sábado, 25 de mayo de 2013

Nuestro cuerpo y los campos de información



El cuerpo humano es un campo de información y energía.
Desde la física podemos definirlo como un campo de ondas estacionarias, escalares, que están organizadas en niveles. 
Las ondas escalares son un tipo de ondas electromagnéticas longitudinales, a diferencia de las ondas EM a las que estamos acostumbrados que son transversales, las escalares solo existen en el vacío. 
Estas ondas constituyen una especie de océano de energía infinita. De acuerdo al investigador T. Bearden: "En cualquier punto y en cualquier momento, uno puede extraer libremente y sin grandes costos, enormes cantidades de energía EM que fluirá directamente del vacío activo mismo."

Nuestro cuerpo es un campo dentro de otros campos y a su vez, está formado por campos subsidiarios más pequeños. Cada órgano posee su propio campo, al igual que cada tejido, cada célula, cada molécula; incluso cada partícula elemental tiene un campo de energía e información que la rodea. Infinitos campos interconectados, dispuestos en niveles de complejidad. Aunque en esencia todo es unidad, no hay separación, solo hay diferenciación momentánea.

Podemos decir que nuestro cuerpo es en realidad información estructurada en distintos niveles vibratorios, es decir, ondas que oscilan y vibran en una amplia gama de frecuencias, que van de lentas y densas hasta rápidas y sutiles. O sea, desde el plano físico 3D hasta el plano espiritual multidimensional.

La salud y el normal funcionamiento del cuerpo, incluso la capacidad de adaptarse, aprender y evolucionar, están relacionadas con la coherencia y el orden entre estos campos. Cuando las ondas vibran al unísono, se dice que son coherentes. Igual que un instrumento afinado. Esta coherencia es fundamental y el responsable de ella es en primer lugar el corazón.



El corazón manda

El corazón es el emperador que percibe, gestiona y envía información a cada punto del cuerpo. De hecho recibe estímulos del entorno antes que el cerebro.
Su latido aporta información que no solo es vital, también es esencial para que el cuerpo funcione coherentemente y pueda realizar sus procesos de manera eficaz.
Esta información no es únicamente mecánica, viajando a través de los vasos sanguíneos, el corazón también produce calor, sonidos y envía señales eléctricas al cerebro aportando orden al sistema nervioso, lo que produce la sincronía de las neuronas, y en un nivel más sutil su campo electromagnético rodea al cuerpo en una extensión de varios metros. Su actividad regula a todo el organismo y está definida por sus patrones de ritmo. Si este ritmo es coherente, armoniza la función de todos los sistemas del cuerpo.

Nuestro modelo actual del cuerpo humano es físico, particularizado, fragmentado. Separado del campo. El cuerpo y la mente divididos y las emociones son vistas como un subproducto de la mente.
La razón es que el llamado “conocimiento científico” proviene de una interpretación y descripción equivocada de la naturaleza y del cuerpo humano. Viejos modelos, puntos de vista arbitrarios, resistentes al cambio y a nuevas comprensiones.
Todos somos educados en este modelo “físico” y material de la vida, por eso nos cuesta tanto aceptar que en realidad somos cuerpos de energía, campos de información conectados con todo el universo. Literalmente nadamos en un mar de conciencia, de hecho, emergemos de este mar de infinitas posibilidades. Somos la conciencia universal, la mente del Creador, experimentándose a si misma.

Nuestro verdadero ser es no-localizado y entrelazado con todos las existencias.
El inconveniente es que para poder procesar esta información hace falta un cierto nivel de coherencia y energía y un hardware cerebral apropiado.
Esto es aportado por la calma mental, la observación ecuánime y la actividad normal del corazón, que es expansiva e iluminadora y organiza la información en el cerebro.

Se puede entender entonces, la importancia del ritmo, la armonía, las pausas y los silencios. Así puede brotar la música natural del corazón y expandir nuestra esfera de conocimiento y creatividad.
Digamos que necesitamos aprender a afinar el instrumento y a hacerlo sonar correctamente.

El instrumento eres tú

Es una cuestión de resonancia. Nuestras células vibran y resuenan según su estado, esta resonancia es la que crea la realidad de nuestra vida y nuestro estado interno.


Salud y felicidad son expresiones inseparables y dependen directamente de esta resonancia
Un pensamiento de baja frecuencia, negativo o de miedo, se empareja y atrae ondas afines, creando una realidad negativa y más miedo. Esto no solo corta el flujo de energía e información sino que enferma y debilita, atrayendo incluso al peligro.
El estado opuesto corresponde a pensamientos y sentimientos de alta frecuencia, armónicos, asociados con el amor, el perdón, la comprensión y el no miedo.

En la actualidad a pesar de la abundancia de información y el aparente fácil acceso a ella, hay una enorme estimulación de los sentidos y muchísimas radiaciones y vibraciones de baja frecuencia, incoherentes y de mala calidad (ruidos, teléfonos celulares, TV, etc.)
El ser humano promedio está sometido a un bombardeo cotidiano de vibraciones y presiones, que provocan estrés, incoherencia, pérdida de la armonía y malas condiciones de vida.

En estas circunstancias resulta muy difícil (pero no imposible) comprender la verdadera naturaleza de la realidad y de nuestra vida. Este estado de confusión y aislamiento induce a problemas de adaptación y disminuye las posibilidades de la persona, lo que se denomina una retracción del campo.

La educación y la medicina convencional promueven y mantienen esta retracción o reducción del campo corporal.

Estos campos de información y energía son como hologramas, cada parte posee la información de la totalidad, es decir, se trata de información no localizada que produce una imagen proyectada. Una proyección que nuestro cerebro capta e interpreta como real y tangible.
El corazón, mediante sus patrones rítmicos y la riqueza de cargas,  es el encargado de imprimir información en el holograma corporal, lo que ayuda a crear una determinada realidad.

Esto es posible porque el cuerpo es un sistema abierto, interconectado con la fuente universal. Un campo de energía de naturaleza holográfica dentro del gran holograma universal.

Nuestro cuerpo físico cambia todo el tiempo, las células mueren y se recambian, los sistemas son dinámicos y adaptables, sin embargo hay algo que permanece y nos define, un patrón que hace que mantengamos más o menos la misma estructura y funcionamiento, capaz incluso de modelar la expresión de los genes.
Estos patrones son campos de información que controlan la forma y la dinámica del cuerpo. Estos campos se encuentran fuera del cuerpo, más allá de sus límites físicos. 
En realidad son una extensión de nuestro cuerpo, el cual a su vez es una manifestación del campo o matriz universal. 

No podemos considerarlos algo aparte o separado. He aquí el error que se comete en general y el porque del desconocimiento de nuestro verdadero ser. Hoy en día todavía hay científicos, médicos, profesores, maestros e investigadores que mantienen y transmiten esta falsa información.

Esto que llamamos información, no es otra cosa que el movimiento de la conciencia.
Los campos de información son campos de energía consciente y en este nivel no tiene sentido hablar de materia orgánica o inorgánica, de hecho, ni siquiera tiene sentido hablar de materia.

Es hora de que asumas tu naturaleza cósmica y comprendas de que estas hecho y de que están hechas las cosas. Así podrás tener acceso a la información y la energía ilimitada contenida en el campo.

Puedes conectar conscientemente con el campo. El espacio que te rodea no está vació. No estás separado de lo que percibes, todo lo que te circunda es una extensión de tu conciencia.
Si comprendes esto, además de incrementar tu vitalidad y equilibrar las emociones, podrás aumentar tu inteligencia, expandir tu cuerpo energético, o sea, aumentar tu luz, tu coherencia y tu apertura de mente.

Cada parte de tu cuerpo contiene la información de todo el universo. Cada parte del universo es tu cuerpo mismo.

El campo de información que te rodea y te contiene eres también tu mismo. Un cuerpo de energía. Un ser luminoso

Conciencia infinita.

otros artículos relacionados:
-http://budacuantico.blogspot.com.ar/2009/12/la-resonancia-morfica-un-nuevo-enfoque.html

-http://budacuantico.blogspot.com.ar/2011/12/el-viaje-sin-tiempo-de-la-informacion.html

-http://budacuantico.blogspot.com.ar/2012/04/la-luz-del-autoconocimiento.html




viernes, 17 de mayo de 2013

¿Por qué enfermamos?


Primeramente debemos comprender que es la salud.
Se puede decir que la salud es el estado de bienestar de una persona, en la que todos sus niveles se encuentran en armonía: espíritu, emociones y cuerpo físico, la sangre y la energía fluyendo en forma libre y abundante y la mente calma.
O sea, es  la condición normal de todo ser vivo.

La enfermedad representa una alteración de esta normalidad, lo que conduce también a una pérdida del equilibrio del organismo, de sus medios de regulación y también con su entorno.




En este punto hay que aclarar que lo que conocemos como enfermedad no es tal. Es más conveniente hablar de “modelos de desequilibrio”, donde cada persona presenta una particularidad, que es la de su organismo reaccionando y adaptándose a condiciones cambiantes de su medio externo o interno. Más adelante veremos esto en detalle.

“No hay enfermedades sino enfermos”. Hipócrates

Ante cualquier duda “no” consulte a su médico

El concepto de un “enemigo” que pone en peligro nuestra vida proviene de nuestra herencia cultural, originada hace siglos, donde la enfermedad era atribuida al demonio y al haber “perdido” la gracia de Dios, entonces se curaba con pócimas, exorcismos, sangrados, supersticiones y algunos terminaban en la hoguera.



Luego, con el advenimiento del microscopio, ya el enemigo tomo forma de microbio y la tecnología fue reemplazando a la religión. Comenzó la era de las disecciones, las vacunas y otros métodos novedosos para erradicar cualquier agente maligno e indeseable. El conocimiento de la anatomía aumentó. La cirugía se fue perfeccionando durante las guerras (reparaciones, amputaciones, etc…) y las autopsias.


Esa misma mentalidad acompaña a muchos cirujanos hoy en día.
El cáncer comenzó a fagocitar a la sociedad.
Las enfermedades como el SIDA, esclerosis múltiple, diabetes, Alzheimer, trastornos de la personalidad, etc, pasaron a ser maldiciones de la sociedad moderna. Y para cada una de ellas, pese a los supuestos avances científicos, solo hay paliativos químicos, tóxicos o quirúrgicos, que en realidad tienen tantos efectos adversos que empeoran cada vez más el estado psicofísico y la calidad de vida de la mayoría de la población.


En la actualidad la industria Farmacéutica tomó el control de la situación. Ya no importa comprender la causa, solo el síntoma cuenta (y obviamente, vender medicamentos y tratamientos).
La medicina se volvió sintomática y los médicos simples administradores de medicamentos, o sea, en su mayor parte: empleados de los laboratorios y de las grandes empresas farmacéuticas. 
Los antibióticos, analgésicos y tranquilizantes pasaron a formar parte del arsenal médico y de la vida cotidiana de las personas. 
Las vacunas se convirtieron en las “protectoras” de la especie humana.
Y así de a poco se ha ido perdiendo el “arte” de curar y la noción de medicina preventiva, es decir, el fomento de la salud y la vitalidad para no enfermar.

Los métodos de diagnóstico se han ido incrementando exponencialmente y como consecuencia los médicos fueron perdiendo capacidad para diagnosticar y saber en profundidad que es lo que le pasa al paciente. El "ojo" clínico ya es casi una antigüedad.
O quizás es al revés, y hay tantos exámenes "complementarios" porque los médicos son incapaces o tiene miedo de diagnosticar con certeza.
Como sea, en la actualidad, el médico dispone por una parte, de técnicos que le dicen que tiene su paciente (en base a datos de laboratorio o imágenes) y por la otra, de laboratorios farmacéuticos que le indican que debe tomar el paciente.




Tampoco es culpa del profesional. Las universidades entrenan médicos para que sirvan al sistema de salud, un sistema regido por intereses egoístas e ignorancia.
Lo que si es responsabilidad del médico, es abrir su mente a nuevas ideas, nuevos conocimientos. Abrir su corazón al sufrimiento de los demás y mejorar sus capacidades para entender lo que sucede en el cuerpo y en la mente. Y no solo lucrar con la enfermedad y con el miedo de los demás.

Muchos no son conscientes del poder de la palabra y con un diagnóstico (generalmente erróneo), con un pronóstico (también erróneo) y con un tratamiento agresivo o invasivo (y erróneo) terminan enfermando aún más a las personas, sin respetar la capacidad curativa del organismo. En muchos casos, además, finaliza con el abandono o la muerte del paciente.

El cáncer es un ejemplo de esto, pero también hay otros, como las llamadas "enfermedades autoinmunes", o la diabetes, que son etiquetadas de incurables y por lo tanto el paciente ya tiene su sentencia y su tratamiento de por vida.

Incluso el embarazo y el parto se han convertido en un acto (y una especialidad) de la medicina, y en muchos casos algo que es normal y natural en los seres humanos, desde hace miles de generaciones, se convierte en una enfermedad o en un embarazo de "riesgo", y si bien es verdad que hay ocasiones en las que la intervención del médico es necesaria, muchísimas otras se complica por la intervención de este.
Por otra parte las mujeres son las únicas hembras en la naturaleza que tienen sus crías en posición acostada y en un ambiente ajeno. Y esto es únicamente para comodidad del profesional. Esta claro que esta posición antinatural, lejos de ayudar a la madre, favorece la aparición de complicaciones y la innecesariamente alta tasa de cesáreas. 
Otro "logro" de la medicina.




Esta manera errónea de pensar, es “vieja” y dogmática. Es un paradigma que afortunadamente va cambiando, aunque muy lentamente. Pero las nuevas generaciones comienzan a pensar e intuir de otra forma, más amplia, más inteligente, más compasiva y por supuesto más natural.

"Los cambios de paradigma en la Ciencia se dan, no porque los que detentan un modelo cambien de opinión o se convenzan de una nueva idea, si no porque gradualmente estos van muriendo y las nuevas generaciones acogen esta nueva forma de pensar y tienen confianza en ella". Max Planck

Está claro que ante una emergencia, un accidente o una eventualidad donde se impone la presencia del médico, no hay que dudar ni perder el tiempo o improvisar. De lo que estamos hablando es de la mayoría de los trastornos o desequilibrios que padecemos comúnmente en la vida cotidiana.

Ese mito llamado enfermedad

Veamos con más detalles eso que llamamos “enfermedad”.
Nuestro cuerpo posee un sistema de defensa o protección organizado en varios niveles, desde campos sutiles de energía e información hasta complejos y sofisticados mecanismos inmunológicos mediados por células, anticuerpos, proteínas y otras sustancias. Estos mecanismos de regulación son muy eficaces y permiten al organismo adaptarse a los cambios y protegerse de cualquier "patógeno". Cuando por alguna de las causas citadas a continuación se pierde el equilibrio, el organismo reacciona de acuerdo a la naturaleza del fenómeno.

En el ser humano hay tres tipos de factores que causan enfermedades, o más bien desequilibrios, estos son:
-Factores internos
-Factores externos
-Forma de vida y hábitos

Existen otro tipo de eventualidades que pueden alterar la salud como son los accidentes, las intoxicaciones o las picaduras o mordeduras de animales (inoculación de venenos o tóxicos).

Los factores internos son principalmente las emociones como la ira, la tristeza, la preocupación, el miedo o la manía. Hay excesos como el pánico o la depresión que dependen también del estado energético de la persona. 
También se incluye la actividad mental del individuo. Por supuesto estas son condiciones que deben prolongarse en el tiempo para afectar la salud, o quizás un shock emocional fuerte: pérdida de un ser querido, del trabajo, un diagnóstico médico fatal, mal ambiente laboral o de estudio, etc.
La mente y las emociones impactan directamente en el cuerpo físico y también son un reflejo del estado de este.

Los factores externos, son los agentes climáticos que en exceso invaden el cuerpo, como el frío, la humedad, el viento, la sequedad o el calor.
También la exposición constante a radiaciones electromagnéticas anómalas y perjudiciales: teléfonos celulares y otros dispositivos, WiFi, etc.

La forma de vida se refiere al estrés laboral, la vida nocturna, el sedentarismo y la falta de ejercicios, la manera de alimentarse y de respirar.
Los hábitos perjudiciales son todas las adicciones físicas, químicas y emocionales: tabaco, drogas, alcohol (en exceso), estimulantes, medicamentos y relaciones tóxicas (pareja, familia).

Cuando el organismo se expone a cualquiera de estos factores o condiciones adversas, reacciona. El encargado de gestionar esta respuesta es el sistema nervioso autónomo o neurovegetativo, que está dividido en dos ramas, de naturaleza opuesta: la rama simpática, encargada de la acción y la rama parasimpática, encargada de la reacción.

Las dos fases

La fase activa

La rama simpática utiliza a la adrenalina y otros mediadores químicos para generar efectos orgánicos que ayuden al cuerpo a adaptarse a la situación: lucha o huída. Estos efectos son: taquicardia, broncodilatación, excitación psíquica, midriasis, disminución de la sensibilidad al dolor, cierre de esfínteres y disminución de la actividad visceral, aumento de la irrigación muscular y la actividad de las suprarrenales. Favorece la actividad física y la vigilia.

La fase reactiva

Pasada la fase de agresión, el cuerpo reacciona mediante la otra rama del sistema autónomo: la rama parasimpática, que es la que se encarga de mantener al organismo en situaciones normales y se ocupa de los procesos de regeneración, nutrición y reproducción. Utiliza la acetilcolina como mediador químico. Promueve la digestión y la secreción de enzimas y hormonas, disminuye la actividad del corazón y del aparato respiratorio, provoca miosis, incrementa la actividad de los riñones y disminuye la de las glándulas suprarrenales. Favorece la reparación y el sueño. Es por esto que luego de comer bien, nos da ganas de echar una “siestita”.

La mayoría de los signos y síntomas aparecen en la etapa de regeneración, que tiene una fase exudativa, donde pueden aparecer tumores, quistes, acumulaciones de tejido (hiperplasias e hipertrofias), fenómenos de cicatrización y reparación. 
En este período puede haber un incremento de la actividad de ciertas gérmenes (bacterias y hongos) cuyo rol no es comprendido por la medicina moderna y se lo considera como infecciones que hay que erradicar, pero en realidad esta hiperactividad es reactiva y pasajera y su papel sería mas bien el de limpieza y fagocitosis del tejido que no sirve. 
Es evidente que el cuerpo tiene sus propios mecanismos de adaptación, producto de su evolución a lo largo de millones de años.

Es en esta fase donde ocurren diversos fenómenos como el dolor, inflamaciones, reacciones “alérgicas”, fatiga, hinchazones e incluso disfunciones en ciertos órganos (ya que la energía se está utilizando con fines de reparación). Puede haber fenómenos como vómitos, diarrea, tos con expectoraciones, fiebre, etc., que muchas veces son mal interpretados y tratados como enfermedades, cuando en realidad son mecanismos de depuración del cuerpo.
Aquí es cuando la mayoría de las personas acuden al médico y este, en general, solo toma en cuenta lo que ve (o lo que le dicen que hay) y en base a este juicio parcial, trata de meter estos síntomas en un cuadro etiquetado como enfermedad con nombre y apellido.
Un protocolo basado en el miedo y el desconocimiento.

Luego solo falta el acuerdo y la creencia del paciente, y el trabajo está hecho. Ya eres el flamante poseedor de una enfermedad que debe ser tratada según las normas establecidas, o sea, ataque al enemigo!! Por favor,sáqueme esta enfermedad!!! Lo más rápido posible porque debo seguir trabajando y además no quiero sufrir!!
Y el proceso natural que estaba realizando tu cuerpo para adaptarse y curarse, según su diseño y la información ancestral contenida en sus células, se va al tacho, y en muchos casos se vuelve crónico…genial, gracias Doc!

Y hay otro punto fundamental, nuestro cuerpo es inteligente, dotado de conciencia y memoria, conectado con la fuente universal de energía e información, sabe y aprende como sanar y adaptarse a los cambios. A veces estos pueden ser drásticos o fuertes y no le dan tiempo o exceden su capacidad, o tal vez la reacción es exagerada, y es aquí donde entra en juego la verdadera medicina, que debe armonizarse con los procesos naturales, no es necesario acudir a métodos agresivos o tóxicos, porque estos tarde o temprano, deterioran la vitalidad y la capacidad curativa y como consecuencia la calidad de vida.

Aprender de la naturaleza es fundamental, porque nosotros somos ella misma.

Opta siempre por formas de sanación naturales y tradicionales.
Mantén tu mente calma, Cultiva la alegría y el amor incondicional.
La confianza en si mismo es la base. No hay que tener miedo.

DI NO A LA VACUNACIÓN.



Cuida tu mente y tu cuerpo, con buena información, ejercicios y alimentación natural.
Practica meditación.


Y entonces no tendrás necesidad de visitar al médico ni vestirte de enfermo ni de víctima y tu vida ganará en calidad y felicidad.

Es un hecho.

Recuerda: "La salud depende de la alegría de vivir"

otros artículos relacionados:

-Enfermedad: la solución perfecta...
-10 principios para la sanación
-La inteligencia de las células madre



domingo, 5 de mayo de 2013

Nada personal


Tomarse las cosas personalmente es la puerta de entrada para conflictos y equivocaciones y la base sobre la cual hacemos siempre suposiciones acerca de los demás.
Según la Academia, personal significa referente a la persona, a su vez, persona proviene del latín: persōna: máscara de actor, personaje teatral.

Ese conjunto de rasgos y características individuales que forman la personalidad, no son otra cosa que un personaje. Nuestro personaje en el sueño de la vida.

Cualquier cosa que te digan o que te ocurra, no te lo tomes personalmente. Por ejemplo, si alguien te insulta o te menosprecia, si lo tomas en forma personal, te identificas con lo que te dicen y quizás te lo creas y en ese momento el virus entra en tu sistema.
Si te identificas con algo te vuelves eso mismo. Terminas creyendo que eres el personaje.

Debes considerar que aquel que te agravia con la palabra o que te miente se lo está haciendo a si mismo. Esto no es pura teoría. La realidad que creamos es una proyección de nuestra conciencia. Lo que vemos, lo que escuchamos, lo que decimos, lo que sentimos y lo que hacemos, son reflejos de nuestro estado de espíritu.

Si le mientes al otro, te estás mintiendo a ti mismo.
Si insultas al otro, te estás insultando a ti mismo.
Si agredís al otro, te agredís a ti mismo.

Solo cuando consideras que vives en un universo de partes separadas te permites decir o hacer cualquier cosa.

Así que cuando creemos lo que nos dicen, inmediatamente quedamos atrapados en el sueño del otro. El motivo por el cual quedas atrapado es por la “importancia personal”. 

La importancia personal es tomarse las cosas personalmente, es la expresión máxima del egoísmo, porque consideramos que todo gira a nuestro alrededor y también es una manifestación de nuestra ignorancia ya que tomamos como real algo que no lo es (nuestro ego o personaje, por ejemplo).
Esto evidentemente nos lleva a posiciones de defensa y ataque para salvaguardar nuestra integridad personal, o lo que conocemos como personalidad y esto refuerza aún más la separación y el individualismo y mantiene el estado de ilusión.
Creemos que ese sueño somos en verdad nosotros.

Cuando te tomas las cosas personalmente y te identificas con las malas opiniones o las críticas del otro, de hecho te comes toda su basura emocional y la conviertes en tu propia basura. Pero si aprendes a pasar de eso, serás inmune a cualquier veneno que te envíen, aunque te encuentres en medio del infierno. Esa inmunidad es un don, que además actúa como un espejo que ayuda al otro a verse a si mismo, a reconocer su personaje y a confrontarse a sus propios errores.

Desde niños aprendemos a tomarnos las cosas personalmente. Es parte del proceso de domesticación. Somos entrenados para considerar en serio cosas que no lo son y dejar de lado lo que es verdaderamente serio (y real).
Nos ocupamos de las ramas y descuidamos la raíz.
En otras palabras, cultivamos el personaje y olvidamos nuestra verdadero ser.

De esta forma se va formando nuestra personalidad reactiva y en consecuencia reaccionamos ante cualquier ofensa y ante cualquier halago, y cada vez que lo hacemos nos alejamos de nuestra esencia y fragmentamos aún más nuestro ser.
Esto nos deja vulnerables e inestables porque perdemos nuestra raíz.

Podemos escuchar las opiniones de los demás libremente, considerando que son solo puntos de vista y que cada uno ocupa un lugar diferente y ve las cosas desde su perspectiva, nada más. Es pura relatividad.
Lo que pasa es que como todos nos movemos más o menos a la misma velocidad, pensamos que los demás ven necesariamente lo mismo. Esta ilusión de los sentidos conduce a peleas y sufrimientos.


La causa de porque hay guerras, disputas y separaciones es debido a las opiniones personales. Tendemos a creer que nuestras opiniones reflejan la verdad. He aquí otra ilusión.

Pero dos personas pueden tener razón o estar equivocadas al mismo tiempo.

Cada uno vive su propio sueño. El problema es que nunca aprendimos a considerar y a respetar el sueño de los otros.

Lo cierto es que cada uno se monta su propia película, la película de su vida, en la que es director, guionista y protagonista y los demás son actores secundarios.

Por eso hay que dejar a cada uno en su película. Es lo mejor, y entonces así también los demás no te molestarán en la tuya.

Esta manera de percibir las cosas y a los otros no tiene nada que ver con una indiferencia afectiva. Más bien es una claridad que te permite comprender el sueño de la vida y a cada personaje.

La realidad conjunta entre los seres humanos es otra cosa, se pasa en otro plano.
En esencia estamos todos unidos.
Por eso si te enojas conmigo, también lo haces contigo y si me engañas también te engañas. Pero en el nivel de la vida ordinaria; que es el nivel de los acontecimientos, las personas y los objetos, cada uno debe realizar su propia experiencia, incluso si a los ojos de los demás es errónea.

De manera que sea lo que sea que los otros hagan o digan no te lo tomes personalmente.
Si dicen que eres genial, no lo dicen por ti. Tú sabes que eres genial. No es necesario que otras personas te certifiquen. No te lo tomes personalmente. Porque además corres el riesgo de crear un sentimiento especial, que refuerce tu ego ilusorio y a la larga será fuente de decepción y separación. Por otra parte todo el mundo tiene la capacidad de ser genial, si puedes ver al genio en ti, puedes verlo en el otro.

Si alguien te agrede físicamente te puedes defender o huir, pero sin tomártelo personalmente.
Ni siquiera las opiniones que tengas sobre ti mismo son necesariamente verdad; por lo tanto, no tienes la obligación ni la necesidad de tomarte cualquier cosa que oigas en tu propia mente personalmente.
La mente tiene la capacidad de hablarse a sí misma, pero también tiene la capacidad de escuchar la información que está disponible en otros planos.

El cerebro es receptor y emisor, capta y envía todo tipo de señales. Por eso, cuidado también con lo que piensas, porque quizás aunque no lo sepan, otros te están percibiendo.
El universo entero te escucha.

Nuestra mente vive en múltiples dimensiones. En general, solo somos conscientes de una, que es lo que conocemos como la realidad cotidiana, o sea, nuestro sueño externo. Pero la mente también existe en niveles superiores e incluso en realidades paralelas, solo que no sabemos de que se trata o directamente ni las percibimos conscientemente.

Todas estas voces y esta actividad desordenada, producen una mente fragmentada, que además es alimentada por nuestra atención y nuestra creencia.
Creemos que la actividad de la mente es real y lo que nos dice nuestro dialogo interno es la verdad y como la actividad eléctrica del cerebro genera polaridad (polos opuestos), esto lleva inevitablemente a contradicciones y sin sentidos. Es como si en un salón hubiera muchas personas hablando de distintas cosas al mismo tiempo, con intereses y comprensiones diferentes. Puro ruido y desorden. Imposible llegar a un acuerdo.

Y es generalmente a partir de este ruido y este desorden que construimos la realidad y juzgamos a los otros, es más, es así como nos percibimos. Luego nos tomamos en serio y alimentamos la importancia personal. Creamos un personaje y una máscara social con retazos de información, miedo y sobre valoración.
Además, todo personaje necesita de público, así que reclama la atención de los otros y espera el aplauso y la aceptación.


Esta forma de ilusión es la fuente de sufrimientos y malos entendidos.

Por eso la mejor forma de purificar tu personalidad y unificarte, es darle descanso al personaje. Volver a la raíz, a la esencia de tu vida, a tu ser interior. Que siempre estuvo y estará ahí, donde estás tú, porque ese eres tú, sin máscaras, ni escudos ni disfraces. Sin miedo. Inmóvil.

Eres un ser luminoso y libre, hecho del mismo material que las estrellas y dotado de conciencia infinita.

Medita sobre esto.





miércoles, 1 de mayo de 2013

curso de sanación

Hacia una medicina de la conciencia



Una visión espiritual de la curación

-Principios biológicos de la curación. Leyes de la naturaleza.
-Los 3 niveles: mente - energía - materia.
-Aprender a reconocer desequilibrios. Diagnóstico energético
-Desarrollo de la energía curativa.
-Ejercicios de salud y longevidad.
-Masaje zen
-La salud por las plantas medicinales y la alimentación.
-Meditación (zazen)

Abierto a profesionales de la salud y para todos aquellos que quieran aprender o profundizar el arte de la sanación.


Dictado por Mariano Seiki Giacobone
Médico y monje zen

Duración: todos los sábados de 17  19 hs.
Lugar: Dojo Zen- Playa Grande - Mar del Plata (Argentina)

contacto:

marianogiacobone@hotmail.com



martes, 23 de abril de 2013

El sueño de la vida

La vida es un sueño y la principal función de la mente es soñar.
Todo lo que percibes es parte de ese sueño, incluso mientras estás leyendo estas líneas, estás soñando. Sueñas con el cerebro despierto.
La mente no deja nunca de soñar, está siempre activa, y este movimiento es la actividad de la conciencia única e infinita que se manifiesta precisamente soñando. Cuando este movimiento encuentra su equilibrio, la conciencia se despierta, comprende su propia naturaleza y la naturaleza de la realidad creada, que es su sueño.


Soñamos despiertos y soñamos dormidos.

Las leyes del mundo de la vigilia, son diferentes que cuando dormimos.
Cuando el cerebro está despierto hay un marco material de referencia, es el mundo físico tridimensional que se mueve saltando de momento en momento y el cerebro une estos momentos creando la ilusión de una continuidad, de una línea que va desde un pasado hacia un futuro.  A esto se le llama duración y sería la 4ª. dimensión de nuestra realidad física de la vigilia, es decir, la vida ordinaria.
Sin embargo, cada percepción, cada momento, son como fotogramas.
El movimiento de la mente y la luz hacen el resto, y así se proyecta el sueño o la realidad ilusoria. Los objetos y los seres reflejan esta luz y le dan forma al holograma que crea nuestra realidad cotidiana.

Cuando el cerebro apaga sus luces, la realidad cambia, es el mundo de los sueños mientras dormimos. Aquí no hay un marco físico de referencia, el proyector de la realidad física 3D esta momentáneamente apagado (aunque no completamente).

El sueño de la sociedad

Los seres humanos soñamos todo el tiempo y este sueño se transmite de generación en generación. Es el sueño de la sociedad, que es un sueño colectivo hecho de miles de millones de sueños individuales, los cuales se unen formando el sueño de la familia, de la comunidad, del país, del planeta. Este sueño mayor incluye todas las leyes y reglas de la sociedad, su lenguaje, su cultura, sus religiones, su ciencia, su manera de percibir la realidad, sus escuelas y gobiernos.

Somos soñadores. Cada uno nace con la capacidad de soñar. Los adultos que nos preceden nos enseñaron a soñar el sueño de la sociedad. Este sueño externo tiene tantas reglas, que ya desde la cuna comienzan a captar la atención de los niños a fin de introducir estas reglas en su mente. Nuestros padres, la escuela, la televisión y la religión nos enseñaron como debemos soñar este sueño externo, captando nuestra atención.

La atención es la capacidad de discernir y centrarnos en aquello que queremos percibir. Es como un filtro. El cerebro percibe millones de estímulos simultáneamente, pero utilizamos nuestra atención para retener en el primer plano de nuestra mente lo que necesitamos o nos interesa. Los adultos captan la atención de los niños y por medio de las creencias y la repetición, introducen información en sus mentes. Así es como aprendimos todo lo que sabemos y perpetuamos el sueño de la sociedad.

Luego a fuerza de captar su atención, los niños aprenden a captar la atención de los demás,  esto con el tiempo se va convirtiendo en una necesidad, y esta necesidad de atención acaba volviéndose competitiva. Los niños compiten por la atención de sus padres, de sus maestros, de sus amigos. Luego, ya de adultos, para la gran mayoría esta necesidad continúa.
Así, el sueño externo capta nuestra atención y nos mantiene prisioneros durante toda la vida. Y esto es gracias a los acuerdos que hemos hecho. El lenguaje es el vehículo de estos acuerdos.
El lenguaje es el código que utilizamos en nuestro sueño externo para comprendernos y comunicarnos.
Cada letra, cada palabra, cada oración, es un acuerdo. Las cosas tienen nombre: papá, mamá, dios, casa, auto, bueno, malo, azul, alto. Por ejemplo, la palabra bueno es un acuerdo que comprendemos. Una vez que comprendemos los símbolos, es decir, entendemos el código, nuestra atención queda atrapada y la energía se transfiere de una persona a otra.

Es el sueño del cerebro izquierdo. La sociedad moderna esta atrapada en el sistema de símbolos y valores que controla ese hemisferio cerebral. Que es el lado masculino, competitivo, racional, es el que separa para comprender y establece categorías. De hecho, el centro del lenguaje articulado en la corteza cerebral (área de Brocca) se encuentra en la mayoría de las personas del lado izquierdo.


Tú no escogiste tu lengua, ni tu religión ni tus valores morales: ya estaban ahí antes de que nacieras.
Cuando somos niños no podemos elegir que cosas creer y cuales no. Nuestro sistema de creencias ya viene con nuestro nacimiento, no tenemos que hacer nada, ya nos dicen que hacer y que creer.
Nunca escogimos ni el más insignificante de estos acuerdos. Ni siquiera elegimos nuestro propio nombre, y este, como el apellido, muchas veces viene con su propio karma incluido.
De niños no tuvimos la oportunidad de escoger nuestras creencias, pero estuvimos de acuerdo con la información que otros seres humanos nos transmitieron acerca del sueño de la sociedad.

La única forma de almacenar información es mediante el acuerdo.
El sueño externo capta nuestra atención, pero si no estamos de acuerdo, no almacenaremos esa información. También es una cuestión afectiva y de identificación. La memoria y el aprendizaje se relacionan con el cerebro emocional (sistema límbico).
Tan pronto como estamos de acuerdo con algo, comenzamos a creer en ello, y a eso lo llamamos “tener fe”. Tener fe es creer incondicionalmente en algo exterior a uno mismo. O sea, es una fe ciega.

Así es como aprendimos cuando éramos niños. Los niños creen todo lo que dicen los adultos.
Estábamos de acuerdo con ellos, y nuestra fe en ellos era tan fuerte, que el sistema de creencias que se nos había transmitido controlaba totalmente el sueño de nuestra vida. No escogimos estas creencias, y aunque quizá intentamos rebelarnos contra ellas, no éramos lo bastante fuertes para que nuestra rebelión triunfase.

La domesticación de los seres humanos

El resultado es que nos rendimos a las creencias mediante nuestro acuerdo. Por ignorancia, por miedo o por comodidad, o un poco de todas juntas.
A este proceso podemos llamarlo: “la domesticación del ser humano”.
Y es a través de esta domesticación que aprendemos a soñar y a vivir.
En la domesticación humana, la información del sueño externo se transfiere al sueño interno y crea todo nuestro sistema de creencias y la imagen que tenemos de nosotros mismos.
Este sueño externo crea un molde, podemos llamarlo el molde del ser humano. Este molde esta hecho de conceptos, categorías, reglas y patrones de comportamiento de lo que constituye un ser humano. Ni bien nacemos nos meten en ese molde y somos modelados para poder participar y continuar perpetuando el sueño de la sociedad.

Luego aprendemos a juzgar. Cada uno se juzga a si mismo de acuerdo a estas reglas y conceptos aprendidos, y luego por extensión, juzgamos a los demás, por consiguiente también somos juzgados por los otros. Esto aumenta la brecha y el sentimiento de separación entre los seres humanos.
La adaptación al sueño externo se basa en el sistema de defensa: lucha y huida, y esto se corresponde incluso con un diseño neuroquímico determinado, producto de la programación precoz.

El proceso de domesticación nos enseña a funcionar con el premio y el castigo. Al igual que se entrena y domestica a los animales. Este método que usamos con los animales es el mismo que se utiliza en los niños. Si te portas bien: premio. Si te portas mal: castigo. Si haces lo que se te dice: premio, si no: castigo.


En el colegio se implementa la misma metodología, mediante los exámenes y evaluaciones, las calificaciones, la disciplina…Si memorizas los datos que te dan y luego lo repites con éxito, eres un buen alumno, no importa si aprendiste o si lo hiciste como un loro o si dentro de un tiempo olvidas toda esa información irrelevante, igual tendrás tu premio. Si no lo logras, eres un mal alumno, o más o menos, depende. Y vas creciendo con la idea de que no eres tan bueno como los otros. Incluso algunos son castigados en sus casas por no cumplir con lo que se espera de ellos. 
Esta es la parte mala del sueño. Bad dream.

Y como todos los niños quieren ser premiados, o por lo menos aceptados, van creciendo haciendo lo que quieren los otros y lo que se espera de ellos, ya que obviamente nadie quiere ser castigado, ni rechazado.

Y así, casi sin darnos cuenta, empezamos a fingir que éramos lo que no éramos, para evitar el castigo y ser aceptados. Es más seguro ser y hacer lo que te dicen que seas o que hagas, después de todo para eso fuimos domesticados.
Y aunque a cierta edad comenzamos a rebelarnos contra los adultos y sus ideas, y queríamos defender nuestra libertad y nuestras convicciones, no éramos lo bastante fuertes ni independientes como para ganar. Después de un tiempo la rebelión comienza a extinguirse por falta de autoconfianza y tapada con capas de nuevas obligaciones y deberes, que nos impone el sueño de la sociedad.

En el proceso de domesticación se van perdiendo todas las tendencias y habilidades naturales. La intuición, la imaginación, la capacidad de soñar, la creatividad, el genio.

La domesticación es tan poderosa que, en un determinado momento de nuestra vida, ya no necesitamos que nadie nos domestique. Estamos tan bien amaestrados que somos nuestro propio amaestrador.
La mayoría de los seres humanos son como animales autodomesticados, que se someten a si mismos sin protestar. Vuelven al corral por sus propios medios y algunos ni siquiera salen de el.
En esta etapa nos domesticamos a nosotros mismos según el sistema de creencias que nos inculcaron y utilizando el mismo sistema de castigo y recompensa, que además presenta las variantes de culpa y preocupación. De esta forma, la víctima y el juez se juntan en una misma persona, alternando su protagonismo.

¿Cómo hacer entonces para despertar y liberarse de la vieja programación?

Un sueño dentro de otro sueño

Ir contra las propias creencias no es nada fácil. La mente ordinaria se opone a cualquier pérdida de coherencia en su funcionamiento habitual, así que es probable que comience a generar pensamientos y sentimientos que impidan cualquier transformación y obstaculicen el proceso de cambio.
Para poder modificar esto hace falta un plus de energía y coraje y aprender a dirigir la mirada al interior de tu ser, hacia ti mismo.


Lo primero es el deseo. 
El deseo de cambiar, de experimentar nuevas cosas, nuevos puntos de vista, aprender y conocerse. Salir del estancamiento. Transformarse.
Este deseo generará confianza en si mismo. La confianza es como un árbol que crece y se expande. Empieza como una semillita y con buena tierra y nutrición se transformará en un árbol, que a su vez dará frutos y más semillas.

La confianza es el combustible que enciende el fuego de la motivación, de la acción. Tiene su sede en el corazón, que le da sentimiento y coherencia a la fe. La fe es como la madera que crece y que encenderá el fuego sagrado. Esta fe no es exterior, es una fe en si mismo, en su propio espíritu, por eso no es ciega y por eso puede conducirte adonde sea.

Este plus de energía genera además una verdadera implosión que permitirá el acceso a la memoria ancestral y a la capacidad de reflexión profunda.
Aparece el orden y la coherencia en el sistema interno y el cerebro equilibra su actividad. Aumenta la concentración y la atención sutil. La mente se vuelve entonces una herramienta poderosa al servicio de la conciencia, que al igual que un instrumento vibrará de manera armónica.
Se optimiza y potencia la capacidad para procesar información, por lo tanto mejoran las capacidades cognitivas.

De este estado de equilibrio y calma mental aparece naturalmente la sabiduría y la compasión y puedes comprender la naturaleza de la realidad y de ti mismo.

Despiertas del sueño, para darte cuenta que toda la vida es un sueño.
Un sueño dentro de otro sueño.
Solo que ahora lo sabes y puedes ayudar a despertar a los demás.



martes, 16 de abril de 2013

No eres lo que piensas

 

Hoy en día la civilización ha llegado, aparentemente,  más lejos que nunca en el conocimiento de la materia. Cada año la ciencia descubre algo nuevo, una nueva teoría, una nueva partícula fundamental, una nueva tecnología, nuevas enfermedades, nuevas soluciones.
Sin embargo, aunque se sabe como manipular el mundo material, se está lejos de saber QUE ES la materia en realidad. Tampoco se comprende el PORQUE de ella.
En realidad no sabemos lo que es la energía, la electricidad, el magnetismo y mucho menos la gravedad. Prueba de ello es que las dos teorías principales de la Física actual: la relatividad y la mecánica cuántica no son conciliables. Cada una por su parte describe un universo, pero por separado.

Con el fin de explorar la materia se la separó de la conciencia y esto nos alejó de la comprensión de nuestra verdadera naturaleza.
La ciencia basa sus leyes y conocimientos en lo que puede experimentar y verificar a través de los sentidos, a pesar de que la misma ciencia comprueba lo limitado e ilusorio de esta percepción.

Tampoco entendemos el hecho de que este es un universo consciente y vivo, continuo, sin fisuras ni separaciones, cuyo aparente movimiento es de dos vías de equilibrio para todos sus efectos y no un universo mecánico y discontínuo que se expande a los saltos en una sola dirección.
Esta es la razón fundamental del porque tendemos a percibir solo un aspecto de nuestra vida y tenemos la impresión que avanzamos inexorablemente en una línea recta hacia el final del camino.

La información no es conocimiento.

Cualquier información que percibimos a través de los sentidos no es real.
Lo que interpretamos como real es solo la reacción eléctrica del cerebro a los estímulos y señales que recibe a través de los sensores y que luego son interpretados de acuerdo a la memoria y a los programas instalados (información genética, educación, etc.).

El pensamiento no es conocimiento, es simple actividad eléctrica, imágenes en movimiento que al igual que un film, interpretamos como reales porque no tenemos en cuenta su origen, su causa, ni comprendemos su naturaleza. Solo se percibe el efecto y se lo acepta como real, aún peor, nos identificamos con esa percepción insustancial y la volvemos material.
La realidad que percibimos no es real.

¿Pero que es real?

Según la definición de la Academia: real es aquello que tiene existencia verdadera y efectiva.

Todo lo que percibimos desde el exterior es ilusorio, no es real. Solo la conciencia es real.

Percibimos el movimiento, el flujo de información que se manifiesta como electricidad o como luz que se mueve.
El fenómeno es movimiento, pero la conciencia que lo percibe es quietud. Todos los fenómenos, todo lo que percibimos, son manifestaciones de la única conciencia infinita, que es nuestra verdadera esencia. Nuestro ser real.
Podemos ver el movimiento del mar y sus olas, las olas se elevan, rompen, hay olas chicas y olas grandes, finalmente todas vuelven a su origen, el mar. De hecho nunca dejaron de ser el mar, cuya esencia es quietud, su movimiento es efecto de la interacción con el medio.

La conciencia es como el mar, los pensamientos son las olas, Las olas no son reales, no tienen existencia propia, simplemente son el movimiento del mar que captan nuestros sentidos.


El movimiento es desequilibrio. La quietud es equilibrio.
Todo movimiento es relativo, representa una búsqueda de equilibrio, o una pérdida del mismo, pero finalmente tenderá a equilibrarse.

La información es movimiento, es desequilibrio.
El conocimiento es quietud, equilibrio.
El conocimiento aparece cuando la información se realiza con la totalidad del ser.
El conocimiento es experiencia, es información digerida, asimilada y liberada.

La información es relativa.
El conocimiento es cósmico.

El pensamiento percibe el efecto.
El conocimiento comprende la causa.

El conocimiento es poder. El pensamiento es una expresión de ese poder.
El conocimiento es la propia naturaleza de la conciencia, única e infinita.
El pensamiento es una onda eléctrica surgida de esta esencia, y como toda corriente eléctrica presenta polaridades, generalmente se percibe uno de los polos. Al igual que las olas, lo que interpretamos como ondulación es en realidad un movimiento circular, solo vemos una parte.

“Únicamente vemos las ramas, pero no tenemos en cuenta la raíz”

Por eso siempre que vemos, oímos, tocamos, olemos, degustamos o pensamos, debemos considerar lo relativo de esa percepción, a la que le falta una parte, generalmente la mayor, como el iceberg, del cual solo vemos lo que aparece en la superficie.


Lo que captamos con nuestros sentidos y creemos que es real, es únicamente la pequeña franja del espectro de radiaciones que podemos captar. Lo demás, la mayor parte, no es tenida en cuenta, es descartada. Así trabaja la ciencia, y así somos educados, en base a reflejos y espejismos.

“Lo esencial es invisible a los ojos”



Ahora viene lo mejor. 
Como somos esencialmente conciencia infinita, poseedores de naturaleza divina (es decir, Dios vive en nosotros), lo que pensamos, si lo creemos, se hace realidad, se materializa.
La vida es deseo
Somos hijos del deseo. 
El pensamiento es una manifestación de ese deseo, su herramienta
La materia es simplemente una cristalización momentánea de ese flujo de información y energía que no es otra cosa que la conciencia moviéndose, experimentando, evolucionando.
La Mente Única experimenta y aprende a partir de sus creaciones.
Somos la conciencia infinita experimentándose a si misma.

Entonces puedes preguntarte: ¿Quién soy? ¿Qué soy? ¿A que estoy conectado verdaderamente? ¿Cuál es mi relación con todo lo que me rodea? ¿Qué estoy haciendo de mi vida?
Estas preguntas te llevan inevitablemente hacia la raíz de tu vida.

El conocimiento de tu verdadera naturaleza te hace libre y convierte a tu vida en una fuente de creatividad y felicidad.

No eres lo que piensas pero eres también lo que piensas.

sábado, 6 de abril de 2013

La anomalía del mundo físico



Todas las cosas mueren como consecuencia de la expansión y la pérdida del calor. Esta es la forma en que todos los cuerpos mueren: perdiendo calor, ya sea el sol, tu cuerpo o una ameba.

Todo en la creación muere de forma lenta por este fenómeno expansivo de lenta radiación. La radioactividad, como la provocada por los reactores nucleares, es expansión multiplicada provocada por una compresión multiplicada que provoca muerte acelerada (como la fisión nuclear). 
Esta explosión artificial creada por el hombre y que lo acerca a su final de manera dramática, y también a su entorno, aumenta aceleradamente el riesgo de quemar, literalmente, el planeta y a sus recursos o incluso hacerlo estallar.


Soles y planetas pueden estallar, esto está demostrado a partir de las supernovas, además el espacio esta lleno de escombros que llamamos asteroides y meteoritos, y que son restos de planetas. Y esto se puede deducir ya que estos bultos de diferentes tamaños son de forma irregular, y la naturaleza no crea nada con la forma de un bulto irregular. Toda creación comienza como una esfera y se cristaliza en formas geométricas siguiendo patrones específicos.

Algo que no tenemos en cuenta actualmente, pese a los supuestos avances científicos, es que toda materia quiere explotar, en otras palabras: quiere morir.

Vivir es un esfuerzo, morir no requiere ningún esfuerzo.

La materia no esta sujeta desde el interior por la atracción de la gravedad, como usualmente lo creemos, sino que es comprimida por una fuerza desde afuera hacia su centro.
Es el campo el que genera, da forma y sustenta a cada partícula, a cada átomo y a cada célula. La partícula solo es un punto de referencia y vehículo de información.
Cada organismo tiende a auto organizarse, a auto referenciarse, importando orden y coherencia (neguentropía) y exportando desorden (entropía), y esto lo hace con trabajo y energía.
Este es el motivo por el que la vida es difícil de mantener y morir es más fácil.

La ciencia dominante explica de manera convencional que el átomo esta sujeto desde su centro por un núcleo material. Pero la naturaleza no actúa de esta manera. La fuerza nuclear es una descripción parcial e inexacta de lo que realmente ocurre.
La gravedad no es lo que usualmente se piensa que es. Su descripción académica es ficticia.
La naturaleza crea sus átomos de la misma manera que se comprime el aire en un neumático, lo bombea desde afuera hacia adentro y luego lo mantiene sellado (ordenado) para que no se escape, si no lo cierras (si se desordena), se escapa fácilmente.
No necesitas ayuda para expandir, esto se hace solo, por su propia naturaleza, para lo que necesitas un esfuerzo (energía) es para comprimir.

La materia es una anomalía
El mundo físico es un desequilibrio.

La condición normal del universo es equilibrio y quietud. 
La materia no está en equilibrio, es una condición creada que divide este equilibrio generando tremendas tensiones. Estas tensiones y diferencias de potencial son registradas por nuestros sentidos, que las transforman en sensaciones, memoria, sentimientos y pensamiento, creando el mundo de las experiencias.
Pero estas experiencias no son la esencia. Las tensiones y las diferencias no son la verdadera naturaleza, son ilusorias, anormales. Por esta razón las tensiones y los desequilibrios, tienen el deseo de equilibrarse y aliviar la tensión.


Las explosiones, las descargas, las llamas y la muerte le brindan a la materia ese alivio de las tensiones, que tanto desea.
La materia y el mundo físico, tal como lo experimentamos, solo existen como un medio de aprendizaje y experiencia. Lo que aparentemente muere no es tu verdadero ser. Lo que interpretamos como muerte es solo el momentáneo regreso a la calma y a la normalidad del equilibrio, sin tensiones ni alteraciones.

zazen: el retorno a la condición normal
 Y este deseo de volver al equilibrio es muy fuerte, es nuestra naturaleza.
Vivir requiere esfuerzo y energía, mantener el desequilibrio que llamamos vida individual nos cuesta mucho trabajo. Pero el retorno a la normalidad del equilibrio universal no requiere ningún esfuerzo.

La vida es un desequilibrio. ¿Cómo encontrar el equilibrio en nuestra vida?

Ten en cuenta esto a la hora de apreciar tu vida y en que gastas tu energía y tus esfuerzos.
Todas las cosas y todos los seres morirán de forma natural y sin ayuda, por eso debemos proteger la vida, mejorar sus condiciones, encontrar la calma y el equilibrio en el seno mismo del desequilibrio.
La muerte no es el problema. La cuestión es de que manera vivimos.

Y a pesar de que la humanidad ha reflexionado y especulado desde siempre sobre un Creador de todas las cosas, y ha indagado buscando la esencia de la materia y del mundo en el que vivimos, aun no ha llegado a comprender la naturaleza de la creación ni de Dios.

Fragmentando para conocer, se alejó de su esencia. Aislando la materia para investigarla y tratar de comprenderla, se aisló a si misma de la fuente original, y cada individuo ha sufrido la misma suerte.
Tampoco ha encontrado el centro de todo movimiento y por eso el movimiento de la mayoría de las personas carece de centro y de significado. Si se encontrara el centro, se comprendería fácilmente el silencio, la quietud y la ubicación simple de su Creador.

Porque la única manera de conocer a su Creador y volverse unidad con él es dentro de la quietud de la mente centrada y unificada, que es el centro de la mente del Creador.
El Creador es el punto central del movimiento cero. Es el punto cero de toda creación, y este punto cero se encuentra en todas partes del universo. En cada punto.

Ahí donde estás, Dios está. No hay separación. La dualidad es una ilusión producida por la actividad eléctrica del cerebro e interpretada por este mismo cerebro eléctrico y descentrado.


El conocimiento de tu verdadera naturaleza te hace libre y te vuelve unidad con todo.
El miedo surge de la dualidad y de la ignorancia. Es una baja vibración que te mantiene atado a la ilusión de los sentidos y te convierte en víctima y esclavo.

El conocimiento aporta vida y luz, la ignorancia es oscuridad.
Si no conoces tu verdadero ser, vives en la oscuridad.

Despierta, eres luz.