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jueves, 1 de mayo de 2014

Todo depende de tus creencias



El poder de la intención

La energía y la información existen en toda la naturaleza, son la verdadera sustancia del universo, expresan el movimiento de la conciencia.

En el microuniverso cuántico más allá del átomo, en el reino de la diminuta escala de Planck (1,6162 x 10-35 m), comprobamos que la sustancia de nuestro sólido mundo material se parece más bien a una granulosidad indeterminada, vibrante y pulsante. Energía e información  apareciendo y desapareciendo constantemente en el vacío. 

En estos niveles la realidad es una nube de probabilidades y no algo determinado, presentándose en diferentes niveles de densidad, desde la tenuidad sutil, extendida y no localizada del éter o plasma, presentando variados niveles de energía, hasta que la interacción con la conciencia del observador lo transforma en materia compacta.



Si nos desintegramos hasta llegar a nuestros componentes fundamentales solo hallaremos energía información.
Nada más material que esto.

El universo es la manifestación del movimiento de la energía y la información

Este campo infinito de interacciones e interconexiones no es otra cosa que el campo de la pura conciencia o de la pura potencialidad. Y en este campo cuántico de energía e información influyen de forma determinante la intención y las creencias.

El impacto que tienen en el mundo físico nuestras creencias es mucho mayor de lo que suponemos, aunque ya está largamente demostrado que lo creemos, nuestro cuerpo entero lo cree, y si el cuerpo lo cree, el universo entero hace la misma lectura y nos devuelve la información certificando nuestra creencia. Cada célula por insignificante que parezca participa de esta convicción.

Si creemos que algo nos hace mal, así será. Por el contrario si creemos que algo nos hace bien, así será también.
Nuestras emociones y pensamientos son vibraciones no físicas que rápidamente son traducidas por el cerebro en un lenguaje neuroquímico de potenciales eléctricos y neurotransmisores, que modifican directamente la actividad celular.

Todo lo que existe comparte el mismo origen y está hecho con la misma esencia

La diferencia entre una planta y un ser humano es el contenido de información y de energía de nuestros respectivos cuerpos.
En el plano físico, tanto nosotros como la planta, al igual que un perro, una ameba o una mosca, estamos hechos del mismo reciclado de elementos: principalmente carbono, hidrógeno, oxígeno, nitrógeno y otros elementos en mínimas cantidades.
Podemos conseguir estos elementos sin dificultad en un laboratorio. Por lo tanto, la diferencia entre nosotros y un árbol no la encontraremos en estos elementos. De hecho, los seres humanos y las plantas intercambiamos todo el tiempo carbono (CO2) y oxígeno (O2). 

El recambio de partículas y moléculas es un movimiento cósmico, compartimos reciclando estos elementos con toda la naturaleza, sin diferencias.
La verdadera diferencia se encuentra en la información.

Los seres humanos podemos ser conscientes del contenido de energía e información de ese campo que da origen y modela a nuestro cuerpo físico.
Podemos experimentar ese campo subjetivamente bajo la forma de pensamientos, emociones, deseos, recuerdos, instintos, impulsos y creencias.

A su vez ese campo de potencialidad, esa experiencia subjetiva, se percibe objetivamente como el cuerpo físico - y por medio del cuerpo y los órganos de los sentidos, percibimos el mundo, subjetivamente. 

Sujeto y objeto entrelazados.

Sin sujeto no hay objeto de percepción. Sin objeto de percepción no hay experiencia

Una parte de nuestra existencia es particular, colapsada en una realidad que definimos como material. Percibimos de nuestra existencia (y por ende de las demás), solo el aspecto corpóreo. Nuestra realidad material corresponde solo a la pequeña franja de señales que captan los sentidos y el cerebro le da forma.
Pero la mayor parte de la existencia no manifestada, es más bien como una sutil onda de probabilidades, una nube de interconexiones que representa nuestro aspecto insustancial e inconsciente en unidad con el orden cósmico.

Somos seres particulares y ondulatorios

Las partículas elementales (fotones, electrones, etc.) que forman las moléculas que componen las células y tejidos de nuestro cuerpo, experimentan esta dualidad.

En realidad la dualidad onda/partícula la experimenta el observador, que mediante su percepción dualista provoca el colapso o la reducción de la función de probabilidades en una realidad determinada, al tratar de comprender y describir su experiencia cotidiana.
Pero en esencia no hay dualidad. Existimos como una realidad particular y al mismo tiempo como una onda de potencialidad diseminada en el espacio.

Existimos y no existimos al mismo tiempo

Podemos darnos cuenta que debido a sus interconexiones y su potencialidad, el aspecto insustancial u ondulatorio, presenta muchas más posibilidades que el aspecto particular. Pero es el aspecto particular el que finalmente se manifiesta o materializa de acuerdo a la información.

El universo físico y todas sus leyes son una creación de la mente

Para influir en el sustrato mismo de la materia hay que servirse del aspecto ondulatorio del ser, que está en resonancia con las frecuencias más sutiles: pensamientos, emociones, propósitos y creencias y que tiene acceso directo al campo de potencial infinito de energía e información.

Nuestro cuerpo no es independiente del cuerpo del universo, porque más allá de nuestros átomos y partículas elementales, las fronteras no están bien definidas.

Nuestro cuerpo no esta limitado por la piel. Estamos interconectados con todo el universo y con toda la creación, porque somos una extensión de la mente Creadora, somos su reflejo, existimos en su imaginación.

El límite de nuestro cuerpo físico (membranas, piel, etc) es tan solo un nivel que delimita un medio interno y otro externo, esto le permite al cuerpo funcionar y desarrollarse como organismo. Al igual que una célula está delimitada por su membrana plasmática, que es permeable y dinámica y mantiene un intercambio vital con su entorno. 

Una célula es una unidad de conciencia y por lo tanto de experiencia, sin embargo, no esta aislada, forma una unidad con las demás células y comunica activamente con el campo que la rodea.

Somos más bien una onda, una fluctuación, una perturbación localizada en un campo cuántico mucho más grande, una ola surgida en el mar de la potencialidad infinita. Ese campo cuántico más grande - el universo – , es también nuestro cuerpo ampliado.

Como la conciencia humana es infinitamente flexible, tenemos la habilidad de poder cambiar conscientemente el contenido de información que da origen a nuestro cuerpo físico.

Podemos cambiar conscientemente el contenido de energía y de información de nuestro propio cuerpo a nivel cuántico y, por lo tanto, influir en el contenido de energía y de información de nuestro cuerpo ampliado: el espacio que nos rodea, el campo de pura potencialidad, y en consecuencia hacer que se manifieste lo que deseamos. Dicho de otra forma: podemos materializar un deseo.

Para esto la conciencia posee dos cualidades: la atención y la intención.

La atención funciona como un filtro, que al descartar los estímulos irrelevantes permite un estado de coherencia en la información y además ayuda a concentrar la energía,  a focalizarla. La intención o propósito,  tiene el poder de transformar. Si te propones algo tarde o temprano lo logras.

Atención y concentración son 2 caras de la misma moneda.

Si prestamos atención a algo le transferimos energía, ya que el pensamiento es una onda de energía e información y entonces el objeto de atención se manifestará con más fuerza en nuestra vida. Si dejamos de prestar atención, se marchitará, se desintegrará y desaparecerá.

La plasticidad neuronal, que es una característica dinámica del cerebro, es la capacidad de formar nuevas redes neuronales y por lo tanto cambiar su formato y su funcionamiento, optimizándolo. Esto se establece mediante la repetición y la concentración mental.

La intención estimula la transformación de la energía y de la información. La intención focaliza, potencia y organiza

El acto de dirigir la intención sobre el objeto de la atención desencadenará una serie de sucesos en el espacio-tiempo que tarde o temprano materializaran lo deseado. Esto se debe a que, como vimos, todo esta interconectado y además la intención tiene un infinito poder organizador.

El poder organizador significa la capacidad para organizar la información simultáneamente, o sea, una infinidad de sucesos espaciotemporales todos al mismo tiempo.


Si sembramos una intención en el suelo fértil de la potencialidad pura del inconsciente no manifestado, ponemos a trabajar para nosotros ese infinito poder organizador.

Este poder organizador es normal en la naturaleza, se expresa en cada hoja del árbol, en cada flor, en cada célula de nuestro cuerpo. Lo podemos ver en todo lo que vive.

En la naturaleza todo está conectado y relacionado entre sí

Lo asombroso de nuestro cerebro es que puede gobernar ese infinito poder organizador a través de la intención.

En el ser humano, la intención y la capacidad de transformación son ilimitadas, no están contenidas en una red rígida de energía e información. Poseen una flexibilidad infinita. Obviamente siguiendo las leyes del universo y de acuerdo a la propia naturaleza de cada ser.

La intención favorece el flujo natural y espontáneo de la pura potencialidad, que busca manifestarse, es decir, pasar del estado no manifestado (potencial) a la manifestación.


Esto sucede porque el movimiento de información en los niveles cuánticos afecta la gravedad y esto provoca la reducción o el colapso de la onda de posibilidades en una realidad particular.

Por supuesto que estas cualidades de la conciencia, son de naturaleza benéfica y positiva. No pueden servir para dañar o ignorar a otro ser, ya que además en virtud de la retroalimentación con el campo, este deseo retorna (generalmente amplificado).
Siempre hay que obrar en beneficio de los demás seres vivos; de todas formas esto es algo que sucede naturalmente cuando se está en la condición normal del cuerpo-mente.

La intención es el verdadero poder detrás del deseo. La sola intención es muy poderosa, porque es deseo sin apego al resultado. El solo deseo es débil, porque en la mayoría de los casos es atención con apego y sin un verdadero propósito. Es apenas un débil estimulo incapaz de mover una partícula de polvo.

Sin embargo la conciencia tiene el poder de crear mundos.

Esto significa que podemos desear y obrar libremente, sin depender ni identificarnos con un resultado, con confianza en nuestra naturaleza y posibilidades, que son universales.

La intención se proyecta hacia el futuro, pero la atención está ubicada en el presente.
Mientras la atención esté en el presente, la intención dirigida hacia el futuro se cumplirá porque el futuro se crea en el presente. El presente es la semilla del futuro. El futuro ya existe en el presente.
Y este presente es la actualización de causas pasadas. Por eso con nuestros pensamientos y acciones, podemos influir en todas las direcciones del tiempo y del espacio.
El pasado, presente y futuro coexisten en este mismo instante.



Hay que saber aceptar, asumir el presente tal como es. De esta forma, con el deseo y la intención, podemos sembrar nuevas semillas, de cara al futuro. Instalando nuevos programas, útiles y actualizados, que nos permitan realizar lo que queremos y vivir en plenitud. Sin arrepentimientos ni culpas, eliminando pensamientos negativos, programas parásitos y softwares malintencionados.

El pasado, el presente y el futuro son propiedades de la conciencia

El pasado es memoria; el futuro es posibilidad; el presente es atención.
El tiempo es el movimiento de la conciencia.

Tanto el pasado como el futuro nacen en la imaginación; solamente el presente, que es conciencia, es real y es eterno. Existimos en este presente, que incluye al pasado y al futuro.
Ahora y aquí encontramos el campo de infinitas posibilidades.
Cuando la conciencia se libera de la carga del pasado y de la preocupación por el futuro, la acción en el presente se vuelve creativa y total.

La intención actúa como catalizadora de la mezcla correcta de materia, energía y sucesos espacio-temporales para crear cualquier cosa que deseemos. Es información que enviamos al campo y que modifica la geometría del espacio-tiempo.

Si tenemos conciencia del momento presente, los obstáculos imaginarios – que representan la gran mayoría de los obstáculos percibidos - se desintegran y desaparecen. El resto de nuestras dificultades reales se transforman en oportunidades, gracias a otra de las cualidades de la conciencia: el foco.

La intención focalizada es la atención que no se aparta de su propósito. Lo que significa estar enfocados, o sea, manteniendo nuestra atención en el presente, con un propósito inflexible y eliminando cualquier obstáculo que se interponga y nos desvíe de nuestro propósito.

La atención y el propósito aportan serenidad y motivación, y esta combinación se vuelve poderosa y muy eficaz.



sábado, 25 de mayo de 2013

Nuestro cuerpo y los campos de información



El cuerpo humano es un campo de información y energía.
Desde la física podemos definirlo como un campo de ondas estacionarias, escalares, que están organizadas en niveles. 
Las ondas escalares son un tipo de ondas electromagnéticas longitudinales, a diferencia de las ondas EM a las que estamos acostumbrados que son transversales, las escalares solo existen en el vacío. 
Estas ondas constituyen una especie de océano de energía infinita. De acuerdo al investigador T. Bearden: "En cualquier punto y en cualquier momento, uno puede extraer libremente y sin grandes costos, enormes cantidades de energía EM que fluirá directamente del vacío activo mismo."

Nuestro cuerpo es un campo dentro de otros campos y a su vez, está formado por campos subsidiarios más pequeños. Cada órgano posee su propio campo, al igual que cada tejido, cada célula, cada molécula; incluso cada partícula elemental tiene un campo de energía e información que la rodea. Infinitos campos interconectados, dispuestos en niveles de complejidad. Aunque en esencia todo es unidad, no hay separación, solo hay diferenciación momentánea.

Podemos decir que nuestro cuerpo es en realidad información estructurada en distintos niveles vibratorios, es decir, ondas que oscilan y vibran en una amplia gama de frecuencias, que van de lentas y densas hasta rápidas y sutiles. O sea, desde el plano físico 3D hasta el plano espiritual multidimensional.

La salud y el normal funcionamiento del cuerpo, incluso la capacidad de adaptarse, aprender y evolucionar, están relacionadas con la coherencia y el orden entre estos campos. Cuando las ondas vibran al unísono, se dice que son coherentes. Igual que un instrumento afinado. Esta coherencia es fundamental y el responsable de ella es en primer lugar el corazón.



El corazón manda

El corazón es el emperador que percibe, gestiona y envía información a cada punto del cuerpo. De hecho recibe estímulos del entorno antes que el cerebro.
Su latido aporta información que no solo es vital, también es esencial para que el cuerpo funcione coherentemente y pueda realizar sus procesos de manera eficaz.
Esta información no es únicamente mecánica, viajando a través de los vasos sanguíneos, el corazón también produce calor, sonidos y envía señales eléctricas al cerebro aportando orden al sistema nervioso, lo que produce la sincronía de las neuronas, y en un nivel más sutil su campo electromagnético rodea al cuerpo en una extensión de varios metros. Su actividad regula a todo el organismo y está definida por sus patrones de ritmo. Si este ritmo es coherente, armoniza la función de todos los sistemas del cuerpo.

Nuestro modelo actual del cuerpo humano es físico, particularizado, fragmentado. Separado del campo. El cuerpo y la mente divididos y las emociones son vistas como un subproducto de la mente.
La razón es que el llamado “conocimiento científico” proviene de una interpretación y descripción equivocada de la naturaleza y del cuerpo humano. Viejos modelos, puntos de vista arbitrarios, resistentes al cambio y a nuevas comprensiones.
Todos somos educados en este modelo “físico” y material de la vida, por eso nos cuesta tanto aceptar que en realidad somos cuerpos de energía, campos de información conectados con todo el universo. Literalmente nadamos en un mar de conciencia, de hecho, emergemos de este mar de infinitas posibilidades. Somos la conciencia universal, la mente del Creador, experimentándose a si misma.

Nuestro verdadero ser es no-localizado y entrelazado con todos las existencias.
El inconveniente es que para poder procesar esta información hace falta un cierto nivel de coherencia y energía y un hardware cerebral apropiado.
Esto es aportado por la calma mental, la observación ecuánime y la actividad normal del corazón, que es expansiva e iluminadora y organiza la información en el cerebro.

Se puede entender entonces, la importancia del ritmo, la armonía, las pausas y los silencios. Así puede brotar la música natural del corazón y expandir nuestra esfera de conocimiento y creatividad.
Digamos que necesitamos aprender a afinar el instrumento y a hacerlo sonar correctamente.

El instrumento eres tú

Es una cuestión de resonancia. Nuestras células vibran y resuenan según su estado, esta resonancia es la que crea la realidad de nuestra vida y nuestro estado interno.


Salud y felicidad son expresiones inseparables y dependen directamente de esta resonancia
Un pensamiento de baja frecuencia, negativo o de miedo, se empareja y atrae ondas afines, creando una realidad negativa y más miedo. Esto no solo corta el flujo de energía e información sino que enferma y debilita, atrayendo incluso al peligro.
El estado opuesto corresponde a pensamientos y sentimientos de alta frecuencia, armónicos, asociados con el amor, el perdón, la comprensión y el no miedo.

En la actualidad a pesar de la abundancia de información y el aparente fácil acceso a ella, hay una enorme estimulación de los sentidos y muchísimas radiaciones y vibraciones de baja frecuencia, incoherentes y de mala calidad (ruidos, teléfonos celulares, TV, etc.)
El ser humano promedio está sometido a un bombardeo cotidiano de vibraciones y presiones, que provocan estrés, incoherencia, pérdida de la armonía y malas condiciones de vida.

En estas circunstancias resulta muy difícil (pero no imposible) comprender la verdadera naturaleza de la realidad y de nuestra vida. Este estado de confusión y aislamiento induce a problemas de adaptación y disminuye las posibilidades de la persona, lo que se denomina una retracción del campo.

La educación y la medicina convencional promueven y mantienen esta retracción o reducción del campo corporal.

Estos campos de información y energía son como hologramas, cada parte posee la información de la totalidad, es decir, se trata de información no localizada que produce una imagen proyectada. Una proyección que nuestro cerebro capta e interpreta como real y tangible.
El corazón, mediante sus patrones rítmicos y la riqueza de cargas,  es el encargado de imprimir información en el holograma corporal, lo que ayuda a crear una determinada realidad.

Esto es posible porque el cuerpo es un sistema abierto, interconectado con la fuente universal. Un campo de energía de naturaleza holográfica dentro del gran holograma universal.

Nuestro cuerpo físico cambia todo el tiempo, las células mueren y se recambian, los sistemas son dinámicos y adaptables, sin embargo hay algo que permanece y nos define, un patrón que hace que mantengamos más o menos la misma estructura y funcionamiento, capaz incluso de modelar la expresión de los genes.
Estos patrones son campos de información que controlan la forma y la dinámica del cuerpo. Estos campos se encuentran fuera del cuerpo, más allá de sus límites físicos. 
En realidad son una extensión de nuestro cuerpo, el cual a su vez es una manifestación del campo o matriz universal. 

No podemos considerarlos algo aparte o separado. He aquí el error que se comete en general y el porque del desconocimiento de nuestro verdadero ser. Hoy en día todavía hay científicos, médicos, profesores, maestros e investigadores que mantienen y transmiten esta falsa información.

Esto que llamamos información, no es otra cosa que el movimiento de la conciencia.
Los campos de información son campos de energía consciente y en este nivel no tiene sentido hablar de materia orgánica o inorgánica, de hecho, ni siquiera tiene sentido hablar de materia.

Es hora de que asumas tu naturaleza cósmica y comprendas de que estas hecho y de que están hechas las cosas. Así podrás tener acceso a la información y la energía ilimitada contenida en el campo.

Puedes conectar conscientemente con el campo. El espacio que te rodea no está vació. No estás separado de lo que percibes, todo lo que te circunda es una extensión de tu conciencia.
Si comprendes esto, además de incrementar tu vitalidad y equilibrar las emociones, podrás aumentar tu inteligencia, expandir tu cuerpo energético, o sea, aumentar tu luz, tu coherencia y tu apertura de mente.

Cada parte de tu cuerpo contiene la información de todo el universo. Cada parte del universo es tu cuerpo mismo.

El campo de información que te rodea y te contiene eres también tu mismo. Un cuerpo de energía. Un ser luminoso

Conciencia infinita.

otros artículos relacionados:
-http://budacuantico.blogspot.com.ar/2009/12/la-resonancia-morfica-un-nuevo-enfoque.html

-http://budacuantico.blogspot.com.ar/2011/12/el-viaje-sin-tiempo-de-la-informacion.html

-http://budacuantico.blogspot.com.ar/2012/04/la-luz-del-autoconocimiento.html




miércoles, 5 de septiembre de 2012

El universo cabe en un punto 2

Parte 2

Desde nuestra perspectiva individual solo podemos percibir un nivel estrecho de toda la escala, de hecho, lo que podemos ver corresponde a una pequeña franja del espectro total de las ondas electromagnéticas. Pero cuando trascendemos los límites de la percepción ordinaria, la realidad se hace más amplia, más interconectada, aumentando las posibilidades y los recursos.

espectro electromagnético
Es el espacio (el campo) el que nos define, el que marca los límites y contornos de nuestra vida. Enviamos información al vacío y este colecta la experiencia de todos, por este motivo compartimos una realidad común, aunque cada uno la observe desde su lugar específico.

La riqueza y la abundancia surgen de la interconexión. No de la acumulación.

El efecto mariposa

La ciencia describe con esta analogía las variaciones que pueden aparecer en el comportamiento de un sistema complejo cuando las condiciones iniciales son modificadas, aunque sea de forma aparentemente imperceptible. De manera que una pequeña perturbación inicial, mediante un proceso de amplificación, puede generar un efecto considerablemente grande a mediano o corto plazo de tiempo, como una reacción en cadena.

Una mariposa que agita sus alas en Kabul es muy probable que no provoque un huracán en Miami, pero quizás haga que el resto comience a hacerlo y si varios millones de ellas comienzan a batir sus alas al mismo tiempo, es mucho más probable que afecten al sistema.


A lo mejor piensas que tu conciencia es insignificante como para provocar un efecto en la totalidad, pero la intensidad de la información que envías influye sin dudas en el resto, de formas que no se pueden prever con certeza.
Tus pensamientos generan una onda, una perturbación en el campo. Esta información puede ser como el aleteo de una mariposa. Considerando además que los cerebros están interconectados en una gran red de conciencias, todos comparten la misma información, aunque cada uno la procesa a su manera.
Y también los pensamientos de los otros pueden influirnos. ¿Acaso dónde se originan nuestros pensamientos, de donde vienen y adonde van? ¿Podemos rastrear su origen?

Hay estructuras del cerebro que están involucradas en la aparición del pensamiento consciente como el hipotálamo, el tálamo y la corteza, pero estas áreas y conexiones funcionan más bien como integradoras y procesadoras de la información



Así que lo que pensamos depende del sistema físico. Pero como el cerebro es un tejido vivo, gracias a su neuroplasticidad, también se adapta a la manera de pensar, es decir, la forma de pensar organiza y modela la estructura cerebral. Si es caótica y desordenada habrá malas conexiones y el sistema procesara la información de manera incorrecta e ineficaz
Pero si es armoniosa y coherente, el sistema se vera optimizado y fortalecido (más números de conexiones con una fuerza sináptica mayor).

Los órganos internos y las emociones están estrechamente ligados, y son las emociones las que determinan en gran parte la manera de pensar y la adaptación al medio. De hecho la glándula hipófisis y el hipotálamo forman una unidad funcional (más info, ver sistema neurovegetativo)



Somos creados y modelados por el campo, que nos conecta con todo. Lo que llamamos pensamientos no son otra cosa más que la actividad de la misma conciencia, al igual que las olas del océano nunca dejan de ser el océano. Esta actividad incesante manifestada a través del cuerpo físico, no tiene existencia propia, es la simple actualización de múltiples causas entrelazadas.


Campos mórficos de información donde se encuentran todas las experiencias de nuestra especie. Estamos, literalmente,  sumergidos en ese océano de conciencia, de energía e información.
Por eso hay que prestar atención cuando nos identificamos con lo que pensamos, tendemos a creer que eso es “real” y sucede independientemente de nosotros, sin considerar que es pura actividad, la mayor parte del tiempo redundante y desordenada, alimentada por reverberaciones de vibraciones pasadas.

Volver a cero es fundamental, desconectar por momentos la secuencia del pensamiento ordinario es la base de la armonía mental y el equilibrio.

Hay que empezar siendo gentil consigo mismo.

El diálogo que mantenemos en nuestra mente no pasa desapercibido, el universo lo capta, hace su lectura y responde, por eso tendemos a crear y recrear siempre la misma realidad,  nos guste o no.

Podemos comunicar con el espacio, con todo lo que nos rodea, en silencio y en unidad, no solo de una forma intelectual y estereotipada, sino con la totalidad de nuestro ser, con nuestro espacio interior que es infinito. Nuestro ser interior esta conectado con todo el universo.

Somos parte de esa corriente de información hacía el vacío, un punto en la escala, más o menos en el medio, entre lo infinitamente grande y lo infinitamente pequeño, todo interconectado.



Si relacionamos los cuerpos u objetos de los distintos niveles de acuerdo a su radio y a su frecuencia de vibración veremos que forman una línea creciente, desde lo más pequeño que podemos concebir (longitud de Planck = 1,6161 x 10-35 m) hasta la distancia del universo mismo, y podemos ubicar a la célula (y a nosotros humanos) en el medio de la escala, exactamente entre átomos y estrellas.

Ese flujo de información universal pasa a través nuestro, atraviesa cada una de nuestras células y recoge información que la entrega al espacio infinito. 
El universo se nutre de tus experiencias, de ahí la responsabilidad por lo que proyectas.

Por eso es importante que ocupes el lugar que te corresponde. Y ese lugar eres tu, donde quiera que vayas ese lugar eres tu mismo. El centro de la escala, el punto de unión entre el cielo y la tierra.


Podemos participar de esta conexión con todos los niveles de la escala, pero hacia el exterior es más difícil y además están los límites de la percepción. 
Es hacia el interior de nuestro ser que conectamos con todo. El interior conecta con el infinito.


zazen



La meditación es la puerta.
La respiración es el vehículo.




La respiración del universo

La realidad resulta de las múltiples divisiones del espacio en un vacío estructurado de manera fractal. Los niveles mas grandes contienen a los más pequeños y todos comparten la misma información. 

El vacío representa la fuerza en contracción, mientras que todos los fenómenos que percibimos son la fuerza en expansión. 
Toda la realidad emerge de la interacción entre contracción y expansión.
La radiación electromagnética es la fuerza que se expande, como la luz, es lo que vemos. La fuerza que tira hacia el centro y que curva el espacio-tiempo creando una singularidad es la gravedad, la fuerza en contracción.

Es como una respiración cósmica, de hecho nuestros pulmones reflejan esta dinámica. 
Respiramos porque el universo entero respira. 
Nuestra respiración es la respiración del universo.
Cuando inspiramos los pulmones se expanden, el universo entra en nosotros y se retrae, cuando exhalamos los pulmones se retraen y el universo se expande ganando en información y energía (aumentando su entropía)
Cuando inspiramos importamos orden y coherencia al organismo.
Cuando exhalamos exportamos desorden, aumentando la información en el medio y la entropía.
La respiración es el vehículo físico de nuestro lado infinito. Nos conecta verdaderamente con todos los niveles.
Un puente entre el mundo visible y el invisible.

Podemos sentir y visualizar la luz interior, en el interior somos luz, es un hecho, hay fotones que se crean y desaparecen en el vacío y las partículas que forman los átomos giran casi a la velocidad de la luz, no se ve a simple vista desde el exterior porque en el interior somos como un masivo agujero negro que no permite escapar la luz, (se curva por la gravedad), pero también somos luz.



Nuestros átomos son como mini agujeros negros girando casi a la velocidad de la luz, tal es nuestro nivel de energía.
Estamos enviando y recibiendo información del universo a la velocidad de la luz, no lo notamos, pero las partículas aparecen y desaparecen y vuelven a aparecer…y vos también, entrando y saliendo del vació, te estás prendiendo y apagando a increíble velocidad.


Aparecemos como resultado de esta dinámica de fuerzas, contracción y expansión. Pero la fuerza primaria es la contracción, que es la que mantiene sujeta a las cosas. El lado Yin.
La fuerza de la radiación (expansión), el lado Yang, depende de la fuerza que contrae y sostiene.

Un ejemplo es la fuerza centrífuga, sino estuviera sujeta a un centro no existiría. 
Tomemos una bola atada a un cordón al que sujetamos con la mano y la hacemos girar, cuanto más intenso sea su giro más fuerte tendrá que ser el agarre, pero si abrimos la mano y soltamos el cordón la bola sale disparada en un movimiento rectilíneo. 
Esto significa que la fuerza centrífuga no existe en sí misma, sin la fuerza centrípeta no podría manifestarse. Sin la fuerza de contracción no habría expansión.


La verdadera fuerza está en el interior, es la que nos cohesiona e integra.
La expansión (el brillo) depende de la profundidad interior.
Cuanto más te diriges hacia tu interior, mayor es tu brillo. Lo contrario es ilusión. No es luz propia, es solo el reflejo débil de alguna otra fuente de luz.




Brilla por ti mismo

El ser interior y el medio interno son lo verdaderamente real.

Es difícil de asimilar para la mente acostumbrada a los objetos cotidianos concretos y al pasar del tiempo convencional, pero en esencia somos insustanciales.
Es verdad que definir lo que es “real” no es fácil, dado que la realidad que percibimos es una ilusión. Una vez más los conceptos no son suficientes. Las palabras sirven como orientación, son apenas una descripción relativa de lo que percibimos, que ya es relativo en si mismo. 
Pero más allá del dominio estrecho de las palabras y el intelecto, podemos experimentar nuestra verdadera esencia, el ser espiritual.

Somos un punto en un universo de infinitos puntos.
Un punto formado por infinitos puntos. Todos interconectados.

En el centro de tu ser se encuentra el centro del universo.

Puedes encerrar al universo en un punto y depositarlo en la palma de tu mano. Si te concentras en ese punto con la totalidad de tu cuerpo-mente, es así. Y si quieres puedes respirar por ese punto, ya que todo el universo respira, incluida la célula más pequeña.
Es otro ejemplo de sistemas limitados e infinitos interactuando al mismo tiempo.




Somos viajeros universales. Vamos de punto en punto, existiendo y dejando de existir. Prendiendo y apagando de forma imperceptible, llevados por la corriente cósmica a la velocidad de la luz en un viaje por el infinito.
Cada momento de experiencia es un punto, único e irrepetible.

Cada momento es un buen momento

Cada presente es un punto. Nuestra vida es una sucesión de puntos sin trayectoria, estrictamente hablando, no vamos a ninguna parte. Existimos en cada punto y luego dejamos de existir hasta el siguiente punto. La continuidad es un arreglo que hace el cerebro para mantener una coherencia, pero esta es arbitraria e ilusoria y fuente de malas percepciones.

Este punto de tu existencia contiene al pasado y al futuro. Es el fruto del pasado y la semilla del futuro. Ambos están contenidos en este presente. Todos existen en este mismo momento.
Desde el presente no solo podemos enviar información al futuro sino también a nuestro pasado, podemos mejorarlo, perdonar, iluminarlo con nuestra comprensión actual. 
De la misma forma que comunicamos con nuestro pasado, también seguramente y sin saberlo recibimos información de nuestro futuro. Probablemente nuestro ser futuro está también pensando en este momento.

Todo colapsa en este aquí y ahora.

El universo entero cabe en un punto.


domingo, 2 de septiembre de 2012

El universo cabe en un punto

Parte 1

Se dice que fundamentalmente todo es unidad.
La conciencia es infinita y existe en todos partes, sin límites.
La energía circula, vibra, se condensa en materia, se polariza, nunca está quieta, no tiene forma fija ni límites. Entonces, si todo está integrado con todo y todo es unidad, ¿cómo aparecen los límites entre las cosas?
¿Cómo es que interactúa el infinito con lo finito?, ¿puede un sistema ser finito e infinito a la vez?

Generalmente los consideramos separados, si algo es finito no puede ser infinito. 
Esto se ve claramente en la Física, hay un física para lo grande que describe un universo continuo hasta el infinito, de acuerdo a la relatividad de Einstein.


curvatura del espacio-tiempo continuo
Por otra parte la física cuántica predice un espacio limitado y finito, en el que las partículas aparecen y desaparecen, La primera, la relatividad: la física de lo grande, es determinista y la segunda, la mecánica cuántica: la física de lo pequeño, es probabilística.
Hasta el presente no se consigue unificarlas en una sola teoría, Einstein trató pero no pudo.

Trazas de partículas subatómicas
Podemos observar esta separación entre lo infinito y lo limitado también en la sociedad. La espiritualidad tiende a pensar en términos de infinito, de conciencia, de sistemas abiertos y entrelazados, mientras que la ciencia piensa en términos racionales, en sistemas cerrados, limitados y finitos. Y entre las dos no hay entendimiento. Si es de rigor científico pierde espiritualidad y si es espiritual la ciencia queda afuera.

Esta dicotomía se ve en la percepción que tenemos de la existencia y de la no existencia. Si algo existe no puede no existir y si no existe, no existe. Nos cuesta de entrada comprender que algo exista y no exista al mismo tiempo.

Sin embargo aunque sean aspectos aparentemente opuestos son complementarios, uno depende del otro.
La existencia contiene en esencia  a la no existencia, es decir, los límites de la existencia contienen lo infinito de la no existencia.
Si nuestro cuerpo tiene un límite finito, ¿como puede contener a lo infinito?
Veámoslo desde la perspectiva del punto.

Un punto es la menor fracción indivisible. 
Es un concepto abstracto
Se dice que un punto no tiene dimensiones (0D o N-dimensiones), o sea que también tiene infinitas dimensiones (infinitos vectores que convergen y se cancelan precisamente en ese punto).
Algunos sostienen que al no poseer dimensiones y no encerrar volumen, el punto no existe.
Una sucesión de puntos forman una línea, que convencionalmente se considera de una dimensión (1D). Siguiendo la misma idea, entonces tampoco existe.
Si unimos cuatro líneas formando un cuadrado, ahora tenemos un plano de dos dimensiones (2D), pero como no tiene volumen no ocupa espacio  por lo tanto no se puede decir que exista.
Continuamos uniendo planos, en este caso 6, y obtenemos una figura tridimensional, un cubo (3D), que contiene volumen y por lo tanto lo definimos como existencia.




¿Es así realmente?

¿Cómo se consigue que algo exista a partir de algo que no existe?

Quizás lo único que existe es el punto y todo lo demás aparece como proyección de él.
La teoría del Big Bang sostiene algo parecido. A partir de una singularidad, un punto del tamaño de la longitud de Planck (10-35 m), el universo se expandió.



Cada punto tiene el potencial de contener toda la información en él.

Podemos ilustrarlo geométricamente. 
Dentro de un círculo (o esfera) que delimita un espacio, ponemos un triángulo equilátero (o un tetraedro si lo consideramos en 3D), en realidad como el universo está polarizado en 2 fuerzas opuestas y complementarias hay que agregar otro triángulo (o tetraedro) invertido, formando la estrella de 6 puntas, común en varias culturas de la antigüedad, en particular la Judía.








A partir de esta figura bipolar podemos efectuar divisiones hasta el infinito, sin salir de los límites origínales. A medida que vamos dividiendo la estrella en estrellas más pequeñas encontramos nuevos límites, cada nivel tiene su límite y sin embargo sigue formando parte de un espacio ilimitado.
Todos los niveles están conectados, cada nivel con sus coordenadas temporoespaciales específicas observa a los demás desde su propio y único punto de vista. 
Sin embargo, ninguno dejo de pertenecer a la totalidad.
Esta dinámica fractal se observa en todo el universo, en todas las escalas. Incluso en nuestras células y átomos. En el interior de sus límites se encuentra el infinito, es decir, contienen potencialidad infinita e infinita conectividad con todo lo demás.

Podemos tomar cada célula, átomo o partícula que constituyen nuestro cuerpo y dividirlos hasta el infinito, eso significa que contienen infinita cantidad de información y que poseemos infinita cantidad de divisiones dentro de nosotros.

Es como si cada átomo fuera un diminuto agujero negro con una cantidad infinita de información, o sea, infinita cantidad de partículas que a su vez pueden ser divididas ad infinitum, eso significa que tiene una masa infinita.
Cada nivel de la escala, cada límite es una singularidad en si mismo.
Nuestro cuerpo es infinito en el interior, en el exterior siempre están los límites de la percepción. No podemos percibir lo infinitamente grande, porque somos el contenido, pero si podemos acceder a lo infinitamente pequeño, ya que lo contenemos en nuestro interior.
La realidad exterior siempre es limitada y determinada mientras que el mundo interior esta lleno de posibilidades, infinitas. Infinitas partículas, infinitos puntos conectando todos los niveles de la escala.

Podemos descomponer todo hasta llegar a un punto y luego ampliar ese punto con un  zoom y seguir descomponiéndolo y así sucesivamente.
Si observamos una de célula y ampliamos la escala alejando el foco, la célula se vuelve un punto, nosotros mismos somos puntos vistos desde el aire, pasando Marte nuestro bello planeta es apenas un punto en el espacio.


La Tierra vista desde Marte (fotografía de la NASA)
Por eso podemos considerar al punto como una representación de lo infinito y lo finito integrados.

Todo está hecho de puntos

Cada momento de nuestra vida es un punto. Nunca existió ni existe una continuidad, excepto en la mente. Vamos de punto en punto, de a saltos cuánticos, imperceptibles para el cerebro cotidiano, pero lo cierto es que si paramos el proyector, o sea la mente consciente, podemos descomponer lo que percibimos en puntos, en píxeles de realidad, considerando que cada cosa que observamos, cada punto de la imagen es parte de una imagen más grande, nosotros mismos podemos considerarnos proyecciones de planos superiores.

Cada aquí y ahora es un punto en la existencia y por ser un punto, contiene infinitas posibilidades.

Si podemos concentrarnos en cada punto, en cada momento, la vida seguramente se vuelve mucho más plena y con más posibilidades.
La verdadera fuente de creatividad esta en nuestro interior.
Esto nos permite apagar y reiniciar cuando queremos. Cada punto es un final y un nuevo inicio.

Nuestra verdadera naturaleza es infinita e interconectada.

Pero eso no significa que somos todos iguales. No somos producidos en serie, como un prototipo de fábrica.
Cada átomo, cada célula, cada uno de nosotros ocupa un lugar único de la experiencia, es decir, no hay manera que dos personas ante la misma situación, en las mismas condiciones, experimenten lo mismo.
¿No es genial? ¿Para que buscar afuera lo que ya somos? ¿Y que somos?

Un punto único de experiencia en el universo infinito.

¿Pero entonces que es lo que nos conecta con todo lo demás?

El espacio

El espacio está por todas partes. A gran escala lo podemos observar entre galaxias (y probablemente entre universos), estrellas y  planetas, todo está rodeado de una gran cantidad de espacio. Y en la escala microscópica el espacio es todavía más enorme. Cada átomo está formado por un 99,9999 % de vacío.



En otras palabras, la estructura atómica de nuestra realidad cotidiana está construida, excepto un 0,00001 %, por espacio.
El resto, que es la parte que podemos percibir y consideramos sólida, concreta e inmutable, oscila, vibra en una altísima frecuencia, y lo más notable es que estas oscilaciones “nunca se tocan”. En ningún momento, en ningún lugar, jamás se tocan. Los átomos y moléculas se enlazan, forman uniones más o menos estables, intercambian electrones, pero no entran nunca en contacto. Por ejemplo, una estructura resistente y densa como la del diamante (que es una forma alotrópica del carbono), si agrandáramos una de sus moléculas al tamaño de una naranja, la siguiente se encontraría a medio kilómetro de distancia. Tal es el espacio entre las cosas.

Sin embargo, a pesar de esta evidencia, seguimos prestándole atención a ese ínfimo porcentaje que aceptamos como concreto y “real”. Gastamos nuestra energía y tiempo en ese 0,00001 % que llamamos materia y generalmente ni siquiera reparamos en el 99,9999 % restante, que es el espacio entre las cosas.
¿Cuál es la parte que te define entonces, la materia o el espacio? ¿La parte sustancial o la parte vacía?

Percibimos la realidad desde la perspectiva de la materia, por eso nuestra percepción es limitada y estrecha y nuestra vida, determinada y previsible. 
Pero si percibiéramos a partir del vacío, de lo insustancial, aceptaríamos que es el espacio el que define nuestros límites y modela nuestra percepción, entonces crearíamos una realidad más amplia, con más espacio (y tiempo) y seríamos más libres.

Quizás no somos nosotros los que creamos y definimos el espacio, sino que es el espacio el que nos define y da forma.
Aparentemente esto no cambia nada en nuestra realidad cotidiana, igual tengo salir a ganarme la vida y todo eso, pero una cosa es andar por el mundo creyendo que la materia y las cosas existen por si mismas y que son ellas las que crean tus límites, y otra cosa es considerarte principalmente vacío, espacio ilimitado e interconectado, y que es justamente ese espacio el que crea, delimita los objetos y tus experiencias y te conecta con todo.

Somos responsables de la forma en que alimentamos al vacío.

De acuerdo a la información que enviemos recibiremos una respuesta, a veces no en el momento ni de la forma que esperamos, por eso también es importante comprender y aceptar la interdependencia que existe entre todo.

Cuando enfocamos la observación desde esta perspectiva más total, el cerebro cambia su dinámica y su organización, se reformatea permitiendo procesar la nueva información, más amplia e interconectada. Nuevas áreas cerebrales se despiertan y su actividad se vuelve más coherente y unificada.

El espacio que nos rodea y nos modela, aunque se le llame vació, esta repleto de energía, infinita energía. Esto se ha calculado, 1 cm3 de espacio tiene una densidad de energía de unos 10-93 gr. Esto no nos dice nada a priori. ¿Que podría significar esa cifra en la vida diaria?

Si tomamos todas las estrellas que podemos ver con el telescopio más potente y las compactamos en 1 cm3 de espacio vacío, eso llega a un  10-55 gr de densidad de energía por cm3, y esto es mucho considerando que solo en nuestra galaxia hay unos 100 mil millones de estrellas y todavía nos faltaría agregar 39 ceros para alcanzar la densidad de energía del vacío.


Los puntos que se ven son principalmente galaxias, formadas cada una por unos 100.000 millones de estrellas, la mayoría mas grandes que nuestro sol
Lo que llamamos vacío en realidad es infinitamente denso, no lo podemos percibir porque al ser infinito en cada punto se cancela, (infinitos vectores que convergen en cada punto) y por eso lo vemos como nada. Aclarando que nuestros sensores solo captan los desequilibrios o las diferencias (algunas), es decir los vectores que sobresalen del resto, así que cuando están en perfecto equilibrio no los percibimos.
Como el pez que no sabe que está en el agua hasta que lo sacas y siente una densidad diferente, para el pez el océano es ilimitado, adonde vaya está en su casa. 




Es igual para el ave que vuela libre en el cielo, su espacio es ilimitado, todo es espacio.



Lo cierto es que estamos sumergidos en un mar de energía infinita. La aparente escasez de recursos es el resultado de la ignorancia y la mala utilización de los mismos.

Vivimos en un universo de abundancia.


Es el vacío el que determina la dinámica del universo y es el espacio lo que compartimos y nos conecta a todos. La información divide el espacio en escalas diferentes y estas escalas o niveles son los que crean nuestra realidad. Somos parte de esos niveles.



La materia no es algo salido de ninguna parte, sino que surge como consecuencia de las divisiones de la estructura del espacio mismo y cada uno de nosotros está interactuando cada instante de su vida con esta estructura.

Sin silencios no habría música, es el silencio el que corta y da las características a cada nota. Sin vacío no habría realidad posible, es el espacio el que define y modela los límites y contornos de la materia. 
Es el vacío el que brinda utilidad a las cosas., sino imagínate una casa maciza o una taza llena.


Las partículas que forman nuestros átomos aparecen y desaparecen todo el tiempo en el vacío. Cada vez que el electrón aparece, aprende de tu experiencia y lleva nuevamente la información al vacío. En cada instante estás informando al universo acerca de tu experiencia, es decir, informas sobre tu propio y particular punto de vista.
Somos los ojos del universo. Podemos considerarnos vehículos de experiencia, modelos experimentales al servicio de fuerzas superiores. 
La vida nos atraviesa.

Creamos nuestra realidad, pero también la realidad nos está creando. Esa es la contraparte, el opuesto complementario. Enviamos información al campo y este nos la devuelve, modificada a su vez por la experiencia de los otros. Somos creadores creados.

Si solo fuéramos nosotros los que creamos nuestra realidad, además de encontrarnos solos siempre en nuestra pequeña burbuja artificial, sería muy aburrido y no podríamos aprender nada y tampoco el universo.

Continúa...