miércoles, 16 de octubre de 2013

Una nueva mentalidad


Nuevos tiempos implican una nueva manera de pensar. Pero, ¿es posible pensar de otra manera pensando siempre de la misma manera?, o sea, manteniendo siempre la misma programación mental. La respuesta es NO.

La forma habitual de pensar en la mayoría de las personas es condicionada y reactiva.

Condicionada por la genética, por la configuración del cerebro y por los programas instalados mediante la educación, la cultura, los medios, etc., y es reactiva por que reacciona ante cualquier estímulo, teniendo la tendencia a quedar conectada o “enganchada” a ese fenómeno sin volver  a su posición de equilibrio o descanso.
Esta es la causa de los apegos y de las contradicciones en la vida cotidiana.

La mente reactiva es como un radical libre.

En química, los radicales libres son átomos o moléculas muy “inestables” que se “enganchan” fácilmente con otras moléculas provocando un aumento de las reacciones químicas y por lo tanto de radicales libres, un mayor gasto energético y acumulación de residuos, que acidifican y calientan aun más el sistema, provocando un mal funcionamiento y acelerando el envejecimiento del mismo.

Lo primero para eliminar un programa mental y reemplazarlo por otro nuevo, es decir “actualizarlo”, es volver a cero. Reset. Parar el movimiento mental inestable y desequilibrado y permitir que el flujo electroquímico del cerebro se equilibre. 

En este proceso no es necesaria la voluntad ni la intervención del pensamiento consciente, ya que aumentan aún más la actividad eléctrica del cerebro. Pero también es cierto que al principio es necesaria una dosis de voluntad y determinación, para llevar las cosas a su equilibrio.

La medida del desequilibrio es la medida de tus ilusiones y tu sufrimiento.

Cuanto más desordenado esté el sistema, más energía y tiempo habrá que emplear para volver a ordenarlo. Pero un sistema vivo, consciente y autoreferenciado, busca solo su propio equilibrio, hay que dejarlo. La energía y el trabajo se aplican para desengancharse de todas las ilusiones que nos desestabilizan y nos sacan de nuestro centro vaciándonos de energía.

Más alejado estás de tu centro, más inestable es tu posición y mayor será el esfuerzo para lograr el equilibrio.

Nuestra mente ordinaria es extremadamente reactiva, se enciende con la actividad de los sentidos y de algunas estructuras cerebrales como el tálamo y el neocórtex, que reciben información constantemente del medio externo e interno, provocando un movimiento de cargas eléctricas que dispara una cascada química, la cual genera una respuesta fisiológica que va a generar y modelar una realidad física determinada.

En la actualidad, gran parte del desequilibrio está dado por un exceso de actividad del hemisferio cerebral izquierdo, que es el encargado de brindar una respuesta adaptativa mediante la individualización y la separación de las partes, gestionando el movimiento voluntario, la palabra, los conceptos, la razón y la lógica.
Es nuestro cerebro “separatista”. A fuerza de desarrollarlo y de “creer” lo que nos dice, nos fuimos separando del resto.

Hay que considerar también el aumento cada vez mayor de radiaciones y estímulos externos: celulares, ordenadores, TV, artículos de consumo, estrés y contaminación…todos estos factores altamente desequilibrantes.

La radiación nos acerca a la muerte.
La gravitación genera vida.

De manera que para volver a la condición normal, debes encontrar el equilibrio, tu propio centro, retornando a cero, transformando así la percepción de la “realidad” y de ti mismo.
Para cambiar la programación mental es suficiente con invertir la polaridad del movimiento y la percepción, dirigiéndolos hacia el interior de tu ser.

La meditación es fundamental.

zazen: postura de equilibrio y despertar de la conciencia

No se trata de religión o de espiritualidad para “consumir”, se trata de volver a la condición normal y equilibrada del ser humano.

Volver a la fuente original.

Cuando percibes y comprendes el flujo de energía en tu cuerpo, entonces puedes comprender todo.
Es muy simple y muy sutil.

Es como la respiración o como el latido del corazón. Todo sigue el pulso rítmico del universo: expansión-contracción, crecimiento-decaimiento, movimiento-reposo, aparición y desaparición.

Si consideras un solo lado de las cosas, el resto permanece oculto, entonces…

¿Cómo puedes estar tan seguro de que lo que percibes es real?

Si lo que percibes no tiene dos aspectos, es solo un reflejo de la luz verdadera. 

Un espejismo.

En otras palabras, si el pensamiento consciente habitual, monofásico y repetitivo, que es afirmación, no es purificado o equilibrado con su opuesto complementario, la negación, será tendencioso, dogmático y fuente de error.

Se dice que el pensamiento es “afirmativo” porque constantemente nos afirma una determinada “realidad” sin considerar su contraparte. Por eso se equilibra con la “negación”.
Esto no significa volverse “negativo”, sino equilibrado. Solo así podemos tener una imagen completa del mundo que percibimos y de nosotros mismos.

Hay que pensar de manera positiva y creativa, porque el mensaje de los medios y de la cultura es tendencioso y negativo, y sino basta con observar el rumbo que toma la sociedad moderna.

He aquí la fórmula mágica para la alquimia espiritual:

-Recoge tu espíritu.
-Calma tu mente.
-Abre tu corazón.
-Programa tu cuerpo.
-Sonreí.

El resultado se debe acercar a cero, que es el equilibrio. El punto de reposo y origen.

A partir de ese punto podrás crear tu vida con salud y felicidad, y la luz de tu comprensión iluminará la comprensión de los demás.
Naturalmente.
Casi sin darte cuenta.

Por lo tanto, la medida de tu poder para encontrar magistralmente la felicidad, la paz, la prosperidad y la gloria, radica en la dimensión de tu conocimiento de las maneras de Dios y tu deseo de hacer que las maneras de Dios sean tu manera.
Después de todo, estamos hechos a su imagen y semejanza, al igual que toda la Creación.
Somos una extensión de su Mente.


Somos la mente del Creador.


sábado, 28 de septiembre de 2013

¿Para que usas tu cuerpo?


El cuerpo humano es el resultado de millones de años de evolución, algunas mutaciones exitosas y el soplo divino que le otorga conciencia y un grado superior de inteligencia.


Nuestro cuerpo tiene un diseño muy complejo y una configuración muy práctica.
Aunque lo percibimos sólido, pesado y opaco y podemos describirlo en términos físicos como una unidad eléctrica de carbono y agua, programable y con conciencia de si misma, en realidad se trata de ondas de energía compactada vibrando a gran velocidad y manteniéndose juntas por efecto de la gravedad. Esto es lo más material que podemos encontrar en nuestro cuerpo: energía e información.

De todo modos ¿Para que utilizamos este cuerpo tan práctico hecho de la misma sustancia que el cielo y la tierra? Generalmente para satisfacer nuestros innumerables deseos y obligaciones, convirtiéndolo en esclavo de ilusiones y malos hábitos.

La verdadera inteligencia significa usar el cuerpo de una forma que no le conviene a nuestras ilusiones.
Esto quiere decir poner el cuerpo y la mente en orden, en resonancia. Es un principio básico de la armonía. Todas nuestras células siguen naturalmente el orden cósmico. Laten y respiran con el universo. Son la vibración del universo.

Es cuestión de madurar y aceptar tu verdadera naturaleza y abandonar las viejas creencias.
La tarea más importante es desarrollar y proteger la perla brillante que yace en tu interior y que es tu esencia, que está entrelazada con todo el universo y representa tu lado eterno e infinito.
Pero nadie lo puede hacer en tu lugar.

Ser alguien "espiritual" no es solo un concepto ni un cliché. Se trata de clarificar y volverse transparente: ¿Cómo me trato a mi mismo? ¿Cómo trato a los demás? ¿Que dirección toma mi vida? ¿Que tan atado estoy a mi realidad cotidiana? ¿A mis miedos y deseos?

No hay que dejarse engañar, y menos por uno mismo.

Es una cuestión de autoconfianza y fe en el espíritu.
La confianza en si mismo genera inevitablemente fe en el espíritu y viceversa.

Este tipo de confianza no depende de nada exterior, tampoco es una fe "ciega".

Todo lo que percibimos es un espejismo, es movimiento buscando su balance. Reflejos y sombras.
Pero lo real no mueve, permanece en equilibrio, en el centro, en nuestro interior. Es nuestro verdadero ser. Es la conciencia infinita que impregna a todos los seres y cosas. El punto cero de donde surge toda creación.

zazen
Hablamos de fe, pero se trata también de aceptar. Aceptar tu naturaleza cósmica. Aceptar que tu mente es la mente de Dios. Aceptar que este cuerpo eléctrico que posees no te pertenece.

Todas las religiones hablan de fe e imponen sus dogmas (a veces muy violentamente y otras tratando a sus fieles como "corderos"). Ese tipo de fe no es más que ignorancia y superstición.

La verdadera comprensión ilumina la ignorancia y acaba con las supersticiones.

"No hay nada más divertido que ver a los que "consumen" espiritualidad, buscando inspiración o algo que de sentido a sus vidas. Todo para ellos es "inspirador", incluso si esto sólo vale tanto como mierda de paloma". Maestro Sawaki

Esta forma de “inspiración” es errónea ya que se trata únicamente de inspiración personal, con fines egoístas o mezquinos. No llega lejos.

Muchos buscan espiritualidad porque esperan obtener algo de "todo eso", pero sin involucrarse demasiado, ya que están condicionados para ver solo la superficie de las cosas y a gastar sus energías en consumir y en trabajar para pagar ese consumo.

Cualquier enseñanza tradicional que leas, siempre va a tratar acerca de dedicar tu cuerpo y tu vida al camino del conocimiento.
Curiosamente, no es algo personal.
A medida que aumentas el conocimiento de ti mismo, que es un movimiento centrípeto de carga, que en forma de espiral se comprime hacía el interior, ordenando y potenciando tu sistema, los limites de tu ser se expanden. Este es un movimiento centrífugo, hacia el exterior, que hace que te fundas con el espacio llenándolo de información y que tu nivel de conciencia se incremente.
Este movimiento conduce a lo que se llama: "olvidarse de si mismo".


Es evidente, cuando estás en buena salud y felicidad no te acuerdas de tu cuerpo. Eso es por que tu sistema está en equilibrio con el entorno. Pero luego cualquier deseo generará movimiento y desequilibrio nuevamente. El asunto es cuando permanecemos siempre en esta última condición, como es el caso usual en la vida moderna. Únicamente deseos, urgencias y movimiento

Hay otros que creen ser espirituales porque le rezan a algún dios o hacen ceremonias folclóricas, vacías  y sin sentido. Solo lo hacen buscando salud, negocios, fama y reconocimiento  o para sentirse parte de algún grupo o movida espiritual.
Este tipo de acciones muestran el nivel de confusión y egoísmo y no sirven para nada, excepto para acumular ilusiones (y decepciones) y más confusión.

De todas maneras, siempre nos resulta más fácil ver los defectos en los otros que en uno mismo, y esto es porque olvidamos que lo que vemos es una imagen reflejada, como un espejo, y en realidad lo que te molesta de los demás es tu propia imagen, son tus propios defectos proyectados.

Pero si inviertes tu percepción, es decir, si cambias la polaridad del movimiento, podrás sentirte positivo y proyectar esta imagen, entonces comenzarás a aceptar y a tolerar a los demás, sabiendo que lo que ves en los otros es tu propio espíritu reflejado. Así verás el lado genial de los otros...y el tuyo también!
Es una forma de percepción que genera luz y llena de energía consciente el espacio que te rodea.
Este aumento de cargas positivas influye a todos los seres y cosas que te rodean, aunque en realidad va más allá del tiempo y del espacio.

La única ley en el universo es dar

La naturaleza da todo el tiempo, sin esfuerzo, sin pedir ni esperar nada a cambio. Sin calcular ni negociar. Nada personal. Es su job.

Por el contrario, nosotros calculamos, y no solo en asuntos de dinero. En todo lo que hacemos tratamos de negociar, buscando siempre un beneficio personal. La razón es el miedo y la avidez y por que no hemos descartado viejas creencias y apegos. Continuamos atados a personas, a objetos, a puntos de vista, a verdades, a mentiras, también están los hábitos y adicciones, etc.

Todo el mundo quiere ganar. Nos enseñan que perder es algo malo y entonces vamos así por la vida, siempre tratando de obtener beneficios personales y de acumular cosas. Corriendo detrás de la felicidad y huyendo del sufrimiento.

La mejor forma de abandonar el cuerpo y la mente es ponerlos en unidad, fundirlos en uno, entonces desaparecen.
La práctica de la meditación es la clave.

Lo cierto es que solo cuando el cuerpo y la mente fueron descartados, estos negocios ya no cuentan más.
Descartar el cuerpo y la mente es la clave, es el punto cero, es inconmensurable e ilimitado.
Renunciar a si mismo es el don más grande.
Es el paso a una dimensión superior del ser, más luminosa y compasiva, más inteligente y amplia.
Más universal.


Si abres las manos puedes poseerlo todo. Si las cierras, solo te quedas con poco. Eso dicen los maestros. Pero la ciencia igualmente comprueba que de acuerdo al mensaje que envíes al medio será la reacción que recibas. No hay separación.


Por eso perdonar es un acto de inteligencia. Al expandir tu corazón cancelas cualquier ofensa y disuelves cualquier coraza.
Si abandonas lo que más temes perder, ¿Que importancia tiene ganar?

Se habla siempre de hacer el bien, nos enseñan de pequeños que debemos hacer el bien y evitar el mal, "si haces el bien no puede ser malo"! y viceversa, pero ¿Que significa hacer el bien?¿Tienes claro realmente lo que es bueno y lo que es malo?

Bueno y malo van de la mano, y aunque tiren en direcciones opuestas, ambos se cancelan en el equilibrio.



martes, 3 de septiembre de 2013

Los alimentos y la energía vital


Cada alimento posee propiedades energéticas relacionadas con su naturaleza vibratoria y con la resonancia con los distintos órganos y funciones del organismo y a su vez con el entorno. De acuerdo a su sabor, su textura, su naturaleza animal, vegetal o mineral. su composición química, etc.

YIN - YANG

La teoría del yin y yang surge a partir de la observación de la naturaleza y del ser humano y describe el hecho de que todos los fenómenos naturales tienen su propio opuesto que lo complementa. Así pues, el yin se relaciona con la oscuridad, el frío, la noche, lo interior, lo que desciende y lo femenino, centrífugo y expansivo, es el principio negativo.

Mientras que el yang se vincula con la luz, el calor, el día, lo exterior, lo que asciende y lo masculino, centrípeto y contractivo, es el principio positivo.

Aclarando que yin y yang son nombres que sirven para describir ambas polaridades, podríamos decir simplemente negativo y positivo.

Todos los fenómenos poseen aspectos yin y aspectos yang en diferente grado y esto es evidente ya que la naturaleza misma de la creación es bipolar.

El yin y el yang se complementan de forma natural, dependen uno del otro y se controlan mutuamente. Cada uno se vacía en el otro cíclicamente. También se transforman entre si: en el cuerpo, un exceso de energía yin puede convertirse en yang y viceversa, por ejemplo, una invasión de frío (yin), que generalmente se asocia con humedad, provoca fiebre (calor) y dolor, que son manifestaciones yang. Una insolación o un ACV, que son un ejemplo de exceso extremo de yang, pueden provocar obnubilación, pérdida de la conciencia y coma, que corresponden a manifestaciones de tipo yin.

Cualquier desequilibrio entre el yin y el yang dentro del cuerpo, que no es convenientemente balanceado, provoca trastornos y enfermedades en los niveles físico, emocional y mental.

Las causas del desequilibrio pueden ser internas, debidas fundamentalmente a emociones, malos hábitos, baja energía defensiva, defectos congénitos, etc. Externas, como una invasión de frío, humedad, calor, infecciones, intoxicaciones, traumatismos, exceso de trabajo, stress, etc., o la combinación de ambas predominando una u otra, por ejemplo, si estamos tristes, preocupados o con miedo, enfermamos y nos lastimamos con más facilidad.

Pero también una mala alimentación es uno de los factores que puede provocar este desequilibrio.

Todos los alimentos tienen una determinada cualidad energética, la mayoría presentan una combinación en diferente grado, pero algunos pertenecen de modo predominante a una u otra categoría.

Los alimentos de naturaleza yin son fríos, húmedos, suaves y predominan en las estaciones cálidas y templadas. Son yin los alimentos acuáticos, como el pescado y las algas, los que crecen en la oscuridad o bajo tierra, como los champiñones, las raíces y los tubérculos, cereales como avena, cebada y maíz, hortalizas y verduras en general, tomate, lechuga, pepino, tofú, y frutas como banana, pera, sandía, melón, uva, limón, pomelo.

Los alimentos básicamente yang son cálidos, secos, duros y por regla general predominan en los climas frios y templados. Suelen crecer en el campo, sobre el suelo y en lugares luminosos. Son yang las carnes, algunos mariscos como los mejillones y las gambas, ajo, canela, clavo, ginseng, comino, pimientos, algunas frutas son de naturaleza más yang: damascos, cerezas, castañas, frutillas, manzana roja y duraznos.

Estas categorías son relativas, no representan un valor absoluto, se trata de una cosa en relación con la otra. Un alimento es más yin que otro, o más yang, o menos yin, etc, pero nada es absoluto en si mismo, por ej.: el durazno es más yang que el melón pero más yin (menos yang) que el pollo. El cordero y el pescado son carnes pero el cordero es mucho mas caliente, así que el cordero es más yang que el pescado.




Las cuatro energías

El concepto de las cuatro energías puede considerarse como una extensión del yin y el yang. Las cuatro energías son caliente, templado, fresco y frío, e indican el efecto energético que ejerce un determinado alimento sobre el organismo, no su temperatura.

Los alimentos calientes y templados, tales como carnes, pimientos verdes y rojo (ají, morrón), jengibre, puerro y algunos cereales (trigo sarraceno), se consideran yang y se emplean para tratar dolencias de tipo yin, relacionadas con una insuficiencia o con el frío, por ejemplo: enfriamiento, debilidad, convalecencia, anemia, diarrea o reumatismo articular crónico.

Los alimentos frescos y fríos, como las verduras y frutas, los lácteos y la miel, son de naturaleza yin y se emplean para tratar trastornos debido a un exceso de yang vinculados con el calor, sequedad, inflamación o una hiperfunción, por ejemplo: insolación, deshidratación, fiebre, constipación, alergias, hipertensión arterial.

Algunos alimentos como el arroz y la pasta son neutros porque en ellos no predominan ni el frío ni el calor, por lo que pueden ser alimentos básicos para la alimentación diaria.


Los cinco sabores

La teoría de los cinco elementos se basa en el principio de que todos los fenómenos del universo son el resultado del movimiento y mutación de cinco elementos: madera, fuego, tierra, metal y agua. También se las llama las cinco fases. La salud y la felicidad son el resultado del equilibrio en el cuerpo de estas tendencias. Para eso, estos elementos (o más bien energías) deben estar en armonía.

Los alimentos y las plantas se emplean para reequilibrar estas energías dentro del cuerpo.


Los cinco sabores son: acre-picante, agrio-ácido, amargo, dulce y salado. Sí el sabor no es evidente, se habla de suave o insípido.

El término “sabor” hace referencia a la naturaleza curativa de un alimento o planta y no necesariamente a su sabor tal y como se entiende habitualmente.

Los antiguos médicos descubrieron los efectos terapéuticos de cada una de las propiedades.

El picante (acre) dispersa y estimula la circulación de chi y vigoriza la sangre. Entre los alimentos picantes encontramos: ajo, ají, cebolla, pimienta y jengibre.

El limón, la manzana, el kiwi y el vinagre se consideran agrios. Las sustancias ácidas o agrias absorben, controlan y son astringentes. Tienen afinidad por el hígado y la vesícula biliar.

El sabor amargo reduce y seca. Favorece la secreción y evacuación biliar (efecto colerético y colagogo). Son amargos: el café, té y mate, las almendras y plantas como el diente de león, marrubio y bardana.

El sabor dulce se refiere al dulce natural de las frutas, la miel, los cereales y algunos vegetales, y no al endulzado “artificial”, al azúcar refinado o a los edulcorantes.

Son dulces, los dátiles, batatas y calabacines, frutas, la miel y los cereales (arroz, maíz, cebada). Los alimentos dulces tonifican, armonizan y regulan.

Las sustancias saladas son hidrófilas (atracción por el agua) y por lo tanto se relacionan con los riñones. Ablandan la dureza, eliminan las callosidades y los nódulos y purgan los intestinos. Son salados: el cerdo, el jamón, las algas, el pescado y los mejillones.

Las sustancias insípidas o de sabor suave transforman la humedad y favorecen la micción.

Cada sabor se asocia con una tendencia energética: los alimentos agrios y salados son de naturaleza yin, porque retraen y descienden la energía, mientras que los picantes, amargos y dulces son yang ya que dispersan (movilizan), secan y tonifican.

Cada sabor se asocia con un movimiento específico del chi y resuena con un órgano vital, de forma que los alimentos con un sabor determinado se emplean para tratar disfunciones sufridas por el órgano correspondiente.

Los alimentos dulces se asocian con el bazo-estómago, y por lo tanto pueden utilizarse para tratar problemas como gastritis, diarrea y desnutrición.

Los alimentos amargos secan el exceso de humedad en el cuerpo (reumatismo, sobrepeso, edemas, nauseas) como por ej: achicoria, cardo, repollo, coliflor, alcachofa, hierbas depurativas (diente de león, bardana, aloé, etc.) o bebidas amargas (aperitivos, café, mate). El amargo es el sabor relacionado con el elemento fuego y con el corazón-intestino delgado.

Los picantes tonifican al pulmón y por lo tanto la energía y la sangre, por esto se recomiendan en casos de debilidad general y respiratoria, anemias, etc., y se restringe cuando hay síntomas de exceso o plenitud: alergias, fiebre, calor en la sangre, forúnculos.

El sabor picante generalmente se debe a los aceites esenciales ricos en propiedades antioxidantes. Su capacidad de neutralizar los radicales libres causantes del deterioro puede explicar la razón por la cual suelen utilizarse para preservar los alimentos. Los agentes químicos naturales presentes en las especias picantes también son antibacterianos. La investigación científica moderna ha demostrado que los compuestos naturales contenidos en las fuentes alimenticias picantes como la cebolla, puerro, cebollin (ciboulette) y ajo contribuyen a reducir los niveles de colesterol en sangre y la presión arterial.

El ají, el jengibre, el rábano picante, la mostaza, la pimienta negra y la roja, los rábanos y muchas especias de uso culinario, como la albahaca, la canela, los clavos, el comino, el orégano, la menta, el romero y el tomillo, contienen el sabor picante.

Para descargar la versión completa en PDF cliquea aquí

lunes, 12 de agosto de 2013

El secreto de la luz


La conciencia de los seres humanos evoluciona en ciclos.
Nuevas comprensiones van transformando periódicamente a la humanidad en seres superiores. 
La expansión de la conciencia acelera los cambios. Estos cambios no son solo debido al progreso humano sino que son de orden cósmico. Es evidente, el ser humano no se encuentra aislado, todo lo contrario, en el nivel fundamental estamos entrelazados con todo el universo
Somos hijos de la Tierra y del Sol, dotados de conciencia infinita y naturaleza divina.
Estamos hechos de polvo de estrellas.

La luz es nuestra verdadera identidad.

La conciencia individual de cada persona es una manifestación de la conciencia de Dios, una prolongación podríamos decir. No hay separación sino unidad, pero pocos son los que son conscientes de esto. 
Los seres humanos necesitan muchos milenios para empezar a ser conscientes de ello. Cada ciclo del hombre lo acerca al conocimiento de su verdadera naturaleza y a la unidad con la luz de su ser esencial.

El ser humano vive en un mundo desconcertante, plagado de estímulos y cada vez más complejo. Se percibe únicamente el efecto pero no la causa. Debido a la multiplicidad y complejidad aparentemente infinita, no logra la visión del principio básico de equilibrio en todas las cosas, y por ello, la causa permanece desconocida.

La verdad es simple.
El equilibrio es simple.

Se trata del intercambio rítmico y balanceado entre todos los pares de expresiones opuestas en los fenómenos naturales y en las relaciones humanas. Opuestos complementarios que se mueven armoniosamente buscando el equilibrio.



Comprender esto es el arte consumado que permite iluminar la oscuridad de la ignorancia.

El equilibrio es la única ley.

En esta ley universal fundamental radica la continuidad y el balance de toda creación en este universo eléctrico y de naturaleza dual.

Lo importante es plantearse preguntas fundamentales ya que es la única manera de despertar de la ilusión del mundo material y conocerse a si mismo.

¿Quién soy?
¿Qué soy?
¿Cuál es el sentido de mi vida?
¿De que forma me relaciono con Dios, con el universo y con mis semejantes?
¿Qué es la verdad? ¿Cómo puedo conocerla?
¿Dónde está la fuente de mi poder?
¿A qué estoy conectado?
¿Cómo encontrar el equilibrio en mi vida?

Las preguntas pueden ser muchas y complejas.
La respuesta es simple.
La voz silenciosa en tu interior la está susurrando sin cesar.

Cada deseo escrito en el corazón de cada uno lo conecta directo con la fuente, y su respuesta vendrá, pero pocos son los que la buscan y menos aún los que la escuchan.

Y esto es porque la conciencia humana está aislada de su fuente original, debido a que estamos condicionados a creer que la actividad eléctrica del cerebro y las sensaciones registradas por los sentidos son reales y constituyen nuestra verdadera identidad.

Muchas voces, muchas mentes…aunque en realidad es una sola mente fragmentada y desordenada, como un aparato de radio mal sintonizado. El problema surge porque aceptamos este mal funcionamiento como algo normal y terminamos identificándonos con ello.

Cambiar este condicionamiento lleva tiempo, a veces mucho, y también dedicación.

Se necesita creencia interior y disciplina exterior.

Esto lo hace difícil para la mente ordinaria, siempre agitada por los fenómenos exteriores, abrumada, ocupada, confinada por los límites de los sentidos y condicionada a percibir solo el reflejo de las cosas.

Lo que se acepta como mente objetiva no es más que la sede de las sensaciones eléctricas del cuerpo. Se confunde con la conciencia, pero se trata solamente de una toma de conciencia de las cosas detectadas eléctricamente y registrada dentro de las células del cerebro para el uso repetitivo a través de lo que conocemos como "memoria". Este tipo de “toma de conciencia” es el resultado del agregado o combinación de varias etapas perceptivas. (ver “la naturaleza de la mente”), que el cerebro hábilmente ensambla para dar coherencia y unificar la respuesta.

Aprendemos desde la cuna a aceptar que el cuerpo físico es nuestra verdadera identidad, sin embargo este cúmulo reciclable de células y moléculas, que se transforma sin cesar,  no es más que una máquina eléctrica programable que simula la vida a través del movimiento y que sirve de vehículo y herramienta para los deseos del espíritu que habita en el.

Las partículas, los átomos y las células tienen su grado de conciencia, no porque la creen sino porque son creados por la conciencia para cumplir los deseos del Creador.

Está claro que si hay una creación tiene que haber un creador.

Lo que llamamos mente subjetiva es la verdadera conciencia, el depósito espiritual de todo conocimiento y de todo poder.
Esa conciencia infinita y eterna es nuestro auténtico yo. Es nuestra naturaleza divina.

Cada uno, en diferente grado según su nivel de evolución, va despertando lentamente a este yo eterno a través del cual se expresa su verdadera naturaleza universal.
Esta conciencia nunca duerme, tampoco nace ni muere. Siempre estuvo y estará. Porque la conciencia en el hombre es su inmortalidad.
Somos luz, y la luz no muere.

Es la Luz que el hombre busca afanosamente por todos lados afuera de si mismo, sin saber que la fuente luminosa de todo conocimiento y poder se encuentra en su interior, pero nos confundimos fácilmente con el movimiento de las sensaciones y la actividad eléctrica del cerebro.

Pero la conciencia infinita, nuestra verdadera esencia, no mueve porque es equilibrio.
El movimiento es solo una manifestación de su deseo y su imaginación para crear algo.
Los cuerpos no viven ni mueren, solo se transforman y se repiten continuamente, sus elementos constitutivos provienen del origen mismo del universo.
La energía no se crea ni se destruye, simplemente se transforma. La información permanece.
La energía es el movimiento de la conciencia y la información es su conocimiento.

La rueda de la vida

Para entender mejor de que se tratan los ciclos tomemos el ejemplo de una rueda
La rueda es un mecanismo que consiste en un aro (llanta) unido a un eje por medio de radios o rayos.

Una pequeña parte de la rueda toca el suelo, aparece la sensación, y luego lo deja para desaparecer del alcance de las sensaciones que conectan todas las partes de la rueda con la tierra. Esta pequeña parte que toca el suelo representa la materialidad de la rueda, su existencia física.



“30 rayos convergen en el eje de la rueda, pero es en el vacío que reside su utilidad.
La arcilla se modela para hacer un vaso, pero es en el vacío de este que yace su uso.
Aunque una casa sea bien sólida, es en el vacío que encuentra su utilidad.
Por ello, la posesión y el usufructo, se relacionan con el ser, pero lo esencial proviene del no ser”. Lao-Tze

Cada punto de la rueda que toca la tierra manifiesta la esencia (no manifestada) de la rueda. Continuando su ciclo desaparece, pero luego vuelve a aparecer.
Cuando esto le sucede al hombre decimos: "nació, creció, envejeció y murió". 



Cuando le pasa a la manzana, al fuego o a un árbol, decimos, "La manzana fue comida, el fuego se extinguió y el árbol ha decaído”.
Así lo interpretamos debido a que sólo una pequeña parte del ciclo de cualquier idea, cosa o persona, aparece dentro del corto alcance de nuestros sentidos.

La parte más grande del ciclo está fuera de nuestro rango de percepción, así como la parte más grande de la rueda está más allá de la percepción de los sentidos del suelo. Dicho de otra forma, el suelo se entera de la existencia de la rueda solo cuando esta lo toca. 

Todavía no sabemos que la parte invisible de los ciclos de toda idea es tan continua como la rueda es continua.
La aparición es la parte positiva del ciclo. La desaparición, es la parte negativa.

La mitad positiva en el ciclo de la manzana es la luz que llega del sol y la energía de la tierra que se condensan dando forma a la manzana que tenemos en nuestra mano.
La mitad negativa del ciclo es luz que vuelve al sol y los componentes que retornan a la tierra para volver a aparecer continuando así la idea eterna de la manzana.
Lo mismo puede decirse del fuego, el árbol o cualquier otra creación en el universo.
El fuego desaparece de nuestros sentidos, pero su esencia permanece (sino no habría más fuego). Asimismo, el árbol, el bosque, la montaña, el planeta y las estrellas de los cielos lejanos aparecen, desaparecen y vuelven a aparecer con toda seguridad.

Del mismo modo aparentamos desaparecer y volver a aparecer una y otra vez en innumerables ciclos para expresar la vida eterna del espíritu, en innumerables repeticiones de esa parte del ciclo del hombre que el cuerpo humano puede percibir, que es la parte positiva (la forma, la manifestación).
Aparecemos para aprender y colectar experiencias, luego desaparecemos y esta información retorna a la fuente.
El universo se nutre de nuestras experiencias. 

El hombre nunca muere. Su esencia es tan continua como la eternidad es continua. Jesús ha dicho que el hombre no verá la muerte, porque la muerte no existe para ver o conocer. El Buda dijo: “Lo que no nace, no muere. La conciencia es eterna”.

Nuestro cuerpo no tiene vida propia, y por eso no puede morir. Solo el espíritu vive. 
La conciencia es vida
El cuerpo solamente manifiesta el espíritu. El cuerpo es una creación del espíritu, es una materialización momentánea de la conciencia única e infinita para cumplir con los propósitos del Creador.
Y en este punto yace la diferencia con los animales y el resto de los seres vivos sobre esta tierra, y es que el ser humano puede ser consciente de su naturaleza divina y de la obra del Creador, y mejorarla.

Representamos una mejora de la naturaleza, una evolución. Por eso nuestra naturaleza es aprender y mejorar la condición humana y la vida sobre la Tierra, y cuando no lo hacemos…empeoramos.
Esto es lo que conocemos como sufrimiento: el desconocimiento, o el olvido, de quienes somos en verdad.

El único pecado es la ignorancia.
El mayor error es el olvido.

Recoge tu espíritu que está disperso y fragmentado por todas partes. Aumenta tu poder personal. Unifica tu ser. No te dejes abusar por nadie ni siquiera por ti mismo.
Deja brillar tu luz, ten confianza en tu naturaleza luminosa.

Esta luz serena y amorosa no solo te guiará a ti, será como un faro en el medio de la oscuridad para todos los que estén perdidos.

La luz del autoconocimiento ilumina el universo entero.

Una vez que te iluminas, ya nada tiene secretos.




otros escritos relacionados: La experiencia del océano


martes, 30 de julio de 2013

El movimiento de la vida


Al principio hay nada, vacuidad, no manifestación, no forma, no movimiento.
La conciencia infinita de la cual surgen todas las formas está quieta, en equilibrio.



El deseo del espíritu de manifestar una idea o una forma inicia el movimiento, esta acción genera una oscilación que provoca una separación de cargas, opuestas pero complementarias, que expresan todos los aspectos y niveles de su infinita imaginación.
Las partículas que se crean están cargadas y se mueven en busca del equilibrio generando electricidad, la cual perturba el espacio creando campos electromagnéticos.




Microfotografía de la división celular. Nótese los polos (núcleos) que se separan y las líneas de fuerza del campo electromagnético
Dos polos de signo contrario que representan la naturaleza dual del universo, expresando el deseo de manifestar forma, separación y experiencia por un lado y por el otro, no forma (vacuidad), unidad y quietud.
Del equilibrio al desequilibrio y vuelta al equilibrio, para volver a desequilibrarse, en un ciclo continuo e infinito. Reposo y movimiento.
Este flujo de cargas lleva energía e información hacia todos lados, en forma radial, alternando rítmicamente las direcciones. Esta dinámica genera el cambio cíclico de las polaridades produciendo la aparición y desaparición de todos los seres y cosas, es el ciclo de la vida.
A veces predomina una tendencia y a veces otra.

Es el latido y la respiración del universo. Expansión y contracción. Sístole y diástole. Inspiración y exhalación
Representa el deseo supremo de dar forma y experimentar y el de reposar retornando a la no forma y a la quietud replegándose, para volver a aparecer desplegándose otra vez.
Una fuerza que expande en forma radial: la radiación, y otra fuerza que contrae hacia su centro: la gravedad.


Radiación y gravedad

La radiación desintegra, la gravedad integra
Dos fuerzas opuestas que se complementan, esta es la esencia del universo.
La radiación tiende a desintegrar la forma disolviéndola en el espacio, nutriéndolo con información y energía. Produce desorden
La gravedad tiende a la generación, atrae a la masa, forma materia y dirige su movimiento curvando el espacio-tiempo. Mantiene la forma y genera orden tomando información y energía del espacio.



El movimiento que nace y muere en un punto de quietud se mueve en forma de espiral
Una espiral es una línea curva generada por un punto que se va alejando progresivamente del centro a la vez que gira alrededor de él.





Cada punto del universo es un centro gravitatorio de potencial en constante cambio (extraído de "The secret of light" de Walter Russell)
La radiación es una espiral centrífuga de carga negativa. La gravedad es una espiral centrípeta de carga positiva. 
Esta es la manera en que el universo expresa su naturaleza: desplegando y replegando. Aparición y desaparición para reaparecer con una nueva forma.
La forma que se disuelve en el espacio lo nutre de información y energía, que luego retornará a la forma materializándose nuevamente, ya que la información y la energía no se pierden, simplemente se transforman.
Nuestro cuerpo físico es una cristalización transitoria de energía e información cósmica reciclada. Las experiencias y la memoria de nuestra vida no se pierden, sino que serán convenientemente reutilizadas.

Las dos condiciones opuestas y complementarias nacen una de otra y se convierten en la otra como consecuencia de esta mutua transformación.
De la misma forma nacen todos los opuestos en la naturaleza.


Esfera y cubo

La esfera y el cubo son dos formas opuestas de las cuales surgen las formas de todas las cosas. Se puede decir que son las formas esenciales, la madre y el padre de todas las formas.
La esfera y el cubo manifiestan el principio cósmico del equilibrio.


La esfera integra aquellas formas diferentes entre sí para interconectarlas en la unidad. El centro verdadero del círculo o la esfera es un punto, pero el punto carece de dimensión y  por lo tanto escapa a nuestra percepción y capacidad de manifestación. No pertenece a nuestro mundo, porque en nuestro mundo todo tiene extensión, dimensión, ya que el mundo físico es forma, pero el punto pertenece a otra escala del ser. Existe más allá de la realidad física, es literalmente metafísico.
El punto simboliza la unidad, la totalidad, la perfección. El punto lo contiene todo, sólo que en potencia, no manifestado. De él nacen el cubo y la esfera, que son las formas en las cuales se revela el punto. Lo que en el punto es todavía potencialidad (sin dimensiones) toma forma a través del cubo y de la esfera.

Esta geometría expresa la esencia misma del universo, por eso se le llama geometría sagrada.

Un universo vivo y consciente, que piensa y respira, hecho de luz, de naturaleza eléctrica (y por lo tanto dual) y que se transforma todo el tiempo, siguiendo patrones geométricos.

La conciencia extiende su energía e información en forma radial, desde un punto de quietud omnipresente a otros puntos siguiendo el deseo de dar forma a su imaginación.

El deseo siempre es lo primero, es lo que pone en marcha al espíritu.
El espíritu dirige a la energía y esta se condensa en materia. Nuestro mundo físico es una creación del espíritu. A su vez el mundo físico tridimensional le sirve de contención y de límite al espíritu, es su vehículo.

Las ondas esféricas de luz se proyectan en las 3 dimensiones del cubo en una infinitud de frecuencias y colores creando todas las formas y la ilusión de la realidad física.


cubo de metatron
El cubo de Metatron, que deriva de la flor de la vida, es la plantilla para la construcción de los cinco Sólidos Platónicos: tetraedro, octaedro, cubo (hexaedro), icosaedro y dodecaedro.



La historia de los sólidos platónicos se remonta a Platón y Pitágoras. Estos pensaban que estas formas geométricas tenían propiedades mágicas y eran el molde sobre el cual estaba formado todo el universo. 
Los 4 elementos (que de acuerdo a los antiguos griegos formaban todas las cosas, como ahora los elementos químicos) eran atribuidos a cada figura: el tetraedro simbolizaba el fuego, el cubo la tierra, el octaedro el aire y el icosaedro el agua. El dodecaedro era el más especial de todos, puesto que se pensaba que era el éter (chi, prana) y la clave de descifrar los secretos del cosmos.

Aclarando que esta es solo una descripción, la esencia es unidad, conciencia infinita y por lo tanto indescriptible.

Cada cosa creada manifiesta de acuerdo a su lugar en la evolución, una parte o un nivel de esta conciencia. En realidad se trata de planos y frecuencias, desde los planos más físicos, densos y de baja vibración hasta los más espirituales y sutiles que vibran a altísima frecuencia.

El movimiento de la conciencia nace en un punto de quietud y finaliza en otro punto de quietud, siempre buscando el equilibrio.
La conciencia se mueve de a saltos.
Este movimiento es como la imaginación del Creador extendiéndose desde un punto de reposo a otro para crear su universo físico tridimensional de largo, ancho y espesor. Así se crea el espacio, o el escenario de la vida, donde surgen la materia, el tiempo, el cambio y el movimiento.

Los límites de tu universo

La multiplicación y la división aparente del espacio en presiones o cargas eléctricas opuestas, crean la fuerza de gravedad y la radiación, que conforman la verdadera dinámica de este universo cambiante.
La información se irradia en forma de esfera y viaja como una onda extendiéndose en espiral. Opuestamente, se materializa en forma de cubo, de ahí las tres dimensiones de nuestro mundo físico. La cuarta dimensión es el tiempo, que marca la duración y la continuidad de un evento consciente a otro.

El tiempo es la medida del movimiento dentro de los límites del cubo.


Nuestros sentidos están diseñados para manejarse dentro del cubo (de ahí la realidad tridimensional de nuestra vida diaria) y para captar la presión y el movimiento, la forma, los colores y una multitud de estímulos externos e internos. En otras palabras, captan el desequilibrio.
Para poder percibir la otra parte del ciclo, que es la parte más profunda, la que no se “ve”, la raíz de las cosas; hay que trascender los sentidos y la mente ordinaria. De esta manera se puede ir más allá de los límites del cubo (de nuestra realidad material habitual) y expandir las dimensiones de tu conciencia.

La forma del mundo que percibes es la forma de tu conciencia. El tiempo como lo percibes es el movimiento de tu conciencia. El tamaño y las dimensiones de tu universo son las de tu conciencia.
Tu conciencia le da forma a la realidad.
Puedes vivir en una realidad 2D, plana, chata, estrecha, rutinaria, black & white; o puedes proyectar una realidad multidimensional, abierta, llena de posibilidades, de colores y de tonalidades, creativa, expansiva y amorosa.

Los límites de tu universo pueden ser un cuadrado 2D, que es como vivir en “chatolandia”, donde ni siquiera imaginas que hay otra dimensión y mucho menos “otras dimensiones”.


O puedes vivir en un espacio multidimensional, con mayor cantidad de información y energía, como un hipercubo, donde en realidad te expandís hacia “adentro”, creando múltiples divisiones, es decir, el espacio se divide pero hacia el interior de tu ser no hacia fuera.


Las dimensiones superiores están plegadas y por eso no las percibimos con nuestros sensores 3D.
En nuestro mundo físico no podemos ver un hipercubo porque no podemos percibir más allá de las tres dimensiones, así que solo vemos la proyección de lo que seria un hipercubo. Se parece a dos cubos anidados, con todos los vértices conectados por líneas, la diferencia es que en el hipercubo real de cuatro dimensiones todas las líneas tendrían la misma longitud y todos los ángulos serían ángulos rectos.


Este aumento de “vida interior” o interioridad amplifica las dimensiones del ser, concentra energía redirigiendo el flujo de cargas, generando así un aumento de la masa y un incremento en la fuerza de gravedad, curvando el espacio tiempo, dirigiendo a la materia, generando en el sistema interno coherencia y orden molecular, modelando el cuerpo físico, optimizando su funcionamiento y dándole forma a la realidad multidimensional.

La intensidad de tu brillo es proporcional a la profundidad de tu ser.

La coherencia permite que el cerebro procese, de manera unificada y eficaz, mayor cantidad de información modificando, en virtud de la plasticidad neuronal, incluso el sistema físico (hardware). Esto evidentemente aumenta las posibilidades y mejora la adaptación, el aprendizaje y la calidad de vida.

Una realidad luminosa

El universo es luz. Esta luz manifiesta el amor incondicional del Creador, es evidente. Es su don.
El universo está fundado en el amor y creado con luz.


Cada momento consciente es como una imagen o un fotograma, el cerebro los une hábilmente y crea la ilusión de continuidad y de un tiempo que transcurre en forma lineal, como un film o mejor dicho, como un holograma, hecho de luz, con su propia geometría espaciotemporal virtual.


Lo que llamamos “realidad” es en realidad virtual, es una ilusión. Podemos decir que es el resultado de la proyección de la luz en diferentes frecuencias y su reflejo dentro de los límites del cubo creando la realidad física tridimensional. Nuestros sentidos están ajustados para que podamos funcionar en el plano físico 3D, que es el plano de la experiencia, donde transcurre el sueño de nuestra vida cotidiana.

Que percibamos algo como “sólido” no significa que sea real, se trata simplemente de una cristalización o condensación transitoria de energía, sujeta además a la interrelación con su entorno. El agua puede ser un gas como el vapor, líquido, o sólido como el hielo. Puede ser visible e invisible. Evaporarse y desaparecer para luego condensarse y reaparecer. Su estado cambia, su esencia no.

La verdadera identidad no depende de la forma.

Lo verdaderamente “real” no nace ni muere, es eterno e infinito. No depende del tiempo ni del espacio, de hecho, los crea.
La conciencia es lo único real y no sus proyecciones.
Nuestra parte real es nuestra parte divina, nuestra esencia cósmica infinita, pero no la vemos porque no está polarizada, no se mueve y esta en todas partes o en ninguna.

El pensamiento consciente y todo lo que percibimos con los sentidos son solamente la actividad de la conciencia, emergen como el resultado de una causa, un estímulo, no tienen existencia propia porque son el efecto de causas entrelazadas y además su existencia es transitoria ya que representan solo una parte del ciclo, luego desaparecen.

En este universo de fuerzas opuestas que se complementan, todas las creaciones contienen este mismo principio dual.
Todos los fenómenos tienen su contra parte.
Forma y no forma. Materia y energía. Cuerpo y mente. La física comprueba la dualidad onda-partícula, la información viaja como onda y se materializa como partícula, en una realidad particular y determinada.


Ondas de posibilidades y partículas de experiencia, que dependen de la mirada del observador para tomar uno u otro camino. Existencia y no existencia no están separadas, forman una unidad.
Una contiene a la otra.

Lo que consideramos vida es solo el movimiento de la vida, omitimos la otra mitad del ciclo de la vida que es la muerte, en realidad, la desaparición o la no existencia.
Desde el punto de vista del universo, no existe la muerte ni el nacimiento, solo la transformación. Todo es vida.
Todo es conciencia.
Es un universo creado con el deseo y la imaginación.
Somos creadores porque somos conciencia.
La realidad física es nuestro sueño y nosotros somos el sueño de un ser superior.


El movimiento de la vida es el sueño del Creador.



viernes, 5 de julio de 2013

La salud depende de la alegría de vivir

 
Salud y felicidad son manifestaciones de una misma realidad, o mejor dicho, son expresiones de un mismo estado de espíritu.
Si estás alegre, no hay lugar para la enfermedad.
Si mantienes tu salud, no hay lugar  para “malas ondas”.

Parece fácil, pero ¿Cómo realizarlo en la vida diaria? ¿Cómo ser feliz entre tanta infelicidad? ¿Cómo estar saludable en un medio social tan desequilibrado y cargado de estímulos tóxicos?

Buena pregunta. Pero mejor es la respuesta, ya que cada uno debe encontrarla en su propia vida.

Por lo pronto, puedes empezar por ti mismo y chequear que es lo que no funciona en tu vida y que tipo de realidad quieres vivir.
Puedes verificar tu forma de pensar, tus emociones, tus relaciones tóxicas, tus malos hábitos y adicciones.

La observación es fundamental, ya que genera el deseo que pone en marcha el proceso. Si el desequilibrio es grande, el deseo se convierte en necesidad
La necesidad es lo que hace que las cosas sucedan infaliblemente de cierta manera.
Esta búsqueda de equilibrio es el primer movimiento de la conciencia, el cual aporta fe y autoconfianza, y para que esta no se disipe o extinga hay que llevarla al corazón.

El corazón es el jefe, es el que tiene la llave de la felicidad, pero necesita alimentarse de fe y confianza en si mismo. Este movimiento es como una implosión. El corazón necesita esto para poder “explotar”. Sin esta “autoreferencia” se agota, se debilita y se endurece.


La fe en ti mismo y en tus posibilidades es la “chispa” que enciende el fuego de la motivación y de la acción.
Este segundo movimiento permite el acceso a la memoria celular e incrementa la capacidad de reflexión y la coherencia mental.

Cuando el sistema interno se organiza, es decir, cuando se vuelve coherente y ordenado, se optimiza el funcionamiento cerebral, aumentando la atención y la concentración, que son habilidades cognitivas superiores.
Este tercer movimiento favorece la purificación y el equilibrio, la capacidad de adaptación y la energía defensiva. Los pulmones se fortalecen y la respiración se vuelve profunda.
Con tu respiración no solo puedes curar cualquier enfermedad, también puedes aumentar tu energía vital e iluminarte.
Ya en este nivel, la cosa es más profunda.

Este cuarto movimiento te permite bucear en las profundidades de tu ser y alcanzar tu esencia, cuya sede se encuentra en los riñones.
Cuando los riñones están bien nutridos aparece el coraje y la sabiduría, se refuerza la vitalidad y la resistencia a las enfermedades.

Este quinto movimiento genera voluntad y sabiduría, las cuales nutren a la confianza en si mismo.
De esta manera la fe que se crea no es “ciega” ni ignorante, ya que es generada por la sabiduría profunda, que es en realidad la capacidad de acceso a información contenida en cada molécula y célula de tu cuerpo.
La fe y la memoria son muy cercanas.
Esta convicción o creencia no es otra cosa que la fe en el espíritu, en nuestra conciencia infinita y eterna, que hará brotar naturalmente la alegría de vivir y la compasión.

Y si hay alegría hay salud.

Puedes dedicarte a cultivar tu salud, pero es un poco engañoso ya que hoy en día hay mucha información falsa y tendenciosa y corres el riesgo de cultivar tu egoísmo y terminar enfermo.

Por supuesto que es importante cuidar la salud. Alimentarse de manera natural y simple. Practicar ejercicios físicos adecuados a tus necesidades en forma cotidiana. Aprender a respirar correctamente, a calmar la mente y a incrementar tu energía vital.

Lo mejor es unificar la mente y el cuerpo, que en esencia son unidad.
La práctica de la meditación es la clave.

zazen

Aprende a equilibrarte y a pensar en los otros.

Nuestro cuerpo físico es impermanente, cambia todo el tiempo, muere, se regenera, se recicla. Nuestros átomos y moléculas conocen el orden cósmico, de hecho estamos hechos de material cósmico, de polvo de estrellas.  
Las partículas fundamentales que constituyen nuestro cuerpo físico formaron parte de alguna estrella, de nuestro sol, de la tierra, de otros seres…únicamente nuestra esencia infinita es real.

Si asumes tu naturaleza universal y luminosa naturalmente podrás reír, y del primero que hay que reírse es de si mismo, de lo serio que parecemos y de las cosas que tomamos por “serias”. Hay que reírse de nuestro lado patético, de nuestra importancia personal, de nuestras ilusiones y pretensiones, de nuestros miedos y contradicciones.


Muchos adultos no son diferentes que los niños, la diferencia está en el precio de los juguetes y en que los niños son más sabios, más libres, más creativos y saben divertirse y jugar…los adultos aprenden a olvidar y a tomarse en serio lo que es una ilusión. Y si no, basta con preguntarle a cualquier viejo o moribundo donde están todos los problemas de su vida.
Por otra parte nadie se lleva nada de este mundo, ni siquiera una foto.

Estamos de viaje. Un viaje de conocimiento y experiencia. Depende de ti que tu aventura en esta tierra sea feliz e inteligente.

Sonríele a tus órganos, a tus amigos, a tu familia, a tu vecino, a todos los seres, a tu futuro y a tu pasado.
La sonrisa ilumina el espacio y llena el campo de información positiva y energía.

Solo si te ríes podrás tomarte las cosas verdaderamente en serio.

La risa es el sonido del corazón y hace que este se vuelva coherente y pueda expresar lo que mejor sabe hacer: amar.

El amor incondicional es la fuerza más poderosa, lo puede todo. Lo ilumina todo.

El paraíso y el infierno existen aquí y ahora, en esta tierra.


Es tu mente la que hace la diferencia.