lunes, 16 de enero de 2012

La enfermedad: la solución perfecta del cerebro ante un conflicto


  
Examinemos mejor esta afirmación con un ejemplo de la naturaleza: un animal en una situación de gran estrés relacionado con su supervivencia.
Imagina un lobo que hace tres días que no come. Se encuentra en una condición de estrés físico ligado a su necesidad de sobrevivir. Por fin atrapa una presa, un pequeño cordero. Cuando se apresta a devorarlo, escucha el sonido tan temido, el de su depredador más peligroso: un cazador.  En ese momento nuestro lobo se encuentra entre dos amenazas: O se escapa dejando a su presa y se arriesga a morir de hambre o bien se queda saciando su hambre y se arriesga a morir con la panza llena a manos del hombre. Gran dilema para el lobo.
Para salir de esta situación el lobo decide comerse una pata casi entera del corderito y escaparse a toda velocidad.
Ahora un nuevo peligro acecha al animal: el de morir por una oclusión intestinal, ya que el trozo de pata por su tamaño no puede ascender por el estómago para ser eliminado ni continuar su camino por el tracto digestivo para ser digerido.
El organismo del lobo se encuentra en un conflicto extremo debido a la necesidad imperiosa de digerir algo. Para resolver esta situación el cerebro encuentra la solución perfecta: activa un programa de desarrollo de supercélulas digestivas en la mucosa estomacal. Su objetivo: digerir mucho más rápido y mejor la pata de cordero atravesada. Hasta que no se cumpla este propósito (la digestión de la pata) el cerebro seguirá enviando la orden de continuar produciendo supercélulas digestivas, que tienen una performance muy superior a la de las células normales.



Una vez que la pata fue digerida, por un mecanismo de retroalimentación, la información llega al cerebro que desactiva el programa y cesa la producción de “mutantes” y las supercélulas son eliminadas, ya que mantenerlas sería peligroso para el organismo, porque además de consumir muchos recursos, pueden descontrolarse y generar un cáncer. De hecho, estás células mutantes son una neoplasia, con las mismas funciones que el tejido normal solo que multiplicadas y no llegan a desarrollar una enfermedad porque son controladas y eliminadas por el propio cuerpo.

Una célula de cáncer de estómago digiere mucho más fuerte y más rápido que una célula normal, una célula de cáncer de páncreas puede producir más insulina, en el cáncer de hígado hay un aumento de la actividad metabólica y enzimática del órgano, una célula de cáncer de riñón produce un filtrado significativamente mayor, etc .

Entonces, ¿Por qué morimos de nuestras enfermedades?


Una nueva visión del cáncer

Si el cáncer es una mutación creada por el mismo cuerpo como mecanismo de adaptación para evitar la extinción ¿Por qué produce la muerte?
Para responder a esta pregunta hay que comprender como el cerebro gestiona la información que le llega. 
Está comprobado que el cerebro no distingue entre una información real, virtual o imaginaria.
Veamos como funciona:
Si por ejemplo de repente te enfrentas a un peligro real del cual debes escapar para salvar tu vida, el cerebro activará todos los mecanismos neurovegetativos correspondientes para asegurar la lucha o la huida aumentando fundamentalmente la secreción de adrenalina y cortisol por las glándulas suprarrenales, produciendo taquicardia, broncodilatación, disminución del flujo sanguíneo en los órganos internos y aumenta en los músculos motores, dilatación de las pupilas, disminución de reflejos viscerales, aumento de la glucosa en sangre, etc.

Posteriormente, el recuerdo vívido de esta situación puede desencadenar los mismos mecanismos neuroquímicos y las mismas reacciones. En este caso el cerebro trata una información imaginaria como real y responde.
Otro ejemplo: estás mirando un film y la escena reproduce el mismo peligro y lo vives desde el punto de vista del protagonista. Si estás lo suficientemente compenetrado el cerebro no va a distinguir la diferencia y reaccionará al peligro como si este existiera. Cuanta gente hay que grita, se asusta o se emociona en el cine. En este caso el cerebro trata la información virtual como si fuera real.
Por una parte el cerebro no se equivoca, reacciona a la información que le llega y por otra parte es él mismo el que desencadena la enfermedad para garantizarle al individuo las mejores oportunidades de sobrevida.

Si aprendemos esto podremos realizar fácilmente que todo lo que pensamos, imaginamos o nos decimos es tomado por el cerebro como información real y va a actuar en consecuencia como lo que es: una super biocomputadora. Mientras continúe el estímulo (información) real, imaginario o virtual el cerebro continuará manteniendo los mismos programas, preparando al cuerpo para un peligro inexistente. Así funciona el estrés y el pánico en la sociedad moderna. Esta es la clave, además, para comprender el origen del cáncer y de muchas enfermedades crónicas y autoinmunes.
Además se ha comprobado que los casos de cáncer debido a sustancias cancerígenas representan un porcentaje mínimo (menos de 5%) de la totalidad.

La mayoría de las veces el conflicto tiene su raíz en los planos sutiles de la persona, que corresponde con niveles no conscientes.

Por esta razón los bloqueos afectivos y emocionales deben ser convenientemente filtrados, digeridos y eliminados, porque aunque ya no estén en la esfera consciente, igual continúan enviando información que el cerebro toma como real y actúa para adaptarse a esta situación inexistente.

También puede haber mutaciones celulares cuando las condiciones del medio interno se modifican a causa de malos hábitos como una inadecuada alimentación (alimentos procesados y transgénicos, conservantes, pesticidas, etc.) el tabaquismo y el sedentarismo, aquí el cuerpo va a tratar de adaptarse a condiciones físico-químicas diferentes: acidosis, estancamientos, cambios en el metabolismo de las células, aumento de radicales libres... 

Crear un medio interno negativo predispone al cáncer.

Y mientras el cerebro siga gestionando la misma información, por más que se invada al cuerpo con quimioterapia, rayos o cirugía, si no se desinstalan los programas nocivos, aparecerán las recidivas y las metástasis. Es decir, el cerebro continuará produciendo células mutantes para garantizar la supervivencia. Luego comenzarán los signos y síntomas tales como el dolor, disminución de las capacidades, fatiga o sangrado, debido a la naturaleza invasora del nuevo tejido (neoplasia).

Proliferación de células cancerígenas

El resultado final es la muerte por debilidad (caquexia) y falla general del sistema, ya que las supercélulas mutantes consumen todos los recursos energéticos y físicos. De ahí la imagen del cáncer como algo que se “come” al individuo.
  
Además hay que agregar el duro impacto emocional del diagnóstico fatal que hace el médico, que luego intentará de extirpar o hacer desaparecer el tumor con los medios que dispone y esto termina por sellar la suerte del condenado.

Pero si se cambia la manera de percibir y comprender este proceso se puede cambiar en profundidad. Afectar el sustrato mismo de la materia, reorganizarla. La creencia es lo primero, la fe. No se trata de creer en algo externo, por el contrario, es más bien un movimiento coherente de integración, del cuerpo y la mente en unidad. Esta creencia (o convencimiento) viene acompañada por el conocimiento y la reflexión.

Por supuesto se deben adoptar otras medidas y procedimientos que faciliten la curación y mejoren la calidad de vida. Pero lo esencial, es un cambio profundo, una verdadera revolución en el interior del ser.
Otra actitud. Un cambio de creencias y de hábitos.                                                            

La certeza, más allá de toda duda, que uno puede curarse porque ya posee esa capacidad implícita.
Confianza significa: con fe. Este tipo de fe no es ciega, es un movimiento sutil de energía e información que provoca cambios en lo más profundo de la realidad física.





miércoles, 11 de enero de 2012

El indeterminismo de los niveles fundamentales



Prácticamente todas las culturas ancestrales consideraban al universo como una unidad, y al ser humano como una parte de él. Pero fue a partir de las descripciones y conceptos de Newton, Descartes y Leibniz entre otros, las que desarmaron la estructura del universo como un todo y crearon este modelo de universo mecánico, que funciona más bien como un mecanismo de relojería y en el que no hay anomalías. En este modelo, la mente está separada del cuerpo y el cuerpo esta separado de todo lo demás, y esta idea de “separación” e individualidad creo la base del pensamiento occidental.

De manera que las ciencias, como la física, la biología, la química, la astronomía, la lógica y la matemática, incluso las ciencias llamadas sociales, como la antropología, la economía y la sociología, se han visto influidas y determinadas por esta concepción material y separatista del universo.

Durante mucho tiempo, los físicos estuvieron convencidos de que el universo estaba completamente determinado: correspondiendo todas las observaciones con un conjunto de partículas puntuales y energía interaccionando unas con otras mediante leyes fijas. Sabiendo la posición y la velocidad inicial de todas las partículas era posible predecir con absoluta precisión lo que sucedería después.
Esta forma “dura” de mirar a un universo mecánico y de causas y efectos predecibles, venía con un enorme peso ya desde la época de Newton.

Nos acostumbramos a esta idea. Vivimos en un universo controlado por leyes categóricas e inmutables, que se parece más a una maquina que a algo vivo, un universo con procesos determinados y sin singularidades.
Incluso el cuerpo ha sido descripto como una máquina, con órganos, aparatos y sistemas, vistos en forma separada, que funcionan con cierta independencia y de forma refleja y previsible.
La mente, las emociones, los aspectos sutiles de la existencia y todo lo que se relacione con la conciencia, fue “empaquetado” y puesto aparte.

De acuerdo con esta concepción, esta “máquina biológica” trabaja con 2 centrales fundamentales: el corazón y el cerebro, que conectan con el resto del cuerpo y entre ellos mediante impulsos eléctricos y químicos y está programada por un código genético invariable contenido en el ADN.
La ciencia médica sigue este modelo. Los médicos y terapeutas son formados con esta mentalidad: el cuerpo y la mente son dos entidades diferentes y la enfermedad es un mal que se debe erradicar.
Ahora sabemos que esta visión es incorrecta.

Sabemos que la materia es en realidad energía condensada y que los pensamientos son energía e información, por lo tanto materia y energía son equivalentes, esto ya ha sido demostrado por Einstein hace 1 siglo y por los chinos hace más de 20 siglos.
Cuerpo y mente no son dos realidades diferentes. No existen por separado.

Los pensamientos son ondas de información y energía, que se transforman en partículas (materia). Por cierto, no hay que confundirse, cuando decimos que la materia vibra, no significa que las partículas (como los electrones) están oscilando alrededor de un punto de equilibrio. Las partículas no oscilan: las partículas son la oscilación. Ambas cosas son la misma, no es una cosa (la partícula) efectuando una acción (la oscilación). 
La vibración es la masa.

Nuestra manera ordinaria de percibir la realidad es dualista (binaria), así funcionan en el cerebro los procesos algorítmicos conscientes: 0/1, negro/blanco, enciendo/apago, bueno/malo, onda/partícula, espíritu/materia.
¿Qué son en realidad las cosas: ondas o partículas? ¿Ondulaciones insustanciales o materia sólida?
Nuestros conceptos de partícula onda se basan en la información que obtenemos a través de los sentidos. Son términos con una gran antigüedad y bien enraizados en nuestra cultura, y determinan la manera que tenemos de percibir las cosas.



Nuestros cerebros están configurados para captar la forma, la "particularidad", por eso vemos las formas y corporizamos las percepciones con mucha facilidad, y también con la misma facilidad nos sentimos aislados y separados del resto. 
Para percibir nuestra naturaleza insustancial, nuestro aspecto ondulatorio, no manifestado, que está en interconexión con el resto del universo, debemos comenzar a percibir la realidad desde otro lugar del ser. El cerebro se reprograma, gracias a su capacidad plástica y la mente se libera de su prisión perceptual. Esta verdadera expansión de la conciencia modifica el sustrato del mundo físico.

A pesar de que todo el mundo tiene claro lo que es una partícula y lo que es una onda: nadie confunde un ladrillo con un rayo de luz, la primera idea que tenemos de ambas cosas es mutuamente excluyente: si es sólido no puede ser insustancial. Decir que algo es onda y partícula, fluctuación y materia, nos parece similar a decir que algo es no azul y azul a la vez. Y ahí está el primer obstáculo a superar.

La cuestión no es sólo que esa idea es falsa, sino que es contraria a la realidad. Es decir: “partícula” y “onda” no son lo mismo que “azul” y “no azul”, y no porque sean características independientes que a la vez  pueden ser ciertas, como “azul” y “bello” —estas deben necesariamente ser ciertas a la vez.  Algo así como “azul” y “blue”. La misma cosa con nombres distintos. Si entendiste esto, has superado ese primer obstáculo y estás listo para saltar sobre el segundo, que es algo más sutil — lo de “azul” y “blue” es sólo una primera aproximación a la realidad.

En realidad, cuando llamamos a algo “partícula” o bien “onda” no estamos definiendo lo que es, sino lo que hace o como se manifiesta ante una situación determinada.

La verdadera naturaleza de las cosas no es algo que podamos experimentar directamente al interaccionar con ellas por medio de la percepción clásica, de modo que decir que las cosas son “ondas que a veces parecen partículas” o “partículas que a veces parecen ondas”, no es lo correcto.
En el mundo cuántico las cosas cambian su comportamiento si son observadas.
De manera que cuando nombramos a las cosas como partículas u ondas, en realidad estamos designando la manera que tienen de comportarse en una cierta condición o circunstancia.

Llamamos a las cosas ondas o partículas porque, cuando interaccionamos con ellas, lo hacemos de modos específicos. Estamos dando nombres a la manera en la que esas entidades se manifiestan y no a lo que son en esencia. 

Podríamos también decir: “El universo está formado por ondículas que en determinadas circunstancias se comportan de cierta manera, a la que hemos llamado tradicionalmente “onda”, y en otras se comportan de una manera diferente, a la que hemos venido llamando “partícula”. Pero las cosas no son ondas ni partículas: son ondículas.
La cuestión es que algunas ondículas son muy ondas y hacen falta experimentos muy específicos para revelar su comportamiento corpuscular y otras ondículas son muy particulares y no muestran fácilmente su naturaleza ondulatoria.

Nuestro cuerpo físico tiene solidez aparente porque esta hecho de una infinitud de átomos que vibran a una altísima frecuencia.
Esencialmente son oscilaciones de la misma cosa. Esta “cosa” o entidad (para darle un nombre) es la conciencia
El sustrato de todo lo que existe es la conciencia.

La diferencia la hacen las categorías humanas y la necesidad de describir con palabras y fórmulas el universo en el que vivimos. Son nuestros sentidos los que captan la información de una determinada manera, y como los sentidos, por su diseño y por educación, perciben una realidad “particular”, interpretamos y creamos siempre una realidad física y sólida (generalmente la misma). 
El problema con el que se topa la ciencia es que no siempre las descripciones se ajustan a lo “real”. El universo es lo que es y nuestras descripciones y conceptos nunca podrán explicarlo con exactitud en su totalidad.
Bohr formuló en la interpretación de Copenhague lo que se conoce como el principio de complementariedad, que establece que ambas descripciones, la ondulatoria y la corpuscular, son necesarias para comprender el mundo cuántico y por lo tanto la realidad material. 
Bohr también señaló que mientras en la física clásica un sistema de partículas en dirección funciona como un aparato de relojería, independientemente de que sean observadas o no, en física cuántica el observador (la conciencia) interactúa con el sistema en tal medida que el sistema no puede considerarse como una existencia independiente. 
El sujeto y el objeto son uno.

Por otra parte Einstein y Schrödinger se oponían a esta idea de indeterminismo. El problema surge a partir del proceso de medición. En la física clásica, medir significa revelar o poner de manifiesto propiedades que estaban en el sistema ya antes de que lo observemos.
En mecánica cuántica el proceso de medición altera de forma incontrolada la evolución del sistema. Constituye un error pensar dentro del marco de la física cuántica que medir es revelar propiedades que estaban en el sistema con anterioridad. Y esto sucede porque los fotones de luz del observador impactan e interfieren con los electrones intercambiando energía e información y cambiando el estado del sistema. Es lo que se llama: colapso o reducción de la función de onda.

En los años 20, en los principios de la física cuántica, Heisenberg (junto a Max Born y otros) demostró con su mecánica matricial que no se puede saber con exactitud la posición y el momento de una partícula. Cuanto más sabemos sobre la posición de un electrón, por ejemplo, menos datos disponemos sobre su velocidad. Cuanto más averiguamos sobre su movimiento más borrosa se vuelve su ubicación.

La relación de incertidumbre de Heisenberg refleja una vez más esta dualidad de la naturaleza, aunque en este caso referida a otras propiedades físicas de la materia, como la posición y el momento. Si diseñas un experimento que muestre una cosa, la complementaria está “oculta”. Al menos, en el caso de la relación de indeterminación, no se trata de una elección binario sí/no, tiene que ver más bien con el grado: cuanto más te fijas en una cosa, más borrosa se vuelve la otra.
Si elegimos medir con precisión la posición de una partícula la forzamos a presentar mayor incertidumbre en su momento, y viceversa; escogiendo un experimento para medir propiedades ondulatorias se eliminan peculiaridades corpusculares, y ningún experimento puede mostrar ambos aspectos, el ondulatorio y el corpuscular, simultáneamente.
  

Seres ondulatorios

Debido a esta “particularidad” de la observación y de la percepción, captamos solo el lado "corpóreo" de la realidad. Nuestra mirada particulariza al universo, lo vuelve físico y definido. La ilusión de los sentidos lo hace material. El cerebro es el arquitécto.

A fines del siglo 19,  la luz era tratada como una onda ya que presentaba fenómenos ondulatorios como la difracción y la interferencia.
La difracción se basa en el curvado y esparcido de las ondas cuando encuentran un obstáculo o al atravesar una rendija. La difracción ocurre en todo tipo de ondas, desde ondas sonoras, ondas en la superficie de un fluido y ondas electromagnéticas como la luz y las ondas de radio.  La interferencia es el resultado de la superposición de dos o más ondas
Cuando las ondas chocan o “interfieren” entre sí, se altera momentáneamente su forma  y dependiendo de sus fases la interferencia será constructiva o destructiva (desfasada). Este fenómeno crea patrones de interferencia.


Cada célula registra el patrón de interferencia de las ondas lumínicas (que funciona parecido a un código de barras), y con esta información realiza sus reacciones químicas y mantiene su metabolismo.

En esencia somos seres luminosos realizando por un breve momento, una experiencia de vida "particular".  


sábado, 7 de enero de 2012

Ondas de posibilidades




La física cuántica establece que las partículas elementales constituyentes del átomo, no son elementos esencialmente reales dada su imprecisión existencial.

Se pueden comportar como partículas en un momento dado y como ondas en el siguiente o en el anterior. Existen en un espacio y un tiempo que no reconoce el presente, saltan del pasado al futuro, y a la inversa. 
La esencia de la materia es verdaderamente inatrapable.
El presente material sólo es reconocido como una necesidad y una arbitrariedad de la observación humana.
No obstante esta ausencia de "materialidad", paradójicamente, las partículas elementales se presentan como el fundamento de la materia.

El principio de incertidumbre propuesto por Heisenberg, expresa que no podemos conocer con exactitud la posición y el momento (velocidad) de una partícula. Cuanto más averiguamos sobre uno de los observables del par (posición-velocidad, energía-tiempo, etc) el otro permanece indeterminado.
Por otra parte, la velocidad y posición de una partícula solamente se puede fijar en un instante dado, pero nunca se sabrá que sucederá en el instante siguiente, y tampoco si actuará como tal partícula o como función de onda. Es una cuestión de probabilidades.

Por eso la mecánica cuántica es probabilística y a diferencia de la física clásica que es determinista, ya que conociendo la posición y la velocidad de un cuerpo puedo determinar su trayectoria y la evolución del sistema, pero a nivel cuántico no se puede hablar de “trayectoria” de una partícula, sino de probabilidades de encontrarla aquí o allá.
Para el observador, en los niveles fundamentales la realidad se presenta mas bien borrosa e indeterminada.

El significado de la dualidad onda-partícula es que las partículas pueden ser simultáneamente ondas, esto no se refiere a ondas físicas reales, como las ondas del sonido o del agua, sino más bien fenómenos ondulatorios de probabilidad. Cuanto mayor es la onda (intensidad, amplitud, etc) hay más probabilidades de que ocurra un determinado suceso. Aunque más estrictamente hablando, no nos referimos a cosas reales, con existencia y sustancia propia. En los niveles fundamentales de la vida todo existe en relación de interconexión e interdependencia. Nada existe por si mismo.

Las ondas de probabilidades no representan las probabilidades de las cosas, es decir de algo "concreto", sino más bien probabilidades de interconexión. Es un concepto difícil de entender, pero, lo que llamamos «cosa» en esencia no existe. Lo que solíamos llamar «cosas» son, en realidad, «sucesos» o procesos que podrían convertirse en sucesos.

Nuestro viejo mundo de objetos sólidos y leyes deterministas, es en realidad un mundo de patrones de interconexiones ondulantes. Conceptos tales como «partícula elemental», «sustancia material» u «objeto aislado» van perdiendo su significado.


El universo entero se nos presenta como una trama de conexiones energéticas inseparables. Así, definimos el universo como un todo dinámico que incluye siempre de forma esencial al observador.
La mirada del observador modela la realidad física. 
La conciencia provoca un movimiento de energía e información que de acuerdo a su nivel de vibración, se condensarán en materia por un momento. 
La muy alta vibración de los miles de billones de átomos que forman nuestro cuerpo crean la ilusión de solidez y permanencia, pero la sustancia real de nuestro cuerpo está más cercana a un sueño o a un pensamiento que a algo consistente.

Por esto, más allá de la realidad cotidiana definida y determinada, existe un mar de infinitas posibilidades. Una red ilimitada de interconexiones que nos permiten el acceso a información y a energía, fundamentales para crear una vida con más posibilidades y aptitudes.

Así somos. Por una parte un cuerpo particular, manifestado y concreto y por la otra somos una nube insustancial de posibilidades no manifestadas en interconexión con el resto del universo.

La conciencia se manifiesta por medio de la partícula, del corpúsculo, de la materia. Es muy sensible a materializarse y a encarnarse. Por eso tendemos solo a considerar la "particularidad" de las cosas y a percibir el lado "material" de la realidad. Pero esta es una ilusión de la percepción que necesita ser equilibrada con la comprensión de nuestra verdadera naturaleza.

Esta forma de autoconocimiento genera una expansión de la conciencia e influye inevitablemente en el propio organismo y en el entorno.


 

sábado, 31 de diciembre de 2011

El viaje sin tiempo de la información



¿Somos simplemente espectadores?



La incesante actividad mental se manifiesta como un flujo de información secuencial que activa simultáneamente distintas partes del cerebro.
A este fenómeno orquestado se le llama colapsos o reducciones sincronizadas de la función de onda.
Cada colapso de la onda de probabilidades en una partícula de conocimiento representa un evento consciente. Se estima que el cerebro, en promedio, gestiona unos 40 eventos o experiencias concientes por segundo, e integra las diferentes señales creando la sensación de continuidad y coherencia.
El hemisferio cerebral izquierdo es el gran secuenciador. Su incesante actividad genera un flujo constante de actividad consciente que se corresponde con una química determinada y con una elevada actividad neuronal.

Sentimos o percibimos esta “corriente” de conocimiento como un pensamiento,  y respondemos conscientemente a estas percepciones o estímulos.
Nos “identificamos” con esta actividad electroquímica, que la mayoría de las veces se vuelve incoherente y desorganizada, precisamente por la falta de coherencia y de autocontrol.

El “diálogo interno” refuerza la idea y las conexiones neuronales, que configuran y modelan la parte física y funcional del cerebro, esta capacidad plástica del cerebro está relacionada con la frecuencia y la intensidad de un determinado estímulo o señal, cuanto más fuerte y repetido es el estímulo más aumenta la fuerza sináptica (más proteínas, enzimas, moléculas y reacciones químicas) lo que produce un mayor impacto en el mundo físico. La conciencia crea y modela a la realidad material.
 
La actividad mental establece los límites y la forma del “si mismo” o Yo.

Sabemos además que el nivel consciente representa apenas un pequeño porcentaje de la actividad total de la consciencia y que esta actividad emergente es el resultado de procesos o programaciones subconscientes. Solo llegan a la superficie los estímulos con suficiente energía que logran atravesar un determinado umbral por debajo del cual no se es consciente y por arriba si.
Cuando nos enteramos de algo, esto en realidad ya fue gestionado unas fracciones de segundo antes en los niveles subconscientes.
Por este motivo es importante filtrar con la atención y la negación, esta incesante actividad de la mente, ya que,-y esto está demostrado por la ciencia-, lo que consideramos como un “yo” real y sustancial o como un pensamiento propio y original, es simplemente una proyección y actualización momentánea de múltiples causas y factores, más cercanos a un sueño que a algo sustancial.
Una proyección en 3D de imágenes e ideas sin sustancia propia.
Es la naturaleza holográfica de la realidad.


La ilusión del control consciente

En consecuencia, la sensación subjetiva de control consciente de la conducta y de estos comportamientos, es una ilusión.
La mayor parte del tiempo la conducta de los seres humanos no son más que respuestas reflejas no conscientes.

De acuerdo a investigaciones del neurólogo B. Libet, si el acontecimiento ocurrido no dura más de medio segundo, el consciente humano simplemente lo ignora, porque no llega a procesarlo, es decir, el estímulo no tiene la suficiente energía como para atravesar el umbral crítico para que se manifieste un evento consciente.
Anteriormente ya se había demostrado que nuestro cerebro toma las decisiones casi 1 segundo antes de que las asumamos conscientemente.

Para obtener este resultado, Libet utilizó pacientes que se mantuvieron despiertos cuando eran sometidos a un episodio de neurocirugía. Les pidió que movieran uno de sus dedos mientras observaba como se registraba electrónicamente la actividad cerebral. De esta forma pudo comprobar que había un cuarto de segundo de retraso entre la decisión de mover el dedo y el momento presente. 

Otro experimento interesante lo realizó Kornhuber en 1976. Unos voluntarios permitieron que se registrasen las señales eléctricas en un punto de sus cabezas mediante EEG (electroencefalografía), y se les pedía que flexionaran varias veces, y repentinamente, el dedo índice de sus manos derechas a voluntad. 


La experiencia descubrió algo curioso: hay un aumento gradual del potencial eléctrico registrado por el cerebro durante más de 1 segundo, antes de que el dedo sea flexionado. Esto parece indicar que el proceso de decisión conciente necesita por lo menos 1 segundo para poder actuar.
La conclusión de estos dos experimentos, es que la conciencia no puede reaccionar a una agresión externa si la respuesta tiene que tener lugar en menos de 1 segundo.

Esta manera de proceder de la conciencia se debe a que el cerebro al recibir un estímulo, a través de cualquiera de los cinco sentidos, lo registra en dos lugares: uno es en las amígdalas cerebrales y el otro en el neocórtex

La amígdala cerebral es una estructura con forma de almendra formada por neuronas localizada en la profundidad de los lóbulos temporales. Es la encargada de recibir las señales de peligro potencial y la que desencadena una reacción capaz de salvar la vida. Su papel principal es el procesamiento y almacenamiento de reacciones emocionales.

La amígdala es por lo tanto la primera región del cerebro en recibir un mensaje de peligro o agresión. Es muy rápida y en un instante nos indica si debemos atacar, huir o detenernos. 

La corteza nueva (neocórtex) es la capa cerebral externa más nueva en términos de evolución, en este nivel se llevan a cabo funciones superiores como la planificación, el razonamiento y el lenguaje, (especialmente en el lóbulo frontal), está más lejos que la amígdala y recibe los mensajes sensoriales más tarde, pero, a diferencia de la amígdala, tiene mayor capacidad de evaluación y procesa mejor la información. Además, la neocorteza se comunica con la amígdala para ver qué opina antes de reaccionar.

Debido a la multiplicidad de conexiones la información viaja en todas las direcciones del espacio-tiempo y es procesada e integrada para dar un sentido de unificación y responder de manera eficaz. Esta es una característica holográfica de la conciencia y el cerebro es el editor que crea y proyecta este verdadero holograma, que en definitiva es lo que llamamos realidad. Una realidad holográfica insustancial.

La conclusión de Libet que se deriva de su investigación, es que es imposible que el ser humano sea autor de sus propios actos. Solamente considera cierta idea de libre albedrío en la capacidad de veto que tiene la conciencia para bloquear o abortar un acto iniciado por el cerebro. El problema, es que no podemos saber cuándo utilizamos esta capacidad de veto, por lo que nuestra experiencia subjetiva es siempre indeterminada.

Hay cantidad de programas que se están ejecutando por debajo del nivel consciente y ni nos enteramos, excepto cuando atraviesan el umbral crítico y se manifiestan como un pensamiento consciente. A continuación nos identificamos con esta actividad y creemos  que ese pensamiento es creación propia: “una idea original”. 
El cerebro procesa aproximadamente 400 mil millones de bits por segundo y solo somos concientes de unos 2000 (¡en el mejor de los casos!), y con esos nos arreglamos para crear la realidad cotidiana.

Hay otro punto.  La mayor parte de esta programación subconsciente es instalada desde que el día que nacemos, mediante la educación y la repetición de estímulos en el medio socio-cultural, la familia y también, cada vez más, por los medios de comunicación (TV, internet, radio, diarios, etc.) y otras formas de estímulos subliminales.
Estos programas subconscientes modelan y dirigen la actividad consciente.

Es difícil aceptar esto, por lo menos conscientemente. Pero consideremos el resto de la actividad fisiológica del cuerpo. ¿Acaso controlamos su temperatura, su medio interno y su pH o sus complejas reacciones químicas? Dicho sea de paso, cada célula tiene aproximadamente 100.000 reacciones químicas por segundo.
¿Alguna vez le dijimos al hígado lo que debe hacer o a cada célula la velocidad con que debe migrar o dividirse? ¿Podemos decidir la duración natural de nuestras vidas?  ¿Entonces, somos simples espectadores?

Esta constatación nos plantea las siguientes cuestiones: ¿Existe el libre albedrío? ¿Nuestras elecciones se deciden conscientemente? ¿Hay alguna posibilidad entonces de participar conscientemente o solo somos observadores?

  
El presente es inalcanzable para el cerebro

Es evidente que la vida nos atraviesa, nos crea, nos transforma. Estamos vivos porque el universo está vivo y es consciente, y cada uno es una manifestación de esta verdad.
                                                                                             
Eso hasta el día que realizamos nuestra verdadera naturaleza y comprendemos que nunca hubo otro lugar más que aquí ni un tiempo fuera de este “ahora”. En ese momento empezamos a participar en la programación de la actividad mental y en el control de nuestras acciones.

El autoconocimiento es una cualidad superior de la conciencia. Representa su aspecto evolucionado y equilibrado. La mirada interior es propia del ser evolucionado.
Es equilibrada por que le aporta al consciente información proveniente de la profundidad del ser, información contenida en los estratos no conscientes y en cada célula, que se complementa y armoniza con la información que proviene de otras partes del cerebro y del entorno
Esta es la semilla de la sabiduría que va a generar un pensamiento absoluto, un tipo de pensamiento que lo envuelve todo e incluye a todos los seres y cosas.

La mirada interior dirige biofotones con información cuántica que afecta el sustrato  íntimo de la materia. 

zazen es la vía directa para conocer y manifestar tu verdadera naturaleza.








viernes, 23 de diciembre de 2011

El orden en los sistemas biológicos


¿Cómo hace un organismo para evitar la desorganización o el desorden molecular? 
La respuesta es: Al comer, beber, respirar y en el caso de las plantas, por la asimilación. 
Es lo que se llama: metabolismo, que en griego significa cambio o intercambio, pero...
¿Intercambio de qué?


En principio la idea subyacente es, sin duda, el intercambio de material, por ejemplo la palabra alemana para el metabolismo es Stoffwechsel (Stoff=materia, sustancia. Wechsel=cambio).
Pero que el intercambio de material deba ser lo esencial es absurdo. Cualquier átomo de nitrógeno, oxígeno, carbono, azufre, etc, es tan bueno como cualquier otro de su clase, ¿que podría ganarse con el intercambio entre ellos? 

Igualmente con respecto a la energía. Clasificar a los alimentos por su contenido en calorías no es del todo correcto porque en un organismo adulto el contenido de energía es tan invariable como el contenido material. Esto es debido a la conservación de la energía. Es obvio que ninguna caloría vale más que otra caloría, de manera que no se puede ver como este intercambio podría evitar la pérdida de orden del organismo.

¿Cuál es el contenido precioso en los alimentos que nos aleja de la muerte? 
Respuesta: La luz, y su capacidad para aportar orden al sistema. 

Todos los procesos, todo lo que está pasando en la naturaleza, lleva a un aumento de la entropía por parte del mundo en el que está pasando. Así, un organismo vivo aumenta continuamente su entropía, o también podemos decir que produce entropía positiva, y por lo tanto tiende a acercarse al peligroso estado de entropía máxima, que es la muerte. 
Sólo puede mantenerse al margen de ella, es decir, con vida, mediante la continua elaboración de entropía negativa en su entorno, lo cual es algo muy positivo como veremos enseguida. 
Esencialmente un organismo se alimenta de entropía negativa. 

O, para decirlo de otra forma, lo esencial en el metabolismo es que el organismo consigue liberarse de toda la entropía que no puede dejar de producir mientras está vivo.
La entropía negativa (también llamada negentropía o sintropía) de un sistema vivo, es la entropía que el sistema exporta para mantener su entropía baja; esto lo hace para evitar el rápido deterioro al que lo llevaría el estado inerte de "equilibrio" de la entropía.

¿Qué es la entropía?

Es una magnitud física que designa, en cualquier sistema termodinámico aislado y tendiente al equilibrio, la parte de energía que no puede usarse para producir trabajo. Está en relación al grado de desorden molecular interno que presenta un sistema y por lo tanto es una medida del desorden. 
A mayor orden, menor entropía.
Por eso nuestro organismo lucha contra la entropía, para no desorganizarse.

La entropía está relacionada con la 2ª ley de la termodinámica, la cual expresa que la cantidad de entropía del universo tiende a incrementarse en el tiempo, y si bien la materia y la energía no se pueden crear ni destruir, sí pueden transformarse, y establece el sentido en el que se produce dicha transformación, de forma irreversible.

El universo tiende a distribuir la energía uniformemente; o sea, a maximizar la entropía.

Hay una diferencia en los modos cómo la materia inorgánica y la materia viva se las arreglan para hacer frente a la 2ª ley de la termodinámica- de la cual surge el concepto de entropía.
Mientras que en el caso de la materia inorgánica es necesaria la participación de enormes cantidades de átomos para, en promedio, alcanzar cierta estabilidad que hace posible a los organismos asegurar su existencia; en el caso de los sistemas vivos, la ley de los grandes números para evitar la entropía no es una condición absoluta, ya que comparativamente con solo unos pocos átomos participantes en las estructuras y procesos celulares, logran evitar el desorden (caos) del movimiento térmico.
Y es que la materia viva, por la peculiar organización de sus átomos en cristales aperiódicos o quasicristales, absorbe entropía negativa del ambiente y se resiste a la degradación.

La vida  representa el comportamiento ordenado y organizado de la materia, que no está basado solo en su tendencia a pasar del orden al desorden, sino también basado en un orden existente que es transmitido y mantenido. 
Dos son, pues, los principios que pueden describir la existencia de los sistemas vivos: el orden a partir del desorden (propio de los sistemas físicos) y el orden a partir del orden (típico de los sistemas biológicos).


 Orden a partir del desorden

Un sistema biológico se mantiene vivo en su estado organizado tomando energía del ambiente y procesándola a través de su eficiente maquinaria química. Ésta acopla las sucesivas transformaciones energéticas a la producción de trabajo útil, lo que le permite ejercer las diferentes funciones celulares y así mantener su organización interna. 
Durante estos procesos, las células devuelven a su entorno energía disipada que consiste en calor y otras formas que rápidamente se distribuyen en el ambiente aumentando su desorden y entropía. Así, los organismos vivos ganan orden interno a expensas de generar desorden en su ambiente.

Orden a partir del orden

No toda la ordenación de un organismo vivo exige que su ambiente se desordene. Existe un orden transmitido genéticamente. La estructura del ADN permite almacenar la información genética de forma inalterada durante generaciones.
Debido a su estructura molecular (un verdadero cristal aperiódico), un gen no es perturbado por la agitación térmica y por eso puede transmitir la información genética de generación en generación sin degradarse.
ADN

Este tipo de cristal aperiódico se diferencia de los cristales ordinarios (que presentan periodicidad y regularidad en su estructura), en el rol que juegan sus átomos y moléculas individuales que permiten codificar gran cantidad de información y mantenerla estable y duradera.

La vida se las arregla para mantener el orden en los organismos y evitar la extinción.

El orden y la coherencia no solo le permiten a un organismo existir, sino también potenciar su capacidad de adaptación y funcionamiento.




domingo, 18 de diciembre de 2011

Los alimentos y la luz



Comedores de fotones

Cada persona come por lo general un promedio de dos a tres veces al día. Con esto le aporta al cuerpo las multifuncionales y necesarias proteínas y otros elementos que necesita para funcionar correctamente: grasas, vitaminas, minerales, oligoelementos, y no menos importante, los azúcares o hidratos de carbono, que son el combustible para nuestro cuerpo. Esta energía de los alimentos normalmente esta medida en calorías o joules.

Existen tablas nutricionales que indican cuantas calorías debe consumir por dia una persona según su edad, sexo, actividad, tipo de enfermedad, etc. También está calculado el porcentaje de proteínas, grasas, azúcares y cuantas calorías debemos consumir para mantener la salud.

En nuestro llamado mundo civilizado la alimentación se ha vuelto un problema, y no por la escasez, sino por la mala calidad y el exceso de nutrientes ingeridos (suplementos dietéticos, vitaminas, minerales, etc).
Este desequilibrio se observa en el elevado número de personas con sobrepeso y otros trastornos debido a la mala alimentación (alergias, trastornos digestivos, reumatismos, cardiopatías, enfermedades degenerativas, síndrome de fatiga crónica, bajo rendimiento, nerviosismo).
Incluso hay casos de mala nutrición, un tipo de desnutrición que se presenta, no por la cantidad sino por la baja calidad del alimento. Esto afecta en particular a los niños y jóvenes en edad de crecimiento, que representan una amplia franja de consumidores de alimentos y golosinas chatarra.

Al parecer se cumple la predicción de los indios americanos, que profetizaron hace 350 años ya, que en algún momento el “hombre blanco” moriría de hambre delante de sus platos llenos.

Más comemos, más enfermamos.

Mientras tanto, los médicos están asumiendo que el 80 % de todas las enfermedades en el mundo occidental son nutricionales - enfermedades llamadas de la civilización-. que junto al estrés y sus consecuencias, representan casi la totalidad de los problemas de salud en la actualidad.

Pero, ¿Dónde está entonces el valor de un alimento, si no en su contenido de energía, vitaminas, oligoelementos y minerales?

No son los componentes individuales y los ingredientes lo que determinan el valor de un alimento.

La comida es algo más que la mezcla de hidratos de carbono, grasas, proteínas, sales minerales, vitaminas, fibras, etc. 
El todo es mayor que la suma de sus partes.
Depende de un orden global.
Es como un poema, lo importante no es la frecuencia de las letras que se utilizan ni su gramática, sino su construcción global, su mensaje, debemos entenderlo en su totalidad.


El mensaje de los alimentos

Lo fundamental en el valor  de un alimento es su capacidad para transferirnos orden.

¿Eso quiere decir que no necesitamos los componentes individuales de los alimentos?

Sí, para la organización también necesitamos calorías, pero el contenido calórico no es tan importante como la capacidad de organizar. 
Es como una guitarra, hay que tocar las cuerdas con suficiente energía para hacerlas vibrar. Sin embargo, lo fundamental es la capacidad para hacer vibrar las cuerdas de una determinada manera. Nuestro cuerpo es como un instrumento de cuerdas, que va a sonar mejor de acuerdo a la forma en que se pulsen estas, y principalmente, que vibren de forma armónica y coherente.

La calidad de los alimentos sólo se puede entender a través de su efecto sobre el campo de radiación del cuerpo.
Alimento de alta calidad significa que su consumo mejora el orden del sistema, la baja calidad conduce al caos, o sea, al desorden.
Al comer compartimos  la información que estos contienen, este es el verdadero mensaje de los alimentos.



¿De que depende la calidad de un alimento?

Depende de la capacidad de almacenamiento de la luz. La calidad de un alimento está relacionada con su capacidad para almacenar fotones.
Si un alimento ya no puede almacenar la luz, entonces pierde su capacidad para transferir orden.

No puede aportar orden porque el orden es transmitido sólo por la luz almacenada. Así que para poner a prueba la calidad de un alimento, podemos medir esto a través de su capacidad de almacenamiento de la luz, y esto está directamente relacionado con su frescura y grado de manipulación.

En esencia no somos devoradores de calorías, ni tampoco omnívoros, carnívoros o herbívoros.

Somos comedores de luz.

Todos los seres vivos viven de la luz. 

Las plantas se alimentan de la luz del sol.
La fotosíntesis es la conversión de materia inorgánica en materia orgánica gracias a la energía que aporta la luz. En este proceso la energía luminosa se transforma en energía química estable, siendo el adenosín trifosfato (ATP) la primera molécula en la que queda almacenada esa energía química.
Con posterioridad, el ATP se usa para sintetizar moléculas orgánicas de mayor estabilidad.

La vida en nuestro planeta se mantiene fundamentalmente gracias a la fotosíntesis que realizan las algas, en el medio acuático, y las plantas, en el medio terrestre, que tienen la capacidad de sintetizar materia orgánica (imprescindible para la constitución de los seres vivos) partiendo de la luz y la materia inorgánica.
El agua (H2O) y el dióxido de carbono (CO2) son dos sustancias que están presentes en cualquier cantidad en la tierra y en la atmósfera y se combinan en las plantas bajo la influencia de la luz solar formando azúcar.


En los animales que viven de las plantas y en los seres humanos, las moléculas de azúcar se separan nuevamente en dióxido de carbono y agua. El CO2 es exhalado por los pulmones y el H2O se elimina mediante la orina y la piel.
La energía solar que nos impulsa y suministra orden, permanece en el organismo.

Obviamente los alimentos naturales y frescos tienen la mayor capacidad para almacenar la luz.
La carne y el pescado son generalmente buenos para almacenar fotones, incluso tienen una gran capacidad para la transferencia de orden.
El inconveniente es que hoy en día por lo general la carne no esta exenta de antibióticos, hormonas, y otras sustancias que se administran a los animales vivos para evitar enfermedades y mejorar su rendimiento, sobretodo los pollos y otras aves de criadero.

Sin embargo, si se tiene la oportunidad de obtener carne o pescado a partir de animales alimentados y criados naturalmente, este puede ser un valioso alimento.
Lo mismo puede decirse de los huevos. Según estudios realizados con huevos de gallinas de granja y de gallinas de criadero, mostraron diferencias significativas.

Por eso siempre hay que tratar de consumir alimentos producidos en la región y lo más frescos posible.
Cuanto menos ha sido manipulado el alimento es mejor.
Lo mismo para los vegetales, hay que preferir siempre los frescos, de la estación y de la región y no los congelados que provienen incluso de otro país.

Tener siempre la precaución de lavar bien los vegetales y frutas ya que usualmente son tratados con pesticidas.

 ¿Cómo podemos saber el grado de frescura de un alimento?

Con la inspección, observándolo. El contacto de los ojos es fundamental.
Es importante la evaluación sensorial. Actualmente, debido a la falta de uso, muchas personas van perdiendo esta habilidad. Se compra ya todo empaquetado y listo para servir.

Pero también la habilidad sensorial se puede desarrollar. El uso y la repetición generan redes neuronales que mejoran y amplían la percepción.
Hay que entrenar los sentidos, no solo la vista. Se puede recordar, muy bien si algo es bueno o malo. El olor de la fruta puede ayudarte con tu decisión. El sabor es de gran importancia.
Un tomate madurado al sol en el momento y lugar adecuados tiene un sabor fresco y una gran capacidad energética mucho mayor que un tomate de invernadero, que luego de cosechado es congelado y conducido refrigerado quizás a miles de kilómetros de la zona de cultivo.
Hay gente piensa que lleva una alimentación "natural" o que se rotula de"vegetarianos" y consumen fuera de estación frutas y vegetales transgénicos, congelados, que provienen de países lejanos y que seguramente han perdido toda su capacidad energética de brindar orden al sistema.

Un punto importante es cómo nos sentimos después de comer.

Cuando consumimos alimentos naturales de buena calidad, luego tenemos una sensación cálida y confortable y sobretodo muy saludable. Esta es señal de que el orden ha sido transferido.

Los alimentos manipulados artificialmente no están diseñados para saciar ni aportar orden al organismo.
Por esta razón son adictivos y generan desorden a nivel molecular. 
Quizás no enfermen directamente, pero desorganizan y predisponen al organismo a la enfermedad.
Otra cosa, los alimentos chatarra no sacian el apetito. Es igual para las gaseosas como la Coca-cola con respecto a la sed, en este caso, nada como el agua fresca para saciarla.

Este es el problema de la sobrealimentación en los países más desarrollados, aunque este fenómeno se ha extendido globalmente.

Dicho de otra forma, al consumir alimentos frescos se come menos porque tienen un mayor poder saciador.

El manejo de los alimentos también influye en sus propiedades. Los productos refinados, congelados, enlatados, bajos en calorías (light), etc, tienen una pérdida de calidad en comparación con los productos frescos. 
Sin embargo, la pérdida de calidad puede ser muy diferente. Por ejemplo, En el caso de la carne, hay que cocinarla porque nuestro organismo se adaptó a comerla de esta forma a medida que fue evolucionando. Además es conveniente hacerlo por razones sanitarias. Pero la pérdida de su calidad es mínima.
También hay vegetales que hay que cocinarlos para poder digerirlos mejor, como las papas, los porotos o incluso los cereales.

Los productos refinados, como los aceites, alimentos hechos a base de harina blanca u otros cereales y el azúcar, tienden a perder su capacidad de almacenar la luz. 
La capacidad de un alimento de aportar orden, gracias a su aptitud de almacenar la luz, es utilizada para curar el cáncer, que justamente representa un desorden (caos) en el sistema.

Un alimento fresco y natural aporta luz y orden en el cuerpo

Se debe educar el apetito. No es una cuestión de cantidad de comida sino de calidad. Hay que saber cuánto se necesita comer para estar satisfecho de verdad.
Satisfecho en el sentido de que comer brinde también una sensación de confort.  
No es necesario comer demasiado, ya que esto además de entorpecer el funcionamiento del sistema, predispone a enfermedades y si encima se trata de alimentos de baja calidad el efecto se incrementa.

Es importante ir adquiriendo experiencia, para volver a encontrar un apetito sano, natural, y desarrollar una conciencia que permita distinguir y escoger alimentos de buena calidad.
Y sobretodo comer lo que necesitamos de acuerdo a los requerimientos de nuestro cuerpo.

Por último, como cuerpo y espíritu están unidos, el alimento del cuerpo es también un alimento del espíritu. La materia se transforma en energía e información disponibles para que la conciencia las utilice nuevamente para generar y mantener la actividad (física, emocional y mental) y la estructura del cuerpo.
Hay que considerar al alimento fundamentalmente como un alimento del espíritu, por lo tanto la manera en la que lo aceptamos y lo comemos es muy importante.
Es lo que nos acerca  a la luz y nos diferencia de los animales.

En la próxima entrada veremos más ampliamente el concepto de orden en los sistemas vivos.


lunes, 12 de diciembre de 2011

El poder de la intención



La energía y la información existen en toda la naturaleza. Representan el verdadero lenguaje universal.

En el microuniverso cuántico más allá del átomo, en la diminuta escala de Planck, comprobamos que la sustancia de nuestro sólido mundo material es energía e información  apareciendo y desapareciendo en el vacío creador.

Si nos desintegramos hasta llegar a nuestros componentes fundamentales solo hallaremos energía e información rodeadas de un inmenso vacío.



Nada más material que esto.

De hecho, el universo es la manifestación del movimiento de la energía y la información.

Este campo infinito de interacciones e interconexiones no es otra cosa que el campo de la pura conciencia o de la pura potencialidad. Y en este campo cuántico de energía e información influyen de forma determinante la intención y las creencias.

El impacto que tienen en el mundo físico nuestras creencias es mucho mayor de lo que suponemos, aunque ya está largamente demostrado que lo que creemos, nuestro cuerpo entero lo cree, y si el cuerpo lo cree, el universo entero hace la misma lectura y nos devuelve la información certificando nuestra creencia. 
Cada célula por insignificante que parezca participa de esta convicción.
Si creemos que algo nos hace mal, así será. Por el contrario si creemos que algo nos hace bien, así será también.

Nuestras emociones y pensamientos son vibraciones no físicas que rápidamente son traducidas por el cerebro en un lenguaje neuroquímico de potenciales eléctricos y neuropéptidos, que modifican directamente la actividad celular y modelan el cuerpo físico.

Todo lo que existe comparte el mismo origen. 
La diferencia, por ejemplo, entre nosotros y una planta es el contenido de información y de energía de nuestros respectivos cuerpos.
En el plano físico, tanto nosotros como la planta, al igual que un perro, una ameba o una mosca, estamos hechos del mismo reciclado de elementos: principalmente carbono, hidrógeno, oxígeno, nitrógeno y otros elementos en mínimas cantidades.

Podemos conseguir estos elementos sin dificultad en un laboratorio. 
Por lo tanto, la diferencia entre nosotros y un árbol no la encontraremos en estos elementos. De hecho, los seres humanos y las plantas intercambiamos todo el tiempo carbono (CO2) y oxígeno (O2).
La verdadera diferencia se encuentra en la información.

Los seres humanos podemos ser conscientes del contenido de energía e información de ese campo que da origen y mantiene a nuestro cuerpo físico.
Podemos experimentar ese campo subjetivamente bajo la forma de pensamientos, emociones, deseos, recuerdos, instintos, impulsos y creencias.

A su vez este campo de potencialidad, esta experiencia subjetiva, se percibe objetivamente como el cuerpo físico, y por medio del cuerpo y los órganos de los sentidos, percibimos el mundo subjetivamente. 
Sujeto y objeto entrelazados en una eterna danza.

Una parte de nuestra existencia es particular, colapsada en una realidad que definimos como material. Percibimos de nuestra existencia (y por ende de las demás también), solo el aspecto corpóreo. Nuestro realidad material corresponde solo a la pequeña franja de señales que captan los sentidos y que el cerebro les da forma, las particulariza.

Pero la mayor parte de la existencia no manifestada, es más bien como una sutil onda de probabilidades, una nube de interconexiones que representa nuestro aspecto insustancial e inconsciente en unidad con el orden cósmico.



 Somos seres particulares y ondulatorios

Las partículas elementales que forman las moléculas que componen las células y tejidos de nuestro cuerpo, experimentan esta dualidad.
En realidad, la dualidad onda/partícula la experimenta el observador, que mediante su percepción dualista provoca el colapso o reducción de la función de probabilidades en una realidad determinada, al tratar de comprender y describir su experiencia cotidiana.



Pero en esencia no hay dualidad. Existimos como una realidad particular y al mismo tiempo como una onda de probabilidad diseminada en el espacio.
Existimos y no existimos al mismo tiempo.

Podemos darnos cuenta que debido a sus interconexiones y su potencialidad, el aspecto insustancial (ondulatorio) presenta muchas más posibilidades y ventajas que el aspecto particular. Pero es el aspecto particular el que finalmente se manifiesta o materializa acorde a la información y sirve de vehículo de la experiencia espiritual.

Para influir en el sustrato mismo de la materia hay que servirse del aspecto ondulatorio (vibracional) del ser, que está en resonancia con las frecuencias más sutiles: pensamientos, emociones, propósitos y creencias y tiene acceso directo al campo de potencial infinito de energía e información.

Nuestro cuerpo es interdependiente con el cuerpo del universo, porque más allá de nuestros átomos y partículas elementales, las fronteras no están bien definidas.
Nuestro cuerpo no esta limitado por la piel.
Este es tan solo un nivel que delimita un medio interno y otro externo, esto le permite al cuerpo funcionar y desarrollarse como organismo. Al igual que una célula está delimitada por su membrana plasmática, que es permeable y dinámica y mantiene un intercambio vital con su entorno. Una célula no esta aislada de las demás células y comunica activamente con el campo.

Somos más bien una onda, una fluctuación, una perturbación localizada en un campo cuántico mucho más grande, una ola surgida en el mar de la potencialidad infinita. Ese campo cuántico más grande - el universo – , es también nuestro cuerpo ampliado.

Como la conciencia humana es infinitamente flexible, tenemos la habilidad de poder cambiar conscientemente el contenido de información que da origen a nuestro cuerpo físico.
Podemos cambiar conscientemente el contenido de energía y de información de nuestro propio cuerpo a nivel cuántico y, por lo tanto, influir en el contenido de energía y de información de nuestro cuerpo ampliado: el campo, y en consecuencia hacer que se manifieste lo que deseamos. Dicho de otra forma: materializar un deseo.

Para esto la conciencia posee dos cualidades: la atención y la intención.

La atención funciona como un filtro, que al descartar los estímulos irrelevantes permite un estado de coherencia en la información y además ayuda a concentrar la energía,  a focalizarla. La intención o propósito,  tiene el poder de transformar. Si te propones algo tarde o temprano lo logras.

Atención y concentración son 2 caras de la misma moneda.
Si prestamos atención a algo le transferimos energía, ya que el pensamiento es una onda de energía e información y entonces el objeto de atención se manifestará con más fuerza en nuestra vida. Si dejamos de prestar atención, se marchitará, se desintegrará y desaparecerá.
La plasticidad neuronal, que es una característica dinámica del cerebro, es la capacidad de formar nuevas redes neuronales y por lo tanto cambiar su formato y su funcionamiento, optimizándolo. Esto se establece mediante la repetición y la concentración mental.

Por otro lado, la intención estimula la transformación de la energía y de la información. 
La intención focaliza, potencia y organiza.
El acto de dirigir la intención sobre el objeto de la atención desencadenará una serie de sucesos en el espaciotemporales que tarde o temprano materializaran lo deseado. Esto se debe a que en el nivel fundamental todo esta interconectado y además la intención tiene un infinito poder organizador.
El poder organizador significa la capacidad para organizar la información simultáneamente, o sea, una infinidad de sucesos espaciotemporales todos al mismo tiempo. Podemos llamarlo “sincronicidad”.

La sincronicidad es una coincidencia en el tiempo de dos o más sucesos relacionados entre sí de una manera no causal, cuyo significado es el mismo.

Si sembramos una intención en el suelo fértil de la potencialidad pura, del inconciente no manifestado, ponemos a trabajar para nosotros ese infinito poder organizador. 
Es el nivel subconsciente de la conciencia alaya, donde se almacena la información.

Este poder organizador es normal en la naturaleza, se expresa en cada hoja del árbol, en cada flor, en cada célula de nuestro cuerpo. Lo podemos ver en todo lo que vive.
En la naturaleza todo está conectado y relacionado entre sí.
El campo crea orden y modela a la materia.

Lo asombroso de nuestro cerebro es que puede gobernar ese infinito poder organizador a través de la intención.

En el ser humano, la intención y la capacidad de transformación son ilimitadas, no están contenidas en una red rígida de energía e información. Poseen una flexibilidad infinita. Obviamente siguiendo las leyes del universo y de acuerdo a la propia naturaleza de cada ser.

La intención favorece el flujo natural y espontáneo de la pura potencialidad, que busca manifestarse, es decir, pasar del estado no manifestado (potencial) a la manifestación.

Esto sucede porque el movimiento de información en los niveles cuánticos afecta la gravedad y esto provoca la reducción o el colapso de la onda de posibilidades en una realidad particular.

Por supuesto que estas cualidades de la conciencia, son de naturaleza benéfica y positiva. No pueden servir para dañar o ignorar a otro ser, ya que además en virtud de la retroalimentación con el campo, este deseo retorna (generalmente amplificado).
Siempre hay que obrar en beneficio de los demás seres vivos; de todas formas esto es algo que sucede naturalmente cuando se está en la condición normal del cuerpo-mente.

La intención es el verdadero poder detrás del deseo. La sola intención es muy poderosa, porque es deseo sin apego al resultado. El solo deseo es débil, porque en la mayoría de los casos es atención con apego y sin un verdadero propósito. Es apenas un débil estimulo incapaz de mover una partícula de polvo.

Sin embargo la conciencia es capaz de crear mundos.

Esto significa que podemos desear y obrar libremente, sin depender ni identificarnos con un resultado, con confianza en nuestra naturaleza y posibilidades, que son universales.

La intención se proyecta hacia el futuro, pero la atención está ubicada en el presente.

Mientras la atención esté en el presente, la intención dirigida hacia el futuro se cumplirá porque el futuro se crea en el presente. El presente es la semilla del futuro. El futuro ya existe en el presente.
Y este presente es la actualización de causas pasadas. Por eso con nuestros pensamientos y acciones, podemos influir en todas las direcciones del tiempo y del espacio. El pasado, presente y futuro coexisten en este mismo instante.

Hay que saber aceptar, asumir el presente tal como es. De esta forma, con el deseo y la intención, podemos sembrar nuevas semillas, de cara al futuro. Instalar nuevos programas, útiles y actualizados, que nos permitan realizar lo que queremos y vivir en plenitud. Sin arrepentimientos ni culpas, eliminando los programas parásitos y los softwares malintencionados.

El pasado, el presente y el futuro son propiedades de la conciencia.

El pasado es memoria; el futuro es posibilidad; el presente es atención.
El tiempo es el movimiento de la conciencia.
Tanto el pasado como el futuro nacen en la imaginación; solamente el presente, que es conciencia, es real y es eterno. Existimos en este presente, que incluye al pasado y al futuro.

Ahora y aquí encontramos el campo de infinitas posibilidades.
Cuando la conciencia se libera de la carga del pasado y de la preocupación por el futuro, la acción en el presente se vuelve creativa y total.

La intención actúa como catalizadora de la mezcla correcta de materia, energía y sucesos espacio-temporales para crear cualquier cosa que deseemos. Es información que enviamos al campo y que modifica la geometría del espacio-tiempo.

Si tenemos conciencia del momento presente, los obstáculos imaginarios – que representan la gran mayoría de los obstáculos percibidos - se desintegran y desaparecen. El resto de nuestras dificultades reales se transforman en oportunidades, gracias a otra de las cualidades de la conciencia: el foco.

La intención focalizada es la atención que no se aparta de su propósito. Lo que significa estar enfocados, o sea, manteniendo nuestra atención en el presente, con un propósito inflexible y eliminando cualquier obstáculo que se interponga y nos desvíe de nuestro propósito.
La atención y el propósito aportan serenidad y motivación. Y esta combinación se vuelve poderosa y muy eficaz.

La práctica regular de zazen desarrolla la atención sutil y la concentración, esto no solo es beneficioso en términos de salud sino que permite expandir la conciencia y acceder a un nivel superior de energía e información. Inconscientemente, naturalmente.