domingo, 4 de julio de 2010

El lugar donde vive la moral


El lóbulo frontal, en realidad “los lóbulos”, ya que hay uno en cada hemisferio cerebral, es un área de la corteza cerebral. La más moderna en términos de evolución.

Se encuentra en todos los vertebrados pero en el ser humano alcanza su máximo desarrollo.
Cuando comparamos el cerebro del ser humano con el de los animales que nos han precedido en la evolución y que están más cerca de nosotros en el árbol evolutivo.
El chimpancé es el animal que más próximo se encuentra de nosotros y sólo un 1,6 % nos diferencia de él en lo que respecta al genoma. Pero cuando se observa el cerebro del chimpancé o, para ser más exactos, la corteza prefrontal, en comparación con nuestro cerebro, llama la atención que en el ser humano el lóbulo frontal se ha desarrollado mucho más,. De ahí que se considerada a esta región el lugar de la inteligencia, es decir, el área cognitiva por excelencia.

Una prueba de su tardía aparición en la filogenia es lo que la corteza prefrontal tarda en madurar en los seres humanos; se piensa que esta región de la corteza es plenamente funcional a comienzos de la edad adulta o al final de la adolescencia.

Se puede decir que las funciones de esta región cerebral y aquellas que constituyen la base anatómica del lenguaje (ver área de Broca) son las que mejor caracterizan al ser humano. Ahora bien, el lenguaje está ya terminado funcionalmente mucho antes que la corteza prefrontal, de aquí la afirmación que la corteza prefrontal es filogenéticamente más moderna.
Los lóbulos prefrontales son el sustrato anatómico para las funciones ejecutivas.

Las funciones ejecutivas son aquellas que nos permiten dirigir nuestra conducta hacia un fin determinado e incluyen: la atención, planificación, secuenciación y flexibildad sobre nuestros actos. La capacidad de concentración y el foco son propios de esta zona del cerebro, por eso son facultades superiores, en términos de evolución.

Además los lóbulos frontales tienen importantes conexiones con el resto del cerebro, de manera que se puede decir que dirigen la orquesta, es decir, los lóbulos frontales son los encargados de tomar la información de todas las demás estructuras y coordinarlas para actuar de forma conjunta.

En la parte más posterior de la corteza frontal se localiza el área motora primaria, cuya función principal es llevar a cabo los movimientos individuales de las distintas partes del cuerpo. Por delante de esta se encuentra la área motora secundaria, que almacena programas de actividad motora reunidos como resultado de la experiencia pasada. Participa en el control de movimientos posturales groseros mediante sus conexiones con los ganglios basales, además recibe aferencias de la corteza sensitiva y del tálamo. Es la que programa la actividad del área motora primaria. Ver post anterior

Los lóbulos frontales también están implicados en la conducta y en la motivación de la persona; por lo que si se produce un daño en esta estructura puede suceder que el sujeto mantenga una apariencia de normalidad al no existir déficits motrices, de habla, de memoria o incluso de razonamiento; existiendo sin embargo una importante alteración en las capacidades sociales y en la conducta.

En la literatura médica está el caso de Phineas Gage, un capataz de trabajadores del ferrocarril, en Vermont, USA. En 1848, cuando preparaba un barreno, éste explotó y le atravesó el cráneo, entrando por la mejilla izquierda y saliendo por el centro del cráneo. Con ello quedaron cortadas las conexiones de la región prefrontal con el resto del cerebro.
Tras el accidente Gage sufrió, al igual que luego los enfermos lobotomizados, un cambio drástico de personalidad. Como refiere el médico que lo trató, el doctor Harlow, «se había destruido el equilibrio entre sus facultades intelectuales y sus tendencias animales».

Gage perdió la consideración de sus compañeros, pues se había vuelto caprichoso, irreverente, impaciente cuando se contrariaban sus deseos - lo contrario que antes-, siempre estaba trazando planes de acción que nunca llevaba a cabo, ofendía con sus palabras y se burlaba cruelmente de los demás; en suma: parecía que hubiese vuelto a la niñez más desinhibida.
Las conexiones entre la corteza frontal y el sistema límbico, sede de las emociones y afectos, ya no existían.
Pero el sistema límbico es esencial para la supervivencia, ya que cuando dudamos decide qué camino tomar; sin él somos incapaces de decidir nada, nos quedaríamos en la duda permanente.
Este es otro ejemplo de la importancia que los sentimientos, afectos y emociones tienen no sólo en la vida cotidiana, sino también en la capacidad cognitiva. Sin agrado y afecto no se puede aprender verdaderamente.

A nivel de la memoria es evidente que las emociones juegan un enorme papel no sólo en el almacenamiento, sino también en el recuerdo.

La corteza prefrontal tiene una acción inhibidora sobre nuestros instintos primarios.
Por eso al lóbulo frontal se lo llama “el órgano de la civilización”.

Podemos ubicar nuestras facultades morales en esta región del cerebro.

Lo que después del accidente le faltó a Gage son precisamente aquellas facultades con sede en el lóbulo frontal, o sea, la capacidad para anticipar y planificar el futuro, la organización temporal de la conducta, el sentido de la responsabilidad hacia sí mismo y hacia los demás, la posibilidad de adaptarse a un entorno social complejo a costa de reprimir las propias tendencias instintivas, lo que podría resumirse por moral y conducta social.

Una característica importante en estos enfermos es la superficialidad de sus emociones y afectos, como si sufriesen un aplanamiento o frialdad emocional, de forma que no son capaces de experimentar placer o dolor de forma normal y son además indiferentes a sus propias emociones. También pierden originalidad y creatividad, así como interés sexual y exploratorio.

Una de las características más típicas de los pacientes que han sufrido lesiones del lóbulo frontal es la rigidez en la conducta y la dificultad para cambiar de actitud.

Un síntoma esencial en estos pacientes es la mayor capacidad de distracción, este síntoma se observa tanto en humanos como en monos.

Esta mayor capacidad de distracción se acompaña a su vez de una falta de atención, en otras palabras, por una menor capacidad de concentración, lo que hace que los pacientes con lesiones frontales tengan enormes dificultades en hacer frente a estímulos o nuevas tareas.

Se sabe también que estos pacientes tienen dificultades con la memoria.

Experimentos realizados en monos han mostrado que en tareas de respuesta diferidas en el tiempo, es decir, cuando entre el estímulo y la respuesta del animal se introduce una pausa, el mono con lesión frontal tiene un rendimiento significativamente inferior al animal normal. En otras palabras, si para realizar correctamente una tarea de discriminación visual-espacial hay que recordar dónde se encuentra la recompensa, aparece un déficit en el animal lesionado frontalmente. Falta en estos animales la memoria operativa o de trabajo que retiene durante unos minutos los datos necesarios para realizar bien esa tarea.

La falta de memoria operativa en esquizofrénicos ha llevado a implicar a esta parte del cerebro en esta enfermedad mental. Y, efectivamente, se han encontrado anomalías en dicha región que pueden explicar algunos de los síntomas de la enfermedad. Además, estudios en animales y también en humanos con corteza prefrontal dañada han mostrado síntomas que recuerdan a la esquizofrenia.

La corteza prefrontal posee una de las mayores concentraciones en el cerebro de fibras nerviosas que utilizan el neurotransmisor dopamina.

Algunos de los fármacos utilizados en la esquizofrenia tienen efectos positivos sobre los síntomas ya que actúan sobre la liberación de dopamina de las terminales nerviosas. De aquí se ha concluido que la dopamina puede estar implicada en ese tipo de psicosis. El desarrollo tardío de esta región y el hecho de que la esquizofrenia se manifieste precisamente en la adolescencia ha hecho pensar que se trata de una región especialmente sensible a las disfunciones que se dan en la enfermedad.

Resumiendo: en la parte más anterior de los lóbulos frontales se encuentra el sustrato de numerosas funciones cognitivas que son importantes para la flexibilidad de nuestra conducta, su organización temporal, el mayor grado de libertad respecto a los instintos básicos que poseemos, la planificación y, sobre todo, la capacidad de anticipar el futuro. Esto nos ha hecho sin duda mejor adaptados en el proceso evolutivo. Al parecer, la parte inferior, llamada área
órbitofrontal
, está más ligada a funciones que tienen que ver con información interior del organismo, es decir, memoria a largo plazo, afectos, sentimientos, recompensas, etc., mientras que la parte dorsolateral de la corteza prefrontal estaría más ligada a la información que proviene del exterior, es decir, con la sensorialidad y la motricidad.

La asociación de la información exterior con la interior es importante para la toma de decisiones, inhibiendo todos aquellos estímulos que puedan perturbarla, es decir, los estímulos irrelevantes.
La corteza prefrontal , tiene principalmente una función reductora, o sea inhibidora, para evitar la confusión que produciría la inmensa cantidad de estímulos que el cerebro puede recibir. De hecho la capacidad de atención, puede mejorarse, desarrollarse. Se ha comprobado la influencia positiva que tiene la práctica de la meditación, como zazen, en la atención sutil, la concentración y en el nivel de conciencia.

El desarrollo de la corteza prefrontal es un ejemplo de como al inhibir funciones más primitivas ha conseguido que el organismo adquiera un mayor grado de libertad. Sin esta libertad, la moral humana sería impensable. Quizás donde mejor se puede observar este fenómeno es en la corteza órbitofrontal, con su capacidad de inhibir los instintos, y el sistema límbico en general.
Es muy probable que la capacidad humana de dilatar en el tiempo tanto la satisfacción instintiva como seguramente toda clase de satisfacciones se deba a la función normal de la corteza prefrontal.

El ser humano es capaz incluso de ofrecer su vida en aras de una recompensa que no tiene la certeza de poder recibir, o tener ideales y esperanza. Esto presupone una capacidad de anticipación considerable, y como hemos visto la anticipación está también ligada a la
función de esta parte del cerebro.

El cerebro frontal es lo que nos define como individuos. Y así como esta parte del cerebro esta interconectada con el resto del organismo, y ya vimos lo que puede producir su mal funcionamiento y desconexión, un individuo esta interconectado con su entorno, y para existir y funcionar de manera apropiada debe tener un equilibrio entre su ser interior y el exterior, entre su individualidad y su ser colectivo.

En el budismo Zen, se practica la postrernación, paï en japonés, tocar con la frente el suelo. No es un acto devocional, significa desconectar la individualidad, trascenderla, volverse uno con la tierra y con el cosmos entero, más allá del pensamiento.

Cuando este equilibrio natural se instala, la conciencia se expande automaticamente y entonces aparece la moral fundamental, que diluye el egoísmo y hace que la pequeña individualidad ya no este sola ni aislada y sus acciones tengan sentido, para si mismo y para los demás.

2 comentarios:

Aldous Lape dijo...

Cuánto por aprender !

Ahí vamos...

Un abrazo

mariano giacobone dijo...

Es verdad, vamos en esa...
un abrazo