mente.

La intención es el verdadero poder detrás del deseo. La sola intención es muy poderosa, porque es deseo sin apego al resultado. El solo deseo es débil, porque en la mayoría de los casos es atención con apego y sin un verdadero propósito. Es apenas un débil estimulo incapaz de mover una partícula de polvo.

Sin embargo la conciencia tiene el poder de crear mundos.

Esto significa que podemos desear y obrar libremente, sin depender ni identificarnos con un resultado, con confianza en nuestra naturaleza y posibilidades, que son universales.

La intención se proyecta hacia el futuro, pero la atención está ubicada en el presente.
Mientras la atención esté en el presente, la intención dirigida hacia el futuro se cumplirá porque el futuro se crea en el presente. El presente es la semilla del futuro. El futuro ya existe en el presente.
Y este presente es la actualización de causas pasadas. Por eso con nuestros pensamientos y acciones, podemos influir en todas las direcciones del tiempo y del espacio.
El pasado, presente y futuro coexisten en este mismo instante.



Hay que saber aceptar, asumir el presente tal como es. De esta forma, con el deseo y la intención, podemos sembrar nuevas semillas, de cara al futuro. Instalando nuevos programas, útiles y actualizados, que nos permitan realizar lo que queremos y vivir en plenitud. Sin arrepentimientos ni culpas, eliminando pensamientos negativos, programas parásitos y softwares malintencionados.

El pasado, el presente y el futuro son propiedades de la conciencia

El pasado es memoria; el futuro es posibilidad; el presente es atención.
El tiempo es el movimiento de la conciencia.

Tanto el pasado como el futuro nacen en la imaginación; solamente el presente, que es conciencia, es real y es eterno. Existimos en este presente, que incluye al pasado y al futuro.
Ahora y aquí encontramos el campo de infinitas posibilidades.
Cuando la conciencia se libera de la carga del pasado y de la preocupación por el futuro, la acción en el presente se vuelve creativa y total.

La intención actúa como catalizadora de la mezcla correcta de materia, energía y sucesos espacio-temporales para crear cualquier cosa que deseemos. Es información que enviamos al campo y que modifica la geometría del espacio-tiempo.

Si tenemos conciencia del momento presente, los obstáculos imaginarios – que representan la gran mayoría de los obstáculos percibidos - se desintegran y desaparecen. El resto de nuestras dificultades reales se transforman en oportunidades, gracias a otra de las cualidades de la conciencia: el foco.

La intención focalizada es la atención que no se aparta de su propósito. Lo que significa estar enfocados, o sea, manteniendo nuestra atención en el presente, con un propósito inflexible y eliminando cualquier obstáculo que se interponga y nos desvíe de nuestro propósito.

La atención y el propósito aportan serenidad y motivación, y esta combinación se vuelve poderosa y muy eficaz.