sábado, 26 de noviembre de 2011

Medicina cuántica


La medicina cuántica parte de una visión diferente del ser humano y de la enfermedad.

Basándose en las descripciones de la materia y la energía que hace la física cuántica y la comprensión y experiencia profunda de la naturaleza del universo transmitida por auténticas enseñanzas espirituales, esta forma inteligente y evolucionada de tratar los trastornos y desequilibrios, utiliza la vibración como vehículo de información y energía para actuar en los niveles fundamentales del organismo, en la estructura molecular de la célula. En el nivel cuántico.

Se lo denomina cuántico porque en el microscópico mundo del átomo y las partículas que lo componen, la energía se transfiere en paquetes o "cuantos". En ese microuniverso la realidad no es sólida ni inmutable, por el contrario, en este nivel no hay nada más sólido que la energía y la información. La conciencia es capaz de cambiar los sustratos más profundos del mundo físico generando verdaderos efectos cuánticos.
La clave está en el poder de las creencias y en la intención. 
La percepción que se tiene del entorno, los hábitos de vida, los pensamientos y emociones modelan permanentemente el medio interno, incluso la expresión de los genes.

Existe un diálogo permanente e íntimo entre el campo y la partícula. 




Esto hace una diferencia con la forma convencional de la medicina clásica, que trata únicamente el síntoma, es decir el lado visible y aparente, que en realidad es la manifestación de desequilibrios más profundos y sutiles que solo necesitan ser reequilibrados. 
No es necesario entablar una lucha a muerte con la enfermedad, porque el que termina muriendo siempre es el paciente. Por otra parte, lo que consideramos enfermedad, la mayoría de las veces son mecanismos que tiene el cuerpo para depurarse, limpiarse y adaptarse. Es su forma de aprender y de fortalecerse. 
Las células tienen memoria y aprenden de sus experiencias.

Si de entrada mutilamos los síntomas, eliminamos también la posibilidad de curación (y de aprendizaje).

Aquí interviene la verdadera medicina, ayudando a las células a recuperar su normal fisiología y a realizar sus funciones curativas, regenerativas, defensivas y de adaptación, que es lo que saben hacer.
Por eso partimos del hecho que cada célula es inteligente y respira. Es conciencia viva, y la conciencia es energía e información que se manifiesta vibrando y comunica mediante fotones de luz.

La conciencia se mueve de a saltos cuánticos.
La medicina cuántica se sirve de variadas técnicas y métodos para corregir la raíz de la enfermedad, considerando al cuerpo, a las emociones y a la mente como una unidad.
Por medio de una nutrición adecuada, ejercicios energéticos y de visualizaciónmasajesacupuntura, y meditación, se logra un efecto en los niveles fundamentales del organismo y en la organización de la materia.

Hablamos de enfermedad, pero en realidad: "no hay enfermedades, hay enfermos". Cada persona manifiesta un modelo de desequilibrio propio y único, y por lo tanto su curación (equilibrio) es única.

Trabajando sobre el cuerpo físico y los cuerpos sutiles se favorece el flujo de energía vital y sangre en todo el organismo, lo que ayuda a fortalecer los órganos internos y el sistema de defensa y a purificar el cuerpo. Se calma la mente y se armonizan las emociones.

Actualmente existen empresas que comercializan aparatos y técnicas sofisticadas de radiación electromagnética para generar un efecto que denominan "cuántico".
Pero la verdadera medicina, se llame como se llame, debe incluir al espíritu. El poder de la intención y la confianza en si mismo es fundamental. Los pensamientos impactan en el cuerpo físico.
Mente y cuerpo son uno.

Aunque la denominemos medicina cuántica, es en realidad una medicina del espíritu, una sanación espiritual que impacta indefectiblemente en el mundo material.

domingo, 20 de noviembre de 2011

Los fantasmas de la realidad




Ninguna estructura cerebral permite distinguir la alucinación de la percepción, el sueño de la vigilia, lo imaginario de lo real, lo subjetivo de lo objetivo.

El cerebro no diferencia entre lo que percibe y lo que piensa

Para el cerebro no hay un “interior” y un “exterior”, en función de la información que gestiona proyecta una realidad.
Por ejemplo, vemos un pájaro posado en una rama y escuchamos su canto al mismo tiempo. Para nosotros es evidente que el ave y su armonioso trino están ahí afuera, sin embargo, la imagen y el sonido es decodificado, interpretado y proyectado dentro del cerebro, afuera solo hay bits de información y patrones de interferencia.

Otro aspecto interesante. La luz y el sonido viajan a diferentes velocidades, pero tenemos la impresión de percibirlas en simultáneo, y esto lo hace el cerebro para dar coherencia (y eficacia) a la información recibida.
El ave en realidad está en nuestro cerebro, el cual además tiene la habilidad (adquirida a lo largo de millones de años de evolución) de hacernos creer que “eso” que percibimos existe ahí “afuera”.


La importancia del fantasma y del imaginario en el ser humano es enorme y siempre vigente.

Dado que las vías de entrada y de salida del sistema neuro-cerebral que conectan el organismo con el mundo exterior representan sólo un pequeño porcentaje de todo el conjunto, mientras que el resto (más del 90%) del sistema está implicado en el funcionamiento interior, se crea fácilmente un mundo psíquico relativamente independiente en el que se crean necesidades, sueños, deseos, ideas, imágenes, fantasmas, y este mundo ilusorio se infiltra en nuestra interpretación del mundo exterior.

También existe en cada mente una posibilidad de autoengaño, que es fuente frecuente de error y de ilusión.
El egocentrismo, la necesidad de justificarse siempre a si mismo, la tendencia a proyectar sobre los otros la causa de la propia infelicidad o de los males, y también el sentimiento de culpa y frustración, hacen que cada uno se mienta a sí mismo sin detectar esa mentira de la cual, no obstante, es el creador.

Incluso la memoria está sujeta a numerosas fuentes de error.
Una memoria no regenerada con el recuerdo tiende a degradarse; pero cada recuerdo a su vez la puede adornar o modificar.

Nuestra mente, de manera inconsciente, tiende a seleccionar los recuerdos agradables y a rechazar, e incluso borrar, los negativos o desagradables.

También la mente tiende a deformar los recuerdos mediante proyecciones o confusiones inconscientes.
Existen a veces, falsos recuerdos con la persuasión de haberlos vivido y también recuerdos que rechazamos porque estamos persuadidos de no haberlos vivido jamás.
Así, la memoria, que es fundamental en el proceso de aprendizaje y herramienta esencial del conocimiento, puede estar sujeta a errores e ilusiones.

Otro punto importante: lo que consideramos como el recuerdo de nuestras propias experiencias, se ve también afectado por la memoria colectiva. Y es que en los niveles fundamentales la información sigue caminos cuánticos de entrelazamiento, simultaneidad y atemporalidad (recuerdos del futuro), es decir, se gestiona información más allá del espacio-tiempo.

Hay una retroalimentación permanente de información con el campo de resonancia mórfica que rodea e interactúa con cada cuerpo, cada órgano y tejido, cada célula, cada molécula e incluso con cada partícula subatómica como un electrón. Decimos “rodea”, pero de hecho no hay separación entre el campo y la partícula.

La mente tiene la tendencia a proteger los datos que posee, ya sean ideas, teorías, concepciones, fabricaciones mentales, etc. Sin verificar generalmente la veracidad de estos, o su carácter ilusorio.
Resistir a la información que no conviene o que no se puede integrar, generalmente forma parte de la tendencia organizadora de cualquier sistema de ideas. Las teorías resisten a la agresión de las teorías opuestas o de los argumentos adversos.

La resistencia al cambio es fuerte.

La pequeña mente, es decir, la mente individual, siempre busca su supervivencia, aunque esto le traiga al portador de la misma, contradicciones, problemas de adaptación, mala calidad de vida, trastornos psíquicos y emocionales e incluso la enfermedad y la muerte.

La higiene mental es fundamental.

Y  para esto es necesario penetrar en la naturaleza misma de la mente.

Debemos aprender a pensar y a controlar la actividad mental incoherente. Por el contrario, una actividad cerebral coherente surge del ritmo y la frecuencia del pensamiento y al igual que la música, debe incluir armoniosamente los silencios (no pensamiento) y el ritmo, esto es lo que determinará también su profundidad y eficacia.

Comprender la naturaleza de la mente es comprender la naturaleza de nuestro ser, ya que mente y cuerpo son inseparables.

Abordar este estudio de si mismo es fuente de información y energía, que se manifiestan bajo la forma de salud y felicidad.

La práctica de la meditación es la clave.


Hay muchos tipos de meditación, pero zazen es la forma directa y natural que permite penetrar y conocer íntimamente la verdadera naturaleza de la realidad, provocando una expansión de la conciencia, generando en consecuencia una influencia benéfica en todo el mundo, más allá del tiempo y del espacio.



viernes, 11 de noviembre de 2011

La educación del futuro





Todo conocimiento conlleva el riesgo del error y de la ilusión. La educación del futuro debe afrontar el problema desde estos dos aspectos: error e ilusión.

Es una tarea dedicada y profunda, ya que no es para nada fácil reconocer el error y la ilusión, particularmente si el cerebro ha sido condicionado para funcionar en el marco del error y la ilusión.

Podemos definir al error como un concepto equivocado o un juicio falso, mientras que la ilusión es una idea, imagen o representación no real, causada por la imaginación o por un engaño de los sentidos.

Error e ilusión parasitan la mente humana desde sus orígenes. Basta con observar la historia de la humanidad en todos sus dominios: religioso, científico, socio-cultural, etc.
Como lo refiere el filósofo y sociólogo francés E. Morin: “Cuando consideramos el pasado, incluyendo el reciente, sentimos que ha sufrido la influencia de innumerables errores e ilusiones. Marx y Engels enunciaron justamente en La Ideoloqía Alemana que los hombres siempre han elaborado falsas concepciones de ellos mismos, de lo que hacen, de lo que deben hacer, del mundo donde viven. Pero ni Marx ni Engels escaparon a estos errores”.

Un conocimiento no muestra una realidad objetiva, que como ya vimos, no existe como tal (ver entradas anteriores). Es decir que este conocimiento no es el espejo del mundo exterior o de las cosas tal cual son. Todas las percepciones son a la vez traducciones y reconstrucciones cerebrales, a partir de señales y estímulos captados y codificados por los sentidos.
A continuación esta información es interpretada y a partir de este conocimiento se elabora una respuesta.

De manera que cualquiera de estos pasos en el mecanismo del conocimiento pueden inducir al error o a la ilusión: 1) en la percepción (recepción de señales: auditivas, visuales, propioceptivas, etc.), en la traducción e interpretación de la información, y por supuesto si esto no es corregido, se generará una respuesta equivocada o inadaptada, bajo la forma de pensamiento, palabra o acción.

A pesar de nuestros controles racionales, la proyección de nuestros deseos o de nuestros miedos, las perturbaciones mentales que aportan nuestras emociones o el exceso de trabajo mental, multiplican los riesgos de error.

Es posible que eliminando la afectividad se reduzca el margen de error. 
El exceso de emociones o la falta de control sobre ellas pueden nublar el entendimiento: el odio, el amor, el miedo, la tristeza, demasiado rechazo, demasiada atracción…
Pero es sabido que el desarrollo de la inteligencia esta estrechamente ligado al afecto, de hecho las principales estructuras neuronales relacionadas con el aprendizaje y la memoria se encuentran en el cerebro medio o emocional (sistema límbico). La pasión, la curiosidad, la necesidad pueden ser motores que impulsen el conocimiento.
Existe el dicho: “La necesidad es la madre del ingenio”

La afectividad puede estimular el conocimiento y también puede asfixiarlo.

Existe una relación estrecha entre la inteligencia y la afectividad: la capacidad de aprendizaje puede ser afectada por una carencia emocional o por la indiferencia afectiva, pero puede aumentarse con cariño y respeto.

¿Cómo hacer para reconocer el error o la ilusión?

No es algo tan simple teniendo en cuenta que la mayoría de las personas son educadas (y entrenadas) para aceptar conceptos erróneos y creer que sus percepciones ilusorias son reales.

Es necesario que la educación aporte la capacidad para filtrar señales y “ruido” nocivo, particularmente en una sociedad cada vez más saturada de estímulos.
Se debe enseñar a mirar, a escuchar, a moverse en un determinado medio, a desarrollar una actitud crítica y libre, a conocer los recursos internos y externos de los que se disponen para resolver una determinada situación.

Con este propósito hay que introducir y desarrollar en la educación el estudio de las características cerebrales, mentales y culturales del conocimiento humano, de sus procesos y modalidades.

Fomentar la capacidad de concentración y de foco y el desarrollo de la atención sutil. Esto permite que la actividad cerebral se vuelva coherente, y será esto lo que favorecerá la apertura de la mente y la expansión de la conciencia.

En otras palabras: se debe enseñar a aprender, y no llenar el cerebro de información inútil e incoherente y mayormente tendenciosa.

Es el conocimiento previo al conocimiento. Es la información que permite descartar la basura y los virus informáticos (miedo, confusión, dependencia, letargo mental, etc) y acceder a la verdadera información.

La humanidad va en esta dirección. 

Aunque todavía preparamos a los niños y jóvenes con conceptos y dogmas antiguos y obsoletos para vivir en un mundo futuro.
El resultado: mala adaptación, pérdida de interés por el conocimiento, poco desarrollo de la inteligencia, falta de capacidad para reconocer el error y la ilusión, inestabilidad emocional, etc. En consecuencia se crean personalidades dependientes y/o conflictivas.

La educación debe entonces dedicarse a la identificación de los orígenes de errores, de ilusiones y de cegueras y orientar hacia el verdadero conocimiento de si mismo.

No es necesario atiborrar de información, también hay que enseñar a parar la “máquina”. El ser humano superior incluye la meditación, la introspección y la contemplación como parte de los hábitos de su vida.

El mejor filtro para los errores de percepción y de interpretación es el silencio interior y la negación de las fabricaciones mentales. 
La práctica de zazen es un tesoro transmitido desde los orígenes de la humanidad. La conciencia que se observa a si misma y trasciende los límites de su individualidad. Esta provoca un aumento de luz coherente que disipa la oscuridad de la duda y la ignorancia.

De esta manera se puede crear un “presente” siempre nuevo y fresco y cortar la secuencia de información que proyecta una y otra vez la misma realidad ilusoria.

La verdadera educación debe enseñar a cada individuo a crear en su vida condiciones de salud y felicidad, tomando en cuenta todos sus niveles existenciales, sutiles y físicos. Esto inevitablemente afecta también a su entorno, que se vuelve sano, feliz y más inteligente.

En el futuro la educación es así.






miércoles, 2 de noviembre de 2011

El universo es un gran holograma (2)


Así que la realidad objetiva es una ilusión. Este mundo físico de objetos y personas, de formas y sensaciones, tal como lo percibimos: es una ilusión, porque el observador, el proceso de observar y lo observado son en esencia la misma cosa.

Veamos el modo en el que la totalidad fundamental y esencial de la realidad se convierte en la realidad diferenciada de nuestra experiencia individual.

La realidad física es la realidad de los objetos, la realidad de las cosas y de los acontecimientos. Nosotros escuchamos cosas, vemos cosas, sentimos cosas, degustamos cosas, olemos cosas. A lo largo de la vida vamos asumiendo que todas las cosas existen por si mismas, como algo definido, independientemente de nuestra experiencia acerca de ellas.
Sin embargo, como vemos, esto es una ilusión. No hay nada que exista fuera de nuestra mente. Es el cerebro que decodifica la información, la analiza, la integra, la proyecta y crea un holograma en consecuencia.

Otro punto importante, cualquier cosa que pueda ser experimentada existe sólo en relación a alguna otra cosa.

Podemos experimentar y pensar que el placer existe de manera independiente; sin embargo, el placer sólo puede existir en relación con el dolor. De manera análoga, cuando experimentamos calor, creemos que el calor es un calor independiente, sin darnos cuenta de que lo caliente sólo puede estar caliente en relación a lo frío. “Lo mismo es cierto para todo lo que experimentamos, en tanto en cuanto cualquier cosa que experimentemos como algo que existe, sólo puede existir con respecto a algún otro aspecto de la existencia que no sea ese algo”. Esta forma de existencia puede denominarse existencia relativa, polarizada: la existencia que solo puede existir en relación a algún otro aspecto de la existencia.
Mientras que la existencia absoluta carece de estructura, ya que es vacío, es lo no manifestado, el punto cero donde todas las líneas o vectores convergen y se cancelan entre sí (por eso no se manifiesta).

La existencia relativa tiene estructura, límites. Para que este “absoluto” se manifieste, debe sufrir una transformación, un desequilibrio, un vector que sobresale del resto. Este desequilibrio es lo que captan nuestros sentidos y lo interpretamos como sólido y real, pero no es más que flujo de energía e información momentánea. La existencia individual representa un desequilibrio.

La realidad subyacente siempre será una realidad de unidad e interconexión. Pese a que experimentemos la realidad como fragmentos aparentemente separados, la forma de la realidad fundamental, de la cual surge la percepción, es la de la unidad, a partir de la cual nada puede separarse de ninguna otra cosa. Cada parte de la estructura, cada fragmento de realidad, contiene algo de la existencia de los demás fragmentos de realidad. Por lo tanto, cada parte de la estructura es un reflejo del todo.

Nuestra existencia tiene un aspecto localizado y otro no localizado.

Dado que todo aspecto o zona localizada de la existencia tiene la cualidad de existir en alguna parte, una zona no localizada de la existencia que estuviese en todas partes no existiría en alguna parte determinada, sino que tendría la cualidad de existir en todas partes y en ninguna al mismo tiempo.

Esta existencia sin límites, que existe en todas partes es la conciencia.

La conciencia está en todas partes y por lo tanto, en ninguna.

La existencia absoluta, existe en todas partes y en ninguna a la vez, ya que existe pero carece de los límites que definen a una cosa. Es nada pero existe, y no está en ninguna parte porque está en todas. Esa existencia absoluta es la conciencia.

Par poder trascender la dualidad y las contradicciones de la existencia relativa, hay que realizar con la totalidad de nuestro ser, que somos parte inseparable de cualquier cosa que exista. Por lo tanto, podemos acceder directamente a cualquier cosa que exista debido al hecho de que nosotros también somos implícitamente ella.

En el nivel “implícito” más profundo de la realidad, estamos infinitamente conectados con todo lo demás que existe. Estamos conectados con cualquier otra persona, organismo y átomo del universo; por consiguiente, somos todas esas cosas.

De manera similar, nuestros pensamientos están infinitamente conectados con todos los pensamientos. Como en un holograma o en un fractal, la imagen del conjunto está contenida en cada parte, todo el universo está contenido en cada una de nuestras células, de nuestros átomos. Somos el universo.

La totalidad de la información está distribuida de manera no localizada y, por esta razón, tenemos acceso directo a todo lo que hay en el universo. Tu mente es la Mente Universal.

En esencia somos conciencia libre e ilimitada.

Toda realidad relativa es creada por la conciencia y existe en relación a sí misma. “Nosotros somos esa conciencia. Nosotros somos esa conciencia que existe en relación a sí misma e interactúa consigo misma.” No hay nada más. Ninguna de las cosas que percibimos como separadas tiene una existencia independiente, porque todas ellas son, en realidad, extensiones de esta conciencia subyacente.

La realidad física es producto de la conciencia. La conciencia no es un producto de la realidad física. La realidad física no interactúa consigo misma ni es independiente del observador.

Hemos visto que no podemos experimentar directamente la verdadera textura de la realidad a partir de la percepción de los sentidos, porque todo lo que miramos se materializa según nuestra experiencia y nuestro estado de conciencia.

Por la misma razón, nunca podemos experimentar la conciencia como conciencia. Cuando la conciencia infinita y carente de límites intenta contemplarse a sí misma, debe crear una estructura relativa, una forma o un marco de referencia, como un espejo, donde poder reflejarse, observarse y aprender (de si misma).

En la práctica de zazen se le llama pensamiento absoluto: cuando se trascienden los límites de la mente individual y conciente, se manifiesta la conciencia que observa y se vuelve una con la no conciencia. Conciencia cósmica, el pensamiento de Buda, de Dios. Verdadera pureza.
La conciencia sólo puede experimentarse a sí misma mediante sus creaciones.


Por eso encarnamos en un cuerpo físico, somos una experiencia espiritual. De ahí la importancia de que nuestro cuerpo adopte posturas y hábitos que permitan al espíritu manifestarse, y comprender con la reflexión y la contemplación que en esencia somos una sola conciencia y que el estado de separación es una ilusión.

Una vez comprendido esto, podemos volver a la forma individual y realizar la vida que cada uno debe vivir, en plenitud y libertad, sin miedo ni egoísmo, sabiendo que nuestro verdadero ser es universal e ilimitado, más allá de las apariencias y de las restricciones.

Dicho de otra manera, somos Dios. Nuestro cuerpo es el cuerpo del universo. Somos la conciencia del universo.

La comprensión de esta verdad abre paso a la experiencia del amor incondicional hacia todas las existencias, hacia todas las frecuencias, porque todas ellas existen dentro de cada uno.
En el silencio del no pensamiento y la inmovilidad de la postura podemos realizar y permitir que se manifieste nuestra verdadera naturaleza, trascendiendo el cuerpo y la mente, de manera natural e inconsciente.

Al igual que el universo físico, el cuerpo físico, es una proyección fractal y holográfica de la misma luz universal. Es una ilusión creada por los sentidos (¡una ilusión densa, duradera y a veces dolorosa!). Por eso si trascendemos la realidad física y vamos más allá de la percepción ordinaria, la realidad se muestra tal cual es. Sin velos ni errores de percepción. Las cosas como son.

La luz que da forma al universo, también nos incluye a nosotros y a todos los seres vivos.


SOMOS SERES LUMINOSOS

Por lo tanto es correcto describirnos como seres de luz y aceptarnos como tales. Nuestra existencia y la luz están unidas. En el Zen se dice que la iluminación es la condición normal, pura y original del ser humano. De hecho la iluminación precede a la práctica. Zazen es una manifestación de esta luz eterna.


Komyo “Luz Sublime”                                           
Extraído del Shobogenzo de Maestro Dogen

“El Gran Maestro Shoken dijo a sus discípulos: “El mundo entero se refleja en el ojo de un monje, está contenido en toda conversación, atraviesa tu cuerpo, es tu sublime luz, está dentro de ella y es inseparable de ti”.

La Luz Sublime debe estudiarse a través de la Iluminación.

Práctica e Iluminación son una forma de la Luz Sublime. Hierbas, árboles, muros, piel, músculos, huesos y médula, son colores de la Luz Sublime.
Humo, niebla, agua, piedras, cielo, pájaros volando, el Camino de la iluminación, son las cambiantes formas de la Luz Sublime. Para entenderlas es preciso encontrar y experimentar el Buda real.

El Camino de la Iluminación y la Práctica del Budismo sólo pueden ser alcanzadas por la realización que nuestra piel, músculos, huesos y médula tienen del mundo entero.

Un día Ummon preguntó a los monjes “La Luz Sublime brilla en todos, pero si tratamos de verla, no la encontramos. ¿Dónde está pues? Como nadie contestaba, él dijo “en el monasterio, en el dojo, en la oficina de la administración; y en las grandes puertas”.
A veces no contestar es la respuesta correcta.


Iluminación es encontrarse con uno mismo”.








sábado, 29 de octubre de 2011

El universo es un gran holograma (1)

La realidad objetiva no existe, a pesar de su aparente solidez, el universo es un holograma gigante espléndidamente detallado.
Para comprender esta afirmación, veamos primero algo sobre hologramas.
Un holograma es una fotografía tridimensional hecha con la ayuda de un láser.
El holograma se produce cuando un único haz de luz coherente (láser), es dividido en dos haces separados. El primero rebota sobre el objeto cuya imagen va a ser grabada. El segundo es reflejado por un espejo que lo lleva a colisionar contra la luz reflejada por el primero de los haces. Cuando sucede esto, ambas partes del haz crean un patrón de interferencia que queda grabado en una película sensible llamada placa holográfica.
El patrón que queda grabado en la placa holográfica no se parece absolutamente nada al objeto que se usó para realizar la grabación. Básicamente parece un conjunto caótico de remolinos y anillos concéntricos, lleno de puntos claros y oscuros. Sin embargo, al usar otro haz láser para iluminar la película, aparece ahora una imagen tridimensional del objeto original. Se puede caminar alrededor de la imagen y contemplarla desde ángulos diferentes, pero cuando se la intenta agarrar, se ve que en realidad allí no hay nada.
La propiedad más insólita de los hologramas es que la imagen entera está contenida en cada parte de la película. Si se toma la placa original sobre la que se grabó el patrón de interferencia y se la corta por la mitad, se verá que puede proyectarse la imagen entera iluminando sólo la mitad del conjunto. De hecho, se puede cortar la placa holográfica en tantos fragmentos como se quiera, que siempre se encontrará que cualquiera de los pedazos, al ser iluminado, produce versiones más pequeñas de la imagen entera.

Este fenómeno de interferencia es lo que hace posible la holografía. La interferencia no es más que un patrón que se genera cuando las ondas, en su movimiento, chocan entre sí. Es como cuando arrojamos dos piedras en un estanque, cada piedra producirá un conjunto de ondas en la superficie del agua formando círculos concéntricos que se irradian hacia el exterior a partir del punto de impacto. Las ondas procedentes de cada una de las piedras se expanden hasta que de cruzan y chocan en algún punto, el resultante es conocido como patrón de interferencia.
En un holograma, la información del conjunto está contenida en cada una de sus partes. Es lo mismo decir que la información se distribuye de manera no localizada.
Como veíamos con los fractales, que son la explicación matemática de cómo el universo se estructura en cualquiera de sus niveles, las partes reflejan la totalidad, dicho de otro modo: cada parte contiene la información del todo.

En un nivel profundo de la realidad, todo lo que existe en el universo está infinitamente interconectado. La existencia individual es una ilusión creada por los sentidos.

Por eso hay que tener en cuenta lo que estamos observando realmente cuando percibimos un objeto físico.
Consideremos esto mismo que estamos leyendo y las palabras que hay en la página. Lo que se ve desde el exterior no es lo que parece ni está donde aparenta estar. Lo que se percibe en realidad es un borrón holográfico de patrones de frecuencias, bits de información que están siendo traducidos a un patrón de estimulación neuronal que, a su vez, al ser proyectado se percibe como el objeto externo. O sea, ondas electromagnéticas que provocan una reacción electro-química en el cerebro, que las traduce e interpreta según su programación, como lo que es: un “super ordenador biológico”.
El proceso de determinar que el objeto existe exteriormente sólo se produce en la interpretación que hace la mente por la estimulación de los sentidos.
En definitiva, todo lo que se ve, se oye, se degusta, se toca y se huele son patrones de estimulación neuronal que corresponden de manera parcial y limitada con lo que está "ahí", pero que sigue sin ser realmente “eso”. Las frecuencias electromagnéticas que causan la estimulación neuronal carecen completamente de color, gusto o textura.
Las cualidades que experimentamos a través de la percepción sensorial son creadas por la mente.
Podemos considerar al universo como un holograma hecho a partir de rayos de luz, o como una proyección luminosa, que es lo mismo.
Pero no es una entidad material. Es la refracción de una entidad material.
El universo es una imagen en tres dimensiones del universo.
A pesar de su aparente solidez, el universo es en realidad una proyección, un enorme holograma magníficamente detallado y consciente!
Hace miles de años que se conoce esto, en el budismo se explica como los 5 agregados de la experiencia consciente o 5 skandhas. Muchos maestros espirituales lo han comprendido y transmitido a los demás. No es un nuevo descubrimiento de la ciencia, aunque esta, comprueba cada vez más a través de experimentos, que todo en este universo esta interconectado.
Nuestra realidad material no es más que una versión filtrada, una interpretación, de un “orden implícito” que lo conecta todo.
Esta versión filtrada crea separación porque sólo percibe secuencias de bits de información y fragmentos del conjunto.
El cerebro es modelado y manipulado desde la más tierna infancia, para captar e interpretar una realidad determinada, un mundo físico “real” dependiente de nuestros sentidos y separado del resto: “ver para creer”, “Pienso luego existo”. Este tipo de frases, son las que reflejan la mentalidad separatista y la estrechez de conciencia. Luego las personas con este estado de conciencia son fácilmente controlables e influenciables.
Si podemos trascender el filtro de los sentidos y olvidamos la educación recibida hasta el presente, podremos percibir las cosas tal como son y conocernos en profundidad.
Es por eso que los maestros zen insisten en la práctica de zazen como la forma directa para conocerse a si mismo y expresar su auténtica naturaleza, trascendiendo los límites de la percepción ilusoria.
Energía e información, esto es lo más sólido y real que podemos encontrar en nuestro ser.
Pero somos esa energía y ese patrón de interferencia. Somos estas letras que leemos, el teclado de la computadora, los árboles que se ven por la ventana, nuestro sistema solar, todo el universo; todo es una extensión de todo lo demás sin separación.
Es una sola cosa. La misma conciencia. La verdadera esencia del universo.


lunes, 24 de octubre de 2011

La conciencia y la luz


En física moderna, el fotón es la partícula elemental responsable de las manifestaciones cuánticas del fenómeno electromagnético.

Es la partícula portadora de todas las formas de radiación electromagnética, incluyendo a los rayos gamma, los rayos X, la luz ultravioleta, la luz visible (espectro electromagnético), la luz infrarroja, las microondas, y las ondas de radio.

El fotón no tiene masa y viaja en el vacío con una velocidad constante (300.000 km/seg).

Como todos los cuantos, el fotón presenta tanto propiedades corpusculares como ondulatorias (dualidad onda-partícula). Se comporta como una onda en fenómenos como la refracción que tiene lugar en una lente, o en la interferencia destructiva de ondas reflejadas; sin embargo, se comporta como una partícula cuando interacciona con la materia para transferir una cantidad fija de energía.


Los fotones de Einstein

En 1905, Albert Einstein logró una notable explicación del efecto fotoeléctrico, un experimento hasta entonces preocupante que la teoría ondulatoria era incapaz de explicar. Lo hizo postulando la existencia de cuantos de luz con propiedades corpusculares: los fotones.

En el efecto fotoeléctrico se observaba que si un haz de luz incidía en una placa de metal producía electricidad en el circuito. Presumiblemente, la luz liberaba los electrones del metal, provocando su flujo. Sin embargo, mientras que una luz azul débil era suficiente para provocar este efecto, la más fuerte e intensa luz roja no lo provocaba. De acuerdo con la teoría ondulatoria, la fuerza o amplitud de la luz se hallaba en proporción con su brillantez: La luz más brillante debería ser más que suficiente para crear el paso de electrones por el circuito. Sin embargo, extrañamente, no lo producía.

Einstein llegó a la conclusión de que los electrones eran expelidos fuera del metal por la incidencia de fotones. Cada fotón individual acarreaba una cantidad de energía E, que se encontraba relacionada con la frecuencia ν de la luz, mediante la siguiente ecuación:

E=hv

Donde h es la constante de Planck (cuyo valor es 6,626 × 10−34 J.s).

Sólo los fotones con una frecuencia alta (por encima de un valor umbral específico) podían provocar la corriente de electrones. Por ejemplo, la luz azul emitía unos fotones con una energía suficiente para arrancar los electrones del metal, mientras que la luz roja no. Una luz más intensa por encima del umbral mínimo puede arrancar más electrones, pero ninguna cantidad de luz por debajo del mismo podrá arrancar uno solo, por muy intenso que sea su brillo.

Einstein ganó el Premio Nobel de Física en 1921 por su teoría del efecto fotoeléctrico.

La paradoja de la dualidad onda-corpúsculo es resuelta en el marco teórico de la mecánica cuántica. Dicho marco es profundo y complejo, además de imposible de resumir brevemente.

Cada partícula en la naturaleza: fotón, electrón, átomo o lo que sea, puede describirse en términos de la solución de una ecuación diferencial, un ejemplo típico es la ecuación de Schrödinger, pero también la ecuación de Dirac. Estas soluciones son funciones matemáticas llamadas funciones de onda. Las funciones de onda pueden difractar e interferir con otras o consigo mismas, además de otros fenómenos ondulatorios predecibles descritos en el experimento de la doble rendija.

Las funciones de onda se interpretan a menudo como la probabilidad de encontrar la correspondiente partícula en un punto dado del espacio en un momento dado.

Por ejemplo, en un experimento que contenga una partícula en movimiento, uno puede buscar que la partícula llegue a una localización en particular en un momento dado usando un aparato de detección que apunte a ese lugar. Mientras que el comportamiento cuántico sigue unas funciones determinísticas bien definidas (como las funciones de onda), la solución a tales ecuaciones son probabilísticas. La probabilidad de que el detector encuentre la partícula es calculada usando la integral del producto de la función de onda y su complejo conjugado.

Aunque consideremos a la función de onda como una propagación de la partícula en el espacio, en la práctica el detector verá o no verá la partícula entera en cuestión, nunca podrá ver una porción de la misma, como dos tercios de un electrón. He aquí la extraña dualidad: La partícula se propaga en el espacio de manera ondulatoria y probabilística pero llega al detector (observador) como una partícula completa y localizada.

Mientras la mecánica cuántica hace predicciones precisas sobre el resultado de dichos experimentos, su significado filosófico no es comprendido por la ciencia. Esto a generado discusiones infinitas y el debate ha evolucionado como una ampliación del esfuerzo por comprender la dualidad onda-corpúsculo. ¿Qué significa para un protón comportarse como onda y como partícula? ¿Cómo puede ser un antielectrón matemáticamente equivalente a un electrón moviéndose hacia atrás en el tiempo bajo determinadas circunstancias, y qué implicaciones tiene esto para nuestra experiencia unidireccional del tiempo?, otra punto desconcertante para nuestra experiencia cotidiana ¿Cómo puede una partícula teletransportarse a través de una barrera mientras que un balón de fútbol no puede atravesar una pared de ladrillos?

En este punto mueren las palabras y los conceptos se vuelven limitados.

Los fotones son los responsables de producir todos los campos eléctricos y magnéticos, y a su vez son el resultado de que las leyes físicas tengan cierta simetría en todos los puntos del espacio-tiempo.

La conciencia es el verdadero sustrato de la materia, por lo que también se ajusta a los principios de la mecánica cuántica. La conciencia no es algo extraño al mundo cuántico: las partículas elementales asocian los cambios en su medio a la interferencia del observador.

Existe un diálogo inexplicable entre el ser humano y la partícula.

Pero que no se pueda explicar, no significa que no se pueda comprender. Podemos participar concientemente de esta íntima relación entre el espíritu y la materia.

La conciencia se manifiesta a partir de una relación de fotones virtuales coherentemente ordenados en el sistema cuántico del cerebro.


Partículas virtuales

Una partícula virtual es una partícula que existe durante un tiempo tan corto que debido al principio de indeterminación de Heisenberg no es posible medir sus propiedades de forma exacta. El término "partícula virtual" se utiliza en contraposición a "partícula real" para explicar las infracciones que aquella parece cometer contra las leyes de conservación (de la energía, momento, carga, etc.) durante sus interacciones, y cuanto menos tiempo parece existir más leyes físicas infringe.

Las fuerzas fundamentales son transmitidas por bosones llamados: bosones de gauge, como el fotón, bosones W y Z y el gluón. Cuando éstos bosones transmiten las fuerzas son virtuales, y son creados en el vacío.

Incluso en el vacío más perfecto, ya sea el que puede ser creado en un laboratorio, en el espacio intergaláctico o el vacío interatómico, son creados continuamente bosones de gauge con una existencia extremadamente breve.

La mecánica cuántica predice que la energía del vacío nunca puede llegar a ser cero. La energía menor posible del vacío se llama energía del punto cero, y es precisamente esta poca (aunque no nula) energía de las partículas virtuales. Éste modelo de vacío se llama vacío cuántico.

El maestro zen Keizan Jokin escribió en el año 1300:

Según se dice, Dogen realizo la Vía cuando se dio cuenta de que la práctica del Zen requiere del abandono del cuerpo y de la mente. Efectivamente, la práctica del Zen consiste en el abandono del cuerpo y de la mente ordinaria. No es posible adentrarse en la Vía sin abandonar el cuerpo y la mente.

Quizás crean que el cuerpo se reduce a la carne, a los huesos y a la médula pero, si observan en profundidad, no descubrirán ni el menor rastro de ellos.

Deben experimentar por ustedes mismos.

Presten atención y descubran que existe un cuerpo que no se halla confinado a la piel, a la carne, a los huesos y a la médula.

Un cuerpo del que no podrán desprenderse por más que lo intenten, un cuerpo que jamás podrán abandonar. Es por esto por lo que, al referirse a esta condición, los patriarcas dijeron: “Cuando todo se ha vaciado todavía queda algo que no puede ser vaciado”.

Una vez que clarifiquen completamente este punto, ya no dudarán de los venerables patriarcas ni de los budas pasados, presentes ni futuros”.


Algunos de estos bosones también se presentan reales en distintos fenómenos:

Los fotones son partículas reales cuando los observamos en cualquier tipo de radiación electromagnética, como la luz o los rayos X. Cuando transmite la interacción electromagnética entre partículas con carga eléctrica los fotones son virtuales.

Las partículas fundamentales interactúan electromagnéticamente mediante el intercambio de fotones entre partículas cargadas.

De todas formas la distinción entre “real” y “virtual” no es tan clara en los niveles fundamentales, donde existencia y no existencia son 2 aspectos de una misma dinámica del universo, en el que aparición y desaparición están ligadas a la conciencia del observador. Las cosas existen y no existen al mismo tiempo. Es el observador el que define y particulariza la función de probabilidades.

El observador de esta manera proyecta una realidad entre tantas otras posibles, como resultado del procesamiento subconsciente de la información a nivel cuántico.

Desde la física cuántica se puede afirmar que lo que llamamos realidad no es más que un holograma constituido por partículas elementales ordenadas en nuestro cerebro.

La misma solidez que un sueño.

Desde una perspectiva espiritual, el maestro zen Deshimaru decía.:"En un mundo ilusorio, evanescente como el rocío, solo la práctica continuada de zazen es lo real. Zazen es la forma adulta y acabada de nuestra vida. El retorno a la condición pura y original."



lunes, 17 de octubre de 2011

Medicina cuántica


La medicina cuántica parte de una visión diferente del ser humano y de la enfermedad.
Basándose en las descripciones de la materia y la energía que hace la física cuántica y la comprensión y experiencia profunda de la naturaleza del universo y los seres vivos transmitida por auténticas enseñanzas espirituales, esta forma inteligente y evolucionada de tratar los trastornos y desequilibrios, utiliza la vibración como vehículo de información y energía para actuar en los niveles fundamentales del organismo, en la estructura molecular de la célula. En el nivel cuántico.
Se lo denomina cuántico porque en el mundo del átomo y las partículas que lo componen, la energía se transfiere en paquetes o "cuantos". En este microuniverso la realidad no es sólida ni inmutable, por el contrario, en este nivel no hay nada más material que la energía y la información y su lenguaje es la vibración.
Esto hace una diferencia con la forma convencional de la medicina clásica, que trata únicamente el síntoma, es decir el lado visible, que es la manifestación de desequilibrios profundos y sutiles que solo necesitan ser reequilibrados.

Aquí interviene la verdadera medicina, ayudando a las células a recuperar su normal fisiología y a realizar sus funciones curativas, regenerativas, defensivas y de adaptación, que es lo que saben hacer.
Por eso partimos del hecho que cada célula tiene conciencia y respira. Está viva. Es conciencia viva, y la conciencia es energía e información y se manifiesta vibrando.

La medicina cuántica se sirve de variadas técnicas y métodos para corregir la raíz de la enfermedad, considerando al cuerpo, a las emociones y a la mente como uno solo.
Trabajando sobre el cuerpo físico y los cuerpos sutiles se favorece el flujo de energía vital y sangre en todo el organismo, lo que ayuda a fortalecer los órganos internos y el sistema de defensa y a purificar el cuerpo.

Por medio de la acupuntura, nutrición adecuada, ejercicios energéticos y de visualización, masajes, sonidos, relajación y meditación zen, se logra un efecto en los niveles fundamentales del organismo.
Actualmente existen empresas que comercializan aparatos y técnicas sofisticadas de radiación electromagnética para generar un efecto que denominan "cuántico".
Pero la verdadera medicina, se llame como se llame, debe incluir a la conciencia. Aunque la denominemos medicina cuántica, es en realidad una medicina del espíritu, una sanación espiritual que impacta indefectiblemente en el mundo físico.

sábado, 15 de octubre de 2011

Un diálogo inteligente

Las células curan, no los médicos

Podemos comenzar con el reconocimiento de que ningún médico en la historia de la humanidad ha curado a un solo paciente.

Únicamente las células del paciente pueden curar al paciente.

Sólo las células saben cómo cerrar las heridas, solo ellas comprenden qué hacer si cambian las condiciones del medio y conocen la forma de destruir patógenos y células mutantes.

Lo mejor que un médico puede hacer, es mover los obstáculos del camino de las células, promoviendo la circulación de energía y sangre (por ejemplo, acupuntura, dieta, ejercicios, masajes e incluso cirugía), suministrar materiales necesarios para las células (por ejemplo, medicamentos y nutrientes) y sobretodo: abandonar la lucha “armada” contra la enfermedad y respetar su naturaleza.

Para esto hay que estar dispuesto al diálogo y permitir que las células se expresen.

Generalmente lo que se considera como enfermedad es simplemente el resultado de una falta de diálogo y entendimiento de lo que sucede en el cuerpo.


¿Podemos aprender a “dialogar” con las células?

Hay que abandonar la manera convencional de enfrentarnos a la enfermedad.

La lucha cuerpo a cuerpo contra los patógenos, tarde o temprano condena a las células.

Si lás células deciden curar el muñón de un brazo cerrándolo, en lugar de regenerarlo, debemos aceptar esta decisión. Si deciden encapsular la bacteria de la tuberculosis en vez de matarla, tenemos que apoyar su "error" de dejar en el cuerpo una bomba de tiempo.

Si las células están mal informadas, o reaccionan de forma exagerada como en el shock anafiláctico, o incluso atacando a su propio cuerpo en forma de alergias y enfermedades autoinmunes, somos absolutamente incapaces de cambiar su “manera de hacer”.

Del mismo modo, estamos bastante indefensos cuando el cuerpo tolera a las células cancerosas (neoplásicas) e incluso cuando favorece la construcción de nuevos capilares con el fin de satisfacer la alta demanda de nutrientes y oxígeno de estos "mutantes parásitos”.

¿No sería un verdadero salto cualitativo en el desarrollo de la medicina si aprendiéramos a pedirles a las células del cáncer que detengan su crecimiento y la invasión, o persuadir a las células inmunes para que se abstengan de hacer anticuerpos auto-destructivos, o convencer a las células para que reconstruyan un brazo o un ojo?élu

Ya que los construyeron antes, cuando éramos embriones, ¿por qué no serían capaces de hacerlo de nuevo? Además mantenemos una amplia reserva de células madre, capaces de transformarse en cualquier tipo de tejido según la necesidad.

En los niveles fundamentales, materia y energía se transforman sin cesar y la información viaja en todas las direcciones del espacio-tiempo.

¿Por qué no?

Solo hay que aprender a comunicar. Es una cuestión de creencia, de mentalidad.

Lo interesante es que somos nosotros mismos. Sin intermediarios.

Somos la suma de todas las conciencias celulares en una misma conciencia.

A su vez, esta conciencia individual forma parte de la conciencia de la especie (todas las especies comparten una conciencia común), y siguiendo estos niveles jerárquicos de organización, todas las conciencias forman una conciencia, o podemos decir que todas las conciencias son expresión de una única conciencia, la misma conciencia que es el sustrato de todo lo que existe.

La introspección es el camino. La mirada interior nos conecta directamente con la totalidad de nuestro ser. La práctica de la meditación limpia y refuerza este vínculo espiritual.

Zazen es la vía directa para conectar con cada célula, con cada órgano, con cada parte del cuerpo y hace posible el diálogo fluido.

Inconscientemente, naturalmente, automáticamente.



miércoles, 5 de octubre de 2011

Partículas de conocimiento


El pensamiento conciente es un emergente de procesos subconscientes.

El pensamiento puede manifestarse porque a nivel cuántico se produce una reducción de los estados superpuestos no manifestados, en un único estado.

Colapsa la función de onda que representa posibilidades y se genera una partícula de conocimiento. La secuencia de estas "partículas" (para llamarlas de alguna forma convencional, pero está claro que no son algo material) generan un flujo de pensamiento y la experiencia a nivel conciente.

Esta reducción o colapso permite traspasar un umbral, por debajo del cual no se es conciente y luego si, aunque de solo una de las tantas posibilidades. La transición entre el subconsciente y el conciente es muy sutil y depende de muchos factores.

Como podemos ver, la conciencia individual es limitada y condicionada. El inconsciente, que es la conciencia universal en si misma, representa el océano de potencialidad infinita, todas las posibilidades superpuestas y no manifestadas.

Es interesante, porque esta descripción de los procesos mentales nos permite comprender que el pensamiento es simplemente una actividad de células especializadas en el cerebro. No tiene sustancia propia. No es “real”, aunque su impacto en el mundo físico puede serlo.

Es el resultado de la reducción de múltiples posibilidades en una sola. A esto se le llama colapso. El pensamiento que emerge en el consciente ya fue modelado y condicionado en los niveles más profundos por los programas ahí instalados, entonces, ¿Quién soy en realidad? ¿Soy en verdad esto que pienso?

Si consideramos a la actividad mental como una actividad fisiológica más del cuerpo, al igual que la respiración, la digestión o cualquier otra función celular, sujeta a interrelaciones e influencias múltiples - internas y externas -, nos identificaremos menos con lo que nos “repite” la cabeza y podremos calmar la mente con más facilidad, sabiendo de antemano que se trata simplemente de actividad reactiva, solo existe en relación de interdependencia con el objeto o la cosa percibida, por eso se dice que no tiene existencia propia, por lo tanto no es real. Existe pero no existe.

El maestro zen Dogen escribió en el siglo 13. “Si durante zazen el conciente permanece activo, estaremos siempre encadenados a sus límites”.

Para que el pensamiento no sea condicionado y tendencioso debe ser negado, filtrado y clarificado con el no pensamiento, la no conciencia. La observación profunda durante zazen permite comprender la raíz de las fabricaciones mentales y las ilusiones.

El silencio interior y la inmovilidad es el punto de partida, el punto cero. ¿Como ser conciente de la no conciencia? ¿Cómo pensar sin pensar?

Zazen es la respuesta.



martes, 6 de septiembre de 2011

La célula inteligente

Bacterias púrpuras

La fotosíntesis orgánica tiene una eficacia del 95%, mientras que los más sofisticados paneles solares operan sólo a la mitad.

Engel y col. investigaron el procesamiento de la información en células que efectúan fotosíntesis y los descubrimientos son muy notables.
Usando un láser de femtosegundo para seguir el movimiento de energía de la luz a través de células fotosintéticas de bacterias, comprobaron que la energía viaja a lo largo de todas las direcciones posibles, al mismo tiempo, en lugar de seguir una trayectoria única, como lo hacen los electrones en un chip de silicio. En cambio, la energía de la fotosíntesis explora todas sus opciones y colapsa el proceso cuántico sólo después de que, con carácter retroactivo, "decide" sobre la vía más eficiente.

La nueva visión de la biología cuántica nos muestra como el comportamiento real de la evolución es gobernado por “misteriosos” e indeterminados procesos cuánticos. El viaje en el tiempo es uno de ellos.

Un cambio de paradigma se está imponiendo en la ciencia. No se puede dejar de considerar a la conciencia, ya que es evidente que se encuentra detrás de todos los procesos vivos. Podemos decir que la misma es el verdadero sustrato del universo.


Inteligencia celular

La evolución parece seguir caminos cuánticos y ahora estamos aprendiendo a tomar el control y participar en ella. El ser humano animal se transforma en ser humano dios. El animal condicionado por su genética evoluciona en ser humano creador de su universo.

La concepción clásica de la evolución, Darwin de por medio, explica las transformaciones de una forma determinista, mediante mutaciones y selección natural. Evidentemente, con la información disponible en esa época, no se consideraba la inteligencia celular ni se conocía la mecánica cuántica.

Ciento cincuenta años atrás, el paleontólogo Thomas Huxley afirmó que la humanidad finalmente tomaría el proceso de la evolución en sus propias manos.

Podemos definir a la vida como un proceso cuántico ya que los átomos y moléculas que la sustentan en los niveles fundamentales, se rigen por los principios de la física cuántica:

1) En 1927, Bohr afirmó que estos comportamientos corpuscular y ondulatorio no eran propiedades, sino dos representaciones complementarias que dependen de la interacción con el investigador y su instrumento de medida (Principio de complementareidad).

2) En 1929, Heisenberg comprobó que no es posible medir simultáneamente la posición y la velocidad de las partículas subatómicas, ya que las propiedades análogas a la velocidad y la posición, que en el mundo subatómico son más vagas, adquieren consistencia únicamente en el momento de la medición. (Principio de indeterminación).

3) A nivel subatómico, la materia no existe con seguridad, sino más bien “muestra tendencia a existir”. Estas partículas no son puntos materiales clásicos, de localización precisa, sino que son paquetes de ondas (probabilistas), es decir, una superposición de movimientos (potenciales) en todas direcciones.

4) Entrelazamiento: las partículas creadas de una misma fuente comparten la misma información y los mismos efectos aunque estén separadas por distancias siderales.

Esta propiedad y los estados coherentes en superposición, son la base de la computación cuántica, láseres y supercunductores.

Tanto Bohr como Winger, dicen que la conciencia es la variable oculta que decide qué resultado tiene lugar efectivamente en el acontecimiento considerado. Con lo que, en lugar de “observador”, el investigador es un “participante” dentro de la manifestación de la realidad.

Si bien es cierto que el observador crea su realidad, ¿Que es el observador sino conciencia? Es la conciencia la creadora de todo (incluso del observador) y como sabemos, los procesos conscientes son emergentes de procesos no concientes. De manera que podemos concluir que la naturaleza sabe hacer las cosas y el observador toma más bien el rol de espectador.

¿Como procesa la información el cerebro?

El cerebro puede ser considerado como un superordenador biológico capaz de realizar computación cuántica y clásica. Es decir, puede procesar qubits o bits indistintamente dependiendo del nivel.

El bit es la unidad de información en el sistema binario, y solo puede tomar 2 valores: 0 ó 1.

En lugar de usar bits binarios (0 y 1) como los sistemas computacionales convencionales, los ordenadores cuánticos trabajan con qubits que incluyen todos los posibles estados en superposición coherente de una partícula. En lugar de quedar "atrapadas" en una sola configuración, las puertas lógicas de una computadora cuántica emplean múltiples posibilidades en sincronía – utilizando todo el conjunto de resultados alternativos para llegar a una respuesta.

La naturaleza crea sus leyes y hace las cosas a su manera.

Los procesos básicos de la vida que damos por sentado, se basan en la transferencia de información hacia atrás en el tiempo.

La vida es tan mágica porque tiene sus propios trucos.


martes, 16 de agosto de 2011

La conciencia del presente o el “ahora”

La conciencia se mueve de a saltos cuánticos. De momento a momento, emerge y desaparece.

Como vimos antes, la sensación de continuidad es un artilugio perceptual del cerebro. Una ilusión. Cada evento discreto que traspasa el umbral del conciente, se reduce en una partícula de conocimiento.

Entonces podemos preguntarnos lo siguiente ¿los momentos discretos contiguos forman un flujo en el tiempo, o más bien un collage de momentos organizados al azar, cuya continuidad es una ilusión creada por la memoria residual?

En cualquier caso nos percibimos conscientemente como una continuidad, un "flujo" de tiempo. Por otra parte el aparente flujo del tiempo puede variar.

Todos experimentamos la “relatividad” del tiempo. Ante situaciones extremas la percepción del tiempo cambia.

Durante zazen, la percepción del tiempo varía. La inmovilidad y el no pensamiento modifican drásticamente la geometría del espacio-tiempo, permitiendo que la conciencia se expanda al no encontrar los límites del pensamiento conciente y de la percepción habitual de los 5 sentidos.

Si estamos con alguien que amamos, el tiempo pasa más rápido que si estamos con alguien que no queremos. Si hacemos algo que nos gusta, el tiempo pasa “volando”, pero cuando hacemos algo que no nos agrada el tiempo pasa lento…muy lento… Algunos deportistas de alto nivel, son capaces de sobresalir porque los jugadores de los otros equipos parecen ir más lento.

Velocidad física a un lado, esto puede ocurrir por un aumento en la frecuencia de los eventos concientes (RO).

Por ejemplo, si Messi tiene 60 eventos concientes por segundo, y los defensores sólo tienen 40 eventos concientes por segundo, Messi tiene 50% más de percepciones, decisiones y reacciones sobre cualquier intervalo de tiempo, dado que sus rivales parecerán moverse “más lentamente”.

El caso contrario es, por ejemplo, alguien que ha bebido alcohol en exceso El alcohol, que es un depresor del sistema nervioso provoca menos eventos conscientes por intervalo de tiempo estándar, y por lo tanto su percepción conciente es que los acontecimientos en el resto del mundo se están produciendo con mayor rapidez que el ritmo de su propia percepción (por eso no es una buena idea conducir un coche en estas condiciones).

Otra de las características extrañas de la conciencia es la sincronía temporal de estímulos sensoriales.

Incluso los actos simples como caminar involucran una cantidad enorme de estímulos sensoriales (información) que son coordinados de manera compleja para darnos una sensación de percepción unificada.

Las sensaciones táctiles de los pies en contacto con el piso viajan a través de las vías nerviosas sensitivas en un recorrido bastante largo y lento, debido a los tiempos de conducción y los retrasos sinápticos, a través de las piernas y la médula espinal hasta el cerebro… pero la información visual de ver a nuestros pies en contacto con el piso llega a nuestro cerebro mucho más rápido a través de los nervios ópticos.

Sin embargo, percibimos la información visual y táctil como simultáneas.

Nuestra percepción conciente no es sincronizada (vemos a nuestros pies golpear el piso y una fracción de segundo más tarde los sentimos golpear el piso), pero los recordamos como sincronizados, una revisión "orwelliana" o globalizada del suceso.

Esto implica que nuestra visión de la realidad es puramente una construcción, una "ilusión".

Otra explicación es que las percepciones rápidas (visión) se retrasan para esperar a la percepción lenta (tacto).

Esto implica que estamos constantemente "viviendo en el pasado", nuestra conciencia va retrasada con respecto a la realidad.

Hay otro hecho. La evidencia experimental sugiere que el cerebro refiere la información "hacia atrás en el tiempo".

De hecho esta referencia hacia atrás puede ser algo trivial, lo que nos permite vivir el momento presente a pesar de los retrasos finitos en nuestra experiencia sensorial. Este mecanismo nos permite actuar, y luego un poco más tarde decidir acerca de la acción.

En el reino cuántico el tiempo es incierto y los eventos se pueden ejecutar en el sentido inverso.

La 2ª ley de la termodinámica al parecer no se aplica a los sistemas cuánticos, que pueden llegar a ser más ordenados y coherentes.

La reducción de estado cuántico, como los eventos de RO, pueden enviar la información cuántica "hacia atrás en el tiempo", por ejemplo, de acuerdo con la teoría del "vector dual" de Aharonov .

El tiempo no está determinado en la fase de superposición cuántica

La referencia hacia atrás en el tiempo de la información cuántica puede dar cuenta de los efectos en el entrelazamiento cuántico y la criptografía cuántica.

En todas estas situaciones, es la información cuántica la que al parecer viaja hacia atrás en el tiempo, al revés de la información clásica

En el enfoque de reducciones objetivas en los microtúbulos del cerebro, la información cuántica es "pre-conciente" o "subconciente". La información se vuelve conciente en el "ahora", luego de la reducción objetiva, es decir, de la caída o colapso de la función de probabilidades.

De este modo, cada momento de conciencia puede incorporar la información cuántica, tanto del pasado y del futuro, así como la información clásica del pasado (memoria de trabajo).

Los estudios realizados por el neurólogo B. Libet en la Universidad de California a fines de los´70 en pacientes de neurocirugía despiertos sugieren que el cerebro envía información hacia atrás en el tiempo. Los pacientes informaban haber percibido el estímulo antes de que este sea efectuado.

Así que, ya sea a) la "rápida" información visual se retrasa, b) la visión y el sentir se experimentan por separado, pero se recuerdan como simultáneos, o c) la información se refiere lentamente "hacia atrás en el tiempo" (de un futuro próximo) para que coincida con la información rápidamente.

Desde un punto de vista evolutivo, "vivir en el pasado" puede ser desventajoso,

¿Pero como puede la información correr hacia atrás en el tiempo?

Los efectos cuánticos en el cerebro pueden explicar la información hacia atrás, y que estos efectos ocurran con frecuencia, incluso de forma rutinaria.

Resulta que a nivel cuántico, la información de hecho puede transmitirse en sentido inverso, por lo que en los niveles fundamentales, el tiempo puede ser indeterminado.

Cada reducción de estado cuántico tiene un vector dual, tanto hacia adelante como hacia atrás en el tiempo.

Cada evento conciente o partícula de conocimiento, puede recibir información del pasado o del futuro.

Para investigar estas posibilidades, D. Radin y D. Bierman realizaron una serie de experimentos de la respuesta emocional en el ser humano.

Los sujetos veían en una pantalla de ordenador en la que aparecían (en intervalos que variaban al azar) una serie de imágenes, algunas emocionalmente neutrales, y otras altamente emocionales (violencia, sexo....).

En los primeros estudios que realizaron utilizaron la conductancia de la piel de un dedo para medir la respuesta fisiológica.

Lo interesante es que encontraron que no solo respondían, obviamente, a los estímulos fuertes más que a los neutrales sino que además lo hacían antes de que apareciera la imagen. La respuesta emocional se había producido desde una fracción de segundo hasta varios segundos antes del estímulo visual.

Posteriormente, en la Universidad de Amsterdam, se repitieron los experimentos con sujetos en un generador de imágenes cerebrales fMRI y encontraron en la actividad cerebral respuestas emocionales de hasta 4 segundos anteriores a los estímulos. Por otra parte se analizaron los datos en bruto de otros laboratorios y se encontraron con el mismo tipo de respuestas emocionales anticipadas al estímulo.

El fenómeno phi es una ilusión óptica de nuestro cerebro que hace percibir movimiento continuo en donde hay una sucesión de imágenes.

En el fenómeno phi, una sucesión de imágenes reproducida a una cierta velocidad crea la impresión de movimiento.

Se basa en que el ojo humano es capaz de percibir movimiento a partir de información fraccionada, por ejemplo, una sucesión de imágenes. Es decir, a partir de la reproducción de una serie de imágenes congeladas con una frecuencia determinada (velocidad de imágenes por segundo, por ej: 24/seg como en el cine) se percibe un movimiento continuo.

Clásicamente se le atribuye este fenómeno a la persistencia retiniana, que es la capacidad de la retina de guardar durante un cierto tiempo la última imagen. Aunque en la actualidad no se considera más así, ya que este punto de vista solo toma en cuenta al ojo y no al cerebro en su totalidad.

El cerebro es especialista en rellenar imágenes y es posible que esto lo haga recibiendo la información cuántica hacia atrás en el tiempo, es decir desde el futuro!